Violeta Vidal Director: Mgter. Guillermo Luis Castiglioni



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Un día de feria

Las ferias son encuentros para distenderse y compartir. En las ferias provinciales, el primer día se destina a exhibir las semillas y a la realización de talleres de diferentes temáticas a cargo de técnicos y productores. Ya de noche, una vez que estos concluyen, nunca falta algún animador que saque a varios de su timidez y logre que se arme el baile. De hecho, en algunas ferias el micrófono es usado en varias ocasiones para compartir opiniones y expresiones artísticas (guitarreadas, poesías, representaciones teatrales), mientras los productores continúan en sus distintas ubicaciones mostrando sus semillas. Al siguiente día se realizan los intercambios y se cierra la jornada con un almuerzo, a modo de despedida. En el caso de las ferias locales y zonales, estas se desarrollan durante un solo día: la mañana se destina a exhibir semillas y a la realización de talleres; y antes o después del almuerzo se intercambian las semillas.

A pesar de estas diferencias, un día tipo en la feria se desarrolla aproximadamente como sigue:

Cuando es todavía temprano y todo está recién comenzando algunos se anotan en la lista de participantes mientras otros van acomodando frascos y bolsitas o anotando en papelitos el nombre con el que conocen las semillas que trajeron y del lugar de donde las trajeron. También hay lugar para ramas22 de distintas variedades de mandioca o de uva, plantines, zapallos, huevos, frutas… y también algún pickle, algún dulce o algún panificado.

Desde la organización se prevén distintos momentos entre los que transcurre la acción de la jornada. La feria comienza a cobrar vida con los productores llegando y colocando sus productos en las mesas. Las semillas, frutas, plantas y demás estarán expuestas para quien las quiera ver hasta que llegue el momento en que se ha indicado que comience el intercambio. En ese momento, los que no se apuraron a intercambiar comienzan a hacerlo, pero sin antes haber realizado un paseo mesa por mesa negociando qué se puede dar a cambio al poseedor de algún material de interés. La gente suele ir con algún vecino o familiar de modo de turnarse a cuidar la mesa para conversar con quien se acerque y salir a recorrer las otras mesas.

Si bien a la feria se llevan semillas para intercambiar, también hay quien elige vender o regalar. Cabe aclarar que la propuesta de la feria intenta potenciar el intercambio y no incluir las ventas en el circuito, pero a pesar de esto las ventas se realizan.23

Si las ferias francas proponen una noción alternativa a la figura de mercado, las ferias de semillas proponen la revaloración de los intersticios del mercado: la posibilidad de abastecerse por fuera de éste, conformando redes y organizaciones por medio de las cuales circulen semillas y saberes. No en vano dijo una productora de San Pedro (NE de Misiones) que “a la feria se viene a intercambiar ideas”.

Pero si bien no se trata de un intercambio económico, existen distintas expectativas entre los productores:



  • dar una semilla y ser correspondido con una semilla que uno no posee;

  • esperar que aquel a quien se entregó la semilla haga un buen uso de la misma, (que no se la lleve para dejarla guardada u olvidada, sino para multiplicarla).

En ambos casos, se apunta a que la semilla dé fruto y su alimento beneficie a alguna de las partes o a ambas, para que la semilla cierre el círculo o, como dice una productora de Puerto Piray, “para llevar y seguir plantando, para que no termine esa cadena”. De esta manera la biografía de la semilla no se limitaría simplemente a la venta, la compra y el usufructo como una mera mercancía o insumo, sino que haría alusión a la diversidad y a los ciclos de la vida. Como señala Kopytoff (1991) al indagar sobre la biografía social de las cosas:

La misma cosa puede concebirse como mercancía en cierto momento, pero no en otro. (…) la misma cosa puede ser vista simultáneamente como una mercancía por una persona y como algo distinto por otra”. (1991: 89)24

Cuando un productor da o recibe una semilla puede intercambiar saberes y anécdotas acerca de esa semilla. Se comparte con el otro el conocimiento de cuándo plantarla, cómo plantarla, cómo cosechar la semilla y sus frutos, cómo cocinarlos25, cómo guardar la semilla, desde cuándo la tiene en la familia, o cómo la perdió, si es que en ese momento la está recuperando.

A medida que va avanzando la mañana, cuando las mesas están casi todas llenas de bolsitas y frascos con semillas, de frutas y verduras, de huevos y plantas; ya se empieza a notar cierto movimiento, se empieza a percibir un cierto zumbido… como de abejas trabajando en un panal. Un ir y venir de personas curioseando el resto de las mesas, viendo las semillas de los otros y comentando lo que trajeron, sondeando un posible canje en el cual los principios de intercambio no serán siempre los de rentabilidad26. Hay veces que la curiosidad lleva a una persona a probar cierta semilla o a acercarse a una mesa para conversar y conocer mejor esta semilla. En relación con las expectativas, es importante recalcar que si bien el productor está en búsqueda de una semilla que no tiene, no siempre espera obtener otra semilla a cambio, sino que en ocasiones también está en búsqueda o a la espera de alguien a quien darle sus semillas.



Fotografía de Claudia Noceda

Es interesante comentar aquí el caso de cierta mujer que conocí en una feria y que ya no vivía en su chacra, la cual me contó cómo a pesar de no poder seguir plantando guarda las semillas de lo que consume para los “chacreros”27, que a veces no tienen. Esta mujer canalizaba su frustración de no poder tener una producción propia, compartiendo sus semillas a cambio quizás de una fruta de la semilla de mamón que ella regaló. Quizás esto también tenga que ver con lo que me hizo notar otra productora quien dio suma importancia al hecho de “tener para dar”, pero al preguntarle sobre esto me aclaró:

Sí, sí. Eso a mi me gusta… pero ahí yo tengo que ver, porque si yo voy a dar para que lleve a dejar secar no doy… ahora, si yo veo que es una persona interesada, que se interesa en tener, en plantar, en criar, yo no le vendo, yo le doy nomás”.

Vemos aquí la importancia que se otorga a que se cierre el círculo, de asegurarse que la semilla sea aprovechada. Como remarcaban dos productores, uno de Colonia Yabebirí y el otro de San Pedro:

“…Porque también hay que saber a quién dar… porque si le vas a dar a alguien que no va a cuidar…”

Hay algunos que llevan y tiran todo de vuelta... hay de todo en la viña del Señor…”

De una bolsita de semillas de zapallo Andaí28, algunas pueden darse a cambio de una ramita de uva que la señora de otra mesa injertó, mostrando paso a paso cómo es el procedimiento y sin escatimar los consejos. Una bolsita de tierra para cataplasma puede ser retribuida con un puñadito de semillas de esponja o simplemente regalarse. Recorriendo el local donde se desarrolla una feria de semillas en Misiones, se puede conocer un fruto de Curuguá o ver semillas que casi no se ven o nunca se han visto. No falta tampoco el visitante que trajo alguna semilla de otros pagos, un maíz salteño o unas semillas de cayote desde Tucumán.

A la feria se va tanto a buscar una semilla en particular como a sorprenderse viendo qué se puede llevar de “nuevo”. Incluso se dan los casos en que alguien divisa en el montón una semilla que conoce pero que hace tiempo no veía, produciéndose así un emotivo reencuentro… pero también se va con la intención de disfrutar del encuentro, conocer personas con las cuales compartir experiencias y aprender cosas nuevas que podrían ser aplicadas en el hogar y la chacra.

Habrá distintos momentos para conocerse entre sí; charlando con el vecino de mesa, haciendo fila para almorzar, en los talleres dictados por técnicos y productores sobre distintas temáticas (conservación del maíz, la tenencia de la tierra, las leyes sobre semillas, el cuidado del las fuentes de agua y su relación con el monte, plantas medicinales, la elaboración de algún tipo de producto), o compartiendo alguna experiencia (ej., la producción de maíz local para comercialización). Esta instancia posibilita un espacio de socialización tanto hacia dentro de la feria, como hacia fuera, con los vecinos a los que cada participante de la feria pueda llegar. Como señala una productora “Uno trabaja en grupo en los talleres y aprende cosas para transmitir a los vecinos”.



Fotografía de Silvia Goya

Quienes participan están a la expectativa de mostrar y de ver, y de llevarse algo a cambio. Ya se trate de una feria provincial, zonal o local, se podrá ver una amplia gama de semillas de muchos colores –amarillos, marrones, naranjas, rojos, negro, bordo, gris, blanco- y variadas formas –pequeñas, medianas, redondas, alargadas, planas, arrugadas, lisas, en forma de lagrima, estrelladas-, así como oír voces que caminan de mesa a mesa dando consejos, contando historias, haciendo preguntas y compartiendo opiniones.

Consejos, recetas y reflexiones se escuchan por doquier. Mientras que en una mesa una productora enseña a otra a injertar dos clases de uva y le explica que “hay que sacar los brotes del pie porque tienden a abortar la uva injertada”, a unos metros en un grupo de mujeres una explica que “si no se hace abono orgánico las huertas van decayendo”, y otra comenta: “no hay más árboles nativos frutales, los chicos no conocen…”. Es que en la feria hay muchísimos disparadores para comenzar a hablar de distintos temas; habitualmente se designa un momento del día para charlar sobre algún tema en especial y ese tema sigue rondando las conversaciones, pero en general los tiempos están abiertos para el libre intercambio de pareceres.



Fotografía de Silvia Goya

En algunas ocasiones el ambiente de las ferias se inunda de un aire más politizado, en el sentido de hacer visible el valor de las semillas que se producen en la chacra en contraposición a las que venden las trasnacionales acompañadas de su paquete tecnológico que las hará “infalibles” –como dicen irónicamente algunos miembros del Movimiento Semillero. En otros encuentros simplemente se alude al temor de que “el día de mañana” el productor… “… se vuelva cada vez más dependiente de las semillas que circulan en el mercado o que el Pro-huerta trae desde San Juan”29.

Percepciones y clasificaciones

Para algunos técnicos la distribución gratuita de semillas crea una mala costumbre entre los productores, “la gente agarra la cómoda” dicen algunos, aludiendo a la elección de la vía identificada como menos dificultosa. Lo cierto es que no todos los productores que van a la feria perciben las cosas de la misma manera. La percepción que se tiene sobre los distintos tipos de semillas, y en cómo estas diferencias inciden en sus prácticas alimentarias y de cultivo, es muy variada.

Las clasificaciones que ponen en juego los productores no siempre tienen las fronteras muy claras, o bien estas se solapan entre sí. Se puede escuchar hablar de semillas híbridas, tradicionales, transgénicas, criollas, de la semillas propia, de la comprada, de la que entrega el INTA (o el Ministerio de Agricultura), de la originaria, de la común, de la de nuestros antepasados, etc.

Mientras que algunos prefieren, por ejemplo, la híbrida porque “da pronto” y argumentan que la tradicional necesita “demasiados cuidados”, otros plantean que sólo produciendo “lo propio” se tiene certeza de lo que se consume. En el caso de las semillas que se compran en una agropecuaria, no se sabe qué tipo de semillas son, es decir, no se conocen ni la forma ni los criterios con que fueron seleccionadas y qué características se conservarán más allá de la primera cosecha30. Quizás el productor desconozca el origen que tienen las semillas que guarda desde hace varias cosechas, pero de acuerdo con el criterio de algunos técnicos, una semilla que se utiliza repetidamente año a año31 se adapta al clima y a la tierra de la zona. El problema es que no siempre se pueden guardar las semillas, algunas de las que se compran pierden el vigor genético a la segunda o tercera cosecha. Si bien no es lo más común encontrar semillas transgénicas en la Provincia32, esto sí sucede con las híbridas.

Para Lorena, productora de Mado, la semilla natural es la que no es científica y los transgénicos no sirven “porque son semillas que no se pueden guardar porque se llena de bicho o no nace”. Mientras que la híbrida es “rápida” pero no permite guardar la semilla porque salen “pocas” de las que se plantan. Lo mismo sostiene Héctor, de San Pedro, para quien las semillas transgénicas no se pueden guardar y las híbridas no llegan a dar siquiera el 50% de lo que rinden las tradicionales.

Javier, productor de San Pedro, sostiene que la semilla tradicional se denomina así porque se vincula con lo que él y otros identifican como la “tradición”, “viene de los abuelos, viene de la generación de antes, por eso se dice semilla tradicional”. Mientras que para Myriam, también de San Pedro, la semilla tradicional es aquella hecha por el productor y agrega: “nosotros con transgénicos no queremos saber nada. La transgénica es soja con químicos, si no ponés “Round-up” no reproduce, y el híbrido es una cosa que no da, se debilita. Cada año tenés que ir cambiando, no es una semilla buena… La soja que tenemos (es) común, vos plantas de un año al otro año y te sigue dando lo mismo”.

Para Tomasa, de El Soberbio, la semilla originaria o común da más “fácil” y no necesita abono. Dice que hay gente que prefiere la híbrida porque “no tienen bichitos y viene más rápido”. Esto es porque este tipo de semillas “vienen curadas”, es decir, pintadas con una sustancia química. Tal es el caso de las semillas violetas de zapallo, color del plaguicida con el que se las presenta.33

Al respecto, Rina y Luz, de Campo Grande, sostienen que las semillas transgénicas no son buenas porque no son naturales: “los científicos le preparan con veneno para que no entre el caruncho34, ya desde la semilla no es sano”, y se preguntan “¿Cómo va a salir un maíz sano si tiene ya ese veneno tan fuerte que hasta que crezca la planta y nazca el choclo está manteniendo ese veneno?”.

Por su parte, Diana, de Mado, plantea que trata de no utilizar la híbrida porque es una semilla que necesita otro tratamiento, necesita por ahí un abono químico, necesita otro tipo de labor cultural y como nosotros estamos acostumbrados a trabajar la tierra entonces descartamos todo lo que sea químico. Por eso preferimos las semillas nativas de la zona, inclusive hemos recuperado por los aborígenes semillas muy interesantes que dan muy buen resultado”.

Fabián, de Colonia Yabebirí35, brinda mucha importancia a la semilla autóctona y valora la independencia que resulta de no tener que comprar la semilla. Para Ernesto, de las Breñas (Chaco), la híbrida “da” más que la común pero no se puede guardar. Por otro lado, también plantea que la híbrida es “cara” y que por eso usan la “común”.

De acuerdo a lo observado en campo, hay algunos productores que prefieren comprar la semilla porque les ahorra el trabajo de seleccionar, como señaló Natalia, productora de Colonia Alegría36: “es de buena calidad y da mejor, ya se dan [la industria] el trabajo de seleccionar la semilla que no va a fallar”37. Y por otro lado, hay quienes perciben que el modelo agroindustrial puede ser más efectivo en algunos casos pero no siempre es más conveniente. De esta manera lo plantea Bruno, de San Vicente: hay nueva tecnología pero va todo con química, con transgénico que no es tan bueno, que te rinde pero no es tan bueno para el cuerpo [la salud]… entonces es importantísimo mantener la tradición de la familia. Quizás la hibrida le rinda más kilos más volumen pero en el fondo los nutrientes quizás sean mucho menos de lo que es una original”.

En concordancia con esto, Analía, de Paraje Campinhas38, recuerda: “Siempre decía mi papá: conservá la semilla, m´hija, porque es muy sano lo que vos producís…y no lo que vos compras de afuera… porque de afuera vos compras y tenés muchas mezclas con veneno…al tiempo te enfermás. Y si vos producís vos sabés qué alimento vos estás consumiendo. Entonces sigo eso.”



Vemos aquí cómo cobra importancia la cuestión de los saberes y prácticas locales, como señala Paula, productora de Colonia San Jorge39: “Yo tengo entendido que las transgénicas dan más rápido, pero allá en la colonia normalmente se siembran las semillas caseras nomás, porque no tenés que gastar en comprar ni nada. No sé si será mejor o qué pero ya la gente se acostumbró ya, creo que en las colonias todo el mundo tiene esa costumbre”.

De guardar y conservar

Conversando con los feriantes se alcanza a conocer un poco de la heterogeneidad de costumbres que circulan en torno a la conservación y el cuidado de las semillas, y sobre lo que esta práctica significa en la vida de los productores.

Javier, de San Pedro, delegado de una organización de pequeños productores, reconoce que su forma de guardar las semillas atiende a un modelo que la familia viene sujetando y continuando a lo largo de las generaciones: “yo vengo de generación de los indios, mis abuelos mis abuelas … , y nosotros teníamos un modelo de canasto grandote que hacíamos de tacuara, forrábamos todo por adentro con hojas de tacuara y ahí poníamos 8-10 bolsas de porotos y tenías para 2-3 años, entonces ese era un modelo que nosotros usábamos que la semilla no se arruina, no se caruncha. Y el arroz la misma cosa, se hacía una caja grande de madera bien cerrada y ahí se guardaba el arroz, teníamos para 4-5 años. La pipoca se puede guardar en botellas o sifones, de ahí van 12 meses para el consumo de la casa”. Para él, no sirve guardar las semillas en bolsas de plástico ya que se caruncha muy pronto, “hace un gusanito que perfora la semilla y no sirve más”.

Al preguntar a Andrea, productora de Colonia Esmeralda sobre la importancia de tener semillas propias sostuvo que “significa mucho porque si vos no tenés, tenés que andar comprando o… porque no es todo el año que te van a dar la semilla, te van a regalar una vez pero la otra vez tenés que tener, a mi me significa mucho. Me significa esfuerzo también porque viste que si yo no junto se van a pudrir todo ahí y el año que viene voy a salir pidiendo por ahí. Eso tenemos que hacer siempre, todos los que estamos en la chacra tenemos que tener nuestra semilla.”



Mónica, de Colonia Primavera, alerta de que “hay veces no se puede ir hasta el pueblo a comprar y la semilla del INTA llega tarde. Entonces es mejor tener guardada la semilla, tener de la producción de uno.”

Para Nilda, de Paraje Gentil, es una tranquilidad tener las propias semillas, ya que además de darle uso puede regalarlas o intercambiarlas por otras con vecinos y/o parientes. Hace muchos años que conserva y usa semillas de pepino, melón japonés, sandía, poroto arroz, la chaucha orejona y dice: “Nosotros antes no sabíamos comprar la semilla de repollo40 o de cebolla, se cosechaba la semilla propia. Se deja florecer la cebolla y se junta la semilla y se siembra”.

Para Sonia, de San Pedro… “Hay distintas formas de guardar las semillas, porque hay semillas que se pueden guardar de una forma y semillas que se pueden guardar de otra forma. Por ejemplo las semillas que quiero guardar de un año a otro no las guardo en bolsitas de polietileno, las guardo en bolsitas de papel de diario, es muy importante. También se puede guardar en un cajón de madera, separado clase por clase.”

Claudia, de Colonia Esmeralda, también cuenta que hay distintas maneras de guardar las semillas… “Porque hay algunas como el maíz que vos podés dejar con la chala, no se necesita desgranar y poner en una bolsa. Y el maní también, porque tiene su chauchita, viste que eso vos ponés en una bolsa y desgranás recién cuando vas a plantar, desgranás y plantás. Lo que es para producir vos no podes guardar en una cosa cerrada, porque viste que si vos no secaste bien puede brotar adentro o puede juntar un hongo y no nace, entonces… como el maní: si vos no secas bien, si estás más o menos sabiendo que vos no secaste bien, entonces pones en el cajón de madera y ahí no se arruina.”

Y es así como las formas de guardar las semillas pueden hasta llegar a ser opuestas; algunos productores aconsejan guardar en botellas, bidones, frascos y damajuanas bien cerrados41 porque “donde entra el aire ahí los bichitos nacen”, mientras que otros sostienen que tiene que entrar aire “para que la semilla no se estrague”42, “para que no se muera”, “para que no se ahogue”, “para que brote siempre”. Otros prefieren secar las semillas al sol antes de guardar, y otros las secan a la sombra “porque sino fica muito torradito43”.

Fotografía de Silvia Goya

Entre las recomendaciones que se escuchan entre los productores están las de utilizar la pimienta para ahuyentar a los roedores -ratas - de la semilla que se guarda para la próxima siembra; la de guardar las semillas con ceniza para que estas no se humedezcan y “no entre el caruncho”; se recomienda siempre guardar las ramas de las heladas cubriéndolas del frío hasta que llegue la época de la siembra; también se guarda las semillas en latas agujereadas o cajones con rendijas para que entre el aire pero no las ratas.

Mientras algunos productores llevan a cabo antiguas prácticas, como es el caso de quienes cuelgan semillas cerca del humo de la hoguera o de la cocina a leña, a la manera de los guaraníes; otros se manejan con métodos que son permitidos por tecnologías “modernas”. Tal es el caso de Bruno, productor y presidente de una ONG de San Vicente, “Generalmente se trata de sembrar el mismo año pero hay semillas que no hace falta conservar especialmente, pones en una lata cerrada por las ratas o algún insecto, o si no también el otro método es guardarlo en el fondo de la heladera donde se pone la verdura, depende de la semilla, en el fondo de la heladera que no agarre muy frío, entonces se mantiene ahí, que no brote, se mantiene ahí para el otro año.”

Por su parte, Analía, de Paraje Campinhas, comenta su técnica para preparar el poroto “Al poroto hay mucha gente que pone el carunchol, eso para consumir tiene gusto a veneno. Nosotros quemamos la leña en la cocina a leña y sacamos la ceniza y lo pasamos en una zaranda44 y ahí ponemos el poroto y lo movemos bien, tiene que estar bien seco y dejar el más fino del poroto, el yuyo que sale, viste? Y ahí vos podés guardar una cantidad de años, no se te echa a perder, no agarra gorgojo tampoco.”

Sobre la relación entre el uso del carunchol y los cultivos destinados a la alimentación, hay ciertos reparos manifestados por los productores que participan de las ferias. Rina comenta que hace unos años sus padres compraban carunchol pero que este “deja gusto, por ahí porque uno sabe qué tiene y por más que uno le lave y le cocine tiene gusto igual”. Mónica, por su parte, comenta que ahora guarda en botellas de plástico bien cerradas pero que antes solía comprar una pastilla en las veterinarias y que para consumir la semilla había que esperar aproximadamente un mes… “Por eso a veces vos compras un poroto y uno consume y te da mucha acidez, infla la panza. ¿Por qué? Por el veneno, porque no pasa el tiempo de que tiene que salir eso”.

Otra cuestión que es importante a la hora de conservar un tipo de semilla es la de cuidar que no se crucen unas con otras, como dicen los productores, que no se “casen”. Como señala Mónica: “Viste que uno tiene que conservar la semilla, la original, viste? Porque muchos se casan y por eso es que muchos que pierden las semillas… la original, como vamos a suponer el maíz blanco, el de harina. Ese se casa con el maíz duro y ya no te sirve para hacer la harina”. Es así que Cecilia, de Montecarlo, cuida hace 40 años una semilla de pepino para que no se case con otros.

Algunos productores tienen en cuenta las fases de la luna a la hora de sembrar o cosechar, pero no es el caso de todos. En una ocasión una productora de Bernardo de Irigoyen, al respecto de este tema, me repitió el comentario de un conocido suyo: “yo no vivo en la luna, yo vivo en la tierra”. Este tipo de prácticas son valorizadas por ciertos técnicos del Movimiento Semillero, tal es el caso de la Asociación Biodinámica (ABDA) de Misiones. Esta asociación gestionó la edición y distribución de calendarios biodinámicos por medio del INTA de Rosario45.

En general se habla de “cosechar en buena luna” para luego dejar secar y guardar. No en luna nueva sino en creciente o llena. Juliana, de Dos Arroyos, sostiene que… “… si vos tenés guardado en un frasco o en bolsitas la semilla buena, no cierto? ahí vos tenés para todo el año”. Para Nilsa, productora de Paraje Gentil, la luna marca los tiempos… “Marca por ejemplo que usted tiene para sembrar o transplantar o tiene que podar. Por ejemplo, en la creciente usted puede sembrar, hasta el 3er día de la nueva usted puede sembrar, trasplantar mudas… y podar usted tiene que podar en la llena”. Del manejo de estos tiempos también puede depender que las semillas “agarren caruncho”, o no.46

Claudia, de Colonia Esmeralda, recuerda que sus abuelos tenían muy en cuenta la luna: “En la nueva sabes que se planta batata, mandioca, la rama, todas las cosas que dan debajo de la tierra, maní también, mis abuelos decían que yo tenía que plantar en la luna nueva. Y después los que van arriba, en la llena. Ellos sacaban ahí con la chala y todo, ataban así y colgaban en el humo, todas las semillas de maíz, el poroto también”. Pero a su vez reconoce que hoy en día no todos los productores lo hacen. Lo cierto es que no siempre hay tiempo de seguir los ritmos de la luna, como señala Nilsa: Mirá, si llueve y brota todo, no…!”.

Reflexionando sobre las distintas formas de guardar, Marisol, productora de Candelaria compartía conmigo su parecer. Para ella se trata simplemente de una cuestión de hábitos:

A la gente le pueden mostrar una forma nueva pero va a seguir guardando como ya conoce. Yo guardo como me enseño mi mamá, y con mi marido no nos ponemos de acuerdo. Cada uno guarda a su manera, el también aprendió de su mamá. Es muy difícil cambiar los hábitos, ese es un trabajo que los técnicos vienen haciendo hace tiempo (intentar cambiar sus hábitos), es una lucha.”



Buscando cosas nuevas

Así como los distintos ambientes pueden provocar distintos comportamientos en las semillas, también influyen en la variedad que encontramos en una zona u otra de la provincia. Si se observan los cultivos en una comunidad guaraní y en una explotación de colonos, en un paraje del sur de la provincia, quizás encontremos prácticamente la misma variedad de productos. En cambio, en el nordeste de la provincia, caracterizado por una mayor agrobiodiversidad, esta variedad es aún más compleja47.

La diferencia en variedades de acuerdo a las zonas es un aliciente a la hora de buscar semillas en una feria provincial, ya que en estas es más notable la diversidad de las especies vegetales presentes en Misiones.

Para Claudia, de Colonia Esmeralda, es importante tener variedad porque mientras que “un poroto da en 40 días, otro en unos meses… hay unos que son tardíos y otros que son más tempraneros. Si tenés una sola vos ya cosechas y ya no tenés, porque viste que hay poroto que es lindo comer verde, otro es seco y entonces… como las verduras también. ¿Viste que hay de otoño, de invierno, de verano?”. De aquí tenemos que la cuestión de la estacionalidad de los cultivos hace realmente necesario tener cierta variedad de los mismos.

Al preguntarle a Nilsa, de Paraje Gentil, sobre la importancia de tener variedades, no sólo sostuvo que es necesario… “para mejorar la calidad de vida en el comer, para no aburrirse siempre de una cosa sola”, sino que también planteó que a ella le gusta “a veces no para consumir sino para ver qué hay, qué producen”. Lo mismo se observa en el comentario de María, de Fracrán, sobre distintas variedades de zapallo: “allá había botija, el redondota, unas larguitas con cuello, otras tipo calabacitas, otras redondas, otras verdes, otras rojas, las bien naranja con manchas, no… vaya a ver lo que era eso! A mi me encantaba sólo de mirar.”

Acercándose a las mesas que exponen semillas, frutos, plantas, dulces, huevos, etc., se escucha al productor que busca lo que se le perdió por una seca o una helada, o al que abandonó un tiempo la chacra y cuando volvió descubrió que le descuidaron48 el maíz que hacía tanto que guardaba. Como aquel productor que contaba de su búsqueda: “estoy viendo si en esta feria encuentro la soja Santa Rosa que perdí hace mucho. La gente de mucho progreso nos metió en la cabeza que esto no va y nos metieron su material, y no sirve el material de ellos y perdimos el que teníamos nosotros”. En esta última frase se comienza a tener un atisbo no sólo de por qué los pequeños productores van a las ferias sino de por qué nacieron estas ferias y cuál es la ideología que las sostiene.

Por sobre todo, las ferias se consideran un lugar donde ir a compartir y quienes ya han participado probablemente se alegren con la posibilidad de volver a hacerlo. Como señala una ex técnica del PSA:

Si vos decís vamos a la feria de semillas “¡¿dónde?!” Ya quieren venir. Yo creo que nosotros estamos participando en muchos espacios pero el espacio más valorado por los productores es este, lejos... Uno puede discutirlo pero yo creo que es un dato de la realidad, nada más.”

La posibilidad que existe en las ferias de semillas de diversificar la variedad repercute tanto en la alimentación y en la mayor oferta de productos para vender como en la amplitud de conocimientos sobre las especies vegetales de la región. Lo cual se valora aún más debido a la pérdida de conocimientos y de biodiversidad que han sido consecuencia de fenómenos como el de la llamada Revolución Verde.

Pensando el autoconsumo

O travalho do agricultor é produtivo, más e também simbólico e repleto de significaçoes e sentidos que lhe são fundamentales para a construção da sua identidade social en quanto agricultor familiar. A sua identidade, por sua vez, está ligada ao ser colono, ao trabalho laborioso aplicado no proceso produtivo, ao apego à terra enquanto patrimonio, à familia, ao saber-fazer histórico transmitido de geração em geração, que embassa a produção para autoconsumo enquanto produção alimentar é simbólica das relaçoes sociais. Assim a produção para autoconsumo longe de ser apenas mais uma mercadoría produzida pelo colono, é a produção e reprodução de relaçoes sociais e expresa um saber acumulado e transmitido na socialização dos filhos” (GAZOLLA: 2004).

Las ferias de semillas son descriptas por algunos técnicos como eventos que rescatan y revalorizan una práctica de los productores, el intercambio de semillas. Si bien esto es cierto, también es cierto que esta práctica se ha ido perdiendo -por motivos como la producción enfocada al monocultivo, la posibilidad de comprar semillas o de recibirlas gratis del programa Pro Huerta (INTA) y que muchos productores se han reencontrado o han descubierto esta práctica a partir de las ferias. Incluso, algunos productores han ingresado en las ferias francas a partir de éstas, o simplemente han comenzado a diversificar la producción para el autoconsumo.

La posibilidad de tener un producto que no está destinado a la venta le permite al productor el intercambio con otros productores como una estrategia de resistencia a los vaivenes del mercado, más aún si posee mayor diversidad en su chacra. Que una productora pueda intercambiar cierta cantidad de maíz por un lechón o sus gallinas por el azúcar que produce un productor vecino, no significa que haya tomado una postura en contra del mercado, sino que simplemente suma una opción a sus estrategias de supervivencia. (Garay – Vidal; 2008)

De acuerdo a Leite (2004)49, si se limita el estudio del autoconsumo exclusivamente a la producción de alimentos, este se define como la parte de la producción agropecuaria, realizada en el establecimiento familiar, destinada a alimentar a los miembros de estas familias, a los animales y al consumo productivo del excedente, deduciendo de esta producción las partes relativas a la comercialización, donación o pérdida. Por su parte, del Pilar Carrillo et al, agregan que el autoconsumo es una actividad ancestral que en la práctica se constituye en un complemento a los ingresos familiares, o en un ahorro. Para ellos:

El ACO [autoconsumo] incorpora una estrategia de manejo de recursos humanos, naturales y financieros por parte del productor campesino y de su familia y guarda una relación estrecha con su actividad económica generadora de ingresos y con el mercado. Posee nexos claros con los patrones de consumo familiares y locales y con los lazos de parentesco y vecindario, así como con las características culturales de las sociedades locales” (2006:3)

Generalmente el pequeño productor misionero se especializa de manera relativa en uno o dos cultivos de renta y destina sólo una porción de la producción al consumo familiar. Además, en algunos casos recurre a un empleo fuera de su predio para obtener o completar sus ingresos. Ya sea por las crisis en los mercados o el deterioro medio ambiental, sobre todo de la tierra50, puede suceder que la mano de obra familiar se convierta totalmente en asalariada y se descomponga la unidad de producción familiar, pero que aún así se continúe con la producción de autoconsumo con el fin de abaratar los costos de alimentación (del Pilar Carrillo et al, 2006). Pero en general las prácticas de autoconsumo son degradadas por la especialización productiva que se da a partir del proceso de modernización de la agricultura, como señalan del Pilar Carrillo et al:

En estos sistemas de producción suelen existir diversas formas de emplear los recursos naturales, y en muchos casos la ausencia de información técnica para el desarrollo de formas más sostenibles de producción o la poca sensibilización ambiental y productiva pone en riesgo la sostenibilidad y con ella la producción interna de alimentos”. (2006:23).

Para estos autores, hoy en día la típica unidad agrícola familiar es aquella que, aún sumando la producción de autoconsumo a la venta e intercambio de productos y de su mano de obra, obtiene ingresos de subsistencia familiar que no le permiten realizar ahorros o tener excedentes para acumular. En épocas de crisis, cuando las familias poseen pocos ingresos para comprar alimentos y otros bienes, la producción para el autoconsumo se vuelve estratégica para la supervivencia. Pero no puede afirmarse que si se supera la crisis el ACO deja de ser importante:

En este caso se convierte en un factor de cubrimiento frente al riesgo y la vulnerabilidad de caer en la inseguridad alimentaria. Con crisis o sin ella, el autoconsumo es estratégico para las familias de bajos ingresos, pues disminuye la dependencia del mercado en una parte de la alimentación familiar. Es un colchón de seguridad, o si se quiere, es un ahorro que se reproduce constantemente pero se consume.” (2006: 5)

Como señala una productora de Colonia Primavera al preguntársele que diferencia habría en su vida si no pudiera producir para comer: “ahí no sé que sería porque para vivir de todo lo comprado no… no se puede, es muy caro.”

En un trabajo donde se analiza la agricultura familiar, la seguridad alimentaria y las políticas públicas teniendo en cuenta principalmente a la producción para autoconsumo, Gazolla (2004) reflexiona sobre el principio de alternatividad productiva que permite a los productores tanto consumir los productos directamente para atender las necesidades domésticas o venderlos cuando la renta monetaria que estos proporcionan permita adquirir otros productos también de consumo domésticos, pero que no pueden ser producidos por la unidad productiva familiar (sal, aceite, querosene, utensílios de limpieza, etc.). Para Gazolla, la producción de autoconsumo trae un mayor “juego de cintura” a la unidad productiva, una autonomía relativa que permite generar “un círculo virtuoso de intercambios ventajosos al grupo doméstico, pudiendo garantizarse todos los bienes necesarios para la alimentación de la familia a través del consumo diferido” (2004: 141, Traducción propia).

La alternatividad entre consumir sus productos y venderlos permite al pequeño productor familiar enfrentar la mercantilización del consumo familiar que implica que el productor deje de producir sus alimentos al interior de las unidades familiares y pase a adquirirlos en los mercados perdiendo así el control efectivo de sus estrategias de vida:

La mercantilización del consumo se corporiza a través de la externalización del consumo familiar, en la que “la producción propia es substituida en nuevas bases, por un proceso de compra de los alimentos necesarios para alcanzar lo que Wolf (1976) llamó el mínimo calórico y, así, garantizar la reproducción social y alimentaria del grupo doméstico.” (2004: 129, Traducción propia)

De acuerdo con Gazolla, al fortalecer el autoconsumo es más probable que la unidad doméstica del pequeño productor posea una renta mayor y que su familia sea menos vulnerable en términos de salud. Además, este tendrá elevada su autoestima por ser un policultor y por llevar adelante lo que el autor llama la agroindustria casera51. Tal como vemos en el caso de Sonia, de Colonia San Lorenzo52:

Vendo no todo lo que tengo en la chacra porque tenemos yerba pero hay un problema con el precio de la yerba, mas nos defendemos con las plantas anuales (poroto maíz, entre otros), las verduras, y a través de la experiencia que uno va formando en las ferias y trabajando en grupo… yo me hago casi todos los alimentos en mi casa, por ejemplo, la mermelada, el pan con verduras, en distintas formas, hago mucho alimento que es orgánico. Hago pan de zanahoria, de remolacha, envasados.”

El autor sostiene la hipotesis de que una via de producción de consumo poco mercantilizada es fundamental para que el agricultor familiar pueda realizar la diversificación de sus estratégias de vida:

La diversificación de las estrategias de vida solamente es posible en el momento en que las familias consiguen generar activos, rentas, o poseen la capacidad de obtener un excedente monetario para hacer frente a otras necesidades y posibilidades de reproducción social. Es por eso que el fortalecimiento del autoconsumo en contextos de agricultura familiar mercantilizada es tan importante. Él es el que forma, en gran medida, la base para la diversificación de las estrategias de vida y reduce la vulnerabilidad del grupo doméstico a las situaciones de pobreza rural e inseguridad alimentaria.” (2004: 146, Traducción propia).

Cabe aclarar que si bien promueven la producción de autoconsumo, no necesariamente la agroecología y las posturas que promueven el cuidado del medio ambiente se contraponen a las estrategias de comercialización. Así sucede con las Ferias Francas y la Red Cañera53 de la provincia de Misiones, las que nacieron con el propósito de ser social, ambiental y económicamente sustentables. En el caso de las Ferias Francas, se fusionan objetivos que van desde canalizar el excedente de la producción destinada al autoconsumo -consolidando así una alternativa de ingresos a los cultivos de renta- hasta apostar a un tipo de producción que refuerce la soberanía alimentaria y rescate tanto saberes como productos locales (Castiglioni, 2009). Las Ferias de Semillas -y otras actividades organizadas por el Movimiento Semillero- se encuentran en consonancia con este objetivo, ya que promueven la variedad en la producción alimenticia tanto para el autoconsumo como para la venta con semillas propias de los pequeños productores.

Capítulo 2



Del “G7” al Movimiento por la Semilla Campesina

Cuando la historia de las Ferias de Semillas recién arrancaba para Misiones en 1996, quienes la comenzaron a encarrilar se llamaban a sí mismos con humor “el Grupo de los Siete”54, refiriéndose a las distintas entidades gubernamentales y no gubernamentales que trabajan en conjunto desde aquel entonces. Hubo dos o tres años en que el trabajo de la organización recayó más sobre algunos técnicos e instituciones que sobre otros, pero entre todos se colaboraba, y de ahí en más, con distinto grado de participación, algunos siguieron, otros abandonaron, y otros nuevos se fueron sumando.

Con el tiempo este grupo empezó a crecer como Movimiento, y hoy ya no hay un acuerdo unánime sobre sus alcances. Se podría decir que son simplemente quienes se reúnen para recaudar fondos y organizar cada detalle de la feria –transporte, comida, alojamiento, talleres, sonido, difusión- ya sea sólo técnicos, o técnicos y productores, pero también se dice que los que constituyen el Movimiento Semillero son quienes llevan adelante sus objetivos sea donde sea y sea como sea. Como señala uno de los técnicos integrante:

un productor que en su colonia está empujando el cuidado de las semillas criollas o el intercambio ¿no es parte del Movimiento? Para nosotros sí, para él… no sé si él quiere ser parte del Movimiento Semillero. Pero si el tipo está empujando las cosas que nosotros queremos empujar, para nosotros es alguien que hace parte de este movimiento.”

A pesar de que el grupo se extiende y varía cada año llegando a sumar más de 30 instituciones entre municipios, iglesias, asociaciones, EFAs55 (Escuelas de la Familia Agrícola), IEAs (Institutos de Enseñanza Agropecuaria) y demás, pasaré a describir a las siete instituciones que estuvieron desde los comienzos. Como señalaba una ex técnica del PSA:

Este movimiento empezó fuerte con algunas instituciones y ahora hay muchas ONG’s, está el INTA de San Vicente, otros INTAs colaboran pero el INTA de San Vicente forma parte del Movimiento… están la ferias francas, unas organizaciones de semilleristas de San Pedro, está la organización de productores, la UTR 56, y voy a pecar porque me voy a olvidar un montón, porque son como treinta…” (Subrayado mío).

Como se puede notar al comparar ambas citas, para algunos sus límites tienen que ver con las orientaciones prácticas e ideológicas y para otros, estos se sostienen con la participación estable en el tiempo.

Si bien todas estas instituciones buscan trabajar de manera articulada en torno a problemáticas de los pequeños productores tales como la tenencia de la tierra, el uso del agua y otros recursos, la producción y comercialización de la producción, etc., partiré describiendo a uno de sus integrantes fundamentales, el PSA, y seguiré con el resto de los actores insertos dentro del grupo originario del Movimiento Semillero, con quien el primero mantiene relaciones interinstitucionales: el Movimiento Agrario Misionero (MAM), el Instituto de Desarrollo Social y Promoción Humana (INDES), la Asociación de Ferias Francas de Misiones (AFFM), la Pastoral de Diócesis de Iguazú, la Red de Agricultura Orgánica de Misiones (RAOM), y el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA).



Programa Social Agropecuario (PSA)

Los convenios con otras instituciones pasan más bien por el trabajo en terreno que por acuerdos escritos, lo que sí estipula el programa es que debe articular acciones. Como señala Otero et al (2001) en un trabajo sobre las relaciones entre el Estado, las ONG’s y los productores:

La originalidad que introduce el PSA es la institucionalización de los vínculos entre el Estado, las ONGs y las organizaciones agrarias. En vez de "generar espacios propios o exclusivos en oposición", el PSA trató de "acompañar y potenciar las iniciativas, acciones y espacios existentes", ya que uno de los objetivos del programa es "fortalecer a los agentes de desarrollo que tradicionalmente prestan servicio a los productores minifundistas, y a las organizaciones propias de estos últimos, de modo que no se genere una dependencia con respecto a la asistencia del Estado" (informe de monitoreo, 1998:195, citado en Otero et al)

El Programa Social Agropecuario (PSA) fue un programa nacional de desarrollo rural dependiente de la Secretaría de Agricultura Ganadería y Pesca (SAGPyA) implementado en 1993, que junto con esta ha ido cambiando de rango desde el 2008. Hasta 2008, la SAGPyA era una Secretaría dependiente del Ministerio de Economía y, desde aquel año hasta 2009, de la cartera de Producción. A partir del 1 de octubre de 2009, el Departamento fue elevado a rango de Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca, dependiente del Poder Ejecutivo Nacional.

Junto con estos cambios el programa en cuestión pasó a ser: primero, Secretaría de Agricultura Familiar y Desarrollo Sustentable, dependiente todavía de la SAGPyA pero ya no como programa sino dentro de su estructura; y desde la creación del Ministerio, Subsecretaría de Agricultura Familiar. Cabe aclarar que estos cambios todavía no son del todo asimilados y que al referirse a esta entidad se la llama alternadamente PSA, ex PSA, secretaría y subsecretaría.57

De acuerdo a Nardi (2006)58, el PSA se origina y ejecuta en el marco de las políticas de desregulación de la economía nacional y la descentralización y desconcentración del gobierno central hacia las provincias. En el caso de Misiones, la coordinación provincial esta compartida por organizaciones de agricultores, ong’s y el estado:

La UTCP [unidades de coordinación provincial] de Misiones en un principio se organizó de esta manera: la dirección de la UTCP bajo la responsabilidad del Coordinador del Equipo Técnico de Apoyo local (ETA) y un representante de las siguientes organizaciones: el Movimiento Agrario Misionero (MAM), el Ministerio de Asuntos Agrarios de la Provincia de Misiones, (MAA); el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA); la Asociación de Tabacaleros; la Pastoral Social (ONG que pertenece a la Iglesia católica) y el Instituto de Desarrollo Social y Promoción Humana (INDES). En 2001, a raíz de un conflicto59 suscitado en el PSA local, productores y técnicos en una asamblea decidieron ampliar la UTCP, para ello se incorporaron cinco miembros más: un delegado por la Asociación de Interferias de Misiones, un miembro de la RAOM (Red de Agricultura Orgánica de Misiones), un representante de los técnicos del PSA, un miembro de la Pastoral Social de la Diócesis de Iguazú y una representante por las mujeres productoras. De esta manera se trató que las decisiones y las políticas a implementar sean producto de una decisión compartida por las personas e instituciones involucradas.” (Schvorer: 2001)

La concepción del PSA, así como la del Movimiento Semillero, se ha cimentado sobre un conjunto de ideas recogidas del ambientalismo. Esto tiene que ver con la orientación práctica e ideológica de quienes lo integran. Tal es el caso del primer coordinador del PSA, el ingeniero agrónomo Roberto “Coya” Cametti, quien había realizado en España un posgrado relacionado a la gestión ambiental y la agricultura sustentable. Los resultados de esta orientación se pueden ver en el caso de las ferias francas, cuya producción debe ser orgánica, partiendo de la premisa básica de un manejo sustentable de la naturaleza. Como así también en las líneas de apoyo financiero, que apoyan tanto al fortalecimiento del autoconsumo como a emprendimientos productivos asociativos (EPA’s), y dentro de estos últimos promueven tanto actividades tradicionales e innovadoras60, como proyectos de sostenibilidad que apunten a la recuperación del medio ambiente.

Es importante destacar que en un principio el PSA tuvo un rol muy importante en la difusión de las ferias de semillas mediante los técnicos de los grupos que financiaba en distintos puntos de la provincia. Como señala un ex técnico de esta institución:

En los inicios el PSA tenía un rol fundamental en esta cuestión, si no hubiera estado quizás las ferias hubieran perdido mucho dinamismo. Hoy si el PSA se corre, la cosa sigue. Ya adquirió vuelo propio esto. El Movimiento Semillero ya tiene vuelo propio y no está apoyado en una sola institución. Y la feria, con esto de hacer las locales, se conoce por todos lados.”


Movimiento Agrario Misionero

El MAM es un movimiento gremial cuyo accionar con los pequeños productores se remonta a los años ’70, previa a la conformación de las Ligas Agrarias. De vuelta a la democracia, ante la organización de productores por sector61, el MAM comenzó a recomponer las formas de organización gremial que se habían intentado construir en los 70, buscando congregar la mayoría de los productores en un mismo movimiento.

El MAM tiene una fuerte presencia en los departamentos del centro de la provincia (Oberá y Cainguás, principalmente) y goza de reconocimiento como organización de lucha, si bien no representa a todos los pequeños y medianos productores de Misiones. Esto hace que el MAM tenga un espacio ganado institucionalmente en la provincia, tanto político, como institucional y de defensa del sector.

La relación con el PSA se basa en el trabajo con el mismo sector de productores. Es miembro de la UTCP y financian proyectos de asistencia técnica y capacitación. De acuerdo a Otero et al, a mediados de los 90, el Movimiento Agrario Misionero impulsa el proyecto ferias francas a partir de una transformación interna del movimiento, marcada por una mayor apertura hacia el Estado y los planes de desarrollo.

Entre las principales figuras fundacionales del MAM se encontraba Michel Guilbard. Este último fue un dirigente campesino francés - en 1964 secretario del Movimiento Rural de las Juventudes Cristianas de Francia - que en 1965 llegó a la argentina convocado por el Movimiento Rural Cristiano de la Acción Católica para trabajar en la formación de cuadros intelectuales. En 1971 participó de la formación del MAM y fue miembro de su dirigencia hasta 1976 cuando fue detenido durante un año y medio por la dictadura argentina. En el exilio siguió trabajando para dar apoyo a la lucha por los derechos humanos en la Argentina de aquellos años. Restaurando el sistema democrático, regresó a la Argentina para trabajar en la reorganización del MAM, donde tuvo un papel protagónico en la conformación de las Ferias Francas (Arce, 2007).62

La relación entre el MAM y las ferias francas fue muy estrecha desde sus comienzos. Ha colaborado en la conformación y desarrollo de las ferias, y uno de sus principales dirigentes, Eugenio Kasalaba, ha sido presidente de la asociación de Ferias Francas de Misiones repetidas veces. Si bien en el presente no participa en la organización de Ferias de Semillas, sigue vinculado a estas justamente a través de los numerosos productores que trabajan en distintas Ferias Francas y que participan en Ferias de Semillas.



Asociación de ferias francas de Misiones

La Asociación de ferias francas de Misiones (AFFM) es una organización que congrega a delegados de todas las ferias (aproximadamente cuarenta y cinco) y constituye la representación gremial de los feriantes. Su propósito fundamental es desarrollar y consolidar la experiencia de venta en mercados locales, unificando criterios en el ámbito de lo productivo y en la comercialización, además de buscar la concreción de reivindicaciones gremiales del sector, tales como la cobertura previsional y de salud para los feriantes.(Otero et al, 2001).

Según los registros del PSA las Ferias Francas involucran más de cinco mil explotaciones agrícolas familiares. Este programa trabajo junto al MAM, ONG’s y Municipios en la organización de las Ferias Francas con el objetivo de:


  • lograr la inserción de los pequeños productores en los mercados locales a través de lo que producen en la chacra y sin alterar los patrones de producción tradicionales;

  • impedir que los mismos emigren a las ciudades a ensanchar los cinturones de pobreza.

Es importante resaltar que muchos de los productores que participan en las Ferias de Semillas son feriantes de distintas Ferias Francas de la provincia –gran parte de estas han estado representadas en las Ferias de Semillas-, estas últimas un importante canal de comunicación y promoción de actividades. Además, teniendo en cuenta que de 1998 al 2003 las Ferias de Semillas se realizaron en Eldorado, la presencia de los feriantes de la Feria Franca de esa localidad fue muy fuerte, sobre todo de las mujeres.

Pastoral de Diócesis de Iguazú

El Proyecto de Desarrollo Rural de la Pastoral de Diócesis de Iguazú tuvo su accionar en los departamentos de la zona norte de Misiones. Desde 1993 ha trabajado en zonas rurales asistiendo a pequeños productores en cuestiones productivas y reivindicativas, respecto a la tenencia de la tierra. En esto ha tenido vital importancia el aporte del Mons. Joaquín Piña Batllevell, jesuita, primer obispo de Puerto Iguazú. En su momento, el PSA otorgó asistencia financiera a los grupos apoyados por la Pastoral y muchos de los integrantes de este programa (su ex coordinador, algunos miembros del equipo técnico de apoyo y varios técnicos de campo) provienen de este sector de la iglesia católica, con antecedentes de trabajo con la población rural más pobre.

Vale señalar que la presencia de la Pastoral Social y sobre todo del Obispo Piña han sido fundamentales tanto en el trabajo con la población en cuanto a información sobre sus derechos y búsqueda de alternativas, como también, al constituirse como canal de divulgación y vehiculización del conflicto de ocupación de tierras privadas63, y de reclamos de productores a nivel provincial y nacional. En este punto inicial los mediadores ante los otros protagonistas del conflicto han sido los miembros de la Pastoral. (Otero et al, 2001). Cabe mencionar aquí que fueron parte de dicho proceso el INDES y la ONG APHyDAL (Asociación de Promoción Humana y Desarrollo Agroecológico Local).

La Pastoral Social se disuelve como equipo de trabajo a partir del cambio de Obispo. Según ex miembros de esta organización la llegada de un nuevo obispo cerró las puertas a quienes se encontraban trabajando previamente. A pesar de esto, el trabajo con esta población sigue dándose con otras instituciones y organizaciones, es así que algunos productores que en su momento participaron en la lucha por la tierra ligados a la Pastoral y hoy luchan por el acceso a ciertos recursos (agua, luz, subsidios, escuelas, etc.), siguen participando en Ferias de Semillas y otras actividades vinculadas al Movimiento Semillero.


Instituto de Desarrollo Social y Promoción Humana

El INDES es una ONG que viene trabajando en Misiones desde 1981, y por lo tanto tiene mucha experiencia de trabajo con pequeños productores. Comenzó a trabajar junto a la Pastoral en la zona de San Pedro, estuvo acompañando los conflictos por la tierra y hoy sigue trabajando en la zona.

La relación de INDES con el PSA se da tanto a través de su participación en la UTCP como en el trabajo en campo con los productores. INDES se encuentra registrado en el programa como proveedor de asistencia técnica y capacitación. Se acuerdan estrategias y líneas de trabajo así como el marco político de desarrollo de que tienen cada uno por su lado y en común para ver como el programa puede favorecer o promover esas instancias de trabajo.

Esta institución promueve estrategias de autoconsumo y brinda muchísima importancia a la formación de dirigentes. De acuerdo a un documento de la organización:

Colabora y articula con las organizaciones locales y grupos humanos, en el análisis de sus problemas y necesidades, en la planificación, ejecución de proyectos y actividades destinadas a superarlos. Trabaja en cuestiones vinculadas al mejoramiento del autoabastecimiento, la capitalización y los ingresos, el acceso a derechos sociales básicos y a la generación de empleo desde una perspectiva de desarrollo sustentable. Contribuye mediante formación y capacitación en aspectos técnicos, organizativos y administrativos, y acompaña gestiones de apoyo financiero. Además facilita la representación de las organizaciones de base en los espacios de consulta y participación de los organismos y programas estatales a escala municipal, provincial y nacional, entre otras actividades.”(Registro de experiencias, rescate, identificación, y mejoramiento de variedades de maíces locales)

El INDES ha trabajado junto a organizaciones de productores en el rescate y selección de variedades de semillas, mandioca y caña de azucar, con el objetivo de promocionar las variedades locales más eficientes. Si bien para algunos miembros del Movimiento esto arrasaría con la diversidad local de la misma manera que los híbridos, técnicos del INDES sostienen que hay variedades que tienen una producción muy pobre y que de todos modos esta discusión es muy compleja. Sobre la experiencia llevada adelante con productores del Municipio de San Pedro entre el 2002 y el 2007, sostienen lo siguiente:

La finalidad del trabajo que se viene realizando desde el INDES con los productores es rescatar, describir y mejorar las variedades de maíces a partir de prácticas de selección, pretendiendo lograr un mayor conocimiento sobre las mismas, sus características, adaptabilidad, y posibilidades que brindan de aumentar la producción. Además, disponer de semillas de estas variedades de maíces para la producción propia, su multiplicación y difusión.64 (Op Cit)

Si bien algunas de estas actividades las realizan en forma independiente al Movimiento Semillero, es una de las instituciones participantes que más ha sostenido el trabajo y los objetivos de éste. Me refiero tanto a los técnicos que colaboran con las ferias y otras actividades del Movimiento, como a los productores vinculados al INDES que participan en las mismas.


La Red de Agricultura Orgánica de Misiones

La RAOM, conformada en 1993, incluye entre sus miembros productores, asociaciones, ONG’s y técnicos de distintas instituciones. Para Simón Blaser, ex secretario de la RAOM, esta es… “… como expresa la palabra Red, una organización abierta y multifacética. Integra organizaciones públicas y de la sociedad civil, productores, técnicos, consumidores, etc., sin categorizar a sus integrantes”.

En cuanto a su enfoque y líneas de acción, Blaser define a la RAOM como un lugar de encuentros múltiples a favor de la agricultura y se refiere a esto como… “Una causa nada fácil frente a los presupuestos comerciales del agrobusiness basada en monocultivos, tóxicos, consumo, destrucción irreversible de recursos naturales y comercialización engañosa de sus frutos poco favorables a la salud de los consumidores. Por definición quien defiende la agricultura no tiene nada a “vender” porque la agricultura es autosuficiente y genera sus propios recursos al mismo tiempo que produce alimentos – así mismo, sin propuesta comercial, la RAOM consigue estar presente en muchas o casi todas las actividades de la agricultura orgánica en la provincia y también se proyecta más allá de la provincia con una base administrativo y económica más que modesta. Actúa en movimientos como los de las ferias francas o ferias de semillas, en organizaciones de extensión rural, etc. dando sus impulsos para la cura de nuestra agricultura, sirviendo de plataforma de constante renovación e innovación tecnológico y social.”

Es así que la RAOM promueve la agricultura familiar agroecológica y agropastoril como propuesta de desarrollo y forma de vida, frente a los postulados de la economía de libre mercado y a sus consecuencias entre los pequeños productores y el medio ambiente -agrotóxicos, monocultivo, desforestación, dependencia de insumos externos-.

Diversos miembros de esta organización pertenecen a varias instituciones a la vez, tales como el ex PSA o el INTA y muchos de estos pertenecen al Movimiento Semillero.



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