Violeta Vidal Director: Mgter. Guillermo Luis Castiglioni



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Una aproximación al Movimiento por la Semilla Campesina de Misiones – Violeta Vidal


Tesis de Licenciatura en Antropología social

Tesista: Violeta Vidal

Director: Mgter. Guillermo Luis Castiglioni

Departamento de Antropología Social

Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales

Universidad Nacional de Misiones

2010


Agradecimientos

A Maco, por diseñar el dibujo que pensamos juntos y que recorre este trabajo;

A las tres mujeres de mi familia:

A mi mamá, que siempre estuvo y estará, por todo el cariño y el empeño que puso en mi formación y por mostrarme tantos colores para pintar la vida;

A mi abuela, que la quiero mucho;

Y a mi prima con su bandoneón;

A mi director de tesis, Guillermo Castiglioni, por su ayuda invalorable, por su acompañamiento y por la buena predisposición que puso en este viaje;

A Brígida Renoldi, que coordinó un taller de escritura para tesis que me fue muy productivo;

A los profesores que colaboraron y colaboran en mi formación;

A Gabriela Schiavoni, Lucía Esther Schvorer y Víctor Rozenfeld por leer atentamente el presente trabajo;

A todos los que me ayudaron en este camino de conocer al Movimiento: a Marcelo, Gaby, Claudia, Gerardo, Bety, Mauricio, Ana, Isabel, Mónica, Heidi, Cristian, Airton, Marta, Juan Manuel, Enrique, Silvia, Francisco, Carlos y a todos los productores y productoras que entrevisté;

A Josefina y a Celestina por haberme abierto las puertas de su casa y de su chacra para conversar;

A la gente de El hormiguero, un lugar que representa mucho para mí;

A mi Guille, por el amor y la paciencia;

A Mariel, Yamila, Mora y Carla, por su presencia en distintos momentos de mi vida;

A Aimará, Lara, Aimé, Horacio y María Sara, porque pasa el tiempo y siguen estando con la misma presencia de siempre;

A todos los que están, por alegrarme, motivarme, despertarme, calmarme y acompañarme en distintos tiempos y espacios;

Y a mi bici, por hacerme más liviano el camino.



Introducción

La estructura productiva de la provincia de Misiones se caracteriza principalmente por una gran concentración de tierras utilizadas para la forestación, y pequeñas y medianas extensiones particulares que se dedican a la producción de yerba, té y tabaco, además de la destinada al autoconsumo.

En el escenario socioeconómico propio de la década de los 90 –donde al profundizarse las políticas neoliberales y desregulatorias aplicadas durante la última dictadura militar, las economías regionales vinculadas a actividades agroindustriales sufrieron un fuerte impacto negativo (Lapegna; 2005)- se comenzaron a implementar programas orientados a crear alternativas económico-productivas que posibilitaran a los pequeños productores enfrentar la caída de los precios de los principales productos de renta (yerba mate, té, tabaco).

Fue así que distintas instituciones y programas estatales, como así también organismos no gubernamentales y organizaciones de la sociedad civil comenzaron a viabilizar estos intentos por mejorar la situación del sector agrario.

El INTA agregó nuevos componentes a las actividades de extensión: los Programas Minifundio, Cambio Rural, y Pro-Huerta. En estos Programas, los extensionistas orientaron su tarea en el marco del desarrollo local, procurando mejorar la producción de autoconsumo entre las familias, promoviendo la organización de los productores y la articulación con otras instituciones de distintas regiones del país.

Por otro lado, en este contexto también confluirán… “… las acciones del Programa Social Agropecuario (PSA) - programa de Estado destinado a paliar la pobreza rural - y del Movimiento Agrario Misionero (MAM) - gremio de pequeños productores agrícolas - en pos de generar alternativas de ingresos para el sector, incentivando la producción de alimentos y el cuidado del medioambiente. Hacia 1994, dichas entidades toman conocimiento de la modalidad de mercado denominada Ferias Francas (FF)1, surgiendo las mismas como una propuesta que intentaría dar respuesta a los problemas que enfrentaban los pequeños productores familiares misioneros.” 2

En 1997 -de la mano de estas mismas organizaciones junto con la Pastoral Social, la RAOM, Interferias3 e INDES- se suman las denominadas Ferias de Intercambio de Semillas, revalorizando la variedad de especies vegetales (agro-biodiversidad) que existen en las explotaciones agrícolas de los pequeños productores. Los participantes de estas suelen ser vendedores en ferias francas o miembros de organizaciones productivas. Existe actualmente una feria provincial bianual así como distintas ferias regionales, zonales y locales. Respecto al alcance de ciertas instituciones en relación con los pequeños productores, dado que el Movimiento está compuesto por varias de las mismas que tienen llegada a productores y la que en un principio tuvo más alcance fue el PSA (ahora secretaria de agricultura familiar) llegando a cinco o seis mil familias, se puede hablar de un alcance del Movimiento de alrededor de cinco mil familias. Es importante aclarar que los productores que asisten a una Feria de Semillas generalmente lo hacen en representación de sus familias o de grupos de trabajo compuestos por familias de agricultores, la participación en estas ha llegado a ser de hasta más de mil personas. De acuerdo con datos de la Subsecretaría de Agricultura Familiar, habría entre 45 a 50 mil pequeños productores familiares en la provincia de Misiones, por lo que se trataría de cerca de 10.000 los que participan en dichas ferias.4

La propuesta de las Ferias de Semillas consiste en la conservación y el intercambio de semillas entre pequeños productores, así como en la organización de talleres en los que se posibilita la discusión de temáticas como ser: la tenencia de la tierra, el patentamiento de los recursos genéticos locales, estrategias de comercialización de la producción, soberanía alimentaria, acceso y cuidado de las fuentes de agua, etc.

La pérdida de la agro-biodiversidad y de su libre circulación en la/s comunidad/es local/es que el actual sistema agrícola y de distribución de alimentos determinan es una preocupación que traspasa lo regional. La necesidad de reflexionar sobre tal eje temático y sobre ciertas alternativas propuestas por el Movimiento Semillero, constituye el propósito del presente trabajo.

El Movimiento Semillero -conformado por técnicos y productores pertenecientes a las instituciones y organizaciones que participan de la realización de las mencionadas ferias de semillas- se inserta en un movimiento mundial que participa en la lucha por la conservación de la biodiversidad y el fortalecimiento de la soberanía alimentaria. Es así que, en este estado de la cuestión, se considerará este movimiento como el contexto ineludible de la investigación, de un tema inserto en el campo de la antropología rural y los movimientos sociales.

Cabe aclarar que no es mi intención presentar el caso de estudio como un fenómeno idílico sino que pretendo describir algunas cuestiones en torno al Movimiento Semillero y a las Ferias de Semillas, como ser intenciones y motivos para la revalorización del intercambio de germoplasma5 local.

Organización del trabajo

El cuerpo de la presente monografía se divide en cuatro partes en las que se intenta desarrollar el trabajo realizado, en pos de cumplir con los objetivos de un plan. Los mismos son los siguientes:



Objetivo General:

  • Conocer, describir y explicar, el fenómeno de las ferias de intercambio de semillas en Misiones en base a las significaciones y prácticas que sus participantes llevan adelante.

Objetivos Específicos:

  • Describir y analizar las formas de administración de las semillas entre pequeños productores familiares misioneros y de qué manera inciden en la producción y en su alimentación;

  • Registrar formas de clasificación de especies vegetales destinadas a la alimentación, cómo se expresan y de qué manera inciden en la alimentación de los pequeños productores familiares y en su oferta productiva;

  • Analizar las diferentes prácticas y representaciones de miembros del movimiento semillero en torno a las cuestiones de cuidado de la biodiversidad, de la conservación y el intercambio de especies vegetales, diferentes tipos de semillas (criollas, híbridas, transgénicas, guardadas, compradas), propiedad intelectual, libre circulación de especies vegetales y producción alimenticia.

En el capítulo 1, presento a los colonos o pequeños productores como los principales protagonistas de las Ferias de Semillas, describo aquello que se escucha y que se ve en un día de feria y cierro con una breve reflexión sobre la producción de autoconsumo.

En el capítulo 2, presento al Movimiento por la Semilla Campesina y a los conceptos que guían su accionar. Tales como la biodiversidad y la soberanía alimentaria.

En el capítulo 3, presento otras actividades que lleva a cabo el Movimiento en pos de lograr sus objetivos. Esto lleva a abordar las cuestiones tanto de patrimonio y naturaleza como de las formas en que pueden relacionarse los saberes de técnicos y productores.

Finalmente, en el capítulo 4, presento a modo de epílogo una reflexión sobre las redes como conducto de conocimientos e ideologías que inciden en las prácticas cotidianas, conectando de esta manera naturaleza y política.

Para la realización de este trabajo se llevaron a cabo entrevistas y observaciones tanto en Ferias de Semillas (2005, 2008, 2009, 2010), como en distintos talleres y encuentros del Movimiento Semillero. También se realizaron visitas a chacras en las localidades de San Ignacio y Bernardo de Irigoyen, algunas de las cuales pertenecen a productores que han participado en las Ferias de Semillas.

Cabe aclarar, las razones que he tenido para involucrarme en este se encuentran marcadas fuertemente por repetidas visitas a lo largo de mi infancia y mi adolescencia a la chacra de una familia suizo-argentina en Ruiz de Montoya en la cual han vivido y transitado personas que adhieren a la agricultura biodinámica y a la antroposofía. A su vez, mi acercamiento a distintos foros sociales (Misiones 2002, Porto Alegre 2003) han hecho despertar mi interés por el rol de la agricultura familiar en la soberanía de los pueblos. Así es como en mi búsqueda por aproximarme al tema he llegado a realizar una excursión solitaria a San Pedro de Colalao (Tucumán) para participar en las Primeras Jornadas de Antropología Rural (2005) y luego me he acercado a grupos de trabajo relacionados con esta temática en distintos congresos de Antropología, así como a otras actividades relacionadas a la temática en la provincia (Foro de la tierra, voluntariados, charlas). A pesar de esto he tratado de tomar la suficiente distancia para problematizar el tema de las Ferias de Semillas y del Movimiento Semillero.



Capítulo 1



Las ferias y sus feriantes

Tal vez una feria de semillas sea igual en Colombia, Paraguay, el País Vasco o Brasil, en cuanto al esfuerzo por exponer la riqueza con la que convive la gente que trabaja la tierra y por dar un espacio para intercambiar saberes y semillas cotidianas. Lo interesante aquí es realizar un esfuerzo por describir de qué se tratan las ferias de Misiones, así como la red en la que se encuentran insertas.

En el caso de la provincia argentina de Misiones6, el fenómeno de “las ferias” comenzó hace ya más de 15 años. En 1995 se constituye la primera feria franca como una opción de comercialización libre de impuestos y en 1997 se lleva a cabo la primera feria de semillas. Ambas están dirigidas hacia los llamados colonos7 o pequeños productores y se realizan con ánimo de mejorar su calidad de vida.

Breve reseña sobre la colonización en Misiones

El término colono en la provincia hace referencia a los habitantes rurales e incluso es un término utilizado por estos para referirse a sí mismos. El “colono” misionero fue el principal protagonista del proceso de colonización agrícola.

La primera fase de la colonización en tierras públicas del territorio misionero se llevó a cabo entre 1877 y 1914. La política de colonización ofrecía facilidades al inmigrante extranjero y distribuía las tierras en propiedades de hasta un máximo de 100 Ha, a $2 c/ Ha (Ley Avellaneda). El hecho de que esta política haya tenido en cuenta el tamaño del grupo familiar a la hora de otorgar las tierras, instaló en Misiones el predominio de la explotación agrícola familiar8.

A partir de 1915 y durante la década de 1920 tuvo lugar una segunda etapa de la colonización oficial. En este caso se emitieron normas para encuadrar la creación de zonas ocupadas espontáneamente por colonos que, no teniendo otros recursos para acceder a la tierra, abrieron “picadas”, “desmontaron” y se instalaron en tierras fiscales (Abínzano, 1984; Schiavoni, 1988).

La colonización privada adquirió relevancia entre 1920 y 1930 y se desarrolló en la zona norte y Alto Paraná a través del accionar de compañías privadas. Mientras la colonización oficial se centró en las costas del Paraná, de Candelaria a Corpus, y en la zona sur o de campo y desde allí se fue extendiendo hacia el centro y norte de la provincia, la colonización privada surgió en el Alto Paraná y desde allí continuó extendiéndose. (Abínzano, 1984).

Este proceso dió lugar a una composición multiétnica de la clase agraria, donde poco lugar había para quienes ya habitaban el territorio. Y si bien el mismo fue protagonizado por colonos de los más diversos orígenes (alemanes, polacos, ucranios, rusos, eslavos, españoles, italianos, japoneses, criollos, etc.), en el imaginario local decir colono suele aludir a productores agrarios de origen principalmente europeo. Quizá porque estos últimos fueron beneficiarios de las campañas de colonización (caso de los galitzianos de Apóstoles, San José, etc.), a diferencia de los criollos9 y los grupos indígenas que habitaban previamente el territorio misionero, no considerados por el estado nacional como sujetos de colonización (Abínzano, 1984; Castiglioni, 2003; Bartolomé, 2007).

Hoy en día las explotaciones de pequeños agricultores familiares son llevadas adelante tanto por descendientes de colonos inmigrantes, como de población criolla preexistente en la región así como por familias en las que se combinan estas afluencias étnicas10. No por eso, ciertos estigmas y divisiones han dejado de existir. Como relata Lucía Schvorer (2003) en su trabajo sobre las ferias francas, al referirse al momento en que la colonia de Eldorado estaba conformándose:

El colono que desde los comienzos había contado con la colaboración de los paraguayos para domesticar la naturaleza, conocía sus costumbres, a las que atribuía rasgos tales como: “vivir al día, ausencia de previsión, ausencia de fin a largo plazo, indiferencia a la noción de progreso, inestabilidad social...”. Ya cerrada definitivamente la etapa en que colonos y paraguayos habían combatido juntos la selva indómita, a fines de la década del cuarenta se inicia un período de conflictos importantes entre “gringos” y “criollos”. Durante los años del peronismo se ponen con mayor intensidad de manifiesto la conflictiva relación patrón/peón, debido por un lado a la acumulación de los colonos y, por otro, al sistema de previsión social implementado desde el Estado (“Estatuto del Peón Rural”, leyes de seguridad social, el papel de los gremios, etc.) que favoreció el reclamo por mejores condiciones de vida de los peones.” (Schvorer, 2003: 70-72)11

A diferencia de la región pampeana, donde se dieron facilidades a los grandes latifundistas, la promoción de las tierras del territorio misionero recientemente federalizado (1881) estaba dirigida a familias que poblasen esta región. Esto se debió a la preocupación del estado por construir y mantener una presencia nacional en un territorio que se consideraba amenazado por Brasil y Paraguay (Bartolomé, 2007).

Al observar este proceso se logra apreciar la actual preponderancia de unidades familiares en la estructura agraria de la provincia y la variedad de situaciones en las que estas se encuentran.



Caracterización de colonos y/o pequeños productores misioneros

El término colono misionero, como ya hemos mencionado, es utilizado comúnmente para hacer referencia al habitante rural, sin embargo remite a un actor complejo y heterogéneo. Desde la antropología se han realizado valiosos esfuerzos para tipificarlo. En el caso de Bartolomé (1975, 1977, 2000) para quien el colono misionero conforma un tipo social agrario específico distinto al campesino y al farmer, éste comparte con los campesinos la utilización de trabajo familiar y su no inclusión entre los gastos de producción. Pero a diferencia de estos, la economía colona posee el potencial para generar excedentes que puedan ser reinvertidos con fines productivos, sin que la explotación se oriente hacia la obtención de una tasa de ganancia por sobre el excedente regular y la renta económica, ya que los criterios para evaluar el funcionamiento de la explotación y su rentabilidad, y sus motivaciones en general, son diferentes a los del empresario capitalista.

Bartolomé combina en su tipología tres criterios (fuente principal de mano de obra, potencial de acumulación y ecotipo productivo) y define cuatro tipos: campesino, colono I, colono II y empresario agrícola (Bartolomé, 1975, 1977, 2000; Schiavoni, 1998). Los campesinos utilizan exclusivamente fuerza de trabajo familiar, no acumulan capital y trabajan con ecotipo paleotécnico (el resto lo hace con ecotipo neotécnico); los colonos I utilizan casi exclusivamente mano de obra familiar y están en condiciones de acumular cierto capital; el colono II emplea en forma combinada mano de obra familiar y asalariada, con variada potencialidad de acumulación de capital; el empresario agrícola utiliza mano de obra asalariada sin participar directamente en el proceso productivo, acumulando capital a través de la maximización de la tasa de ganancia.

La diferencia en el potencial de acumulación entre colono I y colono II – tipos donde caerían la mayoría de los productores que participan de las Ferias de Semillas - se vincularía a que, en las explotaciones de estos últimos, la incidencia del trabajo asalariado sería mayor, y a que los factores que regulan la acumulación en las explotaciones agrícolas misioneras varían notablemente entre unas y otras. (Schiavoni, 1998; Bartolomé, 2000).

Al respecto, Baranger (citado por Schiavoni, 1998) sostiene que el tamaño de la explotación, la calidad del suelo, la diversidad de cultivos, el grado de tecnificación, el tamaño de la familia, etc., son aspectos que condicionan tal capacidad de acumulación: las explotaciones operarían con la lógica del trabajo doméstico, registrando diferentes niveles de capitalización que obedecerían a los mencionados factores, lo que a su vez determinaría distintas posiciones en la estructura social del agro provincial.

Otro término muy usado en la provincia y que también alude a los colonos es el de pequeño productor. El término de pequeño productor no es un término menos discutido, ya sea por la antropología o la sociología rural, como en el campo del desarrollo rural, tanto en sus orientaciones de investigación como de extensión.

Al analizar los procesos de diferenciación social internos a la categoría de productor familiar, Schiavoni (1998) señala que la caracterización de los productores familiares de Misiones en términos de “colonos” alude al carácter postcampesino de su inserción en la economía provincial, que los coloca en una perspectiva de acumular capital:

En este sentido, la posición de “colono” está referida a la fase ascendente de la trayectoria social de un pequeño agricultor. Sin embargo, antes de volverse “colonos”, los productores familiares de Misiones se reproducen en condiciones próximas al tipo campesino (reproducción simple), y muchos de ellos permanecen en esta posición, sin posibilidades de ascenso social.” (1998: 29)

Por otro lado, Marcio Gazolla busca diferenciar campesinos y pequeños productores en relación a su lógica de reproducción y a la producción de autoconsumo, para él no existe una mera agricultura de subsistencia ni un agricultor plenamente mercantilizado.

De acuerdo a una caracterización de pequeños productores realizada en forma conjunta en 2006 por el Proyecto de Desarrollo de Pequeños Productores Agropecuarios (PROINDER) y el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), en base a los datos del Censo Nacional Agropecuario 2002 (CNA 2002), las explotaciones de pequeños productores serían aquellas en las que el productor trabaja directamente en la misma y no emplea trabajadores no familiares remunerados permanentes. Se definieron 11 regiones agro-ecológicas homogéneas para todo el país; establecieron 3 tipos de pequeños productores en base a su nivel de capitalización (tipo1: capitalizados; tipo 2: que viven de su explotación pero no pueden evolucionar; tipo 3: que no pueden vivir exclusivamente de su explotación), señalando que hacia 2002 se registraban 218.868 pequeños productores en todo el país, cuyas explotaciones cubrían 23,5 millones de Ha (el 13,5% del área total de explotaciones agropecuarias).

Según este trabajo, los pequeños productores son predominantes en el norte del país y en la Mesopotamia, región a la que pertenece Misiones. Su presencia es notable en cultivos de elevada importancia para la economía de la provincia: el tabaco, la yerba mate y la caña de azúcar.

La situación de estos es muy variada, pueden ser productores propietarios de sus tierras u ocupantes de tierras fiscales o privadas y muchos de ellos incluyen en sus estrategias de vida la venta de su mano de obra de manera extrapredial. Como señala un antiguo técnico del PSA:

Hay diferentes criterios que se usan para decir si es pequeño o mediano y eso varía en cada provincia. En la zona árida de Santiago del Estero un pequeño productor tiene 200 ha y un pequeño productor aquí en Misiones con 200 ha no es un pequeño productor. Se hace jugar superficie, se hace jugar si la familia vive en la explotación o no, qué cantidad de animales menores (chancho oveja cabra) y animales mayores (vaca), un productor que tenga más de 50 vacas ya no es pequeño productor. Incluso aquí en Misiones que tenga más de 20 vacas ya se arrima a ser un productor más capitalizado, es pequeño productor todavía pero tenés que hacer jugar varias cosas porque si el tipo tiene 21 vacas y no tiene más nada, tiene pasto y vaca, no es que saca tanto tampoco. (…) Un productor más capitalizado puede contratar a alguien, o tener un peón más permanente o una buena cantidad de meses al año, está más mecanizado. Tiene su arado, tractor, rastra… son varias cosas que hay que mirar.”

En Misiones, el pequeño productor se encuentra estrechamente vinculado a las explotaciones agropecuarias familiares. En base al siguiente cuadro podemos apreciar la presencia de las pequeñas explotaciones agropecuarias en la provincia.


Tamaño (ha)



EAP’s

Superficie

Total

Media

Casos

%

Ha

%

Ha/EAP

Menos de 25

14.745

54,5

240.381

11,6

16,3

entre 25 y 50

7.115

26,3

262.438

12,8

37

entre 51 y 100

3.273

12,1

228.966

11,1

70

entre 101 y 500

1.629

6,0

312.784

15,1

192

entre 501 y 1000

149

0,6

106.309

5,1

713,5

Más de 1000

161

0,5

916.927

44,3

5.695

Total

27.072

100,0

2.067.805

100




Fuente: Cuadro elaborado por Gunther, Correa de Temchuk y Lysiak en base al CNA 2002

De las EAP’s con limites definidos, el 92,8% corresponden a unidades de hasta 100 ha distribuidas en el 35,4% de la superficie. Dentro de éstas, el estrato más importante lo constituyen aquellas menores a 25ha las que representan el 54,5% del total de EAP’s en la provincia. (…) El alto grado de participación de EAP’s de pequeña escala se vincula con el predominio (más del 86% de los casos) de unidades productivas en las que el trabajo está basado fundamentalmente en el uso de mano de obra familiar.” (Gunther, Correa de Temchuk, Lysiak; 2008; p. 21)12

Pero a la vez atendemos a la paradoja de que las explotaciones agropecuarias de hasta 100 ha -representando el 92,8% de las explotaciones de la provincia- utilizan sólo un 35,5% del territorio, mientras que las mayores de 1000 ha -siendo sólo un 0,5% del total de explotaciones- utiliza el 44,3% de la superficie. La intención de presentar estos números es ilustrar la situación de concentración de tierras por parte de importantes latifundios y establecimientos reforestadores y agroindustriales, proceso que va de la mano de la expulsión de pequeños productores a los cinturones urbanos de pobreza o bien resulta en la partición de chacras13 y la ocupación de tierras privadas.14

Productores y organizaciones

La estructura agraria de la provincia de Misiones, caracterizada por la convivencia de estas pequeñas y medianas explotaciones agrarias con modernas agroindustrias, se ha organizado y sigue siendo organizada principalmente por la producción de productos primarios como la yerba, té, y tabaco, además del rápido avance de la industria forestal en las últimas dos décadas15. Pero la desaparición de los mecanismos de regulación16 y la liberación de los mercados en los principales cultivos han determinado una situación de deterioro por la excesiva baja de precios, sobreproducción y concentración monopólica.

Esta situación generó la necesidad de buscar nuevas alternativas por parte de los productores y las organizaciones rurales:

Ante esta coyuntura el movimiento agrario fue reorganizándose lentamente (…) una de las ideas motrices que marcaron un cambio de estrategias fue la sostenibilidad o desarrollo sustentable. (…) El movimiento agrario de Misiones se apropió de esta noción de desarrollo sostenible, destacando la necesidad de realizar un uso sustentable del suelo y los recursos naturales para detener el deterioro del medio ambiente, la exigencia de generar alternativas al modelo de mercado y de desarrollo aprovechando las potencialidades culturales locales.” (Schvorer ; 2003; 53)17


Una de las propuestas que surge a partir de estas es la de la comercialización por medio de las ferias francas: ferias libres de impuestos con el objetivo de mejorar el nivel de ingresos y calidad de vida de los pequeños productores familiares comercializando su producción. La primera feria se inauguró en Oberá en 1995 y la experiencia fue multiplicándose en distintos lugares de la provincia. Esto fue posible gracias al esfuerzo conjunto del Movimiento Agrario Misionero (MAM) y del entonces Programa Social Agropecuario (PSA18), sumado al apoyo de municipios y ONG’s (INDES, entre otras).

Vinculadas a esta experiencia comienzan a realizarse desde 1997, impulsadas por las mismas instituciones que participaban de las Ferias Francas y otros actores afines, ferias de intercambio de semillas en distintos lugares de la provincia con el objetivo de revalorizar, rescatar y difundir toda una serie de prácticas que se han dado a lo largo de generaciones entre familias y vecinos. La primera feria se realizó en San Vicente y tuvo participantes de distintos puntos de la provincia así como también de las provincias argentinas de Chaco, Formosa, Entre Ríos, Corrientes, Santa Fe.

Desde ese año hasta el 2003 se realizaron ferias de semillas provinciales cada año, pero al siguiente surgieron las ferias locales y regionales, con el objeto de que pudieran participar una mayor cantidad de agricultores y la actividad tuviera llegada a todos los municipios de la provincia.

En 2004 se realizaron ferias de semillas en distintas localidades de la provincia (Wanda, Montecarlo, El Alcázar, Bonpland, San Pedro y San Vicente), en las que participaron más de 1200 personas; en el 2005 la feria provincial se realizó en San Vicente y también tuvieron lugar ferias locales y zonales en distintas localidades (Santa Ana, Delicia, San Pedro, San Antonio, 2 de Mayo, Wanda, Tobuna, Pozo Azul, Paraíso, Paraje Gentil, Mojón Grande, Taranco, San Juan de la Sierra); en 2006 también se realizaron ferias locales y zonales (El Soberbio, Montecarlo, Taranco, Santa Ana, Pozo Azul) y la feria provincial en Aristóbulo del Valle, donde también se realizó la feria provincial del 2008; durante 2009 se realizaron ferias zonales en San Vicente, Iguazú y Jardín América, como así también ferias locales en San Pedro y en dos comunidades aborígenes sobre ruta 7 y ruta 12: Ysyry y Ka’a Kupe.19

En 2010, la Feria Provincial de Semillas se llevó a cabo en la localidad de Wanda los días 20 y 21 de Julio. Acudieron a esta participantes de distintos puntos de la provincia (Iguazú, Wanda, Andresito, San Antonio, San Pedro, Bernardo de Irigoyen, Puerto Esperanza, Colonia Delicia, Eldorado, Puerto Mado, Piray, Montecarlo, Garuhape, Puerto Rico, Ruiz de Montoya, Puerto Leoni, Jardín América, Candelaria, Posadas, Pozo azul, Ka’a yarí, Alem, Campo Viera, San Vicente, Aristóbulo del Valle, Cerro Azul, Paraje Lucero, J.J. Lanusse, Fracrán, etc. ), así como de otras provincias del país (Santa Fé, Corrientes, Chaco, Buenos Aires, Tucumán) y de países limítrofes: Brasil (Santa Catarina) y Paraguay (Presidente Franco y Ciudad del Este).

Figura 2. Los lugares señalados con pequeños círculos en blanco, hacen referencia a las localidades en las cuales se han llevado a cabo Ferias de Semillas

Muchos de los participantes de las ferias de semillas suelen ser precisamente pequeños productores, vendedores de las ferias francas o miembros de organizaciones productivas, o bien, se trata de productores que se han acercado porque técnicos del PSA, del INTA o de alguna ONG que trabaja en el ámbito rural, los ha invitado. De modo que en las ferias de semillas se pueden ver hombres y mujeres de distintas edades así como de distintas colonias y parajes exponiendo en sus mesas lo que trajeron (semillas, frutos, plantines, huevos, etc.), mientras toman un mate o charlan con el vecino de la otra mesa. Cabe aquí mencionar que así como el equipo técnico que participa en las ferias de semillas tiene algunas características que los engloban y otras que los diferencian (formaciones, trayectorias, pertenencias institucionales), los productores también son parte de una realidad heterogénea si tenemos en cuenta factores como: el tipo y la variedad de su producción, el tamaño de su explotación, su pertenencia o no a organizaciones políticas o productivas, el lugar de donde provienen y su adscripción étnica o religiosa.

Como se mencionó arriba, hay distintos tipos de ferias de semillas: provinciales, zonales y locales. Las ferias locales se organizan para recibir participantes de la localidad donde se realizan pero esto no excluye las posibles visitas de otras localidades; las zonales convocan a participantes de varias localidades adyacentes y la provincial ha llegado a movilizar a más de mil productores y observadores de toda la provincia e inclusive de otras provincia y países (Chaco, Corrientes, Entre Ríos, Salta, Paraguay, Brasil, etc.). Si bien se han llegado a realizar en el transcurso del mismo año una feria provincial y ferias locales y zonales, desde el 2007 el núcleo organizativo del Movimiento Semillero decidió que la feria provincial se lleve a cabo año de por medio, de modo de poder intercalar ferias zonales y locales en un año y al siguiente año organizar exclusivamente una feria provincial. Esto se decidió así debido al esfuerzo organizativo que implica cada una de ellas (traslados, comida, logística, etc.), principalmente la provincial, a la que acuden productores de distintas zonas de la provincia. Para algunos técnicos y productores, las ferias zonales no dan resultado ya que los productores de una misma zona suelen tener las mismas variedades de semillas, pero hay técnicos que sostienen que los productores tienen más posibilidades de asistir a las ferias locales por la accesibilidad geográfica. Entra aquí en juego también la cuestión de los fondos presupuestarios, que para cada feria se constituyen de manera diferente de acuerdo a la gestión de los organizadores: la gestión de fondos es una actividad que implica tiempo y trabajo; además, no son siempre las mismas instituciones las que pueden o se encuentran dispuestas a colaborar.

Las ferias provinciales suelen durar dos días, con todo lo que esto implica para los técnicos y, sobre todo, para los productores: comer y dormir fuera del hogar y la chacra, compartiendo el tiempo con personas que están viviendo la misma experiencia. Las ferias de menor escala (locales, zonales) citan a los participantes a las 8 a.m. y terminan después de compartir un almuerzo, aunque algunas actividades (por ejemplo, charlas sobre temáticas ambientales) se pueden extender hasta alrededor de las cuatro de la tarde. Lo más común es que se lleven a cabo en un polideportivo o en el tinglado de alguna escuela agrícola, pero también se realizan en algunos de los tantos Centros Integradores Comunitarios con los que cuentan un buen número de municipios. Mientras que en las ferias más pequeñas pueden encontrarse hasta un poco más de cuarenta participantes, en las ferias provinciales pueden llegar a ser más de mil.

La propuesta de las ferias de semillas consiste en la conservación e intercambio de semillas entre pequeños productores, así como en la organización de talleres en los que se posibilita la discusión de diferentes temáticas, como ser: la tenencia de la tierra, el patentamiento de los recursos genéticos locales, soberanía alimentaria, comercialización, la escasez o disponibilidad de agua en las chacras (manejo de vertientes), etc. Después de más de diez años de ser llevadas a cabo son cada vez más las entidades participantes (municipios, escuelas agrícolas, organizaciones) así como los pequeños productores que se suman al “Movimiento Semillero”, encargado de dar vida a las ferias.

Los equipos encargados de la organización varían de feria en feria. Si bien también participan productores, en estos equipos hay preponderancia de técnicos ya que los mismos cuentan con la posibilidad de incluir esta tarea dentro de la agenda de trabajo de la institución de la cuál forman parte. Para los productores es más difícil participar en actividades que requieran invertir mucho tiempo fuera de su chacra ya que pierden un día de trabajo.

Se han realizado ferias en distintos puntos de la provincia, pero la característica más común a la hora de elegir la localidad es la de contar con un técnico en la zona que pertenezca al Movimiento Semillero. Las fechas elegidas para realizar las ferias suelen ser la segunda quincena de julio o primera quincena de agosto, para que se pueda maximizar el uso de las semillas que se recogieron en el encuentro después de terminadas las heladas y antes de que el sol comience a calentar demasiado la tierra a partir de septiembre.

La realización de estas actividades año a año ha puesto sobre el tapete diversas opiniones sobre la conservación, rescate y puesta en valor de las distintas variedades de especies vegetales existentes en la región.

Si bien tanto las Ferias Francas como las Ferias de Semillas levantan la bandera en pro de la soberanía alimentaria, esto es una prioridad para las Ferias de Semillas. En el caso de las Ferias Francas estas se orientan a la integración de la agricultura familiar en el mercado mediante patrones alternativos -sin intermediarios entre productor y consumidor- con el objetivo de asegurar cierto nivel de autonomía y de brindar un ingreso a los pequeños productores ante la crisis de precios de los principales cultivos de renta. Las Ferias de Semillas se enfocan en ciertos valores no económicos: buscan rescatar tanto el valor de lo propio y de la diversidad como de los vínculos sociales que se generan con la circulación de las semillas, así como fomentar una alimentación más variada y saludable. La modalidad de las Ferias de Semillas es la del libre intercambio con el objetivo de rescatar una práctica que se ha ido perdiendo por la presencia de numerosas agropecuarias en las que proveerse de semillas (en su mayoría híbridas). En las Ferias de Semillas estas se presentan como un bien y un valor en sí mismas, no sólo como un insumo para la producción20.

Al reflexionar sobre los comienzos de esta experiencia algunos técnicos comentan:

(…) no había mucha conciencia de la cantidad, variedad, el significado, lo simbólico que para el pequeño productor significaba la semilla”. (Técnico PSA)

Ellos llevan y valoran [sus semillas] y [la] tienen como un símbolo, como un signo.” (Técnica INTA)

Dada la apertura a este espacio donde el que participa no solo recibe una alternativa más -que consiste en el acceso a la variedad semillas y por ende de alimentación, de producción, de consumo y/o de venta- sino que también posibilita desnaturalizar las prácticas de conservación y selección de semillas, se abre un abanico de intercambios de todo tipo donde el diálogo juega un papel importante ya que estos también revalorizan los conocimientos y valores ligados a aquello que se intercambia. Como señala Gazolla21:

En muchos casos es a través de una de estas formas de sociabilidad y de conversaciones que surge información sobre cómo plantar determinada especie, cuál es el mejor tipo de cultivo, o qué rinde más, o también cuáles son las técnicas de manejo más adecuadas. De este modo, si por un lado la producción para autoconsumo engendra sociabilidad, por otro, las formas de sociabilidad también hacen surgir nuevos conocimientos relacionados a la producción para autoconsumo.” (2004:81, Traducción propia)




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