Urbanización y Vivienda en Guadalajara Rafael López Rangel



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3. La vivienda, el suelo urbano y la autoconstrucción.
Hemos dicho que la autoconstrucción masiva, provocada por el déficit y la penuria de la vivienda, obedece a particulares situaciones históricas. No se trata, en términos estrictos, de procesos espontáneos, al margen de la acción pública. En todo caso éstas son modalidades de un mismo proceso, el cual se halla dentro del problema de la vivienda que enfrentan las clases populares.
El déficit de casas es tan grande en Guadalajara, y crece de tal manera, que será imposible resolverlo si no se tocan sus actuales formas de producción y distribución. Sobre todo las que arman y configuran la cadena especulativa y si no se modifica la naturaleza de las decisiones políticas que conduce a dichas formas por los caminos ahora establecidos. La década de los ochenta encontró a la capital de Jalisco con la necesidad de reponer de 84 mil viviendas, con relación a las 400 mil existentes. Aparte el sector privado edifica el 40% de la vivienda, y ello ocurre sin ningún control de precios, los cuales son tan altos como el mercado lo permite. No debe extrañar entonces que los sectores más urgidos de vivienda no tengan acceso a la misma dentro M mercado convencional. En 1979 era ya prácticamente imposible hallar unidades de menos de 500 mil pesos en el área metropolitana. Con la crisis, esta situación se agrava aún más, el precio mínimo de una vivienda terminada ha aumentado considerablemente y se aleja cada vez más de las posibilidades de la mayoría. Baste ilustrar este hecho con algunos datos reveladores: a principios de esta década, el 55% de los trabajadores de Guadalajara ganaba menos del salario mínimo, y el 85% menos de dos veces dicho salario; y más de 3 de cada 5 habitantes no podían aspirar a adquirir una casa con los niveles mínimos de calidad y satisfacción de las necesidades vitales. Para los años venideros, la perspectiva no es halagadora. En el Plan de Ordenamiento de la Zona Conurbada de Guadalajara, se asienta que sería necesario producir 520 mil viviendas cada 10 años, labor desmesurada en las condiciones actuales.

Así, el alquiler y la autoconstrucción de vivienda progresiva constituyen casi las únicas alternativas frente al problema. En la capital de Jalisco, el 60% de las viviendas habitadas son de alquiler, y un cuarto de millón de personas se hacina en cerca de 1600 vecindades, ubicadas en el área urbana central. El alza incontrolada de los alquileres agrava aún más las circunstancias.

Igualmente importa la tradicional inaccesibilidad al suelo urbano para grandes sectores de la población. También aquí la mercantilización y la especulación determinan una creciente imposibilidad para adquirir el terreno por parte de la mayoría. En Guadalajara, por cierto, el mercado del suelo se halla bajo control del sector privado. En el POZCG se afirma, con razón, que el mercado inmobiliario de la metrópoli jalisciense es, en cuanto a capital, el segundo del país; el primero es el del Distrito Federal. La acción de las inmobiliarias es por lo demás relativamente reciente, ya que se inicia a mediados de los años sesenta, pero su magnitud se revela en el hecho de que 10 grupos inmobiliarios fraccionaron más de la mitad de los terrenos incorporados al área metropolitana de Guadalajara entre 1975 y 1980. (65)

65. POZCG, cit.


La oferta privada de suelo urbano no está al alcance de la clase trabajadora. En ello influyen no sólo las acciones especulativas que agentes de todo tipo ejercen sobre aquél; cuenta igualmente que el precio se establece en una gran cantidad de casos como venta de suelo construido. Otro hecho es la influencia de las normas reglamentarias sobre el fraccionamiento de terrenos en el municipio de Guadalajara. Cabe mencionar aquí algunos datos recientes, altamente significativos. Representantes del Grupo Mercado Inmobiliario de Occidente, A. C., fundado en julio de 1985 y constituido por 30 empresas, declararon en noviembre de ese mismo ano, que los predios urbanos se han encarecido un 5620% de 1980 a 1985, y concluyeron que un trabajador que devengue el salario mínimo es incapaz de adquirir una vivienda por la vía crediticia. (66) En apoyo a esa declaración, dieron los datos siguientes: hace 10 años, el metro cuadrado en una zona de calidad, costaba 400 pesos; en noviembre de 1985 ascendía ya a 22500.

En suma, la acción pública sobre el suelo urbano no ha favorecido directamente a los sectores populares ni promovido una amplia utilidad social de la tierra, sino que hasta ahora ha provocado la elevación del valor de ésta. El Estado tiene dos formas de adquisición del suelo urbano: expropiación o compra. En el primer caso, la intervención estatal se realiza generalmente para regularizar asentamientos y no para llevar a cabo planes de vivienda. En consecuencia, el camino fundamental es la compra, que se efectúa en terrenos ubicados en lugares de difícil acceso y urbanización. (67)

Sin embargo, y esto lo señala también el POZCG, la compra se efectúa fundamentalmente a propietarios privados. Tal hecho encarece los terrenos e impide la aplicación de los amplios programas de vivienda que requiere la población de bajos ingresos.

66. Periódico El Occidental, noviembre, 1985.

67. POZCG, cit.
En consecuencia, los recursos masivos de los sectores populares para adquirir lote y vivienda son la acción ilegal o marginal y la autoconstrucción.
4. Rasgos generales de la autoconstrucción impulsada

por el Estado.
Si bien las acciones estatales en materia de vivienda popular y media se inician en la década de los treinta, la autoconstrucción entra a los programas del régimen como parte de una política sectorial, sólo a partir de los años setenta. Y a pesar de tales programas y de innumerables reuniones para discutir políticas, lineamientos y normas al respecto, los resultados en cuanto al beneficio social para los grupos sin vivienda son todavía poco satisfactorios.
Las causas de ello no residen sólo en la insuficiencia de recursos para la autoconstrucción y la vivienda en general, por parte del Estado. Tienen en su base una estrategia que tiende a incorporar la producción de vivienda (incluida la autoconstrucción) a un esquema de crecimiento concebido en términos de rentabilidad antes que de beneficio social. (68) Así se ha entendido, hasta ahora, la incorporación de la vivienda al desarrollo. Otra característica, sólo en apariencia contradictoria con la anterior, consiste en que las prioridades en la asignación de recursos y en la aplicación de programas para la autoconstrucción se presentan generalmente por coyunturas y preferencias políticas. La búsqueda de consenso social combina el aspecto económico con el político en operaciones donde los beneficios se reparten in equitativamente: la mejor parte suele corresponder, económicamente, a los agentes privados.

68. Jorge Legorreta, “La autoconstrucción de vivienda: mayor pobreza urbana, o solución alternativa” en Encuentro para la vivienda. Memoria Metepec, México, Febrero, 1984.


Se desvirtúa y soslaya así el reciente precepto legal (1984) según el cual la vivienda es un derecho de la población. (69) Asimismo, se obstaculiza -entre otros-uno de los objetivos más importantes de la política nacional de vivienda: “la ampliación de las posibilidades de acceso a la vivienda, de tal manera que se beneficie el mayor número de personas, preferentemente de la población urbana y rural de bajos ingresos”. (70)

Vale la pena revisar los criterios conceptuales que han presidido los programas institucionales de autoconstrucción. En México abundan por cierto estos últimos, pues casi existe uno por cada dependencia involucrada en el impulso de la vivienda progresiva y por cada coyuntura política que se ha presentado para decidir su aplicación, Aun así, se pueden detectar líneas conceptuales generales, que con variantes operativas se aplican en los diversos programas.

Una de esas líneas se refiere a la participación popular en la autoconstrucción, no ajena al llamado espíritu de Vancouver, que se derivó de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Asentamientos Humanos efectuada en 1976 en dicha ciudad, Y cuya influencia cumple ya una década. Recordemos que en ese entonces uno de los puntos, Recomendaciones para la acción nacional, se ocupó precisamente de la participación popular. (71) Dentro de la transformación de los asentamientos humanos y de la autoconstrucción, dicha participación se concebió fundamentalmente como la incidencia y el apoyo popular en los planes y programas gubernamentales. El problema abordaba desde el interés de los estados y según las líneas de desarrollo económico y social que cada uno de ellos se plantea.

69. Manuel Velázquez de la Parra, “Análisis de la Política Nacional de Vivienda” en Encuentro para la Vivienda. Memoria, Metepec, México, Febrero, 1984.

70. Ibidem.

71. Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Hábitat, Documentos Vancouver 1976


Entre las reuniones ocurridas en México los últimos años para tratar el asunto de la autoconstrucción y la vivienda popular, destacan dos: la Primera Reunión sobre Investigación en Autoconstrucción, realizada en el Distrito Federal en 1979 (y cuyas Memorias publicó CONACYT en 1981) y el Encuentro para la Vivienda, en Metepec, Edo. de México, en 1984. Ambas pusieron de manifiesto con claridad las diversas líneas que manejan las instancias que participan en la producción de vivienda popular, entre ellas la estatal.
De la primera reunión nos interesa destacar el planteamiento mas extremo en cuanto a la incorporación de la autoconstrucción al régimen mercantil establecido. Se trata del programa SIPROVI (Sistematización e Industrialización de un Proceso de Generación Progresiva de Viviendas para Población de Bajos Ingresos) elaborado en la entonces Secretaría de Asentamientos Humanos y Obras Públicas (SAHOP) y en el Fondo para la Vivienda (FOVI). En él se expresa con nitidez aquello que se espera del Estado y de los autoconstructores en una sociedad de consumo como la nuestra. (72) El programa expone su punto de vista acerca del papel que han jugado esas dos instancias y pugna por su unificación. El sector estatal, al producir objetos rígidos, totalmente terminados -monótonos, por añadidura- edifica una vivienda costosa. En el texto de referencia se afirma que la vivienda producida por el Estado, esta fuera del alcance de las mayorías del país y justamente de las que más necesidad tienen. Además, afirma que los procedimientos físicos en la vivienda terminada poseen frecuentemente baja productividad. (73) También se señala como hecho negativo la ausencia de participación de los usuarios en la producción habitacional.

72. En Investigaciones en Autoconstrucción, op. cit.

73. lbidem.

También el que las casas construidas por el sector popular, son “poco eficientes, desordenadas y de muy baja productividad”. Se reconoce por último que el 70% de la vivienda en el país se produce en forma progresiva.

La propuesta es consecuente con las siguientes premisas emanadas de la -teoría de los soportes- de N. J. Habraken: creación de dos subsistemas con sus respectivas esferas de decisión. El primero lo constituye el soporte o estructura soportante básica, y es la sustentación física de la vivienda, que estaría a cargo del sector oficial. El segundo lo componen los elementos separables o de relleno, que serían incorporados posteriormente por decisión y selección directa del usuario. Aun así, aunque estos últimos puedan producir tales elementos, se plantea la urgencia de la industrialización de los procesos para edificar viviendas, por lo cual se requeriría extender el modelo a todo el país. Con ello, se aduce en el texto, se “abrirían mercados, se elevaría la productividad y se crearían más empleos”.
En suma, se trata de una variante de la tradicional incorporación de la vivienda al desarrollo. Para el autor de este programa, tal cosa significaría también la aceptación e incorporación del usuario a la sociedad de consumo, para lo cual se propone que en los mercados, incluso supermercados, se vendan componentes físicos para la vivienda. (74) En resumen, estamos frente a un planteamiento extremo pero ilustrativo de criterios tales como:
a) Sustitución de la vivienda terminada por la progresiva, a causa del alto costo de aquélla.

74. El optimismo y el entusiasmo del programa culminan con un significativo deseo: “quizá no esté lejano el día en que los usuarios puedan acudir al supermercado o tienda de su barrio a adquirir, digamos, cuatro metros lineales de muro divisorio color 'rosa mexicano' (si ése es su gusto) para su casa".


b) Incorporación de la progresiva al esquema de desarrollo de la sociedad de consumo y al régimen mercantil a través de la comercialización de sus componentes.
c) Racionalización, normalización y, en su caso, industrialización de los componentes para la vivienda progresiva.
d) Construcción de un pie de casa o soporte por parte de instituciones del sector público.
e) Participación de los usuarios en la progresividad de su vivienda o del pie de casa, bajo las normas y la asesoría del Estado.
f) Generación de prototipos, con flexibilidad en el diseño.
g) Incorporación de la vivienda progresiva a los regímenes crediticios y a los mecanismos financieros establecidos.
A su vez, los planteamientos del programa SIPROVI se ubican dentro del Programa Nacional de Vivienda (PNV), creado en el mismo año de 1979. En el PNV, el Estado proporciona las condiciones para el viraje hacia la vivienda progresiva y la autoconstrucción. Al respecto se señala que

“El concepto de vivienda tradicionalmente se ha limitado a considerarla como un producto terminado. La mayor parte de los programas de vivienda y las normas técnicas han estado dirigidas a este propósito. Esta conceptualización ha restringido las alternativas dirigidas a los grupos de bajo ingreso, que realizan su vivienda mediante autoconstrucción, en un proceso de desarrollo progresivo.”

“Se considera que es necesario apoyar y fomentar esta acción integrando recursos públicos al sector social, mediante la adecuación de criterios técnicos, financieros y jurídicos... “ (75)
Durante el Encuentro para la Vivienda (1984) se insistió en marcar la importancia de la autoconstrucción apoyada e impulsada por el Estado, conforme a lo establecido por la Ley Federal de Vivienda. (76) Así, hasta ahora continúan los lineamientos y las concepciones del Programa Nacional de Vivienda de 1979, si bien renovados o remozados en otros documentos, como el Programa Nacional de Desarrollo Urbano y Vivienda (PRONDUVI) 1984-1988.
Ahora bien, dos hechos muestran la adecuación de las líneas de acción estatales a las condiciones y acciones sociales:
1) Las agudas repercusiones de la crisis llevaron a los sectores más urgidos de vivienda a ejercer mayor presión sobre los grupos organizados, a fin de ver cumplidas sus demandas urbanas y de vivienda. Una respuesta fue la creación del Fideicomiso Fondo Nacional de la Habitación Popular (FONHAPO), que otorga créditos de amplia cobertura -de. 5 a 2.5 veces el salario mínimo-para la realización de viviendas. Además, no dirige sus préstamos a individuos aislados sino a grupos configurados legalmente (colonos, cooperativas, asociaciones rurales, etc.). También otorga créditos a gobiernos estatales y municipales y a organismos paraestatales o descentralizados que conciban o construyan vivienda popular. (77)

75. lbidem.

76. Ver M. Velázquez de la Parra, op. cit.

77. María del Carmen Fanjul Peña (FONHAPO) “La participación de la población en los programas de vivienda” en Encuentro para la Vivienda op. cit.


El FONHAPO no edifica casas ni promueve programas de autoconstrucción: sólo otorga créditos para que esas acciones se lleven a cabo. Todavía no se pueden evaluar sus resultados; sin embargo, junto al hecho de que sus créditos se han otorgado en un 80% a organismos gubernamentales, se reconoce lo siguiente: los programas que los solicitantes de crédito presentan al FONHAPO ponderan fundamentalmente los aspectos técnicos y financieros, lo que tiende a repercutir en el aumento de los costos; igualmente, la selección, el diseño y las características técnico-financieras se realizan bajo criterios comerciales y no bajo concepciones que circunscriban la oferta a una demanda determinada. Por ello, las especificaciones de los programas se establecen de antemano y no se ajustan a las necesidades y posibilidades reales de la población de más bajos ingresos. (78) Podemos concluir, por lo tanto, que si bien FONHAPO representa en principio una opción más amplia frente al problema habitacional, aun así exhibe las limitaciones que imponen los imperativos del capital.
El reconocimiento estatal de la importancia de la autoconstrucción disminuyó a raíz de los sismos de septiembre de 1985, al grado de que el Programa de Renovación Habitacional, creado para erigir vivienda en los predios expropiados en el centro de la ciudad de México, no propuso el sistema de autoconstrucción, sino ¡al de vivienda terminada a base de contratistas privados. Más aún, cuando por circunstancias políticas se creó la Concertación Democrática -en la que participaban las organizaciones de damnificados-, la autoconstrucción fue formalmente relegada. Incluso, al surgir Renovación Habitacional no se tomaron en cuenta organismos establecidos para dar impulso a la autoconstrucción, como el Fideicomiso de Vivienda y Desarrollo Urbano del Departamento del Distrito Federal (FIVIDESU).
78. Ibidem.

Las contradicciones, pues, son visibles y sólo se explican por la coyuntura política en la que se toman las decisiones. En conclusión, es aún reducida la incidencia de los programas estatales al enfrentar el déficit de la vivienda y los servicios urbanos.


En Guadalajara también se han aplicado programas de autoconstrucción, como los del Instituto Promotor del Estado para la Vivienda. A finales de la década de los setenta -conforme a los planteamientos del PNV- se hacía hincapié en las limitaciones de la vivienda terminada que construían las instituciones con alcance nacional (INFONAVIT, FOVISSTE) y estatal. A principios de los ochenta, tales organismos habían construido poco más de 25 mil unidades.
Una notable alternativa de vivienda autoconstruida y progresiva estatal la constituyó el programa VITRANA (Vivienda para Trabajadores No Asalariados), que llevó a efecto el Ayuntamiento de Guadalajara en un terreno de cerca de 9 hectáreas al norte de la ciudad (colonia Flores Magón). El programa consistía en la construcción de 452 casas, en el cual el usuario participaba con la mano de obra y herramientas de trabajo; mediante un crédito con plazo de 17 años, el Ayuntamiento proporcionó a aquél diversos elementos: 1) terreno urbanizado y lotificado, con superficie de 6.45 m por 15 m; 2) materiales de construcción, dosificados y normalizados según un prototipo; 3) planos y supervisión de obra e instrucciones para su realización, y 4) personal competente para trabajos especializados, como cimentación e instalaciones. (79)

El barrio cuenta con una plaza, con edificio comunitario, jardín de niños, escuela primaria, dispensario médico y unidad deportiva. Las casas son de dos pisos y tienen 97 m2 de construcción.


79. Alejandro Zohn, “Programa VITRANA” en Investigaciones en Autoconstrucción, Op. cit.

El diseño en su etapa inicial consta de tres recámaras, estancia, comedor, cocina y baño. El sistema constructivo se concibió para que el usuario pueda participar en casi todo el proceso sin tener conocimientos de albañilería. Los componentes de tal sistema consisten fundamentalmente en cimentación de concreto armado, muros de block de cal y cemento amarrados con castillos y dalas de concreto armado. Las cubiertas son de vigas pretensadas de concreto y bovedillas prefabricadas. La escalera, también prefabricada, es de madera.


Ahora bien, en una visita a la colonia durante noviembre de 1985, se nos informó que vivían en ella empleados que recibían un salario regular. Tal cosa significaría alteraciones al planteamiento original, a través de ventas o traspasos.
5. La autoconstrucción espontánea.
En cuanto a la construcción de la vivienda no impulsada directamente por el Estado, en Guadalajara nos encontramos por lo común con el proceso siguiente, sin duda similar al de otras ciudades del país:
a) El ocupante del lote construye una vivienda provisional, según sus posibilidades; generalmente con material de desecho de precio bajo y poca duración: láminas de cartón, pedazos de lámina de asbesto, tiras de madera, techumbre de láminas de cartón con un plástico encima. En la colonia Carlos Ramírez Ludewig, encontramos una de estas casas, la cual tenía además dimensiones mínimas: un cuarto de 1.60 m por 2.20 m aproximadamente, en el que se hacinan el matrimonio y cinco hijos (foto 1). El jefe de familia es pintor de carros y se vio obligado a irse al cerro cuando para construir una fábrica demolieron la vivienda donde habitaba, en un barrio de Guadalajara. En otras ocasiones, los materiales de la casa provisional son más durables, la construcción de mejor factura y las dimensiones mayores. Las necesidades fisiológicas se realizan a cielo abierto o, si hay posibilidades y asesoría, en letrinas.
b) Cuando puede hacerlo, el individuo inicia la construcción de un pie de casa, que por lo general se ejecuta en forma progresiva. Cuando hay asesoría de alguna institución universitaria, los pies de casa se unifican conforme a un prototipo. Tal asesoría es un hecho reciente. En algunas colonias aconsejadas por el Frente Democrático de Lucha Popular (FDLP) y la Universidad de Guadalajara, el pie de casa es una pieza de 6 m por 3 m y consta de cimentación de piedra, muros de block de cemento, techumbre de viguetas de concreto y láminas de asbesto. En ocasiones los muros tienen amarres de dalas y castillo de concreto (foto 2).
Ahora bien, cuando no existe asesoría -como en las colonias de mayor antigüedad-, los pies de casa son heterogéneos en cuanto a dimensiones, diseño y materiales. Sin embargo, aun así tienden a imitar la construcción de la ciudad consolidada. En cuanto a la cimentación, la gran mayoría es de piedra; los muros son en general de bloque de cal y cemento y/o, menos frecuentemente, de tabique (foto 3). En efecto, los encuestados manifestaron, como primera preferencia, el block (50%), y luego el tabique (36%). Se puede observar, por su parte, la gran distancia entre estos dos materiales y la primera preferencia del adobe, que fue apenas de 1.5% (cuadro 10).



En esta etapa se opta por una techumbre provisional, que comúnmente es de asbesto.

La carencia de agua potable es, de acuerdo a las encuestas, de un 60%; el 18% de los habitantes tiene el servicio a través de llaves públicas y sólo el 17% posee toma domiciliaria (cuadro 11). Por lo demás, cuando se puede abandonar el fecalismo a cielo abierto, se construyen letrinas o fosas sépticas. La encuesta arroja un 75 % de utilización de ambos sistemas, aunque en esta etapa domina el uso de letrinas (cuadro 12). Las opciones en cuanto al carácter de estos sistemas, se ligan a las condiciones de los servicios urbanos. De éstos nos ocuparemos más adelante.
c) En esta etapa se inicia el proceso de agregación de habitaciones, remodelación de los pies de casa originales, construcción de servicios de tipo convencional. No tenemos suficientes datos acerca de la movilidad familiar en este proceso específico, pero suponemos que no siempre es la misma familia la que permanece en la vivienda en todas sus etapas de transformación. Aparte, es bastante probable que, cuando la colonia se integra plenamente a la ciudad consolidada, un significativo porcentaje de sus habitantes iniciales haya sido suplantado por familias de mayores ingresos. Gracias a la confiabilidad de la información que obtuvimos, podemos confirmar la presencia de movilidad en una colonia más consolidada (como Polanco o Echeverría) a otra con menores condiciones de servicios urbanos y habitabilidad (como Carlos Ramírez), a causa del casamiento y salida de los hijos. De cualquier modo, según las encuestas, el 37% de las familias manifestó que pensaba agregar cuartos a la vivienda inicial; el 23% aseveró que terminaría la vivienda, si bien la mayor parte sostuvo que ya no es necesario hacer mucho en el lote (cuadro 13).

Un paso importante en esta fase es la sustitución de las techumbres provisionales del pie de casa por el tradicional sistema tapatío de bóveda de tabique entre viguetas, las cuales por lo general son prefabricadas de concreto. En no pocas ocasiones se utiliza block hueco, de cemento. Además de obtenerse con esto mayor resistencia y posibilidad de agregar otro piso, lo cual es frecuente (foto 4), todo ello representa una imagen de status social. Aparte, el terminar la vivienda significa alcanzar la imagen de la casa tipo medio de la ciudad consolidada. En el capítulo sobre la creación M sujeto constructor como sujeto urbano, abundaremos en esto.


Otra forma de incorporarse a la urbe es adquiriendo materiales de construcción, lo cual se realiza en el mercado establecido. Una excepción es, en general, la piedra para cimientos, pues se utiliza la existente en el lugar.

Así, no parece haber algún sistema de auto-producción de materiales de la vivienda, ello provoca la asimilación del individuo a las formas mercantiles del lugar, que dominan las grandes fábricas, incluso monopólicas, y los grandes comercios de materiales. Estos últimos tienen la capacidad de fletar camiones que lleguen hasta los sitios requeridos, frecuentemente de difícil acceso. En segundo lugar, se da una tácita aceptación de los procesos tecnológicos establecidos, con todas sus consecuencias negativas, muchas de las cuales no son inmediatas ni se observan directamente. En virtud de esto, aquéllos se aplican mecánicamente, incluso cuando existe asesoría de organizaciones independientes o grupos universitarios. Sin embargo, hay ya una tendencia para fomentar tecnologías apropiadas.


Una variante de toda esta alternativa ocurre cuando el auto-constructor no instala primeramente su vivienda provisional, sino que realiza el pie de casa para ocuparlo cuando esté en condiciones de habitabilidad.



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