Urbanización y Vivienda en Guadalajara Rafael López Rangel



Descargar 492.39 Kb.
Página5/9
Fecha de conversión28.10.2018
Tamaño492.39 Kb.
1   2   3   4   5   6   7   8   9

5. Distribución espacial y características generales

de los asentamientos precarios.
Actualmente se reconocen cinco regiones de asentamientos irregulares y en éstos se han ubicado colonias populares y de autoconstrucción (mapa 2). Ahí mismo se levantaron las encuestas que constituyen una parte medular de este trabajo. Tales asentamientos tienden a proliferar en virtud del creciente proceso de mercantilización del suelo que realizan los agentes privados. Más adelante, al tratar la cuestión de las formas de acceso a la tierra, veremos que si bien una de las causas del aumento de la población marginal se debe a la migración del campo a la ciudad, no menos significativo es el desplazamiento de la gente en la misma metrópoli. Las inmigraciones, por su parte, provienen fundamentalmente del propio estado de Jalisco, de Zacatecas, San Luis Potosí, Michoacán y la región Pacífico Norte. (57) Así se explica la invasión de áreas con vocación agrícola. Al mismo tiempo, la utilización para vivienda de terrenos ejidales se ha vuelto una práctica común. La intervención del Estado -sobre todo a través de la Comisión para la Regularización de la Tenencia de la Tierra, CORETT-ha sido el medio formal de incorporación de esas tierras a la ciudad consolidada.
Pudiera ser reiterativo hablar de las condiciones generales en que se encuentran esos asentamientos. Sin embargo, aun en los recientes planes parciales de urbanización y control de las zonas de Guadalajara se reconoce que las principales características de los mismos son un tráfico ilegal de suelo urbano y un proceso desigual de parcelación, edificación y urbanización. Lo anterior traduce en grandes déficits de equipamientos, infraestructura y servicios urbanos. (58)
Para la ubicación de tales asentamientos en el área metropolitana recurriremos a diversos documentos oficiales y emanados de centros de investigación avocados a estas cuestiones, en los planes parciales y en nuestros recorridos y encuestas.
57. POZCG, cit.

58. Planes Parciales de Urbanización y Control de la Edificación en Guadalajara (PPUCEG); Gobierno del estado de Jalisco. Departamento de Planeación y Urbanización, Guadalajara 1984.




Región uno y dos (zona norte). La primera se encuentra en el municipio de Zapopan, al noroeste de la intersección del anillo periférico con la carretera a Saltillo. La constituyen las colonias Arroyo Hondo, Lomas de Tabachines, Balcones de la Cantera, La Martinica y División del Norte. Algunas de ellas se asentaron en tierras pertenecientes a comunidades indígenas: en las de Atemajac se estableció Arroyo Hondo, y en las de Mesquitán, Lomas de Tabachines y Balcones de la Cantera. La inaccesibilidad mayor se presenta en Lomas de Tabachines, cuyos accidentes topográficos dificultan la urbanización. La escasez de seguridad y de equipamiento en el área es una muestra del bajo nivel en las condiciones materiales de su población. Además, atraviesa el área un arroyo de aguas negras.
La Región Dos se halla entre la calzada Independencia y el canal de aguas negras de la ciudad. Ahí se establecieron a partir de 1970 las colonias Rancho Nuevo, Ricardo Flores Magán y Lomas del Paraíso. Esta última cuenta con más de 100 mil habitantes, y en los últimos tres años se ha caracterizado por su organización independiente, alrededor de un conjunto de grupos de izquierda. Los terrenos del asentamiento eran ejidales (Aterrajac, Huentitán elBajo). Las tres colonias citadas tienen un nivel medio de consolidación, ya que han logrado algunos servicios, como agua potable, electrificación y drenaje, escuelas primarias y dos centros de barrio.
A pesar de estos servicios, en la zona norte de Guadalajara, en el corto plazo no existen muchas expectativas con respecto a la dotación de servicios de agua potable para las exiguas áreas verdes de las colonias populares. En cuanto al drenaje, el problema es menor: están construidos los colectores que concentran las aguas servidas de la zona, y se considera la posibilidad de que ésta llegue a ser una terminal de redes de la ciudad. Sin embargo, si se realizara tal proyecto, la contaminación, que ya es seria, aumentaría peligrosa mente. (59) La electrificación es el servicio más extendido, aunque aún hay un alto número de viviendas sin el mismo. Cabe advertir que, como en otras regiones, subsiste la electrificación clandestina e ilegal. En cuanto al alumbrado público, cerca del 40% de las áreas urbanizadas de esta zona carece de tal servicio. En el resto es deficiente, con excepción del parque Huentitán y la Unidad Flores Magón. En ésta, el gobierno estatal llevó a cabo un programa de urbanización y autoconstrucción, del cual hablaremos más adelante.
Región tres (Zona Osorio Tonalá). Comprende las colonias Lomas de Oblatos, Heliodoro Hernández Loza, Bethel, CTIVI y Loma Chica. Todas son producto de invasiones a tierras ejidales (como las del ejido Tetlán), y el índice de regularización de la tenencia de la tierra es muy bajo. La formación de estas colonias ha ocurrido por etapas, la principal de las cuales se inicia a fines de la década de los sesenta; otra importante abarca de principios de los años ochenta a la fecha. La participación de organizaciones oficiales y grupos religiosos en la colonia Bethel es una de las características de este barrio. La población de tal región se calculó en 73 mil habitantes en 1986.
59. Ibidem.

En diversos documentos y relatos de prensa, se recuerda la represión de que fueron objeto los invasores de estas colonias en 1979; superada la represión, surgió la segunda etapa (1980). La dotación de servicios es casi nula. Sólo en Lomas de Oblatos se inició en 1983 la introducción de energía eléctrica, agua y drenaje.


Región cuatro (Zona Sur). Las colonias de esta área se asientan fundamentalmente en terrenos ejidales (de Polanco y Tlaquepaque) o en tierras comunales (como las de Santa María Tequepexpan); sus nombres son: Echeverría, Polanco, Polanquito, Lázaro Cárdenas, Balcones de¡ Cuatro, El Carmen, López Portillo, Unidad Revolucionaria, Francisco Villa, Loma Linda, Primero de Mayo, La Mezquitera, Lomas de Tepeyac, Nueva Santa María, Buenos Aires y Carlos Ramírez Ludewig, ubicada en el Cerro de¡ Cuatro. Con excepción de Polanco y Echeverría, que se formaron a principios de la década de los setenta, la mayoría lo hicieron a partir de 1974. La región cuenta con unos 150 mil habitantes y se halla al final de la avenida 8 de Julio, al sur de la zona industrial. La dotación de servicios y la regularización de la tenencia de la tierra son dispersas e insuficientes y dependen de varios factores: antigüedad, localización, niveles organizativos de los colonos y participación de grupos oficiales y solidarios, como el llamado Carlos Ramírez Ludewig. Por lo general, conforme se asciende al Cerro del Cuatro, disminuyen los servicios. La colonia Echeverría, por ejemplo, cuenta con red de agua potable, drenaje, alumbrado público y gran parte de electrificación, posee jardín de niños y escuela primaria -aunque no cubre toda la demanda-, clínica de la Secretaría de Salud y áreas deportivas. Algunos de estos servicios se encuentran en el edificio de su unidad administrativa.

En cambio, la Carlos Ramírez Ludewig, de reciente formación, aun carece de casi todos los servicios, si bien la intervención del Frente Democrático de Lucha Popular (FDLP) ha sido determinante para que se construya ahí una escuela primaria.


Región Cinco. Comprende a las colonias Pirámides, Briseño, Agrícola, Francisco Sarabia y El Monte. Algunas de ellas se asientan en el ejido de Santa Ana Tepetitla del municipio de Zapopan. El nivel de infraestructura y servicios es bajo; sin embargo, estas colonias se hallan en un cruce estratégico de dos circulaciones importantes y están rodeadas de áreas residenciales; por lo tanto, tienen sobre sí la mirada de los especuladores. Las circulaciones son el anillo periférico y la avenida López Mateos, misma que se convierte en la carretera a Morelia. En esta región habitan poco más de 15 mil personas.
6. ¿Se convertirá Guadalajara en otro Distrito Federal?
Diversos autores y sus propios habitantes concuerdan en que el Distrito Federal es ahora uno de los monstruos urbanos más extensos, caóticos y contradictorios de la sociedad contemporánea. Podría pensarse que tal urbe es un caso excepcional en el vasto conjunto de los grandes asentamientos latinoamericanos. Sin embargo, la capital del país es más bien un extremo de la expresión urbana y de las contradicciones propias de nuestras formaciones sociales. (60) Afirmar que Guadalajara está en peligro de caer en la misma aberración es repetir lo que ya se habla en la calle. Reiterar tal afirmación en 1987, no sólo es pertinente sino necesario. Y una de las razones más fuertes para hacerlo es la siguiente: están en juego las condiciones materiales de vida de la mayoría de los habitantes de la capital jalisciense.

Sin duda, el acelerado deterioro de esas condiciones es el saldo fundamental de la construcción de la modernidad en Guadalajara.

60. Ver R. López Rangel y Roberto Segre, El Caos Urbano Latinoamericano y tendencias recientes en la arquitectura. Editorial Gustavo Gili México, 1986.

Dicho saldo es también propio del Distrito Federal y de todas las ciudades en crecimiento del país. Tampoco se puede negar que las causas esenciales del deterioro tienen como base la naturaleza de las relaciones sociales que imperan en nuestro país. Pero no es menos cierto -y la crisis urbana pone esto en evidencia- que las formas específicas de la construcción de la ciudad son parte y expresión de esas relaciones, conformadoras de la sociedad contemporánea.


Dos características negativas resaltan en el crecimiento urbano, el cual se apoya en la prioridad del interés privado sobre el público: a) segregación espacial y b) depredación del medio natural. Nos hemos referido ya en el caso de Guadalajara al primer aspecto, de suyo grave. No es menos delicado el segundo, pues influye de modo particularmente decisivo en el presente y el futuro de las condiciones de vida. Ciertamente, esta cuestión se ha tratado ya con cierto detenimiento. (61) Nuestro propósito ahora es relacionarla con las formas de construcción de la capital jalisciense.
En primer lugar, mencionaremos el irracional crecimiento extensivo, provocado por la especulación con la tierra urbana y por la necesidad masiva de ésta entre centenares de miles de personas de las capas medias y bajas: obreros, artesanos, campesinos inmigrantes, desempleados, subempleados. Con ello, la ciudad se apodera de tierras de alta producción agrícola, como la zona de Tesistán; de zonas de bosque, como la Serranía de la Primavera, y de áreas de recarga acuífera. (62) La baja en la producción agrícola y en las posibilidades de abasto alimenticio para la ciudad y el campo es una de las consecuencias de tal fenómeno. También lo es la afectación del clima y por tanto del ecosistema en que se encuentra la urbe.
61. POZCG, cit.

62. Ibidem.



En segundo lugar, es notoria la contaminación de la atmósfera, producida por los sistemas de transporte urbano y por las plantas industriales. Circulan ahora más de 600 mil vehículos que producen, junto con centenares de fábricas, poco más de 3200 toneladas de contaminantes al día, los cuales son portadores, entre otros venenos, de monóxido de carbono. En realidad, a despecho del sistema estatal de transporte (SISTECOZOME), el volumen de traslado individual automotor es ya abrumador y sumamente contaminante. Hasta ahora no se vislumbran intenciones de buscar sistemas verdaderamente adecuados de transporte colectivo. Tampoco se ha hecho nada en la práctica para controlar el aumento de las fábricas nocivas para el ambiente.
En tercer lugar, la dotación de agua potable es depredadora de la cuenca Chapala-Santiago, mientras que el crecimiento de la ciudad origina contaminación por varias causas: recepción de desechos fecales y desperdicios industriales, detergentes y otros. Por su parte, la otra forma de dotación -pozos y manantiales- también se contamina por la falta de control de los desechos sólidos.
En cuarto lugar, la recolección de basura es insuficiente y se realiza con sistemas ya considerados convencionales (por medio de flotillas de camiones), lo cual causa un aumento importante en el volumen de los desechos que no se recogen o que se arrojan en los tiraderos clandestinos. La basura no recogida y la que se quema, contaminan suelo y aire. Tampoco se vislumbra la puesta en práctica de sistemas adecuados para enfrentar el problema.
En quinto lugar, el sistema de drenaje dentro de la ciudad consolidada se basa en una práctica común en la construcción de la modernidad urbana de nuestro país: entubar ríos y luego asimilar la superficie ganada a la valorización mercantil del suelo. En Guadalajara, se ha aprovechado así el cauce del río San Juan; y esa obra se ha hecho a lo largo de un siglo con diferentes planes y no siempre con continuidad, lo que origina problemas de inundaciones. Por otro lado, los sistemas de desecho en las extensas áreas de asentamientos irregulares son depredadores: más de 150 mil fosas sépticas tienden incluso a contaminar los mantos acuíferos.
Mencionaremos también los problemas ocasionados por el ruido, la contaminación de alimentos, y la visual, así como otros efectos originados por la falta de control en el crecimiento y la transformación contemporánea de la urbe. Por cierto, la contaminación visual implica algo que también hemos comentado: la proliferación de la cultura urbanística arquitectónica del consumo masivo, al grado de que en vastas extensiones edificadas, sobre todo por los barrios nuevos y la periferia, Guadalajara es apenas reconocida por algunas presencias naturales: su imagen podría ser la de cualquier ciudad en expansión de América Latina. ¿Será el tapatío sustituido completamente por el enajenado hombre sometido a las necesidades económicas? ¿Se convertirá esta ciudad en un absoluto -y absolutista- reino de la penuria? Hay suficientes elementos para contestar negativamente a estas preguntas. Porque en la misma sociedad tapatía están los actores del cambio y por tanto del futuro, que tarde o temprano rectificarán el rumbo de su ciudad.


  1. EL PROCESO SOCIAL DE LA

AUTOCONSTRUCCION

EN GUADALAJARA
1. Procedencia del autoconstructor y cambios

en la estructura urbana.
El crecimiento extensivo de las ciudades más grandes del país y la proliferación de sus colonias populares, no se debe únicamente a la migración del campo a la urbe. Ahora salta a la vista la importancia de una compleja dinámica de migraciones internas, producidas por sucesivos y combinados procesos económicos y políticos. En Guadalajara por ejemplo, apenas poco más de la mitad de los colonos de los barrios de autoconstrucción proviene del campo y el resto es originario de la ciudad misma (cuadro 2). El análisis de la formación y el desarrollo de cada una de las colonias es necesario para advertir cómo ha ocurrido esa distribución en el espacio urbano e incluso en el tiempo; hemos mencionado algunas de sus especificidades. No se trata solamente de una expulsión de familias pobres del centro a la periferia, sino del traslado -que puede ser también expulsión- de habitantes de otros sectores de las áreas periféricas. Bien vale recordar los cambios fundamentales en la estructura citadina que han originado el crecimiento suburbano, la valorización mercantil de la tierra y el desplazamiento de los sectores populares hacia terrenos menos valorizados: la implantación del corredor industrial a principios de los años sesenta, y la irrupción del capital comercial foráneo, manifestada por la aparición reciente de las grandes tiendas de autoservicio, son algunos casos de los procesos que han originado ese fenómeno; asimismo, lo son la especulación con la tierra urbana y la acelerada expansión segregada de la ciudad. Por ejemplo, una de las colonias sujeta a encuesta, las Juntas, se formó como fruto del corredor industrial. El pacto político metropolitano, dentro del cual ocurre -no sin fricciones- la posesión de la tierra, posibilita o induce el consenso alrededor de esas acciones urbanas.


Sin embargo, según las encuestas, los traslados de colonia a colonia en Guadalajara aún no son altos, pues más de los dos tercios de los entrevistados habían vivido en una o dos casas antes del traslado. Y las familias que habían habitado en dos a viviendas constituían el 36% (cuadro 3). Tal hecho revela todavía un cierto nivel de permanencia en la casa. Sin embargo, todo hace pensar que ello irá disminuyendo ante el incremento del costo del suelo y la vivienda. Por otra parte, cerca del 11 % de las familias habían vivido anteriormente en cuatro o cinco casas dentro de la misma urbe.
En cuanto a la migración campo-ciudad, el 42% de los habitantes de las colonias encuestadas proviene del propio Jalisco (cuadro 2). Le siguen los provenientes de Michoacán -cerca del 9% - y los de Zacatecas (el 5.5%). Como se observa, los estados portadores del mayor número de migrantes son los colindantes con Jalisco. No es inútil recordar que el deterioro de las condiciones materiales de vida entre la población del campo y de la ciudad es un factor clave para la constitución de las colonias populares; en las entrevistas efectuadas, el 55% de las familias dijo que su traslado a las colonias se debió a causas económicas, como carencia de trabajo, bajos salarios, etc. Otro porcentaje significativo (la tercera parte) afirmó que su cambio obedeció a problemas familiares, disgustos con respecto al lugar anterior, deseo de una vida mejor y búsqueda de educación para los hijos (cuadro 4). Tales hechos revelan -como veremos en el próximo capítulo- la fuerza y el lugar que ocupan las razones ideológicas junto a las meramente económicas.
En rigor, las causas de la migración son múltiples, aunque en las respuestas asentadas en los cuestionarios algunas aparezcan como prioritarias. Sin embargo, en la mayoría de las familias la decisión de emigrar se produce por la carencia de recursos o por la búsqueda de oportunidades para mejorar sus niveles de vida. Aun así, no es irrelevante que los encuestados señalen otras causas, que no son las estrictamente económicas. Se trata de un fenómeno complejo, en el que se reúnen varios elementos, vertebrados por los económicos y los ideológicos, pues sin éstos, ciertamente, la decisión del traslado carecería de sentido.


Entre los motivos de la expulsión o salida previa a una colonia de autoconstrucción, sobresalen el deseo y la oportunidad de tener, comprar o construir casa propia y la expectativa de conseguir un lote barato o con facilidades de pago. En realidad, ambos motivos son complementarios. El primero, según la investigación, ocupa el 14% sobre el total de traslados, y el segundo, el 17%. El siguiente motivo es haber recibido la petición de desalojo: el 18%. Evidentemente, sobresalen las causas económicas, combinadas con el deseo de adquirir una propiedad. Se refuerzan aquéllas con la declaración de que el 10% de los traslados se debió a que en el sitio previo las rentas eran altas. Ahora bien, deseo de cambiar de ambiente, casa miento, crecimiento familiar, anhelo de vivir aparte o independiente, constituyen en conjunto el 28%. Sigue persistiendo, pues, la complejidad de causas, con prioridad de las eco nómicas (cuadro 5).


Analicemos también los motivos de elección del nuevo sitio ya que complementan el proceso anterior. Como lo muestra el (cuadro 6), el más alto porcentaje señaló que el actual lugar es respuesta al deseo de conseguir un lote barato (22.9%); asimismo, fue importante el tener familiares y paisanos (21.6%) y la presencia de facilidades en la repartición o pago de lote (14.6%). Le siguen otros motivos, como el de ser la única opción (15.9%); y renta barata (10.6%). Esta gran prioridad de lo económico es lógica, pues no muestra tanto el deseo sino las escasas posibilidades de la familia. Se impone, en suma, la necesidad.
La aceleración del proceso de urbanización de Guadalajara y de la transformación monopólica de su estructura urbana, se manifiesta también en la antigüedad de las migraciones a las colonias populares y a la formación de éstas. En efecto, la mitad de las familias tiene menos de diez años de haberse establecido. Entre las colonias que cuentan más de ese tiempo destacan las Juntas, Las Juntitas y Lomas del Paraíso; entre las más recientes, La Mezquitera y sobre todo la Carlos Ramírez Ludewig. La colonia Echeverría, como mencionamos, se formó a principios de los setenta. En resumen, un porcentaje significativo, el 28%, manifestó tener entre uno y seis años de haber accedido a sus colonias (cuadro 4).
Un dato podría interpretarse como signo de la necesidad de protección y arraigo en las relaciones familiares: a pesar de la insuficiencia de la vivienda, el 44% de entrevistados indicó que el traslado lo realizó desde un principio con la familia completa; y en el 37% de los casos, los padres o jefes de familia construyeron el pie de casa (cuadro 3).
Por eso, quedamos aún más convencidos de la distancia que nos separa -en cuanto a tiempo y a una concepción acerca de la sociedad- de los planteamiento ecologistas de la Escuela de Chicago y de la llamada neoecología, representada por la “New Social Area”, ambas de gran influencia entre los años treinta y los sesenta de este siglo en los países desarrollados y un poco más tarde entre nosotros. En sus líneas más extremas, se limitan a clasificar y a definir las diferentes partes de la ciudad según la categoría de área natural. (63)
63. Al hablar de área natural nos referimos a uno de los conceptos clave de la escuela ecológica (sobre todo R. Park).


Para ellas, la penuria de los barrios precarios sólo es un hecho natural y registrable que sirve de indicador para definir la función de área o sector urbano en que aquéllos se encuentran.

Tales sectores forman parte del conjunto de las -áreas naturales- de una ciudad. La Escuela de Chicago llegaba así a una mera analogía biologista, que clasificaba a la ciudad en áreas deseables y no deseables, y todas ellas eran naturales. La neoecología parte del mismo principio, solo que utiliza para su clasificación afinados instrumentos matemáticos.

La influencia de esta manera de ver las diferencias sociales y la segregación espacial en las ciudades subsiste aún con fuerza. Lo más negativo de ambas concepciones es que reducen el problema de nuestras ciudades a un mero manejo técnico, cuantitativo y operativo.


2. Las formas de acceso a la tierra.
Conviene analizar las características de la tenencia de la tierra urbana ocupada por los colonos, y advertir cuáles han sido sus formas de acceso a ella. El suelo que hoy abarca el área de autoconstrucción en las colonias encuestadas dentro de Guadalajara fue en su mayor parte ejidal (68%). Cerca del 20% era privado y el resto no se especifica en las encuestas, aunque según nuestros informes, no faltó tierra federal invadida (cuadro 7). Domina pues la incorporación de la tierra ejidal al uso urbano. Los mecanismos de tal incorporación han sido irregulares, como en otras regiones de México. En estos procesos intervienen agentes políticos y económicos frente a colectividades con diversos niveles de organización y, sobre todo, altamente necesitadas.
Los datos de las encuestas muestran la ínfima participación de las agrupaciones políticas en un primer momento para lograr el acceso a un lote urbano. El nivel de intervención aumenta con el tiempo. Ahora bien, el más alto porcentaje de familias, bastante significativo en esta parte del proceso, manifestó haberse enterado de la existencia de la colonia y de la posibilidad de acceder a ella a través de parientes o amigos: el 67%. Como contraste, sólo el 0.4% lo hizo por medio de organizaciones o partidos independientes. La baja participación de estas agrupaciones políticas en la difusión sobre el origen de las nuevas colonias incluye también a las organizaciones institucionalizadas, como la CROC la CNC y hasta el propio Partido Revolucionario Institucional (PRI). No es ocioso apuntar que, en conjunto, las fuentes institucionales constituyen el 6.5% de los medios por los cuales los auto-constructores se enteraron de la existencia de la colonia donde ahora viven (cuadro 8).
El aparente dominio de la espontaneidad en el momento inicial del éxodo es después coptado y guiado por los canales establecidos, incluso cuando se trata de invasiones. Las salvedades a esta regla suceden cuando participan organizaciones independientes.
Un hecho de gran importancia para los colonos consiste en ocupar el terreno con la expectativa de su propiedad. Y aunque los papeles son definitivos, el sentido de propiedad y seguridad empieza a tenerlo el colono cuando se comporta en el lote como si éste fuera la prolongación física de su persona y de su familia: cuando usa el lote y lo empieza a adecuar para vivir en él. En este sentido de propiedad, los documentos iniciales en manos de los colonos juegan un papel importante, pero no decisivo, puesto que jurídicamente no constituyen la tenencia legal del lote. La ocupación de éste y las condiciones políticas que ocurren alrededor de la llegada y la formación de la colonia, confieren finalmente legalidad a la transacción mercantil que se ha realizado, y con ello se torna posible para el colono el contar con las escrituras respectivas. En este proceso los colonos van realizando su derecho a la ciudad. Pero al mismo tiempo, con la legalización el suelo se transforma en mercancía y por lo tanto surge la posibilidad de convertirlo en dinero. Y como el suelo urbano, en esas condiciones, no es medio fundamental de producción y subsistencia -como lo es el ejidal y en general el agrícola- tiende a incrementar su capacidad de circulación mercantil. Así, el aferramiento al lote se debilita cuando se puede disponer de él para venderlo. En ese caso la familia prefiere mudarse a otra parte de la ciudad, y no regresa al campo.




Ahora bien, el nivel de inseguridad con respecto a la tenencia del lote sólo en apariencia es muy alto, pues los mecanismos de legitimación entran en escena para finalmente incorporar las colonias irregulares a la ciudad consolidada. Aun así, apenas el 3 % de los entrevistados tiene escrituras; cerca de 31 % posee recibos de pago y el 4 % cuenta con contrato de compra-venta (cuadro 9).


Entre los agentes que reciben el pago directo por el lote, el número más alto, (41 %) corresponde a ejidatarios; el 17.3%, a particulares. A su vez, la Comisión para la Regularización de la Tenencia de la Tierra (CORETT) recibe el 8%, y el Ayuntamiento 5.5%.Cerca del 7% manifestaron no haber pagado; y menos del 1 % corresponde a organizaciones sindicales o de masas, fraccionadores, dirigentes y asociaciones de colonos. Resalta el porcentaje del 18% sin especificar, lo que probablemente corresponda a los líderes sindicales que en los últimos años han incursionado en el control de las tierras ejidales. A despecho de estas proporciones, otro factor influye en darle seguridad al colono: es su pertenencia a una colectividad que lucha por demandas urbanas comunes, sobre todo cuando éstas son poco a poco satisfechas.
Vayamos ahora a las formas de acceso y legalización de la tierra ocupada por los colonos: ésta puede ser ejidal, privada, estatal o federal. En todos los casos se presentan dos formas de acceso: venta o invasión. En los ejemplos estudiados, los terrenos tienen escasos o nulos niveles de urbanización, y por lo tanto la venta de lotes está fuera de las obligaciones municipales. Pero tal situación posibilita el bajo precio de los mismos. La actuación de intermediarios en las transacciones es un hecho permanente, aún cuando se trata de invasión. Tales agentes intervienen en cada caso de manera distinta, pero en lo general sirven de interlocutores políticos, ayudan a escalar las redes del poder y al mismo tiempo eslabonan los diversos niveles de la especulación mercantil. Ya Jorge Legorreta, en un estudio que en gran medida tiene conclusiones válidas para todas las ciudades del país, demostró que, en las regiones petroleras, la acción de los intermediarios hizo que el costo original de la tierra ejidal se incrementara en cuatro ocasiones durante su incorporación como tierra urbana. (64) No hay razones para suponer que en Guadalajara esa situación no sea semejante. Al igual que en otras ciudades, ese aumento, junto al de la urbanización, produce una particular dinámica en la movilidad interna de la urbe, por los traslados de los grupos cuyos ingresos no son suficientes para cubrir los nuevos costos.

64. Jorge Legorreta, El Proceso de Urbanización en Ciudades Petroleras, op. cit.


Otro hecho común es la intervención de CORETT, sobre todo para regularizar la tierra ejidal y posibilitar su conversión en urbana. Este organismo, expropia el suelo ejidal que ha sido invadido o vendido de manera ilegal, para regularizarlo y venderlo a los propios colonos. La acción de CORETT, puede además extenderse a la regularización de terrenos invadidos o incluso comprados a particulares. La presencia de organizaciones amparadas oficialmente como la CNC, la CNOP, el PRI y la CROC, es un hecho constante en estos procesos; tales agrupaciones suelen actuar como intermediarios en la legalización y consecución de obras urbanas. Cuando intervienen organizaciones independientes, se establece un juego político, en general tenso y contradictorio, al competir con las oficiales por el control de los grupos de colonos.

Compartir con tus amigos:
1   2   3   4   5   6   7   8   9


La base de datos está protegida por derechos de autor ©composi.info 2017
enviar mensaje

    Página principal