Urbanización y Vivienda en Guadalajara Rafael López Rangel



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Concentración y disparidad de la urbanización contemporánea de Guadalajara.

Durante el presente siglo, la ciudad ha reforzado su papel como metrópoli regional. Este hecho se expresa, entre otras cosas, en un desmesurado crecimiento de la población y en una expansión considerable. En efecto, si en 1890 había un poco más de 100 mil habitantes, en 1940 son 229 mil y en 1985 más de 3 millones (cuadro 1). Igualmente, de las 938 hectáreas en 1900, se ha llegado en la presente década a las 20 mil.

AÑO

HECTÁREAS

1900

938.63

1920

1 337.85

1940

1 994.00

1960

9 469.00

1970

11 005.14

1980

20 000.00

FUENTE: CEPES-Jalisco
De 1940 a 1986 la superficie urbana aumentó un 900%. La metropolización y la modernización de la capital de Jalisco se han caracterizado, como en todas las ciudades en expansión del país, por fuertes desequilibrios dentro de la estructura urbana, por el ahondamiento de la segregación espacial, el deterioro de las condiciones materiales del hábitat popular y el creciente déficit de vivienda, equipamiento e infraestructura urbanos. Tal proceso, evidente a partir de la década de los setenta, se caracteriza también por la autoconstrucción de vivienda popular, acrecentada en los últimos años.
La metropolización de Guadalajara forma parte de la dispar urbanización nacional: tal ciudad se asienta en la zona central del altiplano de México, en la cual se concentra el 80% de la actividad industrial y el 60% de la población del país. Ahora bien, un dato significativo es que la población de Guadalajara representa el 3.7% del total de la República, mientras en el Distrito Federal y su área metropolitana habita el 20%. La disparidad, en un nivel más amplio, se manifiesta en la proporción de los asentamientos menores: el 38% de la población vive en más de 9 5 mil localidades que están por debajo de los 2500 habitantes, y sólo el 17% se acomoda en ciudades de 50 mil a un millón de habitantes. (44)

44. Plan Nacional de Desarrollo Urbano Versión abreviada, SAHOP-SPP México, 1978.

Cuadro 1

POBLACIÓN DEL ÁREA METROPOLITANA DE GUADALAJARA




AÑO

POBLACIÓN

1940

229 235

1950

398 543

1960

851 000

1970

1 456 000

1980

2 586 000

1981

2 708 700

1982

2 832 400

1983

2 957 000

1984

3 083 600

1985

3 211 200

1986

3 339 700

1987

3 468 900

1988

3 599 200

1989

3 730 600

1990

3 862 600

2000

5 213 100

Fuente: Para 1940 y 1950: Junta General de Planeación y Urbanización. Estudios de Funciones Urbanas, 1976. Para el resto de los datos: Datos Básicos sobre la Población de México, SEP. Estimación del Consejo Nacional de Población, 1980. Tomado de CEPES. Jalisco.


Tales disparidades obedecen a relaciones de producción, a formas políticas y a estrategias para el desarrollo que han propiciado una alta concentración económica en algunos puntos del territorio y no han alentado -pese a los planes gubernamentales al respecto- la vida económica rural. En general, el acceso de nuestro país a la industrialización y la urbanización ha favorecido más a los grupos privados y monopólicos - incluyendo trasnacionales- que a la población trabajadora, contando en esta a los sectores medios. Por cierto, la herencia histórica influye para que esa concentración se refuerce, ya que las inversiones tienden a realizarse sobre todo ahí donde tradicionalmente existen las condiciones generales para la producción: las grandes ciudades. En ellas -pero de manera excesiva en la capital de la República se registra la mayor cantidad de las inversiones, a despecho, sobre todo después de los años setenta, de programas de descentralización industrial. (45)
Se ha demostrado que las políticas de desarrollo regional puestas en marcha en los últimos lustros, han sido insuficientes para frenar la migración del campo a la ciudad, (46) de tal modo que la estructura urbano-rural se caracterizará en el futuro por su desequilibrio. Ahora bien, las expectativas Para evitar tal hecha son escasas, pero existen: se basan en el impulso a una verdadera planificación integral, anti-especulativa, democrática, en la que las iniciativas populares sean tomadas en cuenta.

Aunque en la zona central del altiplano de México se localizan otras ciudades muy pobladas (Puebla, Aguascalientes, el D.F.), la capital de Jalisco se considera una metrópoli regional por el papel que juega en un vasto territorio; los mismo en cuanto a operaciones comerciales, que en servicios y en articular un buen número de actividades. Su área de influencia actual abarca los estados de Aguascalientes, Colima, Durango, Guanajuato, Michoacán, Nayarit y Zacatecas, campo que se amplia o disminuye en función de las variables que se consideren: flujos telefónicos, de transporte, etc. (47)

45. Ver Luis Unikel, El Desarrollo Urbano de México, editorial de El Colegio de México, México, 1979.

46. Luis Unikel, op. cit.

47. La determinación del área de influencia contemporánea de Guadalajara en términos
La concentración y la disparidad de la urbanización en el estado de Jalisco son evidentes: en el área metropolitana de Guadalajara se concentran el 57% de los establecimientos industriales de la entidad y el 73% del valor agregado. Más de la mitad de la inversión pública estatal se efectúa en la capital de la entidad, y la industrial ocupa en ella un lugar prioritario. (48) La dinámica industrial tiende a subordinar el tradicional papel comercial de la ciudad. Más aún, hay razones suficientes para prever que el tamaño de la urbe se incrementará, pues se estima que la región requiere en los próximos diez años de más de 1500 hectáreas para alojar el crecimiento de la industria, lo que acarreará problemas de dotación de transporte y de todo cuanto implica la generación o el acondicionamiento de barrios para 500 mil obreros. (49)

La heterogeneidad de la industria local define asimismo características espaciales urbanas. La gran mayoría de los establecimientos son de la llamada pequeña industria. Sin embargo, dan trabajo sólo al 20% del personal ocupado en esa rama. En cambio, el 19% se concentra en la mediana industria y el 55% en la grande. La pequeña industria -que es la más tradicional- se localiza en el centro de la ciudad y en sus alrededores. Entre tanto, las grandes empresas foráneas, nacionales y extranjeras (Motorola, Kodak, Burroughs, etc.), se ubican en lugares alejados del centro. Algunas se instalan fuera de la ciudad, como en el corredor industrial de El Salto. La dispersión total dificulta y encarece el traslado de los obreros y empleados, y además produce otros efectos negativos para la vida urbana, de los cuales hablaremos más adelante.


48. Carlos Alba vega, “Jalisco: un caso de desarrollo contradictorio" Revista CEPES Jalisco, No. 2 y 3, sep-dic 1983, Guadalajara.

49. Esteban Wario Hernández, “Guadalajara y su región, alcances y limitaciones del ordenamiento territorial”, en Zona conurbada de Guadalajara; situación actual y perspectivas. Memoria de la Mesa Redonda Universitaria, ITESO, Guadalajara, sep 1981


La estructura del comercio revela también signos de concentración y dispersión, y contribuye a la asimetría de Guadalajara con respecto a los asentamientos del estado. En 1955, la capital concentraba al 46% de los establecimientos comerciales de Jalisco; diez años después, el porcentaje había aumentado al 60%. Esa tendencia continúa. La consolidación de Guadalajara como núcleo comercial de la región se explica en parte por la herencia colonial y republicana. La permanencia de un alto número de pequeños y medianos establecimientos comerciales de larga historia, es una manifestación de ese hecho. Estudiosos de tales procesos afirman que la persistencia de este tipo de comercio se debe a factores sociales y económicos: las relaciones comunales y vecinales inmediatas en su entorno y su capacidad de adaptación a la población de bajos ingresos. (50)
Otra expresión de la primacía comercial de Guadalajara es el surgimiento y la proliferación de las grandes cadenas comerciales, nacionales y transnacionales, que han impuesto un modelo modernizante urbanístico-arquitectónico, de típico corte norteamericano. Además de introducir nuevas formas de localización de las actividades comerciales en la ciudad, han impulsado, con el apoyo de la promoción inmobiliaria, subcentros alternativos al centro tradicional. Es el caso de la Plaza del Sol, al oeste de la ciudad, y de Plaza Patria, al norte. Estos núcleos comerciales empezaron a surgir en la década de los sesenta y han servido para promover el consumo de las numerosas capas medias.
Las modificaciones de la estructura urbana de Guadalajara se deben en buena medida a esas formas de concentración dispersión de los capitales industriales, comerciales e inmobiliarios.
50. Carlos Alba Vega, op. cit.
Al mismo tiempo, ello es causa fundamental de la segregación espacial, avalada por el pacto político que distribuye en la dirigencia municipal a los diversos sectores que intervienen en el juego del poder.

En el sector de servicios, destacan los educativos, aunque la capital de Jalisco ha dejado de ser monopolizadora regional de éstos. En la actualidad, Guadalajara absorbe el 46% de la matrícula total del nivel primario en el estado; el 56% del nivel medio básico; el 59 % del medio superior y el 98 % del nivel superior. (51) Otro indicador de concentración, es el hecho de que en los últimos 20 años la urbe ha absorbido el 55% del presupuesto estatal.


En su conjunto, estos procesos definen el nuevo carácter demográfico del estado, de la estructura de su población económicamente activa (PEA) y de su producto interno bruto (PIB). Así, con una decisiva participación de Guadalajara, la población urbana de la entidad pasa, entre 1921 y 1980, del 36% al 78%. Los cambios de la PEA en el mismo periodo consisten, entre otras cosas, en un decremento del sector agropecuario, 31 %; en tanto, la PEA del sector industrial ha aumentado 641 % y la de servicios en 1056%. Un factor influye en este crecimiento de la PEA dentro del sector de servicios: la gran expansión de los aparatos burocráticos, públicos y privados. Por lo demás, el renglón servicios aporta más de la mitad del PIB estatal, en tanto decrece la participación del sector agropecuario y aumenta la de la industria.

51. Universidad de Guadalajara, Departamento de Planeación y Desarrollo, Diagnóstico educativo del Estado de Jalisco. “Alternativas y prioridades para la desconcentración de la U de G 1985-1991”, en Xerox, Guadalajara, junio de 1985.

Tales disparidades se expresan en el tamaño y la densidad de los asentamientos del estado: con excepción de Guadalajara, no existe ninguna población con más de 150 mil habitantes. Ya en 1982, el área metropolitana de Guadalajara tenía una densidad de 394 personas/km2, en tanto la segunda urbe del estado -Ciudad Guzmán- alcanzó apenas 41 habitantes/km2.

3. La región de Guadalajara. Crecimiento extensivo y segregación espacial.
El crecimiento extensivo de la ciudad rebasó en poco tiempo al municipio que lleva su nombre; a partir de la década pasada conurbó a los municipios de Tlaquepaque y Zapopan. Absorbió después a Tonalá y se extiende hacia parte de los terrenos de El Salto, Juanacatlán, Ixtlahuacán de los Membrillos y Tlajomulco. Todo ello conforma el área que abarca las casi 20 mil hectáreas ya mencionadas- el nombre oficial del conjunto es Área Metropolitana de Guadalajara. (52)
De las estrategias de desarrollo urbano-regional, surgidas del auge planificador en boga durante los años sesenta, ha nacido la determinación de considerar todo un sistema territorial del área de influencia de Guadalajara. Veamos, sintéticamente, cómo divide a tal sistema el Plan de Ordenamiento de la Zona Conurbada de Guadalajara (mapa 1):
52. Plan de Ordenamiento de la Zona Conurbada de Guadalajara (POZCG) Comisión para el Desarrollo Urbano Regional de Guadalajara, Departamento de Planeación y Urbanización del Estado de Jalisco. Secretaría de Asentamientos Humanos y Obras Públicas (SAHOID).

a) Región Guadalajara: la creó por decreto el Congreso del Estado; abarca una superficie de 718 mil hectáreas (7180 km2) y comprende 79 municipios.

b) Zona Conurbada de Guadalajara: fue propuesta por el Plan Regional-Urbano de Guadalajara. Se trata del área contenida dentro de los límites o parte aguas de la cuenca hidrológica de San Juan de Dios, Río Blanco, El Ahogado, Colimilla, Juanacatlán, Bajío. También se incluye la subcuenca de Arroyo Hondo, que comprende los municipios de Guadalajara, Tlaquepaque, Tonalá y parte de los de Zapopan, Tlajomulco, Juanacatlán, El Salto y Zapotlanejo.

c) Área Metropolitana de Guadalajara: ya descrita; se define como la extensión territorial de casi 20 mil hectáreas, que incluye a la ciudad y a sus localidades contiguas. Éstas, además de tener características urbanas, mantienen una interrelación socioeconómica directa, constante e intensa con el área urbana central.
d) Área Urbana Central: es la comprendida por la mancha en la que no se realizan actividades agrícolas. Incluye al municipio de Guadalajara, con 4 localidades censales; al de Tlaquepaque, con 3; al de Zapopan, con 33. Abarca 185 mil hectáreas.

Ahora bien, como todas las ciudades del Tercer Mundo en las cuales operan siempre los mecanismos del mercado, Guadalajara muestra una doble característica: un esquema demográfico de concentración-dispersión y una aguda segregación espacial. Lo primero queda de manifiesto con el hecho siguiente: en el 40% de la superficie del área metropolitana se asienta más del 65% de la población. La segregación espacial se expresa a través de un buen número de datos. Por ejemplo, en el 30% de los terrenos de primera calidad y de los llamados campestres, se aloja menos del 7% de la población. Por tanto, grandes extensiones de los mejores suelos están en poder de las capas más altas de la sociedad tapatía; entre tanto, las peores tierras son ocupadas por los fraccionamientos irregulares y abarcan el 10% del área urbana. Se trata de cerca de 2 mil hectáreas, donde viven más de medio millón de habitantes. Los estratos más bajos de la población constituyen el 60% del total.

La acelerada expansión de los sectores populares se evidencia aún más cuando la comparamos con la de las otras capas sociales: la habitación popular se ha multiplicado en un 40%, la media, en 31 %; la de alta calidad, 19%, y la campestre, sólo 14 %. (53)
Antes de describir con detalle la localización y algunas características de los asentamientos precarios, conviene ubicar éstos en un contexto general y con respecto a la vivienda de las familias de más altos ingresos: ésta se ubica fundamentalmente del centro de la ciudad hacia el oeste y suroeste; en cambio, la popular se extiende sobre todo en la zona oriente, de norte a sur y con alguna tendencia al suroeste.
53. Ibidem.
4. La actual orientación del crecimiento urbano

de Guadalajara.
Una nueva estructura de clases y grupos sociales emergentes conforma desde hace tiempo la sociedad urbana. Dentro de ésta, la armazón de las redes de poder y, sobre todo la naturaleza de las decisiones con respecto a las actividades urbanas, constituyen importantes y casi definitivas fuerzas en cambio de la capital del estado. La emergencia de un influyente sector empresarial adquiere relevancia en la localidad a partir de 1940, incluso por su participación en el poder urbano. Este sector se vuelve fundamental en la toma de decisiones acerca de la construcción citadina, sobre todo desde los años sesenta con la entrada de un cuantioso flujo de capital foráneo. Tal fenómeno abre una etapa de producción de bienes industriales, en la que participan empresas monopólicas mexicanas y transnacionales. Asimismo, se moderniza el llamado sector terciario, cuando una parte de éste surge ligado a la industria, mientras la población ocupada en ésta crece un 83% entre 1970 y 1980. (54) Impulsadas por esos hechos, se observan significativas transformaciones en la estructura productiva, comercial y espacial del asentamiento. También empieza a influir en estos cambios el despunte de la promoción inmobiliaria, igualmente a partir de los años sesenta. (55) Guadalajara se incorpora así a la sociedad de consumo.

54. Información tomada de la ponencia presentada por Guillermo de la Peña en un seminario sobre Guadalajara, efectuado en noviembre de 1985 en el Colegio de Jalisco, en Guadalajara.

55, Esteban Wario Hernández, “Crecimiento urbano y acumulación de capital en el sector inmobiliario en el área urbana de Guadalajara” en Habitación. Problemas de Vivienda y Urbanismo. Año 1 No. 2 y 3, FOVISSS---FE Abril-Sep, México, 1981.

Ha influido tanto el sector empresarial en la transformación de la ciudad, que el Plan de Ordenamiento de la Zona Conurbada de Guadalajara (POZCG) reconoce que las dos terceras partes de la urbanización local es producto de los agentes privados. Estos han llevado a cabo los fraccionamientos predominantes bajo criterios de máxima rentabilidad económica.


Las acciones estatales, si bien ocurren preferentemente conforme a estrategias de consenso social, se hacen para llevar adelante el modelo de crecimiento urbano que impulsado por el gobierno local. Por lo tanto, apoyan grandemente los procesos de acumulación privada, cuyos efectos espaciales hemos esbozado. Y se ocupan de los vastos sectores medios y populares, incluidos la construcción y el impulso a la vivienda popular, de acuerdo a la presión de aquéllos; o para cuando se presentan determinadas necesidades políticas. O bien cuando la creación de las condiciones generales de la producción así lo requiere. Por lo común, se produce una combinación de estos elementos, en una operación estratégica de síntesis histórica y política.
Los sectores populares, a pesar de su alto número y de que ocupan una vasta extensión urbana, no inciden notoriamente en la toma de decisiones fundamentales de la ciudad. Se comprende que esto se debe a un bajo nivel organizativo, y en virtud de las ya tradicionales formas de control que se ejercen sobre ellos. Aun así, a principios de los ochenta despuntan movimientos de colonos apoyados por organizaciones independientes; estas surgen después de un receso originado por el fracaso de una gran invasión de tierras ocurrida durante la primera mitad de los años setenta. (56)
56. información tomada de documentos no publicados por la reportera Rosa Rojas, quien gentilmente nos los proporcionó.

La estrategia política que preside el desarrollo urbano de Guadalajara, expresa con nitidez la estrategia nacional de la conciliación entre las diversas clases sociales, bajo el arbitraje del Estado. La creación, en 1943, del influyente Consejo de Colaboración Municipal de Guadalajara, es ejemplo de ello. Este organismo, de gran importancia en las decisiones sobre inversión para el crecimiento citadino, se generó conforme a una estructura mixta, formalmente representativa, pero en rigor profundamente dispar. Se componía, según el decreto respectivo, de instituciones públicas y sectores de la población. Los sectores representados eran la Cámara de Comercio de Guadalajara, las cámaras de industrias especializadas, el Sindicato de Ingenieros y Arquitectos, y la Cámara de Propietarios de Fincas Urbanas. Además, una representación de las organizaciones obreras era designada por el Jefe del Departamento del Trabajo del gobierno del Estado. Fácilmente se entiende que, con tal composición, las obras realizadas por el Consejo se orientaron más en apoyo del interés privado que del público.


La influencia del Consejo en el inicio de la planeación urbana de la ciudad fue definitiva: participó en la elaboración del primer Plano Regulador de Guadalajara, encomendado al arquitecto Carlos Contreras en 1943; éste había elaborado en 1935 el Plan de Desarrollo del Distrito Federal -el primero del país- y fue uno de los impulsores del urbanismo moderno en México. Por su parte, el Plano Regulador de Guadalajara abarcaba un crecimiento de 60 años. Naturalmente, como aconteció con el del Distrito Federal, sus previsiones las rebasó la desmesurada extensión de la metrópoli. Sin embargo, estableció criterios y lineamientos para la localización industrial, el sistema de transporte, áreas verdes, zonas forestales y reservas municipales. Marcaba asimismo zonas habitacionales de varios tipos, según el estrato social de las familias. En fin, se trataba del clásico esquema de la ciudad como organismo de áreas funcionalizadas, apto para impulsar sin problemas el proyecto capitalista. Su aplicación integral no pudo realizarse, pero fue la base de sucesivas propuestas y ordenamientos urbanos.
Regresemos a la acción del Consejo en materia de obras en la ciudad. Desde su fundación y hasta 1974, había realizado inversiones en agua potable, alcantarillado, pavimento de empedrado y de asfalto, obra hidráulica, electrificación, alumbrado fluorescente mercurial y de vapor de sodio. En fin, infraestructura útil para asegurar las condiciones generales de la producción y facilitar la actividad de los fraccionadores y las inmobiliarias. Para tener una idea de la magnitud de sus acciones, apuntemos que de 1960 a 1975, el Consejo invirtió poco más de 500 millones de pesos, en tanto las inversiones municipales no rentables apenas superaron los 100 millones. Solo en 1975, el valor de las obras del Consejo rebasaba a la del municipio de Guadalajara. Mediante convenios con los municipios conurbados, el Consejo ha efectuado inversiones en los terrenos de éstos, con lo cual los mismos se incorporan a la mancha urbana de la capital.
Ahora bien, el ejemplo del Consejo de Colaboración Municipal de Guadalajara es fuertemente significativo en el pacto social que interviene en el crecimiento urbano de la ciudad; aun así, la fórmula política se establece en distintos niveles que involucran a la sociedad entera. El nivel más alto dentro de la política municipal, en el área metropolitana, es el acuerdo entre los ayuntamientos que integran ésta.

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