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UNIVERSIDAD DE LAS PALMAS DE GRAN CANARIA

DEPARTAMENTO DE DIDÁCTICAS ESPECIALES

U
MANUAL DE INTERVENCIÓN EN EDUCACIÓN PARA LA SALUD PARA EDUCADORES SOCIALES



Editor: José R. Calvo Fernández

Las Palmas, Julio 2001


NIDAD DOCENTE DE EDUCACIÓN PARA LA SALUD
1. EL EDUCADOR SOCIAL ANTE LA DEPRESIÓN

Carmen Delia Rodríguez Artiles, Mª del Rosario Pérez de la Cruz, Juan José Ramírez Alemán




INTRODUCCIÓN

La sociedad – cualquier sociedad- no “piensa” más allá de las generaciones que la componen. Es natural, puesto que una sociedad no “piensa” realmente, sino que, con sus modos de producción, sus estructuras de clase, su cultura, la herencia de sociedades anteriores, lo único que hace es condicionar a sus componentes, los seres humanos y las comunidades, en su modo de pensar, reaccionar, sentir y juzgar. Por esto educa a sus niños para que acepten su sistema de valores y puedan vivir de mayores como ciudadanos o súbditos, y como factores de la economía, es decir, productores y consumidores. Esta educación no se da como resultado de una decisión consciente, sino como consecuencia de los valores predominantes, de lo que se acepta como “natural”. Y se da en la familia, en la calle, en las escuelas, en las instituciones religiosas, culturales, militares, políticas y económicas.

DEFINICIÓN

Según el diccionario LÉXICON KAPELUSZ DE PSICOLOGÍA DE HENRI PIÉRON, la depresión es el “ estado mental mórbido caracterizado por lasitud, desaliento y fatigabilidad acompañado con frecuencia de ansiedad más o menos acentuada. Forma mínima de la melancolía.”

La depresión es una enfermedad del humor. La palabra “depresión” tiene por sinónimos decaimiento e ilustra ese estado de abatimiento moral y físico relacionado con el deterioro del humor. Los trastornos del humor, y entre éstos las depresiones, se han descrito desde la Antigüedad: “ Cuando la aflicción o la tristeza persisten mucho tiempo, indican un estado melancólico” (Hipócrates, siglo V a. C.).

La medicina no dio a la depresión su sentido actual hasta hace muy poco, confiriéndole el estatus de una enfermedad bien definida y sin asimilarla a la melancolía, que corresponde en lenguaje médico a una depresión grave.

La depresión es una enfermedad muy frecuente. Afecta a unos cien millones de personas en el mundo.

La depresión está en la actualidad muy mediatizada, pero no es una enfermedad de los tiempos modernos. Parece estar de moda porque:

 Es una enfermedad que cada vez conocen mejor los pacientes y los médicos; de este modo, cada vez se identifica más a menudo, en concreto en sus formas ligeras o engañosas.

 La prolongación de la esperanza de vida implica un aumento de la población de edad, a menudo enfrentada a problemas sociales, a un aislamiento afectivo así como a enfermedades crónicas que se acompañan de reacciones depresivas en un 20% de los casos aproximadamente.

 La desgana de vivir de las sociedades industrializadas está a veces relacionada con una reacción depresiva. En efecto, la transformación de las estructuras tradicionales y del entorno conlleva una pérdida de la identidad cultura, de la identidad religiosa y de los valores familiares. Crea asimismo situaciones de aislamiento y condiciones de trabajo estandarizadas y anónimas.

 Algunos medicamentos nuevos presentan efectos secundarios negativos sobre el humor.

 Desenmascarar la depresión, así como una mayor información, aumenta la demanda de ayuda de los deprimidos.

Por todo ello, podemos considerar a la depresión, como el resultado de múltiples causas y factores en el que adquieren carácter relevante los factores biológicos y psicosociales.

TIPOS DE DEPRESIÓN

DEPRESIONES ENDÓGENAS:

Esta palabra significa “generada internamente”. Las depresiones endógenas sobrevienen cuando el sistema cerebral y nervioso (que son parte “interna” del individuo) entran en estado de desorganización y no pueden ya funcionar normalmente. El médico tal vez defina esta clase de depresión como una perturbación física u orgánica de la función nerviosa, lo que en realidad es.

1. Melancolía involutiva durante la menopausia:

En las mujeres aparece a los 45 y 55 años; en los hombres entre los 60 y 65 años. Aunque la melancolía involutiva genera un gran caos en la casa, sobre todo cuando el pariente está atravesando la menopausia, la familia rara vez acude al tratamiento con la rapidez y la energía que la enfermedad requiere. Actualmente el período involucional no tiene por qué ser penoso, dado que existen excelentes métodos terapéuticos. Quizás algunos hombres y mujeres, en especial estas últimas, sobrellevan la menopausia como un martirio tradicional y un implacable enemigo. Sin embargo, podrían verse liberados de sus síntomas y, sobre todo, de la agitación y estados depresivos que los desgastan.

2. Depresión puerperal (postparto):

Muchas mujeres experimentan un estado de depresión después de un parto. Esto no es inusual. Usted puede haber pensado que es simplemente un estado de cansancio, sobre todo cuando el parto fue prolongado y difícil. La sensación de abatimiento puede llegar a convertirse en una depresión leve que desaparece después de una semana aproximadamente; es una reacción perfectamente normal. Sin embargo, si este abatimiento persiste o aumenta en intensidad, puede llegar a haber problemas.

3. Depresión provocada por la vejez (senilidad):

Actualmente, al aumentar la longevidad, las personas de edad avanzada se enfrentan a muchos problemas para los cuales no están preparados. Se jubilan, desarrollan enfermedades crónicas y afrontan cambios sociales difíciles a medida que sus hijos crecen y se van de la casa, los viejos amigos se mueren y surge la necesidad de mudarse a otro sitio distinto. Además, experimentan cambios orgánicos; y así como el envejecimiento modifica la piel y otras partes del cuerpo, también afecta al cerebro y al sistema nervioso, provocando una depresión endógena.

4. Depresión tóxica provocada por drogas:

Todas las drogas y productos químicos afectan al funcionamiento del cuerpo y de la mente. Por eso se las prescribe. Pero usted o cualquier otra persona puede resultar sensitivo a la droga. Por ejemplo, quizás una aspirina le produzca un malestar estomacal; y ciertas drogas, aun cuando hayan sido recetadas por el médico, pueden hacerlo transpirar, sentir mareos o calores. Si usted toma demasiado café, té o “cola”, la cafeína que contienen puede estimular en exceso el funcionamiento de sus riñones o acelerar los latidos de su corazón. Tales reacciones ante las drogas son efectos colaterales. Normalmente son inofensivos. Si el efecto de la droga conduce a un estado de toxicidad en el cerebro o sistema nervioso, puede manifestarse una depresión extrema.

5. Depresiones provocadas por las infecciones:

Las depresiones endógenas pueden sobrevenir no sólo como resultado de infecciones cerebrales o del sistema nervioso propiamente dicho, sino como resultado de infecciones generalizadas del organismo, como por ejemplo: la meningitis o encefalitis que, superadas físicamente, el paciente puede caer entonces en un estado profundo de melancolía porque la infección también ha desequilibrado su sistema nervioso. El paciente llora con frecuencia sin saber por qué. Sus funciones físicas y mentales decaen, aunque en algunos casos manifiesta agitación e inquietud.

6. Depresiones post operatorias:

Usted tal vez esté ansioso por una tía que está convaleciendo después de una operación. El médico le ha asegurado que la operación quirúrgica fue exitosa. Sin embargo, su tía come poco y parece no importarle si se recupera o no. Ustedes se preguntan cual puede ser la causa de su abatimiento, cuando tiene tanto que esperar de la vida. Bueno, recordemos que la operación en sí no fue exactamente divertida. A pesar de que existen nuevos métodos de anestesia y nuevas técnicas operatorias, algunas personas salen tan debilitadas de ese estado de tensión, que el agotamiento de energía nerviosa culmina en una depresión endógena.

7. Depresiones subsiguientes a los cambios en la estructura del cuerpo:

Los hombres y las mujeres que pierden una parte de su cuerpo, sea a causa de un accidente o a causa de una enfermedad seguida de una operación, puede llegar a un estado de depresión aguda si se dan alguna de las siguientes condiciones: primero, cuando la pérdida de una parte del cuerpo involucra un significado especial para el individuo y produce una fuerte reacción emocional; segundo, la pérdida de una parte del cuerpo que puede inferir en su medio de ganarse la vida; tercero, el cambio de la estructura corporal interfiere en otras funciones, dejando a la persona parcial o totalmente inválida; cuarto, la necesidad de esa alteración del cuerpo puede ser vivida por el individuo como una agresión intolerable a la imagen que tiene de sí mismo. Cuando él o ella son incapaces de afrontar cualquiera de estas condiciones, y cuando no existen alternativas compensatorias o satisfactorias, sobreviene una depresión aguda.

8. Depresión de la fatiga mental o física:

El ser humano puede absorber una gran cantidad de tensión; pero cuando es demasiada, se llega al punto crítico. Nadie está exento. En ese momento puede aparecer la depresión. Si la fatiga es mayor de la que puede soportar el individuo, usted observará que él o ella están demasiados cansados para moverse, comer, pensar, hacer el amor, conversar y hasta para disfrutar de una buena noticia. La fatiga a la que nos referimos es a la de tipo nerviosa la cual se origina en una tensión crónica, como por ejemplo, la fricción desgastante de un matrimonio incompatible, la vida en condiciones de extrema pobreza, la severidad de un patrón desconsiderado, la tiranía de un empleo rutinario, etc. La recuperación es rápida, siempre y cuando se combine un amplio programa de tratamiento físico con la eliminación del estímulo que provoca la tensión. Sólo así podrá el individuo recuperar su estabilidad emocional.

DEPRESIONES REACTIVAS:

La esencia de las depresiones reactivas es la sensación de pérdida. La persona siente que la permanencia se derrumba y que desaparecen las estructuras necesarias para la supervivencia y la seguridad. La pérdida, ya sea real o simbólica, es tan abrumadora que el individuo se lamenta inconsolablemente, con la certeza de no poder llenar el vacío. Esta lamentación o pena es la depresión reactiva.

1. Depresión provocada por una pérdida:

Después de la pérdida de cosas materiales, de una oportunidad, una amistad, un empleo y aún de eso que llamamos “imagen”, puede llegar a manifestarse una depresión retardada como ocurre en el caso de la pérdida de un ser querido.

2 – Depresión provocada por cambios de situación:

Un brusco cambio de situación también puede sufrirse como un despojo brutal, haciendo que la persona se sienta que ha perdido su habitual manera de vivir. El cambio puede ser provocado por la jubilación, el divorcio (la separación), un cambio geográfico y de lugar de trabajo, el aislamiento y la soledad, etc. La persona puede responder a estos cambios cayendo en un estado de melancolía.

DEPRESIONES NEURÓTICAS:

Esta clase de depresión es provocada por la personalidad neurótica (inadaptada) del individuo. Las personas neuróticas empiezan por estar en desventaja para mantener su estabilidad emocional. Incapaces de soportar las tensiones comunes de la vida cotidiana, no recuperan fuerzas en la lucha normal contra los inconvenientes. Por el contrario, su fibra emocional se debilita porque, al enfrentarse a las contingencias de la vida, queman cada vez más todas sus reservas de energía nerviosa. Ello provoca un agotamiento inevitable que los convierte en blancos vulnerables a la depresión.

¿A QUIÉN AFECTA?

La depresión amenaza a una de cada cinco personas, y todos estamos expuestos a ella.

La epidemiología investiga las relaciones entre la existencia de una enfermedad y la presencia de ciertos factores que pueden determinar la distribución de dicha enfermedad. Estos factores pueden hacer referencia a las características individuales (raza, edad, estado civil), al medio socioeconómico y profesional y al modo de vida.

1. La raza:

No hay diferencias evidentes en la frecuencia de las depresiones.

2. El sexo:

Dos tercios de los deprimidos son mujeres, aunque no existe una explicación concreta para tal hecho. No se ha probado una eventual interferencia con los fenómenos hormonales. Según algunos autores, la mujer es más vulnerable y reacciona ante sus problemas de manera depresiva, mientras que el hombre se escuda antes con el alcohol, la toxicomanía y la delincuencia. La frecuencia, más importante de la depresión en la mujer es quizá sólo una apariencia, ya que las mujeres hablan con más facilidad de sus síntomas que los hombres, consultan más a menudo que los hombres y su longevidad es mayor.

3. La edad:

La mayoría de los deprimidos tienen de treinta y cinco a sesenta y cinco años, pero se puede estar deprimido a cualquier edad, desde que se nace hasta que se muere.

4. El medio socioeconómico:

Según ciertas encuestas, la depresión afectaría más a las mujeres jóvenes, de clase social menos favorecida, que no trabajan, tienen niños pequeños en casa y viven en la periferia de las grandes sociedades. Las encuestas sistemáticas no presentan diferencias evidentes entre la frecuencia de las depresiones en el hábitat rural o en el urbano. Se ha considerado a menudo que las enfermedades mentales eran más frecuentes en la ciudad, pues la tolerancia de los síntomas es mayor en el campo y la posibilidad de recibir tratamiento mayor en la ciudad, lo que ha podido influir sobre las conclusiones.

5. El estado civil:

Las mujeres separadas o divorciadas serían las más afectadas por la depresión y los hombres casados los menos. Así pues, el matrimonio parece ejercer un efecto protector contra la depresión, pero es un factor de riesgo en caso de mal entendimiento conyugal.

6. La profesión:

No hay una relación evidente entre depresión y profesión.

El trabajo a deshora, tanto si se trata de turnos sucesivos o de horarios alternos, conlleva una “no sincronización” de los ritmos biológicos, una fatiga suplementaria y trastornos del carácter que pueden provocar la depresión. Pero, en este caso, existen capacidades de adaptación, variables según los individuos.

El trabajo en cadena, a causa de su monotonía, implica una pérdida de la actividad y es fuente de decepción crónica y de empobrecimiento psíquico.

En los empleos en que el trabajo está repartido en múltiples tareas especializadas y estandarizadas existe una disminución de la motivación del trabajador a causa de la desgana que ocasión el fraccionamiento de ese mismo trabajo.

En contrapartida, la ausencia de profesión parece acentuar la frecuencia de las depresiones, ya que el trabajo permite ampliar la vida social y mejorar la situación financiera.

7. La herencia:

La depresión es más frecuente en sujetos cuyos padres también la padecen, pero el mecanismo de transmisión no está aclarado. Hay de dos a cinco veces más deprimidos en las familias con deprimidos que en las que no los hay.

8. La personalidad:

Se ha intentado manifestar una relación entre una tendencia a deprimirse y un tipo de personalidad. Entre las personalidades analizadas, se pueden citar:

la personalidad obsesionada, marcada por la angustia y la duda, la obstinación y la prudencia excesivas, los pensamientos obsesivos, la necesidad de comprobarlo todo y el gusto por el perfeccionismo.

el tipo cicloide, que afecta a individuos tranquilos, concienzudos e inhibidos.

el tipus melancolicus, caracterizado por un gusto por el orden que raya con la meticulosidad, así como un gusto por el trabajo, una tendencia a ser extremadamente concienzudo, incluso escrupuloso, y un sentimiento agudo de culpabilidad. Temen la soledad y no permiten con facilidad que se independicen los miembros de su familia.

En definitiva, no existen criterios específicos que permitan describir el perfil del deprimido.

CAUSAS DE LA DEPRESIÓN

La depresión no es provocada por un solo factor; lo habitual es que en ella intervengan varios elementos. Aunque la causa exacta de la depresión no está clara, la investigación ha mostrado que en muchos casos puede ir asociada a una carencia o desequilibrio de la serotonina, un elemento químico del cerebro.

1. Importancia de la genética:

En muchos casos de depresión parece intervenir un componente “heredado”. Los hijos, padres y hermanos de una persona deprimida tienen aproximadamente un 15% de probabilidades de desarrollar una depresión.

Cuando no hay depresión entre los parientes cercanos de una persona, ésta tiene sólo del 2% al 3% de probabilidades de sufrir la enfermedad.

2. Factores bioquímicos:

Numerosos expertos creen que la depresión puede venir motivada por un desequilibrio o una alteración en el nivel de algunos elementos químicos básicos del cerebro, llamados neurotransmisores. Aunque los investigadores aún no han dado respuesta a todas las preguntas, han podido desarrollar varios medicamentos para modular los niveles de neurotransmisores; estos fármacos han demostrado ya su eficacia en el tratamiento de la depresión.

3. Los medicamentos y el alcohol:

Una sustancia adictiva corriente que puede “interactuar” con otras es el alcohol. El abuso del alcohol puede provenir del intento de una persona de “enmascarar” sus síntomas depresivos, y agravar un episodio de depresión. En todo caso, algunos investigadores piensan que el abuso del alcohol puede desembocar en una depresión en personas vulnerables. Si se consumen cantidades excesivas de alcohol en combinación con otras sustancias adictivas, existe el riesgo de una interacción que acentúe la depresión o genere otros efectos nocivos.

4. Factores de desarrollo y otros factores externos:

Según algunos datos, los niños que sufren a una edad temprana la pérdida de personas importantes, sobre todo de sus padres, son a veces más propensos a desarrollar una depresión más adelante. Las dificultades de relación, los problemas de comunicación y los conflictos con la familia, con los compañeros de trabajo o con otras personas pueden también contribuir a la soledad, alienación y consiguiente depresión.

5. Relaciones, matrimonio y niños:

La cantidad y calidad de apoyo que recibimos de nuestras relaciones personales puede protegernos del estrés y de los problemas de la vida cotidiana, limitando así las reacciones físicas y emocionales a los mismos, entre ellas la depresión. Por otro lado, la ausencia de una relación estrecha y de confianza, ya sea cónyuge, con una pareja o con una amistad, aumenta el peligro de depresión. Esta situación puede combinarse con factores como los malos tratos o infidelidad del cónyuge. Está demostrado que el matrimonio, hasta cierto punto, nos protege de la depresión, tanto a las mujeres como a los hombres, si se comparten tareas como la crianza de los niños o el trabajo de la casa. No obstante, las mujeres en paro que se quedan en casa cuidando de los niños pequeños se hallan en mayor peligro de depresión. Un divorcio o una ruptura pueden asimismo generar un episodio depresivo, especialmente si hay de por medio custodia de hijos o problemas económicos, y la tasa de depresión aumenta tras la pérdida del cónyuge.



SÍNTOMAS

1. - La apariencia:

Ésta evoca a un personaje a cámara lenta. El rostro está fijo, no expresa ninguno de los sentimientos habituales. El cuerpo así no se mueve, las posturas son desmadejadas. Su voz es baja y monótona y la elocución es lenta y entrecortada por pausas numerosas.

2. - La tristeza:

El deprimido cavila ideas negativas. Se siente incapaz de experimentar emociones por sus semejantes (anestesia afectiva) y sentir placer (ahedonía) o disgusto al entregarse a alguna actividad. Subestima sus posibilidades intelectuales tanto con su aptitud para establecer relaciones sociales. Expresa sentimientos nostálgicos respecto al pasado. Ante el presente experimenta desinterés y el futuro le parece absurdo y no tener salida.

3.- La lentitud psíquica:

Se traduce en la necesidad de realizar esfuerzos de importancia para obtener el rendimiento habitual. Los vacíos de la memoria son a veces serios, pero serán transitorios. Conciernen a los acontecimientos inmediatos, recientes y pasados. Se siente bloqueado y no puede tomar iniciativas ni decisiones corrientes.

4. - La fatiga:

El depresivo se siente para el arrastre, permanece echado con gusto, inactivo, derrengado, con la cabeza vacía. Empezar la jornada le parece desde un principio insuperable. Esta fatiga es mental y física. Por lo general es más notable por la mañana. El reposo no influye en esta fatiga y las largas noches reparadoras o las siestas no la modifican. El deprimido carece de energía para preocuparse de su aspecto físico e incluso de su aseo personal. En el terreno profesional, esta fatiga o astenia es responsable de un importante absentismo, de numerosos retrasos y de una impresión de agobio perpetuo con pérdida total de dinamismo.

5. - La ansiedad:

Que es un miedo sin objeto, es el temor a un eventual peligro y se traduce en un malestar físico y psíquico que puede llegar al pánico; el sujeto depresivo puede presentar sinos de angustia variables en función de la intensidad de la ansiedad. La depresión no está por fuerza relacionada con la ansiedad ya que existen depresiones auténticas sin componentes ansiosas. Los ansiosos se hallan en una espera perenne de la catástrofe sin razones reales. Exageran las consecuencias de todos los detalles cotidianos. Lo imprevisto toma proporciones desmesuradas, cuyas consecuencias se evalúan con evidente pesimismo.

6. - Las modificaciones de carácter:

Éstas son advertidas más por el entorno que por el deprimido en sí. Ya no se aprecia en él su carácter habitual, sino un mal carácter, contrastado con el humor habitual, o bien una exacerbación de un carácter difícil ya conocido. La irritabilidad, los arrebatos fáciles, la intolerancia ante los comentarios, la impulsividad, incluso la agresividad verbal o gestual, y la violencia se aprecian en ocasiones. EL comportamiento antisocial puede tomar también una dimensión de aspecto delincuente en un contexto de oposición y de mala participación emocional.

7. - Los trastornos del sueño:

Son trastornos no específicos de la depresión. Forman parte de las quejas físicas expresadas con mayor frecuencia. Un 15% de ellos señalan tendencia a dormir demasiado por la noche y a tener excesiva somnolencia y adormecimiento fácil durante el día. Por desgracia, este hipersomnio no les procura el descanso necesario pues su sueño es poco reparador. El deprimido que sufre de insomnio se queja de dormir poco y mal. Es preciso que se dé de manera regular y no puntualmente para ser considerados como un síntoma de la enfermedad (tres veces a la semana durante un mes por lo menos).

8. - Los trastornos digestivos:

La sensación de boca seca, la pérdida de apetito y el estreñimiento están entre las quejas que se mencionan más a menudo. Se hallan asimismo la impresión de digestión difícil, de dolores abdominales, nauseas y diarreas. Los trastornos digestivos de la depresión comprenden también la anorexia, la bulimia, el pizcar y la hiperfagia.

9. - Los dolores:

Son auténticos, aunque sin embargo no corresponden a la lesión objetiva de un órgano. Son una manera de expresar el sufrimiento moral que se experimenta y resumen en ocasiones lo esencial de los síntomas depresivos. Estos dolores pueden cronificarse, volverse resistentes a los tratamientos usuales eficaces, polarizar toda la atención del individuo y perturbar su vida social, que se organiza alrededor de esta dolencia. Los más usuales son los dolores de cabeza, dolores a la altura del pecho y dolores abdominales, pudiéndonos encontrar con agujetas musculares e impresiones de haber recibido algún golpe.

10. - Trastornos sexuales:

Se observa una disminución en la apetencia sexual, un desinterés global así como débiles reacciones a los estímulos adecuados. La parte de los trastornos sexuales relativa a la depresión o a la ansiedad son, no obstante, difíciles de determinar. Los hombres advierten una impotencia con erección insuficiente, anomalías en la eyaculación o también orgasmo débil. En las mujeres se nota una pérdida de interés sexual, frigidez o relaciones dolorosas.

11. - Las otras manifestaciones somáticas:

Son también numerosas. Entre ellas se pueden citar: trastornos cutáneos, trastornos urinarios, trastornos de la regla con ciclos menstruales irregulares y dolorosos, incontinencia urinaria.

12. - El delirio:

Está configurado por ideas delirantes, que son pensamientos erróneos que el individuo emite pese a que no son acordes con la realidad. Las alucinaciones pueden añadirse al extravío del pensamiento. Entre los temas delirantes observados se hallan: la culpabilidad, la indignidad, la ruina, el fallecimiento, las persecuciones, la negación de órganos o Síndrome de Cotard y la incurabilidad. La aparición de un delirio durante una depresión es un elemento de gravedad. Su eclosión es el hecho de una tensión extrema. Puede interpretarse como un mecanismo de defensa contra una angustia intensa.



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