Trabajo productivo vs Trabajo improductivo ¿Cómo categorizar la geopolítica hoy? Wim Dierckxsens* Introducción



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Trabajo productivo vs Trabajo improductivo

¿Cómo categorizar la geopolítica hoy?
Wim Dierckxsens*
Introducción

El concepto de trabajo productivo/improductivo es relevante para mejor entender la economía capitalista de hoy, al acentuarse la contradicción existente entre la producción y la apropiación de valor excedente por el capital financiero, que conforme se expande presiona de manera exacerbada sobre la apropiación y redistribución del excedente. Lo anterior pone en creciente conflicto diferentes fracciones de capital que define el cuadro geopolítico de hoy. La subsunción real del trabajo por el capital exige, no sólo la subordinación del trabajo asalariado al capital dentro de la empresa, sino hoy en día en la actual fase de la globalización también de los trabajos y actividades efectuados en la totalidad de los espacios sociales.

Podría afirmarse incluso que la subsunción real implica la subordinación de la tecnología, la cultura, la subjetividad, la política y las relaciones sociales en su conjunto, al ciclo del capital. La subsunción del trabajo por el capital no es condición suficiente para la generación de plusvalía. Si este capital no invierte en la economía real, es decir en trabajo productivo, este trabajo improductivo que emplea podrá generarle ganancia pero no plusvalía. Con la financierización de la economía, la subsunción real del trabajo al capital se ha dado cada vez más en el ámbito improductivo. En apariencia y medido por las ganancias el capital financiero pareciera incluso más productivo que el capital industrial. Lo anterior no solo compromete el ciclo reproductivo del capital a nivel global sino provoca fuertes confrontaciones entre fracciones de capital, fenómeno a la vista hoy.

Con la globalización neoliberal ha dominado la política económica que promueve la liberalización de los mercados en general y de los financieros en especial. El poder de los Estado-nación para definir con independencia su política económica dentro de un marco nacional, se ha visto reducido de forma drástica, primero en los países periféricos en general y luego en la Unión Europea y en el área del NAFTA en particular. Es el paso del Estado-nacional al Estado-Regional-Continental. Es más todavía, durante la última década del siglo pasado, a partir

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*Agradezco los aportes de Walter Formento para este artículo

de megafusiones y grandes adquisiciones, las transnacionales y los principales bancos financieros se transforman en «Estados privados sin fronteras ni ciudadanos». Forman juntos y entrelazados un capital financiero globalizado que no da cuenta de nada a nadie más allá de sus mayores accionistas.

Se trata de la formación de un capital financiero globalizado más allá del Estado-Región-Continente que guerrea por más áreas de influencia para instaurar un orden global bajo su hegemonía y procura subordinar incluso al Estado-Continente para dar paso a un nuevo Estado global total. Esta puja se está dando dentro de los propios EUA. Este Estado global sin fronteras ni ciudadanos consiste en las llamadas redes financieras globales, con su red de empresas transnacionales (ETN´s) y cities financieras con su centro en Wall Street y la City de Londres.

El Continentalismo financiero de país central está basado en su complejo industrial y militar, enfrentado históricamente al Continentalismo soviético. Hoy encuentra mayores límites geográficos de inversión productiva aunque haya expandido su territorio geográfico con NAFTA y otro tanto sucede con la Unión Europea. Ambos proyectos de Estado-Región-Continente están a la defensiva para no ser subordinado a la tendencia globalista. Ambas fuerzas en pugna buscan estar por encima de los pueblos y de las naciones creando un mundo unipolar. La fuerza que constituye el mayor peligro para el retorno del nazismo (contrario a lo que divulgan hoy los grandes medios bajo su control) es el capital financiero globalista. Al tratar de estar por encima de todas las naciones incluyendo a EUA y sin respetar fronteras ni ciudadanos, es un sistema potencialmente totalitario, aunque hoy acusen a Trump de personalizar precisamente esta amenaza.

Hoy se escribe y habla más del Estado profundo, pero es preciso saber que ese Estado está cada vez más dividido ya que una fracción del capital financiero de EUA está en conflicto con la otra. Es cada vez más un secreto público que las Torres Gemelas eran el centro de operaciones del capital financiero globalista. Es preciso saber que un magnate en bienes raíces, firmó el 24 de julio de 2001 un contrato de arrendamiento-compra del World Trade Center (WTC). El contrato se hizo seis semanas antes del ‘ataque terrorista’ del 11 de setiembre. El banco J. P. Morgan Chase y las Autoridades del Puerto de Nueva York, ambos controlados por la familia Rockefeller (defensores Estado-Regional-Coninental) negociaron el trato. Luego aseguraron fuertemente el complejo del WTC contra ataques terroristas.



Las pérdidas a consecuencia de la caída de las Torres Gemelas superarían eventualmente las posibilidades de las empresas aseguradoras y de manera indirecta de Lloyd’s como empresa reaseguradora de última instancia. Es preciso saber que Lloyd’s es una de las empresas claves pertenecientes la dinastía Rothschild que encabeza a la fracción dominante del capital financiero anglo-estadounidense globalizado con sede en Wall Street y el centro financiero (City) de Londres. Esta fracción, que reúne las principales bancas de inversión del mundo con transnacionales como Cargill-Monsanto, Shell, etc., se hallaba ya en franca disputa con la fracción financiera estadounidense que maneja sobre todo a la banca comercial de los EUA, fracción que aspira conservar la hegemonía de este país en el mundo y para ello se sustenta fuertemente en el complejo industrial y militar de los EE.UU.
La lucha entre las dos fracciones del capital improductivo (como veremos) saltó a la vista con ocasión del traspaso de la presidencia de la Reserva Federal, en febrero de 2006. En esa fecha Ben Bernanke asumió la presidencia. Con ello cambió la correlación de fuerzas entre las dos fracciones de capital a favor del núcleo del poder financiero continental. La política de alzas repetidas en las tasas de interés golpeó de manera directa al sistema financiero. Lehman Brothers una de las mayores bancas financieras de inversión y parte de la red del Citigroup, (principal grupo del capital financiero anglo-estadounidense globalizado) no fue rescatada por el Estado sino, se ‘cayó’ el 15 de setiembre de 2008 al dejarlo caer para que así arrastrara a toda la banca de inversión. La caída del Lehman Brothers guarda, entonces, relación directa con la intencionalidad de desarticular la red financiera global. Meses antes ya habían caído el Bear Stearns (un banco de inversión global’) y el Merryll Linch (otro banco de inversiones), que fueron adquiridos de inmediato a precios de ganga (10% de su valor) con el apoyo financiero de la Reserva Federal por el J.P. Morgan y el Bank of América respectivamente, ambos parte del grupo opositor y conservador.
En la actualidad, los países emergentes se articulan como el territorio por excelencia de la subsunción real al capital productivo globalizado. Este proceso no fue llevado a cabo por el capital financiero-regional-continental, sino por el capital financiero globalizado. Significó la fragmentación del proceso productivo, haciendo que muchos oficios desaparezcan o se mecanicen aún más y que emerjan empresas pequeñas que producen segmentos particulares del producto final determinado. El proceso es una cadena de subcontrataciones, donde en la cola proliferen los trabajadores autónomos, que lejos de tener un mayor control sobre el proceso productivo se encargan de segmentos particulares del producto final con tiempos de trabajo que, aunque más flexibilizado, no manejan ellos mismos sino se subordinan cada vez más directamente al capital (Vea, Azpillaga; de Miguel; Zallo; Las industrias culturales en la economía informacional; http://www.ehu.eus; 1999). 

Sin embargo, a partir de la crisis financiero de 2008, el capital financiero globalizado se vuelve cada vez más improductivo, especulativo y parasitario. En 2014 el conjunto de países BRICS-ampliado-Multipolar que forman parte del G20, presentan, un esquema alternativo productivo a los dos esquemas transnacionales financieros unipolares que se han vuelto cada vez más improductivos como veremos. Este proyecto alternativo pasa a denominarse nueva arquitectura financiera-productiva BRICS-Multipolar, compuesto por un Banco de fomento y desarrollo, un Fondo de reservas monetarias de los Estados miembros y un sistema de compensación de intercambios (CIPS) para comerciar en monedas propias. Este proyecto se concibe a partir de Bloques regionales continentales soberanos sin pérdida de soberanía nacional. Los países se encuentran en varios esquemas de uniones aduaneras o áreas de libre comercio. Conforman en conjunto un globalismo multipolar productivo en su desarrollo. Podemos mencionar: China-OCS, Rusia-Unión Aduanera Euroasiática, Brasil-Unasur- Celac, India-, Sudáfrica-, Iran-Egipto-Siria.

Las contradicciones entre fuerzas de capital productivo e improductivo van al extremo con el nacionalismo industrialista de Trump cuya política choca frontalmente con el capital financiera global pero también tiene contradicciones con la oligarquía financiera continentalista. Es nuestra tesis que el nacionalismo industrialista antioligárquico tiene más probabilidades de ser contenido o subsumido por el universalismo multipolar industrialista de los BRICS-Ampliado que por el capital financiero globalizado. He aquí el punto de partida de nuestro análisis.

Conceptualización de trabajo productivo e improductivo

Una conclusión a sacar del ´Capítulo VI-inédito´ de Marx, es que la categoría de trabajo productivo-improductivo se confunde con la de trabajo subsumido directamente al capital, ya sea a través de la subsunción formal o real. Marx trata de la categoría trabajo productivo en varios lugares de su obra. Lo hace en diversos pasajes de los “Grundrisse” (cuadernos manuscritos de 1857-1858) y un estudio más amplio sobre el tema aparece publicado como anexo en las Teorías de la plusvalía (Libro primero), bajo el título “Productividad del capital–Trabajo productivo e improductivo”. También lo elabora, aunque no sea de manera expresa, a través de su obra maestra El Capital. Una pregunta que se puede hacer incluso a partir del Capítulo VI-inédito es: ¿por qué la necesidad de dos expresiones diferentes para el mismo tema: trabajo productivo para el capital y trabajo productivo en general cuando parece importar es si es o no trabajo subsumido directamente al capital?



Para definir trabajo productivo visto por el contenido se hace abstracción de la relación social vigente, sea esta capitalista o no. Es preciso, entonces, abordar los conceptos de trabajo productivo e improductivo desde dos ángulos posibles: por la forma o relación social existente y por su contenido. Trabajo productivo en general, o trabajo abstracto, es aquel trabajo que crea riqueza material o espiritual, es decir, valores de uso materiales o inmateriales, con abstracción de las relaciones sociales. Sin embargo, toda producción humana se enmarca a la vez dentro de relaciones sociales (la forma) y estas hoy por hoy son más que nunca capitalistas. Para mejor entender los conceptos de trabajo productivo e improductivo es importante vincular los conceptos con la teoría de la reproducción y la lógica reproductiva del capital a nivel de la totalidad.
Las relaciones capitalistas suponen ante todo relaciones mercantiles para su funcionamiento aunque no son idénticas a las últimas. Con ello varía también el significado del trabajo productivo visto por la forma. Desde el punto de vista de una economía mercantil, el trabajo productivo es aquel que crea valores de cambio, o sea, aquellos valores de uso que en el mercado encuentran su equivalente, es decir, su valor de cambio. Aquí se excluyen entonces aquellos valores de uso que no se transformen en mercancías como suelen ser los productos y servicios resultado de trabajo doméstico o voluntario. Dentro del marco de las relaciones capitalistas, el trabajo productivo se estrecha aún más todavía al reducirse exclusivamente al trabajo que genera plusvalía. En ese contexto, el quehacer de los funcionarios del Estado es considerado improductivo ya que si bien sus ingresos entran en la contabilidad de una economía monetaria, su trabajo no se encuentra subsumido directamente al capital.
Tenemos la situación aparentemente absurda que un mismo trabajo productivo por su contenido puede ser productivo o improductivo por su forma, según la relación social vigente, y vice versa. Una persona que trabaja como asalariado en una fábrica para hacer un producto (comida, bebida, zapatos, vestidos, etc.) es productiva desde todos los ángulos, pero si lo hace para venderlo por su cuenta ya no lo es para el capital y si solo lo hace para el consumo familiar, esta persona deja de ser productiva también desde el punto de vista del mercado. Su trabajo solo es productivo desde la óptica del contenido, pero no se registra, ni se toma en cuenta en una economía de mercado. Así el trabajo doméstico y todo trabajo voluntario, al no ser contabilizados, no se observa que aumentan la productividad general del trabajo, desde la óptica del contenido. Desde la óptica de las economías monetizadas, o sea, visto por la relación social dominante, sin embargo, dichos trabajos no forman parte de la riqueza de las naciones, a pesar de medio siglo de críticas a las cuentas nacionales por las organizaciones en torno al tema de género.
Como las relaciones sociales se nos aparecen como relaciones naturales, el concepto de trabajo productivo visto por la forma dominante se nos aparece como concepto absoluto. Esto significa que aparece como forma y contenido a la vez. Así tenemos que el trabajo improductivo por su contenido pero productivo por la forma, se nos aparece como productivo en términos absolutos, es decir por forma y contenido. Así se habla de subsunción real al capital de toda forma de trabajo, sea este productivo o no por su contenido. Esto nos lleva a la identificación necesaria del trabajo que solemos clasificar como improductivo desde el punto de vista del contenido. Es un tema generalmente mal comprendido pero muy importante por las implicaciones geopolíticas de hoy.
La comercialización es una actividad improductiva al referirse a la transferencia estrictamente formal de (títulos de) propiedad. Esta transferencia formal por más útil que sea, es improductivo, ya que por sí sola no genera valor de uso alguno. Los trabajos relacionados al transporte o bodegaje son trabajos que se realizan, muy a menudo por el mismo capital comercial, pero no forman parte del traspaso formal de mercancías. Estas actividades existen independientemente de la relación social y, por tanto, se refieren al contenido de la producción. Son productivos por su contenido, aunque a menudo son realizados por el mismo capital comercial.
El acto de compra y venta de un inmueble y el trabajo notarial que implica no incrementan la riqueza ni en un átomo, por más veces que se venda y vuelve a transferirse. Esta transacción podrá generar ganancias jugosas para el intermediario y el notario, a nivel social global, no hubo incremento de la riqueza social, sino una simple transferencia formal de la riqueza ya existente. Para el capital individual podrá ser más ´productivo´ obtener sus ganancias en el comercio que en la esfera productiva. A nivel social global, sin embargo, no es trabajo productivo al no generar riqueza. Solo a partir de la lógica reproductiva del capital a nivel social global es posible comprender el carácter improductivo de un trabajo que realiza determinado capital. Con ello también se logra definir el carácter ficticio de un capital.
Desde el punto de vista del capital individual es productivo todo aquel trabajo que genere ganancia y realmente no le importa la clase de trabajo que sea. Lo anterior no significa que un trabajo improductivo por su contenido, no sea útil ya que el comercio contribuye indirectamente a aumentar la riqueza a nivel de la sociedad en su conjunto. El seguro en general y el seguro contra incendio, por ejemplo, significan la socialización de pérdidas individuales. Lo anterior permite que el proceso de reproducción social no se vea obstruido. A nivel del capital individual que vende seguros, vender seguros contra incendios, podrá ser una fuente de ganancia espectacular, sin embargo, visto por el contenido y a nivel social global, tratase de una pérdida de riqueza.
La lotería, los casinos o las apuestas, significan una redistribución de la riqueza ya existente y no aumentan la riqueza social en nada, solo re-distribuyan la existente. En materia de seguros y desde la óptica del contenido, como en el caso de un seguro de enfermedad o contra terremotos, por ejemplo, es más eficaz la seguridad preventiva (como la salud pública, o normativas de construcción) que la curativa. Para el capital individual en cambio, resulta ser más lucrativa la medicina curativa. Los seguros contra accidentes, incendios, etc. significan una cobertura de pérdidas. El capital que se dedique a estas actividades podrá obtener ganancias. En materia de seguros existe además el reaseguramiento en cadena. La pregunta que pide una respuesta es: ¿de dónde se sale la ganancia al cubrir pérdidas? El capital comercial, el bancario o de seguros, en si no son es productivos aunque se apropian de una parte de la plusvalía generada en el sector productivo. Sin embargo al contribuir de modo indirecto a fomentar y agilizar el proceso de reproducción de capital y riqueza real, su presencia tiende a aumentar la producción de riqueza a nivel social global. En pocas palabras, el seguro al igual que el capital comercial y el capital a interés aumentan la ´productividad del trabajo´ mientras no se independicen del ciclo de reproducción.
Trabajo productivo e improductivo en los servicios
Podríamos llamar a la mercancía no material un servicio o mercancía-servicio. La mercancía-servicio se caracteriza como aquella cuyo consumo debe realizarse en el instante exacto de su producción. Desde la óptica del contenido hay servicios productivos e improductivos. El transporte es un servicio productivo y por el contenido se refleja en actividades de traslado de personas o materiales que no son inherentes a un modo de producción determinado. La mercancía ´traslado´ se produce y se consume a la vez. Después de haberse realizado no queda ninguna sustancia, pero la ausencia de una sustancia no determina su carácter productivo o improductivo visto por el contenido. Así como el transporte hay una gran cantidad de servicios que son productivos por su contenido. Podemos mencionar los espectáculos (el cine, teatro, conciertos, etc.), la diversión (los hoteles, restaurantes, actividades de recreación, etc.), el deporte (el futbol, básquetbol, etc.) y muchos más.
Desde el punto de vista de la forma, los trabajadores contratados por el capital para brindar estos servicios, a la vez son productivos por la forma. Es, por ejemplo, el caso de los jugadores profesionales de grandes clubes de futbol. Desde la óptica de la forma, los trabajadores del transporte público no son productivos para el capital al no generarles ganancias. Solo lo son los trabajadores de las empresas privadas. Tampoco lo son los jugadores de un club de futbol amateur, ni los actores de un teatro subsidiado por el Estado, etc.

La improductividad de un servicio (como el comercio), vista por su contenido, no se altera si es realizado por el propio empresario productivo, por asalariados contratados específicamente para ese tipo de operaciones o, por empresas especializadas en las tareas comerciales. Estas formas de capital surgen como formas funcionales autonomizadas: capital comercial, bancario, empresas de seguro, etc. separados del capital productivo y en conjunto aumentan la productividad general del trabajo. El trabajo no pagado de estos empleados, aunque no cree plusvalía, le permite al capital apropiarse de plusvalía generada en el ámbito productivo, lo que para ese capital es la misma cosa. La ganancia del capital improductivo sale de una deducción de la plusvalía producida por los trabajadores del sector productivo. Con ello queda claro que cuanto más se desarrolle el capital improductivo por su contenido mayor será también la presión sobre la redistribución del plusvalor generado en la economía real. Mientras estos trabajos contribuyan a una reproducción ampliada del capital y de la riqueza, aumenta también la productividad general de trabajo.


Una pregunta que siempre surge cuando se habla del capital improductivo (comercial, bancario o de los seguros), es si dichos trabajadores son explotados parecen ser trabajadores productivos como cualquier otro. El trabajo no pagado de estos empleados, aunque no cree plusvalía, le permite al capital individual improductivo (comercial, etc.) participar en la apropiación de plusvalía generada, a nivel de la sociedad en su conjunto. Para ese capital individual es la misma cosa obtener ganancia en una u otra actividad. Este trabajador es subsumido por el capital ya que no es pagado por su trabajo sino por el equivalente necesario para reproducir su fuerza de trabajo. Tratase de una subsunción real del trabajo improductivo por el capital.

Trabajo vivo y materializado y su consumo improductivo
Si aceptamos que el trabajo relacionado con la forma social es considerado, por su contenido, trabajo improductivo lo es tanto el trabajo vivo como el materializado. El trabajo materializado en edificios, equipos, materia prima, etc. producido en un ciclo determinado e invertido en ciclos posteriores en esferas improductivas como el comercio, las finanzas o los seguros, es riqueza consumida improductivamente. Es riqueza extraída a la esfera de producción e invertida en la esfera de circulación, es decir en la relación social inherente a ese modo de producción. Solo la visión burguesa, al considerar que las relaciones del mercado son relaciones naturales, absolutas y eternas, puede confundir esta forma social con el contenido, viendo trabajo productivo en todo aquel que genera ganancia, aunque no genere valor de uso o riqueza alguna.
Los edificios y la maquinaria producidos en un ciclo determinado y bajo relaciones capitalistas, son portadores de valor y plusvalía que se realizan en la venta de los mismos. Son el resultado materializado de trabajo productivo bajo forma y contenido. El producto social generado durante este ciclo incrementa la riqueza social existente. Aquella parte de la riqueza material consumida improductivamente en el siguiente ciclo (también llamado ´trabajo muerto´), al destinarse aquellos edificios y equipos (más precisamente los gastos relacionados con la depreciación del capital fijo) en la esfera de circulación, estos aparecen como riqueza ´sacrificada´ para fines no productivos. Constituyen un consumo improductivo del producto y riqueza real generada en un ciclo anterior. Lo anterior no impide el carácter útil de la actividad de circulación para elevar el nivel de reproducción del capital a nivel social global. Con una mejor circulación de mercancías, más pronto podrá iniciarse el siguiente ciclo de producción, es decir, aumenta la productividad del trabajo en general (Vea, Reinaldo Carcanholo, La categoría marxista de trabajo productivo, Revista Economía y Desarrollo, La Habana, 2013).
Mientras no adquiere autonomía relativa, el capital de circulación contribuye de manera indirecta al incremento de la reproducción material a nivel social global En la medida que la esfera de circulación sea funcional al ámbito productivo, cuesta percibir su impacto distinto en el crecimiento económico. En tanto que se torne relativamente autónomo (en el caso de la especulación con bienes y raíces por ejemplo) suele desarrollarse una burbuja especulativa que tarde o temprano colapsará. Esta autonomía relativa se ha dado precisamente en la era de la globalización que pareciera no tener límites. Es más, con la financierización de la economía, el trabajo improductivo procura subordinar al productivo y con ello adquiere relevancia geopolítica.



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