Trabajo de investigación



Descargar 0.76 Mb.
Página4/13
Fecha de conversión31.05.2018
Tamaño0.76 Mb.
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   13

7. El panorama bibliográfico en extenso.
Si depuramos la consulta anterior con los términos “music” + “17th century” la bibliografía que obtenemos arroja un total de 62 resultados que es posible clasificar de acuerdo a las siguientes categorías:71:


  • Estudios de un personaje y su obra. (15 / 1971-2002)

    1. Descartes (4).

    2. Beeckmann (2).

    3. Bacon (2).

    4. Hooke (2).

    5. Newton (1).

    6. Hobbes (1).

    7. Kepler (1).

    8. Holder (1).

    9. Huygens (1).

    10. Mersenne (2).

  • Música como ciencia astronómica y cosmología (9 / 1980-1998).

    1. Trabajos relacionados con J. Kepler (6).

  • Música como modelo filosófico y epistemológico (8/ 1973-1997)

  • Música como ciencia física (6 / 1975-1993).

  • Escala, afinación y temperamento. (4 / 1970/1988)

  • Música en el Renacimiento y Humanismo Italiano (4 / 1986-1996).

  • Música y alquimia (3 / 1975-1989).

  • Música como ciencia matemática (3 / 1976-1995).

  • Música y la génesis del modelo experimental (2 / 1975-1989).

  • Música en Inglaterra y la Royal Society (2 / 1982-1998).

  • Música y Revolución Científica (2 / 1984/1989).

  • Música y medicina. (2 / 1996-2001)

  • Música y magia natural (1 / 1999)

  • Tecnología e instrumentos musicales (1 / 1992)

Una revisión general cuantitativa de estos títulos nos permite aventurar las siguientes conclusiones:




    1. La mayoría de estos estudios han podido desglosar y organizar con precisión los aspectos propios de la obra de un filósofo natural y, por lo general, han logrado inventariarla en el marco de sus intereses e incorporarla con los otros logros célebres que le son reconocidos por las historiografías establecidas. Pero, en general, aparecen descontextualizadas al respecto de las variadas prácticas culturales que existían para el momento al igual que su relación histórica con las anteriores y las que surgirían luego. Así entonces las investigaciones musicales sobre Descartes, Beeckman, Bacon, etc. cobran valor en la medida que solo es posible ubicarlas como actividad legítima en el contexto general y único de la obra del filósofo natural.




    1. La “música de las esferas” y en especial el Harmonice Mundi de Kepler se mantiene como paradigma del encuentro entre música y ciencia. La relación astronomía-música que se remonta hasta el Timeo de Platón encuentra en el S.XVII su mejor caracterización con Kepler.




    1. La música como modelo de conocimiento se valida en la medida que ofrece paralelismos con filosofías o esquemas científicos. De esta manera los aportes propios de la música – composiciones, instrumentos musicales, técnicas compositivas, ejecutantes y virtuosos - que no encuentran espacio de comparación quedan de lado. La influencia que el arte o la experiencia estética hayan tenido en la actividad científica no son tomadas en cuenta.

En general la interacción entre el filósofo natural y las prácticas musicales y culturales del momento son escasas en los comienzos de estas investigaciones. Conforme ha avanzado el interés por la música como ciencia, y en especial a partir de la década del 90, han aparecido reflexiones que hacen mayor énfasis en los contextos y prácticas culturales del S.XVII, en especial la medicina, la magia natural y la alquimia. Siguiendo la línea de las investigaciones de Kassler y los trabajos recientes de Gouk sería menester conformar una mirada más amplia a la música y su relación con la ciencia que podría llevarnos a conseguir intersecciones con:




  • Los constructores de instrumentos y su relación con la tecnología aplicada para su elaboración. Esto nos colocaría en un plano de discusión que conectaría a la ciencia con la historia de la tecnología y los procesos económicos y sociales que la acompañan. Este proceso se ejemplifica con la incorporación de nuevos instrumentos conforme los fabricantes desarrollan, a niveles elevados, sus mecanismos técnicos y sonoros. Así el violín, instrumento barroco por excelencia y de construcción sencilla, cederá su puesto ante la complejidad técnológica y la arrolladora potencia sonora del piano. La construcción de nuevos instrumentos musicales, lejos de verse como una práctica artesanal será una actividad que progresivamente se formaliza y racionaliza científicamente.




  • Los compositores y la implantación de valores estéticos como consecuencia de la actividad científica. Esta línea de investigación nos permitiría reflexionar sobre el verdadero impacto de la obra de los científicos en el campo musical propiamente dicho. ¿Eran meras investigaciones que no sobrepasaban el ámbito personal o la inquietud personal del filósofo natural?¿Afecta realmente el newtonianismo la obra de Rameau o Bach? ¿Es el proceso de medición exacto de un pulso rítmico – metrónomo de Maalzel – dependiente del progresivo aumento de precisión de los relojes y demás instrumentos de medida? Estos son interrogantes que intentan establecer puentes entre ambas disciplinas.




  • Los conciertos y lugares de ejecución.

    • A partir de la aparición de los empresarios musicales que progresivamente desplazan a la corte y la iglesia aparece un “público para la música” simultáneo al “público de la ciencia”. Podemos preguntarnos entonces: ¿existen relaciones entre la popularización de la música con el fenómeno de popularización y divulgación de la ciencia?

    • Es sabido que conforme el público melómano aumentaba, los compositores creaban obras para grupos instrumentales cada vez mayores, apareciendo los problemas arquitectónicos y acústicos que se enfrentaban en la construcción de teatros cada vez mayores para la audición de dichas obras. La aparición de la orquesta sinfónica, la cual alcanza su primer esplendor con las sinfonías de Haydn, comienza a demandar espacios mayores con acústicas mejores y más cuidadas y, a su vez, los instrumentos demandan mayor potencia y registro. La obra musical junto a la ciencia y tecnología instrumental que la posibilita están imbricadas en la medida que crece la música en todas sus dimensiones: duración de la ejecución, sonoridad e intensidad expresiva y público que asiste a las ejecuciones.




  • La apreciación musical como acicate para la investigación científica. El filósofo natural como persona sensible estaba expuesto a la audición de obras musicales. Sabido es que Newton no tenía particular interés por los conciertos pero Kepler nos manifiesta su deleite por la obra de Orlando di Lasso. La conciencia que posee Kepler de la novedad técnica y estética de la polifonía del S.XVII es para él, índice de la complejidad del pensamiento de los artistas contemporáneos. Es decir, Kepler justifica la veracidad de sus teorías en función de la actualidad y contemporaneidad de su cultura, por lo menos la musical. Esto, que nos atrevemos a llamar “presentismo cultural”, es clave para comprender en una justa dimensión su obra astronómica expuesta en el Harmonice Mundi. En ese sentido la pregunta es ¿cuán relevante se nos muestra la experiencia estética para la vida y la obra de los filósofos naturales del S.XVII?

En general estos problemas, que no vemos en un panorama bibliográfico general, coinciden en conectar a la ciencia con la música en una dimensión cultural más amplia: aquella que considera a todas estas actividades como prácticas culturales que tienen un momento y un lugar muy preciso. Averiguar las condiciones que posibilitaron la aparición de unas y la extinción de otras es la tarea del historiador. Asimismo, muchas de estas interrogantes lanzan la preocupación sobre música y ciencia de lleno hacia el S.XVIII y el S.XIX, intentando así demostrar que las relaciones entre música y ciencia no acabaron en el S.XVII.



III. La excepción: el Harmonice Mundi de Johannes Kepler.

1. Breve introducción historiográfica.
Actualmente, aunque la música vista como una ciencia ya pertenece al grupo de categorías conceptuales de los historiadores de la ciencia, el encontrar partituras musicales en un libro sobre la ciencia del S.XVII o la Revolución Científica es algo bastante infrecuente. Sólo hay una excepción: el Harmonice Mundi de Johannes Kepler, pues casi toda referencia a esta obra paga el “peaje musical” de colocar el grupo de pentagramas que éste asignó a las órbitas planetarias a manera de cantinela. Nos referimos a la siguiente figura:

Bruce Stephenson, en el quizás más completo estudio del Harmonice Mundi72 se queja de que justamente esas partituras hayan hecho dejar de lado otros aportes de la obra, pero lo que queremos decir es que al enfrentarse a esta obra, por definición, no puede obviarse el trabajar directamente con la música, su lenguaje técnico y su devenir en la historia de la ciencia.73 El Harmonice Mundi es una pieza clave incluso en las historiografías anteriores a Palisca y Walker y, por lo general, los historiadores de la ciencia dejaban de lado estas consideraciones musicales para centrarse en los aspectos cosmológicos, y en especial, los referidos a la 3ra. Ley. Como quien navegara en una ciénaga impregnada de magia, esoterismo y misticismo, los historiadores de la ciencia de raigambre positivista extraían la 3ra. Ley sin mácula alguna y se la entregaban a un desagradecido Newton para que éste enunciara su Ley de Gravitación. De esta manera el Harmonice Mundi devino en un libro complejo, abstruso, difícil de leer,


…que contiene, casi oculta entre la lujuriante fronda de fantasía, la Tercera Ley…74
Afortunadamente esta visión ha cambiado. Y es de extrañar que esta reconsideración haya sido tardía pues ya Max Caspar en 1948, en la que es considerada la mejor de sus biografías, clamaba por una visión ponderada de la obra. Dice Caspar:
Quien desee conocer toda la magnificencia de esta flor singular deberá enfrentarse a la obra por sí solo. La mayoría de las biografías reproduce el contenido de este libro con gran insuficiencia debido al desconocimiento de sus autores o su incapacidad para valorarlo, y, de hecho, se alude a la tercera ley sin desmenuzar el contexto conceptual en que aparece dentro de la obra. Es decir extraen la perla de su engaste, cuando no hay duda de que solo dentro de él adquiere todo su valor. Pero el estilo de ese engaste no encaja con la objetividad de nuestro tiempo: está colmado de ornamentos evocadores cuya belleza simbólica bloquea a muchos.75

Sin embargo, cuando revisamos obras al respecto, los aspectos estrictamente musicales son, a menudo, dejados de lado. En 1961 escribe Koyre:


La teoría armónica, y la musicología, de Kepler son muy interesantes, pero su exposición nos llevaría demasiado lejos de los aspectos propios de nuestro estudio.76
Otros historiadores, como el caso de J. V. Field, al subsumir la obra en el marco de la geometría pueden desligarla de la música y sus aspectos propios y característicos. Dice Field:

The purpose of the Harmonice Mundi is to put forward a more comprehensive cosmological theory, derived from geometry and containing a slightly more sophisticated version of the theory described and defended in the Mysterium Cosmographicum.77


En la cita anterior, Field asume lo musical como un hecho derivado de lo geométrico (lo que no es menos cierto, y mucho más en el caso de Kepler) pero la teoría musical en sí es dejada de lado cuando una vez enfrentados al grueso del Libro III nos dice:
The remainder of Harmonices Mundi Book III, Chapters IV to XVI, is concerned with music theory proper…For our present purpose, however, the interest´s of Kepler´s theory lies in the nature of its mathematical basis, and its application to the problem of explaining the observed structure of the Solar system,…78
Como se observa, en estas citas lo musical interesa en cuanto su fundamentación matemática, pero la teoría musical en sí pareciera no ofrecer material de reflexión para estos historiadores de la ciencia. Sin embargo, podemos asegurar que los mecanismos, tanto musicales como astronómicos, por los cuales llega Kepler a emparentar los dominios del sonido con el de los cielos nos informan de manera vívida sobre el modo de filosofar de Kepler y merecen comentarios aparte, tal como haremos a lo largo de este trabajo.
Al respecto de los aspectos estrictamente musicales del Harmonice Mundi y al igual que con el panorama general de la música en la historia de la ciencia, corresponde de nuevo a los musicólogos los aportes pioneros. Tanto D. P. Walker como M. Dickreiter han logrado exponer con diferentes énfasis los detalles musicales que los historiadores de la ciencia habían obviado. Walker, en su ensayo “Kepler´s Celestial Music”79 aborda la gran mayoría de los aspectos musicológicos al definir cinco aspectos bien diferenciados de las tradiciones antiguas y medievales en la armonía de Kepler:


  • Es realmente silenciosa y no se oye, ni siquiera para los oídos pitagóricos.

  • Es polifónica y no solo compuesta de escalas individuales.

  • Es basada en la justa entonación de Zarlino que incluye también como consonancias las 3ras. y 6tas. mayores y menores, a diferencia de los antiguos sistemas pitagóricos que sólo incluían a la 8va, 5ta. y 4ta. como intervalos consonates.

  • Es basada en la geometría y en la especulación numérica.

  • Es heliocéntrica, se percibe desde el Sol y no desde la Tierra.

Estas cinco características permiten calibrar el impacto del Harmonice Mundi como “música de las esferas” a sabiendas de que, salvo el último, todos esos aspectos se refieren a temas concretos de la teoría musical y de la experiencia estética asociada a ella. A lo largo de su ensayo, Walker nos muestra las analogías que se establecen entre la música y los cielos e insiste en que no deben ser consideradas tan solo metáforas de la imaginación kepleriana. La entonación justa, la polifonía y músicos como Orlando di Lasso son aspectos brevemente mencionados por Walker como elementos fundamentales para comprender el alcance de la obra. A su vez las analogías sexuales que Kepler utiliza para justificar las modos “durus” y “mollis” son expuestas en detalle para finalmente concluir que:


Polyphonic music, with its thirds and sixths, excites and moves us deeply as does sexual intercourse because God has modelled both on the same geometric archetype.80
Consideramos que el análisis de Walker merece ser ampliado en la medida que intentemos interconectar con más fuerza las conclusiones musicológicas con las argumentaciones astronómicas. A lo largo de este trabajo procuraremos exponer el contexto histórico y musical desde donde Kepler realiza sus argumentaciones y presentaremos algunas evidencias para intentar responder a las siguientes preguntas:


  • ¿Por qué es para Kepler la polifonía contemporánea un elemento de tanto peso en sus argumentaciones?

  • ¿De dónde proviene la constante diferenciación de la “música moderna figurada” con aquella de los “antiguos”?

  • ¿A qué se debe el entusiasmo de Kepler por la música de Orlando di Lasso?

  • ¿Qué relación posee este entusiasmo con el gusto musical de la época y el de las cortes alemanas?

Dado que Kepler es muy claro y preciso en el análisis emotivo y sexual que observamos en su Libro III, tal y como Walker nos muestra en su ensayo, hacemos éstas últimas preguntas:




  • ¿Por qué no aparece explícitamente en sus observaciones astronómicas?

  • ¿Qué relación poseen las reflexiones musicales sobre los modos “durus” y “mollis” con los grandes configuraciones armónicas que observa Kepler?

  • ¿Qué consecuencias tienen estos análisis en su obra astronómica del Libro V?

Consideramos que las respuestas a estas preguntas, son necesarias para poder ampliar el análisis de Walker y ofrecer una lectura más vívida de lo que pueden considerarse ingeniosas metáforas o analogías meramente imaginativas. El contexto histórico, tanto musical como cultural serán claves para poder comprender el modo de filosofar de Kepler e intentaremos demostrarlo en los siguientes capítulos de nuestro trabajo.

Como hemos dicho, otro de los musicólogos que con ahínco ha investigado la obra musical de Kepler es Michael Dickreiter. Su libro Der Musiktheoritiker Johannes Kepler81, editado en 1973, es un compendio de casi todo lo que tenga que ver con la actividad musical kepleriana. Estructurado en dos partes, la primera da cuenta de las investigaciones armónicas de Kepler y su aplicación en el Harmonice Mundi, mientras que la segunda se refiere a la teoría musical que maneja. Salvo Cohen - que en su libro Quantifying Music nos comenta abiertamente que se hace eco de las investigaciones de Dickreiter - podemos decir que el libro de este musicólogo es muchas veces mencionado pero muy pocas veces citado. El libro de Dickreiter es una investigación que gira íntegra sobre la esfera musical y como tal es una mirada totalmente distinta al Kepler astrónomo o astrólogo. Es el Kepler músico. Tal vez sea este uno de los problemas que presente este libro para los historiadores de la ciencia, pues la investigación musicológica de Dickreiter no posee una vinculación precisa con el análisis propio de la historia de la ciencia. En la tercera parte del libro merece especial mención la investigación biográfica que hace Dickreiter y que nos muestra, exclusivamente, la vida musical de Kepler y de su época. Con detalle asistimos a la gran cantidad de eventos en la vida de Kepler que tenían relación con la música: desde su formación hasta su muerte. Luego de revisar esta “biografía musical” no puede quedar duda de la presencia de primer orden que posee la música en la vida y obra de Johannes Kepler.

En el capítulo central82 de esta primera Parte Dickreiter escribe:


It is quite natural for Kepler, and for most of the writers in the German Baroque [ej. Werckmeister] as far as the concept of music is concerned, to consider speculation about harmony a discipline of mathematics in the broadest sense. The mathematical-speculative, quadrivial conception of music is already denoted by the category of harmony when it points beyond the pure sound, as expressed in the title of Kepler´s principal work on this topic, Harmonices Mundi. Harmony refers both to perceptible music and, in general, to the consonance of several quantities. 83
Vale la pena matizar esta afirmación recordando que estos teóricos musicales alemanes del Barroco son la avanzada de una cultura reformista que ha tomado la música como la expresión artística de referencia. Para nadie es un secreto que la Reforma fue una época de vacas flacas para el arte plástico – pintura y escultura – de esos países, pero por contraste el mismo Lutero se encargó de convertir a la música en la punta de lanza de su proyecto religioso y, a través del canto sencillo de sus corales cuidadosamente cultivados, pudo expresarse hasta llegar a decir, en 1530:

A mi juicio, no dudo en afirmar, que si dejamos de lado la Teología, no hay arte alguno que pueda ponerse a la misma altura que la música.84


Y cuatro años más tarde agregaría que a su descendencia,
No solo les enseñaría lenguas e historia, sino también a cantar, música y todas las matemáticas.85
Así pues, la vocación musical de Lutero es considerada un legado cultural invalorable para los pueblos alemanes, y a principios del S.XVII esa herencia abarca desde el pueblo llano hasta los filósofos naturales como Kepler, un luterano a toda prueba. Y decimos esto para que quede claro que la actividad musical kepleriana – aunada a la matemática - no debe verse tan solo como un elemento más de su formación, sino que forma parte integral de una visión del mundo que incluso nos llega hasta nuestros días. Mientras en las iglesias protestantes, sus fieles toman la Biblia, ubican los salmos y cantan leyendo la partitura, la iglesia católica prefiere dejar eso o a los músicos o cantantes experimentados o en todo caso al oído natural de la feligresía, sea educado o no.
Al respecto de un análisis del Harmonice Mundi desde la perspectiva de la historia de la ciencia Bruce Stephenson, como hemos dicho más arriba, es el autor que con más detalle ha trabajado los aspectos astronómicos y musicales de la obra kepleriana. Su libro The Music of Heavens86 es una auténtica “guía de lectura” para ayudar – recordemos lo dicho por Caspar - al solitario lector. Stephenson se pone como meta el intentar que el lector entienda el Libro V tal como Kepler quería que se entendiera. En su Introducción nos presenta un breve esbozo historiográfico de los estudios referidos al Harmonice Mundi en donde destaca algunos de los autores mencionados anteriormente.87 Pero al respecto de los aspectos propiamente musicales Stephenson hace autocrítica y se refiere a los estudios de Walker y Dickreiter con estas palabras:
On specifically musical aspects of Kepler´s work I have found two studies to be particularly valuable. The Renaissance historian D.P. Walker has written a brief but thorough analysis of the musical content of Kepler´s celestial harmonies. M. Dickreiter has written a book-length monograph on Kepler as musical theorist, based primarily on book 3 of the Harmonice Mundi, which has (I hope) compensated somewhat for my relative ignorance of Renaissance musical theory. I do not doubt that infelicities remain in my own discussion and can plead only that my chief interest is in Kepler´s application of music to heavens.88
Como vemos Stephenson lamenta el no poder presentar en profundidad estos aspectos musicales y se refiere a Walker y Dickreiter como lo más valuable al respecto. Sin embargo, comprometido con su intención de demostrar que el Harmonice Mundi es algo más que una “nice illustration”, logra arrojar luz sobre aspectos que apuntan hacia un análisis centrado en el encuentro de astronomía y música y no exclusivamente en uno de ambos dominios. Un ejemplo de este análisis podemos verlo cuando nos recuerda que aquellos “overemphasized” pentagramas son solo para demostrar la variedad del cosmos y no la real armonía de los cielos.

Stephenson lo dice así:


This is Kepler´s whole point in chapter 6 of book 5 – not that the musical passages in [the] figure summarize the harmonies of the world but that the variety of those harmonies includes all eight of the traditional ecclesiastical modes. It is a small point but one that lends support to the analogous conclusions of neighbouring chapters.89
Como se sabe, el verdadero objetivo final de Kepler es demostrar la existencia de una serie de gigantescas armonías a seis voces relacionadas directamente con los movimientos planetarios y para ello Stephenson allana el camino y nos lleva a la conclusión: la armonía polifónica, desconocida para los antiguos, al fin pudo ser descubierta en las esferas celestes.
El tipo de conclusiones a las que llega Stephenson son, simultáneamente, de índole musical y astronómica y en los capítulos siguientes del presente trabajo intentaremos ahondar en ellas y ofrecer algunas otras interpretaciones de esta índole. Al revisar con cierto grado de detalle los aspectos musicales del Libro III podremos establecer las relaciones con aquellos aspectos astronómicos del Libro V que se encuentran íntimamente ligados entre sí. Solo así será posible ponderar lo que para Kepler eran expresiones de un mismo arquetipo geométrico – música y astronomía – mientras que para nosotros, actualmente, son disciplinas distantes e independientes.


Compartir con tus amigos:
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   13


La base de datos está protegida por derechos de autor ©composi.info 2017
enviar mensaje

    Página principal