Tesis doctoral



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UNIVERSIDAD NACIONAL DE EDUCACIÓN A DISTANCIA

DEPARTAMENTO DE HISTORIA CONTEMPORÁNEA

FACULTAD DE GEOGRAFÍA E HISTORIA

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TESIS DOCTORAL

LA DINAMIZACIÓN DE LA TRANSICIÓN POLÍTICA ESPAÑOLA A TRAVÉS DEL ASESINATO DE LOS ABOGAGOS DE ATOCHA

MANUEL GALLEGO LÓPEZ

LICENCIADO EN HISTORIA
Directora: DOCTORA DOÑA ROSA MARÍA MARTÍNEZ SEGARRA

MADRID, 2015

UNIVERSIDAD NACIONAL DE EDUCACIÓN A DISTANCIA

DEPARTAMENTO DE HISTORIA CONTEMPORÁNEA

FACULTAD DE GEOGRAFÍA E HISTORIA

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TESIS DOCTORAL

LA DINAMIZACIÓN DE LA TRANSICIÓN POLÍTICA ESPAÑOLA A TRAVÉS DEL ASESINATO DE LOS ABOGAGOS DE ATOCHA

MANUEL GALLEGO LÓPEZ

LICENCIADO EN HISTORIA
Directora: DOCTORA DOÑA ROSA MARÍA MARTÍNEZ SEGARRA

MADRID, 2015



A mi familia por hacer posible que haya llegado hasta aquí.

Para Ana por su apoyo incondicional durante todos estos años.

A Javi por aguantar mis divagaciones y cambios de opinión.

A Rosa Martínez Segarra por guiarme en esta maravillosa investigación.

A Luis Javier Benavides, Enrique Valdelvira, Francisco Javier Sauquillo, Serafín Holgado y Ángel Rodríguez, y sus compañeros heridos Alejandro Ruiz-Huerta, Luis Ramos, Dolores González y Miguel Sarabia, personas que perdieron su vida en la lucha por la libertad de todos cuando no la había para nadie.


ÍNDICE


PANORAMA SOCIAL EN LA TRANSICIÓN 22

Conclusiones definitivas 307



CONCLUSIONES 352

INTRODUCCIÓN


“El veinticuatro de enero de mil novecientos setenta y siete fue un lunes muy frío. Trabajé como todos los días de consulta en el despacho de Vallecas, que formaba mi alrededor durante muchas tardes. Era el encuentro total con el barrio final de Madrid, comienzo y embrión de la rebeldía, de la resistencia.

Poco después de las diez de la noche tuve que dejar el barrio. Otra reunión me esperaba en Atocha. Había muchas cosas de que hablar. Exprimir las pocas posibilidades de las leyes, hechas a medida del cruel silencio de aquellos tiempos. De Vallecas a Atocha, un camino repetido una y mil veces. Casi lo tenía aprendido de memoria. Pero aquella noche no iba a ser igual a tantas otras […]

[…] Nos sentamos. Estoy de espaldas a la puerta. Junto a Luís Javier. Llaman al timbre. Abro yo. Abre Luisja. Nos tropezamos. Abre Luís Javier. Noto muecas extrañas en las caras de Lola, Javier, Enrique. Algo raro sucede. La inminencia de algo imposible o absurdo, de alguna sorpresa, se nos echaba encima, como si todos los demonios nos hubieran cercado con sus terribles garras de acero. Me vuelvo de cara a la puerta. En segundos, pasamos de la relajación a la sorpresa total, a la tensión, al miedo. A la sangre, a la muerte. Nos hace ponernos de pie. Juntos en la esquina del vestíbulo. Un hombre seco, oscuro, de mirada fija, mentón pronunciado. Las manos en alto; bien arriba.

‘Esas manitas bien arriba’-. Tiemblan nuestros huesos. Bien armado. Una enorme pistola que baila en la mano derecha. Otro, encapuchado, recorre los despachos. No entendemos nada. Querrán registrar el despacho. Quieren saber algo de Navarro; líder sindical de transporte: - Sí, ese de pecas, andaluz. -Javier interviene- No sabemos de quien habláis- . -Esas manos bien arriba-. Suena un disparo en la otra habitación. No nos lo creemos. Temblamos por dentro y por fuera. Nos sentimos unidos, inmensamente unidos.

-Dónde está ese Navarro. Es mejor para vosotros que nos lo digáis-. Estamos agrupados en la esquina del salón; juntos; las manos en alto; un infinito bosque de brazos y manos detenidas, entregadas, dispuestas, y una tensión sólida, cortante, gélida, de espera. Desde ese momento hasta que salimos del despacho, toda una eternidad queda detrás de nuestra sangre.

Se juntan los dos delante nuestro y comienzan a disparar avasalladoramente, brutalmente. Una tremenda sucesión de disparos nos va tirando al suelo y destrozando por dentro y por fuera. Estamos viviendo nuestra ejecución; los cuerpos de todos por los aires, en el suelo, contra los bancos; buscando protección. Nos estaba llegando la muerte; gritos sordos, acallándose.

Tiro a tiro, terminan con todo movimiento. En el suelo, nos rematan. Somos un enorme charco de sangre, un montón de cuerpos encogidos; un silencio de cal viva”1.
Con estas escalofriantes palabras describía Alejandro Ruiz Huerta, superviviente de la matanza, el brutal atentado que sufrieron nueve abogados laboralistas en un despacho situado en la calle Atocha número 55, que se saldó con cinco muertos y cuatros heridos muy graves.

El atentado se realizó durante uno de los periodos más importantes de la historia de España, la Transición de la dictadura a la democracia. Una etapa de incertidumbre, en la que la sociedad española estaba dividida entre una mayoría que ansiaba la implantación de una democracia, pero con diferentes posturas de cómo debería realizarse la reforma, y una minoría que deseaba la continuidad del franquismo.

Los políticos no podían seguir el ritmo de la población que deseaba la recuperación de aquellos derechos y libertades perdidos durante la dictadura. Apoyada por los sindicatos, principalmente Comisiones Obreras, tomaron las calles para luchar por sus reivindicaciones que antes de la muerte de Franco eran inalcanzables.

El Gobierno, ante esta enorme oleada social, no podía dar marcha atrás. El camino hacia una Transición política pacífica pasaba por el establecimiento de una democracia amplia, que dejase de lado por completo el anterior régimen. Mientras que los continuistas, tras la muerte de Franco, lucharon por construir un Gobierno de corte franquista o con los menos cambios posibles. Eran personas de muy distinto origen que, en su gran mayoría, habían tenido una gran influencia política y económica durante el régimen anterior, e incluso algunos habían ayudado a construirlo y estaban viendo cómo desaparecía todo aquello por lo que habían luchado.

Sin embargo la extrema derecha llegó muy fracturada y dividida a la Transición, haciendo que todos los intentos de unidad fueran inútiles, especialmente por las diferencias ideológicas de sus partidos y el ego de sus líderes. Además, grandes ideólogos del franquismo se unieron a Alianza Popular, coalición dirigida por Manuel Fraga, que votó a favor de la Ley para la Reforma Política.

La Iglesia y el Ejército, dos de los pilares que habían ayudado a salvaguardar el régimen de Franco, estaban perdiendo su vieja influencia en el ámbito político y sobre el conjunto de la sociedad. En el caso de la institución eclesiástica debido a las nuevas doctrinas provenientes del Concilio Vaticano II, mientras que en el Ejército la política de ascensos iniciada por Arias Navarro y continuada por Suárez, favoreció las rupturas ideológicas que desde finales de los sesenta se estaban haciendo visibles en el seno de la institución.

A la inestabilidad política y social se unió la acción de grupos terroristas que intentaron alcanzar sus reivindicaciones por la fuerza de las armas. Al desafío terrorista el Estado respondió con un abuso desmedido de la fuerza, lo que ocasionó una espiral de violencia que acabó con la vida de casi setecientas personas durante la Transición.

Con un panorama social tan desconcertante, diciembre de 1976 y enero de 1977 se convirtieron en meses claves para el proyecto de reforma política en favor de la democracia y en contra de los intereses de los sectores más conservadores del franquismo. Sesenta días de reforma que vinieron acompañados de una escalada de violencia callejera sin precedentes, que provocaría una gran inestabilidad política y social y despertaría viejos horrores del pasado.

En diciembre de 1976 se produjo la detención y posterior liberación de Santiago Carrillo, lo que significó una dura ofensa para la ultraderecha continuista; fue secuestrado Antonio María de Oriol y Urquijo, un ejemplo de lo que un hombre franquista debía de ser2; cuatro días después del secuestro fue aprobada por referéndum la Ley para la Reforma Política, que acababa con las Leyes Fundamentales del franquismo y dejaba claro que ya no había marcha atrás en el camino hacia la democracia. En enero de 1977 el Gobierno suprimió el Tribunal de Orden Público, institución de carácter político que aplicaba Justicia durante la dictadura, además trabajadores asesorados por dirigentes de Comisiones Obreras iniciaron una huelga en la rama del transporte del Sindicato Vertical, que tras la eliminación del TOP se había convertido en la última institución de origen franquista que seguía existiendo en la Transición.

Con estos antecedentes se desarrolló en enero de 1977 la Semana Trágica de Madrid. El día 23 el estudiante Arturo Ruiz era asesinado por un joven ultraderechista durante una manifestación en favor de la amnistía para los presos políticos; al día siguiente era secuestrado el teniente general Emilio Villaescusa Quilis, presidente del Consejo Supremo de Justicia Militar, de reconocida ideología franquista; horas más tarde una joven estudiante, Mari Luz Nájera, era alcanzada en la cabeza por un bote de humo de la policía causándole la muerte; esa misma noche se cometió el brutal atentado contra los abogados laboralistas, por parte de un comando de ultraderecha, que se saldó con cinco muertos y cuatro heridos graves; tres días después los GRAPO asesinaron a tres miembros de las fuerzas del orden en dos atentados.

Un panorama tan delicado no evitó que cientos de miles de personas tomaran las calles durante el entierro de los letrados asesinados, sepelio que las instituciones consideraron peligroso, pero que la seguridad del Partido Comunista ayudó a que se saldase sin incidentes.

Tres meses después agentes de la policía detenían en Almería a los presuntos autores de la matanza de Atocha, pero no sería hasta tres años más tarde cuando un juez dictase una sentencia firme. Durante la instrucción del sumario fueron constantes los enfrentamientos entre la acusación particular y el juez instructor, en los que se comprometió a diversas instituciones públicas, como la Dirección General de Seguridad, la Audiencia Nacional, el Ejército o el Ministerio de Gobernación.

El juicio y la sentencia por la matanza de Atocha han pasado a la historia por dos hechos fundamentalmente: fue la primera vez que se sentó en el banquillo de los acusados a miembros de la extrema derecha más reaccionaria; y porque sería el primer atentado, que no habían cometido ni ETA ni los GRAPO, reconocido como acto terrorista en una sentencia firme.
ESTADO DE LA CUESTIÓN

El asesinato de los abogados de Atocha tuvo una gran repercusión mediática, social y política que ha llegado hasta nuestros días. Al día siguiente la noticia aparecía en la portada de todos los periódicos, más de un millón de trabajadores paraban en toda España y los líderes políticos de todas las ideologías prestaban su apoyo al Gobierno y le pedían que adoptase las medidas necesarias para acabar con los grupos terroristas que querían acabar con el proceso de reforma.

En la obra Presidentes. Veinticinco años de historia narrada por los cuatro jefes de Gobierno de la democracia, Victoria Prego, en el capítulo dedicado a Adolfo Suárez, define los sucesos de la Semana Trágica de la siguiente manera:
Estos son, sin duda, los momentos más dramáticos vividos por los españoles en su camino a la democracia, y son también los días en que la estabilidad del Gobierno se ve más intensamente amenazada. La mayoría de los líderes políticos que desempeñaron entonces un papel importante coinciden hoy en afirmar que nunca como en aquel momento España vivió una conmoción similar, ni siquiera en febrero de 1981 cuando se produjo un intento de golpe de Estado. Lo que se puso en juego en aquellas semanas de enero de 1977, y se puso hasta el límite de lo insoportable, fue todo el proceso de Transición y el futuro político del país3.
A pesar de su trascendencia, la documentación utilizada para el trabajo procede en su mayoría de las fuentes de hemeroteca, ya que apenas existen obras que analicen el suceso en su totalidad. En el imaginario colectivo, creado en gran parte por reconocidos historiadores, la Transición española aparece como un hecho excepcional y modélico en el que numerosos partidos políticos negociaron pacíficamente el paso de una dictadura a una forma de gobierno plenamente democrática. En este no había espacio para la matanza de Atocha ni para las casi setecientas víctimas de la violencia política durante la Transición. Sin embargo, están comenzando a aparecer diversas obras que cuestionan este imaginario, permitiéndonos elaborar una historia más completa del último cuarto de siglo en España.

En opinión de Alejandro Ruiz-Huerta Carbonell, superviviente del atentado, desde que finaliza el juicio de Atocha parece que comienza el camino hacia el olvido de la matanza. “No han existido apenas noticias posteriores sobre ello […]. Incluso en esos libros que pretenden hacer historia, parece que se arrinconen los hechos de aquella semana; pero es lógico, porque la consolidación de la democracia, exige el olvido o la confusión en lo colectivo de nuestra memoria de muerte”4.

La obra más completa sobre Atocha es La memoria incomoda: Los abogados de Atocha de Alejandro Ruiz-Huerta Carbonell, en la que desarrolla cronológicamente, desde 1968 hasta 1986, todos aquellos acontecimientos relacionados en mayor o menor medida con la matanza. En esta se describen los orígenes de los despachos laboralistas y su trabajo durante la dictadura; la formación del despacho de Atocha y la biografía de todos los que allí trabajaban; la noche del 24 de enero y el proceso iniciado posteriormente hasta el juicio; la normalización democrática tras el 23-F; y finaliza con un emotivo homenaje personal y colectivo a las víctimas, en el que participan Miguel Sarabia, Rafael Zorrilla Torras, José Bono o Manuel Carmena, entre otros.

Ruiz-Huerta asegura que no es ni una novela ni un libro de investigación, ya que en él se mezclan reflexiones personales y otras de investigación sobre los hechos cercanos a la historia de Atocha. “Las he mantenido casi todas, aunque he borrado muchas cosas poéticas que no cuadraban bien en este texto. Pero tampoco he pretendido resolver todas las incógnitas que han quedado detrás de Atocha”5.

En su opinión, los actos violentos de la Semana Trágica parecen formar parte de una estrategia planificada para acabar con el proceso democrático.
Los hechos concretos ocurridos en Atocha, la terrible matanza que se nos vino encima, fue un bestial acto de barbarie por su intensidad, pero acaso no era un hecho aislado. Puedo estar confundido, pero así lo pienso y lo he tratado de explicar, al menos hasta dónde puede llegar mi recuerdo y mi capacidad. Porque una cosa fue el resultado evidente: cinco asesinatos consumados y cuatro frustrados; y otra muy distinta, los objetivos que se pretendían, con aquella escala de violencia que recorrió Madrid, durante aquellos días. Contra Comisiones Obreras, contra Navarro, contra la policía, contra el proceso democrático, contra Atocha. Acaso fue Atocha el eslabón principal, pero fue, otro más en aquella lamentable escalada de terror6.
En el año 2004 Francisco Naranjo Llanos publicó un comic titulado Los abogados de Atocha, con el que conmemoraba el 37 aniversario de la matanza. Un breve libro en el que se describen los sucesos de la Semana Trágica como una provocación directa al Ejército, para que rompiese la neutralidad que había mantenido desde la muerte de Franco, con los que la extrema derecha buscaba poner freno al “proceso de apertura política que ellos consideraban un caos”7. Naranjo acusa a esta de haber secuestrado a Oriol y Villaescusa.

Aunque los historiadores han reconocido la importancia de la matanza de Atocha en el proceso democrático, la historiografía ha sido muy injusta a la hora de analizarla. En las obras de carácter general suele aparecer en unas pocas líneas, páginas o, en el mejor de los casos, en un capítulo, y generalmente no aparece sola sino como un suceso más de la Semana Trágica. Además, los autores la convierten en un argumento más para la defensa de sus propias tesis, sin análisis ni obras específicas en las que apoyar su investigación.

Los historiadores la han utilizado para defender sus estudios relacionados con asuntos como la legalización del Partido Comunista de España, el uso de la estrategia de la tensión, la participación o colaboración de algunas instituciones del Estado e incluso con la CIA y una internacional fascista europea.

En cuanto a la relación de la matanza de Atocha con el Partido Comunista, los autores defienden dos teorías. Algunos aseguran que decidieron ejecutarla por el convencimiento de su cercana legalización, sentimiento que se fue extendiendo debido al incremento de las manifestaciones y de las apariciones públicas de sus dirigentes, y a la detención y posterior liberación de Santiago Carrillo.

En esta línea de pensamiento encontramos “La constitución tácita” de Juan Ramón Capella, quien afirma que desde agosto de 1976 la situación de Santiago Carrillo y del Partido Comunista de España se estaba normalizando, sin embargo la resistencia del “partido militar”, como él mismo lo llama, era obvia. Así, tras la puesta en libertad del dirigente, el búnker inicia un proceso desestabilizador con la matanza de Atocha. La reacción contenida hizo “su legalización inevitable”8.

También Francisco Pérez Abellán en Crónica de la España Negra: los 50 crímenes más famosos, describe la matanza como el colofón a la Semana Trágica que había comenzado con el asesinato de Arturo Ruiz. El detonante de esta sería “la legalización del Partido Comunista de España, los grupos de ideología de extrema derecha que se oponían a lo que adivinaban inevitable, entraron en una época de hiperactividad”9. En el apartado describe lo sucedido en el despacho, de manera más concreta que la mayoría de las referencias encontradas, la detención de los asesinos y finaliza señalando que siempre ha dudado que la trama acabase en los procesados.

Otros autores han ensalzado la matanza como un factor determinante en la legalización del Partido Comunista de España. Por ejemplo Marcelino Camacho, destacado dirigente de Comisiones Obreras, valora la matanza como la consecuencia de una campaña de la extrema derecha para impedir el avance de la democracia, pero reconoce que “les salió al revés porque la movilización que se hizo fue de tal envergadura que abrió las puertas a la libertad”10.

En Elogio de Historia en tiempo de memoria, Santos Juliá dedica varias páginas a la Semana Trágica y presta especial atención al asesinato de los abogados de Atocha y a la reacción de los militantes del PCE, que define como “factor determinante” en la legalización del partido. Afirma que los terroristas consiguieron todo lo contrario, ya que al acusar a los servicios secretos soviéticos de la acción se levantó “una oleada de solidaridad con el Partido Comunista que dio, por su parte, pruebas de disciplina y contención al encauzar pacífica y ordenadamente a la multitud congregada en la plaza de las Salesas y en las calles adyacentes para asistir el entierro de los abogados asesinados”11.

En La legalización del Partido Comunista de España: élites, opinión pública y símbolos en la transición española, Helena Varela-Guinot asegura que el asesinato y el entierro de los abogados laboralistas “supusieron para el PCE un paso adelante a la posibilidad de su legalización. Su comportamiento –en referencia al PCE- fue interpretado como una prueba de que iba a actuar pacíficamente en el futuro”12. Varela-Guinot describe y explica los distintos acontecimientos que hicieron posible la legalización del partido y la importancia de esta en el proceso democratización.

Javier Tusell, en La Transición a la democracia 1975-1982, comienza el apartado nueve titulado “La legalización del PCE” de la siguiente manera:


Aquella fue una ocasión –en referencia a la liberación de Oriol y Villaescusa- vista con alivio por toda la opinión pública sobre todo teniendo en cuenta que el 24 de enero se había producido un atentado de extrema derecha en un despacho de abogados laboralistas del PCE que se saldó con siete muertos. El suceso tuvo una repercusión política muy significativa, porque provocó evidentes muestras de solidaridad y, sobre todo, demostró que el PCE era capaz de controlar a sus masas y actuar de manera responsables […]. El entierro de los militantes comunista tuvo un papel decisivo, de esta manera, para la legalización de su partido13.
Tusell no incluye el atentado de Atocha en el apartado titulado “Entre el terrorismo y el golpe militar”, en el que centra su atención por completo en los atentados realizados por ETA y los GRAPO, hecho que si relacionarán la obras que vamos a tratar a continuación.

La mayor parte de los autores que han mencionado el episodio en sus trabajos, en ocasiones en tan solo una línea y en la mayoría de los casos como un suceso más dentro de la Semana Trágica, lo han hecho para demostrar el uso planificado de la violencia ultraderechista con la intención de que los sectores involucionistas del Ejercito dieran un golpe de Estado. El uso planificado de la violencia por parte de estos grupos se ha denominado como la estrategia de la tensión.

Ya en 1986, Alejandro Muñoz Alonso en “Golpismo y terrorismo en la Transición democrática española” hacía una serie de consideraciones sobre el papel de las Fuerzas Armadas en el proceso de Transición, estableciendo especial insistencia en estos dos fenómenos -golpismo y terrorismo- por considerarlos los “obstáculos más importantes en el proceso de normalización democrática”. A su parecer el terrorismo de ultraderecha desempeña un papel esencial en el desarrollo de la estrategia de la tensión y asegura que la matanza de Atocha “puede considerarse como la manifestación más significativa”14.

En “La política del consenso y la crisis de UCD. El final de la transición”, José R. Díaz Gijón afirma que la reforma estaba en peligro por el terrorismo de extrema derecha, el de izquierda y el radical vasco, señalando, erróneamente en nuestra opinión, que “la escalada de terror no dejó de aumentar, y estuvo orientada a provocar la intervención del Ejército para frenar el proceso de cambio”. A continuación señala que especialmente dramático fue el asesinato de los letrados, aunque, no obstante, sirvió “para poner de manifiesto la actuación responsable de los comunistas, y contribuyó a que más tarde fuera posible su legalización”15.

En la obra Memoria de la Transición coordinada por Santos Juliá, Javier Pradera y Joaquín Prieto dedican el capítulo siete por completo a la Matanza de Atocha y los sucesos que la rodearon. Este se divide en seis artículos redactados por diferentes autores entre los que me gustaría destacar dos16.

El primero de ellos es “La dialéctica de las pistolas” en el que Victoria Prego recorre los meses de diciembre de 1976 y febrero de 1977, destacando los diferentes sucesos políticos y violentos ocurridos en ese periodo. El articulo describe brevemente el secuestro de Antonio María de Oriol y Urquijo, el referéndum sobre la Ley para la Reforma Política, el Congreso del PSOE y la rueda de prensa de Carrillo, la supresión del Tribunal de Orden Público, el inicio de las negociaciones con la oposición democrática, los sucesos de la Semana Trágica y la liberación de Oriol y Villaescusa el 12 de febrero, que pone fin a “los dos meses más sangrientos y arriesgados de la Transición”17. Tras describir brevemente lo sucedido en el despacho, Victoria Prego afirma: “Por supuesto nadie cree que se trate de la casualidad. Es evidente para cualquiera que esta suma de violencias, secuestros y asesinatos forma parte de un plan destinado a volcar el país y arrastrarle al caos. Se trata, desde la extrema derecha y desde la extrema izquierda, de impedir el proceso de reforma hacia la democracia”18. Es difícil de entender que los dos extremos políticos se unan para desarrollar una estrategia para derrocar el proyecto democrático, además de que no fueron los dos meses más sangrientos de toda la Transición.

Asimismo en “La estrategia de la tensión”, Santos Juliá asegura que si 1980 es el que acumula el mayor número de atentados, enero de 1977 “pasará a la historia como el de la semana más sangrienta”. En su opinión los grupos de extrema derecha que se quedaban fuera del sistema aprovecharon la dimisión del general De Santiago como vicepresidente del Gobierno y el voto en contra de la Ley para la Reforma Política del estamento militar para “golpear con fuerza con objeto de extender un clima de pánico generalizado en el que pudiera legitimarse un parón a todo el proceso”19. Para defender este argumento Santos Juliá solo utiliza los asesinatos de Arturo Ruiz y de los abogados laboralistas, y no todos los sucesos de la Semana Trágica.

Uno de los estudios que nos han parecido más interesante sobre el uso de la estrategia de la tensión en España es el de Álvaro Soto Carmona titulado “Violencia política y transiciones a la democracia: Chile y España”, capítulo incluido en la oba Violencia y transiciones políticas a finales del siglo XX. En él realiza una comparativa del desarrollo de la estrategia de la tensión en los dos países. En el caso español afirma que se encontraron inmersos en esta “los representantes de los partidos y organizaciones de la extrema derecha, que no dudaron en atentar cuando lo consideraban conveniente, los sectores del Ejército vinculados a estas formaciones y diversos órganos de prensa (El Alcázar, Fuerza Nueva, El Imparcial, Reconquista o el Heraldo Español)”20 y algunas acciones fueron los Sucesos de Montejurra, la tensión creada en torno a la legalización de la Ikurriña, la matanza de Atocha, las declaraciones de Manuel Fraga tras la legalización del PCE, etc. Al final de la exposición afirma que tras el 23-F el “Estado democrático tuvo capacidad para juzgar y condenar a los principales implicados en el golpe de Estado; a la vez, los cambios producidos en los servicios de inteligencia permitieron al Gobierno tener información suficiente como para separar el ‘grano de la paja’”21.

Sin embargo el análisis sobre el uso de la estrategia de la tensión que nos parece más completo es el realizado por José Luis Rodríguez en sus obras Reaccionarios y golpistas. La extrema derecha en España: del tardofranquismo a la consolidación de la democracia (1967-1982) y La extrema derecha española en el siglo XX, en las que afirma que los sucesos de la Semana Trágica forman parte de esta.

Asegura que el fracaso electoral llevó a los sectores más reaccionarios de la extrema derecha a convencerse de que la única posibilidad de llegar al poder era que los círculos militares involucionistas dieran un golpe de Estado. Para ello intensificaron una estrategia que ya venían practicando desde hacía varios años y que tenía como “objetivo la desestabilización de la vida política del país, creando situaciones de desorden e inestabilidad, tratando de aumentar las repercusiones de los incidentes y presentándolos como expresión de un supuesto vacío de poder”22. Formaban parte de esta estrategia Montejurra, los sucesos de la Semana Trágica y la crisis política tras la legalización del PCE, hechos, en nuestra opinión, de difícil relación. Además, en La extrema derecha española en el siglo XX afirma que Fuerza Nueva y Falange Española de las JONS, partidos que habían tenido un papel destacado en la creación de un clima propicio al alzamiento, “no parecen haber sido invitados a tomar parte en los preparativos que se habían iniciado para dar un golpe de Estado”23

En último lugar, el desarrollo de una instrucción sumarial irregular que duró más de tres años, en la que los enfrentamientos entre la acusación particular y el juez instructor fueron constantes y en la que tuvieron que declarar miembros de los cuerpos de seguridad del Estado, ha provocado que diferentes autores relacionen la matanza con las instituciones del Estado o ultraderechistas que habían trabajado para este, una Internacional fascista o la CIA.

Xavier Casals Meseguer en “¿Existió una ‘estrategia de la tensión’ en España?” defiende la tesis de que no existió y se pregunta si la finalidad no fue “contrarrestar el impacto de la actuación terrorista de los GRAPO desde determinados ámbitos con otra protagonizada por ultraderechistas”24. El asesinato de Atocha neutralizó la tensión que había provocado el secuestro del teniente general Villaescusa entre los militares y precipitó la legalización del Partido Comunista de España, en contradicción con las teóricas metas de una estrategia de la tensión.

Casals encuadra la matanza en una dinámica de violencia determinada por las confusas relaciones entre cuerpos de seguridad del Estado y ultraderechistas. Para defenderla asegura que en el juicio “afloraron relaciones de los procesados con Fuerza Nueva, (la madre de Lerdo de Tejada era secretaria de Blas Piñar) y Falange Española de las JONS; con los policías Antonio González Pacheco (conocido como ‘Billy el niño’) y José Luis González Gay; así como militares. Se comprobó, asimismo, que las balas empleadas procedían del Ejército y estaban manipuladas para hacer más daño”25. Además, afirma que diferentes medios de ultraderecha habían insistido en que la matanza fue instigada desde círculos ‘paraoficiales’.

En este sentido se posiciona el exmilitante de Fuerza Nueva, Frente Nacional de la Juventud y Frente de la Juventud Ernesto Milá, quien culpa del atentado a diversos agentes de policía, entre los que destaca a Antonio González Pacheco, que recorrieron diferentes locales en los que se reunían jóvenes ultraderechistas para increparles porque no hacían nada mientras los comunistas se paseaban libremente por las calles de Madrid. Las visitas e insultos surtieron efecto cuando “un grupo de exaltados terminó llamando a la puerta del despacho de Atocha para dar ‘una lección a los comunistas’”26. También afirma que la matanza frenó el “ruido de sables” que se había comenzado a escuchar tras el secuestro de Villaescusa.

Gregorio Morán en Miseria y grandeza del Partido Comunista de España asegura que “lo que nadie puede dudar hoy es que los servicios de información del Estado, por acción u omisión, dieron luz verde a la operación. Los mismos que una vez confirmada la sutileza de su análisis […], no se les ocurrió otra cosa que echarle la culpa a Moscú, como habían hecho siempre”27. Además afirma que la reacción de Carrillo marcaría su momento álgido de prestigio, que a partir de ese momento empezaría a perder en favor de Felipe González.

En Los Hijos del 20 N y La Transición sangrienta. Una historia violenta de proceso democrático en España (1975-1983), Mariano Sánchez Soler, autor que ha cuestionado en numerosas ocasiones el proceso democratizador, incluye las informaciones publicadas por el periódico Il Messeggero el 24 de marzo de 1984, en las que un neofascista italiano arrepentido afirmaba que un compañero suyo había disparado contra los abogados de Atocha y aseguraba la existencia de una banda de neofascistas italianos que había realizado numerosos atentados sangrientos en varios países europeos. Para desarrollar esta versión de los hechos Sánchez Soler se apoya en una entrevista a Stefano Delle Chiaie, italiano que presuntamente participó en la matanza, quien para defenderse manifestó: “Los hechos de Atocha fueron instigados por la policía. Estoy convencido de que detrás de este asunto está el inspector de policía Antonio González Pacheco, ‘Billy el niño’. Algunos de nuestros camaradas jóvenes cayeron en la trampa. El caso de Atocha no es el primer ni el último intento de provocar e instrumentalizar por parte del poder para garantizar cierto equilibrio en su interior”28.

Otro artículo que respalda esta teoría es el aparecido en el diario El País titulado “Un informe oficial italiano implica en el crimen de Atocha al ‘ultra’ Cicuttini relacionado con Gladio29”. En este se afirmaba que un informe del Comité Ejecutivo para los Servicios de Información y Seguridad implica al fascista italiano Carlo Cicuttini, refugiado en España desde 1972 y relacionado con la Red Gladio de la OTAN, en la matanza de Atocha. En el informe Orazio Sparano, secretario general del CESIS, señalaba: “Para calificar, finalmente, de forma específica la propensión terrorista de Cicuttini incluso en aquel territorio [España], debería parecer emblemática su aseverada participación en la conocida matanza de cinco abogados sucedida en 1977 en el barrio de Atocha de Madrid”. A continuación, el artículo aseguraba que el Gobierno italiano había pedido en distintas ocasiones la extradición pero que fue denegada en todas ellas. Según medios italianos, esta negativa se debía a que Cicuttini habría trabajado para la policía española “realizando operaciones en Francia como Grupo Antiterrorismo ETA”30.

En este sentido, uno de los últimos escritos sobre la matanza de Atocha es Operación Gladio, de Benjamín Prado. Una novela en la que se mezcla realidad y ficción con la intención de demostrar que los abogados fueron ejecutados por la Red Gladio. En una entrevista para La Vanguardia Prado aseguraba que "poca gente sabe que dentro del asesinato de los abogados laboralistas de Atocha había un terrorista de la Red Gladio y que llevaba una metralleta con la que fueron ametrallados los abogados, y al día siguiente, alguien tapó en la pared los agujeros de ráfaga y esa metralleta nunca llegó al sumario"31. Además afirma que el fusil utilizado era del Ejército, por lo tanto alguno de sus miembros se lo había tenido que entregar al terrorista.

Ante la falta de estudios analíticos sobre la matanza de Atocha, sus antecedentes y consecuencias, las fuentes de hemeroteca han sido las principales para desarrollar la investigación. Estas han ido variando en función de la línea editorial de los periódicos, hecho que se aprecia de manera clara en los sucesos de la Semana Trágica. Mientras que el secuestro de Emilio Villaescusa o los asesinatos de los miembros de la fuerza de orden público fueron tratados en profundidad por La Vanguardia y ABC, en la huelga del transporte o el asesinato de Arturo Ruiz destacaron Diario 16 y El País.

Tras la matanza de Atocha desarrollaremos un apartado concreto sobre la respuesta de la prensa al atentado. Salvo excepciones, los diferentes periódicos apoyaron al Gobierno y le pidieron que adoptase las medidas necesarias para salvaguardar la paz y acelerar el proceso de reforma para la construcción de una democracia plural y libre. El ejemplo más claro fue el comunicado conjunto que realizaron los directores de los diarios madrileños Arriba, Diario 16, El Alcázar, El País, Informaciones, Pueblo y YA, y que todos ellos publicaron en portada el 29 de enero. Pero estos diarios también protagonizaron numerosos enfrentamientos entre ellos y extendieron distintas teorías sobre la autoría de la matanza. Mundo Obrero aseguraba que el asesinato formaba parte de “la gran conspiración fascista contra el pueblo y la democracia”32; El Alcázar afirmaba que “los últimos acontecimientos han puesto en evidencia la táctica de los movimientos comunistas para encubrir su violencia, esta, inherente a su propia raíz doctrinal para la implantación de la dictadura del proletariado”33; El País y Diario 16 se dedicaron a quitar a los GRAPO las credenciales de luchadores por la libertad y de antifranquistas acusándoles de ser un grupo de ultraderecha o de estar dirigido por algunos sectores del Estado.

Las fuentes de hemeroteca junto a las de archivo, principalmente del Archivo General del Tribunal Supremo, han sido la base para desarrollar la instrucción sumarial y el juicio. Durante la búsqueda de información sobre estos apartados, solo he encontrado dos obras que los traten: La matanza de Atocha y El juicio de Atocha.

La Matanza de Atocha, de autor anónimo, en el que se incluyen desde una perspectiva periodística y documental, los datos del sumario de Atocha: las declaraciones de los testigos, los careos y demás pruebas judiciales y la sentencia de la Audiencia Nacional, prácticamente igual a la dictada por el Tribunal Supremo, tras el recurso que presentaron los abogados defensores. El objetivo del autor fue hacer “un libro-documento. No un resumen del sumario, aunque todo cuanto aquí aparece forma parte del mismo. No hemos querido tampoco hacer un relato de los hechos porque siempre sería subjetivo. Lo que pasó está ahí, en las declaraciones de los testigos y de los autores” con la intención de que cualquier lector pueda hacerse su propio juicio. Además afirma que “al finalizar estas páginas se tiene la sensación de que, en efecto, se ha hecho Justicia. Desde luego se han aplicado las leyes, aunque la Ley no siempre coincide con la Justicia. La Justicia es el concepto más impreciso, en cuya definición se incluyen juicios de valor y concepciones del mundo”34.

Francisco Gor, periodista dedicado a información de tribunales desde 1969 y que durante el juicio trabajaba para el diario El País, escribió una crónica detallada del proceso que tituló El Juicio de Atocha. El libro comienza con un breve resumen de la instrucción sumarial, prestando especial interés a los aspectos que provocaron un mayor enfrentamiento entre los abogados de la acusación particular y el juez instructor, para después desarrollar una extensa crónica de las distintas sesiones de juicio, en las que incluye las declaraciones de los diferentes testigos y los incidentes que se produjeron en cada una de ellas.

Gor destaca la importancia de este juicio por ser la primera vez que se sentaba en el banquillo de los acusados a miembros de la extrema derecha, lo que convirtió a la sala de la Audiencia Nacional en “una especie de laboratorio” en el que se pudo estudiar su psicología, sus intereses, su forma de actuar, sus amistades y complicidades, etc.35

También me gustaría señalar los videos y documentales que hay sobre el asesinato de los abogados de Atocha.

En la serie de documentales titulados La Transición, realizados por Victoria Prego, el capítulo número doce se dedica a los sucesos ocurridos entre diciembre de 1976 y febrero de 1977. En él se recogen los sucesos de la Semana Trágica y las impresiones de diferentes personalidades del momento, entre los que podemos destacar a Felipe González, Santiago Carrillo, Alfonso Osorio o Luis Pardo Ramos, superviviente de la matanza. En opinión de este, la acción responde a un intento claro de la extrema derecha tradicionalista para que la clase obrera reaccionase violentamente y así los sectores involucionistas del Ejército tuvieran una excusa para intervenir. Por su parte, Alfonso Osorio asegura que, tras el entierro de los abogados laboralistas Suárez pensó seriamente en la legalización del Partido Comunista de España.

Dos años después de la matanza Juan Antonio Bardem estrenaba la película Siete días de enero. En esta se hace una descripción muy gráfica, incluyendo imágenes reales, de los incidentes de la Semana Trágica; recrea los dos puntos de vista de lo que sucedió en el bufete, asesinos y víctimas; y denuncia alguna de las irregularidades cometidas por Rafael Gómez-Chaparro en su forma de instruir el sumario. Es interesante observar cómo transmite el sentimiento de los diferentes grupos sociales. Una extrema derecha decadente e incrédula ante el sentimiento de que todo aquello por lo que habían luchado durante los últimos cuarenta años se estaba desmoronando y un movimiento ciudadano que, consternado por el dolor, decidía volver a salir a la calle para repudiar la violencia.

Por último me gustaría señalar el programa de televisión Las 50 imágenes de nuestra vida, vídeo de poco más de un minuto, en el que una voz en off, sobre un fondo de imágenes reales, describe lo ocurrido en el despacho y el entierro. La visión de este reportaje, puede que hayan pasado más de diez años desde entonces, me impactó muchísimo y es la razón por la que me interesé por el asesinato de los abogados laboralistas de Atocha.

La falta de un trabajo analítico sobre la matanza es lo que me ha llevado a desarrollar esta investigación. Su principal objetivo es relatar con el mayor realismo posible el suceso, en un intento de acabar con todos aquellos mitos que han ido apareciendo con el paso de los años. Pero también con la intención de responder a las siguientes cuestiones:




  1. ¿Cuáles pudieron ser las razones que convirtieron una huelga del transporte privado de Madrid en detonante de una matanza de abogados, sin relación alguna con el conflicto, que se saldaría con cinco muertos y cuatro heridos muy graves?

  2. ¿Pertenece el asesinato de los abogados de Atocha a una violencia planificada por la extrema derecha tradicionalista con la intención de que los sectores continuistas del Ejército dieran un golpe de Estado?

  3. ¿En qué medida estuvieron relacionadas las instituciones del Estado con la matanza de Atocha?

  4. ¿Permitieron las irregularidades cometidas por el juez instructor que no se juzgase a todas las personas relacionadas con la matanza?

  5. ¿Qué influencia tuvo el asesinato y el entierro de los abogados laboralistas en la Transición política española? ¿Y en la legalización del Partido Comunista?


CAPÍTULO 1



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