Tema 5 el sistema político de la restauración y los elementos opositores al mismo (1875–1902) Introducción



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TEMA 5

EL SISTEMA POLÍTICO DE LA RESTAURACIÓN Y LOS ELEMENTOS OPOSITORES AL MISMO (1875–1902)

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Introducción:

Restauración es el período histórico que va desde 1875 hasta 1931 (aunque algunos historiadores consideran que terminó en 1923, con la dictadura de Primo de Rivera) y que se caracteriza por el regreso de los Borbones al trono español tras la ruptura (dinástica y política) que supuso el Sexenio Democrático (1868-1874). Esta etapa se divide en tres fases:



  • Reinado de Alfonso XII (1875-1885)

  • Regencia de María Cristina (1885-1902)

  • Reinado de Alfonso XIII (1902-1931)

Esquema:

  1. ORÍGENES DE LA RESTAURACIÓN

  2. PRINCIPIOS POLÍTICOS. CONSTITUCIÓN DE 1876

  3. LOS PARTIDOS DINÁSTICOS Y EL TURNISMO

  4. LA OPOSICIÓN AL SISTEMA

5. LA CRISIS DEL 98 Y EL REGENERACIONISMO

1. ORÍGENES DE LA RESTAURACIÓN

El período isabelino significó la hegemonía del partido moderado, que defendía el nuevo régimen liberal surgido tras la crisis del Antiguo Régimen, pero en sentido restrictivo, siguiendo lo que se conoce como liberalismo doctrinario, que bloqueaba el acceso al poder de los partidos de oposición, para quienes no quedaba otro recurso que el pronunciamiento o las sublevaciones.

En 1868, la “Gloriosa” inicia una agitada etapa en la que se suceden varios regímenes políticos: regencia, monarquía democrática de Amadeo de Saboya, república federal y república conservadora.

La agitación suscitada y los conflictos (Tercera Guerra carlista, guerra de Cuba, conflicto cantonal) impulsaron a las clases conservadoras a apostar por la Restauración de la monarquía. Unos apostaba por la continuidad del periodo isabelino y otros por la persona del príncipe Alfonso, hijo de Isabel II, con un sistema más abierto.

El que será Alfonso XII recibía una educación académica y militar en varios países europeos. El 1 de diciembre de 1874, ya con 17 años, desde la academia militar británica de Sandhurst donde completaba sus estudios hizo público el Manifiesto de Sandhurst (TEXTO). Este manifiesto, aunque firmado por Alfonso, fue elaborado por Cánovas del Castillo, y apoyado por el ejército, la alta burguesía y la aristocracia, que veían en la restauración borbónica la garantía de una mayor estabilidad política ante la situación existente. Cánovas propone como alternativa y garantía de gobierno estable una monarquía constitucional fuerte y un sistema político bipartidista (conservadores/ fusionistas o liberales).

El manifiesto se publicó en la prensa española el 27 de diciembre de 1874. Dos días después, el 29 de diciembre el general Martínez Campos encabezó un pronunciamiento militar en Sagunto proclamando rey de España a Alfonso XII (TEXTO) – a pesar de la oposición de Cánovas, que quería un retorno más “legal”-. El gobierno de Serrano no puso ninguna oposición y entregó inmediatamente el poder al partido alfonsino. Cánovas del Castillo asumió la dirección de un ministerio-regencia mientras llegaba el nuevo rey.



2. LOS PRINCIPIOS POLÍTICOS DE LA RESTAURACIÓN. LA CONSTITUCIÓN DE 1876

Los principios políticos en los que se basó la Restauración se inspiran en el ideario canovista, muy inspirado en el istema político inglés, y suponen la consolidación definitiva del liberalismo en España. Son los siguientes:



  • Conservadurismo: liberalismo doctrinario (defensa del orden, propiedad privada, etc.) aunque acepta el reformismo.

  • Defensa del catolicismo. La Iglesia se reconcilia definitivamente con el Estado liberal: a cambio de aceptar las desamortizaciones, la Iglesia recupera su influencia gracias a su presencia en la Educación y en el espacio público.

  • Fidelidad a la monarquía (y, en concreto, a la dinastía borbónica).

  • Rechazo de la democracia (que conduce al anarquismo y la revolución social) aunque aceptará más adelante el sufragio universal masculino.

  • Excluir al Ejército de la política con el fin de acabar con la influencia de los espadones y garantizar la estabilidad política.

Estas ideas quedaron plasmadas en una práctica política y en una constitución. La Constitución de 1876 (TEXTO) ha sido, hasta el momento, la más longeva de nuestra historia. Pretendía contentar al mayor número de partidos posible (desde republicanos hasta carlistas) por lo que fue concebida como un compromiso entre la moderada de 1845 y la democrática de 1869, aunque con predominio de las ideas conservadoras. Sus características más señaladas son:

1) Una amplia declaración de derechos, al estilo de la de la Constitución de 1869: inviolabilidad del domicilio y la correspondencia, la libertad de conciencia, expresión, reunión y asociación, entre los más significativos. Pero, como en 1845, su concreción se remitía a leyes ordinarias posteriores, que tendieron a restringirlos.

2) Se establece la confesionalidad del Estado, pero por primera vez esa confesionalidad se hace compatible con la libertad de culto (aunque limitada, ya que se exige para la práctica de otros cultos que se ajusten a la moral católica (!) y se prohíben sus manifestaciones públicas). Se mantiene la dotación de culto y clero.

3) Siguiendo el modelo del 45, se establece implícitamente el principio de soberanía compartida entre el rey y las Cortes. El rey tiene amplias competencias en relación al poder legislativo y ejerce a través de sus ministros el ejecutivo.

4) El poder ejecutivo es ejercido por el Rey a través de sus ministros, que son los auténticos responsables de su propia gestión. El rey elige libremente, sin estar obligado por la composición de las Cortes, al jefe del Gobierno, que a su vez sólo responde de su gestión ante el monarca y no ante las Cámaras. Como podemos deducir de lo ya dicho, no hay verdadera separación de poderes.

5) Las Cortes se estructuran en dos Cámaras, el Congreso de los Diputados y el Senado. El primero era, como ya venía siendo tradicional, la cámara de representación popular, con diputados elegidos por distritos uninominales (se elegía un diputado por distrito electoral) y por mayoría, mediante sufragio directo. El Senado estaba conformado por tres tipos de senadores:

- Por derecho propio: grandes contribuyentes.

- Por designación real.

- Por designación de una serie de instituciones, como la Iglesia, las Universidades, etcétera.

6) Se intensificó el centralismo, al quedar bajo el control del Gobierno tanto los ayuntamientos como las diputaciones. Por otro lado, los fueros vascos fueron suprimidos.

Como complemento de la Constitución, en 1878 se promulgó —por el gobierno conservador de Cánovas— la Ley electoral que regulaba la elección de los diputados, estableciendo un sistema de sufragio censitario que sólo permitía el voto al 5% de la población. Ello supone, y hay que destacarlo, una vuelta a un sistema electoral propio de épocas que ya se creían superadas en España. Es cierto que más tarde, en 1890, durante una de las presidencias del liberal —burgués progresista— Sagasta, una nueva ley electoral terminó por implantar el sufragio universal masculino para los mayores de 25 años.

3. LOS PARTIDOS DINÁSTICOS Y EL TURNISMO

Cánovas propuso un sistema en el que existían dos grandes partidos (el conservador y el liberal) que se turnaban en el poder, de manera que existía un turno pacífico que aseguraba la estabilidad institucional. A pesar de esta alternancia, los partidos se centraban en alcanzar el poder, más que en elaborar programas políticos. Este sistema evitaba por fin el intervencionismo militar a base de pronunciamientos (a cambio se otorgó al ejército una mayor autonomía, además de un gran presupuesto).

El partido Alfonsino (liderado por Cánovas del Castillo) evolucionó a Partido Liberal-Conservador tras el regreso de Alfonso XII. Agrupaba a los sectores políticos con una ideología más conservadora, sobre todo a la aristocracia terrateniente y a la alta burguesía, por lo que terminó llamándose Partido Conservador.

Por otro lado, se formó un partido progresista mediante la unión de los antiguos progresistas y algunos republicanos moderados. Este partido se denominó Partido Liberal Fusionista (más tarde solo Liberal) y su primer líder fue Práxedes Mateo Sagasta. Encontró sus principales apoyos entre las clases medias.

La manera de actuar de ambos partidos era bastante similar, no podían aprobar leyes muy radicales puesto que, si se daba el caso, cuando el otro partido llegara al poder derogaría todas estas leyes. Sus ideas eran bastante similares (Monarquía, Constitución de 1876, centralismo, propiedad privada...) pero diferían en el sufragio (los conservadores defendían el sufragio censitario y los liberales el universal masculino) o en el papel de la Iglesia (los conservadores defendían la Iglesia y el orden social y los liberales buscaban un estado laico y más progresista). Tanto conservadores como liberales eran partidos muy minoritarios, de notables, que se apoyaban en la clase media acomodada y la alta nobleza.

En 1885, tras la muerte de Alfonso XII, Cánovas y Sagasta firmaron el Pacto del Pardo, para garantizar la continuidad y estabilidad de la Monarquía y del sistema de la Restauración durante la Regencia de María Cristina (el gobierno pasa a manos liberales, pero a cambio de respetar el turno pacífico).

Para garantizar el triunfo del turno pacífico, fue necesario manipular el proceso electoral. Cuando un partido en el poder se desgastaba y perdía la confianza del rey y de las Cortes, el jefe de gobierno era destituido por el monarca que nombraba jefe de gobierno al líder de la oposición, quien se encargaba de convocar nuevas elecciones a Cortes. En realidad, la alternancia en el gobierno era decidida de mutuo acuerdo por los líderes de los partidos dinásticos con el beneplácito del rey. Posteriormente se convocaban elecciones con el resultado amañado de antemano para garantizar que las Cortes resultantes tuvieran la composición que conviniera al nuevo gobierno. De esta manera se legitimaba al nuevo gobierno y se facilitaba su tarea. Aquí jugaron un papel importante los caciques, que eran personas influyentes (generalmente en el medio rural), de enorme poder económico, alrededor de los cuales existían importantes clientelas (generalmente en el medio rural) que se encargaban de dirigir los votos hacia el partido que les interesara (muchas veces a cambio de beneficios para las zonas receptoras de votos). Se falsificaban los censos (se incluía a personas muertas o se impedía votar a algunas vivas) o se manipulaban los resultados. El conjunto de trampas electorales es conocido como pucherazo. El caciquismo se desarrolló en toda España, pero destacan las zonas de Andalucía, Galicia y Castilla. También hay que destacar el encasillado, por el que ya se decidía antes de las elecciones quién iba a ganar cada escaño.

4. LA OPOSICIÓN AL SISTEMA

La oposición política al régimen de la Restauración se llevó a cabo por fuerzas políticas ya existentes: desde la derecha, el carlismo; desde la izquierda, el republicanismo. Pero también surgieron nuevos movimientos sociopolíticos, como el movimiento obrero y los partidos nacionalistas. Aunque estas fuerzas de oposición no fueron decisivas todavía en la dinámica política del momento, son importantes porque respondían al gran problema de finales de siglo: el acceso de las masas a la política. Y porque serán ya fuerzas protagonistas en el siglo XX.



1) Republicanos que, aunque divididos en diferentes grupos, representaban la oposición más fuerte.

a) Republicanos posibilistas: el creador fue Emilio Castelar. Evolucionaron hacia posiciones moderadas y comenzaron a aceptar la monarquía.

b) Republicanos progresistas-demócratas: su principal representante fue Ruiz Zorrilla. Se trataba de un republicanismo más radical que rechazaba sin matices la monarquía.

c) Republicanos centralistas: su representante fue Nicolás Salmerón. Este partido surgió de la ruptura con el radicalismo de los republicanos progresistas.

d) Republicanismo federal: su líder era Francisco Pi i Margall. Fue el grupo más organizado y, partidario de un reformismo social que armonizara los intereses de capital y trabajo, a veces se unió al movimiento obrero en la defensa de la mejora de las condiciones de trabajo. La representación republicana en las Cortes durante todo el periodo fue escasa y en el Senado sólo lograron sentarse algunos posibilistas de Castelar.

2) Carlistas: tras la derrota militar carlista en 1876, esta ideología se reorganizó como partido político y comenzó a tomar parte en las elecciones. Juan Vázquez de Mella elaboró el Acta de Loredan donde se aceptaba el régimen liberal-capitalista, pero se defendía la unidad católica, el autoritarismo, el fuerismo y la oposición a un sistema democrático. Los carlistas intentaron varias insurreciones en 1899 y 1900 pero todas fracasaron. Fundaron una milicia conocida como Requeté, que cobró importancia a partir de 1930. Sufren la competencia de los católicos integristas y de los nacionalistas vascos.

3) Otras fuerzas políticas burguesas: aunque el régimen declaraba la religión católica como la oficial del Estado, la cuestión católica, surgida de la oposición frontal al liberalismo propugnada por el Concilio Vaticano I (1870), dio lugar a la aparición de nuevos partidos políticos. En 1881 se creó la Unión Católica, partido conservador y católico, pero sin relación con los carlistas. Otros partidos burgueses, situados a la izquierda del Partido Liberal, fueron el Partido Democrático-Monárquico de Segismundo Moret, que reivindicaba los principios de la Constitución de 1869, e Izquierda Dinástica. Pero estos partidos apenas consiguieron apoyo electoral.

4) Movimiento obrero: el gobierno de Sagasta en 1881 permitió, con la aprobación de la Ley de Asociaciones, la vuelta a la acción legal del movimiento obrero, dividido en dos tendencias diferentes: el socialismo y el anarquismo. No obstante, la separación del mundo obrero de la política oficial contribuyó a empujar al obrerismo al odio contra el Estado, sin importar el signo del gobierno, y a la desconfianza hacia todo tipo de acción política reformista, sobre todo en el caso del anarquismo.

a) Socialistas: Pablo Iglesias funda el PSOE (Partido Socialista Obrero Español) en 1879 (TEXTO_)__b)_Nacionalismo_vasco'>TEXTO) y la UGT (sindicato socialista) en 1888. Se enfrentaba a la clase burguesa y buscaba apoyos en el sector obrero más especializado. Los socialistas eran marxistas que defendían la participación política de la clase trabajadora y el triunfo del proletariado frente a la burguesía en la toma del poder político y la transformación de la propiedad privada en social. Para los socialistas tres eran los objetivos del partido: la toma del poder político por la clase trabajadora, la abolición de todas las clases sociales (el llamado programa máximo) y la lucha por los derechos de asociación y de reunión, la libertad de prensa, el sufragio universal y la jornada de ocho horas. La UGT se organizó en sindicatos de oficio en cada localidad y practicó una política muy prudente, recurriendo a la huelga como última posibilidad. No tuvo una gran difusión (se concentró, sobre todo, en Madrid, País Vasco, Asturias, Málaga,…) debido a los escasos obreros industriales que había en España y a la competencia del anarcosindicalismo, de fuerte implantación en zonas como Cataluña, Aragón y Andalucía. En 1910 se acordó una coalición electoral republicano-socialista, con la que consiguieron su primer diputado (el propio Pablo Iglesias).

b) Anarquistas: su implantación coincidía con la del movimiento cantonal del Sexenio Democrático (el tercio mediterráneo de la Península, en especial Barcelona, Zaragoza, Valencia y las provincias de la Baja Andalucía). Anselmo Lorenzo es considerado como “padre del anarquismo español”. Este grupo consiguió un mayor número de seguidores durante la Restauración, ya que atrajo a gran número de campesinos. El sindicato más importante se fundó en 1910 y fue la CNT (Confederación Nacional del Trabajo), aunque también hay que citar una rama que preconizaba la violencia (la propaganda por el hecho, como el asesinato de Cánovas o la bomba del Liceu).

5) Nacionalismos y regionalismos: son movimientos políticos contrarios al uniformismo y centralismo típicos del liberalismo español; inicialmente se desarrollaron en Cataluña, País Vasco y Galicia, pero acabaron extendiéndose hasta Valencia, Andalucía y Aragón (regionalismos).

a) Nacionalismo catalán: este movimiento surgió tras el crecimiento económico provocado por la industrialización de Barcelona; se había creado un grupo de empresarios burgueses que defendían una política proteccionista. A esto tenemos que sumar la Renaixença, movimiento que defendía la recuperación del catalán y de la cultura tradicional de esta zona, y que se remontaba a los años 30. Pero el catalanismo político surge en la década de 1880: frente a un catalanismo de carácter tradicionalista, que tuvo a Torras i Bages como su principal representante, surgió también otro de carácter progresista y federalista representado por Valentí Almirall, que fundó en 1882 el Centre Català. De la colaboración entre estas dos tendencias –gracias al esfuerzo conciliador de Enric Prat de la Riba- surgieron las Bases de Manresa (1892) donde se proponía la existencia de Cataluña como una entidad autónoma dentro de España. Es decir, en estos momentos el nacionalismo catalán plantea la opción autonomista, pero no independentista. En 1901 se crea la Lliga Regionalista de Prat de la Riba y Francesc Cambó, formación catalanista de signo monárquico y conservador y talante conciliador. (TEXTO)

b) Nacionalismo vasco: surgió a raíz de la defensa de la lengua vasca, la pérdida de los fueros (aunque sobrevivió una autonomía fiscal, el llamado cupo, todavía hoy en vigor) y el deseo de defender sus tradiciones frente al centralismo liberal y el impacto de la Revolución industrial. El representante más importante fue Sabino de Arana, quien fundó el PNV (Partido Nacionalista Vasco) en 1895. Características del nacionalismo sabiniano fueron su profundo catolicismo y conservadurismo en lo relativo a las costumbres, la defensa de la patria vasca y las instituciones tradicionales frente a la industrialización y la llegada de inmigrantes (maketos), el racismo (superioridad de la raza vasca y sus tradiciones frente a la degeneración castellana) -con su obsesión por la onomástica y los apellidos- y la defensa del euskera. Pronto surgieron dentro del PNV dos tendencias: los defensores de la independencia y los que buscaban la autonomía dentro del Estado (siguiendo el ejemplo catalán). Estos últimos, cuyas bases eran más urbanas e industriales, acabaron imponiéndose desde 1902. (TEXTO)

c) Nacionalismo gallego: se le denominó galleguismo y su carácter fue básicamente cultural. Cobró importancia debido a una corriente literaria denominada Rexurdimiento, cuya mayor representante es Rosalía de Castro. La Restauracion fue la peor época para este nacionalismo, ya que Galicia estaba muy atrasada económicamente y esto provocó la emigración de un gran número de gallegos.

5. LA CRISIS DEL 98 Y EL REGENERACIONISMO

La crisis de 1898 supuso la definitiva liquidación el imperio colonial español en América y en Asia con la pérdida de Cuba, Puerto Rico, Filipinas y algunos archipiélagos en el Pacífico. De todas esas pérdidas la más traumática, sin duda, fue la de Cuba por los intereses económicos españoles en la isla y la abundante población que había emigrado a la misma a lo largo del siglo XIX.

A comienzos del siglo XIX Cuba se había convertido en la mayor productora de azúcar de caña del mundo. Los intereses económicos de la aristocracia criolla –que controlaba las haciendas azucareras- les hicieron preferir mantenerse bajo la dependencia española en lugar de optar por la independencia, como habían hecho las otras colonias españolas en América.

Pero a mediados del siglo XIX crecieron las ideas independentistas de la aristocracia azucarera cubana al verse amenazados sus intereses económicos por las medidas abolicionistas de la esclavitud que, por presiones internacionales, estaba adoptando España y por una crisis económica provocada por la bajada de los precios internacionales del azúcar debido a la competencia de la remolacha azucarera europea.

En 1868 el rico hacendado Manuel de Céspedes inició con el Grito de Yara la primera guerra por la independencia, conocida como Guerra de los Diez Años (1869 – 1878). Una vez concluida la Tercera Guerra Carlista (1872 – 1876), el gobierno español pudo concentrarse en la cuestión cubana enviando al general Martínez Campos quien, bajo la promesa de una amplia amnistía y de autonomía, concluyó la guerra con la Paz de Zanjón (1878).

Durante los años posteriores, y ante el incumplimiento de las promesas de autonomía, el movimiento independentista renació con más fuerza liderado por José Martí, poeta, abogado y periodista exiliado en los EE.UU., fundador del Partido Revolucionario Cubano en 1892. Con el llamado Grito de Baire se iniciaba en 1895 la segunda guerra de independencia.

En el caso de Filipinas el movimiento por la independencia fue encabezado por José Rizal, pero detenido y ejecutado este, fue Emilio Aguinaldo quien asumió el liderazgo.

El problema se complicó por la intromisión de los Estados Unidos que apoyaban a los rebeldes con armas y dinero. A los estadounidenses les interesaba el mercado y la posición de la isla, incluso intentaron comprársela a España. En Filipinas pasó algo similar. El gobierno estadounidense encontró el pretexto que buscaba para emprender la guerra contra España con el hundimiento del Maine, un barco de Estados Unidos anclado en la Bahía de La Habana y al que una explosión voló por los aires. Hoy está demostrado, más de cien años después, que el hundimiento se debió a un accidente interno, sin embargo fue el pretexto que utilizaron los Estados Unidos para declarar la guerra a España. En España el orgullo patriótico subestimó a los enemigos; la prensa sensacionalista y patriotera pintó a los estadounidenses como un pueblo casi salvaje, sin civilizar, lo que influyó en las clases populares, como refleja la novela de Baroja El árbol de la ciencia. Pero la verdad era bien distinta, y la superioridad militar norteamericana era más que evidente. La flota española del almirante Cervera fue destruida en Santiago de Cuba casi sin disparar, y en Cavite (Filipinas) sería hundida la flota al mando de Méndez Núñez. Por el Tratado de París (diciembre de 1898) España renunció a Cuba y cedió Filipinas, Puerto Rico y algunos archipiélagos en el Pacífico a los Estados Unidos.

El desastre produjo una honda conmoción en el país, una profunda crisis de identidad, y sacó a la luz los defectos del sistema. Las dos reacciones ante el desastre serán contrapuestas. Por un lado se incidirá en la desgracia y un hondo pesimismo se extiende por España, una España en crisis y hundida moralmente. Por otro lado se iniciará una corriente regeneracionista encabezada por Joaquín Costa que denunció las lacras del sistema y clamó por la renovación de la vida política. Costa en su obra Oligarquía y caciquismo criticó toda la estructura política del país; su alternativa queda resumida en la expresión acuñada por el propio Costa de despensa y escuela como únicos medios para lograr la renovación. Además, la pérdida de las colonias exacerbó el nacionalismo catalán y el movimiento obrero.

Desde el punto de vista económico las consecuencias, a corto plazo, no fueron tan nefastas al provocar la repatriación de muchos capitales de la isla, pero, sobre todo, la pérdida del mercado colonial se intentó compensar con una vuelta al proteccionismo. Muy importantes, a largo plazo, fueron las consecuencias para el Ejército y la política exterior. Por un lado, la derrota provocó el resentimiento de los militares contra los políticos, a quienes culpaban de haberles conducido a una guerra inútil y sin medios. Este resentimiento influirá en la vuelta a la política de los militares. Además se despertó un profundo antimilitarismo popular, dado que, debido a la posibilidad de eludir el reclutamiento mediante una redención en metálico, sólo fueron a la guerra los más desfavorecidos; las campañas antimilitaristas de la izquierda provocaron, a su vez, la animadversión hacia ésta de los militares.

En política exterior, la frustración por la pérdida motivaría que inmediatamente se volvieran los ojos a otra zona de expansión, Marruecos, dando inicio a otro largo conflicto que influirá poderosamente en el devenir de la política española de las siguientes décadas.

En literatura dio lugar a la Generación del 98, un conjunto de escritores que se hará eco del desastre, estará formada por Unamuno, Ramiro de Maetzu, Azorín,... La preocupación por España es la constante en todos estos autores.



TEXTO:

1874. Comunicado del Poder Ejecutivo de la República ante el pronunciamiento

En el momento mismo en que el Jefe del Estado movía el ejército del Norte para librar una batalla decisiva contra las huestes carlistas, utilizando los inmensos sacrificios que el Gobierno ha exigido al país, y que este ha otorgado con tan noble patriotismo, algunas fuerzas del ejército del Centro, capitaneadas por los Generales Martínez Campos y Jovellar, han levantado al frente del enemigo la bandera sediciosa de D. Alfonso de Borbón.

Este hecho incalificable que pretende iniciar una nueva guerra civil, como si no fueran bastantes las calamidades de todo género que pesan sobre la patria, no ha encontrado eco por fortuna ni en los ejércitos del Norte y Cataluña, ni en ninguno de los diversos distritos militares. El Gobierno, que ha apelado en las supremas circunstancias en que la Nación se encuentra en la Península y en América á todos los partidos que blasonan de liberales para ahogar en su comun esfuerzo las aspiraciones del absolutismo, tiene un derecho incuestionable y hasta un deber sagrado de calificar duramente y de castigar con todo rigor dentro de su esfera una rebelion que en su último resultado no podria favorecer si se propagase más que al carlismo y á la demagogia, deshonrándonos además á los ojos del mundo civilizado.
El Ministerio, fiel á sus propositos y leal á los solemnes compromisos que ante el país y Europa tiene contraidos, está hoy más resuelto que nunca á cumplir con su deber, y lo cumplirá.

Gaceta de Madrid. 30 de Diciembre de 1874.

TEXTO:

1876. Constitución

Texto completo en http://clio.rediris.es/fuentes/cons1876.htm

Art. 11º. La religión Católica, Apostólica, Romana, es la del Estado. La Nación se obliga a mantener el culto y sus ministros. Nadie será molestado en territorio español por sus opiniones religiosas, ni por el ejercicio de su respectivo culto, salvo el respeto debido a la moral cristiana. No se permitirán, sin embargo, otras ceremonias ni manifestaciones públicas que las de la religión del Estado.(...)

Art. 13º. Todo español tiene derecho: De emitir libremente sus ideas y opiniones, ya de palabra, ya por escrito, valiéndose de la imprenta o de otro procedimiento semejante, sin sujeción a la censura previa. De reunirse pacíficamente. De asociarse para los fines de la vida humana. De dirigir peticiones individual o colectivamente al Rey, a las Cortes y a las autoridades. El derecho de petición no podrá ejercerse por ninguna clase de fuerza armada.

Art. 18º. La potestad de hacer las leyes reside en las Cortes con el Rey.

Art. 19º. Las Cortes se componen de dos Cuerpos Colegisladores, iguales en facultades: el Senado y el Congreso de los Diputados.

Art. 28º. Los Diputados se elegirán y podrán ser elegidos indefinidamente por el método que determine la ley. (...)

Art. 50º. La potestad de hacer ejecutar las leyes reside en el Rey, y su autoridad se extiende a todo cuanto conduce a la conservación del orden público en el interior y a la seguridad del Estado en la exterior, conforme a la Constitución y a las leyes.

Art. 51º. El Rey sanciona y promulga las leyes. (...)

Art. 75º. Unos mismos Códigos regirán en toda la Monarquía, sin perjuicio de las variaciones que por particulares circunstancias determinen las leyes. En ellos no se establecerá más que un solo fuero para todos los españoles en los juicios civiles y criminales (...) "

Art. 76. A los Tribunales y Juzgados pertenece exclusivamente la potestad de aplicar las leyes en los juicios civiles y criminales, sin que puedan ejercer otras funciones que las de juzgar y hacer que se ejecute lo juzgado.

Madrid, 30 de junio de 1876.



TEXTO:

1879. Programa fundacional del PSOE

Considerando que esta sociedad es injusta, porque divide a sus miembros en dos clases desiguales y antagónicas: una, la burguesía, que, poseyendo los instrumentos de trabajo, es la clase dominante; otra, el proletariado, que, no poseyendo más que su fuerza vital, es la clase dominada.

[…] Que éste [antagonismo] ha alcanzado en nuestro días su mayor grado de desarrollo, como bien claro lo revela el cada vez más reducido número de los inmensamente ricos y el siempre creciente de los inmensamente pobres;

Que la explotación que ejercen aquéllos sobre éstos es debida únicamente a la posesión de los primeros de la tierra, máquinas y demás instrumentos de trabajo;

Que dicha posesión está garantizada por el poder político del cual se vale para dominar al proletariado, hoy en manos de la clase explotadora; es decir, de la clase media [...]. Que la sujeción económica del proletariado es la causa primera de la esclavitud en todas sus formas: la miseria social, el envilecimiento intelectual y la dependencia política.

Por otra parte:

Considerando que la necesidad, la razón y la justicia exigen que la desigualdad y el antagonismo entre una y otra clase desaparezcan, reformando o destruyendo el estado social que las produce; [ ... ]

Por todas estas razones, el Partido Socialista Obrero Español declara que su aspiración es:

Primero.- La posesión del Poder político por la clase trabajadora.

Segundo.- La transformación de la propiedad individual o corporativa de los instrumentos de trabajo en propiedad común de la sociedad entera. Entendemos por instrumentos de trabajo: la tierra, las minas, los transportes, las fábricas, máquinas, capital, moneda, etc.

Tercero- La organización de la sociedad sobre la base de la federación económica, el usufructo de los instrumentos del trabajo por las colectividades obreras, garantizando a todos sus miembros el producto total de su trabajo, y la enseñanza integral a los individuos de ambos sexos en todos los grados de la ciencia, de la industria y de las artes.

Y como medios inmediatos para acercarnos a la realización de este ideal los siguientes: Libertades políticas. Derecho de coalición [asociación] o legalidad de las huelgas. Reducción de las horas. Prohibición del trabajo de los niños menores de nueve años [...]. Leyes protectoras de la vida y la salud de los trabajadores [...]. Creación de comisiones de vigilancia, elegidas por los obreros, que visitarán las habitaciones en que éstos vivan, las minas, las fábricas y los talleres [...]. Creación de escuelas gratuitas para la primera y segunda enseñanza y de escuelas profesionales [...]. Servicio de las armas obligatorio y universal y milicia popular [...]. Adquisición por el Estado de todos los medios de transporte y de circulación así como de las minas, bosques, etc., etc.

En suma: el ideal del Partido Socialista es la completa emancipación de la clase trabajadora. Es decir, la abolición de todas las clases sociales y su conversión en una sola de trabajadores libres e iguales, honrados e inteligentes. [ ... ]

Programa fundacional del PSOE, 1879



TEXTO:

Nacionalismo catalán

Sobre el idioma y la raza Los catalanes quisieran que no sólo ellos, sino también todos los demás españoles establecidos en su región hablasen catalán; para nosotros sería la ruina el que los maketos residentes en nuestro territorio hablasen euskera. ¿Por qué? Porque la puereza de la raza es, como la lengua, uno de los fundamentos del lema vizcaíno, y mientras la lengua, siempre que haya una buena gramática y un buen diccionario, puede restaurase aunque nadie lo hable, la raza, en cambio, no puede resucitarse una vez perdida.

ARANA, Sabino: Errores catalanistas, 189

TEXTO:

Nacionalismo vasco

Libre e independiente de poder extraño vivía Bizcaia, gobernándose y legislándose a sí misma, como nación aparte, como Estado constituido, y vosotros, cansados de ser libres, habéis acatado la dominación extraña, os habéis sometido al extranjero poder, tenéis a vuestra Patria como región de país extranjero y habéis renegado de vuestra nacionalidad para aceptar la extranjera. Vuestros usos y costumbres eran dignos de la nobleza, virtud y virilidad de vuestro pueblo, y vosotros, degenerados y corrompidos por la influencia española, o lo habéis adulterado por completo, o lo habéis afeminado y embrutecido. Vuestra raza, singular por sus bellas cualidades, pero más singular aun por no tener ningún punto de contacto o fraternidad ni con la raza española ni con la francesa, que son sus vecinas, ni con raza alguna del mundo, era la que constituía a vuestra Patria Vizcaya; y vosotros, sin pizca de dignidad y sin respeto a vuestros padres, habéis mezclado vuestra sangre con la española o maketa, os habéis hermanado y confundido con la más vil y despreciable de Europa. Poseías una lengua más antigua que cualquiera de las conocidas, […] y vosotros las despreciáis sin vergüenza y aceptáis en su lugar el idioma de gentes groseras y degradadas, el idioma del mismo opresor de vuestra Patria.

ARANA, Sabino, Bizcaitarra, 30 de octubre de 1894.

En el siguiente enlace podéis acceder a un amplio artículo escrito por el profesor José Díaz Zubieta para La aventura de la Historia acerca del pucherazo y el fraude electoral en la España de la Restauración. Contiene numerosas ilustraciones, entre ellas caricaturas y humoradas de la época.

http://www.educa.madrid.org/web/cc.screparadoras.majadahonda/2%20organizacion/2%20departamentos/sociales/historiasegundobach/Dossieres%20Historia/historia%20contemporanea/El%20Pucherazo.%20Aventura%20de%20la%20Historia%2065.pdfIntroducción:

Actividades del sistema político de la Restauración en http://www.iescasasviejas.net/1.web/histo2/acte3.1.htm



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Cánovas del Castillo enseñando a leer al líder del partido liberal Amadeo Sagasta.



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En el cuadro Martínez Campo restaura a Alfonso XII. Martínez Campo con la oposición de Cánovas del Castillo dio un golpe de estado en Sagunto que terminó definitivamente con la I República. Cánovas hubiera preferido la ocupación pacífica del trono y así lo había preparado con el Manifiesto de Shandurst, un escrito que el político madrileño preparó al rey, donde se presentaba como un rey democrático, pero heredero de todas las tradiciones y costumbres españolas. Es decir, estaba formulando el principio de la Constitución interna.



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La última es muy rica, aparecen los muertos, los métodos violentos, las fuerzas de orden público, las fuerzas fácticas, etc... todos encabezados por Sagasta y por el origen de este tipo de prácticas; el sufragio universal. En el fondo es una crítica a como el carácter democrático que puede representar el sufragio universal es burlado y ninguneado.

Enlaces

http://el-liberalismo.com/historias-de-un-pueblo/capitulo-xxxiii-resulta-perentorio-reformar-nuestro-sistema-politico



APÉNDICE: FUNCIONAMIENTO DEL FRAUDE ELECTORAL. CACIQUISMO Y PUCHERAZO

He aquí la mecánica electoral de la época de la Restauración explicada paso a paso:

1.—Una vez convocadas las elecciones, el ministro de la Gobernación (el equivalente al actual ministro del Interior) realizaba lo que en lenguaje de la época se llamaba “encasillado”, es decir, decidía con nombres y apellidos los diputados que habían de ser elegidos por cada distrito electoral y el de aquellos que habían de “competir” por el escaño; es decir, decidía (salvo sorpresas muy puntuales) cuál sería la composición de las Cortes entrantes, cuidando que uno de los partidos tuviera una cómoda mayoría y el otro una minoría digna. Pero, para salvar las apariencias, lo que de cara a la población se hacía era acudir a unas elecciones aparentemente limpias. Pura hipocresía política, como puedes comprobar.

2. — El gobernador civil de la provincia (miembro del partido que acaba de acceder al gobierno), insistimos que con el beneplácito de ambos partidos dinásticos y en colaboración con los caciques de dicha provincia, manipulaba las elecciones recurriendo para ello a la compra de votos, a la coacción (se podía amenazar con negarles a darles empleo a los que no votasen lo decidido por los caciques o con la violencia física, si era necesario) o, en último extremo, si las cosas no iban como se esperaba, acudiendo al llamado pucherazo, es decir, al fraude electoral sin más, metiendo en la urna las papeletas que fuera necesario, o cambiando los auténticos datos salidos de las urnas mediante el falseamiento del acta de escrutinio, todo ello con la connivencia del notario, del juez o del jefe del puesto de la Guardia Civil. Todo un espectáculo bochornoso, por todos conocido y casi por todos aceptado.

3. — Para entender este singular sistema político hay que aclarar el concepto de cacique. Los caciques eran personas de enorme poder económico en cada provincia, comarca o pueblo, alrededor de los cuales existían importantes clientelas, grupos de personas que recibían de los caciques prebendas, cartas de recomendación para este o aquel empleo, influencias, favores y servicios de todo tipo a cambio de su sumisión. Estómagos agradecidos, podíamos decir. El hecho de que la sociedad española de la época fuera mayoritariamente rural, subdesarrollada y analfabeta hacía el resto. La incultura propiciaba que muchos los votantes vieran en los caciques locales (señoritos, se les llamaría en Andalucía) como a seres dotados de una autoridad y una aureola casi sobrehumana, por lo que la obediencia a sus instrucciones se daba por descontada.

4. — Pero caeríamos en un error si pensamos necesariamente en el cacique como un opresor. El cacique bueno era una figura presente en los pueblos y en las capitales. Aun cuando no eran infrecuentes los abusos, eran también muchos los casos en los que había que agradecerle al cacique local la canalización de aguas, la instalación de un hospital, la pavimentación y la iluminación de las calles, la construcción de una carretera o un puente... De alguna forma, el cacique se convertía así en el representante de las aspiraciones de su zona frente a las elites políticas de Madrid. Votos a cambio de favores, sería la idea. Si bien se piensa, es un sistema muy próximo al feudalismo que teóricamente había sido fulminado con la implantación del liberalismo. Donde antes existía un señor ahora había un poderoso burgués, el cacique; donde vasallo, ahora había vecinos o clientes.



5. — Una cuestión adicional era la lucha entre aquellos que aspiraban a ser designados como los candidatos que debían ser elegidos por uno y otro partido, es decir, los nombres elegidos en el “encasillado”, lo que propiciaba frecuentes enfrentamientos en el seno de los propios partidos. De ese modo, la política española se convertía en una actividad de intrigas y zancadillas. Apareció así la figura del diputado cunero, es decir, aquel que no residía ni tenía nada que ver con el distrito que representaba (por ejemplo, se elegía para “representar” a Almería a un político madrileño que en su vida había estado en Almería). El interés que desplegaban por su distrito estos diputados era, como se puede suponer, nulo. En consecuencia, el caciquismo garantizaba el turno pacífico en la misma medida que significaba un alejamiento entre la España oficial y la España real, cuya opinión política era simplemente despreciada. Se trataba de un sistema inmoral y que propiciaba la corrupción, pese a lo cual es innegable que dio estabilidad a la vida política española.



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