Tarde de domingo en la isla de la Grande Jatte



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Enrique Valdearcos Guerrero Historia del Arte


Tarde de domingo en la isla de la Grande Jatte

Georges Seurat, Instituto de Arte de Chicago. Óleo sobre tela, 1884

La isla de la Grande Jatte se encuentra en el río Sena, en París , entre La Défense y el suburbio de Neuilly. Aunque por muchos años fue un sitio industrial, en los últimos años pasó a albergar jardines públicos y un conjunto residencial. En 1884 era un paisaje bucólico alejado del centro de la ciudad.

Seurat pasó dos años pintando el cuadro, concentrándose escrupulosamente en el paisaje del parque. Rehizo varias veces el original y completó numerosos bocetos y esquemas preliminares. Se sentaba a menudo en los jardines y hacía numerosos bocetos de las distintas figuras a fin de perfeccionarlas. Puso especial cuidado en el uso del color, luz y formas. El cuadro tiene aproximadamente 2 x 3 m. Fue expuesto por primera vez en la octava exposición colectiva del grupo impresionista, en 1886.

Basado en el estudio de la teoría óptica del color, contrastó puntos minúsculos de color que, a través de la unificación óptica, forman una figura coherente en el ojo del observador. Creía que esta forma de pintura, conocida luego como puntillismo, haría los colores más brillantes y fuertes que pintados a pinceladas. Para hacer la experiencia aún más realista, rodeó el cuadro con una trama de puntos que a su vez limitó con un marco simple de madera azul. De esta forma se lo exhibe aún en el Instituto de Arte de Chicago.

Cada vez que Georges Seurat iniciaba el trabajo de pintar un cuadro, sabía que le tomaría bastante tiempo realizarlo, y es que la técnica que desarrolló, llamada puntillismo, requiere tener una paciencia y una dedicación absolutas. Esta técnica se basa en la aplicación de pequeños puntos de color puro en la medida exacta para que el ojo los mezcle y capte los diferentes matices y tonalidades. Por ejemplo, si queremos obtener un verde, entonces hay que mezclar azul y amarillo, pero no al azar, ya que existen infinitas variedades de verdes y en algunos casos hay que aplicar también un poco de rojo para lograr el color deseado. El balance cuantitativo entre azul y amarillo es al final el que determina la calidad del color verde que se desea. El blanco y el negro apenas si se aplican, ya que pueden distorsionar la tonalidad y en ningún caso encontramos un color puro, ya que éstos no nos dan un resultado convincente en relación con la luz y la atmósfera de la escena a representar.



La composición de esta pintura es asimétrica, ya que sitúa de manera desigual los elementos a los dos lados del eje divisorio central, sin perder la unidad. Su composición también es estática, porque se acentúa la sensación de calma o quietud. Esto se debe a que el cuadro está construido sobre horizontales y verticales. Además, también es profunda, ya que se utiliza una perspectiva cónica, creando así un espacio profundo y bien delimitado. El punto de fuga de este cuadro se encuentra en el horizonte, entre los árboles. Allí es donde se acaba lo que el ojo puede captar y donde convergen todas las líneas de fuga.

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