Tan solo tres letras: Gol El siglo del fútbol



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DEPORTEA

FÚTBOL I


Capítulo 1: Orígenes históricos. (páginas 2 a 6)

Tan solo tres letras: Gol

El siglo del fútbol


Los antiguos juegos de pelota

El calcio florentino

Los inicios del futbol moderno

Nace el fútbol internacional

Llega a la Argentina



Capítulo 2: Táctica y estrategia (páginas 7 a 18)

Cómo ver un partido de fútbl

Técnica y jugadas claves. Estretegia

Evolución de las tácticas



Capítulo 3: Desarrollo del fútbol argentino (páginas 19 a 34)

Alumni


Racing, sucesor de Alumni

Fútbol nacional


Los privilegios

La década del 30

La década del 40

  • El éxodo a Colombia

La década del 50

La década del 60 (el fútbol espectáculo)

  • Las copas internacionales

  • La violencia

La década del 70

La década del 80

La década del 90

El siglo XXI


Trece décadas de fútbol
Capítulo 4: Los equipos que quedaron en la historia (páginas 35 a 59)
Capítulo 5: La Selección Argentina (páginas 60 a 77)

Bibliografía sugerida
Capítulo 1: Orígenes históricos. (páginas 2 a 6)

Tan solo tres letras: Gol

Vendrá el partido, vendrá el gol y pasara el domingo. La historia del HINCHA quedará en blanco. Dentro de siete días, puntualmente, volverá a empezar. Así siempre.

............

El fútbol, el espectáculo colectivo más grande y popular de nuestro tiempo embarca todas las virtudes y defectos del hombre actual. Domingos domingo, millones de seres en distintas latitudes viven la ilusión de la victoria y también la amargura de la derrota. Juego dialéctico en que se contraponen (como quien dice) el bien y el mal, el jolgorio y la angustia, la fe y la frustración. Y al final de las cuentas el gol, que es la medida de todas las cosas. Internas o externas. Pero tanto ajetreo ha creado un pensamiento propio, un clima, un ambiente donde el hombre confronta sus debilidades y grandezas, pero públicamente. Así surge el hincha ese héroe anónimo-sufrido, obstinado, eufórico y desesperado, de acuerdo alas circunstancias.

El jugador sale a la cancha como cada uno de nosotros deja su casa para ganarse el pan diario. Y corre los mismos peligros. Triunfar o no. Apoyarse en la suerte, en la inteligencia, en la bondad, en la generosidad, en el compañerismo. Por eso el buen gol no es producto de uno. Cuando más unido marcha el equipo, mejor. Es como la solidaridad en la vida rea. Cuando le metemos un verdadero gol a la existencia, sin faulear a nadie, y por fin llegamos a la vejez contentos de haber corrido por la cancha como locos para meter el gol limpio y humano de la vida.

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No existe lugar en el mundo. No lo creemos, donde no se conozcan estas tres letras: GOL. Detrás de la palabra esta la emoción. Nadie nombra al gol como si fuese una palabra, no, porque no se trata de eso. El gol es el deseo, la esperanza, las tantas ganas acumuladas. El gol es los ojos de cada hincha siguiendo al jugador, acompañando la pelota, frenando la respiración por un instante hasta que si, ya, ahora, la pelota entró en el arco y... ¡lo hicimos!, hicimos un gol todos. Para las estadísticas tal vez figure un nombre, para la vida es toda una tribuna, una multitud enloquecida, una ilusión que estuvo siete días esperando, un hijo que soportamos todos en la espera semanal y que nos renueva la fe para seguir con las expectativas, los sueños, el odio y el amor.

Gol, para ganar o perder, para seguir, para estar, para entender el fútbol con solo tres letras.

............

Millones de personas vigilan, comentan, se enfervorizan, aman y odian los domingos por la tarde. Un acto amatorio colectivo donde se queda la resaca de la semana, donde se purifican siete días soberbios y extraños. Nadie puede imaginarnos a todos gritando el mismo gol. Seria demasiado hermoso. Solo la historia, la poesía y los sueños cuentan de un hombre entero hablando de todos. Y un país, una tierra, una sociedad espera siempre ese hombre nuevo y sentido. Mientras tanto llena estadios buscándolos y apuesta a la emoción para encontrarlo; Será-seguro-materia de sabios, de sociólogos, de analista explicar porque. El hincha nada tiene que explicar... Pues, finalmente, de donde vinimos los hombres sino de una miseria guerra cotidiana en la que se empeñan los músculos y el alma. En cada ser humano hay un pequeño cataclismo y un hermoso azar, pariéndolo. Y en la cancha, detrás de cada abrazo que el fervor concita, esta naciendo un niño extraño que comparte nuestros huesos, presente en el parto, y todo nuestro torpe, desprevenido amor...

... Y que mejor lugar para encontrarnos que allí, donde nunca estamos solos, ni en la alegría ni en la tristeza, sino juntos en la espera de gritar un gol...

... Porque nosotros, los que creemos, encaramados en lo alto de una ilusión, mantenemos los ojos llenos y la garganta fértil y más, aun la infatigable ternura que nos permite reír, aullar, estirar los brazos para tocarlo todo: el césped, el jugador, la pelota, la tarde, la tarde del domingo. Nosotros hemos borrado el lunes de nuestra historia.

EL FUTBOL NUESTRO DE CADA DIA... DANOSLO HOY.
El fútbol nuestro de cada día

(Paul Acosta/ Pedro Uzquiza)

Ediciones de LA LINEA-COLECCION

LOS POPULARES (1974)




El siglo del fútbol

El fútbol se ha convertido en parte integrante de la sociedad en todo el mundo. Joao Havelange, ex presidente de la FIFA, al celebrarse, en 1984, los ochenta años de esa institución que rige el fútbol en 150 países con una población total de 4.209.173.000, en su alocución imagino la sorpresa que se hubiera apoderado de los representantes de las siete asociaciones fundadoras, en 1904, si hubieran podido comprobar que ocho décadas después, ese fútbol que ellos estaban organizando era visto por más de 10.000 millones de personas en todos los continentes. Ocurrió esto durante la disputa de la copa del mundo de 1982, en España. Cuatro años después fueron 13.000 millones - en directo, diferido y repetido en videos – las personas que vieron la copa de México ’86. Todo esto antes de la última gran revolución tecnológica. Poco más de 20 años después, no hay rincón en el planeta que no se vea fútbol. Según el censo realizado por la FIFA en 2006, había 207 asociaciones afiliadas y 250 millones de personas practicaban fútbol en todo el planeta. La cobertura televisiva de la Copa Mundial de la FIFA 2006 fue la más amplia hasta la fecha, con 376 cadenas que ofrecieron el acontecimiento frente a las 232 de 2002. Además, la edición de 2006 estuvo en antena, con un total de 43,600 retransmisiones, en 214 países y territorios, lo que generó una cobertura global de 73,072 horas; es decir, un incremento del 76% respecto a la edición de 2002 (41,435 horas) y del 148% respecto a 1998. Eso significa que, si toda la cobertura de 2006 fuera ofrecida por una sola cadena, llevaría más de 8 años de emisión ininterrumpida. La Copa Mundial de la FIFA Alemania 2006 tuvo en total una audiencia televisiva acumulada de 26,290 millones (24,200 millones de espectadores en los hogares y 2,100 millones fuera de sus casas). Dichas cifras son equiparables a las de la edición de 1998 (que, al igual que la de 2006, se celebró en Europa), pero están un poco por debajo de los 26,400 millones de espectadores "domésticos" registrados en la Copa Mundial de la FIFA Corea/Japón 2002. Estas cifras de potenciaron en Sudáfrica 2010, el primer mundial disputado en el continente africano, y en 2014, en Brasil.

Brasil sigue contando con el Maracaná. Fue el estadio más grande del mundo, con capacidad para 200.000 personas. Ahora reducido por las nuevas disposiciones reglamentarias. No debería sorprender porque Brasil es una potencia futbolística de primer nivel, ganador de tres copas mundiales, pero si el extraordinario apoyo económico que el fútbol esta recibiendo en países no tradicionales, como Corea del Norte, donde hace un año inauguro en la capital, Pyong Yang, un estadio para 150.000 personas. Y en Riad, Arabia Saudita, se construyó especialmente para las finales del Mundial sub 20 el más moderno de todos los conocidos con un costo real de 568 millones de dólares. Nuevos y mejores estadios se construyen día a día en todo el mundo. Se viene Rusia 2018 y Qatar en 2022, que promete ser una gran novedad en medio del desierto. Aunque es cierto, los qataríes hacen un manejo obsceno del dinero que les ingresa por los petrodólares.
El fútbol es, sin ninguna duda, el fenómeno deportivo, social y económico más trascendente de este siglo.
Los antiguos juegos de pelota
En solo 41 años, desde 1873 hasta 1904, se logró la consolidación del deporte más atractivo y popular de los tiempos modernos. Ese período que a algunos le puede parecer extenso y que, en realidad, es insignificante si nos detenemos a reseñar los orígenes históricos del fútbol, una aventura milenaria cuyo punto de partido imprescindible es la pregunta: Si Gran Bretaña fue el país que organizó el fútbol actual. ¿Cuáles fueron los antecedentes? ¿Quién les transmitió a los británicos la afición a este deporte?

Los historiadores coinciden en que las legiones romanas durante la ocupación de Grecia habían conocido un duro y apasionante juego que se practicaba con una pelota. Lo incorporaron y lo llevaron hasta la Bretaña francesa, donde por su violencia se popularizó muy pronto. Ese deporte, que en tierra francesas se llamaba “Cholue” o “Shoule”, saltó a las islas británicas llevado por las tropas de Guillermo el conquistador. Lo que los romanos habían visto de Grecia era “lasphaira makles” que se practicaba con una pelota, pero no por equipos. Fueron los romanos los que organizaron un juego que llamaron “haspartum”, que consistía en empujar una vejiga llega de aire y arena hasta conseguir que traspasara una línea en el campo contrario, algo así como los arcos de fútbol de hoy. Un pueblo guerrero como el romano empleaba el “haspartum” para endurecer a sus soldados y resulta obvio que el vencedor no era el más hábil sino el más fuerte. Ganaba el más violento, no el más técnico. Estaban permitidas las zancadillas, las cargas desleales por la espalda, los puntapiés y era lícito derribar a un contrario para quitarle la pelota. Estas características del juego provocaban continúas riñas personales y los encuentros se transformaban en batallas colectivas, con heridos graves y hasta algunos muertos. Fue esta brutalidad la que deslumbró a Guillermo, el conquistador, quien rápidamente entendió que le serviría para templar más aún a sus soldados.

Este football, así se lo llamó en Inglaterra, poco tenía de común con el actual. Su característica principal era la violencia y la brutalidad y por esa razón sufrió sucesivas prohibiciones por edictos reales, pese a que las tropas lo seguían jugando. Un historiador sintetizó las consecuencias del juego con detalles estremecedores: “a menudo se rompen el cuello, a veces un brazo, otras los dos, es frecuente verlos sangrar por las narices, los ojos les salen de la orbita y todos terminan heridos”. Hubo que esperar siglos, hasta el XVII, para que las prohibiciones fueran levantadas, pero se autorizó un fútbol espectacular, desprovisto de la brutalidad del anterior. Esto aconteció en 1681, cuando el conde Albermale, de regreso en Londres, después de cumplir una misión oficial en Italia, informó al rey Carlos II que había visto en la península un juego extraordinario por su belleza y espectacularidad. El conde le detalló al rey las características del Calcio que hacía furor en Italia e invitó al monarca a una prueba en la que se enfrentaría las fuerzas del rey con las suyas. Se eligió un terreno de 120 por 80 metros y como metas se clavaron dos postes a los cuales se llamó goal. Ganó el bando del conde Albermale; al rey le gustó el espectáculo y autorizó su práctica con algunas limitaciones.

Del calcio (se pronuncia calcho) se pueden encontrar amplias referencias en Florencia, lugar donde se lo jugaba, en las plazas, preferentemente en la de Santo Croce, que fue escenario de un histórico encuentro el 17 de febrero de 1530, que relataremos más adelante. Se lo jugaba en invierno y las competencias con mayor repercusión entre los pobladores eran disputadas en carnaval, entre equipos de los cuatro barrios de la ciudad.

El calcio florentino despertaba una gran pasión y muchos de los que lo practicaban eran miembros de la aristocracia y de las clases intelectuales. Lo practicaron, entre otros, el duque Toscana, el de Urbino, Julio de Médici, Alejandro de Médici, Maffeo Barberini, estos tres últimos elevados más tarde a la máxima jerarquía de la iglesia católica como papas con los nombres de Clemente VII, León XI y Urbano VIII.

La diferencia fundamental con el fútbol moderno es que la pelota se podía jugar con los pies y las manos y los equipos estaban compuestos por 27 jugadores. En el desarrollo del juego, los hombres más hábiles pasaban la pelota rápidamente para evitar los golpes porque se permitían las zancadillas, el agarrarse unos a otros y las jugadas violentas. La dirección del juego estaba a cargo de seis árbitros sentados en las tribunas, en distintos sectores.

Así era el calcio que deslumbró al conde de Albermale y que, trasplantado y mejorado en Inglaterra fue perfeccionándose con los años hasta acercarse a lo que es hoy, el juego más atractivo. Atrás, 2.000 años a.d.C, quedaron las referencias chinas sobre un juego con una pelota de cuero rellena de pelo de crin, que era disputada por dos equipos sin que haya llegado hasta nosotros otras precisiones, a no ser el nombre de dos héroes de ese deporte: Yang Tsé y Wang Chi-son.
El calco florentino
Hace cinco siglos los florentinos inventaron el juego que es antepasado del fútbol actual. El periodista Sergio Valentini narra en la revista IL MONDIALE que edita el Comité Organizador del mundial de Italia, el partido jugado durante el carnaval de 1530, cuando la ciudad estaba sitiada por las fuerzas de CARLOS V. Así es el relato de la historia:

Tuvo la idea Pandolfo Puccini, el más famoso de los gastadores de Florencia.

Se reunió en el Consejo de los ochenta, llamado los Requeridos, y aprobó la solicitud a condición de que Malasteta Baglioni, gobernador general de la milicia florentina, concediese una tregua de armas a los jugadores. De ese modo, el 17 de febrero de 1530, la República ofreció a sus ciudadanos y a los asediadores imperiales el fútbol florentino en librea.

Era carnaval. En el Vicolo de Cavallari, en el puente de la carraia, en la esquina de la Cuculia, en el Vicolo de la Fogna, aprendices de jugador, veteranos y transeúntes se desafiaban sin ternera ni librea; el jueves lardero los campeones acudían a la PLAZA GRANDE por la ternera de premio y por el honor, “agraciados y bellos con librea de gala porque tenían como espectadores a las mujeres más atractivas y los hombres más linajudos de la ciudad”.

Los viejos recordaban un partido de cuarenta años antes, del 10 de enero de 1490 “cuando el Arno estaba tan helado que los jugados combatieron sobre la loza de hielo entre el puente Vecchio y Santa Trinitá”; sin embargo, el partido que estaba por disputarse había de ser, por los siglos de los siglos, el más épico y glorioso, el más legendario de todos los encuentros de Calcio, el fútbol florentino.

Así, pues, Raffaello Girolami, los gobernadores de los barrios, los doce nuevos hombres, los diez priores de Libertad y Guerra, los ocho de potestad y custodia, en suma, todos los magnates de la República prepararon el ceremonial y el partido para la Florencia asediada y para la posteridad. De los baluartes de San Miniato al Monte- plaza fuerte de la resistencia- descendió a la ciudad Miguel Ángel Buonarroti, “gobernador y procurador general instituido para construir y abastionar las murallas y levantar cualquier otra fortificación y protección para la ciudad de Florencia”. Aluigi Alamanni, poeta de la academia de los geogofilos, lo presentó al público: “él-dijo- proyecta, funde, fortifica, filosofa, versifica, arenga, combate, en resumen hace de todo”. Luego lo invitó a disponer en orden el cortejo de los jugadores. “Dios lo quiere”, sentenció Fray Benedetto Tiezzi da Foiano, predicador de Santa Croce.

Desde el 24 de septiembre del año anterior, Florencia estaba sitiada por las tropas imperiales de Carlos V, deseoso de que la ciudad retornase a los de su linaje, los Médici, derrotados por la revuelta de 1527. Mandados por el virrey de Nápoles, Filiberto de Chalóns, príncipe de Orange, lansquenetes alemanes del conde de Lodrón, infantes españoles de Antonio de Leyda y tropas pontificias de Sciarra Colonna se ido adueñando de Consentino, Valdarno, Vallonvrosa, Rignano, Settignano, Mugelio, Chianti, Giramonte, Poggio Imperiale, Scandicci, Badia Di Fiesole y San Donato Polvorosa. Ahora apretaban sobre Florencia.

Sivestro Aldobrandini sometió a voto la propuesta de jugar el partido en la plaza de Santa Croce, que las tropas imperiales divisaban desde los cerros próximos, a fin de que constatasen que el largo asedio, el hambre y las enfermedades que los sitiados sufrían no habían amenguado la resistencia.

La campana de la señoría taño y el cortejo que el Maestro Miguel Ángel había alineado partió de Santa María Novelia para Santa Croce; signiferos con mazas de plata de adornadas con flores de lis, trompetas, músicos, tambores, Bindo di Marco, llamado Gorzerino, vestido de Heraldo con flor de lis roja en el pecho, bombarderos, arcabuceros, palafreneros, lanzas rotas, el Procónsul de las artes, las siete Artes Mayores y las catorce menores, el Tribunal de Comercio, los estandartes de los cuatro barrios, blanco el de Santo Spirito Rojo el de Santa María Novella, verde el de San Giovanni y azul el de Santa Croce.

Cocimo Strozzi y Giangirolamo Pitti llevaron el Marzocco, león coronado que era el símbolo de Florencia. Dos vaqueros condujeron la ternera de premio, toda de hueso, última res que se había conseguido introducir en Florencia por el corredor de Fiesole. Los jugadores llegaron a Santa Croce por las torres de guardia, los bastiones y los campanarios de San Miniato, que Miguel Ángel había protegido contra las bombardas con pacas de lana. Como demostración y advertencia para los vigías imperiales, dispusieron ordenadamente sus armas al lado del campo de juego: culebrinas, trabucos, arcabuces, alabardas, falcones, esmeriles, serpentines, basiliscos, ballestas, gerifaltes, picas, anchas, partesanas, estoques, seceletes, celadas.

Se sacaron las corazas y aparecieron maravillosas libreas de seda, terciopelo y brocado de oro.

Centenares, miles de notables, damas y simples ciudadanos habían acudido al lugar del mismo modo que las rameras de Via della Nina y de Via della Amorino, a quienes el “bando contra las mujeres de malvivir” obligaba a abandonar la ciudad”. “Bocas inútiles”, señalaba el bando: merecieron que se les condonase la pena por proveído diariamente la ciudad de berro, achicoría y rapónchigos que recogían fuera de las murallas bajo el fuego enemigo.

Cantos en canon ascendían de la plaza hasta los imperiales alineados en los cerros: afición burladora y plebeya contra el emperador Carlos V y el Papa Clemente, de quien se notificaba un modesto pasado de futbolista florentino de ser hijo bastardo de Giuliano de Médici.

“Abajo el Marzocco”, replicaban los imperiales desde su tribuna en le Giramonte. Y entonces voló por encima de la muchedumbre un proyectil de culebrina. Lo había lanzado un lansquenete alemán, despechado por el coro republicano y más aún por la fiesta y por el espectáculo de Florencia, tan bella y aún intacta, ofrecía: la cúpula de Brunelleschi, la torre de Bargello, Santa María del Fiore, Palazzo Vecchio, Ponte Vecchio, el Arno...

En la plaza se formaron los equipos alrededor de los campeones mas celebrados. El fútbol florentino era considerado “Escuela de guerra y luz de vida / noble fatigas de héroes bien nacidos”. Por eso los poetas lo cantaban delicadamente: “Como soles resplandecen los jugadores/ pues no caben tullidos y deformes/ donde reina júbilo y armonía”. El 17 de febrero de 1530 no hubo júbilo entre los jugadores. Hermanados en la guerra contra los imperiales, todos se acordaron el día del partido de viejas rencillas de barrio, discordia de censo y de casta, envidias de oficio y diferencias de intereses y de fe.

En el partido, Dante de Castiglione se cargó a Morticino degli Antinori y, habiendo arroyado y pisoteado a los jugadores del barrio de Santo Spiritio que le cerraban el paso, “lanzó más allá de la empalizada a Morticino y la pelota inflada que éste apretaba en el pecho”.

La jugada decidió el resultado. Los / aplausos de la plaza y de los cerros decretaron triunfo análogo para Morticino degli Antinori, “glorioso por haber sufrido el cañoneo antes de soltar la pelota.



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