Ústav románských jazyků a literatur Bakalářská diplomová práce 2010 Nikola Kadlecová masarykova univerzita filozofická fakulta Ústav románských jazyků a literatur



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3.1. Historia de los cuentos checos23

En nuestro país los cuentos de hadas tienen una larga tradición. En los monumentos escritos aparecieron desde el siglo XIV, aunque las menciones a los cuentos no abundaban. Podemos encontrar algunas en la obra ‹‹Rukopis hradecký›› de la mitad de dicho siglo y principalmente en los manuscritos de Claretus de Solentia. Aunque muchos de los manuscritos tratan de temas científicos, el Astronomiarius, del año 1366, se refiere sobre todo al contenido del cuento ‹‹O dvanácti měsíčkách››, que conocemos gracias a Božena Němcová. En el siglo siguiente se tradujo al checo la colección de cuentos fabulosos Gesta Romanorum, de origen inglés. Algunos cuentos que proceden de esta colección se pueden encontrar después en las obras de Karel Jarolím Erben.

En el siglo XVIII se fueron traduciendo al checo los cuentos de Perrault y de M. C. d´Aulnoy. En Francia tuvo gran éxito la traducción de Las mil y una noches, por lo que Václav Matěj Kramerius publicó ‹‹Arabské pohádky aneb historie››. Este libro apareció en la época del renacimiento nacional, tiempo de publicación de los ‹‹libros de lectura popular››. En estos libros se incluyeron las viejas historias fabulosas, ya conocidas por la tradición oral. Los libros debían aumentar el interés por la literatura en lengua checa entre la población. Los representantes del renacimiento nacional no tuvieron ningún interés científico por el cuento de hadas. El primero que empezó a reunir los cuentos fue Václav Krolmus. Después de muchos años de investigación publicó en tres volúmenes sus cuentos ‹‹Staročeské pověsti, zpěvy, hry, obyčeje, slavnosti a nápěvy, ohledem na bájesloví česko-slovanské››. Sin embargo esta obra, publicada bajo el seudónimo V. S. Sumlork, no tiene buen nivel literario y además es de poca confianza, dado que Kromlus creía en todas las historias, posibles e imposibles. Otra colección de cuentos que no tuvo éxito fue “Národní české pohádky a pověsti” de Jakub Malý. Su obra, publicada en 1838, carece de cierta capacidad para dirigirse a un público popular.

La calidad de los cuentos empezó a mejorar en los años cuarenta del siglo XIX, tiempo de revoluciones y lucha por la independencia de los súbditos en el que aumentó el interés por la cultura popular. Los cuentos de hadas, tanto traducidos como originales checos, comenzaron a aparecer en las revistas.

Los cuentos checos empezaron a ser investigados por Karel Jarolím Erben. Tras dedicarse a las canciones populares y al estudio exhaustivo de la vida y costumbres del pueblo checo, publicó su colección de canciones y se dedicó también a los cuentos populares y a los mitos. Sus cuentos más célebres los publicó en los años 1855-1860. ‹‹Dlouhý, Široký a Bystrozraký››, ‹‹Pták Ohnivák a liška Ryška››, ‹‹Zlatovláska›› y ‹‹Tři zlaté vlasy Děda Vševěda›› se encuentran entre los cuentos checos más conocidos. Le interesaron no sólo los cuentos checos, sino también todos los cuentos eslavos. En 1864 editó la colección ‹‹Sto prostonárodních pohádek a pověstí slovanských v nářečích původních. Čítanka slovanská s vysvětlením slov››. Quiso que la juventud checa conociera las lenguas eslavas. Los cuentos de Erben son ejemplos típicos de prosa narrativa. Fue el representante principal de la etnografía romántica checa. Erben apoyaba la teoría de los hermanos Grimm según la cual los cuentos tenían un origen mítico. Pensaba que los cuentos eslavos se relacionaban con el solsticio hiemal, por lo que en sus argumentos se presenta una lucha simbólica entre el sol y la oscuridad del invierno. Erben mostró que el cuento de hadas no es sólo una narración divertida, sino que se trata de un género literario con una larga tradición y con la huella de la evolución humana.

Otro personaje muy importante que se dedicó al folklore checo fue la fundadora de la prosa checa Božena Němcová, que editó sus cuentos en la colección ‹‹Národní báchorky a pověsti››. Esta colección, que incluye 76 cuentos, fue en su tiempo la más extensa de la prosa popular checa. Němcová incluyó en su colección cuentos sobre animales, humorísticos, fantásticos y también leyendas. Sus cuentos son obras muy estilizadas en las que se mezcla la realidad con lo fabuloso y lo lírico. Todo esto impone un sello personal a sus cuentos. Sus cuentos son muy importantes para el folklore checo porque en su obra aparecen algunas tramas fabulosas que no fueron ampliamente conocidas hasta entonces. Se interesó tanto por el contenido como por el lenguaje de los cuentos y gracias a ella el pueblo checo conoció los cuentos eslovacos. Reunió 62 textos y los editó en ‹‹Slovenské pohádky a pověsti›› Su cuento más destacable es ‹‹O dvanácti měsíčkách››. Otros cuentos célebres son ‹‹O Popelce››, ‹‹Princ Bajaja››, ‹‹Chytrá horákyně››, ‹‹Princezna se zlatou hvězdou››, ‹‹Sůl nad zlato››, etc. Podemos decir que sus refinados textos, junto con los de Erben, están en lo más alto de la prosa popular checa.

Los años cuarenta del siglo XIX significaron, como hemos mencionado, el gran ‹‹boom›› de la literatura popular y el folklore en el país checo. Se publicaron colecciones de cuentos procedentes de todo el país. Se inició la investigación científica y comparativa del cuento popular checo. Este período, que llamamos el período de Erben, duró hasta los años setenta del mismo siglo. En esa década cambió la perspectiva de la investigación de los cuentos. El desarrollo de los trabajos comparativos y los métodos literario-históricos pusieron en duda la teoría de los hermanos Grimm sobre el origen mítico de los cuentos y la importancia de la mitología pagana. Se empezó a percibir el influjo del cristianismo y de Oriente. Los cuentos orientales causaron interés gracias a Theodor Benfey, un orientalista alemán, representante de la ‹‹escuela migratoria››, de la que ya hemos hablado anteriormente. Josef Černý en su obra ‹‹O národních pohádkách a pověstech›› describió detalladamente las opiniones de Benfey. Interesado tanto por la teoría de los Grimm como por la de Benfey, dividió los cuentos en simbólicos y éticos, de los cuales dice que tienen un origen único, que según Benfey sería indio. A la teoría migratoria se sumaron también otros dos folkloristas importantes: Jiří Polívka y Václav Tille fueron alumnos de Jan Gebauer, quien fundó la escuela filológica y se dedicó a la interpretación de la literatura de tradición oral. Polívka y Tille coleccionaron, comentaron y publicaron un gran número de temas fabulosos. Tille editó ‹‹Soupis českých pohádek›› y ‹‹Povídky sebrané na Valašsku››, que contiene por primera vez referencias a los narradores y comentarios comparativos.

En la primera mitad del siglo XX se desarrolló el cuento de hadas literario. La primera obra de este tipo proviene todavía del fin del siglo XIX. Se considera a Jan Karafiát el primer autor de este género por su libro ‹‹Broučci››. Este libro describe de forma alegórica el mundo infantil. Una de sus características es que suele dirigirse directamente a los niños. Su formación religiosa se deja ver en la gran influencia del cristianismo en su obra. Otro representante importante de este género fue el escritor y dramaturgo Karel Čapek, que escribió un nuevo tipo de cuento específico de la literatura checa: el llamado ‹‹anticuento››. El anticuento contraviene las leyes tradicionales del cuento de hadas popular. Čapek suponía que el lector conocía los cuentos populares y utilizaba su magia, pero esperaba también que el lector no creyera realmente en ella. Rompió con las estructuras estilísticas habituales: en sus cuentos no existe ni el principio ni el final tradicional y el narrador introduce la historia in medias res. El argumento está abierto, la trama parece real y contemporánea, y las fechas y los lugares son concretos. Muestra las relaciones personales y cambia los personajes que tienen poder mágico: en sus cuentos, los magos u ondinos son personas normales sin poderes mágicos y con problemas humanos, al contrario que la gente normal, que sí tiene poderes mágicos. El lenguaje es coloquial y a menudo el narrador habla con los lectores. Los cuentos de Čapek se dirigían aparentemente a lectores infantiles, pero, de hecho, estaban destinados a los adultos, ya que los niños no llegaban a comprender todos los símbolos. Sus libros de cuentos son ‹‹Devatero pohádek›› y ‹‹Dášenka čili život štěněte››. Su hermano Josef también escribió cuentos. Todos los niños checos conocen su libro ‹‹Povídání o pejskovi a kočičce››, compuesto por cuentos muy divertidos y poco didácticos.

El anticuento de Čapek tuvo muchos seguidores, que, al contrario de Čapek, escribieron sus anticuentos directamente para los niños. Vale la pena destacar especialmente los anticuentos de Josef Lada. El estilo narrativo de Lada es muy divertido: los espectros juegan con los niños, van a la escuela, necesitan permiso para poder asustar y no practican muy bien sus poderes mágicos. De algún modo, se trata de la destrucción total del mito del poder sobrenatural. También aparecen en sus obras algunos elementos propios de nuestra época: la princesa, por ejemplo, juega al tenis y conduce su coche. Los libros más conocidos de Lada son ‹‹Pohádky naruby››, ‹‹Bubáci a hastrmani›› y ‹‹Mikeš››. Este último libro incluye elementos fabulosos, pero se basa principalmente en el entorno campesino en que Lada pasó la niñez. No podemos olvidar otros anticuentos como ‹‹Fimfárum›› de Jan Werich, ‹‹České pohádky›› de Jan Drda, ‹‹Kubula a Kuba Kubikula›› de Vladislav Vančura o ‹‹Rumcajs›› de Václav Čtvrtek.

Otra obra fabulosa que debemos mencionar es ‹‹Anička skřítek a Slaměný Hubert›› de Vítězslav Nezval. Se trata de un tipo de cuento nonsense, inspirado por Alicia en el País de las Maravillas. En esta obra se nota la influencia del surrealismo, del que Nezval fue exponente



3.2. Historia de los cuentos españoles

Los cuentos españoles están, como toda la cultura española, muy influenciados por los moros, que llegaron a la Península Ibérica a principios del siglo VIII y se quedaron hasta finales del siglo XV. Durante todo este tiempo la cultura musulmana se mezcló con la española. Muchos de los cuentos moros eran adaptaciones de cuentos persas e indios, lo que se reflejó posteriormente en los cuentos populares españoles. Aunque las compilaciones de cuentos populares rescataron poco a poco un género al que no se había prestado excesivo interés, especialmente en comparación otros países europeos, el cuento popular seguía sin estar muy valorado en la cultura española.24

Antes del siglo XIV surgieron algunas traducciones de colecciones de cuentos orientales. La primera, fue la Disciplina clericalis, escrita en latín por Pedro Alfonso a finales del siglo XII. Este trabajo es una colección de relatos moralizantes, diseñados para entretener, instruir y dar orientaciones sobre la vida. Incluye proverbios, versos, fábulas y anécdotas tomadas de las tradiciones judías, árabes y de los clásicos griegos.25 Ya en el siglo siguiente aparecieron traducciones castellanas del Panchatantra, el Mahabharata, Las mil y una noches y Calila e Dimma, que fue traducida por el propio rey Alfonso X el Sabio. 26 Del siglo XIV nos interesa la persona de Don Juan Manuel, infante de Castilla, y su obra El conde Lucanor, escrita en 1335, pero publicada por primera vez en Sevilla en 1575. En la primera parte de la obra se recogen cincuenta y un cuentos que, inscritos en la tradición medieval, incluyen referencias desde a la conocida colección de cuentos de origen sánscrito Calila e Dimma hasta a las también famosas fábulas del legendario escritor griego Esopo. Todos los personajes se desenvuelven en la obra en unos escenarios dibujados con una certera técnica descriptiva que consigue crear en el lector la visión del mundo real, del mundo vivo.27 Especial interés merece el cuento titulado De lo que contesçió a un rey con los burladores que fizieron el paño. Es muy probable que Andersen se inspirara en este cuento para escribir su conocido cuento El traje nuevo del emperador. La semejanza la podemos ver en el siguiente fragmento:

[…] Et desque las gentes lo vieron assí venir et sabían que el que non veýa aquel paño que non era fijo daquel padre que cuydava, cuydava cada uno que los otros lo veýan et que pues él non los veýa, que si lo dixiese, que sería perdido et desonrado. Et por esto fincó aquella poridat guardada, que non se atrevié ninguno a lo descubrir, fasta que un negro, que guardava el cavallo del rey et que non avía que pudiesse perder, llegó al rey et díxol:



  • Señor, a mí non me enpeçe que me tengades por fijo de aquel padre que yo digo, nin de otro, et por ende, dígovos que yo só ciego, o vos desnuyo ydes.28

Un siglo más tarde apareció el Libro de los gatos. Pese a ser de autor desconocido, los estudios indican, por los evidentes paralelismos, que se trata básicamente de una traducción de las Fábulas de Odo de Cheriton. El Libro de los gatos contiene desde fábulas al estilo de Esopo hasta anécdotas personales, con ejemplos que se asemejan tanto al bestiario medieval como al milagro o a la alegoría.29 En la misma época se conocieron en España también los cuentos de Boccaccio. En el siglo XVI aparecieron dos cuentistas destacables, Juan de Timoneda y Melchor de Santa Cruz. En la obra de Juan de Timoneda encontramos tres colecciones de los cuentos. Una de ellas, Sobremesa y alivio de caminantes, recogía cuentos de tradición oral y fue uno de los más leídos en el siglo XVI, ya que por sus breves y chistosas narraciones se hizo muy popular y los niños lo leyeron con gusto.30 Para Patrañuela, otra de sus obras, se inspira en obra de Boccaccio y en Gesta Romanum.31 Melchor de Santa Cruz publicó Cien Tratados, colección de cuentos dedicada a Felipe II.

Durante los siglos XVIII y XIX aumentó considerablemente el interés por el cuento popular. Aunque las colecciones seguían siendo escasas, muchos escritores empezaron a interesarse por la tradición. Distinguimos tres períodos en los trabajos sobre los cuentos populares españoles.32 La primera etapa, llamada folklórico-costumbrista, se desarrolló a mediados del siglo XIX y su figura preeminente es Fernán Caballero, cuyo verdadero nombre era Cecilia Böhl de Faber. Fue representante de la corriente literaria llamada ‹‹Costumbrismo››, de ahí el nombre de la etapa. Se puede decir que ella fue una de las primeras personas que se dedicaron a la literatura infantil en España.33 Sus cuentos aparecieron primero en el quinto tomo de la Biblioteca de Autores Españoles, bajo los títulos Cuentos y poesías populares andaluces y Cuentos de encantamiento. Más tarde se publicaron bajo el nombre general Cuentos, oraciones, adivinas y refranes populares e infantiles. Todos sus cuentos contienen un fuerte tratamiento literario, incluidos los que podrían parecer más ‹‹infantiles›› y los de encantamiento. Entre ellos destaca Los caballeros del Pez, basado en La serpiente de siete cabezas, que mantiene bastante bien la estructura narrativa, aunque el arreglo literario del final es cuestionable. Otro cuento donde se mantienen los motivos con bastante pureza es Bella-Flor. Caballero recogió historias ya existentes y las reescribió con un estilo coloquial, dándole a los cuentos un cierto aire ingenuo. Por su gran interés en el mundo de los niños puso mucho empeño en recopilar el folklore infantil en todas sus manifestaciones.34 Otro autor a quien debemos mencionar es Juan Eugenio Hartzenbusch. Aunque Hartzenbusch es conocido sobre todo como exponente del drama romántico, creó también obras para niños y hoy en día sus cuentos forman parte de la lectura escolar clásica.35

La segunda etapa, llamada folklórico-positivista, se inició en los años ochenta del mismo siglo y su mayor representante es Antonio Machado y Álvarez. Padre de los poetas Antonio y Manuel Machado, Machado y Álvarez es el autor de la Biblioteca de Tradiciones Populares. Esta extensa obra contiene cuarenta y cuatro cuentos populares, pertenecientes a diversas regiones de España, compilados por diversos autores que recogieron cuentos y otros elementos folklóricos por todo el país. Antonio Machado y Álvarez, que actuó principalmente como director y orientador de esta obra, dedicó toda su vida a la búsqueda del material folklórico y contribuyó de manera importante al desarrollo de sociedades e investigaciones en la materia, yendo un paso más allá en la línea de trabajo de Fernán Caballero.36 Algunos de los cuentos de la Biblioteca procedían también del folklorista Sergio Hernández de Soto, que recopilaba sobre todo cuentos extremeños. Publicó Juegos infantiles de Extremadura y Cuentos populares de Extremadura, en que podemos encontrar cuentos como Hierro, Plomo y Acero, El mágico  Palermo, Los dos hermanos o Don Juan jugador.

El trabajo de Machado y Álvarez marcó un punto de inflexión en el estudio del folklore en España:

[…] Su preocupación abre camino a otras recopilaciones, aparecen algunas revistas como el Bolletín folklórico español que, aunque de corta vida, sirven de enlace entre diversos coleccionistas de temas populares. Y de aquí va derivándose un interés religionista por recuperar sus tradiciones folklóricas que sienta bases para lo que acometerán más tarde otros compiladores como Aurelio de Llano y Constantino Cabal en Asturias o Manuel Llano en Cantabria, todos ellos en el primer cuarto del siglo XX.37 […]

La tercera etapa, desarrollada en los años veinte y treinta del siglo XX, es la llamada folklórico-filológica y sigue la línea de la escuela finlandesa, ya mencionada anteriormente. Su principal representante es Aurelio M. Espinosa, el más importante coleccionista del cuento popular español. Su extenso trabajo está dividido en tres volúmenes. En el primer tomo plantea problemas generales relativos al cuento popular y en él se incluyen cuentos de adivinanza, cuentos humanos, cuentos morales, cuentos de encantamiento, cuentos picarescos y cuentos de animales. En los otros dos volúmenes estudia y compara los cuentos. Su trabajo pretendió conseguir una sistematización de corte filológico y se aproximó con ello a un tipo de trabajo que podemos considerar ya como científico en el conocimiento y recuperación de los cuentos tradicionales.

Su hijo, también llamado Aurelio, continuó su obra, centrándose principalmente en los cuentos populares de Castilla. Su colección, publicada en el año 1946, consta de setenta y dos cuentos, clasificados en cuatro grupos: cuentos humanos varios, cuentos ejemplares y religiosos, cuentos de encantamiento y cuentos de animales. La colección incluye, por ejemplo, cuentos como Juan el Oso, Blancaflor o La princesa encantada.

De entre otras colecciones debemos mencionar las de Constantino Cabal. En sus obras Del folklore de Asturias, Cuentos, leyendas y tradiciones y Cuentos tradicionales asturianos incluyó cuentos de brujas, conjuras y supersticiones de todas clases, como el cuento maravilloso Blancaflor, que compara con el mito de Medea. El folklorista Aurelio de Llano también reunió sus Cuentos asturianos recogidos de la tradición oral. Marciano Curiel Merchán publicó sus Cuentos extremeños, que incluyen ciento cuarenta y cuatro relatos que había ido recogiendo por los diferentes pueblos, aunque la mayoría procedía de Madroñera y de Trujillo. Algunos de sus cuentos son La olla de manteca, La fea y la guapa y Las mentiras más gordas. También conocemos cuentos de Cantabria gracias a Manuel Llano y su Brañaflor, en que recopila cuentos, mitos y relatos cántabros. Entre otros recopiladores, Arcadio de Larrea Palacín editó Cuentos gaditanos, Julio Camarena Laucirica hizo lo propio con Cuentos tradicionales recopilados en la provincia de Ciudad Real y Cuentos tradicionales de León, y Luis Cortés Vázquez publicó Cuentos populares salmantinos.

Apartándonos de las recopilaciones de cuentos populares, vale la pena mencionar algunas de las obras de la literatura infantil española del siglo XX. Elena Fortún creó el personaje de Celia, una muchacha madrileña cuyas aventuras y desventuras tuvieron gran popularidad en los años treinta. Algunos de los títulos son Celia, lo que dice, Celia en el colegio, Celia y sus amigos o Celia madrecita, historias preciosas que fueron leídas por miles de niños.38

En la literatura infantil española existe otra serie de libros basada en las aventuras de una niña: Borita Casas escribió sobre Antoñita la Fantástica, una chica madrileña que comenta con gracia todo lo que sucede a su alrededor.39

Otra obra muy importante en la literatura infantil española es Marcelino, Pan y Vino, de José M. Sánchez-Silva, el único autor español galardonado con el Premio Andersen.40 Con este relato quiso devolver a los cuentos su tradición oral, en la que los padres contaban los cuentos a sus hijos. Él mismo dijo haber recibido la historia de Marcelino en su infancia de labios de su madre.41 Las aventuras de Marcelino, niño abandonado a las puertas de un convento, se inspiran en un milagro de las Cantigas de Alfonso X el Sabio.42 En el relato se dejan ver características marcadamente cristianas; por ejemplo, Silva deja morir a Marcelino para que pueda encontrarse con sus padres en el cielo.

La literatura española tiene también su propio Pinocho. Salvador Bartolozzi recreó este famoso personaje y publicó una serie titulada Pinocho contra Capete, en la que las aventuras y comportamiento de su héroe recuerdan a las de Don Quijote.43

Por último, podemos mencionar algunos autores que escribieron cuentos infantiles nuevos, pero con clara influencia de Andersen. Elisabeth Mulder publicó Los cuentos del viejo reloj, conjunto de relatos en que las cosas cobran vida.44 Antonio Cerezo modernizó los cuentos que había escuchado durante su niñez en Extremadura en la colección de relatos El sueño del piconero. 45

4. COMPARACIÓN DE LOS CUENTOS DE HADAS

En la última parte nos dedicaremos a la comparación de los cuentos. Compararemos las versiones de los cuentos Cenicienta y Blancanieves. Nos va a interesar cómo se diferencian de las versiones mundialmente conocidas y, por supuesto, cómo se diferencia la versión española de la checa. También vamos a referirnos al cuento popular español Bella-flor, recopilado por Fernán Caballero y lo compararemos con el cuento popular checo ‹‹Zlatovláska››, recopilado por K. J. Erben.



4.1. La Cenicienta

La Cenicienta está entre los cuentos maravillosos más populares en todo el mundo. Es uno de los cuentos más antiguos, su primera versión procede probablemente de la antigua China, donde fue registrada en el siglo IX por Taun Cheng-shih.46 La cenicienta china se llama Yeh-hsien y su historia es similar a la que conocemos hoy en día. La joven es maltratada por su madrastra y sus hermanastras; las espinas del pez mágico, al que madrastra había matado, le hacen por arte de magia el traje magnífico para la fiesta; en la fiesta pierde su zapatilla de oro, que el mercader más rico encuentra; gracias a esta zapatilla encuentra a Yeh-hsien y se casa con ella.

Hasta hoy se han recopilado más de trescientas versiones sobre el tema de la Cenicienta. Todas las versiones tienen rasgos similares, se diferencian solamente en detalles. Cenicienta se llama así porque está sucia y polvorienta por causa de la ceniza. La elección de la ceniza no es casual: ‹‹tener que vivir en la ceniza›› implica una posición servil entre los hermanos.47 En todas las versiones encontramos a la madrastra con sus hijas, al padre que no puede ayudar a su hija, la zapatilla preciosa, la fiesta donde la joven la pierde y, finalmente, el príncipe que busca a la dueña de la pequeña zapatilla. ¿Por qué una zapatilla tan pequeña? Se ofrece la explicación de que el motivo está relacionado con el origen chino de este cuento. El pie pequeño representaba en China el ideal de la belleza; el tamaño ideal del pie era de entre siete y diez centímetros, y un pie tan pequeño era condición para que la boda fuera favorable.48 Por eso, para que se pueda casar Cenicienta es condición sine qua non que tenga un pie pequeño.

Las versiones más conocidas son las de Ch.Perrault y los hermanos Grimm. En estas dos versiones encontramos bastantes detalles muy diferentes. La Cenicienta de Perrault es una joven muy obediente: hace lo que le dicen, en casa se sienta sobre la ceniza porque quiere, no porque debe; ayuda a sus hermanastras con las preparaciones para el baile y no pregunta si puede ir también. No hace nada para cambiar su vida. Va al baile gracias a su madrina, que es un hada. Ella le confecciona mediante magia el traje y los zapatitos de cristal (el zapatito de cristal lo encontramos solamente en la versión de Perrault o en versiones derivadas de su cuento; además, el zapatito también da nombre al cuento que originalmente se llama La Cenicienta o la zapatilla de cristal. En otras versiones el zapatito suele estar hecho de oro). El hada madrina toca con su varita mágica la calabaza, que después se convierte en un carruaje. Toda la magia desaparece a medianoche, por eso Cenicienta se va del baile, porque sin el efecto de magia la descubrirían. Esto se repite tres veces hasta que, con las prisas, acaba perdiendo el zapatito. El príncipe no se esfuerza mucho para alcanzarla. Envía a sus criados a buscar a la dueña del zapatito. Durante la prueba del zapatito, la Cenicienta por primera vez muestra algún valor, cuando pregunta si también puede probárselo. Se casa con el príncipe, perdona a sus hermanastras y hasta les encuentra novios. Perrault demuestra que el bien tiene que ganar, pero no se castiga el mal, solamente se pide perdón y después el perdón es también retribuido. A su cuento añade la moraleja en que dice que la belleza es importante pero no lo es todo.

La Cenicienta de los Grimm se comporta de manera más valiente y enérgica. Se encuentra en ese hogar porque debe estar ahí, no ayuda a sus hermanastras voluntariamente y cumple los deberes absurdos que le da la madrastra para poder ir al baile. Cuida la tumba de su madre, planta allí la rama de avellana que le trajo su padre y, por sus lágrimas y oraciones, crece de la rama el árbol que, junto con las palomas, le cumple todos sus deseos, incluido el traje para el baile. El árbol presenta el alma de la madre muerta, que ayuda a su hija. Acude al baile también tres veces y se marcha para estar en casa antes que su familia. El príncipe la persigue, pero ella se esconde en el árbol. La tercera vez el príncipe manda poner pez en la escalera y ella pierde su zapatito de oro. El príncipe mismo busca a su dueña. Para que pase el zapatito a su hermanastras, la madrastra a una le corta los dedos y a la otra, el talón. El príncipe no se da cuenta y se va con una de las hijas, pero las palomas advierten al príncipe sobre la sangre; el príncipe vuelve a casa y la Cenicienta se prueba el zapatito. El príncipe la ve como la joven ordinaria que es y la acepta. Durante la boda las palomas les pican los ojos a las hermanastras. Los Grimm castigan el mal y para ello utilizan la crueldad. El castigo es permanente.




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