Sor mª jerónima de cristo-r



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SOR Mª JERÓNIMA DE CRISTO-R.

Nació en Serradilla (Cáceres) el año 1835. Fueron sus padres Lucas Rodrigo y Mª Josefa Recuero. Profesó en las religiosas Agustinas Recoletas de Serradilla el 9 de Octubre de 1854. Desempeñó los cargos de sacristana mayor, tornera, portera, subpriora y maestra de novicias,. Se distinguió por su fidelidad a la obediencia y resignación en los dolores. Fue maestra de novicias de la Madre Margarita Josefa de los Dolores, primera religiosa de la Congregación de Hermanas Josefinas de la Stma. Trinidad. Murió el 19 de Marzo de 1906.

1-7
Viva Jesús

Febrero 4 de 1872


El Señor ha obrado en su oración como el labrador con la tierra
1. 1Siembra el labrador, por lo regular, en el otoño, tiempo hermoso, dulce y bonancible; luego envía Dios la benéfica lluvia; síguese después la sequedad, frío, viento y hielo rigurosos, hasta que aparece la hermosa y dulce primavera para dar lugar al estío, época en que recoge el trigo gracias a la bondad de Dios y al esmero y diligencia de sus afanes. Pues bien: así también me parece que el Señor ha obrado con usted en el ejercicio de la preciosa virtud de la oración2.
Fases seguidas en la oración
2. En efecto, aunque no recuerdo plenamente su espíritu, por lo que aparece de su bosquejo deduzco:
Primero: que al principio hubo dulzura y bonanza, manifestadas acaso por medio de lágrimas sensibles y facilidad para obrar, cual cumple a una persona que desea agradar a Dios.
Segundo: que después vino la aridez, sequedad, displicen­cia y dificultad para orar y acaso obrar, lo que fue, como si dijéramos, el invierno; invierno venido de repente y cuya duración ha sido de nueve años. Que durante estos nueve años habrá habido tentaciones contra algunas virtudes, principal­mente contra la oración, humildad, obediencia, etc.
Tercero: que la bondad de Dios, mediante el silbo de la divina gracia derramada en los ejercicios y tiempo siguiente, la ha sacado de aquel frío invierno en que estaba su alma como aletargada y sola, es decir, sin consuelo ni de nada ni de nadie, y empieza a revivir y animarse con la venida de la primavera, esto es, con la nueva luz que ha recibido su alma para conocer mejor la esencia de ciertas virtudes y la raíz de ciertos defectos, todo lo que brota luminosamente de la oración gratuita que Dios le concede en la meditación de la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo, espejo clarísimo en donde ve usted más claramente las hermosas virtudes de obediencia, caridad, mansedumbre, silencio, paciencia, y sobre todas la humildad, naciendo de aquí los vivos deseos de copiarlas en sí misma, por una parte, y la confusión y vergüenza de haber perdido tanto tiempo, por otra. Este me parece su estado hasta la domínica 3ª de Adviento.
Pues bien: ¡adelante! Aprovéchese mucho de la agua benéfica de la primavera de la pasión de Jesucristo, que luego vendrá el trigo hermoso en la oración de estío, o sea, de contemplación, si es que Dios quiere llevarla por este camino, y, si no, por otro medio lo dará, pues ni le falta poder ni querer, si es que conviniere.
Dar entrada sólo a Jesucristo
3. Vamos ahora a lo presente.
Me ha complacido mucho el ejercicio y oración de la escala, y no dude que podrá beber el cáliz si, desconfiando de sí misma, pone toda su confianza en Dios, ora y ama con perseverancia.
¡Adelante, hermana mía! Está usted a mitad del monte, según mi humilde parecer. ¿Por ventura no subirá lo que la resta teniendo a Jesús que la conforta?
La presencia de Dios que usted me dice es buena. Por último, apruebo la resolución de echar fuera de su corazón todo, todo, absolutamente todo, para dar entrada a sólo Jesucristo, nuestro amor. Esto mismo inspiró a Santa Gertrudis, a quien dijo estas u otras palabras parecidas: «Déjame vacío tu corazón para henchirlo Yo solo todo.» Y a la verdad, fuera de Dios, todo, todo es vanidad y aflicción de espíritu3.
¡Bendita sea tu misericordia, que, cual mendigo, llamas a nuestra puerta!4 ¿Quién no te abrirá? ¡No sea yo, Dios mío!
Un siervo inútil de Jesucristo.

2-15
Viva Jesús

2 de marzo de 1872


Muy amada hermana en Jesucristo:
Se reconoce siervo inútil de quien Dios se sirve
1. Veo con sumo gozo que mi contestación anterior le ha sido muy fructuosa por considerarla usted bajo el único punto de vista que debe considerarse, esto es, que la bondad de Dios se sirve de mí, pecador miserable e inútil siervo suyo, para aprovechar a usted, cuya perfección solicita con todo esmero y vigilancia. ¡Bendita sea su misericordia infinita!
No es esencial en la oración el afecto sensible
2. Bueno es el afecto sensible en la oración (que Dios concede cuando quiere), pero no es esencial a la buena oración. Por tanto, procure usted siempre el afecto, o sea, devoción espiritual, que consiste en una voluntad seria, for­mal, resuelta, de no ofender a Dios en nada con advertencia y deliberación y agradarle en todo lo que plazca a su voluntad santísima, contando siempre con el auxilio de su divina gracia.
En la oración haga lo que pueda y como pueda
3. De esta premisa debe usted deducir lo siguiente:
1º Que no debe turbarse aunque no tenga en la oración devoción sensible, siempre que su alma esté llena de devoción espiritual.
2º Que procure hacer la oración en todas sus partes, según enseña Villacastín5; mas, si en el cuerpo de la oración no puede su entendimiento discurrir, no se fatigue ni se canse en procurarlo, sino que haga por emplear toda su voluntad en actos, afectos y aspiraciones de amor, humildad, resignación, conformidad con la voluntad divina, etc., etc., procurando, si puede ser, que todo ello brote naturalmente del punto pro­puesto; y si esto no pudiera tampoco, haga lo que pueda y como pueda. Otro tanto digo de los propósitos, procurando siempre que sean cuanto más particulares y prácticos, mucho mejor.
3º Que esta oración suele ser más fructuosa que la otra de discurrir, pues orar no es «discurrir mucho, sino amar mucho»6.
4º Que me agrada mucho, mucho, su generosa resolu­ción de poner en manos de Dios, si pudiera, los gustos sensibles, para que El le dé las virtudes que quiera.
Gusto sensible y fe viva
4. Lo que le sucede respecto a la comunión no es más que una consecuencia de la generosa resolución antecedente. Dios la quita el gusto sensible, pero la da más viva fe, virtud inapreciable. otro tanto la sucede en los ejercicios exteriores, pues procura ya el divino Esposo que vayan envueltos con capullitos de virtudes. ¡Ojalá tenga usted el consuelo y yo el placer de ver pronto a estos capullitos de virtudes abiertos totalmente y convertidos, por consiguiente, en hermosísimas flores de virtudes que embalsaman con su olor ese aromático jardín del divino Esposo!
La gracia de la presencia de Dios
5. Concluyo, hermana mía, diciéndola que la presencia de Dios de que usted me habla en su último párrafo es una merced altísima de Dios que usted debe negociar cuanto pueda, principalmente recibiéndola con acción de gracias y ejercitándola con gratitud, pureza de intención y amor en todo.
Dscansar sobre la cumbre
6. ¡Adelante, hermana mía!, que el mes ha sido muy aprovechado, y quien hace lo que puede por subir la pendien­te, pronto, con la ayuda de Dios, descansará sobre la cumbre del monte deseado.
Así lo desea de todo corazón el último de sus hermanos, que tiene bien recorrida la pendiente para abajo, si bien confía en recorrerla para arriba, con la gracia de Dios, aunque sea con trabajo.
Un siervo inútil de Jesucristo.

3-23
Viva Jesús

19 de abril de 1872


Muy amada hermana en Jesucristo:
Veo por su nota que no hay cosa de particular que llame la atención desde la última comunicación. Hágase bien el cargo de lo dicho en las dos contestaciones precedentes, y por ahora basta.
Es mejor obedecer que orar
1. No se inquiete ni turbe por no tener tiempo para la oración, siempre que la obediencia la emplee en algún cargo. Tenga presente que nuestro Padre San Agustín nos dice: «Haz bien lo que haces y hazlo siempre por amor de Dios, y estás orando siempre.» Tenga también a la vista que el grado sumo de perfección a que podemos aspirar es conformar plenamente nuestra voluntad con la voluntad de Dios. Pues bien: si Dios quiere que usted llegue a conseguir esto mediante la vida activa, bendiga su voluntad santísima y tranquilícese. Por último, bueno es desear orar mucho y bien, pero es mucho mejor obedecer, por amor, pronto y bien.
Espere llena de confianza en Dios que, cuando convenga, saldrá usted a la vida contemplativa7; y, si no conviene, permanecerá en la activa para su mayor bien.
Agradece que recen por él
2. Agradezco a usted con todo mi corazón y toda mi alma que pida al Padre de las misericordias me haga un santo. ¡Oh hermana mía!, Dios le premie petición de tanta caridad y en su bondad infinita acceda benignamente a tan alta petición. ¡Dios la premie, hermana mía, Dios la premie haciéndola tan santa como santo me desea!
Un ruin siervo de Jesucristo.

4-31
Viva Jesús

17 de mayo de 1872


Muy amada hermana en Jesucristo:
Veo por la suya que no ocurre nada que llame mucho la atención; por tanto, siga usted obrando según las instrucciones anteriormente recibidas.
La perfección no es cuestión de fuerza
1. La vida de perfección no se alcanza a fuerza de brazos, sino a fuerza de gracia de Dios; y ésta la conseguiremos más pronto si nos reconocemos como siervos inútiles en la casa del Señor8. Seamos humildes en la presencia de Dios, caritativos con nuestros hermanos, mortificados con nosotros mismos, y no olvidemos que la corona de la gloria está reservada a los que perseveran hasta el fin9.
El peligro de la soberbia espiritual
2. No se asuste de sus imperfecciones. Sabe muy bien nuestro Dios del barro que nos formó10. Haga guerra sin tregua al pecado deliberado, sea mortal o venial, apoyada siempre en la gracia de Dios y protección de la Virgen. Mas, si alguna vez cayere, duélase con sentimiento profundo, pero tranquilo, porque de otra manera es soberbia espiritual, más difícil de extirpar que la soberbia común.
Las puertas de la misericordia, selladas con la sangre de Cristo
3. Buena es la consideración que usted hizo del amor que Dios nos tiene. Cuando se vea árida, triste, llena de imperfecciones y miserias, humíllese. Y después acójase con confianza al seno de la misericordia de Dios y su bondad infinita, cuyas reales puertas están selladas con la sangre de Cristo, cuyo nombre lleva quien yo sé para recordarle más fácilmente.


Es gran consuelo contemplar a Cristo en la Cruz
4. ¡Adelante, hija mía! La paciencia todo lo alcanza11. Es gran consuelo y da mucha fortaleza el ver a Jesucristo, con la cruz sobre sus hombros, subir por la pendiente del Gólgota. Pues bien, subamos nosotros con la cruz de nuestras miserias y ganemos la pendiente de la oración árida y seca, que así como en el Gólgota, de la muerte brotó la vida, así también de la pendiente de la oración árida y seca brotará, cuando menos se piense, un raudal de suavidad y dulzura.
Un siervo inútil de Jesucristo.

5-39
Viva Jesús.

22 de junio de 1872


Muy amada hermana en Jesucristo:
Aunque brevemente, por no poder de otro modo, quiero contestar en ésta, con la ayuda de Dios, a sus dos últimas.
Principio por la primera.
Agradece la obediencia prestada y las reflexiones que se le brindan
1. Le agradezco mucho el celo y ciega obediencia con que ha cumplido mi encargo de novena. Dios se lo pague como El sabe. Con gran placer veo sus juiciosas, discretas y espirituales reflexiones sobre el modo de caminar seguro y a pie firme en este negocio. Algunas de ellas ya están hechas, y otras, Dios mediante, se harán con la gracia de Dios12.
Se aprovecha de lo que le dicen sus dirigidas
2. De gran gozo me han servido las citas que me hace de el venerable Fray Luis, San Francisco de Sales y San Francisco de Borja. Pido a Dios no me suceda lo que al primero, por más que él pudo hacerlo sin culpa; y alegría me causa, al menos en este momento, el poder con el tiempo, con la gracia de Dios y por su amor, imitar, al menos en esto, a los dos últimos. Crea usted, hermana mía, que me enamoran estos ejemplos y es cosa que me alienta a la empresa comenzada.
Se lamenta de no amar lo que debiera
3. ¡Oh Dios mío, cuántos a mi edad han sido ya santos y han muerto por Ti, y yo llevo 35 años malgastados y perdi­dos, sin darte siquiera una muestra palpable del amor con que debo amarte, de la humildad con que quiero servirte y de la obediencia con que a tu voluntad quiero rendirme! ¡Oh Dios mío, ten misericordia de mí!
Respecto a la sequedad de que me habla en la de fecha 21 de mayo, veo que ha desaparecido, según su última; por tanto, nada digo sino lo que tengo dicho en mis anteriores.
Paso a la segunda.
Contemplando la cruz de Cristo cesó la sequedad
4. Me alegro que el Señor la haya aliviado del peso que la oprimía; esto es, celebro que haya desaparecido la aridez y sequedad que sentía viendo a Jesucristo con la cruz sobre sus hombros. No dude usted que, si la conviene, volverá; y, para sobrellevarla, bueno es que se ejercite en santos propósitos como los que hace.
Necesidad del día y de la noche para crecer en el espíritu
5. No vivirían las plantas, o morirían muy pronto, si siempre fuese día, o viceversa, siempre fuese noche. Si siempre fuese día, muy pronto se agostarían; si siempre fuese noche, no crecerían. Con noche y día se arraigan, crecen, viven y fructifican, no agostándose sino en tiempo oportuno y dejando ya semilla. Así sucede a las almas; necesitan noche y día; noche para arraigar en la virtud de la humildad, día para crecer en la virtud del amor; noche y día para arraigar humildes, crecer amantes, vivir activas y fructificar celosas.
Si para éstas siempre fuese noche, poco crecerían, porque carecerían del calor del Sol del amor, que las vivifica; si siempre día, pronto morirían a impulso del viento abrasador de la soberbia, que las agostaría o troncharía; con noche y día arraigan, crecen, viven y fructifican, no agostándose, es decir, no muriendo hasta que el divino jardinero, viéndolas en sazón, y una vez que dejan ya en otras almas la semilla de sus virtudes, las traslada al eterno jardín del celestial paraíso para perpetuo descanso y mansión de sus delicias13. Esto dicho, cuando la ilumine día, espere noche, y cuando se halle envuelta en ésta, espere con confianza el día.
Lo importante no es discurrir sino amar
6. Vuelvo a repetir que no se canse en discurrir. Lo principal de la oración no es pensar, sino obrar, padecer y amar a Jesucristo. Busque sin cesar la presencia de Dios. En mi alegórica palomita parte un rayo de su ojo al ojo de la Providencia, que dice: «Dios me ve». Con esto progresará mucho en perfección en poco tiempo. De San Luis de Gonzaga se lee que en el espacio de seis meses sólo perdió esta presencia lo que dura el rezo de una Ave María.
El corazón de Jesús mina de oro
7. Aconsejo a usted mucho, mucho y mucho que explote sin cesar la mina de oro purísimo del corazón de nuestro amado Jesús. ¡Cuánto me alegra esta nueva! ¡Adelante, hija mía! Para escribirme pida usted luz a Dios para que me escriba lo que El quiera y nada más.
Un siervo víctima del Corazón de Jesús."

6-47
Viva Jesús

22 de julio de 1872


Muy amada hermana en Jesucristo:
Deje hablar al corazón
1. Veo por la suya que algunas veces sigue la imposibili­dad de meditar; por tanto, respecto a este punto, ya sabe lo que la tengo dicho. Los actos mejores en estos casos son aquellos que brotan más espontáneamente del corazón; pero, si ninguno brotase, haga actos de humildad, resignación, amor, y sobre todo, de delación plena y absoluta en las manos de su Dios para que haga con usted lo que quiera y como quiera.
Mirar a Dios y orar coninuamente
2. Quien procura estar siempre en la presencia de Dios, está orando continuamente. La aguja imantada siempre mira al norte; el alma enamorada de su Dios siempre le mira, porque es su norte en todo. Ahora bien: ¿quién duda que esto es unir nuestro corazón con Dios y, en su consecuencia, orar conti­nuamente?
El corazón de Cristo manantial y fuego
3. ¡Loada sea, hija mía, la misericordia y bondad de nuestro Dios, que ha querido ponerla de lleno en el fondo de la mina riquísima de su corazón amantísimo, dulcísimo y suavísimo! ¡Oh hija mía, no me hartaría de darle gracias por merced tan señalada! Sí, hija mía, en ese corazón dulcísimo hay un manantial fecundo de agua viva que lava nuestras culpas14; hay una llaga hermosa que brota sangre, ¡ay!, sangre preciosa que ha redimido al género humano, que ha satisfecho por nuestros pecados y que mil y mil veces cayó sobre nuestro ingrato pecho. En ese corazón amantísimo hay un trono de fuego que enciende, abrasa, devora y consume todo nuestro frío corazón cuando en él quiere hacer mansión. En ese corazón, en fin, hay signos vivos de toda la escala del amor divino, desde el amor purgante más remiso hasta el amor triunfante más sublime, más intenso, más eficaz y más divino.
¡Oh hija mía, cuán dulce es habitar en este corazón de amor! Si así sigue, en poco tiempo adelantará usted mucho.
Grandes aspiraciones y miserias
4. Le agradezco mucho, mucho y mucho la gracia gene­ral y especial que ha pedido usted para este pobre pecador a este Corazón amantísimo. Él le pague como sabe esta caridad. Mucho necesito una y otra, porque las aspiraciones que El me da son grandes, y mi miseria más; por tanto, si aquel fuego divino que de él brota no me ilumina, abrasa, mueve y fortifica, ¿qué será de mí? Al hablar de aspiraciones grandes, claro está que son espirituales, pues todo lo demás es pura vanidad y aflicción de espíritu, conforme nos dice el Espíritu Santo por boca de Salomón15.
Aceptemos el manjar que Dios nos da.
5. Nada importa que la devoción no sea sensible; la esencial es la espiritual. Dulce al paladar es el manjar que se da a los niños; sin embargo, no es sólido. Por el contrario, el manjar de varones no es dulce, pero en cambio es sólido, fuerte y vivificante. Apetezca, pues, el manjar sólido y vivifi­cante y deje el dulce y gustoso menos sólido.
Por último, Dios sabe mejor que nosotros el manjar que nos conviene. ¿Nos da el manjar de niño? Tomémosle sin vacilar, aunque con templanza. ¿Nos da el de varón? Acepté­mosle con resolución, desconfiando de nosotros y confiando plenamente en El.
Un siervo inútil del Corazón de Jesús."

7-55
Viva Jesús

22 de agosto de 1872


Muy amada hermana en Jesucristo:
El Corazón amable de Jesús suaviza el camino
1. Veo con gozo en el Señor que va usted subiendo (con la ayuda del Corazón amantísimo de Jesús) por la pendiente del monte santo de perfección. No dudo que este Corazón tan amable suavizará en gran manera parte la aspereza natural del camino, y plegue a Dios que pronto, si conviene, la vea llegar a la cima de dicho santo monte.
Avances en la oración
2. Gran paso es el dado, por la bondad de Dios, en el mes último. Aunque usted no lo especifica16, creo que la oración en que apenas tomaban parte su memoria y entendimiento, se haría con un suave recogimiento al interior de su alma y una paz dulce y tranquila; sus lágrimas (si es que las hubo) serían dulces y fluirían sin violencia; más bien con gozo; su voluntad se dilataría y excitaría sin saber cómo, a los actos y afectos de humildad, resignación, alabanza, gratitud, y, sobre todo, amor divino y plena conformidad con su voluntad santísima. Estos actos brotarían como del interior del alma, a la manera que fluye el agua de un manantial, que brota del seno de la tierra. La tierra de su voluntad, sediente de esta agua divina, querría absorberla toda, a la manera que la tierra sedienta absorbe el agua del manantial que la riega; pero, henchida ya de ella, se derramaría en los actos y afectos arriba dichos, como la tierra ya empapada presta su jugo para fecundizar las plantas.
Cantemos siempre las misericordias del Señor
3. Esto es lo que vislumbro de su oración, por la misericordia de Dios y con la ayuda de su gracia. Si fue como creo, no tiene usted más que decirme en su 1ª comunicación que el Corazón amantísimo de nuestro amado Jesús ha queri­do concedernos la gracia amabilísima de que usted se haya explicado algo, y este pecador y siervo ingrato la haya comprendido, para quedar obligado más y más a cantar eternamente las misericordias del Señor. Si no fue así, me lo vuelva a explicar como pueda, pidiendo antes luz al Dios de las misericordias, remitiéndome, con su nueva explicación, este escrito mío para cotejar y advertir bien la diferencia, si a Dios place dármela a conocer. Sea de un modo o sea de otro, ahora como entonces y entonces como ahora, bendigo y bendeciré, con todo mi corazón, alma, sentidos y potencias, el nombre augusto y tres veces santo de mi Dios, a quien adoro desde el abismo de mi nada y a quien entrego sin reserva todo mi corazón y toda mi inteligencia. ¡Viva, viva mi Dios, que es mi amor!
Gocemos sólo en los brazos de Dios
4. Pláceme en gran manera los efectos que quedaron y es gratísima a mi corazón la comparación del niño que, gozoso en los brazos de su cariñosa madre17, vuelve la espalda a todo, y todo lo desprecia por ella. Así, así, hermana mía. Volvamos la espalda a todo lo que no sea Dios, despreciemos lo que no sea El y no gocemos sino en los brazos de su purísimo amor.
Necesidad para el espíritu del día y de la noche
5. No se olvide cuanto la tengo dicho de que es preciso, conveniente y provechoso que haya noche y día, borrasca y calma, gozo y pena. Entonces es cuando debemos repetir la letrilla de la seráfica madre Santa Teresa: «Nada te turbe»18, etcétera. Usted bien la sabe y aun creo que la tiene glosada.
El tiempo de crecer en el amor
6. Cuando espontáneamente fluyan los afectos y actos sin saber cómo, ayúdese, no se abandone, aproveche el tiempo, porque entonces es tiempo de siega y crece el amor. Ardiendo estoy en deseos, hija mía, de que suba usted la escala toda del divino amor, tan dulcemente impresa en el Corazón dulcísimo de nuestro amado Jesús. Adelante, hija mía, que en ella se encuentra la quintaesencia del amor divino.
Un siervo que desea ser muy siervo de Corazón tan amante.

8-64
Viva Jesús

24 de septiembre de 1872


Muy amada hermana en Jesucristo:
Dios le ha dado luz para conocer el estado de oración de su dirigida
1. Me alegro yo mucho en el Señor viendo que la luz de su divina gracia, partiendo de su corazón amantísimo, me iluminó sin duda para conocer el estado de su alma y oración. Es gracia que, una vez que la conozco, debía de derretir mi corazón de amor y acción de gracias. Mas aquí puede usted conocer mi gran miseria; la veo con ojos enjutos, y plegue al cielo que esto no sea tibieza de corazón. Por esta razón la agradezco mucho más sus deseos y oración para que mi corazón se ensanche y dilate, lleno de amor divino.
El Corazón de Jesús gran libro de amor
2. Ya puede usted ir conociendo por experiencia cuán pronto puede aprenderse a amar a Dios con perfección leyen­do en el gran libro del dulcísimo Corazón de Jesús, nuestro Maestro. ¡Oh hermana mía!, ¿qué corazón puede herirse ni por nada, ni por nadie al ver aquel Corazón humilde, manso, paciente, caritativo v magnánimo derramando su sangre por aquellos hijos ingratos que le hieren, befan, desprecian, ator­mentan, y a quien, aun después de exánime, llenos de furor, con una lanza traspasan?
¡Ay hermana mía! ¡Bendito, alabado, adorado y amado sea por todas las criaturas este Corazón divino que tan al vivo nos enseña a perdonar, bendecir y amar aun a los mismos que nos injurian, calumnian, maltratan y aborrecen!19 Siga, siga, herma­na mía, leyendo en este gran libro de amor y no dude que su amado Esposo ha hecho con usted la gran misericordia de ponerla en la escuela, donde más pronto y más fácilmente se aprende la gran ciencia del amor de Dios.


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