Sigmund Freud la interpretacion de los sueñOS



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Este mismo sujeto nos relata, en otra ocasión, un breve sueño, cuya técnica recuerda la de los jeroglíficos. «Va en automóvil con su tío, el cual le da un beso.» La interpretación, que no hubiéramos hallado nunca si el sujeto no nos la hubiese proporcionado inmediatamente después de su relato, es «autoerotismo». En la vida despierta hubiéramos podido dar idéntica forma a un chiste elaborado con los mismos materiales (1911).




  1. El sujeto hace salir de detrás de una cama a una señora. Interpretación: Le da la preferencia (juego de palabras: hervorziehen = hacer salir; Vorzug = preferencia) (1914).



  1. El sujeto se ve vestido con uniforme de oficial y sentado a una mesa enfrente del kaiser: se sitúa en contraposición a su padre (1914).




  1. El sujeto somete a tratamiento médico a una persona que padece una fractura (Knochenbruch = rotura de un hueso). El análisis revela esta fractura como representación de un adulterio (Ehebruch = rotura del matrimonio) (1914).




  1. Las horas representan, con frecuencia, en los sueños, épocas de la vida infantil del sujeto. Así, en uno de los casos por mí observados, las seis menos cuarto de la mañana representaban la edad de cinco años y tres meses, en la que tuvo efecto, la vida del sujeto, el importante suceso del nacimiento de un hermanito (1914).




  1. Otra representación de fechas de la vida del sujeto: Una mujer se ve en compañía de dos niñas, cuyas edades se diferencian en un año y tres meses. La sujeto no recuerda familia ninguna conocida en la que se dé tal circunstancia, pero luego interpreta por sí misma la escena onírica diciendo que las dos niñas son representaciones de su propia persona, y que la diferencia de edad entre ellas existente corresponde al intervalo que separó los dos importantes sucesos traumáticos de su infancia (uno cuando tenía tres años y medio y otro al cumplir cuatro años y nueve meses) (1914).




  1. No es de extrañar que las personas sometidas a tratamiento psicoanalítico sueñen frecuentemente con las circunstancias del mismo y expresen en sus sueños las ideas y esperanzas que en ellos despierta. La imagen elegida para representar la cura es, generalmente, la de un viaje, casi siempre en automóvil; esto es, en un vehículo complicado y nuevo. La velocidad del automóvil, contrastando con la lentitud del tratamiento psicoanalítico, proporciona a las burlas del sujeto un amplio campo en el que explayarse. Cuando lo inconsciente tiene que hallar representación en el sueño, a título de elemento de las ideas de la vigilia, encuentra una apropiada sustitución en lugares subterráneos, los cuales representan, en otros casos exentos de toda relación con la cura psicoanalítica, los genitales femeninos o el seno materno. «Abajo» constituye muchas veces en el sueño una referencia a los genitales, y «arriba», en contraposición, al rostro, la boca o el pecho. La elaboración onírica simboliza generalmente con animales salvajes los instintos apasionados -del soñador o de otras personas- que infunden temor al sujeto, o sea, con un mínimo

desplazamiento, las personas mismas a que dichos instintos corresponden. De aquí a la representación del temido padre por animales feroces, perros o caballos salvajes

-representación que nos recuerda el totemismo- no hay más que un paso. Pudiera decirse que los animales salvajes sirven para representar la libido, temida por el yo y combatida por la represión. La neurosis misma, o sea la «persona enferma», es separada con frecuencia de la persona total del sujeto y representada como figura independiente en el sueño (1919).


  1. (H. Sachs.) Por La interpretación de los sueños sabemos que la elaboración onírica conoce varios caminos para representar sensiblemente una palabra o un giro verbal. Así, puede aprovechar la circunstancia de ser equívoca la expresión que ha de representar y utilizar el doble sentido para acoger en el contenido manifiesto del sueño el segundo significado en lugar del primero, entrañado en las ideas latentes.

Ejemplo de ello es el breve sueño siguiente, en el que se aprovechan con gran habilidad, como material de representación, las impresiones diurnas recientes apropiadas para tal empleo.


Durante el día inmediatamente anterior al sueño me había sentido resfriado y había decidido acostarme y no abandonar el lecho para nada en toda la noche. Antes de acostarme estuve recortando y pegando en un cuaderno varios artículos de periódico con cuidado de colocar cada uno en el lugar que le correspondía. El sueño me hace continuar esta ocupación en la forma siguiente:

«Me esfuerzo en pegar un recorte en el cuaderno, pero no cabe en la página (er geht aber nicht auf die Seite), lo cual me causa gran dolor.»


En este momento despierto y compruebo que el dolor experimentado en el sueño perdura como dolor físico real, que me obliga a faltar a mi propósito de permanecer en el lecho. El sueño, cumpliendo su misión de «guardián del reposo», me había fingido la realización de dicho deseo con la representación de la frase er geth aber nicht auf die Seite (frase de doble sentido: «pero no cabe en la página» y «pero no tiene que levantarse») (1914).
Puede decirse que la elaboración onírica se sirve, para la representación de las ideas latentes, de todos los medios que encuentra a su alcance, aparezcan o no

lícitos a la crítica del pensamiento despierto, exponiéndose, de este modo, a las burlas y a la incredulidad de todos aquellos que sólo de oídas conocen la interpretación de los sueños, sin haberla ejercido nunca. La obra de Stekel titulada El lenguaje de los sueños contiene gran número de ejemplos de este género, pero evito tomar de ella documento ninguno, porque la falta de crítica y la arbitrariedad técnica del autor habrían de hacer dudar aun a los lectores más libres de prejuicios (1919).




  1. De un trabajo de V. Tausk, «Los vestidos y los colores al servicio de la representación onírica» (Int. Zeitschr., f. Ps., A. II, 1914), tomo los siguientes ejemplos:

  1. A. sueña ver a su antigua ama de llaves vestida con un vistoso traje negro (Lüsterkleid) muy ceñido por detrás. Interpretación: Acusa de concupiscente (lüstern) a la mujer de referencia.




  1. C. sueña ver, en la carretera de X, a una muchacha rodeada de un blanco halo de luz y vestida con una blusa blanca.

El soñador había visto su primera escena de amor en dicha carretera y con una muchacha llamada Blanca.




  1. La señora de D. sueña ver al anciano Blasel (un conocido actor vienés octogenario) vistiendo armadura completa y tendido en un diván. Luego se levanta, salta por encima de mesas y sillas, se mira al espejo y esgrime su espada como luchando con un enemigo imaginario.

Interpretación: La sujeto padece una antigua enfermedad de la vejiga. Durante el análisis permanece tendida en un diván, y cuando se mira al espejo encuentra que, no obstante sus años y su enfermedad, está aún muy fuerte. (Der alte Blasel = el anciano Blasel; ein altes Blasenleiden = una antigua enfermedad de la vejiga; Rüstung = armadura; rüstig = fuerte.)




  1. El sujeto sueña que es una mujer próxima a dar a luz y se ve tendido en la cama. Su estado se le hace muy penoso y exclama: «Preferiría…» (en el análisis, y después de recordar a una persona que le asistió durante una enfermedad, agrega:

«partir piedras»). A la cabecera de la cama cuelga un mapa cuyo borde inferior es

mantenido tenso por un listón de madera (Holzleiste). El soñador coge este listón (Leiste) por sus dos extremos y lo arranca de golpe. Pero en vez de quebrarse por su parte media, como era de esperar, dada la manera de arrancarlo, queda el listón dividido longitudinalmente en dos. Con este acto de violencia alivia el sujeto su estado y facilita el parto.


Sin que yo intervenga para nada, interpreta el soñador por sí mismo el arrancamiento del listón (Leiste) como un acto (Leistung) decisivo por medio del cual acaba con su desagradable situación (en la cura) y se liberta de su disposición femenina… (Strachey ha señalado un trozo omitido por Freud después de la primera publicación de este sueño: `No se puede hacer ninguna objeción a la propia interpretación del paciente, pero no lo describiría como simplemente «funcional» por sus pensamientos oníricos relacionados con su actitud en el tratamiento. Pensamientos de esta clase sirven de «material» para la construcción de sueños como ninguna otra cosa. Es difícil de ver porqué los pensamientos de una persona en análisis no se relacionan con su conducta durante el tratamiento. En el sentido de Silberer la distinción entre fenómeno «material» y «funcional», es de importancia solamente cuando -como en las bien conocidas autobservaciones de Silberer al quedarse dormido- hay una alternativa entre la atención del sujeto dirigida sea a una parte del contenido del pensamiento presente, o sea, a su propio y actual estado físico y no cuando el estado en sí constituya el contenido de sus pensamientos.' [Adición del E.]) La absurda rotura del listón en sentido longitudinal queda explicada por el sujeto mediante el recuerdo de que la duplicación de un objeto y su destrucción son un símbolo de la castración. Esta es representada con gran frecuencia en el sueño por medio de la presencia de dos símbolos del pene, o sea, por una tenaz antítesis optativa. La ingle (Leiste) es una región del cuerpo próxima a los genitales.

Concretando su interpretación, dice luego el sujeto que el significado de su sueño es el de que vence la amenaza de castración que ha provocado su disposición femenina.




  1. En un análisis que hube de llevar a cabo en francés se presentó la labor de interpretar un sueño en el que el sujeto me vio convertido en elefante. Naturalmente, le pregunté cómo había llegado a representarme bajo tal forma. La respuesta fue: Vous me trompez (Usted me engaña). (Tromper = engañar; trompe = trompa) (1919).

La elaboración onírica consigue representar frecuentemente un muy árido material - por ejemplo: nombres propios-, utilizando de un modo harto forzado relaciones muy lejanas. En uno de mis sueños me ha encomendado el viejo Brücke un trabajo.

Compongo un preparado y extraigo de él algo que parece un trozo de papel de plata todo arrugado. (De este sueño nos ocupamos más adelante con mayor detalle.) Después de buscar mucho, asocio la palabra Staniol (hoja de estaño) y veo que me refiero a Stannius, autor de una obra muy estimable sobre el sistema nervioso de los peces. El primer trabajo científico que mi maestro me encomendó se refería, realmente, al sistema nervioso de un pez, al ammocoetes, nombre imposible de representar plásticamente.
No quiero dejar de incluir aquí un sueño de singular contenido, muy notable también como sueño infantil y fácilmente solucionado en el análisis. Una señora nos hace el siguiente relato: «Recuerdo que siendo niña soñé repetidas veces que Dios usaba un puntiagudo gorro de papel. Por aquella época infantil me solían poner, durante las comidas, un gorro semejante, que me tapaba la vista por los lados, para quitarme la costumbre de mirar lo que les servían a mis hermanos y protestar en caso de desigualdad. Como me habían dicho que Dios lo sabía y lo veía todo, mi sueño no podía significar sino que también yo me enteraba de todo, a pesar del gorro con que trataban de impedírmelo.»
El examen de los números y los cálculos que aparecen en nuestros sueños nos muestran muy instructivamente el mecanismo de la elaboración onírica y cómo maneja ésta el material con que labora, o sea las ideas latentes. Los números soñados son considerados además por la superstición vulgar como especialmente significativos y prometedores. Elegiré, pues, algunos ejemplos de este género entre los de mi colección:

I
Sueño de una señora poco tiempo antes de la terminación de su tratamiento:

«Quiere pagar algo. Su hija le coge del bolsillo 3 florines 65 céntimos. Pero ella le dice: `¿Qué haces? No cuesta más de veintiún céntimos'.» Mi conocimiento de las circunstancias particulares de la sujeto me dio la explicación de este sueño sin necesidad de más amplio esclarecimiento. Se trataba de una señora extranjera, que tenía a una hija suya en un establecimiento pedagógico en Viena y podía continuar

acudiendo a mi consulta mientras su hija permaneciese en él. El curso y, por tanto, el tratamiento terminaba dentro de tres semanas. El día del sueño le había indicado la directora del establecimiento la conveniencia de dejar en él a su hija un año más.

Esta indicación había despertado en la sujeto la idea de que siendo así podría ella prolongar a su vez por un año el tratamiento. A esto se refiere, indudablemente, el sueño, pues un año es igual a 365 días, mientras que las tres semanas que faltan para el final del curso y el del tratamiento pueden sustituirse por 21 días (aunque no por otras tantas horas de tratamiento). Las cifras que en las ideas latentes se referían a espacios de tiempo quedan referidas, en el contenido manifiesto, a cantidades de dinero, no sin quedar expresado simultáneamente un sentido más profundo, pues time is money, el tiempo vale dinero, 365 céntimos son 3 florines 65 céntimos. La pequeñez de las cantidades incluidas en el sueño constituye una abierta realización de deseos. El deseo ha disminuido el coste de su tratamiento y el de los estudios de su hija.
II
En otro sueño conducen los números a relaciones más complicadas. Una señora joven, pero casada hace ya bastantes años, recibe la noticia de que una amiga suya, de casi su misma edad, acaba de prometerse en matrimonio. A la noche inmediata sueña lo siguiente: Se halla en el teatro con su marido. Una parte del patio de butacas está desocupada. Su marido le cuenta que Elisa L. y su prometido hubieran querido venir también al teatro, pero no habían conseguido sino muy malas localidades, 3 por 1 florín 50 céntimos, y no quisieron tomarlas. Ella piensa que el no haber podido ir aquella noche al teatro no es ninguna desgracia.»
¿De dónde procede la cantidad de 1 florín 50 céntimos? De un motivo indiferente del día anterior. Su cuñada había recibido como regalo de su hermano, el marido de la sujeto, la suma de 150 florines y se había apresurado a gastarlos comprándose una joya. Observaremos que 150 florines son 100 veces 1 florín y 50 céntimos. ¿De dónde procede ahora el número 3, coeficiente de los billetes de teatro? Para él no hallamos más enlace que la circunstancia de que Elisa L., la amiga prometida, es 3 meses menor que la sujeto. La significación del detalle de hallarse vacía una parte del patio de butacas nos lleva a la solución del sueño. Dicho detalle es una clara alusión a un pequeño suceso que motivó las burlas de su marido. Deseando asistir a

una cierta representación, había comprado las localidades con tanto adelanto, que tuvo que pagar un sobreprecio. Mas luego, cuando llegó con su marido al teatro, advirtió que sus precauciones habían sido inútiles, pues una parte del patio de butacas estaba casi vacía. No había, pues, necesidad de haberse apresurado tanto a tomar las localidades.


Sustituyamos ahora el sueño por las ideas latentes: «Ha sido un disparate casarme tan joven: no tenía necesidad ninguna de apresurarme tanto. Por el ejemplo de Elisa

L. veo que no me hubiese faltado un marido y, ademán, un cien veces mejor (Schatz- marido, novio, tesoro), si hubiese esperado (antítesis del apresuramiento de la cuñada). Con el mismo dinero (la dote) hubiera podido comprarme tres maridos como éste.» Observamos que los números incluidos en este sueño han cambiado de contexto y de significado en un grado mucho mayor que los de ejemplos anteriores, y esta más amplia labor de la deformación onírica nos revela que las ideas latentes han tenido que vencer una resistencia intrapsíquica especialmente intensa. No dejaremos tampoco inadvertida la circunstancia de que este sueño contiene un elemento absurdo: el de que dos personas tienen que tomar tres localidades. Anticipando una afirmación que más adelante justificaremos al tratar de la interpretación de lo absurdo en el sueño, indicaremos que este absurdo detalle del contenido manifiesto debe ser representación de la más acentuada de las ideas latentes: Fue un disparate casarme tan pronto. El 3 (3 meses de diferencia en la edad) contenido en una relación absolutamente secundaria de las dos personas comparadas es hábilmente utilizado luego para la producción del desatino necesario al sueño. El empequeñecimiento de la cantidad real de 150 florines a 1 florín 50 céntimos corresponde al desprecio del marido (o «tesoro») existente en los pensamientos reprimidos de la sujeto.


III
Otro ejemplo nos muestra el procedimiento que el sueño sigue en sus cálculos y tanto ha contribuido a desacreditarle. Un individuo sueña lo siguiente: «Se halla en casa de B. (una familia antigua conocida suya), y dice: `Ha sido un disparate que no me hayan dado ustedes a Mali.' Luego pregunta a la muchacha así llamada: `¿Qué edad tiene usted?' Respuesta: `Nací en 1882.' `¡Ah! Entonces tiene usted 28 años.»

Dado que el sujeto tiene este sueño en 1898, es indudable la inexactitud del cálculo, y la ineptitud matemática del soñador puede, por tanto y caso de no hallar otra mejor explicación, ser comparada a la del paralítico. Mi paciente pertenece a aquellas personas a quienes no hay mujer que no interese. Durante varios meses le había sucedido en mi consulta una señora joven, de la cual me habló varias veces y con la que extremaba su cortesía cada vez que la encontraba al salir de mi gabinete. Según él, debía de tener esta señora unos 28 años, circunstancia que aclara el resultado del cálculo efectuado en el sueño. La cifra que en él aparece -1882-correspondía al año del casamiento del sujeto. Este no había podido menos de entablar conversación con las otras dos personas femeninas que encontraba en mi casa, las dos criadas, nada jóvenes, que alternativamente le abrían la puerta y, encontrándolas poco asequibles a sus deseos de charlar, lo atribuyó a que le consideraban ya como un hombre serio y sentado.


IV
Al doctor B. Dattner debo la comunicación e interpretación del sueño numérico siguiente, caracterizado por su transparente determinación, o más bien superdeterminación (1911):

«Mi patrón guardia de Seguridad, empleado en las oficinas de Policía, sueña que está de servicio en la calle, circunstancia que constituye una realización de deseos. En esto se le acerca un inspector que lleva en el cuello del uniforme el número 22-62 ó 22-26. La cifra total constaba de todos modos de varios doses. Ya la división del número 2262 en el relato del sueño permite deducir que los elementos que lo integran poseen un significado aparte. El sujeto recuerda que el día anterior estuvieron hablando en la oficina de los años de servicio que lleva cada uno. El motivo de esta conversación fue la jubilación de un inspector que tenía 62 años. El sujeto tiene ahora 22 años de servicios y le faltan 2 años y 2 meses para jubilarse con el 90 por 100 de su sueldo. El sueño le finge primero el cumplimiento de un deseo que abriga hace ya mucho tiempo: el de su promoción a la categoría de inspector. El inspector que se le aparece llevando en el cuello el número 2262 es él mismo; está de servicio en la calle, otro de sus deseos; ha servido ya 2 años y 2 meses y puede jubilarse, como el inspector de 62 años, con el sueldo completo».

Reuniendo estos ejemplos con otros análogos que más adelante expondremos, podemos afirmar que la elaboración onírica no calcula, ni acertada ni erróneamente; se limita a reunir en forma de cálculo matemático números entrañados en las ideas latentes y que pueden servir de alusiones a un material no representable. Al obrar así considera los números como material propio para la expresión de sus propósitos y los maneja en la misma forma que a las demás representaciones y que a los nombres y los discursos orales reconocibles como representaciones verbales.

Es un hecho probado que la elaboración onírica no puede crear discursos originales. Por amplios que sean los discursos o diálogos -coherentes o desatinados-que en el sueño se desarrollen, nos demuestran siempre en el análisis que la elaboración no ha hecho sino tomar de las ideas latentes fragmentos de discursos reales, oídos o pronunciados por el sujeto, manejándolos además con absoluta arbitrariedad. No sólo los arranca de su contexto primitivo, sino que, acogiendo unos y rechazando otros, forma nuevas totalidades, resultando así que un discurso onírico coherente en apariencia se disgrega luego en tres o cuatro trozos al ser sometido al análisis. La elaboración del sueño suele hacer caso omiso en este proceso del sentido que las palabras poseían en las ideas latentes, atribuyéndoles otro completamente nuevo.

Un más detenido examen nos permite distinguir en el discurso onírico dos clases de elementos: unos precisos y compactos y otros que sirven de aglutinante entre los primeros y que han sido probablemente agregados para llenar un hueco como agregamos al leer letras o sílabas que un defecto de impresión ha dejado en blanco. El discurso onírico presenta así la estructura de una argamasa constituida por grandes trozos de materias homogéneas unidas entre sí mediante un fuerte cemento.
Esta descripción no es, de todos modos, exacta sino con respecto a aquellos discursos orales que presentan un marcado carácter sensorial y son reconocidos por el sujeto como oídos o pronunciados en el sueño. Los demás, aquellos de los que el soñador no puede asegurar que fueron dichos u oídos por él durante el sueño (aquellos que no presentaron una co-acentuación acústica o motora) son simplemente ideas, iguales a las que surgen en nuestra actividad intelectual despierta y pasan muchas veces al sueño sin modificación ninguna. La lectura

parece constituir asimismo un manantial -tan generoso como difícil de determinar- del material oral indiferente de nuestros sueños. Pero todo lo que en éstos muestra un marcado carácter de discurso oral resulta derivado de discursos reales oídos o dichos por el sujeto.


En los análisis expuestos con otro distinto fin hemos encontrado ya ejemplos de la derivación de tales discursos oníricos. Así, en el sueño «inocente» de la señora que llega tarde al mercado, en el que la frase «No queda ya» sirve para identificarse con el carnicero mientras que un fragmento de la otra: No he visto nunca cosa semejante. No lo compro, cumple la misión de dar al sueño un.aspecto inocente. El día del sueño había reñido la sujeto a su cocinera, diciéndole: «¡No he visto nunca cosa semejante! ¡Hágame el favor de conducirse más correctamente!» e incluye luego en su sueño la primera parte de esta frase, indiferente en sí, para aludir con ella a la segunda muy adaptada a la fantasía entrañada en el sueño, pero que de ser incluida en él hubiera relatado dicha fantasía.
Daremos aquí un análogo ejemplo como muestra de otros muchos que conocemos y que prueban todos lo mismo:
«Un amplio patio en el que están quemando unos cadáveres. El sujeto dice: `Me voy; no puedo ver esto.' Luego encuentra a dos muchachos, aprendices de carnicero, y les pregunta: `Qué, ¿os ha gustado?' Uno de ellos responde: `No; no estaba bueno.'» Como si hubiese sido carne humana.
El inocente motivo de este sueño es el que sigue. El sujeto fue de visita con su mujer, después de cenar, a casa de unos vecinos, gente buena, pero nada apetitosa (atractiva). La señora de la casa, una amable anciana, se hallaba cenando a su llegada y obligó al sujeto a probar de su cena. (Para designar estas apremiantes invitaciones a tomar algo se usa entre hombres una expresión compuesta de sentido sexual.) El sujeto rehusó repetidamente, alegando que no tenía apetito, pero la buena «señora insistió, diciendo: No; no se me irá usted sin tomar algo. Tuvo, pues, que probar lo que le ofrecían, y al acabar dijo: 'Está muy bueno.'» Después, al volver a casa con su mujer, criticó tanto la pesadez de la señora como la calidad de lo ofrecido. El no puedo ver esto, que no aparece claramente en el sueño como dicho,

es un pensamiento que se refiere a los encantos físicos de la señora y quiere decir que el sujeto no encuentra placer ninguno en contemplarla.



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