Sigmund Freud la interpretacion de los sueñOS



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Parece ser que el simbolismo onírico sexual ha encontrado ya una confirmación experimental directa. En 1912, y a instancias de H. Swoboda, realizó K. Schrötter, doctor en Filosofía, el experimento de provocar, por medio de la sugestión en personas profundamente hipnotizadas, sueños cuyo contenido les marcaba de antemano. Cuando la sugestión entrañaba el mandato de soñar con el comercio sexual normal o anormal, cumplía el sueño este mandato sustituyendo el material sexual por los símbolos ya descubiertos en la interpretación onírica psicoanalítica.


Así, habiéndose sugerido a una sujeto, como tema onírico, el comercio homosexual con una amiga suya, apareció ésta en el sueño llevando en la mano una vieja maleta que mostraba pegado un cartelito con las palabras «Sólo para señoras». La sujeto no tenía la menor noticia del simbolismo de los sueños ni de la interpretación onírica. Desgraciadamente, el suicidio del doctor Schrötter, sobrevenido a poco de comenzadas estas importantes investigaciones, nos impide determinar su alcance.

De ellas ha quedado únicamente un trabajo publicado en la Zentralblatt für Psychoanalyse.


Hallazgos similares fueron publicados por Roffenstein en 1923. Ciertos experimentos efectuados por Betlheim y Hartmann (1924) son del mayor interés, puesto que ellos no usaron la hipnosis. Estos experimentadores relataron chistes de un marcado carácter sexual a enfermos con el síndrome de Korsakoff y observaron las distorsiones que aparecían cuando se les pedía reproducir esas anécdotas a estos pacientes con tales estados confusionales.
Encontraron que aquellos símbolos familiares a nosotros en la interpretación de los sueños hacían su aparición (ejemplo: subir escaleras, apuñalar o disparar como símbolos de cópula, cortaplumas y cigarrillos como símbolos de pene). Los autores le dieron especial realce a la aparición del símbolo de la escalera, ya que como bien observan ellos, ningún deseo consciente distorsionador podía haber llegado a un símbolo de este tipo..Una vez que hemos dedicado al simbolismo onírico toda la atención que merece, podemos continuar ocupándonos de los sueños típicos, cuyo examen interrumpimos en páginas anteriores. Me parece justificado dividir, grosso modo, estos sueños en dos clases: aquellos que poseen realmente siempre el mismo sentido y aquellos otros que, no obstante presentar el mismo o análogo

contenido, son susceptibles de las más diversas interpretaciones. De los pertenecientes a la clase primera hemos estudiado ya detenidamente el sueño de examen.


Por la analogía de su impresión afectiva pueden ser agregados los sueños en los que perdemos el tren a los de examen, agregación que su esclarecimiento justifica luego plenamente. Son, en efecto, sueños que tienden a mitigar otro sentimiento de angustia experimentado durante el reposo, el miedo a morir. «Partir» es uno de los símbolos más frecuentes y explicables de la muerte: El sueño nos dice entonces, consolándonos: «Tranquilízate, no morirás» (no partirás), del mismo modo que el sueño de examen nos serenaba, diciendo: «No temas; tampoco esta vez te sucederá nada.» La dificultad con que tropieza nuestra comprensión de estas dos clases de sueños procede de hallarse ligada la sensación de angustia precisamente a la expresión del consuelo.
El sentido de los sueños de estímulo dental, sueños que he tenido numerosas ocasiones de analizar, se me ocultó durante mucho tiempo, pues para mi sorpresa tropezaba siempre su interpretación con resistencias intensísimas.
Por último, se me impuso la evidencia de que en los sujetos masculinos era el placer onanista de la pubertad lo que constituía la fuerza provocadora de estos sueños.

Analizaré aquí dos de ellos, uno de los cuales es, al mismo tiempo, un «sueño de vuelo». Ambos proceden de la misma persona, un joven de tendencias homosexuales muy enérgicas, aunque coartadas en la vida real. (Ambos de 1909.)


Se encuentra presenciando una representación de Fidelio, en el patio de butacas de la Opera, al lado de la persona que le es muy simpática y cuya amistad quisiera conquistar. De repente echa a volar oblicuamente por encima del patio de butacas hasta el final del mismo, se lleva luego la mano a la boca y se arranca dos muelas.»
El sujeto describe su vuelo diciendo que fue como si le hubieran tirado o arrojado (geworfen) al aire. Tratándose de una representación de Fidelio, hemos de pensar en los versos:

Aquel que ha conquistado una hermosa mujer. Pero la conquista de una mujer -por hermosa que fuese- no entra en los deseos del sujeto. Con éstos se hallarán más de acuerdo los versos que vienen a continuación: Aquel que ha acertado en la gran tirada/de ser el amigo de un amigo… (Wurf.).


El sueño contiene esta tirada y no sólo como realización de deseos, pues detrás de ella se esconde también el amargo recuerdo de otras veces que fracasó el sujeto en sus demandas de amistad, siendo rechazado (hinausgeworfen = «arrojado fuera»), y el temor a que le suceda lo mismo con el joven a cuyo lado asiste a la representación de Fidelio. Avergonzado, añade luego la confesión de que una vez que un amigo le hizo objeto de un desprecio se masturbó dos veces seguidas poseído por la excitación sexual que despertó.en él la añoranza de la amistad perdida.
Sueño segundo. -«Dos profesores de Universidad conocidos suyos me sustituyen en su tratamiento. Uno de ellos le hace algo en el miembro. El otro le golpea la boca con una barra de hierro, arrancándole los dientes. Luego le vendan con cuatro pañuelos de seda.»
No cabe dudar del sentido sexual de este sueño. Los pañuelos de seda corresponden a una identificación con un homosexual conocido suyo. El sujeto que no ha realizado jamás el coito, ni ha buscado tampoco, en la vida real, el comercio sexual con personas de su propio sexo, se representa el comercio sexual conforme al modelo de la masturbación a la que se entregó en su pubertad.
A mi juicio, también las frecuentes modificaciones del sueño típico de estímulo dental, por ejemplo la de ser una tercera persona quien extrae una muela al sujeto, etc., se nos hacen comprensibles mientras la misma explicación. De todos modos, no deja de parecer enigmático que el «estímulo dental» pueda llegar a entrañar tal significado. Haremos observar aquel la tan frecuente transferencia de abajo arriba que encontramos puesta al servicio de la represión sexual y mediante la cual pueden llegar a realizarse en la histeria localizándose en partes del cuerpo exentas de toda objeción sensaciones e intenciones que debían desarrollarse en los genitales. Un caso de esta transferencia se nos ofrece cuando dentro del simbolismo del pensamiento inconsciente quedan sustituidos los genitales por el rostro. Los usos del lenguaje contribuyen a ello con palabras aplicables a dos diferentes partes del

cuerpo (carrillos, labios). La nariz es hecha equivalente al pene en muchas alusiones; la vegetación capilar próxima a ambos miembros completa la analogía. Sólo los dientes y muelas se hallan fuera de toda posibilidad de comparación, y precisamente esta circunstancia, que contrasta con el paralelismo antes detallado, es lo que bajo el empuje de la represión sexual los hace apropiados para los fines de la representación.


No pretendo afirmar que la interpretación de los sueños de estímulo dental como sueños onanistas, justificada, sin duda alguna, haya llegado a ser por completo transparente. Me limito a exponer todos los datos que para su esclarecimiento he hallado hasta aquí, conviniendo en que aún queda bastante por explicar. En nuestro país existe una grosera expresión para designar el acto de la masturbación:

«arrancarse una». No puedo decir de dónde procede esta expresión ni cuál es el simbolismo en que se basa, pero las «muelas», parecen muy apropiadas para representarla.


Dado que los sueños de la extracción o caída de una muela son interpretados por la creencia popular como anuncio de la muerte de un pariente, mientras que el psicoanálisis no les concede tal significación, sino todo lo más en el sentido paródico arriba indicado, intercalaremos aquí un «sueño de estímulo dental» que nos ha sido comunicado por Otto Rank:
«Un colega que desde hace algún tiempo ha comenzado a interesarse por los problemas de la interpretación onírica me comunica el siguiente caso de «sueño de estímulo dental»:
«Soñé hace poco que estaba en casa del dentista, el cual me horadaba una de las últimas muelas de la mandíbula inferior; pero tanto y tanto trabajaba en ella que acaba por dejármela inservible. Entonces coge la llave y me saca la muela, asombrándome la facilidad con que realiza la extracción. Luego me dice.que no me importe, pues no es esta muela la que estaba curándome, y la deposita encima de la mesa, donde queda dividida en varias capas. (Antes compruebo que se trata de un incisivo de la mandíbula superior.) Me levanto del sillón, lleno de curiosidad, y acercándome a la mesa, dirijo una pregunta médica al dentista, el cual me contesta que aquello se relaciona con la pubertad, y que sólo antes de la misma, o tratándose

de una mujer en el momento de tener un hijo, pueden extraerse las muelas tan fácilmente. Mientras tanto separa los diversos fragmentos en que ha quedado dividida la muela y los machaca (pulveriza) con un instrumento. Observo después (medio despierto ya) que mi sueño ha sido acompañado de una polución, pero no me es posible situar ésta en un determinado punto del mismo. Lo más probable me parece que tuviera efecto en el momento de extraerme la muela.»


«Continúo luego soñando algo que no me es posible recordar ahora y que termina con que dejo en algún lado (probablemente en el guardarropa del dentista) el sombrero y el traje, confiando en que ya me los enviarán después, y vestido tan sólo con el abrigo, me apresuro para alcanzar todavía un tren que está a punto de salir. En efecto, consigo saltar en el último momento al vagón de cola, donde ya había alguien. Sin embargo, no me es posible penetrar en el coche y tengo que dejarme llevar por el tren, agarrado a la parte exterior, en una violenta postura que por fin logro rectificar, después de varias tentativas. Atravesamos así un gran túnel y al hacerlo nos cruzamos con dos trenes, que pasan a través del nuestro como si éste constituyera el túnel. Luego miro a través de la ventanilla de un vagón como desde el exterior.» 6Para la interpretación de este sueño poseemos los siguientes sucesos y pensamientos del día inmediatamente anterior:


  1. Hace, en efecto, algunos días que padezco continuos dolores en la muela de la mandíbula inferior, que es horadada en el sueño, y voy a casa del dentista, el cual está tardando realmente en curarla más tiempo del que yo quisiera. Habiendo acudido a él la mañana anterior al sueño para ver si lograba acabar con los dolores que tanto me molestaban, me propuso extraerme otra muela de la misma quijada, que era probablemente la que me hacía sufrir. Tratábase de una de las del juicio, que se hallaba en vías de romper. Con tal motivo dirigí al dentista una pregunta, remitiéndome a su conciencia médica.




  1. Aquella tarde tuve que disculpar mi mal humor ante una señora, atribuyéndolo, como era cierto, a mi dolor de muelas. A esto siguió una conversación, en la que dicha persona me contó que le daba miedo hacerse extraer la raíz de una muela cuya corona tenía destrozada. Creía que la extracción de los colmillos era especialmente difícil y dolorosa, aunque, por otro lado, le había dicho una amiga que tratándose, como era su caso, de un colmillo de la mandíbula superior, resultaba

más fácil. Esta misma amiga le había contado también que una vez le habían extraído equivocadamente una muela sana, suceso que aumentó su miedo a la necesaria operación. Luego me preguntó si los colmillos eran los dientes llamados caninos y qué sabía médicamente sobre ellos. Por mi parte, le hablé del carácter supersticioso de todas las opiniones a que antes se había referido, aunque concediéndole que algunas de tales creencias populares encerraban un nódulo de verdad. A propósito de esto me citó la señora un proverbio muy antiguo y generalizado, según ella: Cuando una mujer embarazada tiene dolor de muelas es señal de que parirá un niño..c) Este proverbio me interesó por recordarme la interpretación freudiana de los sueños de estímulo dental como sueños onanistas, dado que relaciona en cierto modo las muelas con los genitales masculinos (un niño), y aquella misma tarde releí las páginas correspondientes de La interpretación de los sueños. A ellas pertenecen las observaciones siguientes, cuya influencia sobre mi sueño resulta tan fácilmente reconocible como la de los dos sucesos antes relatados: «Por último, se me impuso la evidencia de que en los sujetos masculinos era el placer onanista de la pubertad lo que constituía la fuerza provocadora de estos sueños.» «A mi juicio, también las frecuentes modificaciones del sueño típico de estímulo dental -por ejemplo, la de ser una tercera persona la que extrae una muela al sujeto, etc.- se hacen comprensibles mediante la misma explicación.» «Haremos observar aquí la tan frecuente transferencia de abajo arriba (en el sueño presente, también de la mandíbula inferior a la superior) que encontramos puesta al servicio de la represión sexual, y mediante la cual pueden llegar a realizarse en la histeria, localizándose en partes del cuerpo exentas de toda objeción, sensaciones e intenciones que debían desarrollarse en los genitales.» «En nuestro país existe una grosera expresión para designar el acto de la masturbación: «sich einen ausreißen»,

«sich einen herunterreißen» («arrancarse una»). Esta expresión me era ya conocida en mis tempranos años juveniles como designación del onanismo. Partiendo de este punto, no será difícil para el intérprete onírico experimentado encontrar el acceso al material infantil en que puede hallarse basado mi sueño. Citaré únicamente todavía que la facilidad con que en el mismo se desprende la muela, que después de extraída se convierte en un incisivo de la mandíbula superior, me recuerda una vez que en mi infancia me arranqué yo mismo, fácilmente y sin dolor, un incisivo de la mandíbula superior, ya muy vacilante y próximo a caerse. Esta anécdota, presente aún en mi memoria con todos sus detalles, corresponde a aquella misma temprana

época en la que se sitúan mis primeras tentativas conscientes de masturbación (recuerdo encubridor).


La cita que hace Freud de una comunicación de C. G. Jung, según la cual los sueños de estímulo dental soñados por mujeres poseen la significación de sueños de nacimiento, y la creencia popular antes citada sobre el sentido del dolor de muelas de las embarazadas, han motivado en mi sueño la oposición del sentido femenino al masculino (pubertad). Con relación a esto recuerdo un sueño anterior que tuve pocos días después de haberme dado de alta, en otra ocasión, el dentista, y en el que se me desprendían las coronas de oro que me acababa de colocar en varias muelas, accidente que me causaba gran indignación, sin duda por dolerme aún el considerable desembolso realizado.
Este sueño se me hace ahora comprensible, relacionándolo con cierto suceso como alabanza de las ventajas materiales de la masturbación frente al amor objetivo mucho más desventajoso siempre desde el punto de vista económico (coronas de oro; la «corona» es la unidad monetaria austriaca) (N. del T.), y creo que las frases de la citada señora sobre la significación del dolor de muelas en las embarazadas fue lo que volvió a despertar en mí estos pensamientos. Hasta aquí llega la comunicación, suficientemente luminosa y libre, a juicio, de toda objeción, del colega sujeto de este sueño. Añadiremos únicamente por nuestra cuenta una indicación sobre el probable sentido del segundo fragmento onírico aunque pasando por los puentes verbales: Muela (tirar-tren; arrancar-viajar) - Zahn [ziehen-Zug; Zahn-reißen (reisen)]- representa tanto el.paso del soñador desde la masturbación al comercio sexual (túnel a través del cual atraviesan los trenes en distintas direcciones), transición realizada no sin ciertas dificultades, como los peligros del mismo (embarazo, abrigo-preservativo).
Desde el punto de vista teórico, nos parece este caso doblemente interesante. Ante todo, confirma la afirmación freudiana de que la eyaculación sobreviene en el momento de ser extraída la muela en el sueño. La polución tiene que ser considerada siempre como una satisfacción onanista conseguida sin el auxilio de excitaciones mecánicas. Pero, además, en el caso que nos ocupa, la satisfacción lograda por medio de la polución no responde, como de costumbre, a un objeto,

siquiera sea sólo imaginativo, sino que carece de él en absoluto, siendo, por tanto, puramente autoerótica, o mostrando, a lo más, un matiz homosexual (dentista).


El segundo punto, que creo interesante hacer resaltar, es el que sigue:
Podría objetarse que es innecesario todo empeño en aplicar a este caso la teoría de Freud, dado que los sucesos del día anterior bastan por sí solos para hacer comprensible el contenido del sueño. La visita al dentista, la conversación con la señora y la lectura de La interpretación de los sueños explican suficientemente que el sujeto, molestado aun durante el reposo por el dolor de muelas, produjese el sueño relatado, incluso, si se quiere, con el fin de adormecer el dolor que perturba su reposo (por medio de la representación de la extracción de la muela dolorida, acompañada de un simultáneo adormecimiento de la temida sensación de dolor por el desarrollo de la libido). Pero no puede defenderse seriamente la hipótesis de que la lectura de las explicaciones de Freud haya podido establecer o siquiera reavivar en el sujeto la relación de la extracción de la muela con el acto de la masturbación, si dicha relación no se hallase constituida de antemano hace ya mucho tiempo, como el mismo sujeto lo confiesa («arrancarse una»). La incredulidad con que el sujeto manifiesta haber recibido las afirmaciones de Freud sobre la significación típica de los sueños de estímulo dental al leerlas por vez primera, incredulidad que despertó en él el deseo de comprobar si tal significación se extendía a todos los sueños de este género, es lo que dio vida, a más de su diálogo con la señora, a tal relación. El sueño le ofrece la confirmación deseada, por lo menos en lo que respecta a su propia persona, y le muestra al mismo tiempo el motivo de su incredulidad, constituyendo de este modo la realización de un deseo: el de convencerse del alcance y solidez de la teoría freudiana.
Al segundo grupo de sueños típicos pertenecen aquellos en los que volamos, flotamos, caemos, nadamos, etc., sueños para los que no puede señalarse un sentido general, pues significan en cada caso algo distinto, pero cuyo material de sensaciones procede siempre de la misma fuente.
De los datos obtenidos en los psicoanálisis hemos de concluir que también estos sueños repiten impresiones de la infancia, refiriéndose a los juegos de movimiento tan atractivos para los niños. Todos hemos jugado a hacer volar a nuestros hijos o

sobrinos o hemos fingido dejarlos caer cuando los teníamos en nuestros brazos o cabalgando sobre nuestras rodillas. Los niños gustan mucho de esta clase de juegos y piden, incansables, su repetición, sobre todo cuando va mezclado a ellos una sensación de sobresalto o vértigo.


En años posteriores se procura el sujeto tal repetición en el sueño, pero suprime en él los brazos que de niño le sostenían y flota o cae así libremente.
Conocida es también la predilección de los niños por los juegos de columpiarse y.balancearse, juego cuyo recuerdo es reavivado más tarde por los ejercicios de los artistas de circo. En muchos adolescentes no consiste luego la crisis histérica sino en la reproducción de tales ejercicios, que realizan, por cierto con gran destreza, durante la misma. Estos juegos de movimiento, inocentes en sí, provocan, con frecuencia, sensaciones sexuales. Los sueños en que volamos, caemos, sentimos vértigo, etc., reproducen su agitación, pero transforman en angustia las indicadas sensaciones de placer.
Podemos, pues, rechazar muy fundadamente la teoría que atribuye a nuestras sensaciones epidérmicas durante el reposo y a las emanadas del movimiento respiratorio, etc., la producción de los sueños de volar y caer. Vemos, en efecto, que también tales sensaciones son reproducidas tomándolas de nuestra memoria y forman, por tanto, parte del contenido del sueño, en lugar de constituir fuentes del mismo.
Este material de sensaciones de movimiento homogéneo y procedente de una misma fuente, es utilizado para la representación de las más diversas ideas latentes. Los sueños de volar o flotar -placenteros en su mayoría- reclaman interpretaciones muy distintas, peculiarísimas en algunos sujetos y de naturaleza típica en otros. Una de mis pacientes solía soñar con gran frecuencia que flotaba a una cierta altura por encima de la calle sin tocar el suelo. La sujeto era de muy poca estatura y repugnaba todas aquellas impurezas que el comercio sexual trae consigo. Su sueño realizaba sus dos deseos, separando sus pies del suelo y haciendo sobresalir su cabeza en elevadas regiones. En otros sujetos el sueño de volar constituía la realización del deseo, expresado en una conocida poesía de ser un pájaro y poder volar hacia el amado. Otras, por último, se compensaban convirtiéndose por la noche en ángeles,

de que nadie les dirigiera tan amoroso calificativo durante el día. La íntima conexión del vuelo con la imagen del pájaro explica que los sueños de volar soñados por sujetos masculinos, posean casi siempre una significación groseramente sexual.

Tampoco nos sorprenderá el oír decir al sujeto alguna vez que se sentía orgullosísimo, durante el sueño, de su nueva facultad.
El doctor Paul Federn (Viena) ha expuesto la atractiva hipótesis de que gran parte de los sueños de volar son sueños de erección, dado que este fenómeno tan singular y que tan de continuo preocupa a la fantasía humana tiene que hacernos la impresión de una excepción de la ley de gravedad. (Compárense los falos alados de la antigüedad.)
Es curioso que Mourly Vold, investigador de gran timidez y contrario a toda interpretación, coincida aquí con nosotros en el sentido erótico asignado a los sueños de volar o flotar, manifestando que el erotismo es su «motivo principal», y alegando, en apoyo de tal aserto, la intensa sensación vibratoria del cuerpo que acompaña a estos sueños y la frecuente conexión de los mismos con erecciones y poluciones.
Los sueños en que caemos muestran muchas veces un carácter angustioso. Cuando el sujeto es femenino no presenta su interpretación la menor dificultad, pues aceptan siempre el sentido simbólico corriente de la caída, o sea la entrega a una tentación erótica. Pero esto no agota las fuentes infantiles del sueño de caída; casi todos los niños han caído alguna vez, siendo levantados y acariciados o hasta acogidos en el lecho de sus guardadores cuando la caída fue por la noche y desde su cama.
Aquellas personas que tienen frecuentemente el sueño de estar nadando y.se abren camino en él por entre las olas, experimentando una sensación agradable, etc., suelen haber tenido de niños la arraigada costumbre de orinarse en la cama, y renuevan en tales sueños un placer al que han aprendido a renunciar hace ya mucho tiempo. En ejemplos subsiguientes veremos a qué representación se prestan fácilmente estos sueños.
Como fundamento de la prohibición de jugar con fuego, suele decirse a los niños que así lo hacen que se orinarán por la noche en la cama. Esta circunstancia justifica

nuestra interpretación de los sueños de fuego, que hallamos también basados en la enuresis nocturna de los años infantiles. En mi estudio Fragmento del análisis de una histeria (1905) he expuesto el análisis y la síntesis completas de un sueño de fuego perteneciente al historial clínico de la sujeto y he mostrado cuáles son los sentimientos de la edad adulta para cuya representación es utilizado este material infantil.


Si para incluir a un determinado género de los sueños en la categoría de los

«típicos» consideramos suficiente el frecuente retorno del mismo contenido manifiesto en sujetos distintos, podremos citar aún toda una serie de ellos. Así, el de avanzar a través de estrechas callejas, el de ladrones nocturnos, con el que se relacionan las medidas de precaución adoptadas por los nerviosos al acostarse, el de escapar a través de una serie de habitaciones, de huir perseguidos por animales furiosos (toros, caballos) o bien amenazados con cuchillos, puñales o lanzas, etc.



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