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Escultura por siglos

Los primeros tratados sobre técnicas de escultura pertenecen a los artistas griegos y datan del siglo V a. C.. El más conocido es el Canon de Policleto, obra en la que el escultor expone las innovaciones que él mismo llevó a la práctica, como la posición del contrapposto. Según Plinio el viejo, sus indicaciones fueron adoptadas como leyes por otros artistas. Alberto Durero, durante sus últimos años de vida, se dedicó a recopilar estudios teóricos que había hecho sobre el canon humano al Tratado de las proporciones del cuerpo, editado póstumamente en 1528. ​ Leon Battista Alberti, que se mostró constantemente interesado por la búsqueda de reglas —tanto teóricas como prácticas— capaces de orientar el trabajo de los artistas, llama en sus obras algunos cánones como, por ejemplo, en De statua, en la que expone las proporciones del cuerpo humano.6

La Naturalis Historia de Plinio el viejo, los Mirabila de Pasiteles, datado del siglo I a. C., y otras obras contribuyeron a difundir las teorías histórico-críticas de los filósofos griegos que en el período helenístico establecían que el escultor Fidias representaba la «cima de su pasado artístico».

Pensadores romanos como Cicerón y Quintiliano formularon observaciones críticas de interés sobre la escultura y la pintura pero, en conjunto, la aportación de la antigua Roma en la historiografía del arte reside en la descripción de las obras y la transmisión de las noticias y los conocimientos según los precedentes griegos perdidos. Durante la baja Edad Media, los artistas comenzaron a firmar las obras e, incluso, algunos de ellos adoptaron la idea de añadir autorretratos en sus obras, como el escultor Arnau Cadell al monasterio de Sant Cugat (c. 1190); debido a la falta de contratos, estas firmas son uno de los datos más importantes que tiene la historiografía de la escultura románica. ​

Durante el Quattrocento florentino se formuló una teoría y una historiografía de acuerdo con la nueva práctica y mentalidad artística. El género de las «biografías de artistas», olvidado desde la antigüedad clásica —puesto que este género fue iniciado en el siglo IV a. C. por Duris de Samos— volvió a ser cultivado: Cennino Cennini con su Libro dell'Arte y los Comentarii de Lorenzo Ghiberti son el testimonio más elocuente de la profunda renovación que el Renacimiento llevó en el plano de la literatura artística. Sin embargo, las obras de Donatello, Andrea del Verrocchio y Jacopo della Quercia demarcon el ague de este panorama artístico.

En esta época es cuando se dio prácticamente la liberación de la escultura del marco arquitectónico, los relieves se realizaron con las reglas de la perspectiva y se mostraban a los personajes con expresiones de dramatismo que llevaban a la sensación de gran terribilità en los sentimientos expuestos en las esculturas. Durante el Cinquecento, Leonardo da Vinci, Rafael Sanzio y el propio Miguel Ángel continuaron esta tradición teórica con sus escritos y tratados; este período se caracterizó debido al parcial gusto por la grandiosidad monumental y por una influencia más «manierista». Le Vite (1550) de Giorgio Vasari constituye una obra fundamental que ejerció una enorme influencia en toda la historiografía del arte que se desarrolló posteriormente.

En el mundo griego se inició la investigación arqueológica con las excavaciones de Heinrich Schliemann entre 1868 y 1874, gracias a las cuales se descubrieron Ítaca, Troya y Micenas. Schliemann también dio nombre a la Máscara de Agamenón:

He descubierto las tumbas, que, según la tradición, corresponden a Agamenón, Casandra, Eurimedonte y sus compañeros, asesinados durante el famoso banquete para Clitemnestra y su amante Egisto.

Heinrich Schliemann. Necrópolis de Micenas.



Pasado el tiempo, se sabe que estas tumbas pertenecen a siglos anteriores a los hechos narrados por Homero, que Schliemann tomó como guía para su trabajo. En el siglo XX fue Arthur Evans con la excavación de Cnossos quien estableció una cronología para la cultura minoica. Con todo esto y nuevas excavaciones, van cambiando las denominaciones: ya no se habla de la cultura cretense, sino de la minoica, y no del arte micénico, sino del heládico. ​

El libro El arte griego (1972) de Kostas Papaioannou niega que el período arcaico sea una etapa inferior y previa al proceso de la estatuaria griega en sí con tal de dar origen a una segunda etapa, según dice, la etapa del arcaísmo fue la de «presentar la realidad» y no «representarla como una copia de la realidad».

Así, las figuras arcaicas de los kouroi no son atletas retratados y reproducidos de individuos concretos sino creaciones artísticas que se pueden interpretar como signos culturales y, por tanto, históricos.10​ Según Panofsky, el estudio concreto de las obras de arte debería constar de tres análisis: primero un análisis preiconográfico, en la que se sitúe el período y el estilo, según sus formas, en términos descriptivos; en segundo lugar, un análisis iconográfico, en la que se analicen los elementos que acompañan la obra, sus diferentes atributos o características, en relación a su función simbólica y, por último; un análisis iconológico, en la que se estudie su significado conceptual o ideológico en el contexto cultural de su época.1112


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