Sergio torres



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AMERINDIA


Una voz de esperanza para América

ASAMBLEA CONTINENTAL


18 al 21 de julio de 2006, Bogotá (Colombia)

PONENCIAS Y EXPOSICIONES

Presentación – Martes 18 de julio
¿QUIÉNES SOMOS Y QUÉ BUSCAMOS CON ESTA ASAMBLEA?1

Pablo Bonavía
Historia
Los que venimos de la cultura latina tenemos una manera de vivir las cosas no como programas, sino como procesos. Esa es una de las cosas que, a veces, nos supone dificultades para dialogar con quienes tienen una tradición anglosajona. Y yo creo que ésa es una buena definición de Amerindia. Amerindia no surge como resultado de un programa, surge como resultado de un proceso que no fue previamente diseñado por nadie, construyéndose muy de a poco y casi sin darnos cuenta. Surge porque en distintos momentos, en distintas instancias y espacios de América Latina y del Caribe, y también de los hispanos en Estados Unidos, hemos sentido que el Espíritu Santo le ha regalado algo muy importante a nuestras Iglesias, a nuestro caminar, a nuestra manera de vivir el Evangelio. Y nos sentimos responsables de ese regalo del Espíritu a la Iglesia de nuestro continente y más allá.

La primera vez que un grupo se reconoció como Amerindia, estaba integrado exclusivamente por teólogos, y fue a propósito de la Asamblea de Puebla –de la III Conferencia del Episcopado- cuando a muchos de los que se habían tomado en serio la Conferencia de Medellín, en sus respectivos países, se los empezó a dejar de lado a la hora de buscar asesoría para la Conferencia de Puebla. Y entonces, en esa primera instancia matriz para Amerindia, en la que participaron Monseñor Samuel Ruiz y Sergio Torres –entre otras muchas personas- a iniciativa de Helder Cámara, quién preguntó por qué no constituíamos en Puebla un espacio donde aquellos participantes de la Conferencia que quieran encontrar asesoría puedan encontrarla. Así fue que se armó, en la Asamblea de Puebla (1979), un primer grupo que se empezó a reconocer con una misión y con una responsabilidad en la historia de nuestra Iglesia.

De ese primer grupo integrado exclusivamente por teólogos, en diálogo con obispos, se fue pasando lentamente a constituir un espacio en el que todos y todas los que integramos la Iglesia (laicas, laicos, religiosas, religiosos, sacerdotes, obispos) formamos parte en pie de igualdad de este espacio. Y cada una de estas formas y espacios de vivir la Iglesia ha dado una enorme contribución para que este espacio se fuera enriqueciendo, como a esta altura pensamos que está enriquecido.

Esto quiere decir que, como primera evolución en esa historia, Amerindia fue pasando de ser un grupo solamente de teólogos, a ser un grupo representativo de la Iglesia como pueblo de Dios, en todas sus expresiones, dentro de las limitaciones y sencillez que todos sabemos de antemano que tiene esta red llamada Amerindia.

Si ponemos como fecha de inicio 1979, podemos decir que es sobre todo a partir de 1997, con motivo del Sínodo de las Américas, que se empieza a configurar más en la pluralidad de carismas y ministerios de la Iglesia. Ahí empieza a configurarse otra Amerindia. Una Amerindia con la diversidad de carismas y ministerios que enriquecen nuestra experiencia de Iglesia.

Una segunda evolución, fue que al principio Amerindia se reconoció a sí misma al interior de eventos puramente eclesiales. ¿Qué quiero decir con eso? Que el primer gran momento fue Puebla, el segundo fue Santo Domingo y el tercero fue el Sínodo de las Américas. Quiere decir que, al comienzo, Amerindia estaba más bien referida a un servicio, una presencia y un testimonio vinculado con eventos intereclesiales. Y poco a poco, Amerindia se fue identificando, cada vez más, con el compromiso en la sociedad plural y sus múltiples esfuerzos de humanización, en todos los países y en todas las realidades que, como algunos ya saben, tienen en el Foro Social Mundial su expresión más global a nivel del mundo entero.

Quiere decir, que de estar más bien referida a eventos eclesiales, Amerindia fue reconociéndose cada vez más a sí misma en relación con lo que se está construyendo, con los procesos históricos en la sociedad pluralista, en las sociedades civiles. Para nosotros, el Foro Social Mundial es un espacio de referencia permanente. Pero además, en cada país tiene multiplicidad de formas; lugares donde se quieren vivir formas alternativas de relaciones humanas, grupales, sociales, de trato al medio ambiente, de relación hombre-mujer, de intercambio entre los distintos saberes académicos, popular, etc.

Por último, un tercer elemento es que Amerindia nunca quiso definirse como movimiento. Amerindia es una red. Con toda la humildad que tiene eso. Con todas las limitaciones, pero también con toda la riqueza que implica la categoría de red. Nunca quiso ser un espacio que se impusiera por su gran cohesión interna, por su peso institucional. Amerindia siempre se fue configurando en torno a relaciones mucho más horizontales, mucho menos institucionalizadas.

Al comienzo de Amerindia, la iniciativa recaía mucho en lo que era su grupo de animación central; lo que hoy llamamos el Comité Ejecutivo. Las iniciativas y las propuestas venían –en gran parte- de un pequeño grupo de personas que, como en ese momento no había nada más organizado, eran las que tomaban las decisiones y tenían un peso muy grande. Poco a poco, en Amerindia han ganado más peso los grupos nacionales y las regiones. Quiere decir que Amerindia fue pasando de una perspectiva muy centrada en su Comité Ejecutivo, hacia otra perspectiva donde tienen cada vez más peso las regiones, y sobre todo los grupos nacionales, que es la situación que hoy estamos viviendo.
Memoria
Uno se pregunta ¿qué tienen en común todos esos momentos? ¿Qué tenemos en común personas que por suerte somos tan diferentes, en nuestras realidades culturales, en lo que se vive en nuestros países, nuestras Iglesias, diferencias de género, diferencias étnicas? ¿Qué tenemos en común que nos hace vivir tanto los eventos eclesiales como los procesos sociales, como parte de nuestra identidad? ¿Qué tenemos en común grupos nacionales que están en momentos muy distintos, porque algunos están comenzando, y otros ya tienen una larga trayectoria?

Y cuando nos preguntamos eso, aparece esta categoría de memoria. Nos sentimos responsables de una tradición latinoamericana -espiritualidad, pastoral, teología, compromiso socio-político- cuya originalidad y testimonio hasta el martirio nos parece que es una novedad, una riqueza, un don del espíritu para toda la Iglesia que no sólo no debe perderse sino que debe profundizarse, enriquecerse y asumir nuevos retos que no estaban tan claros en sus comienzos -movimientos de mujeres, movimientos indígenas, redes, posmodernidad, globalización, diálogo interreligioso-.

Aun a pesar de todas nuestras diferentes riquezas, tenemos algo en común. De distintas formas, nos hemos encontrado en nuestra vida personal y comunitaria con lo que consideramos el gran regalo de Dios para la Iglesia latinoamericano-caribeña, pero también para la Iglesia universal. Hemos sentido de distintas maneras, que lo que han testimoniado del Evangelio -a lo largo de todos estos años- nuestras comunidades, nuestros mártires, nuestros testigos, que sin llegar necesariamente a derramar su sangre por la fe, la derraman todos los días en un servicio desinteresado, anónimo y no muy reconocido, entendemos que nuestra experiencia, este caminar, ha ido lentamente constituyendo una memoria de la que nos sentimos responsables.

En esa memoria que tiene –por poner un evento eclesial importante- en la Conferencia de Medellín una instancia determinante, todos reconocemos una nueva espiritualidad que descubre en el encuentro con las y los excluidos una instancia decisiva del encuentro con Dios; toda la centralidad de la opción por el pobre, de nuestras maneras de mirar la realidad, de sentirla, de vivirla. Creemos que eso es algo que jamás se debe abandonar. Es algo que la Iglesia en su conjunto, poco a poco, también ha ido reconociendo como no negociable para la vida cristiana.

Hemos ido reconociendo en el método del “ver, juzgar y actuar”, no solamente una práctica pedagógica, sino toda una espiritualidad y una forma de estar presente en el mundo.

Hemos descubierto en esta memoria un modelo de Iglesia en comunidades a dimensión humana, en donde es fundamental el compartir, no solamente doctrinas sino también ideas, bienes, procesos, y toda la realidad de las comunidades de base.

Una manera de hacer teología que tiene como punto de partida la praxis de la fe vivida en estos contextos. Una realidad en el martirio, que es como un momento privilegiado -no buscado-, pero privilegiado, para ver lo que la fe es capaz de descubrir de la realidad que estamos viviendo. Desde el martirio podemos ver lo que la realidad puede dar de sí; lo que está escondido en nuestra realidad y muchas veces encubierto.

Y también –hay que decirlo- una memoria en donde hemos aprendido de nuestros errores. Porque también tenemos errores; también nos equivocamos; también aprendemos de los demás; también tenemos que convertirnos; también tenemos que dar marcha atrás en muchas cosas.

Memoria. Nos sentimos identificados con una memoria. Pero no nos sentimos los sobrevivientes de un tiempo que ya fue. No sentimos que la forma de ser fieles a esa memoria sea permanentemente hacer homenajes a sus protagonistas. No sentimos que hacer memoria nos fije en un pasado y nos haga incapaces de recibir lo que de nuevo el Espíritu Santo está gestando en nuestro tiempo.

Hacer memoria no quiere decir vivir este tiempo simplemente como un tiempo de decadencia y de deterioro. Es también un tiempo de gracia, de creatividad, de mirar hacia delante.

Cuando hablamos de memoria decimos algo que pasa por nuestro corazón y por nuestra mirada, pero que se hace verdadera fidelidad cuando es capaz de actualizarse en el hoy. Cuando es capaz de vincularse con las nuevas situaciones que estamos viviendo. Cuando podemos mirar la crisis de la modernidad y de la posmodernidad e incorporar sus riquezas y sus limitaciones. Cuando somos capaces de ver lo que se ha avanzado, y también lo que falta, en la relación hombre-mujer. Cuando miramos la realidad de nuevos movimientos religiosos que pululan en todas nuestras Iglesias y sociedades. Cuando somos capaces de valorar lo que los grupos originarios de América Latina y el Caribe han ido ganando como espacio de identidad a lo largo de estos años. Quiere decir que cuando hablamos de espíritu, hablamos del hoy. Para nosotros, el hoy es importante. Y en ese hoy se juega nuestra fidelidad y nuestra capacidad de hacer de la memoria una herramienta fundamental para la fidelidad y la construcción del mañana.

No es necesario decirlo, somos una minoría; no sé si se dieron cuenta de eso. Creo que de tanto intercambiar entre gente que está en esta misma dinámica tendemos a pensar que quedan pocos que no se hayan convencido de esta forma de vivir la fe y la espiritualidad. Somos una minoría, y no es lo que más nos preocupa. Y somos una minoría cuyo objetivo no es ocupar espacios de poder en la Iglesia institucional a cualquier precio.

No somos gente que se considere víctima porque no tiene un reconocimiento oficial permanente, ni recibe “mimos” de parte de la institución eclesial. Ni lo buscamos, ni nos parece que eso siempre haga bien. Al contrario.

Hace poco le preguntaron, creo que a Gustavo Gutiérrez, cómo vivía esta realidad de tanta oposición a la teología de la liberación, ese desconocimiento de la memoria tan rica en valores y en testimonios de América Latina, qué pensaba de este momento tan difícil que se estaba viviendo ahora. Y contestó: “¿Y cuándo fue fácil?” A mí me parece tan claro eso. A veces tendemos a pensar y a idealizar un pasado mirándolo sólo desde los logros que hemos tenido.

Yo creo que la Biblia, y aquí me remito a nuestro máximo especialista que es Pablo I, es el único libro asumido como historia nacional que no está constituido sólo por el relato de los triunfos, de las grandes conquistas de personalidades intachables. El Antiguo y el Nuevo Testamento se cansan de mostrar las debilidades -a veces hasta las traiciones- de aquellas mismas personas que habían sido elegidas por Dios. No es una historia de monumentos que idolatraban a personalidades impecables; no es eso. No es la historia de un pueblo que siempre fue fiel y fue avanzando logro tras logro. Al contrario. Es un pueblo que reconoció que en las debilidades y en los fracasos, es donde a veces más nos despojamos de cierta suficiencia y más nos reencontramos con la fuerza que viene de Dios.

Por lo tanto, nuestra ubicación en la Iglesia no está a la búsqueda de reconocimiento ni de conquista a cualquier precio, de espacios de poder que sabemos que hoy están en manos de otros grupos. Más bien creemos que no podemos renunciar a lo que hemos descubierto y estamos viviendo de nuestra práctica cotidiana porque nos parece que eso es algo que enriquece a toda la Iglesia. Y si nos preocupa tener una posibilidad de aporte en la V Conferencia, no es para que nos hagan un homenaje, sino porque nos interesa que lo que salga de ese evento eclesial sea estimulante para las comunidades en las que nosotros compartimos nuestra fe, y para las Iglesias locales.

Nos parece bien decir cuál es nuestra ubicación en la Iglesia. Sabemos que hay gente que nos considera absolutamente perdidos para la fe, funcionales a ideologías anti-cristianas, que nos falta espiritualidad, que no creemos en el Espíritu Santo; ya lo sabemos. Pero no nos vamos a ocupar de defendernos, porque ésa no es nuestra preocupación. No se trata de defendernos y quedar elevados a la categoría de ejemplo para todo el mundo. Lo que queremos es que los espacios sociales donde se juega buena parte de nuestra autenticidad cristiana, en los espacios sociales, y también en los espacios de crecimiento en la fe, recuperemos, actualicemos y enriquezcamos la riquísima memoria de nuestra Iglesia de América Latina.

Y termino diciendo lo que es el título de ese libro que es el fruto del trabajo de mucha gente: “Tejiendo redes de vida y esperanza”, y que tiene un subtítulo: “Cristianismo, profecía y sociedad en América Latina y el Caribe” Este espacio, y esta Asamblea, lo que busca es seguir tejiendo redes de vida y de esperanza, desde los hispanos de Estados Unidos hasta los chilenos y argentinos del sur. Lo nuestro es tejer, además con un hilo que no es nuestro. Eso vale también afirmarlo. Amerindia –por suerte- no se siente la portadora, ni principal ni única, de ese patrimonio que es de toda la Iglesia, y específicamente de la Iglesia latinoamericana. Creemos que somos uno de los tantos espacios –para nuestro asombro con mucho reconocimiento- que intenta que esa tradición crezca y esté viva; que esa tradición siga dando vida y esperanza a la gente con la que compartimos habitualmente nuestra práctica social, nuestra opción por el pobre y nuestra fidelidad a Jesús.

Esta Asamblea -como es inevitable- no quiere perder de vista el conjunto de desafíos que tenemos como cristianas y cristianos insertos en un mundo que busca humanizarse. De paso hago propaganda de un discurso de Dom Pedro Casaldáliga, que se llama “Humanizar la humanidad”. Creo que después le agrega “a través de la proximidad”. Me parece un lindísimo discurso que además tiene que ver con nuestra forma de vivir la fe. Para nosotros, lo que da sello de autenticidad a nuestro cristianismo vivido con otros que no son cristianos, es que tengamos la capacidad de engendrar cosas de mayor calidad humana.

Hemos descubierto que no se puede vivir el Evangelio sin simultáneamente transformar todas las situaciones de injusticia que vivimos, desde la relación hombre-mujer, hasta las relaciones internacionales. Y que si no estamos en el proceso de transformar eso, no podemos hacer que el Evangelio sea realmente una Buena Noticia.



Martes 18 de julio
ANÁLISIS DE LA REALIDAD2

Félix Posada

Buenos días para todas y para todos, me place mucho estar con ustedes. Creo que voy a ser como la mosca en la leche en este encuentro, porque yo generalmente trabajo dentro de grupos campesinos, de indígenas, de mujeres, con un lenguaje muy sencillo, y por lo poco que he visto acá, hay una lumbrera de la intelectualidad latinoamericana y no sé si pueda estar a la altura de ellos, por lo les voy a pedir mucha paciencia con lo que voy a tratar de comunicarles.

Voy a tratar de hacer una síntesis de lo que es la situación actual de América Latina. Empecemos -como yo lo haría con cualquier grupo popular- diciendo que lo que conocemos como América Latina tiene una extensión de 20.400.000 km2 y una población de 545 millones de habitantes. De esos 545 millones de habitantes, el 40.8% están en la pobreza. Según los estándares internacionales, pobres son aquellos que ganan menos de dos dólares por día. Y el 16% de la población del continente está en la miseria. Son aquellos que ganan menos de un dólar por día.
El peso de la desigualdad
Latinoamérica es el continente más desigual del planeta. Dentro de los 11 países del mundo –que según las Naciones Unidas tienen la mayor desigualdad entre los más ricos y los más pobres- hay varios países de América Latina. Son: Brasil (que lleva la delantera), Guatemala, Chile (increíblemente el milagro chileno es un milagro sólo hacia fuera), Paraguay, Colombia. Esos son los países más desiguales en América Latina. Esto se mide con un coeficiente que se llama GINI. El coeficiente va de 0 a 1. Cuando es 1, es que hay absoluta desigualdad entre los muy ricos y los muy pobres. Y cuando es 0, es cuando hay perfecta igualdad y no hay ni ricos ni pobres. El país menos desigual del mundo es Finlandia, tiene un GINI de 0.324. Estos países latinoamericanos de los cuales estamos hablando, tienen un coeficiente de 0.57 hacia arriba; casi 0.600.

Hay que ver que el 10% más rico de la población de América Latina se queda con el 48% de la riqueza del continente. Mientras que el 10% más pobre se queda con el 1,6% de la riqueza. Ese es más o menos el promedio para todo el continente.

A nivel de la concentración de la propiedad de la tierra, el 1% de los propietarios de tierras, o sea los grandes hacendados, tienen el control del 40% de la tierra del continente. Y más del 80% de la población que vive en las zonas rurales está en la pobreza.

Esto se puede entender mejor si sabemos que los 25 hombres y mujeres más ricos de América Latina tienen más dinero que todos los países de Centroamérica juntos. O más exactamente, las 500 fortunas más grandes del continente tienen más dinero que la mitad de la población del continente. 500 personas tienen más dinero que más de 250 millones de habitantes en América Latina. Estos datos no los he inventado yo. Son datos del Banco Mundial, de Naciones Unidas y UNICEF, que he consultado para esta charla. O sea que son datos del mismo sistema.

Siguiendo con estas estadísticas, podemos decir que el 41% de los empleos que hay en América Latina son de la economía informal. O sea que no hay ni seguridad social, ni estabilidad, ni permanencia en esos empleos.

El desempleo, entre las mujeres, es del 12%. Entre los hombres, es del 10%, aproximadamente. Lo que pasa en que en muchos países, como Colombia, las estadísticas están manipuladas. Entonces, el porcentaje real de desempleo está disminuido notablemente. En países como Colombia el desempleo está arriba del 25%, pero el gobierno lo ubica en el 13%, por manipulaciones estadísticas.

El 50% de la población –más o menos- gana menos de 200 dólares mensuales.

En educación, tenemos que sólo el 76% de los jóvenes que inician el ciclo primario, lo terminan. Y que sólo el 5% de los iniciaron el ciclo primario terminan la universidad.

Entre los jóvenes, hay algunos países en que los porcentajes son bastante desastrosos. Está el caso de Haití, Salvador, Guatemala, donde los que terminan primaria no llegan al 32% de los jóvenes. Y eso explica –en parte- el caldo de cultivo que hay para todas las pandillas criminales que hay en esos países.

A nivel de salud, más del 50% de la población no tiene servicios de salud en el continente. Y hay países, como Haití, donde sólo hay 2,5 médicos por cada 10.000 habitantes. El país que tiene el mejor promedio es Cuba, con 56 médicos por cada 10.000 habitantes. Colombia está entre los peores, con 8,5 médicos por 10.000 habitantes, junto con Honduras, Nicaragua y otros países de Centroamérica.

¿De qué vive el continente? El 70% de los ingresos son basados en materias primas, exportaciones de materias primas. En el año 2005, exportamos unos 500 mil millones de dólares, e importamos unos 480 mil millones de dólares. Supuestamente, hay un pequeño superávit comercial. Pero ustedes saben que la mayor parte de lo que se está exportando, a nivel de industria, son productos de maquila, que luego se venden a bajísimo precio en los países ricos, especialmente en los EEUU.

También estamos exportando mano de obra. Las remesas de la mano de obra que estamos exportando -hay más de 25 millones de personas que emigraron de los países de América Latina- suman ahora unos 40 mil millones de dólares. Hace cinco años, eran apenas 32 mil millones de dólares. Está aumentando la cantidad de gente que está saliendo de nuestros países para tratar de “rebuscarse” la vida en los países ricos.

Los gastos militares en nuestros países suman unos 25 mil millones de dólares, de los cuales Colombia es responsable del 20% (por lo menos 5 mil millones de dólares).

Vamos viendo las consecuencias de un modelo social que se viene aplicando en el continente bajo el nombre de neoliberalismo, con sus variantes en los diferentes países. Pero todo esto es consecuencia de este modelo. ¿Por qué? Porque hacia 1990, cuando se empezó a aplicar en forma masiva en todo el continente, el porcentaje de pobreza de la población era del 32% o 33%. Ahora lo tenemos en 40.8%. Eso es consecuencia del modelo económico, me parece a mí; no sé qué les parece a ustedes.

Puedo seguir dando esta serie de datos sobre la realidad de América Latina. El 9.1% de los niños del continente, sufren desnutrición. Y más o menos el 57 % de los niños están en la pobreza.

El 24% de las personas mayores de 60 años en el continente, son las que tienen un sistema de jubilación. O sea, tienen ciertas entradas permanentes para poder vivir. El resto sobrevive de la caridad o de la ayuda de las familias, con algunos pocos casos de rentas propias. La pobreza afecta por igual a todas categorías de edad en el continente. No es que está centrado solamente en un sector o una categoría.

Los niños que trabajan son más de 35 millones. En países como Colombia, son más de 2 millones y medio. Y de acuerdo a la población de Colombia, uno hace una extrapolación y, más o menos, le puede dar esa cifra: 35 a 40 millones de niños que tienen que trabajar para la supervivencia propia y de la familia.

El índice de crecimiento general de la economía es de 1.9 %, que es bastante pobre, si se quiere hablar de niveles de crecimiento adecuados para un desarrollo. El Producto Bruto Interno de América Latina es de 2 trillones de dólares en el año. De esos 2 trillones de dólares, más del 50% está concentrado en el 10% más rico de la población.

Con respecto a la inflación o costo de vida, es más o menos del 7% u 8%, aunque hay países como Venezuela donde la inflación está disparada. Es uno de los países donde el costo de vida es más alto. Hay otros países donde la inflación está contenida, pero eso es aparente porque la pobreza es cada vez mayor en la mayoría de la población. Son más fuertes las consecuencias de la pobreza.

Se calcula que la mayoría de las familias han perdido entre un 25% y un 30% de su poder adquisitivo en los últimos diez años. Hay países donde el empobrecimiento de la clase media ha sido más acelerado, países como Argentina, Colombia, en una época Venezuela. Pero ya se ha ido parando esa tendencia, se calcula que entre 25% y el 30% de los ingresos de las familias se han perdido.


Panorama continental
A nivel global, tenemos que desde los años 90 se empezó a aplicar el modelo neoliberal en el continente. Sobre el modelo neoliberal no voy a repetirles lo que ustedes ya saben: que privatizó servicios públicos, redujo el poder del Estado, le dio plena libertad a los empresarios, acentuó las distancias entre los más ricos y los más pobres.

Frente a ese modelo ha habido una serie de respuestas en los diferentes países que yo las clasificaría de la siguiente manera. Hay respuestas radicales de izquierda, que algunos llaman despectivamente “populistas”. Sería el caso del gobierno de Chávez en Venezuela, y el de Evo Morales en Bolivia. Buscan reformas radicales pero dentro del sistema capitalista, sin abandonarlo. Puede que hacia fuera se diga que van a hacer socialismo. Pero en esto tenemos que ser claros. Ahora, no hay espacios para socialismos en el mundo, tal como están las relaciones de poder. Estos países están realizando algunas reformas que están beneficiando a sectores populares y que, a su vez, han causado gran oposición de los sectores empresariales y del gobierno de los Estados Unidos. Tienen una alianza con Cuba. Cuba es el único país que todavía tiene un modelo socialista, aunque moderado, debido a la crisis, la pérdida del bloque socialista, la Unión Soviética, etc. Se han perdido algunas de las conquistas, por ejemplo el pleno empleo; eso ya no existe en Cuba. Cuba tiene que operar en un sistema capitalista, aunque hacia adentro tenga formas socialistas de producción.

Un segundo grupo de países son aquellos con gobiernos que llamaríamos de centroizquierda. Están haciendo algunas pequeñas reformas que no son esenciales ni estructurales, pero que de todas maneras presentan una oposición al bloque político-comercial que lidera Estados Unidos en el continente. Son gobiernos como el de Brasil, Argentina y tal vez el de Uruguay. No se pueden llamar propiamente socialistas, como ellos se autodenominan. Están haciendo algunas pequeñas reformas dentro del sistema capitalista, sin alterar la propiedad empresarial. Por eso es tan bien visto, por ejemplo, el gobierno de Lula por los grandes empresarios del Brasil. Tal vez lo que más se puede elogiar de estos gobiernos es el papel que están representando frente a los EEUU y a la Unión Europea, tratando de crear un bloque de comercio independiente en el mundo.

Un tercer grupo de países serían aquellos que, aunque sus gobiernos tienen un lenguaje progresista de centroizquierda, en la práctica están haciendo una tarea de disimular el modelo neoliberal que están implementando, por ejemplo Chile. Hacia fuera dice ser un gobierno de centroizquierda, pero hacia adentro es un gobierno neoliberal cuasi ortodoxo.

Y el cuarto grupo de países es el que está totalmente identificado con el modelo neoliberal. Está encabezado por México, los países centroamericanos, Colombia. Han hecho alianzas comerciales y políticas con Estados Unidos que se han refrendado con el bloque Puebla-Panamá, al cual entró Colombia recientemente.

En la práctica, se están creando dos grandes bloques: el bloque Puebla-Panamá, que es el que está alineado con Estados Unidos; y un bloque, llamémoslo de centroizquierda, que no es muy homogéneo ya que hay diferentes matices, diferentes variantes, que en determinado momento ha querido liderarlo Chávez, pero las condiciones políticas no se lo han permitido.


Los movimientos populares
Frente a esta realidad macro-política ¿cuál ha sido la respuesta de los movimientos populares?. Yo creo que la mejor respuesta que ha habido por parte de los sectores populares es la creación de redes de pequeños grupos, organizaciones de todo tipo de causas, de derechos humanos, derechos de los niños, violencia intrafamiliar, derechos de las mujeres, protección y preservación de los recursos naturales, etc. Y esas redes son las que le han dado vitalidad a muchas de las respuestas que a nivel macro se están dando en la política latinoamericana ahora mismo.

Lo más importante, para mí, es el fortalecimiento de esas redes, de esos grupos, organizaciones y asociaciones. Como decía Leonardo Boff, lo que hay que hacer es “la revolución molecular”. Una revolución de abajo hacia arriba, y no de arriba hacia abajo, como era la creencia hasta hace poco tiempo en nuestro continente. Fortalecer esas redes de grupos es la mejor esperanza que tenemos para un futuro. Pensar que en el transcurso de nuestras vidas se van a ver los cambios en el continente me parece que es iluso.

Hay que tomar una perspectiva del tiempo histórico y entender que los grandes cambios son la acumulación de pequeños cambios. Y esos pequeños cambios se dan en esos pequeños espacios donde operan estos grupos de base, estas organizaciones de mujeres, de campesinos. Si no fortalecemos eso, yo creo que difícilmente se va a producir ese cambio que esperamos para América Latina. Redes, como Amerindia, deben trabajar en esa globalización de la esperanza.
Globalización de la Esperanza
Así como hay una globalización del sistema capitalista neoliberal, también debe haber una globalización de la esperanza, fortaleciendo el trabajo con los grupos campesinos, indígenas, con mujeres, con niños, con jóvenes, que son realmente los nuevos sujetos de la historia. Siempre lo han sido, pero han estado desconocidos en la historia latinoamericana.

Estas redes tienen sentido –si me perdonan la franqueza- si están en conexión con los esfuerzos de esos grupos y organizaciones. De lo contrario, me parece que son esfuerzos muy valiosos a nivel intelectual, pero que no tienen ninguna repercusión real en donde se está haciendo la historia, que es en esos sectores populares.

Lo que deben buscar las redes es una conexión, una comunicación, con esas organizaciones y grupos populares, de manera que todo lo que se trate aquí, todos los conocimientos que se vayan adquiriendo en estas reuniones, asambleas o congresos, pueda llegar a la gente de la base, en un lenguaje popular, entendible, accesible. Y que se dé una retroalimentación, de abajo hacia arriba, y de arriba hacia abajo. De lo contrario, no creo que todos estos esfuerzos que hacen ustedes vayan a tener validez. Tiene que haber una permanente conexión con los sectores populares, no sólo en teoría, sino en la vida real y práctica.

Esa es la conclusión que yo sacaría en nombre de quienes estamos trabajando con sectores populares. Es una recomendación, una sugerencia. Yo sé que la mayoría de ustedes –o seguramente todos- lo están haciendo. Pero es bueno reafirmar esa vocación, esa identidad, con esos grupos populares. De lo contrario, mucha reunión, mucho congreso, mucha asamblea, pero las cosas no avanzan. Han avanzado donde se ha fortalecido el movimiento popular. Por ejemplo en Bolivia, donde se ha fortalecido el movimiento indígena.

Acá en Colombia, el movimiento indígena también es fuerte en algunas zonas, como el Departamento del Cauca. Pero es fuerte porque el trabajo se inició desde 1910. No es fruto de que llegó el Espíritu Santo e iluminó a los líderes en esta época. Desde 1910 un líder indígena dispuso la resistencia pacífica y soportó más de 114 encarcelamientos. Y creo que tiene el record de encarcelamientos en América Latina. Y dejó esa herencia pacífica que es la que ahora están trabajando los grupos indígenas. Es una región donde los indígenas no se han vinculado con grupos guerrilleros ni con grupos paramilitares. Y es la herencia que por ejemplo Don Samuel dejó en Chiapas.

Son dos ejemplos muy parecidos de trabajo de base, de formación. Esa es la verdadera semilla para hablar de la globalización de la esperanza. Y de acuerdo a esto, uno tiene que ubicarse que está trabajando para las futuras generaciones; no para las presentes. El trabajo es a muy largo plazo. La desesperanza puede venir si uno cree que en el transcurso de su limitada vida se van a ver los grandes cambios que añora que se produzcan en el continente.

Con esa perspectiva, es que nosotros en CEPAL estamos trabajando. Sabemos que nos vamos a morir y no vamos a ver el gran cambio en países como Colombia. Pero sí estamos viendo cambios en el país. Hace 50 años tenemos una guerra civil, y hace 50 años hubo desplazamientos masivos de población, quizás más grandes que los que se han producido ahora. Pero no se habló nunca de derechos humanos. Nadie habló de los desplazados; nadie salió en defensa de ellos. Nadie cuestionó al gobierno de la época por los crímenes que se cometieron. En cambio ahora sí hay una permanente preocupación por estas causas, por estos problemas. Antes nadie hablaba de la protección del medio ambiente; ahora sí se habla. Antes nadie hablaba de la igualdad de los derechos de la mujer; ahora se está hablando fuertemente de eso. Hace 50 años la mujer no tenía derechos aquí en Colombia, como en la mayoría de los países de América Latina. Sólo gracias a una gran lucha se consiguieron cambios, pero no son los grandes cambios que desearíamos tener.

Por lo tanto, todos estos trabajos deben orientarse a que son una etapa de una carrera que seguirán las siguientes generaciones. Hay que trabajar para que estas redes, cuando desaparezcamos por la ley natural de la vida, haya quienes las puedan continuar, profundizar, radicalizar. Esa es una de las preocupaciones que tengo frente a este tipo de redes, como la que ustedes han armado desde hace varios años: que haya continuidad de los esfuerzos que ustedes han venido acumulando; que las siguientes generaciones puedan tomar el relevo y continuar el trabajo de ustedes. Sería lamentable que se perdiera toda esta acumulación de conocimientos, de experiencias, de práctica, que han logrado acumular.

Estas son algunas reflexiones desde una perspectiva “basista”. Soy “basista” en el sentido que privilegio el trabajo con los sectores populares, por lo que puedo aportarles mi punto de vista a esta Asamblea de intelectuales, de gente muy destacada del pensamiento latinoamericano en general. Puedo dar más datos sobre América Latina, pero como la ponencia se la van a repartir, ahí están la mayoría de los datos. Esto es globalmente, y en palabras muy sencillas, lo que yo quería decirles.
Una historia que comenzó hace mucho
En Paraguay, con el gobierno de los López se introdujeron cambios: establecieron un modelo autónomo; fue el único país de América Latina en esa época que no tenía pobreza; tuvo una industria; tuvo su propia flota mercante; entró a competir con Inglaterra, y a raíz de eso fue que se provocó la guerra de la Triple Alianza en la cual Paraguay quedó destrozado. Pero fue un modelo que estuvo funcionando durante unos 20 ó 30 años. Después la historia nos dice que sí se pueden hacer los cambios, y que esos cambios pueden traer resultados reales para el pueblo pobre también.

Otro ejemplo fue aquí, en Colombia, que es un ejemplo que casi nadie lo conoce. El 17 de abril de 1854 se dio un golpe de Estado y entró al poder el ejército en combinación con los artesanos de Bogotá. En esa época no había obreros en Bogotá, entonces los artesanos eran como los representantes de los sectores populares. Ese gobierno ha sido el único en la historia del país que ha tenido como ministros a artesanos: un herrero, un carpintero, un talabartero. Y se dan una serie de reformas muy interesantes. En esa época toda la oligarquía del país, que estaba dividida en Partido Liberal y Partido Conservador se unió militarmente y arrasó. Tomaron a Bogotá a sangre y fuego; eso no lo cuenta mucho la historia oficial. Y como castigo, a los artesanos y a sus familias, los mandaron a pudrirse de enfermedades en la Selva del Chagres, en Panamá. En esa época Panamá era de Colombia. Así terminaron con ese experimento.

Hay otro ejemplo de la época colonial. En el Ecuador hubo un reino llamado el Reino de las Esmeraldas, en la Provincia de Esmeraldas sobre la costa pacífica. Es uno de los pocos modelos históricos en donde se juntaron indígenas con negros. Se mezclaron y crearon un reino aparte y durante unos 30 ó 40 años se administraron por fuera del sistema colonial español. El ejemplo de ese reino todavía queda en la memoria histórica de los pueblos indígenas y negros de esa zona. De ahí salieron las revoluciones de Alfaro; las montoneras que al grito de “Viva Alfaro, carajo” hicieron una revolución liberal en ese país. La revolución liberal del Ecuador terminó cuando al propio Alfaro lo quemaron vivo en las afueras de Quito. Pero la figura de Alfaro sigue inspirando e iluminando todas las causas populares en ese país.

Sí ha habido ejemplos de modelos independientes. Por ejemplo en Brasil está la República de los Cavanaios, al norte, en la zona de Belém. Y está el famoso Reino de los Ubris o Reino de los Palmares, como se lo conoce en otros libros de historia, que fue un reino independiente en plena época colonial portuguesa. De ahí viene uno de los héroes populares del Brasil, de estos ex esclavos negros, que logró durante muchos años obtener la independencia de este Reino de los Palmares.

Aquí en Colombia también tenemos el ejemplo de un ex esclavo negro, Domingo Biohó. Él y sus seguidores, durante casi un siglo, mantuvieron independiente una especie de reino al sur de Cartagena.

Se podría seguir citando muchos ejemplos. Con esto quiero decir que la historia no comenzó con nosotros y que ahora es que se va a empezar el proceso de autonomía, independencia, etc. Sino que ha habido una gran cantidad de ejemplos a lo largo de nuestra historia y lo que tenemos que hacer es recuperar esos ejemplos, ponerlos en práctica y aprender las lecciones que nos dan.


¿Hay que caminar paralelo, por fuera del sistema neoliberal, o ponerle condiciones?
Primero aclaremos de dónde viene el neoliberalismo. Fue un sistema que nació en los años 30 como una respuesta al fascismo que había en esa época y al comunismo de Stalin. Eso lo ideó un economista austriaco que luego fue Premio Nóbel, Federico Hayek, y planteó el sistema neoliberal como la mejor forma para conseguir, a la vez, libertad y riqueza en las naciones. Cuando se crearon el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial en 1944, antes de terminar la Segunda Guerra Mundial, no se crearon para fortalecer la acción de los grandes monopolios capitalistas. Estoy diciendo lo que fue el sentido inicial: asegurar una cierta equidad en las relaciones comerciales entre los diferentes países y evitar que se produjera una crisis internacional parecida a la que provocó el surgimiento del fascismo en Alemania, en Italia, en Europa. Esos ideales se fueron desvirtuando por la realidad de los hechos.

Pero hubo una época en el continente latinoamericano en que se impulsó una fórmula que era la de la industrialización, la del fortalecimiento de la burguesía nacional. En Brasil tuvieron un gobierno como el de Getulio Vargas –discutible por otros aspectos- que intentó un modelo de industrialización autónoma y fortalecimiento de la burguesía nacional. Desgraciadamente ese modelo fracasó y la prueba fue el suicidio de Vargas. Sin embargo quedó su herencia. Llegó Joao Goulart, que trató de revivir de alguna manera ese modelo y fue cuando vino el golpe de Estado de 1964 con todas sus consecuencias.

En otros países se intentaron también modelos de industrialización, como lo que intentó Perón en Argentina, con relativo éxito en el primer gobierno y con un fracaso en el segundo por el bloqueo de Estados Unidos a muchas de sus políticas económicas (Estados Unidos fraguó una sobreproducción de alimentos para quebrar las exportaciones argentinas en el segundo gobierno de Perón).

De acuerdo a estas experiencias, yo creo –aunque no soy ninguna autoridad en esta materia- que la salida para que no sigamos en un modelo que va a perpetuar nuestra dependencia con la exportación de materias primas y ofrecer trabajo barato, sería una industrialización; lo que llamaríamos una burguesía nacional con el apoyo del Estado, tal como está intentando hacer Hugo Chávez. Creo que ésa es la forma: utilizar el dinero del petróleo, por un lado para aliviar las necesidades más apremiantes de la población y, por otro lado, para fortalecer una industria propia; además de crear bloques comerciales propios en América Latina, África y Asia. Sería la única salida.

Tal vez China nos está indicando el modelo. Lo que yo entiendo de China -hablando en palabras muy sencillas- es que ellos han aceptado la inversión extranjera, pero con condiciones. ¿Cuáles condiciones? Que a los 20 ó 25 años de haber hecho una inversión toda la tecnología revierte al gobierno chino, no queda en manos de las multinacionales. Y a su vez hay un compromiso de las multinacionales de capacitar mano de obra china para que asimile o se apropie de esa tecnología. Entonces la inversión extranjera tiene un sesgo muy diferente a la que se da en nuestros países. Porque aquí los sectores financieros de Estados Unidos, Europa y Japón se han estado apoderando de las empresas que ya están construidas. Son muy pocas las inversiones de empleo productivo nuevas que se hacen en nuestro continente. Más aún, en el 2005 se invirtieron 69000 millones de dólares por parte de los extranjeros en América Latina, pero por cuenta de intereses de los préstamos sacaron más de 100.000 millones de dólares, porque somos exportadores de capital.

La salida sería una salida “a la China”, exigiendo nuevas condiciones para las inversiones de capitales extranjeros. Hablar de que nos podemos independizar totalmente del capital extranjero no es lógico, ante la realidad que tiene el mundo actual. Pero sí podemos renegociar esas inversiones tal como lo está haciendo China, y le está dando resultado. China –como ustedes bien lo saben- en 10 o 15 años va a ser la primera potencia mundial, superando a Estados Unidos. Esa sería una fórmula. Claro que es fácil decirlo aquí. Muy fácil. Pero no veo otra. Y como ejemplo están los modelos de industrialización que trataron de hacerse en Argentina y en Brasil. En el propio México, Lázaro Cárdenas trató de implantarlo.

Yo creo que por ahí podría haber una salida aprovechando las contradicciones que hay entre los mismos centros de poder capitalista y el debilitamiento que poco a poco está teniendo el capitalismo en Estados Unidos. No se olviden que EEUU es el país más endeudado del mundo. Si tuviéramos otro tipo de gobiernos, del estilo del de Venezuela o lo que está tratando de hacer Evo Morales en Bolivia, no estaríamos obligados a seguir ese modelo.

Estamos especulando sobre lo que podrías ser, porque nosotros no somos el poder, somos el contrapoder que está planteando alternativas. Dentro de lo real que hay en el mundo actual creo que una salida podría ser el modelo chino o Corea del Sur. Ustedes saben que el capitalismo de Corea del Sur y de Japón durante muchísimos años, después de la posguerra, prohibió todo tipo de importaciones con el ánimo de acumular capital y evitar que se fugara capital del país.

En Corea, hasta hace muy poco, la gente tenía prohibido salir al exterior. ¿Para qué? Para que esos dólares que se iban a gastar no se perdieran. No se podían importan ni siquiera cigarrillos, ni ningún artículo de lujo de los que generalmente se importan en estos países. El gobierno apoyó, mediante un plan de mercadeo, los grandes conglomerados (Samsung, Hundai) que se fueron apoderando de partes del mercado en el tercer mundo primero, y luego en el primer mundo. En Corea del Sur y en Japón surgieron los conglomerados que tenemos ahora, como la Toyota, Nissan. Fue por una protección que el Ministerio de Hacienda y Economía le dio a la producción japonesa impidiendo la producción de artículos de exterior.

En Japón -que me parece otro modelo interesante- lo primero que se hizo fue una reforma agraria. Se le quitó el poder a los terratenientes. Se creó, hasta cierto punto, una autosuficiencia alimentaria. Lo segundo fue proteger a la industria, prohibir la importación de artículos al país y darles incentivos. El mismo gobierno se encargó de buscar mercados para esos productos que en un principio eran de bajísima calidad. Fueron ganando calidad en la medida que fueron ganando mercados. Y lo tercero es que se ha mantenido una gran capacidad de ahorro en el pueblo y una gran austeridad fiscal.

Sí hay salidas, pero hay que buscarlas con imaginación. Yo no creo que no haya salidas. Sí las hay, pero hay que sacar cosas de cada modelo para tratar de ajustarse a lo que más le convenga a la economía del país. Tal vez los países de Latinoamérica tienen características propias. No podemos juntarlos en un solo bloque. Una cosa es un país como Argentina, Brasil o México, que ya tienen una base industrial; y otra cosa es hablar de países como Paraguay, Bolivia o Haití, que todavía tienen una economía primaria.

Desocupación, flexibilización laboral y trabajo de la mujer
Ante todo quiero informarles que han cambiado las metodologías oficiales para la medición del empleo. Lo digo por el caso colombiano. La Oficina de Estadísticas cambió la metodología. ¿Para qué? Para tratar políticamente que el impacto real del desempleo no sea tan alto, tan profundo. Para esta nueva metodología, ocupados son los que trabajan por lo menos dos horas a la semana. Esos ya forman parte de los ocupados.

Se creó la categoría de los inactivos. Son aquellos que según ellos ya no buscan trabajo, o porque se cansaron de buscar, o porque alguien los está sosteniendo económicamente. Entonces, como son inactivos, no se cuentan en el número de los desempleados. Es como si no existieran. Eso permite que la tasa de desempleo baje tremendamente. Aquí en Colombia hay más de 1.200.000 inactivos y no se suman a los desempleados. Es como que no existieran.

Otra categoría es la de subempleados. Son aquellos cuya capacitación no está de acuerdo con el trabajo que están desempeñando. Por ejemplo, si son profesionales universitarios y se están desarrollando como taxistas, se los considera subempleados. Pero aquí hay una manipulación. Voy a poner un ejemplo. Si yo soy médico y trabajo tres o cuatro horas a la semana en un consultorio que me facilita una amigo, pero el resto del tiempo estoy de taxista; por un lado, me pueden calificar como ocupado, por estar trabajando tres o cuatro horas en el trabajo para el cual estoy capacitado. O me pueden poner como subempleado por no estar desempeñando a tiempo completo el trabajo que estoy realizando.

De acuerdo las necesidades políticas que se tengan en el momento, se clasifican en un sector o en el otro. Eso hace que las de tasas de desempleo en América Latina sean aparentemente tan bajas (se habla del 10%). Pero se desconoce el subempleo real, que en la mayoría de los países sube a más del 50%. Yo creo que lo que no se está calificando realmente es el subempleo; la fuerza del subempleo. Y se le está disfrazando como una forma de empleo en muchos casos, por las nuevas metodologías estadísticas que vienen de Estados Unidos.

La flexibilización laboral se está aplicando en todo el continente porque es parte de las reformas neoliberales. Flexibilización laboral quiere decir que la mano de obra tiene un costo más barato para el empresario, reduciéndole todo tipo de privilegios y de pagos al empleado. Aquí en Colombia ya se aplicó en los últimos cuatro años. Se le redujo el salario a los trabajadores, quitándoles las horas extras. No sé si en otros países existirá esa figura que es cuando se trabaja más de las ocho horas diarias. Se quitó también el recargo que había que pagar por la jornada nocturna. Eso representó para los empresarios más de 400 millones de dólares de ganancia.

¿Por qué se justifica esto? Si yo fuera empresario lo justificaría porque sino perdemos competitividad en la venta de nuestros productos en mercados como Estados Unidos. La única forma de ganar competitividad es reduciendo el costo de la mano de obra que está incluido en el valor de esos artículos.

¿Por qué tenemos que reducir el valor de la mano de obra? Porque en Estados Unidos los productos de la India y de China están acabando con los mercados que teníamos en textiles, ropa y otros productos que antes eran propios de América Latina. Según ellos, la única forma de competir es reduciendo el costo de la mano de obra y como la mano de obra en China e India es tan barata, esa es la única manera, tal como están planteadas las relaciones en el capitalismo neoliberal.

Lo mismo pasa con el café. ¿A qué se debe la baja de precio? Se debe a que hubo un acuerdo de las grandes empresas tostadoras, como Nestlé, para acabar con el Pacto Internacional del café, que le garantizaba a cada país cuotas fijas para vender el grano. Acabado eso, todos se lanzaron a vender al mercado. El Banco Mundial promovió cultivos de café en la India y Vietnam, países donde nunca había existido y, como el costo de la mano de obra es tan barata, ese café salió regalado para las grandes tostadoras. Eso obligó a que el precio del café de Centroamérica, Colombia y Brasil, bajara. Esa es otra flexibilización laboral. Los grandes organismos internacionales, como el Banco Mundial, fomentan esa competencia entre los países pobres y así logran abaratar el precio de las materias primas. La única materia prima que no pueden abaratar es el petróleo porque lo pueden encontrar sólo en países del tercer mundo. Me parece interesante la política de Chávez de utilizar el petróleo para tratar de construir un nuevo modelo dentro del capitalismo.


Salidas para América Latina
Creo que una de las salidas para América Latina es el populismo al estilo Chávez. Pero también, recuerden ustedes, que aquí en Colombia tenemos un populista de derecha, que es Uribe, que ha sido tan eficaz que ha sido reelecto abrumadoramente por casi 2/3 del electorado. Yo creo que ésa puede ser una salida en vista del fracaso de otras alternativas. En eso estoy de acuerdo.

No estoy diciendo que la industrialización en Brasil fue una salida. Digo que se intentó buscar una salida, que es diferente. Y planteo por ejemplo, lo de China, como un modelo que se podría intentar copiar. O revisar cómo fue que Japón, en el siglo pasado y antepasado, cuando fue invadido por Estados Unidos, siendo una nación totalmente enclavada en sí misma, en menos de 35 años se desarrolló como una gran potencia capitalista. Aprender las lecciones históricas de cómo ellos pudieron pasar de un Estado agrícola semifeudal a un Estado capitalista desarrollado. No me puedo poner aquí a explicarlo detalladamente. Estoy tratando de ser concreto. No perderme en teorías, sino rescatar ejemplos concretos de dónde ha habido alternativas diferentes para pueblos que aparentemente estaban condenados a ser víctimas del capitalismo que venía desde Europa y Estados Unidos.


Migración de latinos a Estados Unidos
Tendríamos que preguntarnos por qué la gente emigra a EEUU: por las condiciones de pobreza y de explotación que tiene la mano de obra en nuestros países, se van buscando mejores niveles de vida. Si en nuestros países hubiera sociedades equilibradas, con una red de seguridad social y empleo, esa gente no se iría ni para Estados Unidos ni para Europa a buscar trabajo y condiciones culturales muy diferentes.

Si queremos arreglar este problema de raíz, tenemos que arreglar la situación en nuestro continente de los modelos sociales y económicos que nos están aprisionando. Los que ya están allá van a tener que enfrentar las condiciones específicas, por ejemplo, dentro de la sociedad de Estados Unidos. En Estados Unidos hay un problema: la mayoría de los hispanos no tienen derechos políticos, aunque sean 40 ó 50 millones.

En síntesis, ellos están siendo un poder; lo están siendo. Pero lo van a ser todavía más en los próximos años porque va a decrecer el número de anglos y crecer el número de hispanos. El problema es que también se están creando tendencias fascistoides dentro los anglos de Estados Unidos.

Están apareciendo muchos grupos de extrema derecha que están aplicando el racismo, que antes aplicaban contra los negros, ahora contra los hispanos. “Es otro pelo que le nace al gato”, como decimos aquí en Colombia. Tenemos que ver el problema del fascismo que está creciendo en Estados Unidos frente a la población hispana, y que eso no se reproduzca también de cierta forma en el continente. Es un problema muy complejo que sería para tratar en un seminario, pero estoy de acuerdo con la preocupación.


Si no hay nuevas generaciones que tomen el relevo de lo que ustedes vienen haciendo creo que esto se va a perder, porque el electorado joven en América Latina está virando hacia la derecha. En México creo que el electorado joven votó en su mayoría por Felipe Calderón, según lo que he leído. Aquí en Colombia, el electorado joven votó en buena parte por Álvaro Uribe. Y así en varios países se está “derechizando”.

¿Por qué? Porque el electorado joven es el electorado de los medios de comunicación, de la televisión, de todos esos elementos alienantes que, con su consumismo y su individualismo, están moldeando la cultura crítica histórica del joven. La mentalidad que está predominando es que hay que acomodarse a lo que hay. Al joven no le interesa conocer la historia de su país ni del continente.

Por eso se está perdiendo en Guatemala la memoria de Arbenz, de Arévalo. Se está perdiendo la continuidad que hubo entre la revolución cubana y el proceso de Guatemala. Les recuerdo que el Che Guevara estuvo allá, en ese intento de reforma agraria y hasta trabajó de fotógrafo. Y fotografió de tal manera la realidad que cuando llegó a Cuba –acordándose de lo que había pasado en Guatemala- impulsó una serie de medidas que impidieron que la revolución cubana cometiera los errores que cometieron los guatemaltecos. Y la CIA creyó que como lo había hecho en Guatemala, con un pequeño puñado de mercenarios, iba a poder tumbar a Fidel Castro. Y como el Che estaba entre los que sufrieron la experiencia del derrocamiento de Arbenz, no dejó que se copiara ese modelo de derrocamiento.

Creo que lo de Guatemala no fue tan malo en cuanto le enseñó a algunos revolucionarios como el Che Guevara, cómo se debía enfrentar al imperialismo. Como anécdota me dicen que Carlos Castillo Armas -que fue el mercenario que escogió la CIA para tumbar a Arbenz- apenas llegó con cincuenta hombres. Y él mismo decía que si Arbenz no se hubiera llenado de tanto temor en ese momento, hubiera podido acabar con ellos fácilmente.

La CIA, en ese momento, aplicó la guerra de propaganda. Hizo que unos aviones giraran alrededor de la ciudad de Guatemala tirando volantes que decían que ya venía Estados Unidos a derrocar a Arbenz. Así se mitificaba ese poder de los Estados Unidos. Es como en los viejos cuentos, cuando el monstruo se hace todavía más grande en nuestra imaginación, es imposible derrotarlo.

Arbenz también es culpable de haberse derrotado antes de pelear. Una revolución que se cayó sin presentar combate. Eso le sirvió a Fidel Castro para reflexionar.

En Nicaragua, en esos mismos años, estaba Anastasio Somoza, el ex ladrón de caballos que luego llegó a dictador de la República. Hizo que el Arzobispo de Managua coronara en la propia Catedral a su hija como la reina de Nicaragua. Si se llegó a esos extremos de vileza por parte de la Iglesia en esa época, ¿por qué nos extrañamos de que hubieran sido complacientes de los EEUU?.
Venezuela y Hugo Chávez
Yo digo lo siguiente: Chávez no es ángel ni es demonio. Si vamos a la historia venezolana, es simplemente la continuidad de una serie de militares que han tenido el poder omnímodo en Venezuela. Y quiero remontarme, no desde Bolívar, sino desde Páez que fue el que realmente creó la República de Venezuela. Saben ustedes que Páez traicionó a Bolívar cuando lo de la República de la Gran Colombia.

Luego siguieron otros caudillos –que es la palabra clave en Venezuela- como Ezequiel Zamora, que es el que más inspiró a Chávez. Era un caudillo militar, pero populista; lo que ahora llamaríamos un populista de izquierda, que luchó por la democratización de la propiedad de la tierra y por un nacionalismo en Venezuela. Ahí se inspiró Chávez. Después vienen Guzmán Blanco, Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez que completan ese pabellón. Juan Vicente fue el caudillo que se benefició con el descubrimiento del petróleo. Fue cuando Venezuela se convirtió en la llamada “Venezuela Saudita” en los años 20 y 30. En los 50, encontramos a otro militar, Pérez Jiménez.

Los militares siempre han estado presentes en la historia de Venezuela; no es de ahora. ¿Por qué surgió Chávez? Porque fracasó el sistema bipartidista. Ellos hicieron un acuerdo en el año 59, entre Acción Democrática y COPEI para repartirse al poder. Pero el pacto se liquidó porque el Estado estaba en bancarrota y los mismos partidos estaban profundamente divididos. Tan profundamente divididos, que el fundador del COPEI, Caldera, se presentó a la reelección a nombre de un movimiento independiente y no del propio COPEI que ya estaba muy desprestigiado.

Fue la última carta que se jugó la elite tradicional para tratar de parar la crisis. Recuerden que había bancarrota bancaria y que los niveles de pobreza habían subido en forma alarmante. Había un 18% ó 20% de pobreza y subió a más del 50%, casi igual a la de Colombia en esos últimos años de los gobiernos adecos y copeyanos. Entonces, en su desesperación, el pueblo buscó una salida como la que ofrecía el Coronel. Fue como una jugada del póquer en la que a un jugador no le queda más que una carta y se la juega a ver qué le resulta.

Chávez ha impulsado una serie de reformas. Pero también a su lado hay una cantidad de corruptos, clientelistas, que se están robando dinero. Eso es verdad. Pero también se está trabajando en muchos programas en beneficio del pueblo. Chávez entraña todas las contradicciones del caudillo venezolano y latinoamericano. Con gestos de corrupción, pero también con algunas acciones progresistas y consecuentes.

Yo creo que no podemos juzgarlo en blanco y negro. Tenemos que juzgarlo con matices de colores. Lo que hay que mirar es qué había antes de Chávez y qué hay con Chávez. Antes de Chávez había un país quebrado, en la bancarrota, sin ninguna posibilidad de salir de la crisis. La única posibilidad o alternativa que aparecía era la de Chávez. Sacó al país de la crisis, porque ahora vemos la cantidad de autos que se están comprando en Venezuela. Siendo un país con menos habitantes que Colombia, está comprando casi el doble de automóviles. Quiere decir que ya se salió de esa crisis que hubo en los años anteriores.

Claro que no se sabe cómo va a terminar el proceso, porque los populismos tienen el inconveniente que dependen del caudillo y de la lucidez o claridad política con que él vaya discerniendo las salidas a las diferentes coyunturas que se vayan presentando.

Yo, junto con Amparo, tuve la oportunidad de estar en plena huelga “de los tres meses” y me di cuenta que el pueblo era solidario con Chávez, a pesar de que no había gasolina, había escasez de alimentos, etc. ¿Por qué ellos decían que eran solidarios? Decían: “Este señor ha permitido que mis hijos estudien en la universidad. Nos ha dado trabajo, nos ha garantizado alimentos más baratos”. Para la sabiduría popular eso es muy importante. También para nosotros -como intelectuales-, aunque tengamos muchos “peros”, sabemos que para el pueblo eso es muy importante.


A veces se cree que todo el dinero que debiera “quedarse” en Venezuela se envía a otros lados, pero no es todo el dinero. Hubiera sido bueno que ustedes visitaran Caracas antes de que subiera Hugo Chávez al poder y vieran cómo estaba la situación. Recuerden que en el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez, cuando puso las medidas neoliberales, se suscitó el levantamiento popular –“el gran Caracazo”- que causó centenas de muertos. Eso no lo hablan ahora, eso no lo dicen. Esos antecedentes facilitaron la llegada de Chávez. No hablan de la gran corrupción que había en la época de Carlos Andrés Pérez, ni de los otros gobiernos. Tan es así, que Pérez Lusinchi y otros gobernantes todavía no han podido volver al país por los robos comprobados que hicieron.

Yo creo que hay que comparar con lo que había antes. Yo sé que lo que hay ahora tiene muchos problemas; y estamos de acuerdo. El subempleo y todo eso existe, pero lo que había antes era peor. Lo que pasa es que por conveniencia política ya no se habla de eso.

Los medios de comunicación, en su mayoría, están al servicio de corrientes anti-chavistas. Lo bueno es que esos anti-chavistas pueden hablar todo lo que les dé la gana en Venezuela y no los están persiguiendo. Eso me asombró. En plena huelga, todas las emisoras de televisión, casi todas las de radio, tronando, insultando a Chávez y no le cerraron los canales.
Venezuela es un país que siempre ha vivido del petróleo, desde los años 20, y la gente se acostumbró a vivir del Estado. Nosotros, aquí en Colombia, tenemos el arquetipo del venezolano como perezoso. ¿Por qué? Porque todo lo daba el Estado. Como era un Estado rico, dueño del petróleo, había cantidad de subsidios, de empleos, lo que llamamos clientelismo. Eso viene desde la época de Juan Vicente Gómez. No es que ahora se esté presentando, eso viene desde hace muchos años.

¿Qué pasó? Que en determinado momento el dinero se acabó, porque se lo robaron todo. Y entonces vino la protesta popular. Si el dinero se hubiera seguido repartiendo así, no hubiera habido chance para un Chávez. Quiero aclarar que hay que conocer Venezuela antes.

Recuerdo que hace 25 años, cuando yo quería pasar de Arauca a El Amparo, Arauca parecía una colmena por las actividades que había en la parte colombiana. Cuando uno llegaba a El Amparo, la gente estaba en las hamacas, como en una siesta, como si estuvieran en un spa. Nada más cruzando el río, estaba la diferencia entre tener petróleo y no tenerlo. Si nosotros hubiéramos tenido petróleo, como Venezuela, no estaríamos aquí haciendo esto. Estaríamos todos de vacaciones o viendo cuándo vamos para Miami, como era en esa época.

Al hablar de Chávez, tenemos que ver que no todo es bueno ni todo es malo. Trato de ser equilibrado. Y defiendo a Chávez sabiendo lo que había antes de él. Hay que ver lo que había antes. Es como decir que en el mundial de fútbol ganó Italia que era un equipo regular; pero ganó. Y Brasil jugaba muy bien, estaba lleno de craks, pero ganó Italia. Digamos que Chávez es como Italia. No será lo mejor, pero es lo menos malo. Brasil, que para nosotros es lo ideal, no jugó como debió jugar y ganaron otros.


¿Cuáles deben ser las respuestas al sistema?
Yo no tengo la respuesta para esa gran pregunta. Pero quisiera invitar a pensar si ha habido alguna época de la historia de América Latina donde las cosas han estado bien, y la gente ha tenido plena libertad para pensar. No la ha habido nunca.

La época colonial fue una verdadera dictadura montada por España. Sin embargo hubo movimientos de rebelión, como Tupac Amaru, que pusieron a temblar el imperio colonial español. En Bolivia lo de Tupac Atari. En México lo de Yacocanec. Aquí en Colombia los comuneros. En Ecuador también hubo levantamientos a pesar de la dictadura, de la opresión. Más del 95% de la gente era analfabeta, todo estaba controlado por el Estado y no había libertades; pero la gente se organizó contra un gobierno de ese estilo. Lo vimos en el caso de varias dictaduras donde también hubo rebeliones. Estaba recordando lo de Alfaro y sus montoneras. Y estamos hablando de un sistema de país con haciendas, semifeudal, y sin embargo hubo rebeliones.

Yo creo que para no sumirnos en la desesperanza, tenemos que apelar a una respuesta que es la imaginación. Hay que apelar, por ejemplo, al uso de medios de comunicación alternativos, radio, televisión, teatro, títeres. Así como hay discotecas, hay que montar otras, con otro estilo. Yo tengo en la cabeza cómo sería un modelo alternativo. Pero algo alternativo para atraer a los jóvenes, que son las generaciones que se están perdiendo para estos procesos. Pero atraigámoslos sin quitarle la parte lúdica, la parte recreativa, dándoles también elementos para que vayan ganando en análisis de la realidad.

Ese proceso lo hacemos nosotros en CEPAL, y en algunos casos nos ha dado buenos resultados. Aun trabajando en zonas de intenso conflicto aquí en Colombia, donde hay paramilitares y hay guerrilla, hemos logrado a través de medios alternativos y lúdicos atraer jóvenes, interesarlos, no de una vez, sino poco a poco dándoles elementos para que se vayan inquietado. Hemos logrado hacer una cosecha en zonas terriblemente duras con jóvenes que ahora están pensando hacerse periodistas, comunicadores y demás. Aprovechar radios comunitarias, canales de televisión local, para dar otro mensaje sobre derechos humanos, derechos de los niños, violencia intrafamiliar. Temas que unos años atrás a nadie le interesaba ni se preocupaba por eso.

La situación está muy difícil, pero siempre lo ha sido. Yo no creo que haya habido una época, una edad de oro, en la cual todo estuviera bien. Hay que apelar a estos medios alternativos de comunicación. Es lo que yo les podría decir de la pequeñita experiencia que nosotros tenemos.

Conozco un poco el Ecuador, en donde creo que también se podría trabajar a ese nivel. De hecho nosotros tuvimos alguna experiencia en Cuenca, y nos fue bien; pero por falta de recursos económicos no la pudimos seguir. Y la prueba de que nos fue bien es que uno de los compañeros todavía se cartea con nosotros. Y en Estados Unidos, donde está él ahora, está organizando grupos de jóvenes alrededor del teatro y de otras disciplinas.



Martes 18 de julio
PANEL: CAMBIOS RECIENTES EN AMÉRICA LATINA3



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