Seminario de literatura infantil 2011



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CUENTO TRADICIONAL Y VERSIÓN DE AUTOR
El cuento de la hormiguita (la mariposita, la cucarachita, o ratita presumida)

Este cuento es uno de los más populares en la Península y en Iberoamérica, para niños pequeños. La historia, simplísima (encuentro de una moneda, compra de polvos, paso de pretendientes a casarse con la hormiguita, elección de pretendiente, casamiento, descuido y muerte del esposo, lamento de la hormiguita), tiene unos elementos formulísticos muy notorios a un nivel verbal, y, con Espinosa, lo clasificamos como cuento de animales y acumulativo.

En todas las versiones aparece el personaje pequeño, limpio, coqueto, pero hacendoso, mujer de una casa de limpiar y limpiar, que decide embellecerse y buscar pareja, como inversión segura. Es una visión diminuta, cotidiana, de barrer, limpiar, casarse, ir al mercado, a misa, cocinar, dejar recados, enviudar, llorar. En este mundo cercano y familiar, sólo puede entrar lo pequeño, como al corazón de la hormiguita, el ratón Pérez, después de mucho asustarse y espantarse de otros pretendientes excesivamente ruidosos.

La hormiguita es una niña de juicio y razón. El soliloquio del personaje —¿qué haré..., qué no haré?—, al encontrarse la moneda, es un razonamiento de previsión. Difiere de las versiones de Fernán Caballero (F. C.), Elena Fortún (E. F.) y Antoniorrobles (A.), por su ironía, la publicada en la Colección Calleja (C.). Esta hormiguita es una mujer calculadora, es una mujer de capital «de sesenta abriles», «sin escrúpulos de conciencia», que toma la iniciativa de proponer el casamiento-inversión.

En las distintas versiones del cuento, la elección del novio varía desde la breve enumeración de F. C. («lo propio sucedió con un perro que ladró, un gato que maulló, un cochino que gruñó, un gallo que cacareó») a la presentación dialogada y reiterada (E. F., C.-A.). La presentación formulística de los personajes es importante para la retención y memorización del diálogo. La visualización de los personajes está dada por la reiteración de las preguntas y la diversificación de las respuestas onomatopéyicas; en la tonalidad y timbre de las voces-personajes. En la versión de A., esta visualización está ampliada por la caracterización en imágenes simples y plásticas (el gato de ojos verdes y gafas rojas, el ratón Pérez en patines).

La muerte del ratón está presentada con diversos grados de intensidad en una graduación de cuatro notas (E. F.), subiendo en F. C., y ampliada a tragedia forte en C.

La versión de Antoniorrobles se aparta, estableciendo un suspense de duda («¿muerto quizás? No, no lo sabemos todavía»).

El lamento final claramente formulístico es breve cancioncilla en C., reiteración en E. F., y acumulativo en F. C. En A., el ritmo acumulativo se interfiere por la explicación («siguieron hablando en aleluyas que, aunque versos malos, en aquella región eran signo de sentimiento»). La acumulación en este cuento cumple una función de intensificación del lamento, estableciendo una duración del dolor (largo-breve). La versión de A., coherente con su idea de aligerar de cualquier crueldad los cuentos, suprime el desenlace fatal, por un salvamento del ratón, alegre y disparatado, de dibujos animados, y con final feliz.

En la versión de C. es visible el cuento instructivo moralizante, su final no ofrece dudas: «Este cuento enseña a los niños a no ser curiosos y a no faltar a lo que se les manda por medio de padres y maestros.»

Creemos se evidencian en estas cuatro versiones el texto oral para contar (F. C. y E. F.); el texto escrito de leer y oír (A.), y el texto con intención instructiva (C.).


Sólo se anexan las versiones de Fernán Caballero y Elena Fortín
La hormiguita
Había una vez una hormiguita tan primorosa, tan concentrada tan hacendosa, que era un encanto. Un día que estaba barriendo la puerta de su casa se halló un ochavito. Dijo para sí: «¿Qué haré con este ochavito? ¿Compraré piñones? No. que no los puedo partir. ¿Compraré merengues? No, que es una golosina.» Lo pensó más y se fue a una tienda, donde compró un poco de arrebol, se lavó, se peinó, se aderezó, se puso colorete y se sentó en la ventana. Ya se ve; como que estaba tan acicalada y tan bonita, todo el que pasaba se enamoraba de ella. Pasó un toro y le dijo:

—Hormiguita, ¿te quieres casar conmigo?



  • ¿Y cómo me enamorarás? —respondió la hormiguita.

El toro se puso a rugir; la hormiga se tapó los oídos con ambas patas.

—Sigue tu camino —le dijo al toro— que me asustas, me asombras y me espantas.

Y lo propio sucedió con un perro que ladró, un gato que maulló, un cochino que gruñó, un gallo que cacareó. Todos causaban alejamiento a la hormiguita; ninguno se ganó su voluntad, hasta que pasó un ratón-Pérez, que la supo enamorar tan fina y delicadamente, que la hormiguita le dio su manita negra. Vivían como tortolitos, y tan felices, que de eso no se ha visto desde que el mundo es mundo.

Quiso la mala suerte que un día fuese la hormiguita sola a misa, después de poner la olla, que dejó al cuidado de ratónpérez, advirtiéndole, como tan prudente que era, que no menease la olla con la cuchara chica, sino con el cucharón; pero el ratónpérez hizo, por su mal, lo contrario de lo que le dijo su mujer: cogió la cuchara chica para menear la olla, y así fue que sucedió lo que ella había previsto. Ratónpérez, con su torpeza, se cayó en la olla, como en un pozo, y allí murió ahogado.

Al volver la hormiguita a su casa, llamó a la puerta. Nadie respondió ni vino a abrir. Entonces se fue a casa de una vecina para que la dejase entrar por el tejado. Pero la vecina no quiso, y tuvo que mandar por el cerrajero que le descerrajase la puerta. Fuese la hormiguita en derechura a la cocina: miró la olla, y allí estaba, ¡qué dolor!, el ratónpérez ahogado, dando vueltas sobre el caldo que hervía. La hormiguita se echó a llorar amargamente. Vino el pájaro y le dijo:

— ¿Por qué lloras? Ella respondió:

—Porque ratónpérez se cayó en la olla.

—Pues yo, pajarito, me corto el piquito. Vino la paloma y le dijo:

— ¿Por qué pajarito, te has cortado el pico?

—Porque ratónpérez se cayó en la olla, y que la hormiguita lo siente y lo llora.

—Pues yo, la paloma, me corto la cola.

Dijo el palomar:

—¿Por qué tú, paloma, cortaste tu cola?

—Porque ratónpérez se cayó en la olla: y que la hormiguita lo siente y lo llora; y que el pajarito cortó su piquito; y yo, la paloma, me corto la cola.

—Pues yo, palomar, voime a derribar

Dijo la fuente clara:

—¿Por qué, palomar, vaste a derribar?

—Porque el ratónpérez se cayó en la olla; y que la hormiguita lo siente y lo llora; y que el pajarito cortó su piquito; y que la paloma se Corta la cola; y yo, palomar, voime a derribar.

—Pues yo, fuente clara, me pongo a llorar.
Vino la infanta y dijo:

— ¿Por qué. fuente clara, te has puesto a llorar?

—Porque ratónpérez se cayó en la olla; y que la hormiguita lo siente y lo llora; y que el pajarito se cortó el piquito; y que la paloma se corta la cola; y que el palomar fuese a derribar, y yo, fuente clara, me pongo a llorar.

—Pues yo, que soy infanta, romperé mi cántara. Y yo, que lo cuento, acabo en lamento, porque el ratónpérez se cayó en la olla, ¡y que la hormiguita lo siente y lo llora!


fernán caballero


LA MARIPOSITA

Esta era una mariposita que estaba barriendo el portal y se encontró in centavito.

— ¿Qué me compraré? ¿Qué me compraré? ¿Me compraré caramelos? ¡ay, no; que me llamarán golosa! ¿Me compraré un vestidito? ¡Ay, no. no; que me llamarán presumida! Me compraré una cintila y me la pondré en la cabeza.

Y la mariposita se compró una cintita de seda y se hizo un moño en el cabello.

Y pasó por allí un perrito:

—Mariposita. ¡qué linda estás!

—Hago bien, que tú no me lo das.

— ¿Te quieres casar conmigo?

—¿Qué harás por la noche?

— ¡Guau, guau, guau!

— ¡Ay no. no; que me asustarás!
Y pasó por allí el gallito.

—Mariposita. ¡qué linda estás!

—Hago bien, que tú no me lo das.

— ¿Te quieres casar conmigo?

— ¿Qué harás por la noche?

— ¡Quiquiriquí! ¡Quiquiriquí!

— ¡Ay no. no; que me asustarás!
Y pasó por allí el gatito.

—Mariposita. ¡qué linda estás!

—Hago bien, que tú no me lo das.

— ¿Te quieres casar conmigo?

— ¿Qué harás por la noche?

— ¡Miau, miau, miarramiau!

—-¡Ay no. no; que me asustarás!

Y pasó por allí el ratoncito Pérez.

—Mariposita, ¡qué linda estás!

—Hago bien, que tú no me lo das.

— ¿Te quieres casar conmigo?

— ¿Qué harás por la noche?

— ¡Dormir y callar! ¡Dormir y callar!

Y la mariposita se casó con el ratoncito Pérez.

Al otro día, la mariposita se marchó al mercado y dijo al ratoncito Pérez:

—Ratoncito Pérez, cuida de la olla, y no espumes el caldo con la cuchara pequeña, sino con la cuchara grande, porque si no lo haces así te caerás dentro.

Pero el ratoncito Pérez espumó el caldo con la cuchara pequeña y se cayó dentro de la olla.

Y cuando volvió del mercado la mariposita, sólo asomaba el rabo del ratoncito Pérez por fuera de la olla.

La mariposita escurrió el caldo y vertió los garbanzos en la cacerola, y entre ellos estaba el ratoncito Pérez, que se había cocido.

¡El ratoncito Pérez se cayó en la olla! ¡Y la mariposita le canta y le llora! ¡El ratoncito Pérez se cayó en la olla! ¡Y la mariposita le canta y le llora! ¡Le canta y le llora!



Elena fortún
En síntesis, los cuentos tradicionales se caracterizan por:


  1. Tener una estructura fija, muy rígida.

  2. Los personajes son esquemáticos, lineales, no tienen un rico mundo interior ni particularidades que los definan; encarnan cierto comportamiento ético o práctico que los lleva a atravesar acciones paradigmáticas. Representan, por ejemplo el héroe, la bruja, el ayudante, el sapo, el zorro, la esposa, el marido, etc.

  3. No hay espacios ni tiempos precisos. No hay descripciones minuciosas de ambientes ni costumbres puntuales excepto en aquellos en los que se quiere señalar un lugar, una característica para producir la identificación con el receptor. En algunos casos, sólo se nombra el campo, el bosque, el río, la granja, etc.

  4. Se narra generalmente en tercera persona con narrador omnisciente y a veces suele introducirse la primera para presentarse como testigo de lo sucedido. En los cuentos de terror el narrador da fe de que los acontecimientos le sucedieron a él o a un amigo, para dar mayor credibilidad a los hechos extraños y por eso cuenta la historia en primera persona. Hay diálogos entre los personajes y muchos de estos diálogos son repetitivos en los cuentos encadenados sobre todo.

  5. Hay fórmulas de comienzo y cierre y algunas fórmulas fijas en su transcurso.

  6. Predomina la acción y la causalidad hace progresar la historia.

Los cuentos tradicionales eran contados y son contados en situaciones sociales tales como velorios, arreos de ganado, fiestas, etc. La finalidad de su narración es la diversión, el entretenimiento, el sostén de valores sociales, el conocimiento de los mitos originales, la legitimación, el sentido de pertenencia a una comunidad.


CLASIFICACIÓN DE CUENTOS TRADICIONALES Y EJEMPLOS:

Animales salvajes “El zorro y el quirquincho”

Animales salvajes y domésticos “Los 7 cabritos”

Cuentos de animales El hombre y los animales salvajes “La tortuga

gigante” de H. Quiroga.

El hombre y los animales domésticos “¿Cuántos burros?”

El hombre, los animales domésticos y salvajes "La señora Erizo”

Pájaros, peces y otros animales “El tordo y la paloma”


Cuentos mágicos de hadas y encantamientos

“La cenicienta”

Adversarios sobrehumanos “El discípulo del mago”

Cuentos maravillosos Esposo/esposa encantados “Blancaniña y la reina mora”

Tareas sobrenaturales “Blancaflor”

Protectores ayudantes “El gato con botas”

Objetos mágicos “Aladino y la lámpara maravillosa”

Ciclo de San Pedro “Pobre San Pedro” versión de

G. Cabal

Ciclo de Jesucristo “Jesús y la higuera”

Cuentos religiosos Ciclo de la virgen “La virgen, el niño, la vieja y el

burrito” versión de G. Cabal

Ciclo de santos “San Francisco, el del violín”

versión de G. Cabal


Cuentos de adivinanzas "El adivino”

Cuentos novelescos Cuentos de la princesa “La princesa y el guisante”


Cuentos de tontos “Saburu, el tonto”

Cuentos de embustes, mentirosos o exagerados “Cuentos del Paí Luchí”

Cuentos de personas Cuentos de pícaros “Cuentos de Pedro Urdemales”

Cuentos del diablo o del ogro burlado “El campesino y el diablo”

(Tanto las personas como el diablo no usan recursos sobrehumanos sino la astucia) “Cuentos de bandidos y ladrones “Alí Babá y los 40 ladrones”

Cuentos de chascos "Una casa muy pero muy oscura” Cuentos humorísticos sobre sacerdotes “El cura y el diablo”

Cuentos mínimos “Este es el cuento de la banasta”

Cuentos de nunca acabar “El cuento de la buena pipa”

Cuentos de fórmula

Cuentos acumulativos y de encadenamiento “El pollito de la avellaneda”



Los cuentos de animales son aquellos en los que los animales son protagonistas. No se incluyen en ellos los seres humanos transformados por encantamientos, en animales. Son personajes que comparten el espacio con el hombre. Estos cuentos se originaron en el neolítico cuando el hombre evolucionó de tribu nómada y cazadora a sociedad agraria y sedentaria.

El clima en estos cuentos suele ser cordial, irónico y alegre. Los animales se tratan de sobrino, tío, socio, aunque sean enemigos. Desarrollan tareas humanas y representan características de las personas. Por ejemplo, el león, el puma, el tigre representan a los poderosos; el sapo es el exagerado, el mentiroso, el que inventa historias para sobresalir, etc.

El animal pequeño siempre gana al grande, el astuto al feroz, el doméstico al salvaje, el herbívoro al carnívoro, el hombre a los animales. Puede ocurrir que un animal grande gane a varios pequeños porque éstos se pelean entre sí, en lugar de ponerse de acuerdo para enfrentar al grande.
El cuento maravilloso está emparentado con el mito que en el mundo antiguo tenía el objetivo de transmitir enseñanzas a los recién iniciados. En un mundo donde se mezclaban seres humanos comunes con dioses y héroes, el mito servía como enseñanza a los seres humanos para enfrentarse a las pruebas de la vida, a la muerte y a la resurrección.

Actualmente el nivel de significación trascendental está perdido, aunque continúan transmitiendo esos “mensajes” sagrados, según Mircea Eliade. Ahora se los considera cuentos, los cuales se caracterizan por la ambigüedad, la pluricidad, el sentido poético y simbólico, por lo tanto el receptor de estos cuentos no debe aprender un mensaje mítico sino realizar interpretaciones personales. Es indudable, sin embargo, que el conocimiento de estos cuentos significa la incorporación a una cultura determinada.

Los cuentos maravillosos presentan situaciones prodigiosas en las cuales pueden aparecer objetos mágicos (lámparas, alfombras, anillos), costumbres insólitas (comer chicos, matar mujeres, pactar con el diablo), personajes maravillosos (dioses, brujas, hadas) que viven junto a personajes sin atributos mágicos pero que conviven naturalmente con éstos (el hijo menor, la princesa, el sastrecillo, el rey, etc.)

Los cuentos maravillosos presentan en su estructura tres elementos principales: la carencia, la pérdida o la fechoría inicial que debe soportar el héroe; sus acciones para acabar con la fechoría, la pérdida o la carencia y por último el desenlace feliz. Esta estructura básica está presente en todos los cuentos tradicionales pero más marcada en los maravillosos donde el personaje principal tiene todos los atributos del héroe en oposición a su oponente que suele tener muchísimos defectos. Otro elemento propio de la estructura es la triplicación de los hechos que concluyen con la tercera vez que se repiten (Se engaña a alguien tres veces, se va a un lugar tres veces, se deben superar tres pruebas).


Los cuentos religiosos son aquellos en los que aparecen personajes bíblicos en situaciones no relacionadas con los hechos narrados en la Biblia, ni relacionados con esos lugares en los que vivieron mientras predicaron la palabra de Dios. Se mantienen los milagros o acciones maravillosas, como por ejemplo la virgen aparece en pueblos de nuestro país y concede deseos o Jesús realiza milagros en objetos o personas que no aparecen en la Biblia.

Otra característica es el humor, puesto que a todos los personajes se los presenta en situaciones graciosas. Las acciones originales han perdido el nivel de significación religioso lo mismo que sucede en los cuentos maravillosos con respecto al mito.


Los cuentos novelescos son aquellos considerados como desprendimientos de los temas de novelas de caballería. No aparecen elementos maravillosos puesto que los personajes se defienden con sus propias armas: sus cualidades naturales o su sentido común.

Los cuentos de personas son aquellos en los que intervienen seres humanos pero no aparecen elementos fantásticos o maravillosos. Surgen a partir del asentamiento de las primeras tribus primitivas y del reparto de tierras, cuando aparecen las primeras diferencias sociales.

Predominan los motivos paródicos y humorísticos. Se incluyen los chistes y las costumbres de distintos pueblos. Los tontos son los que triunfan al final del cuento puesto que el poderoso les quiere quitar lo poco que tienen: su dignidad. Los pícaros triunfan frente a los ambiciosos que creen estar haciendo un buen negocio a costa de otro. Los mentirosos juegan con otros tan mentirosos y exagerados como ellos. Los bandidos son burlados por personas comunes que se quedan con sus tesoros.


Los cuentos de fórmula se caracterizan de esta manera no por el contenido sino por la estructura que hay que tener en cuenta para narrarlos, por lo tanto su clasificación no está relacionada ni con los temas ni con el tipo de personajes que aparecen en ellos, puesto que se pueden acumular animales, objetos, personas, situaciones.
Los cuentos mínimos enuncian en una frase a los personajes y su acción, cerrándose en la siguiente frase como conclusión o desbaratamiento del relato. Tienen una conclusión inmediata o un corte rápido.

Los cuentos de nunca acabar parten de una información elemental que hace las veces de introducción al cuento, concluyen con una pregunta, el que escucha tiene que contestar y se inicia de nuevo la narración del cuento.


Los cuentos acumulativos, de encadenamiento y repetitivos se caracterizan por ir acumulando diversos elementos hasta construir una serie, repitiendo en cada avance todos los elementos acumulados de la serie. En un momento el avance se corta y se inicia la desacumulación.

Podemos presentar la estructura de los cuentos acumulativos de la siguiente manera:


Cuentos acumulativos

Fórmula de inicio Anuncio Complicación Resolución Fórmula de cierre


Personajes Sucesos repetidos Palabras Desacumulación

encadenados repetidas

Acumulación
Por ejemplo si se presentara un plan del cuento “La gallinita colorada”
La gallinita colorada

Fórmula de inicio Anuncio Complicación Resolución Fórmula de cierre

La gallinita

encuentra en La gallinita Decide comerse

el patio un grano pide ayuda sola el pan, después

de trigo. a distintos animales de trabajar tanto.

de la granja para realizar

distintas acciones con el trigo.



Personajes Sucesos repetidos Desacumulación

encadenados Los animales sí quieren comer

Gato Acumulación el pan pero la gallinita se lo come sola.

Pato Pide ayuda para sembrar el trigo

pero nadie quiere ayudarla y usan distintas excusas.

Perro Pide ayuda para cortar el trigo.

Pide ayuda para moler el trigo.

Pide ayuda para amasar el pan.

Pide ayuda para comer el pan, aquí todos sí quieren hacerlo.



Palabras repetidas: “y ahora quién podrá ayudarme”, “yo no”, “yo no puedo”, “yo tampoco”, “Lo haré yo misma”.

La estructura mítica del héroe

Juan Villegas

Sorprende advertir que en numerosas obras literarias suele darse una situación básica similar: el protagonista descubre que el significado de su existencia no se satisface en su lugar de origen y que debe abandonarlo - generalmente, por medio de un viaje, real o simbólico-, después de una sucesión de experiencias variadas que lo harán aceptar una forma de vida diferente o que le permitirá la vuelta a su lugar inicial con un conocimiento o sabiduría.

Esos elementos comunes en la novela moderna nos permiten hablar de que los autores incorporan, consciente o inconscientemente, una estructura mítica fácilmente advertidle en las leyendas de los pueblos primitivos y en los cuentos tradicionales y que constituyen la columna vertebral de los "héroes" legendarios y sus peripecias. Muchas obras latinoamericanas se aproximan o sustentan en el trasfondo mítico, ya que en vastas áreas de esta región lo natural, por ejemplo, es no distinguir realidad objetiva y realidad mágica como ocurre también en los espacios propios de leyendas y cuentos tradicionales.

El héroe moderno, sin vivir la aventura al modo maravilloso, desencadena su existencia en otra dimensión de lo mágico o de lo real, y al hacerlo recurre a instancias y motivos que nos vienen de la más remota antigüedad y que la imaginación exige, como condiciones esenciales de la aventura.

El héroe pasa por distintas etapas:

1- E1 héroe abandona su forma de vida: surge alguien o algo que induce al héroe a cambiar de vida. La salida implica la necesidad de enfrentarse a aquello que no lo deja crecer, como enfrentarse a enemigos poderosos, superar miedos o traumas, lograr algo más que una existencia rutinaria y sin sentido. Simbólicamente aparece una situación u objeto que representa el momento del abandono, lo cual correspondería el cruce del umbral.

2- Esta etapa significa la adquisición de experiencias, es decir realización del viaje generalmente desarrollado en un camino donde hay obstáculos, dificultades, situaciones favorables que le irán develando un nuevo sentido para su vida o un sistema de valores diferentes. Aquí se hace posible en enfrentamiento con el oponente (simbólico), no ya como posibilidad sino como realidad.

3- Etapa del retorno, en el que el protagonista lleva consigo un bien preciado, que puede ser la sabiduría adquirida por la aventura, las nuevas experiencias que sirven como forma de integración de la sociedad que dejó. Puede ocurrir que la aventura sólo lo beneficia exclusivamente a él, obteniendo una verdad con la que ha de vivir, para bien o para mal, negándose a llevar esa verdad a la sociedad. También está la posibilidad de que el héroe se niegue retornar a la tierra de la cual partió porque encontró su lugar en ese nuevo ámbito espacial o psicológico.

AVENTURA Y PAISAJE EN LOS CUENTOS

Fernando Savater


Si tuviésemos que sintetizar en pocas palabras el mensaje general de los cuentos, el meollo más significativo de las leyendas maravillosas, la lección briosa de los relatos de aventuras, esas pocas palabras podrían ser: vocación de independencia, arrojo y generosidad. Cantan los cuentos la confianza perpleja y acechada, finalmente jubilosa, del hombre en si mismo. O de cada hombre en si mismo y de los hombres en lo que todos los hombres tienen de humano. Esa confianza es más fuerte y más honda que la búsqueda a toda costa del "final feliz".

Aunamos aquí a sabiendas de su relativa y demasiado patente heterogeneidad cuentos, leyendas, poemas épicos y novelas de aventuras, cuantas formas de ficción dan prioridad a la acción sobre la pasión, a lo excepcional sobre lo cotidiano, al viaje sobre la permanencia, a lo iniciático sobre lo costumbrista, a lo ético sobre lo psicológico, a la riqueza de la invención sobre la fidelidad de la descripción. Después de todo, muchas de nuestras clasificaciones literarias tienen más utilidad académica que pertinencia realmente significativa; como bien dijo Lope de Vega en La Filomena: "En tiempo menos discreto que el de ágora, aunque de hombres más sabios, llamaban a las novelas cuentos". Cuentos los llamaremos también aquí, aunque ni pretendamos disputar su discreción al siglo ni aspiremos a ser tomados por sabios. Es de los cuentos de lo que queremos tratar, de los cuentos que ilustran los ensueños de los niños y perfilan el vigor de los adolescentes, pero que nos acompañan sin deserta a todo lo largo de nuestra vida.



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