San Agustín en la poética española e hispanoamericana



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, por Don Francisco Alvarez de Velasco y Zorrilla, Governador, y Capitan General de la Provincia de Neyba, y la Plata, y Procurador General para esta Real Corte de Madrid por la Ciudad de Santa Fè, Cabeça, y Corte del Nuevo Reyno de Granada. Compuesta de varias poesias, y Metros, con una Epistola en prosa, y dos en versos, y otras varias Poesias en celebración de Sor Inès Juana de la Cruz; y una Apología, o discurso en prosa, sobre la Milicia Angelica, y Cíngulo de Santo Thomàs. Dedicala su autor al Excelentisimo Don Joseph Fernandez de Velasco y Tobar, Codestable de Castilla, y de Leon, Duque de la Ciudad de Frias, Marques de Jodar, y Verlanga, Señor de las Ciudades de Osma y Anedo, etc. Gentil-hombre de la Camara de su caçador Mayor, etc. Adviertese, que aunque van algunas Poesias a otros assumptos, sin coordinacion de numeros, y sin su legitima colocacion, es por averse impreso las obras de que esta se compone, por distintos Impresores, en diferentes Lugares, y tiempos”. Burgos, Madrid, 1703. Hemos manejado el ejemplar que se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid, uno de los pocos ejemplares completos que se conservan. Al número de catálogo le precede una R, por raro, y le corresponde la signatura R/2612. No obstante, citamos por la edición crítica: Francisco Álvarez de Velasco y Zorrilla, Rhythmica Sacra, Moral y Laudatoria, Edición y estudios de Ernesto Porras Collantes. Presentación de Rafael Torres Quintero. Estudios y notas de Jaime Tello, Publicaciones del Instituto Caro y Cuervo, LXXXVI, Bogotá 1989, 690 pp.

137 Su padre, en 1658, “con asistencia del reberendo padre fray Lorenzo Cardoso de la orden de señor San agustín y delante Domingo de maya albaceas del señor Licenciado don gabriel Alvarez de Velasco…”, hace un inventario de la biblioteca que deja para sus hijos, en el que se consigna un total de 523 volúmenes. Un verdadero lujo en la colonia, e incluso en la misma península. Cf. Porras Collantes, E., La prosaica vida del poeta neogranadino don Francisco Álvarez de Velasco y Zorrilla, Estudio preliminar a Rsml, Publicaciones del Instituto Caro y Cuervo, LXXXVI, Bogotá 1982, pp. LXXXIII-LXXXVII.

138 La obra Primus calamus del monje cisterciense Juan Caramuel fue prácticamente desconocida y juzgada por M. Pelayo como escrito entre breñas y precipicios, y de estilo un tanto selvático y desaliñado. La influencia en FAVZ, no obstante, es evidente porque así lo dice él mismo y así se desprende de los laberintos, jeroglíficos, acrósticos y paronomasias de la Rsml.

139 En el testamento el hombre cuya firme pluma dio en varios libros lustre de erudición, deja por “universales herederos a mis hijos Gabriel, Iuana, Diego, María y Francisco que partan por yguales partes de mis bienes y de su madre, y las joyas y plata que quedare”.

140 Léase tal afirmación en la renunciación de las legítimas paterna y materna, hecha por Diego, en 31 de diciembre de 1661 (ANC, N1, 61, 659r664r).

141 Ese mismo año FAVZ otorga su testamento, “temiéndose de la muerte que es natural y cierta al hombre, e incierto el tiempo y hora de ella, para cuyo tranze toda criatura deue estar preuenida”.

142 Cf. Rsml, 523-542.

143 Ortega Ricaurte, E., (ed,), Cabildos de Santafé de Bogotá, cabeza del Nuevo Reino de Granada, 1538-1810, Publicaciones del Archivo Nacional de Colombia, v. XXVII, Bogotá 1957, pp. 121-123.

144 Cf. Testameno definitivo, Rsml, 647-664. Cuida de recomendar la impresión de las obras que deja manuscritas: “de las demás alajas q[ue] aquí no fueren donadas y parecieren ser mias se benderan p[ar]a ayuda de la impresión q[ue] pido a mi sobrino el S[eño]r D[on] Nicolas haga de mis obras sacras asi de las ya impresas como de otras sacras q[ue] estan manuscritas”. Tras nombrar las alhajas para el propósito de la impresión, agrega: “todo lo qual se bendera p[ar]a d[ic]ha impresión q[ue] la ha de haser mi amigo Joseph con q[uie]n la tengo consertada y tiene papel de ella y se le pagaran alg[uno]s r[eale]s q[ue] le e de quedar a deber de lo q[ue] asta aquí me ha impreso fuera de sien p[ataco]nes q[u]e me busco prestados con mas otros dose q[u]e sele ande dar con ellos” (p.659).

145 Cf. apéndices de Rsml, p 650.

146 Cf. Rsml, Prólogo al lector, p. 5.

147 Tello, J., Estudios y notas a Francisco Álvarez de Velasco y Zorrilla, Rhythmica Sacra, Moral y Laudatoria, Edición y estudios de Ernesto Porras Collantes. Publicaciones del Instituto Caro y Cuervo, LXXXVI, Bogotá 1989, pp. XXVI y XL.


148 Rsml., pp. 265-267. Cf. Confesiones, X, 29, 40; 30, 43.

149 Rsml., pp. 268-269. Cf. Confesiones, X, 37, 60.

150 Rsml., 269-270. Acimiento viene de hacer, que FAVZ escribe siempre sin hache = Acción de gracias. Cf. Confesiones XIII, 5, 6; 8, 9. Al final del Suspiro 3º: “Sólo tuvo estos fragmentos de la traducción de los Suspiros de San Agustín; y assi no se continúan, porque otros que ay, están aún sin corregir”.

151 Este poema es una traducción de la Oración de San Agustín, cuyo texto comienza: Ante oculos tuos, Domine, culpas nostras ferimus, et plagas, quas accepimus, confferimus… Sor Juana Inés de la Cruz tradujo la misma oración. La versión de FAVZ es menos concreta, pero más acorde con el original y con acento de contrición más elevado que la realizada por la religiosa carmelita mejicana. Merecería contrastarlas con la del agustino Juan Fernández de Rojas, en nuestra opinión la más noble y concertada. Cf. FAVZ., Rmsl, pp. 270-273; Sor Juana Inés de la Cruz, Obras completas, I, FCE, México 1955, pp. 232-233; Fernández de Rojas, J., en F. C. Sáinz de Robles, Historia y antología de la poesía española, Aguilar, Madrid 1955, p. 889.

152 FAVZ ofrece en Rsml varias composiciones de Villancios y Ensaladas, “que es un género de versos y composición, que no va atado a precisos consonantes”, p. 356.

153 Rsml., pp. 459-513.

154 Rsml., Canción LXXX, p. 502.

155 Esquilache, Príncipe de, Soneto a Santa Mónica. Cf. Pemán, J. Mª, y Herrero García, M., Suma poética, BAC, Madrid 1944, p. 538. Don Fracisco de Borja y Aragón (1581-1658), Príncipe de Esquilache, era descendiente de los Borja, y fue Virrey del Perú de 1615 a 1621. Mantuvo estrechas relaciones de amistad con los Argensola, y sus obras le revelan como un poeta grave, de formas logradas.


156 Esquilache, Príncipe de, Soneto a San Agustín. Cf. Pemán., J. Mª, y Herrero García, M., Suma poética, BAC, Madrid 1944, p. 562. Cf. Menéndez y Pelayo, M., Historia de la poesía hispanoamericana, II, pp. 109-111 “Puede decirse que el último rayo de luz literaria que en el siglo XVII atravesó las tinieblas que comenzaban a espesarse sobre las escuelas de Lima, fue el virreinato del Príncipe de Esquilache D. Francisco de Borja, verdadero príncipe a la italiana y verdadero poeta, aunque distase bastante de ser príncipe de la poesía, como le llamó la adulación de sus contemporáneos. Pero de esto al injustifacable olvido en que desde finales del siglo XVIII yacen sus obras, hay mucha distancia. Es de los poetas de segundo orden que vienen inmediatamente después de los grandes; y entre los líricos del siglo XVII, pocos son los que merecen más que él una rehabilitación cumplida, que algún día ha de serle otorgada. No tuvo fuerzas ni nervio para el cultivo de los géneros superiores de la poesía. Su Nápoles recuperada es una insípida y amanerada imitación del Tasso, sin jugo, sin interés, sin grandeza y hasta sin verso alguno que se grabe en la memoria, porque todos son iguales en su fría y monótona corrección. Pero en las epístolas morales y en los sonetos, como discípulo al fin de Bartolomé Leonardo de Argensola, conservó una tradición de gusto maduro y severo, opuesta a los extravíos reinantes; y en los romances cortesanos y amorosos, en las letrillas y en todo género de versos cortos, que eran el legítimo campo de su numen, rivalizó a veces con Lope de Vega en gracia y frescura….”

157 Cardenal, E., Cántico Cósmico, Editorial Trotta, Madrid 1992, pp. 218, 237, 347, 349…

158 Arellano, L. A., La doctrina del fuego, Sangremal, México 2002. Nació en Querétaro, México, en 1976. Es miembro fundado de la revista literaria Crótalo, y además de la obra citada ha publicado Nómina de Huesos, Sangremal, México 2001.

159 Lope de Vega, Colección escogida de Obras no dramáticas, XXXVIII, BAE, Madrid 1872, p. 200, col.2.

160 “Nadie tan desapasionadamente puede interpretar a Santo Tomás como los agustinos; porque no hemos jurado en las palabras de Escoto ni en las de Tomás, sino en la verdad… Y siendo, como es, la doctrina de Santo Tomas toda de san Agustín, nosotros que profesamos saberla en su fuente y manantial, antes hacemos en eso ventaja a todos”. Cf. Gutiérrez, D., “Del origen y carácter de la escuela teológica hispano-agustiniana de los siglos XVI y XVII”, en La Ciudad de Dios, CLIII (1941) p. 251; Álvarez Turienzo, S., San Agustín y fray Luis de León, en Revista Augustinus XXV (1980), pp. 246-251.

161 Fray Luis de León, Obras Completas, BAC, Madrid 1944, canción alirada XII, p. 1486.

162 M. Menéndez y Pelayo dijo de este libro ser “el más brillante, compuesto y arreado, el más elegante y pintoresco de nuestra literatura devota; libro que es todo colores vivos y pompas orientales, halago perdurable para los ojos”. Cf. Menéndez y Pelayo, M., Historia de las ideas estéticas en España, I, CSIC, Madrid 1993, p.573-574 y ss.

163 Fray Diego Tadeo González, es una figura de gran personalidad humana. Cultivó la poesía con auténtica afición, y fue activo colaborador del grupo poético conocido con los nombres de “Arcadia poética”, “Escuela salmantina del XVIII”, o como le denomina él mismo, “Parnaso salmantino”. Sus versos reflejan el mundo clásico y de los escritores del Siglo de Oro: Garcilaso, Villegas, Quevedo y Fr. Luis de León. Muestra cierta artificiosidad en sus poemas, la mayoría de sabor anacreóntico, pero consigue versos de gran expresividad y soltura. Es famosa su invectiva contra El murciélago alevoso. En su primera etapa amorosa-bucólica, presenta una poesía idealista e intrascendente y recurre a silvas, odas de todo tipo y encuentra en la fluidez de endecasílabos y heptasílabos su expresión más frecuente; en la segunda predomina lo didáctico moral. Atendiendo a Jovellanos, según una carta que le envía fechada en 1776, gira hacia una poética más elaborada que, aunque gana en envergadura y trascendencia, le resta inspiración, espontaneidad y frescura, como sucede en el poema Las Edades o en la oda A las nobles Artes. El marqués de Valmar, Leopoldo Augusto Cueto, al preparar BAE incluye a fray Diego Tadeo González: Poetas líricos del siglo XVIII, LXI, BAE, 1869, pp. 177-201. Cf. Fernández Vallina, E., “Ecos retóricos y naturaleza sentida: Fray Diego González y Virgilio”, en Ciudad de Dios, 207 (1994) pp. 667-679.

164 Fray Diego González, Poesías, en Poetas líricos del siglo XVIII, LXI, BAE, Madrid 1869, p. 201.

165Cf. Vallejo, I., “Poemas atribuidos a Fray Diego Tadeo González, agustino (1732-1794)”, en Archivo Agustiniano, LXI (1977) n.179, pp. 121-122.

166 El P. Juan Fernández de Rojas, discípulo y editor de la obra del P. Diego T. González, fue continuador de la España Sagrada del P. Flórez. Su amigo y admirador Francisco de Goya le retrató con unos primorosos toques de pincel, logrando una de las mejores cabezas pintadas con negro bonete y traje talar, rostro iluminado y unos ojos que llaman la atención, como lo acredita el cuadro de fray Juan Fernández de Rojas que se conserva en la Real Academia de la Historia. Es un “poeta menor del “Parnaso salmantino” (Liseo). Hacia 1770, la ciudad del Tormes albergó a un grupo de poetas de diversas procedencias, pero todos admiradores del mundo clásico y que adoptan pseudónimos pastoriles a imitación de la Academia Romana o por decisión de los superiores, en el caso de los religiosos. Meléndez Valdés toma el nombre de Batilo; J. P. Forner, el de Aminta; Iglesias de la Casa, Arcadio; M. G. Jovellanos, Jovino; fray Diego González, Delio; fray Juan Fernández de Rojas, Liseno, y fray Andrés del Corral llevará el nombre de Andronio. Imitaban a Horacio, Anacreonte y fray Luis de León. Pretendían renovar la poesía castellana y, aunque no significó un avance importante “en la esfera del arte”, sí impulsaron la lengua y, al decir de Galdós, la “depuraron y limpiaron de los ridículos floreros retóricos con que vivió vestida largo tiempo” (cf. Pérez Galdós, B., “Memoranda”, en Novelas y Miscelánea, Aguilar, Madrid 1977, p. 1235; Ibid., El Audaz (Historia de un radical de antaño), en Novelas (Serie de la primera época), Madrid, Aguilar, 1975, p. 243; 267.

167 Fernández Rojas, J., Versión de la célebre oración de S. Agustín “Ante oculos tuos Domine”, en Revista Agustiniana, VIII (1884), pp. 36-37. Cf, Aparicio López, T., “Juan Fernández de Rojas, poeta menor del “Parnaso salmantino”. Poesías inéditas”, en Ciudad de Dios, CCVII (1994) pp. 713-795.

168 Este agustino de inteligencia vigorosa y sutil polemista, además de erudito y académico correspondiente de las Buenas Letras de Barcelona, tuvo gran facilidad para los géneros literarios tanto en prosa como en verso. Cf. Valle Ruiz, R. del, Semblanza literaria del P. Conrado Muiños Sáenz, Imp. Helénica, Madrid 1951; Vela, G. de Santiago, Ensayo de una biblioteca Ibero-Americana, Madrid 1917, v. V, p. 665; Aparicio López, T., Agustinos en la vanguardia de la ciencia y la cultura, Estudio Agustiniano, Valladolid 1988, pp.227-247.

169 Oda laureada en los juegos florales de Brugos de 1880, Imp. Timoteo Arnáiz, Burgos 1880. Se reprodujo en “La Ilustración Castellana”, de Valladolid.

170 Este poema sirvió de inspiración básica al musicólogo agustino, P. Manuel Aróstegui, para su misa, intitulada El triunfo de la gracia, a cuatro voces y piano.

171 El poema lo leyó el autor en la Velada literaria celebrada en el Escorial con motivo del Centenario de la Conversión de San Agustín de 1887. Cf. Muiños, C., “Aurelio. Fragmento de un poema”, en Ciudad de Dios, XIX (1889), pp. 35-45; 105-111.

172 Cf. Vela, Gregorio de Santiago, Ensayo…, v. I, pp. 416 ss. ; Aparicio López, T., Agustinos en la vanguardia de la ciencia y la cultura, Estudio Agustiniano, Valladolid 1988, pp. 249-265.

173 Blanco García, F., “El profeta de una edad”, en Revista Agustiniana, XIII (1887), p. 171.

174 Zarco Cuevas, J., Escritores agustinos de El Escorial, Imp. Helénica, Madrid 1917, p. 319-29; Vela, G. de S., Ensayo… v. VIII, p. 86 y ss.; Aparicio López, T., Agustinos en la vanguardia de la ciencia y la cultura, Estudio Agustiniano, Valladolid 1988, pp. 405-421.

175 Valle, R. del, “La Conversión”, en Ciudad de Dios, XIII (1887), pp. 176-183 y XVI (1888) pp. 37-47.

176 Valle, R. del, Alma y corazón, Escorial 1919, p. 183.

177 El P. Miguel Mucientes del Campo llegó a Buenos Aires en 1923 y regresa a España en 1949. Escribió múltiples poesías, muchas de ellas inéditas, pero en todas rebosa melancolía romántica. De entre sus obras publicadas destacan Flores de otoño, Siemprevivas, Virgen y mártir. Cf. Villegas Delgado, J., Biografías agustinianas. Provincia de España: 1926-2001, II, Religión y Cultura, Madrid 2001, pp. 602-603; Sánchez Pérez, E., La Familia Agustiniana en el Río de la Plata: Argentina y Uruguay, Vicariato de la Argentina y Uruguay, Montevideo 2002, pp. 618-617.

178 Mucientes, M., “A san Agustín”, en España y América, XXIV (1926), pp. 210-211.

179 Nació en Tuiza, Oviedo, el 25 de diciembre de 1872, ingresa en los agustinos en 1888 y desarrolla su actividad apostólica y cultural en España, Filipinas, Italia y Perú (cf., Martínez, G., “Padre Jesús Delgado Álvarez. Educador y poeta (1872-1967)”, en Archivo Agustiniano, LXXIV (1970), 271-306.

180 Delgado, J., “Acentos de San Agustín”, en Vergel Agustiniano, 1(1928), 138; 2 (1929) 372; 3 (1930) 420.

181 Liturgia Agustiniana de las Horas, II, Curias Generales de la Orden de Agustinos y de la Orden de Agustinos Recoletos, Roma 1976, p. 39.

182 Liturgia Agustiniana de las Horas, IV, Curias Generales de la Orden de Agustinos y de la Orden de Agustinos Recoletos, Roma 1976, p. 52.

183 Liturgia Agustiniana de las Horas, II, Curias Generales de la Orden de Agustinos y de la Orden de Agustinos Recoletos, Roma 1976, p. 69.

184 Liturgia Agustiniana de las Horas, IV, Curias Generales de la Orden de Agustinos y de la Orden de Agustinos Recoletos, Roma 1976.


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