Samuel Jaramillo's La selva que regresa



Descargar 43.8 Kb.
Fecha de conversión19.11.2018
Tamaño43.8 Kb.


Useche






El rescate de la naturaleza, y el cuerpo como Ecología en La selva que regresa de Samuel Jaramillo
Las extremas condiciones de violencia que se desencadenaron a partir del conflicto rural bipartidista que tuvo lugar a finales de la década de los cincuenta y principios de los sesenta, marco a toda una generación que tuvo que sobreponerse a las duras condiciones de allí derivadas. Esta situación, que a la postre desembocaría en el conflicto político y social de los años setenta, instauró nuevos referentes estéticos que inmediatamente se empezaron a filtrar en la poesía.
Teniendo en cuenta estas características, los poetas que heredaron todas estas circunstancias históricas fueron agrupados bajo el nombre de generación “sin nombre”, o generación “golpe de dados”, nombre que recibirían debido a la publicación fundada por Mario Rivero, y que reunió a varios de los exponentes más reconocidos de dicho momento.
Pese a lo arbitrario de este tipo de clasificaciones, y como era de esperarse, el caso de la formación de la generación “sin nombre” no sólo dependió del momento histórico que le correspondió vivir a los poetas que la conformaron. También influyo su posición frente a otras corrientes estéticas; posición que en el caso del Nadaismo (tendencia que reunió a la generación inmediatamente anterior), fue de total rechazo, en especial al extremo nihilismo que se proponía. Igualmente, su “disposición anímica de desencanto ante las circunstancias vitales que los han rodeado, y su indagación obsesionante acerca de la poesía y el papel del poeta en el mundo actual”1, fueron los puntos que permitieron diferenciar claramente a este grupo, pese a su proximidad generacional con otras tendencias.
Uno de los exponentes más jóvenes de la llamada “generación sin nombre” es Samuel Jaramillo, nacido en 1950, quien sin duda reúne las características mencionadas anteriormente, y que además de su trabajo en poesía, ha realizado crítica y ensayo en una búsqueda tendiente a justificar el papel del poeta en el mundo actual. Igualmente, la situación histórica que le correspondió vivir lo condujo al estudio del urbanismo y su relación directa con la grave situación de violencia que vive el país, trabajos que ha desarrollado a través de su participación activa en los grupos de investigación económica de la Universidad de los Andes. Jaramillo ha escrito además los libros de poemas, “Asperos golpes” (1973), “Habitantes de la ciudad y la noche” (1980), “Geografías de la alucinación” (1981), “Selva que regresa” (1988), y la antología “Bajo el ala del relámpago” (1994); así mismo, recibió el Premio Nacional de Poesía de la Universidad de Antioquia. En términos generales, su poesía “habla de una realidad tanto individual, como social e histórico-geográfica que se desdobla, se repite y se desintegra”2, y que clama por el retorno a la naturaleza en medio de una niñez libre de violencia, de la cual seguramente no quedan sino lejanos recuerdos en lo más profundo de su memoria.
Samuel Jaramillo hace parte de lo que comúnmente se ha conocido como un país de poetas, pero que debido a la pérdida de valores y a la violencia descarnada, se enfrenta a una tradición en crisis, en la cual los poetas se debaten entre la autocrítica y un concepto “metalingüístico, o autoreferencial de la poesía”3, donde los referentes centrales son el campo y la naturaleza perdida a causa de la violencia. Igualmente, se destaca un anhelo por revivir la niñez en mejores circunstancias que las vividas debido al conflicto histórico, y una preocupación permanente por encontrar una definición de poesía que delimite los espacios dentro de los cuales surgen los movimientos actuales.
Todas estas características pueden analizarse a partir del trabajo poético de los posnadaistas, en donde el componente de búsqueda de convivencia con otras tendencias poéticas, ha resultado en una recuperación de la naturaleza, que evoca el romanticismo de Hölderlin. Tal es el caso del poema “La selva que regresa” de Samuel Jaramillo, y sobre el cual nos detendremos para resaltar sus aspectos principales dentro del ámbito de la poesía de la generación “sin nombre”.
La selva que regresa


Como la mía

tu infancia está habitada por una selva sudorosa.

Es la herencia común que nos hermana.

Pero yo estoy tocado por una inocencia distinta a la tuya,

y eso nos separa

como el espejo aleja ala imagen de su doble


De esta selva de mi niñez

solo me quedan los más huidizos recuerdos:

es decir, conservo la selva verdadera.
Todavía comprendo cómo se agazapa

detrás de las riberas de los ríos

por donde transitamos los hombres,

y enmontada,

resopla en las noches con sus bramidos inconfundibles.
Para ti,

la infestan zancudos,

está sembrada de aguas virginales

donde nos bañábamos desnudos,

los platanales montaraces

abrazan las palmas solares

hijas de la lluvia incesante.
Para mí

Está formada por tentáculos nocturnos,

labios negros que hunden sus raíces en mi cráneo,

otro espacio sin fondo,

tan insondable como el que se esconde

detrás de mis sentidos.

Más oscuro.
Tu boca morena y tus dientes mojados

me vuelven a traer

la henchida humedad de sus follajes.
Mi lento discurso

te recuerda el diostedé solitario

extraviado en la espesura impenetrable.
Mi padre y tu padre

que eran dos hombres jóvenes

atravesaban la noche con sus vestidos blancos.

Bajo sus pies

las piedras crujían charlando con las ranas.

Las estrellas sobre sus cabezas

también ardían entre la tibieza mojada.

Mientras sus risas los llevaban, tal vez,

hacia algún placer a las orillas del río,

nuestros ojos de niños

se enfrentaron acaso por primera vez.
¿Qué hacemos hoy, el uno frente al otro,

varados en al baja marea

de esta otra noche después de los años?
Tu eres una mujer distinta.

Yo soy un hombre distinto.

Y esa mirada común

rodeada por la selva

es lo último que nos resta de niños.

De este poema se pueden resaltar varios aspectos relevantes, los cuales están determinados, tanto por la forma composicional, como por la forma arquitectónica. Por un lado, se tiene una composición en verso libre, donde es clara una recreación de la naturaleza que evoca la niñez con gran nostalgia, y por otra parte, está el gran sentimiento de soledad y de nostalgia por una niñez que se percibe lejana.


La selva se presenta húmeda y espesa ante la soledad de lo que queda en el tiempo, y esta “espesura del desamparo es el espacio del individuo solo”4. Porque en “La selva que regresa” se puede percibir el desamparo que siente el yo, que recuerda lo diferente que es ahora frente a un pasado, donde la existencia de un espacio común, “la selva”, permitía alejar la soledad y compartir el amor por ella.
La propuesta del poema es clara y el lenguaje la sostiene, pues es precisamente el lenguaje el que viene a jugar el papel más importante, sirviendo como sostén a las ideas y de marco al dolor propio de no poder sentir como propia la naturaleza, quizás por la violencia descarnada que nos la arranca de las manos. Porque para afrontar con “gran entereza poética, la calamitosa barbarie que aqueja a Colombia”5 no es necesario hablar de secuestro, simulacros de fusilamiento, etc.; sino que basta con evocar los territorios prohibidos que ya no podemos frecuentar por temor a perder nuestra vida. Nos encontramos desamparados frente a la violencia.
Así pues, el rescate eufórico de la naturaleza que se hace en el poema, se ve potenciado en una ecología que se vale del cuerpo para ser expresada: “tu boca morena y tus dientes mojados, me vuelven a traer la henchida humedad de sus follajes”, donde “nos bañábamos desnudos”. Versos que generan trazos que permiten evocar cuerpos que se confunden y se funden con la naturaleza que los rodea. Entonces, haciendo del cuerpo parte de la naturaleza, este “cuerpo como ecología” termina sugiriendo un infinito de posibilidades y permite a Jaramillo “extraer de la del Chocó (la selva) la humedad intacta de su infancia”6.
Todas estos puntos que se han resaltado, redundan en la confirmación de Samuel Jaramillo como un poeta de la generación “sin nombre”, y sin duda su trabajo en “La selva que regresa”, está cargado de referentes de una realidad horrible, que ha minado toda posible reconciliación del poeta frente al mundo, y lo ha dejado desamparado.
Esta gran capacidad de expresión está cimentada en el fuerte carácter del poeta, y en la desacralización de todo un orden institucionalizado para la poesía en el país. “La selva que regresa” es entonces mucho más que la nostalgia por una niñez y una naturaleza perdidas; es también el registro de una autocrítica generacional, que se remonta al nadaísmo y que en contraposición ha permitido destacar el trabajo de otros poetas prácticamente desconocidos, pero cuyo trabajo merece de especial atención. Tal es el caso del mismo Jaramillo, quien ha alcanzado cierto reconocimiento gracias a su gran fuerza interior, y la gran nostalgia que recrean sus poemas.
“Selva que regresa” es un objeto estético, que desde su forma y su contenido sugiere la instauración de una realidad que traiga de vuelta la naturaleza, de manera que se pueda revivir la niñez y olvidar la desolación que produce el mundo contemporáneo.

La selva que no regresa
La profunda nostalgia con que es evocada la selva en el poema de Jaramillo, se manifiesta desde dos visiones opuestas pero complementarias. En primer lugar, está la visión de la voz poética:

Como la mía

tu infancia está habitada por una selva sudorosa...
Pero esta visión se enfrenta inmediatamente a la de un “tu”, que desde el comienzo del poema se presenta distante y ajeno al sentimiento y gran nostalgia con que la niñez evoca un tiempo pasado; un espacio vital, que tanto el poeta como ese “tu” compartieron, pero que para el último ya no pasa de ser un recuerdo lejano. Esta diferencia entre los sentimientos del “yo poético” y ese “tu”, que va a permitir la construcción de todo el poema mediante una comparación permanente, es anunciada como una inocencia distinta:

...pero yo estoy tocado por una inocencia distinta a la tuya,

y eso nos separa...
Y la distancia por la que están separados es insalvable. Para ese “tu”, la selva, aquel lugar donde la niñez afloró, no es más que el espacio físico, un lugar lejano, donde la naturaleza se manifiesta con intensidad, pero que ya no evoca la nostalgia:

...Para ti,

la infestan zancudos,

está sembrada de aguas virginales...
Pero para el “yo” es “la selva verdadera”, un espacio que se presenta como algo perdido, que no podrá recuperarse (por lo menos no como verdadero), y que cada vez está más lejano debido al destierro al que condena el progreso. Un exilio, al que la violencia lo ha enviado, y del que sólo se puede regresar con la memoria, esforzando los recuerdos, “labios negros que hunden sus raíces en mi cráneo”, de una niñez intensa y llena de experiencias constructivas. Finalmente, el poeta contrapone las dos visiones, pasado y presente, definiendo esa selva que ya no le pertenece:

...otro espacio sin fondo,

tan insondable como el que se esconde

detrás de mis sentidos...


Contrastándola con su situación presente, en donde es “otra noche” la que cubre sus recuerdos y lo obliga a preguntarse:

...¿Qué hacemos hoy, el uno frente al otro,

varados en la baja marea de esta otra noche después de los años?
Una pregunta que no tiene respuesta, pero que se justifica con el pasar de los años, y que replantea un amor que inicialmente indujo la selva, pero que en ausencia de ésta no tiene cabida sino en la memoria:

...Tú eres una mujer distinta.

Yo soy un hombre distinto.

Y esa mirada común rodeada por la selva

es lo único que nos resta de niños.
Así entonces, es la selva la que permite recordar los primeros amores, fundados en la niñez, cuando “nuestros ojos de niños se enfrentaron acaso por primera vez”; pero también es el amor el que abre todo una evocación de esa naturaleza. Un amor que a través del cuerpo empieza a construir la selva nuevamente:

...Tu boca morena y tus dientes mojados

me vuelven a traer

la henchida humedad de sus follajes”
Esta ecología fundada en el cuerpo, y que parte del amor, está permanentemente recogiendo trazos de una niñez fundada alrededor de la naturaleza, recreando con una intensidad abrumante la espesura y la humedad de la selva:

...los platanares montaraces



abrazan la palmas solares

hijas de la lluvia incesante...

...me vuelven a traer

la henchida humedad de sus follajes...

...Las estrellas sobre sus cabezas

también ardían entre la tibieza mojada...
Es la niñez que ya no regresará; es la naturaleza a la cual no se pude regresar; es el exilio al que nos somete la violencia y el desmedido crecimiento urbano; es la perdida del amor fundado en la convivencia con la naturaleza; y es la evocación de una niñez en la cual se podía confundir el cuerpo con la selva. Todo esto es “Selva que regresa”, un poema cargado de fuerza y nostalgia por una realidad que en contraposición con el título, no regresará jamás, pero que permanece en la memoria cuestionando el presente y sirviendo de guía en la búsqueda de lo “último que nos queda de niños”.

BIBLIOGRAFÍA
ALSTRUM, James. Generación de Golpe de Dados: Aspectos principales del movimiento posnadaista. En “Historia de la poesía colombiana”. Casa de poesía Silva. Bogotá. 1991.
COBO BORDA, Juan Gustavo. En un país de poetas, la tradición en crisis. En http://www.iacd.oas.org/interamer/interamerhtml/RodrVerghtml/verg34_Borda.htm
JARAMILLO, Samuel. Once poetas colombianos contemporáneos. Centro Colombo Americano. 78 Págs. Bogotá 1983.
LASTRA, Pedro. “Notas sobre la poesía hispanoamericana actual”. Revista Inti. No. 18-19 (1983-1984). Referenciado desde “Historia de la poesía colombiana”.
O’HARA, Edgar. Vocación enmarañada. En boletín Cultural y Bibliográfico. Número 21. Volumen XXVI. 1989.
SERRANO, Pedro. Desdoblamientos y dobleces: Reseña a “Doble Noche” de Samuel Jaramillo. En http://www.jornada.unam.mx/1999/oct99/991024/sem-libros.html

1 ALSTRUM, James. Generación de Golpe de Dados: Aspectos principales del movimiento posnadaista. En “Historia de la poesía colombiana”. Casa de poesía Silva. Bogotá. 1991.

2 SERRANO, Pedro. Desdoblamientos y dobleces: Reseña a “Doble Noche” de Samuel Jaramillo. En http://www.jornada.unam.mx/1999/oct99/991024/sem-libros.html

3 Lastra, Pedro. “Notas sobre la poesía hispanoamericana actual”. Revista Inti. No. 18-19 (1983-1984). Referenciado desde “Historia de la poesía colombiana”.

4 SERRANO, Pedro. Desdoblamientos y dobleces: Reseña a “Doble Noche” de Samuel Jaramillo. En http://www.jornada.unam.mx/1999/oct99/991024/sem-libros.html

5 O’HARA, Edgar. Vocación enmarañada. En boletín Cultural y Bibliográfico. Número 21. Volumen XXVI. 1989.

6 COBO BORDA, Juan Gustavo. En un país de poetas, la tradición en crisis. En http://www.iacd.oas.org/interamer/interamerhtml/RodrVerghtml/verg34_Borda.htm


Compartir con tus amigos:


La base de datos está protegida por derechos de autor ©composi.info 2017
enviar mensaje

    Página principal