Rumanía en el nuevo contexto geopolítico europeo



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Nº 8 (2004)

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Nº 8

ISSN 1576-6500

RUMANÍA EN EL NUEVO CONTEXTO GEOPOLÍTICO EUROPEO


Silvia Marcu

RESUMEN:

El objetivo de este artículo es presentar la transición de Rumania después de la caída del régimen comunista en el contexto internacional, ofreciendo una visión global de los cambios acaecidos. Asimismo, analiza la inserción de Rumania en el mundo globalizado identificando las oportunidades y los problemas del país. La primera parte presenta el contexto de la transición en los países del Este de Europa. Después de presentar las principales características locales, y la estructura territorial de Rumania, se analiza la transición política y económica del país, con sus limitaciones; se incluyen los principales impactos que la misma tiene en el territorio. Finalmente, se analiza la inserción de Rumania en las estructuras euroatlánticas.

Palabras clave: geopolítica, Rumanía, transición, democracia, integración.

ROMANIA IN THE NEW GEOPOLITICAL EUROPEAN CONTEXT

ABSTRACT:

This article presents the scope of the Romanian transition after the fall of the communist regime in an international context and offers a global vision of the resulting changes. This paper also investigates also the entrance of Romania into the geopolitical network which helps to identify the new opportunities and current problems within Romania. The introduction explains the general goal of the transition of the Eastern countries. After presenting the principle characteristics of the Romanian nations, then proceeds to offer an all-encompassing and analysis of the political and economic transition of Romania. This includes the principle impacts that these factors had in the country. Finally, the study analyzes the integration of the country into Euro-Atlantic Structures.

Key Words: geopolitical, Romania, transition, integration, democracy.
Teléfono 91-3942404

Fax 91-3942499

Dirección postal

Papeles del Este, Transiciones Poscomunistas.


Departamento de Economía Aplicada I. Pabellón de 2º Curso. 
Universidad Complutense de Madrid. Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales.

Campus de Somosaguas. Pozuelo de Alarcón. 28223 Madrid. España.



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Administrador de Web: papeles@ccee.ucm.es


RUMANÍA EN EL NUEVO CONTEXTO GEOPOLÍTICO EUROPEO


Silvia Marcu

1.- Introducción

En el Este de Europa, con un pie en Oriente, otro en Occidente y el corazón partido entre lo eslavo y lo latino pasado por el tamiz francés, se sitúa Rumanía, pueblo envuelto en un torbellino de incertidumbres y claroscuros, sometido al servilismo durante varias décadas, de una dictadura grotesca.

Nos proponemos sintetizar los rasgos más destacados del cambio sistémico acaecido en Rumanía en la última década, en el nuevo contexto geopolítico europeo. De esta manera, intentaremos basar la interpretación en una visión de las relaciones internacionales, identificando tanto las diversas dimensiones de la transición interna, como los diversos tipos de flujos materiales e inmateriales que, de forma creciente insertan cada vez más a Rumanía en el exterior.

A la hora de valorar el tipo de vinculación de Rumanía a todos los procesos que ocurren en el mundo, aparecen incógnitas. Como bien se conoce, Europa experimentó durante la década de los noventa terremotos políticos y el futuro de Rumanía no puede ser ajeno a los cambios producidos. En los mapas que conducen al futuro se adivinan complejidades que llegan a conectar los más distantes puntos del globo y Rumanía tiene que identificar el lugar geométrico donde se encuentra y cuáles son sus intereses en este espacio. Nos adentramos en una nueva geografía de las relaciones internacionales en la que las grandes transformaciones van a pesar también sobre la política y la economía del país que ocupa nuestra atención, de la región de los Balcanes y de la Europa Oriental, en general.



2.- El contexto geopolítico de Europa

El año 1989 y la apertura de la puerta de Brandenburgo han sido señales de dos fenómenos llamados a pesar fuertemente a finales del siglo XX: por un lado, el hundimiento del comunismo, una corriente político-ideológica que ha hecho sentir su influencia a escala universal desde 1917 y, por otro lado, el hundimiento de la URSS, la segunda potencia del mundo durante décadas. Con este hundimiento se puso fin a la guerra fría y la vida internacional buscó – no sin dificultades – nuevas bases para su desarrollo.

Según Robert Strausz – Hupe, “... la historia y la geografía sólo proporcionan esquemas generales sobre los cuales la humanidad aplica luego los detalles. El telón de acero es obra no tanto de esquemas geográficas y culturales, como de la política de poder de finales de la segunda Guerra Mundial que generó la división de las dos Europas.” (Strausz-Hupe, R. 1942, 56.)

El terremoto que cambió el mapa del mundo puede personificarse en la figura de Mihail Gorbachov, el creador de la perestroika y glasnost y que terminó devorado por la dinámica que desató. El resultado fue que la democracia es la forma de Gobierno en el Este, incluidos los países de la antigua URSS, aunque el desencanto por los efectos indeseados – paro, criminalidad – de una reforma que también ha supuesto la implantación de sistemas de economía de mercado, ha permitido en un principio, significativos triunfos electorales de los neo o pos comunistas.

En cuanto al marco geopolítico de la Europa Central y Oriental, señalamos que, después de la caída del comunismo, nos encontramos con un conjunto de pueblos o pluralidades de difícil armonización y precario compromiso político, ya que reúne culturas distintas, lealtades étnicas y religiosas diversas e ideologías variadas acerca de la gobernabilidad internacional.

El resurgir de los nacionalismos cobró, además, un perfil trágico en Yugoslavia, campo de batalla con centenares de miles de muertos y millones de refugiados, símbolo nefasto de lo peor del nuevo orden.

Desde la crisis soviética las fronteras políticas de la vieja Europa han perdido su anterior resistibilidad y tras la fragmentación, los pueblos han escogido la libertad. Una independencia siempre inestable, precaria y orientada hacia la inclusión en macro espacios económicos. Aún así, empezó el sinuoso camino de la transición hacia la democracia y el libre mercado.

Las transiciones poscomunistas son profundamente desiguales entre diferentes grupos de países, para los que los futuros retos no son los mismos. Esto refleja la situación que se vivió antes de la caída de los regímenes comunistas. En Europa Central, el comunismo pretendió ser el remedio contra las desigualdades económicas y otras crueldades generadas por el desarrollo industrial burgués, una especie de populismo radical y liberal, mientras que el antiguo Imperio Otomano bizantino, donde nunca se había dado semejante desarrollo moderno, el comunismo no fue más que una fuerza destructiva, que se refleja en los bajos niveles de desarrollo de países como Rumanía o Bulgaria.

De esta manera, Polonia, Hungría y la República Checa son ya miembros de la Alianza Atlántica y además, junto a otros países del antiguo bloque comunista, Eslovaquia, Eslovenia, Lituania, Letonia y Estonia, firmaron los Tratados de adhesión a la UE en Atenas, en abril de 2003 y se integrarán en mayo de 2004 a la UE. Los países que sólo estaban asociados a la UE por medio de Acuerdos Europeos de Preadhesión, como Rumanía y Bulgaria, consiguieron a finales de 1999 ser aceptados para empezar las negociaciones con la UE, y tienen ya una fecha para su adhesión: 2007. En cuanto a la ex – Yugoslavia, su transformación económica se ha visto retardada por la desintegración del país y por los conflictos nacionales, pero persiguen un acercamiento a los dos primeros grupos, a la vez que una pacificación de sus relaciones y un nuevo desarrollo de sus mutuos intercambios. En la Cumbre de Salónica del mes de junio de 2003, se trató el tema de la integración de los países balcánicos Occidentales en la UE. De hecho, Croacia solicitó el ingreso en enero de 2003.

En el caso de los países de la CEI (Comunidad de Estados Independientes), sus situaciones son dispares; para algunos, el reto consiste en consolidar las primeras reformas económicas frenando el hundimiento de la actividad económica y alcanzando una mayor estabilidad política (Rusia, Ucrania); para otros, se trata de emprender reformas económicas y otros países se encuentran en situaciones intermedias. Dentro de este grupo, Rusia tiene un lugar aparte, por su importancia política, económica y militar.

Como señala Plaza Gutiérrez, “... los años noventa dibujan un mapa en la zona central y oriental del continente donde las tendencias centrífugas y desintegradoras constituyen la pauta política más característica, frente a la integración que se sucede más al oeste. El contexto geopolítico finisecular que se abre con la desaparición del socialismo real ha dado paso a procesos como la escisión pacífica entre la R. Checa y Eslovaquia, la independencia de las antiguas repúblicas soviéticas o la fragmentación de la antigua Yugoslavia. Pero además, todos los países del Este emprenden una nueva trayectoria estatal” (Plaza Gutiérrez, J.I., 1997.)

En realidad, el mapa de Europa muestra la gran contradicción entre un grupo de países occidentales en proceso de integración y un grupo oriental que sufre la influencia de crecientes fuerzas centrífugas. Los cuatro grandes ejes del mapa continental: la fachada Atlántica, el Mediterráneo, el Mar del Norte y la gran llanura rusa siguen tirando al mismo tiempo de un centro imaginario que todos los europeos llevan en el corazón.

La evolución final de la transición está abierta y depende de cómo se resuelvan los conflictos sociales fundamentales. Es en ese contexto genérico donde debe situarse la específica transición vivida en estos años por Rumanía.

3.- Características locales y estructura territorial de Rumanía

Para comprender la identidad de Rumanía, es necesario recordar brevemente, algunos de los rasgos fundamentales de su historia y cultura que, que pueden ayudar a interpretar el presente y los desiguales impactos del proceso de transición vivido en los últimos 12 años.

La antigua Rumanía se llamaba Dacia y estaba habitada por tribus de tracios a quienes los griegos llamaban getos y los romanos dacios, aunque, en realidad constituían un solo pueblo.

La colonización romana de Dacia duró un siglo y medio, casi un parpadeo para la historia, pero tuvo una consecuencia eminentemente lingüística. “El milagro de la latinidad de la lengua rumana es sorprendente si pensamos que todas las demás lenguas románicas reforzaron su carácter latino durante la Edad Media, e incluso después...” (Poruciuc, A., 1997, 34.)

Desde los tiempos remotos se adivina ya un ritmo en la historia de los dacios y de sus descendientes, los rumanos. Fueron dos polos de atracción: el Occidente latino y el Oriente helenizado, que ejercieron alternativamente su influencia espiritual y política en la formación y destino de este pueblo. “Con Trajano, Dacia fue integrada definitivamente en el Imperio romano y en la cultura latina. Los bárbaros le cambiaron de nuevo la orientación, y Bizancio fue durante toda la Edad Media el centro de influencia. Finalmente, en los comienzos del siglo XVIII, el Occidente se convierte de nuevo en un punto de atracción y fuente fértil de influencias en la vida espiritual y política del pueblo rumano”. (Eliade, M., 1965, 24.)

El alemán Tamm que vivió en la segunda mitad del siglo XIX escribió: “Los rumanos viven en la actualidad donde hace quince siglos vivían sus antepasados. La posesión de las regiones del bajo Danubio pasó de una nación a otra, pero ninguna puso en peligro a la nación rumana como entidad nacional. El agua pasa, las rocas permanecen; las hordas del periodo de las migraciones, alejadas del suelo nativo, desaparecieron como la niebla en presencia del sol. Pero el elemento romano les hizo inclinar las cabezas mientras la tormenta arreciaba por encima de ellas. (Tamm, T., 1891, 78.)

Existen tres elementos que caracterizan la geografía de Rumania: Los Cárpatos, el Danubio y el mar Negro.

Los Cárpatos constituyen un elemento geopolítico esencial para el país, pues más de la mitad de la superficie de esa cadena montañosa se encuentra en Rumania. Los Cárpatos, forman un verdadero anillo que encierra en su interior a la región de Transilvania. Según Kjellen, cualquier Estado tiene su núcleo, su semilla de la que sólo puede separarse con el precio de su existencia misma. Transilvania representa este punto de partida, semilla geopolítica, “destinada a dar frutos y a perfilar a su alrededor una formación de Estado (Conea, I. 2000, 123.) El creador de la geopolítica, G. Ratzel afirmó que Transilvania representa para Rumania el “Mittelpunto”, la zona de donde comienza y se mide, a varias intensidades, el estado de salud del país, su pulso económico, cultural y demográfico. Además, los Cárpatos unen, no separan. Por consiguiente, según el geógrafo Vintila Mihailescu, las montañas cumplen dos funciones de incontestable valor geopolítico: por un lado, tienen una función en las épocas de crisis europea, de defensa y de eje de maniobra en caso de ofensiva y, por otro lado, una función positiva en las épocas de tranquilidad, de armonización de los intereses o de las tendencias divergentes que se encuentran en la zona.

El Danubio recorre Rumania por una superficie de 1075 km y representa el segundo elemento natural que marca la configuración natural del país. Por ello, Rumania se define como un país danubiano. La desembocadura del Danubio representa un elemento estratégico muy importante para el control del Mar Negro, el segundo, después de Bosfor y Dardanele.

El tercer elemento geopolítico importante para Rumania lo representa el Mar Negro. Según Serebrian, “debido a su lejanía del océano, el Mar Negro tiene un hinterland inmenso e importante” (Serebrian, O., 2002, 10.) Además, el mar se sitúa por un lado en el cruce de las dos religiones, el cristianismo y el islamismo y, por el otro lado, de dos familias de pueblos: eslavos y turcos. Como consecuencia de estas características, una gran potencia contemporánea, Rusia, y dos potencias regionales, Ucrania y Turquía, construyen sus concepciones estratégicas, políticas y económicas teniendo en cuenta el mar Negro y su espacio adiacente.

Por consiguiente, en el espacio cárpato – danubiano – póntico que se extiende en medio de invasiones, perdura una población que mantiene su fondo primitivo y asegura su unidad lingüística a lo largo de los siglos.

Si hacemos un balance de la historia del Estado y de la nación rumana, el momento cumbre de ésta había sido el año 1918, cuando se logra la reincorporación a la patria, de las provincias eminentemente rumanas Transilvania, Besarabia y Bucovina que estuvieron bajo la dominación de los imperios circundantes.

“Pueblo humilde por su estructura, los rumanos han ofrecido al mundo civilizado el ejemplo de la solución pacífica de una de las más arduas cuestiones históricas: la unidad del territorio” (Iorga, N., 1936, 23.)

A partir de 1918, El Estado rumano nacional unitario comenzaba su existencia en la contemporaneidad. Y a pesar de que los Estados totalitarios que lo circundaban le quitaron a Besarabia y al Norte de Bucovina en los decenios que siguieron, su existencia continúa también en la actualidad.

En cuanto a la conformación del territorio, Rumanía está situada en un cruce de grandes caminos que vinculan a los países occidentales atlánticos con los meridionales. El territorio rumano impresiona por la variedad y simetría de su relieve. Fuertemente marcado por los Cárpatos, el Danubio y el Mar Negro, el relieve del país está distribuido del modo más armónico: las montañas, intensamente pobladas desde los tiempos más antiguos, forman un arco en el centro del país y cubren un 31% del área nacional, mientras a las mesetas y a las colinas les corresponden un 36% y un 33%, respectivamente.

Resumiendo, Rumanía constituye una unidad geográfica original, presentándose como un bastión de relieve alto en el centro – los Cárpatos, el núcleo geopolítico rumano, que rodean la meseta de Transilvania -, circundando por una formación de plegamiento alpino, por un sector de mesetas y, un último escalón formado por llanuras. Histórica y geográficamente, se aprecian tres grandes superficies regionales: Transilvania, Moldavia y Valaquia. A ellas, se añade Dobrogea, región con carácter propio.

4.- Características del proceso de transición de Rumanía.

La transformación, a menudo convulsiva y paradójica del régimen rumano no puede ser entendida y analizada en su totalidad sin comprender el contexto político y, sobre todo, los acontecimientos que marcaron los cambios producidos. Aunque en disminución, la atmósfera de desconfianza, desengaño y temor se percibe aún como una prolongación de los modelos de dominación que utilizó la elite comunista en las precedentes décadas. Por consiguiente, la transición política rumana no es un caso de restauración completa sino más bien una cultura híbrida, que incorpora tanto elementos de experiencia leninista y tendencias nacionalistas, como formas embrionarias de pluralismo democrático.

El convulso pasado nacional del país que nos ocupa, no lo predisponía a una historia pacífica bajo formas liberales. La implantación de las estructuras sociales habría de servir durante cuatro décadas para conseguir un orden y una estabilidad que, en realidad, estaban mostrando su propia debilidad.

La instauración de un sistema comunista a partir de 1948, trastornó todo el sistema social rumano. A lo largo de la década de los años 50, en tiempos del líder Gheorghiu – Dej, comenzó a ponerse en marcha el proyecto de desarrollo de una industria pesada rumana siguiendo el más puro esquema estalinista. Los colosos siderometalúrgicos traerían autonomía económica y desarrollo para el país, pero también serían la forja de un “genuino” proletariado rumano, soporte de la revolución.

A partir de 1965, Ceausescu fue colocado en el poder por la alta nomenclatura rumana para continuar y potenciar la línea comenzada. Al igual que su antecesor, Ceausescu fue acaparando los cargos principales del Estado – Partido, dirigiendo personalmente la política exterior, siendo jefe supremo de las fuerzas armadas y designando a los altos mandatarios. Con una brillante acción exterior, el régimen de Ceausescu iría, con el paso de los años, reforzando su tiranía, sin dejar libre de ella ni siquiera los ámbitos más privados de la persona. Acorde con la misma naturaleza de la dictadura, la revolución que derrocó al régimen y llegó hasta el fusilamiento de quien lo dirigía presenta rasgos de ferocidad y violencia no vistos en los países vecinos. En todos los demás países de Europa del Este, la transición fue pacífica porque había un ala reformista del partido que fue capaz de apartar del poder a los gobernantes. Pero en Rumanía, el ala reformista fue declarada ilegal por Ceausescu, y por eso, en lugar de negociación, hubo una explosión popular a finales de 1989.

Tal como afirma el historiador rumano Florin Constantiniu, “... la revolución no fue un accidente, un juego de azar o pura y simplemente un efecto de la coyuntura internacional. La huelga de los mineros del Valle del Jiu, del año 1985 fue rápidamente ahogada con engaño y represión. La fuerte manifestación de los obreros de Brasov, de noviembre de 1987 tuvo mayor amplitud y resonancia. Aunque haya sido operativamente ahogada, sus reverberaciones siguieron propagándose.” (Constantiniu, F., 1998,3.)

En suma, la situación política con la que comenzaba la transición era bastante confusa y hacía difícil, establecer diagnósticos de futuro.



4.1. Características, acontecimientos y actores de la transición

Una transición como la que se propugnaba en Rumanía había de afrontar, como señalamos más arriba, numerosas incertidumbres, ya que no existían referentes que pudieran orientar una travesía cargada de potenciales obstáculos.

La voluntad política de proceder a la reforma en clave capitalista, las previsiones internacionales y el desprestigio del régimen burocrático, hicieron minusvalorar el desconocimiento profundo que los dirigentes políticos padecían respecto del funcionamiento de una democracia. Roto el espejismo del principio, ha aflorado una situación de enorme pluralidad en la que Rumanía se ha encontrado en condiciones difíciles para afrontar la transición al capitalismo.

El Frente de Salvación Nacional (FSN), con Ion Iliescu como presidente, creado en cuestión de horas tras la desaparición de Ceausescu, evolucionó en semanas, desde un primer lenguaje democratizador, hacia una política continuista con el régimen anterior y una práctica de persecución violenta contra los demás partidos. Silviu Brucan, antiguo embajador rumano en Washington escribe: “La supremacía y el poder son más importantes que los ideales. Ion Iliescu estaba allí, en su sitio. Los demás candidatos estaban exiliados y no tenían idea de lo que estaba ocurriendo. Y como él y los demás comunistas operaban en un vacío sin oponentes creíbles y organizados, se aprovecharon de las primeras elecciones para gobernar durante seis años” (Brucan, S., 1999, 2.)

Las dificultades de orden económico, empeoradas por la falta de un programa de reforma rápida y radical, el regreso de muchos representantes de la antigua nomenclatura comunista a la vida política y administrativa, la ausencia de un proceso del régimen comunista, las tensiones sociales y políticas con sus salidas extremadamente violentas (las tres revueltas de los mineros del valle del Jiu), las persistentes preguntas sobre los acontecimientos relacionados con el pasado reciente (1989-1991), tuvieron un impacto negativo sobre la vida política interna y empeoró la imagen de Rumanía en el exterior.

Además de la lucha por el control de poder, el país asistió en la primera parte del periodo a un recrudecimiento del problema nacional, llegándose a choques entre la minoría húngara de Transilvania y organizaciones nacionales rumanas como “Vatra Romanesca” (El Hogar Rumano.) Los magiares de Rumanía representan una de las más numerosas minorías étnicas de Europa. Según los datos oficiales del censo de 2000, (7,1%) de la población, (1.624.959 personas) son magiares.

Una de las características fundamentales de la transición fue el multipartidismo, fenómeno habitual, por otra parte, en todos los países del área. Ante la convocatoria de elecciones libres, se registraron 88 formaciones (Rose, R.,1995, 22) que tuvieron como en toda Europa del Este, tres orígenes: partidos de disidentes, históricos y neo comunistas.

El atractivo “socialdemócrata” del FSN, que se transformaría en PDSR (Partido Demócrata Socialista Rumano) para una población profundamente traumatizada se basaba en promesas de estabilidad, mejores servicios sociales y una reforma económica gradual. Este mensaje resultaba particularmente atractivo para los trabajadores industriales y funcionarios, que temían las consecuencias de una reconversión industrial acelerada.

De esta manera, hasta 1996, Rumanía fue una democracia frágil, con una férrea presidencia, una oposición dividida y una débil sociedad civil, siendo el signo distintivo de la primera parte de la transición política una mezcla de autoritarismo, paternalismo y política incierta, que mantuvo la burocracia en posiciones de poder económico e institucional.

En 1996, la Coalición Democrática, una formación de centro derecha, ganó las elecciones, marcando un cierto cambio de rumbo en la sociedad rumana. En la carrera presidencial, el cristiano – demócrata Emil Constantinescu se instaló en el poder, en la segunda vuelta, cuando se enfrentó a Ion Iliescu, el presidente, hasta entonces.

Pero después de cuatro años de gestión, la posición del país llegó a ser extremadamente difícil: el evidente desastre económico, la disminución del nivel de vida, las tensiones sociales crearon la imagen de una sociedad permanentemente amenazada por el espectro de la exclusión y de la pobreza. El fracaso de la economía y de la administración puso de manifiesto la ausencia de competencias empresariales en el marco de los distintos gobiernos que se sucedieron en la coalición.

La coyuntura internacional, también jugó poco a favor del país. La crisis económica del sur – este de Asia y de Rusia, así como las señales de una recesión económica mundial, contribuyeron a disminuir el acceso de capital extranjero hacia Rumanía. A todo ello, se suma la crisis de los Balcanes que tuvo un enorme impacto negativo para toda la región, en cuanto a los intercambios comerciales y las inversiones.

Por consiguiente, la nota fundamental de la política rumana fue la de confusión, también en la segunda parte de la década de los noventa. Thomas Carothers resume acertadamente los rasgos de la transición política de la sociedad rumana: “Rumanía es una sociedad que ha cambiado, puesto que tiene rasgos institucionales de la democracia, una economía capitalista y un camino identificable hacia una gradual integración en Europa. Con todo, no obstante, se sitúa muy lejos de sus vecinos, en lo que se refiere a su pasado comunista, tiene serios problemas con la reforma económica y parece incapaz de librarse de la burocracia y de la corrupción” (Carothers, T., en Tismaneanu, V., 1999, 134.)

El final de la década, trajo consigo otro cambio en la vida política de la sociedad que tuvo que pasar otro examen de democracia, que finalmente superó. Tras las elecciones celebradas a finales de 2000, se volvió a colocar en el poder PDSR, mientras que la carrera presidencial fue ganada por Ion Iliescu. Hubo desagradables sorpresas generadas por situaciones concretas, como el avance de un partido nacionalista extremista, PRM (Partido Rumanía Grande) y su representante, Corneliu Vadim Tudor. También, se impone mencionar el fracaso de la Convención Democrática Rumana, partido abandonado por el ex presidente de Rumanía, Emil Constantinescu, sin elite, sin doctrina, y sin vocación nacional.

Empezó así, una nueva etapa para el Gobierno de Bucarest que sigue enfrentándose con los mismos problemas en su camino hacia una economía de mercado libre.



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