Rev Cubana Salud Pública 2000;26(1): 12-6



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Conclusiones


Como se ha mostrado, la dispensarización constituye un proceso de inestimable valor para el equipo de salud de la APS. A través de él tanto el Médico como la Enfermera de Familia y los especialistas del GBT, pueden intervenir de forma muy dinámica y organizada en la evaluación y seguimiento de todos los individuos de la comunidad atendida, con el propósito de mantener, alcanzar o recuperar su salud. El enfoque de familia será abordado en un próximo trabajo.
Debe quedar claro que la dispensarización es un proceso continuo y el solo hecho de realizar una evaluación puntual de un individuo, o su registro en la historia de salud familiar u otra lista de personas con diferentes condiciones, no significa que ya esté dispensarizado, más bien indica que se ha iniciado el proceso.
En síntesis, la dispensarización se basa esencialmente en el desarrollo de un enfoque de riesgo en el que el seguimiento de cada persona es considerado de acuerdo con sus características individuales y los problemas que de forma integral pueden afectar su salud. No existe por tanto, una norma rígida o esquema para aplicarla. La potencial riqueza en variantes de seguimiento que posee y la posibilidad de desarrollo de este proceso, dependen fundamentalmente de la motivación, organización y capacidad del EBS para implementarlo.

Agradecimientos


A los doctores Clarivel Presno Labrador, Pedro Pons Bravet y Rodolfo Álvarez Villanueva por su colaboración.

 
 



Tema IV: Desarrollo Sociocultural en el adulto mayor

Profesor responsable: Ms.C maría Amelia González Braniella
Respeten a los ancianos, el burlarse no es hazaña.

la cigüeña, cuando vieja, pierde la vista y procuran

cuidarla en su edad madura, todas sus hijas pequeñas;

aprendan de las cigüeñas este ejemplo de ternura.

(Martín Fierro

José Hernández)

1. ENVEJECIMIENTO POBLACIONAL: ALARMA, RETO Y REFLEXIÓN. (DOCUMENTO1)

Revisión Bibliográfica año 2000
MsC. María Amelia González Braniella

Prof. Mayra R. Carrasco García
El envejecimiento de la población es un proceso gradual, en el cual, la proporción de adultos y ancianos aumenta, mientras disminuye la proporción de niños y adolescentes. Es un fenómeno contemporáneo eminentemente urbano, que afecta más al sexo femenino y tuvo un despegue alarmante, hacia la década de los ochenta.
Para el 2025, los longevos serán 800 millones y el incremento mayor ocurrirá en el primer cuarto de siglo, se multiplicará por 15, en países como Bangladesh, Brasil, México y Nigeria, el número de personas mayores de 60 años, se habrá multiplicado por cuatro entre 1955 y 2025 y la proporción frente a la población total, será de un 10%.
En Europa y América del Norte, la quinta parte de la población tiene 60 años y más, se aprecian cambios en la pirámide en América Latina, el Caribe y Asia. América Latina es una de las regiones menos envejecidas del mundo y se espera que hacia el 2025 alcance la cifra de 14.2 %, será menos envejecida que Europa (26.4 %), que América del Norte (24 %) y Oceanía (18.9 %) se encontrará en situación similar a la de Asia (14.1 %) mientras Africa será durante mucho tiempo, el continente más joven del mundo.
En América Latina y el Caribe más de 32 millones son viejos, de ellos el 55 % son mujeres. La tasa anual de crecimiento está en un 3%, en comparación al 1.9 % de la tasa para población total. Se calculó que para el año 2000, el aumento mensual neto pasaría de 15 mil personas. El Caribe es la región en desarrollo más vieja del mundo, ya que el 9 % de su población total es anciana. Este índice es inferior a las cifras correspondientes a Asia, pero mucho mayor al Medio Oriente y Africa.
Se ha experimentado una combinación de inmigraciones y emigraciones en la Tercera Edad. La proporción de jóvenes que emigran a países desarrollados, en busca de trabajo y el retorno de personas mayores a sus países de origen, con el fin de morir en ellos, provoca cambios significativos en la composición poblacional. Dentro de América Latina y el Caribe hay una diferencia histórico - demográfica y socioeconómica, algunas naciones como Cuba tienen proyecciones y programas al respecto, no ocurre así en Bolivia, Guatemala, Haití y El Salvador. Han comenzado una proyección de atención al Adulto Mayor, a partir de un aumento en la esperanza de vida, Colombia, Venezuela y Costa Rica. Esto constituye, un reto desde todo punto de vista en nuestra área, por lo cual, se impone tomar decisiones, que lleven a fortalecer valores culturales tradicionales y estimulen la participación de los ancianos en la planificación, gestión y ejecución de los programas y proyectos dirigidos a la Tercera Edad; de ahí la necesidad de una reflexión profunda ante esta problemática.
¿Cuáles son las consecuencias de este envejecimiento poblacional para Cuba en este siglo?, ¿Qué respuestas en el orden sociocultural debemos dar?, ¿Estamos realmente preparados para afrontarlo?
En el orden de la Salud Pública y la Asistencia Social, se han creado complejos y gabinetes gerontológicos a lo largo y ancho del país, Hospitales de Día, Casas de Abuelos, Liceos, se revitalizan instituciones permanentes (Hogares de Ancianos), etc.; esto ha requerido, un plan de formación de geriatras dentro de las Ciencias Médicas, se ha comenzado un proyecto de geriatrización del Sistema Primario de Salud. En estos momentos el Programa de Atención al Adulto Mayor, es uno de los cuatro priorizados en el Ministerio de Salud Pública.
En cuanto a la Asistencia Social, los estudios de jubilación, salario, dependencia social, (el plan cantina y lavandería), los mecanismos de institucionalización y el fuerte análisis de crear un movimiento de familias sustitutas, han sido preocupaciones claras de esta dependencia estatal.
Por otra parte el Instituto Nacional de Deporte, Educación Física y Recreación (INDER), alcanzó un salto cualitativo en los años 80, con la creación de los Círculos de Abuelos, lo cual ha sido el proceso de socialización del Adulto Mayor más evidente hasta el momento. No sólo el anciano se agrupa para hacer ejercicios físicos, sino para establecer nuevas relaciones, intercambiar e incluso estimular potencialidades. Aunque tuvo su época de oro en los años 86 - 89, el efecto del período especial y la falta de visión e integración, han resquebrajado este movimiento de gran valor sociocultural.
No es posible preparar a la población, en una cultura del envejecimiento si partimos de que éste, es un problema sólo de la Asistencia Social y la Salud Pública. Se requiere de la integración multisectorial, desde el intercambio y la proyección de un programa integral de Atención al Adulto Mayor, con interrelación generacional basada en la participación activa de todos.
La participación está en el centro de las acciones de este programa. La propia determinación y jerarquización de necesidades y la toma de decisiones y ejecución práctica de las mismas, han sido elementos constantes ligados al fenómeno del cambio. Si a través del trabajo social y educativo, se puede demostrar que dicho cambio es posible, las actividades de la vida cotidiana y las vivencias, son elementos favorecedores de la participación comunitaria.
La participación e integración son el binomio que prima en el trabajo, de promoción y animación sociocultural, de forma que todos se sientan responsables e involucrados, en el accionar y por tanto son constructores de su propia realidad.
Podemos destacar, que habrá cambio y mejora social, si ello se realiza a través de una plena participación de las personas interesadas, donde se respete la voluntad y autodeterminación de los individuos, para mejorar y desarrollar su comunidad y en el caso que nos ocupa, los Adultos Mayores.
La toma de decisiones, debe partir, de un largo proceso de interiorización, análisis y aprendizaje, tanto del personal llamado a asesorar y guiar el proceso como a los gestores reales del mismo: el Adulto Mayor y su familia; el Adulto Mayor y su comunidad.
Debemos tener presente, en este desarrollo de una cultura del envejecimiento, que en los próximos 10 años, nuestros ancianos serán personas con una alta calificación técnica, con una profunda capacidad de análisis y respuesta a los problemas; un porciento elevado, tendrá una profesión universitaria y un alto nivel de información, además, la apropiación de los fenómenos socioculturales, no van a ser los mismos de los Adultos Mayores del siglo recién finalizado.
El proceso sociocultural más importante ocurrido en nuestro país, la Campaña de Alfabetización, nos lega, una población con un nivel educacional al menos mínimo (primario), súmese a esto, el movimiento educacional de las batallas por el 6to y 9no grados, con un alto grado de incorporación, los sistemas de capacitación en oficios y profesiones, ajustadas al avance científico y tecnológico; así como, el acceso a los estudios superiores que en los años 70 y 80,alcanzaron los índices de profesionalidad universitaria, más altos del continente.
Este panorama, en el orden educacional, lleva aparejado un proceso cultural apoyado por los medios masivos de comunicación, los cuales, gracias a la electrificación casi total en el país (95 %), favorece la cultura en su más amplio sentido y por tanto, la posibilidad de crear nuevos referentes, a la vez que favorece una retroalimentación constante.
No podemos olvidar, el desarrollo del movimiento artístico en nuestro país, la creación de instituciones culturales, la estimulación del movimiento de aficionados y ya en los 90, la preocupación por los procesos de animación y promoción sociocultural, en diversos sectores y grupos poblacionales, como elemento socializador y participativo.
Sin tener en cuenta estos antecedentes, no podemos hablar del desarrollo de una cultura del envejecimiento, ni de una acción sociocultural con la Tercera Edad, ya que nos alejamos de un análisis real de lo que son nuestros viejos hoy, lo que necesitan, lo que ansían y lo que serán los viejos del mañana, donde nuestra generación está incluida. El tiempo libre de que dispondrán los Adultos Mayores del futuro, será un tiempo más restringido, los hábitos cognoscitivos, valorativos y de consumo variarán, si tenemos en cuenta las posibilidades informativas, el nivel cultural alcanzado, el avance de la tecnología y una preparación más integral para afrontar la vejez.
Por tanto, ¿Será válida la oferta cultural para el futuro inmediato?, ¿Están preparados los agentes de cambio (promotores, ancianos, jóvenes y niños) para esta tarea? Mientras no hagamos una preparación integral, multisectorial con una alta dosis de compromiso, responsabilidad y respuesta, no puede existir una acción sociocultural eficiente y eficaz. Ante este reto económico, social y cultural, que se nos avecina, no se puede seguir trabajando con datos independientes, ni se puede superespecializar parceladamente; nuestro accionar, el mismo recae sobre un sujeto en evolución, al cual, debemos enseñar a participar, a asumir su rol social y por supuesto a ser agente y gestor de un cambio, que debe transitar desde lo individual, pasar por lo familiar y llegar a lo social, dado que las proyecciones en este siglo, indican que nuestro país será en el 2025, el país más envejecido de América Latina con un 23,4 % de la población, mayor de 60 años.


2. LA DIMENSIÓN CULTURAL DEL DESARROLLO Y LA VEJEZ. (DOCUMENTO 2)
Autor.

Msc. María Amelia González Braniella

Junio del 2001
Es vital crear una cultura para el envejecimiento propiciadora de mecanismos reflexivos, que permitan una dinámica favorable a niveles ESTATAL, COMUNITARIO Y FAMILIAR, hasta llegar al INDIVIDUO. La medicina, demografía, sociología, sicología, economía, así como, otras ciencias sociales y humanística, enfocar, caracterizar y proyectar esta realidad en investigaciones, no sólo sobre el envejecimiento en sí, sino desde el envejecimiento. La preparación de todos para valorar este fenómeno, debe ser un elemento de prioridad en las proyecciones socioculturales y económicas. La preparación en edades cercanas a la jubilación, la convivencia intergeneracional y la ampliación del acervo cultural del Adulto Mayor son necesidades y requisitos indispensables en el logro de una integración a la vida activa de la comunidad.

Mejorar la calidad de vida no se mide en términos cuantitativos y está relacionado con las necesidades básicas satisfechas. El retiro laboral, implica un riesgo de desocialización, pero este, no debe considerarse un retiro de la vida útil; es un período que requiere una atención previa y un análisis objetivo, donde desempeñe un papel importante, la información.

Además de la garantía económica y de salud, surgen otros problemas, como la soledad por falta de relaciones sociales y la indiferencia frente a la oportunidad de desarrollar nuevos intereses, situaciones que deben resolverse mediante servicios sociales adecuados.



Podemos afirmar que el envejecimiento creciente de la población mundial nos lleva, a replantearnos el concepto de vejez y sobre todo mejorar la dimensión cualitativa de la vida. Ya que vivir, para el Adulto Mayor, es poder desarrollar su existencia en condiciones atrayentes y satisfactorias, que permitan compartir con otras generaciones los sentimientos, valores, experiencia enriquecedora y tradiciones en el marco apropiado de su realidad familiar y social.

Aspectos a tener en cuenta para el desarrollo de la cultura del envejecimiento:

  • Creación de bases informativas para preparar a la población y a instituciones estatales ante la problemática del envejecimiento.

  • Educar a la población joven y de edad mediana para envejecer con calidad de vida.

  • Activar los programas de atención a la Tercera Edad en el orden de la salud, cultura, deporte, seguridad social y educación para adultos.

  • Desarrollo de una cultura del envejecimiento como elemento dinámico de la sociedad.

  • Esta cultura del envejecimiento, deja en sí, el sedimento de un constante ensayo - error, que posee elementos de ajuste en la tensión dialéctica entre socialización y aislamiento, lo tradicional y lo novedoso.



La solución de las necesidades básicas, implica la autorrealización del individuo, aumento del nivel y la calidad de vida, así como, la participación activa. La creación de modelos independientes, propicia la confianza y una actitud decisiva a la hora de asumir los modelos de desarrollo humano, incorporando la transferencia tecnológica, además de métodos coyunturales, que permiten una inserción e identificación consciente en el proceso de cambio, sin dejar a un lado, el análisis reflexivo y dialógico de las dimensiones del desarrollo, lo económico y lo cultural, los cuales, deben marchar al unísono, donde uno no se vaya por encima del otro, de esta manera la cuota de poder y la toma de decisiones se evidencia en el devenir del proceso de cambio.
El reforzamiento y defensa de la identidad grupal e individual es la que imprime el sentido de la vida, el compromiso y transmisión de valores, lo cual, conforma esa historia de la cotidianeidad con estímulos favorecedores de la promoción humana. Cuando el individuo se siente capacitado, en su papel de portador de una cultura, necesariamente transmisible a distintas generaciones, refuerza su sentido de pertenencia a un grupo etáreo tradicionalmente identificado, con el binomio sabiduría- experiencia y asume el encargo social de conservar y transmitir el patrimonio cultural familiar-comunitario, además de la memoria viva, aspectos de vital importancia en los procesos de identidad comunitaria.
El compromiso adquirido por las personas mayores, en el contexto de desarrollo, hace indefectiblemente, que el papel asumido tiene que adquirir matices de protagonismo, en la construcción de una historia cotidiana, donde las referencias al pasado y las proyecciones hacia el futuro, son obligadas.
El Adulto Mayor, se sabe necesario y fuerte en referencias, aún en sociedades donde lo viejo no es valorado. Por esa razón, desaprovechar las posibilidades de participación y aporte de los ancianos, es un error que a la larga costará caro.
No podemos hablar de promoción humana, si no respetamos la dignidad de la persona, desde lo individual hasta lo colectivo. Ellos son portadores de una cultura construida a partir de la historia familiar, pasando por la local hasta llegar a la nacional. Nuestros viejos de hoy, nos legaron un proyecto social, una tradición, un sistema de valores y esperan de las generaciones venideras, la continuación de su obra, además de la creación de nuevas expectativas, generadas por el devenir social del propio desarrollo humano. Los adultos maduros del presente, en unas dos décadas serán ancianos que diseñaron nuevos proyectos, a partir de sus propias utopías y esperan de los que siguen la concreción de sus sueños.
La preparación individual familiar y comunitaria en el cambio de óptica y actitud que se impone, dado el envejecimiento poblacional creciente, precisa un reconocimiento de las potencialidades del Adulto Mayor, así como, de su inserción y participación social en un proceso de transmisión y ascenso cualitativo de las relaciones intergeneracionales,a esto que podemos llamar cultura del envejecimiento. En este siglo será el momento, en el cual, la dimensión cultural del desarrollo, primará en muchas órdenes, como respuesta ante el avance globalizado de la tecnología y la diferencia abismal entre los poseedores de recursos y los desposeídos, la batalla cultural adquiere matices de sobrevivencia y defensa de la identidad. La población Adulta Mayor del 2025, será altamente calificada y con un importante nivel científico, cultural e informativo. Sus gustos, preferencias y la forma de aprovechar el tiempo libre será evidentemente muy distinto a la realidad actual, dada la elevada urgencia en el plano culturológico.
El desarrollo tecnológico, científico y económico, no dan respuesta total a nuestras necesidades de desarrollo humano integral. Los grupos que logran vivir más años, se enfrentan a necesidades fundamentales, que la sociedad debe intentar poner a su alcance. La imagen de la vejez puede variar según las sociedades, no sólo constituye un hecho natural, sino una construcción histórica cultural y comprende el orden biológico, demográfico, económico, social y político, por tanto cultural.Sin ser en sí misma un problema, sino una etapa normal del ciclo vital, la vejez constituye una dificultad, cuando el grupo de ancianos no disponen de los satisfactores requeridos, para suplir sus carencias y no puede desarrollar sus potencialidades. Desde esta perspectiva, el problema real es que el desarrollo, contribuye a la supervivencia del anciano, pero no siempre ha puesto a disposición de este grupo, las posibilidades de satisfacción que sus capacidades y necesidades exigen
El cambio pone en tela de juicio, nuestros modelos tradicionales, para comprender y atender al anciano. La consideración de la vejez, como un problema inevitable soportable hasta que la muerte pone fin, constituye un esquema superable en el futuro.
Las experiencias organizadas, de quienes abordan el tema con responsabilidad y compromiso, nos demuestran, que el viejo es una fuente inagotable de potencialidades, participación y recursos para sí mismos y para el resto de la sociedad.
Las propuestas de intervención gerontológica, se han visto sobrepasadas, por la dinámica propia de los acontecimientos, a partir de los cuales se han constituido los proyectos y modelos de participación. La concepción sobre el trabajo con los Adultos Mayores, se ha transformado significativamente, a partir de experiencias vitales que promueven referentes conceptuales, de carácter holístico.
Las posibilidades reales de la Gerontología como disciplina, se fundamentan al trascender la atención asistencialista y la modificación de prejuicios y estereotipos, que han obstaculizado el camino de la promoción, imprescindible para el desarrollo de una cultura del envejecimiento.
Los que formulan políticas y los ejecutores del desarrollo, deben empezar a tomar en cuenta el envejecimiento poblacional, deben aumentar las oportunidades para las personas mayores y contribuir con su pericia y conocimiento, al desarrollo humano sostenible.

3. MITOS SOCIALES SOBRE EL ADULTO MAYOR (DOCUMENTO 3)

Autores.

MsC. Maria Amelia González Braniella

Prof. Mayra R. Carrasco García

Prof. Guadalupe Carballo Fernández
En lo social, se presentan mitos y prejuicios relativos a la vejez importantes a tener en cuenta, para cualquier proyección sociocultural; ellos son:


  • El mito de la improductividad

Este aspecto es contradictorio, si lo comparamos con múltiples ejemplos de ancianos, que han desempeñado un papel importante en la marcha de la historia, incomparablemente mejor que oleadas ingentes de jóvenes. Debemos valorar que muchos, a pesar del retiro laboral, continúan transmitiendo valores y habilidades a jóvenes, con los cuales garantizan la continuidad de oficios y actividades, donde es importante, el proceso educativo y la experiencia; ésta es una forma de sentirse útiles y de incorporarse a la comunidad.


Es una etapa de la vida, rica en la utilización correcta del tiempo libre disponible. Ahora puede dedicar a labores productivas en el hogar o la comunidad, el tiempo que antes por su responsabilidad laboral, no poseía. El Adulto Mayor se convierte en un obrero comunitario potencial, en la solución de problemas de la vida cotidiana laboral, donde además de su experiencia, desarrolla ingenio y participa de forma activa en la gestión familiar comunitaria.
Cuántos ancianos aprenden nuevos oficios, incluso aquellos del sector intelectual o con profesiones sedentarias, se desarrollan en esferas insospechadas. Debemos tener en cuenta el desarrollo de aficiones laborales como la carpintería, jardinería, “labores de aguja”, albañilería, diseño y muchos otros que comienzan a estimular, no sólo el fin utilitario, sino también el educativo terapéutico.
Las capacidades y actitudes de dirección y organización, desarrolladas a lo largo de la vida laboral activa, pueden aprovecharse en grupos sociales, de forma tal, que constituya una labor sociocultural comunitaria.
La participación en la recopilación, difusión de datos, anécdotas, descripción de personalidades, dan a las historias locales un valor significativo y sobre todo altamente valioso, al convertirse en fuente viva y de valores identitarios de un grupo o una comunidad. La productividad material e intelectual de la Tercera Edad, está en la medida en que demos un mayor margen de participación integradora.


  • El mito de incapacidad creativa y de realización personal de sueños pospuestos.

La creatividad no tiene límite de edad, muestra de ello, son obras magníficas en la literatura, la música, la ciencia, artes plásticas, etc. cuyos autores al concebirlas ya tenían una edad mayor de sesenta años, valga como ejemplo EL Fausto de GOETHE.

La imaginación creadora en el Adulto Mayor, debe ser estimulada a partir del vínculo experiencia - potencialidad, la cual subyace, en espera de una oportunidad de expresión. No podemos olvidar, que los creadores van madurando su proceso creativo e incorporan nuevas ideas, en el devenir de su historia personal. La valoración de su obra y el reconocimiento social, hacen que si bien, no pueden en un momento determinado, ejecutar por ellos mismos sus proyectos, aglutinan e involucran personas de otras generaciones, para que pongan en práctica sus fantasías creativas.



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