Rev Cubana Salud Pública 2000;26(1): 12-6



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La dispensarización: una vía para la evaluación del proceso salud-enfermedad (DOCUMENTO 3)



Ricardo Batista Moliner,1 Félix Sansó Soberats,2 Pablo Feal Cañizares,3 Alcides Lorenzo4 y Héctor Corratgé Delgado5
La atención médica es una función de la salud pública y está concebida como un conjunto de acciones integrales, preventivo-curativas y de rehabilitación que se realizan sobre las personas para la protección de su salud.1 Esta función puede ser clasificada atendiendo a diferentes criterios: por el tipo de comunidad (urbana o rural), según las necesidades de cuidados del paciente (intensiva, intermedia o mínima) y de acuerdo con las características de la población atendida (atención infantil, materna, escolar, del anciano, del trabajador, etcétera).
Otros criterios de gran importancia están relacionados con el nivel de asistencia dentro del sistema de salud; es así que al considerar la complejidad de las acciones que requiere el paciente, la atención médica puede ser primaria, secundaria o terciaria; y según la forma en que se brinda y la gravedad de las personas, se puede definir en urgente, hospitalaria o ambulatoria.
La atención primaria de salud está concebida como la estrategia global para alcanzar la meta de Salud para Todos, por lo que constituye un eje central del sistema prestador de servicios de salud.2 Es la atención esencial e integral de salud basada en métodos y tecnologías prácticas, científicamente válidas y socialmente aceptadas, que son universalmente accesibles a los individuos y las familias en la comunidad a través de medios aceptables para ellas, a un costo que la comunidad y el país pueda afrontar, para mantenerla en cada etapa de su desarrollo con espíritu de responsabilidad y autodeterminación.3
Este tipo de atención se identifica como el modelo al que se enfrenta por primera vez la población en su relación con el sistema de salud. Constituye el primer elemento del proceso continuo de atención sanitaria, porque esta se brinda lo más cerca posible del lugar donde la población vive y trabaja, y es, de hecho, parte integral tanto del sistema de salud del país, como del enfoque principal de desarrollo económico y social de la comunidad. Se ha planteado que este nivel primario puede dar solución a alrededor del 80 % de los problemas de salud de la población.1
La atención ambulatoria por su parte, es un término en desuso, que define un proceso continuo mediante el cual el equipo básico de salud (EBS) desarrolla acciones de carácter integral en las personas, las que sin ser ingresadas en instituciones, reciben los cuidados necesarios relativos a la salud en la propia comunidad donde viven sin apartarlas de su medio familiar, social y ambiental.

Este tipo de atención médica ha transitado por una serie de etapas en nuestro país, comenzando por el aseguramiento de una accesibilidad total y continua, pasando por la elevación progresiva de la calidad de la atención médica con el desarrollo de nuevas formas organizativas y métodos de trabajo, hasta la integración con otras especialidades y la incorporación de nuevas tecnologías.


Desde la creación de los policlínicos comunitarios la organización de las funciones y actividades que debe desarrollar el EBS con su comunidad, ha estado centrada en torno al proceso conocido como dispensarización, el cual ha evolucionado e introducido nuevas concepciones, especialmente al ampliarse la visión y el enfoque de trabajo integral de los policlínicos con la creación del programa del Médico y Enfermera de la Familia y el desarrollo de la Medicina Familiar como especialidad. Más recientemente algunas investigaciones han llamado la atención sobre la necesidad de continuar perfeccionando esta actividad.4

Antecedentes


La dispensarización fue concebida originalmente en la antigua Unión Soviética como "un método progresista que comprendía un conjunto de medidas asistenciales y de salud para proteger y fortalecer la salud y la capacidad de trabajo de la población".5 Era un procedimiento llevado a cabo por las instituciones ambulatorias (policlínicas) o dispensarios, de donde se derivó su actual denominación.
En este modelo de atención se concebía brindar la atención dispensarizada mediante la realización de exámenes integrales a diferentes grupos poblacionales, entre los que estaban incluidos los niños, las embarazadas, los jóvenes en edad del servicio militar, los deportistas, los trabajadores vinculados a determinadas profesiones u oficios de riesgo, los veteranos de la Segunda Guerra Mundial, entre otros. Además incluían en el control a los pacientes enfermos portadores de determinadas afecciones crónicas (cardiovasculares, pulmonares, neurológicas, gastrointestinales, etc.) que requerían una atención sistemática.
Según las normas del Ministerio de Salud Pública (MINSAP) en la URSS, las medidas para "sanear" a los enfermos dispensarizados consistían en métodos de fisioterapia, educación física, alimentación dietética y tratamientos en sanatorios y balnearios. Otro rasgo relevante es el hecho de que se programaban un grupo de consultas y acciones dirigidas a brindar una atención integral a cada individuo con un enfoque preventivo y de rehabilitación.
El método estaba concebido como un sistema o plan anual de consultas, medidas diagnósticas y de saneamiento desarrollado por los diferentes médicos que brindaban atención en la comunidad. Así por ejemplo, un clínico atendía como promedio entre 150-170 enfermos, mientras que un ginecoobstetra o un cirujano atendía entre 100 y 120. A un enfermo bajo control dispensa rizado le correspondían como promedio de 3 a 4 visitas al año, incluyendo 2 visitas al médico como mínimo. En 1980, el número total de personas dispensa rizadas en la antigua URSS, presentaba variaciones importantes de una república a otra, y podía fluctuar desde 49,8 x 1000 habitantes en la de menor cobertura, hasta 168,9 x1000 habitantes en la república que exhibía el mejor índice.
Como puede apreciarse en su concepción original la dispensarización no estaba dirigida a toda la población, sino a personas enfermas o pertenecientes a grupos vulnerables o de riesgo. Incluso el tiempo de seguimiento a las personas enfermas, podía variar desde 1 año hasta toda la vida, en dependencia del tipo de enfermedad; para ello se apoyaban en una norma donde se establecían los plazos de la observación y los factores que determinaban el alta del dispensario.


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