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RESULTADO DE APRENDIZAJE: 1.2 Interpreta y evalúa artículos de opinión relacionados con hechos y problemáticas actuales, mediante la identificación de su estructura, funciones y elementos

1.2 LA INTENCIÓN COMUNICATIVA:

Es el propósito que perseguimos cuando emitimos algún mensaje.

Las intenciones comunicativas tienen relación con las funciones del lenguaje. ¿Recuerdas cuáles son?

El pensamiento de cada persona se expresa por medio del lenguaje. Al emitir un mensaje, lo haces con una intención, pero también con una función. El lenguaje tiene diferentes funciones, de acuerdo con el elemento del proceso de la comunicación que se enfatice:



referente, mensaje, , código o canal.

Entonces habrá intenciones comunicativas con una función expresiva/emotiva si se enfatiza en el emisor; poética/estética en el mensaje; conativa/apelativa en el receptor; referencial/representativa en el contexto; metalingüística en el código y fática si se hace énfasis en el contacto o canal.





1.2.1CARACTERÍSTICAS Y EJEMPLOS DE LAS FUNCIONES DEL LENGUAJE

FUNCIONES

OBJETIVO

INTENCIONALIDAD

CARACTERISTICAS

EJEMPLOS

Extensiva o emotiva

Dar a conocer sentimientos, opiniones y deseos personales.

Predomina lo emotivo. Se busca dar a conocer cuestiones subjetivas, personales.

Empleo de la primera persona del singular; uso de exclamaciones e interjecciones; de adjetivos y adverbios que evidencian los sentimientos del autor.

¡Qué persona tan agradable!

Espero que todo salga bien.



Poético

La atención del emisor del receptor se centra en el mensaje.

Predomina una finalidad estética: la forma interesa tanto o más que lo que se dice. Trata de crear belleza por medio de palabras y emplea un lenguaje literario.

Se emplean figuras retóricas, rima y ritmo, etc. Esta función no es exclusiva de los textos literarios. El lenguaje propagandístico y publicitario utiliza esta función para elaborar frases que capten la atención de la gente.

En los jardines, por encima de las tapias, exhalaban los jazmines su fragancia azucarada.

(V. Blasco Ibáñez)

“Al buen conocedor, La cosecha por sabor”


Conativa o apelativa

Ordena, ruega, convence, persuade.

El emisor intenta influir en el receptor para que piense o actué de cierta manera.

Empleo de la forma imperativa del verbo; uso de vocativos; en ocasiones se utiliza el presente de subjuntivo.

Recuerda, fumar es causa de cáncer.

¡Por cada cien pesos de compra, reciba un boleto para la rifa de un televisor!

Probablemente si un diabético sigue comiendo chocolate, su glucosa se elevará.


Referencial

Mostrar la realidad de que se habla, es decir. El referente.

Dar información objetiva sobre hechos, seres, objetos, ideas, etc.

Emplea verbos en 3ª persona.

La dislexia es un trastorno que afecta a un 8% de la población mundial. La sufren las personas que presentan problemas para leer y escribir correctamente.

Fática

Comprobar, de vez en cuando que funciona bien el canal de transmisión entre emisor y el receptor. Lo importante es iniciar o mantener el contacto.




Emplea repeticiones, frases breves, etc.

-Tenemos pendiente la lectura de los cuentos que escribieron.

-Sí, ¿cuándo los vamos a leer?

-¿Están de acuerdo en que sea el viernes?

-Sí, es un buen día.



Metalingüística

Emplear la lengua para referirse a la misma, para aclarar ciertos aspectos del código utilizados. Esta función es común cuando se enseña la gramática de una lengua.




Se emplea expresiones que introducen explicaciones.

La sintaxis estudia las relaciones de unos vocablos con otros, combinándolos y ordenándolos para formar la oración, y así dar forma a nuestros pensamientos.

¿Cuántos tipos de intenciones comunicativas conoces?

Existen diferentes intenciones comunicativas. Tú puedes transmitir mensajes con una intención comunicativa que puede ser informar, ordenar, solicitar, convencer, advertir y persuadir, entre otras.


1.2.2 LAS CARACTERÍSTICAS DE LOS ARTÍCULOS DE OPINIÓN
Los textos argumentativos son aquellos en los que el emisor ofrece su visión subjetiva sobre un tema y tiene como objetivo convencer al lector de lo que se está planteando mediante fundamentos o argumentos. Algunos ejemplos son los artículos de opinión de los diarios o los artículos científicos en donde se demuestra una hipótesis. Son textos en los que el emisor, mediante un razonamiento lógico, demuestra la validez de su idea sobre un tema. Las cuestiones sobre las que se puede argumentar son aquellas ideas que pueden desdoblarse en afirmación o negación.

 
ESTRUCTURA:



La tesis:

Es la idea que un autor quiere defender o exponer en un texto. Se trata de la manifestación textual de una opinión, una creencia o una idea. Se redacta con una oración completa con verbo.

En los textos expositivos la tesis suele ser informativa: toma la forma de la idea principal, es decir, coincide con ella.

En los textos argumentativos, en cambio, la tesis toma forma de una opinión que se tenga que apoyar en una serie de razonamientos que la sustentan. Estos razonamientos son los argumentos convincentes que procuran orientar la opinión del destinatario hacia la idea defendida.

La tesis puede ser explicita (mencionada en el texto) o implícita (si se deduce).

Se introduce con expresiones como: “en mi opinión…”. Ejemplo: “Creo que es bueno que haya una ley que prohíba fumar en espacios públicos.”



Argumentos: Argumentar consiste en presentar cualquier razón, prueba, demostración, dato o motivo, apto para acatar el asentimiento y para inducir a la persuasión o a la convicción .Un dato o argumento en el cual se apoya la tesis.

La conclusión:

Existen diferentes formas de organizar los elementos de una argumentación escrita. Una posibilidad es introducir la tesis al inicio del texto y presentar luego los argumentos correspondientes, a fin de validar la postura asumida. También es posible comenzar el razonamiento directamente con los argumentos para presentar al final la tesis, a modo de conclusión ineludible. Se admite, incluso, exponer al comienzo las reglas generales, seguir con los argumentos y finalizar con la tesis-conclusión.

Como se ve, son numerosas las posibilidades, y la selección de una de ellas depende en gran medida de la intención del autor (Blay, 1984; Lo Cascio, 1998).

Por lo general, la parte final del texto argumentativo valida la hipótesis o tesis, sea esta explícita o implícita. Se retoma la idea principal, observando los alcances concluyentes que se han logrado con la exposición de los argumentos. También es posible plantear preguntas o proponer posibles soluciones a un determinado problema asociado a la tesis o idea principal del texto.



ELEMENTOS:

Recursos para validar argumentos y para persuadir

 Contraargumentos

 Expresiones para distinguir la opinión personal y para contrastar opiniones


Copias del libro Comprensión lectora y redacción 1(comprendo y actuó), Jurado Rojas Yolanda. Editorial ESFINGE. 2012. p.140-161.

1.2.4 ETAPAS DEL PROCESO DE LECTURA

Un proceso es un conjunto de etapas que llevan a un fin determinado. Esto quiere decir que al realizar la lectura se pasa por distintos momentos conocidos como prelectura, lectura y poslectura.



PRELECTURA:

  • Determinar el objetivo de la lectura mediante las preguntas. ¿qué voy a leer? ¿Para qué voy a leer?, Observar el texto: leer el título, identificar sus partes, el contenido y las imágenes.

  • Cuando el lector se acerca a un texto literario, reflexiona sobre el título y hace predicciones sobre su contenido. Relaciona el nombre de la composición con los conocimientos que posee sobre el asunto del que se trate. Si tiene ilustraciones, le permiten enriquecer las suposiciones previas. Observa también la manera como el texto está dispuesto en la hoja de papel, ya que la distribución en el espacio es diferente para la prosa, el verso o el diálogo.

  • Si el texto es expositivo-informativo, el lector vincula los conocimientos que posee con el asunto anunciado en el título. Revisa la forma en que está presentado y organiza su contenido: lee los subtítulos, localiza las pantallas de color, advierte los distintos tipos de letras (cursivas, negritas, mayúsculas), pon e atención a los iconos y números que marcan algún tema; si cuenta con ilustraciones, lee los pies de grabado. Información que le permite formarse una idea de cuál será el contenido del texto en cuestión.

Actividad 2: El relato que leerán se titula “El avión de la bella durmiente”. Antes de leerlo, realice actividades de prelectura, que inicia a partir del título:



  1. ¿Qué les recuerda la segunda parte del título “la bella durmiente”? Relate lo que saben al respecto.

  2. ¿De qué manera asociarían a la bella durmiente del cuento de hadas con un avión? Entre todos propongan o enuncien distintas alternativas.

  3. Hagan predicciones en torno al asunto del relato.

Estos comentarios previos les dan idea sobre el contenido del texto. Consideren que son sólo la invitación a la lectura. Ahora pueden preguntarse ¿Para qué leemos este relato de Gabriel García Márquez?

La respuesta sería, para que se pongan en contacto con el texto cuyo contenido es interesante, actual y puede producirles una experiencia emocional grata.

LECTURA: Al leer un texto, se hacen inferencias, con las cuales se llenan los huecos de información que pueda tener el lector. Si éste descubre la superestructura textual (son esquemas constituidos por categorías formales que organizan el contenido del texto) del escrito. , hará predicciones sobre la organización de los contenidos que encuentre. Las consideraciones respecto de esta forma de organizar y presentar el contenido los ayuda a comprender mejor.
Actividad: Leer el cuento de Garcia Marquez. Recuerde que es un relato, cuyo contenido está organizado con un planteamiento de la situación, un nudo o clímax y un desenlace (superestructura narrativa).
POSLECTURA: Al terminar la lectura, se ejecutan acciones relativas al contenido y la interpretación del contenido; identificación de la estructura del texto; tareas de creatividad, etc.

Actividad: Realizarla en el cuaderno.


  1. Contesten con sus compañeros de equipo este cuestionario: ¿Cuál es el asunto del relato y por qué se titula “ el avión de la bella durmiente”?; ¿En qué contexto se desarrolla la historia?;¿quién relata la historia?;¿qué opinión tiene del protagonista de la historia? Y ¿qué piensan de él?;¿Quién es el destinatario del relato?;¿Consideran que el desenlace es el esperado? Si estuviera de acuerdo con el de la historia infantil, ¡cuál habría sido? ¿cómo hubieran deseado que terminara la historia? ¿Qué desenlace le pondrían?

  2. Completen el cuadro sinóptico en su cuaderno, sobre el proceso de lectura. Anote frente a la llave respectiva la descripción de lo que constituyó cada etapa. Este trabajo es individual al inicio, pero al finalizarlo, compártalo con los compañeros de equipo.

Prelectura





Lectura


PROCESO DE LECTURA

Poslectura





Gabriel García Márquez
(Aracata, Colombia 1928—)


El avión de la Bella Durmiente

         Era bella, elástica, con una piel tierna del color del pan y los ojos de almendras verdes, y tenía el cabello liso y negro y largo hasta la espalda, y una aura de antigüedad que lo mismo podía ser de Indonesiá que de los Andes. Estaba vestida con un gusto sutil: chaqueta de lince, blusa de seda natural con flores muy tenues, pantalones de lino crudo, y unos zapatos lineales del color de las bugambilias. “Esta es la mujer más bella que he visto en mi vida”, pensé, cuando la vi pasar con sus sigilosos trancos de leona, mientras yo hacía la cola para abordar el avión de Nueva York en el aeropuerto Charles de Gaulle de París. Fue una aparición sobrenatural que existió sólo un instante y, desapareció en la muchedumbre del vestíbulo.


         Eran las nueve de la mañana. Estaba nevando desde la noche anterior, y el tránsito era más denso que de costumbre en las calles de la ciudad, y más lento aún en la autopista, y había camiones de carga alineados a la orilla, y automóviles humeantes en la nieve. En el vestíbulo del aeropuerto, en cambio, la vida seguía en primavera.
         Yo estaba en la fila de registro detrás de una anciana holandesa que demoró casi una hora discutiendo el peso de sus once maletas. Empezaba a aburrirme cuando vi la aparición instantánea que me dejó sin aliento, así que no supe cómo terminó el altercado, hasta que la empleada me bajó de las nubes con un reproche por mi distracción. A modo de disculpa le pregunté si creía en los amores a primera vista. “Claro que sí”, me dijo. “Los imposibles son los otros”. Siguió con la vista fija en la pantalla,de la computadora, y me preguntó qué asiento prefería: fumar o no fumar.
         —Me da lo mismo —le dije con toda intención—, siempre que no sea al lado de las once maletas.
         Ella lo agradeció con una sonrisa comercial sin apartar la vista de la pantalla fosforescente.
         —Escoja un número —me dijo—: tres, cuatro o siete.
         —Cuatro.
         Su sonrisa tuvo un destello triunfal.
         —En quince años que llevo aquí —dijo—, es el primero que no escoge el siete.
         Marcó en la tarjeta de embarque el número del asiento y me la entregó con el resto de mis papeles, mirándome por primera vez con unos ojos color de uva que me sirvieron de consuelo mientras volvía a ver la bella. Sólo entonces me advirtió que el aeropuerto acababa de cerrarse y todos los vuelos estaban diferidos.
         —¿Hasta cuándo?
         —Hasta que Dios quiera —dijo con su sonrisa. La radio anunció esta mañana que será la nevada más grande del año.
         Se equivocó: fue la más grande del siglo. Pero en la sala de espera de la primera clase la primavera era tan real que había rosas vivas en los floreros y hasta la música enlatada parecía tan sublime y sedante como lo pretendían sus creadores. De pronto se me ocurrió que aquel era un refugio adecuado para la bella, y la busqué en los otros salones, estremecido por mi propia audacia. Pero la mayoría eran hombres de la vida real que leían periódicos en inglés mientras sus mujeres pensaban en otros, contemplando los aviones muertos en la nieve a través de las vidrieras panorámicas, contemplando las fábricas glaciales, los vastos sementeras de Roissy devastados por los leones. Después del mediodía no había un espacio disponible, y el calor se había vuelto tan insoportable que escapé para respirar.
         Afuera encontré un espectáculo sobrecogedor. Gentes de toda ley habían desbordado las salas de espera, y estaban acampadas en los corredores sofocantes, y aun en las escaleras, tendidas por los suelos con sus animales y sus niños, y sus enseres de viaje. Pues también la comunicación con la ciudad estaba interrumpida, y el palacio de plástico, transparente parecía una inmensa cápsula espacial varada en la tormenta. No pude evitar la idea de que también la bella debía estar en algún lugar en medio de aquellas hordas mansas, y esa fantasía me infundió nuevos ánimos para esperar.
         A la hora del almuerzo habíamos asumido nuestra conciencia de náufragos. Las colas se hicieron interminables frente a los siete restaurantes, las cafeterías, los bares atestados, y en menos de tres horas tuvieron que cerrarlos porque no había nada qué comer ni beber. Los niños, que por un momento parecían ser todos los del mundo, se pusieron a llorar al mismo tiempo, y empezó a levantarse de la muchedumbre un olor de rebaño. Era el tiempo de los instintos. Lo único que alcancé a comer en medio de la rebatiña fueron los dos últimos vasos de helado de crema en una tienda infantil. Me los tomé poco a poco en el mostrador, mientras los camareros ponían las sillas sobre las mesas a medida que se desocupaban, y viéndome a mí mismo en el espejo del fondo, con el último vasito de cartón y la última cucharita de cartón, y pensando en la bella.
         El vuelo de Nueva York, previsto para las once de la mañana, salió a las ocho de la noche. Cuando por fin logré embarcar, los pasajeros de la primera clase estaban ya en su sitio, y una azafata me condujo al mío. Me quedé sin aliento. En la poltrona vecina, junto a la ventanilla, la bella estaba tomando posesión de su espacio con el dominio de los viajeros expertos. “Si alguna vez escribiera esto, nadie me lo creería”, pensé. Y apenas si intenté en mi media lengua un saludo indeciso que ella no percibió.
         Se instaló como para vivir muchos años, poniendo cada cosa en su sitio y en su orden, hasta que el lugar quedó tan bien dispuesto como la casa ideal donde todo estaba al alcance de la mano. Mientras lo hacía, el sobrecargo nos llevó la champaña de bienvenida. Cogí una copa para ofrecérsela a ella, pero me arrepentí a tiempo. Pues sólo quiso un vaso de agua, y le pidió al sobrecargo, primero en un francés inaccesible y luego en un inglés apenas más fácil, que no la despertara por ningún motivo durante el vuelo. Su voz grave y tibia arrastraba una tristeza oriental.
         Cuando le llevaron el agua, abrió sobre las rodillas un cofre de tocador con esquinas de cobre, como los baúles de las abuelas, y sacó dos pastillas doradas de un estuche donde llevaba otras de colores diversos. Hacía todo de un modo metódico y parsimonioso, como si no hubiera nada que no estuviera previsto para ella desde su nacimiento. Por último bajó la cortina de la ventana, extendió la poltrona al máximo, se cubrió con la manta hasta la cintura sin quitarse los zapatos, se puso el antifaz de dormir, se acostó de medio lado en la poltrona, de espaldas a mí, y durmió sin una sola pausa, sin un suspiro, sin un cambio mínimo de posición, durante las ocho horas eternas y los doce minutos de sobra que duró el vuelo a Nueva York.
         Fue un viaje intenso. Siempre he creído que no hay nada más hermoso en la naturaleza que una mujer hermosa, de modo que me fue imposible escapar ni un instante al hechizo de aquella criatura de fábula que dormía a mi lado. El sobrecargo había desaparecido tan pronto como despegamos, y fue reemplazado por una azafata cartesiano que trató de despertar a la bella para darle el estuche de tocador y los auriculares para la música. Le repetí la advertencia que ella le había hecho al sobrecargo, pero la azafata insistió para oír de ella misma que tampoco quería cenar. Tuvo que confirmárselo el sobrecargo, v aun así me reprendió porque la bella no se hubiera colgado en el cuello el cartoncito con la orden de no despertarla.
         Hice una cena solitaria, diciéndome en silencio lo que le hubiera dicho a ella si hubiera estado despierta. Su sueño era tan estable, que en cierto momento tuve la inquietud de que las pastillas que se había tomado no fueran para dormir sino para morir. Antes de cada trago, levantaba la copa y brindaba.
         —A tu salud, bella.
         Terminada la cena apagaron las luces, dieron la película para nadie, y los dos quedamos solos en la penumbra del mundo. La tormenta más grande del siglo había pasado, y la noche del Atlántico era inmensa y limpida, y el avión parecía inmóvil entre las estrellas. Entonces la contemplé palmo a palmo durante varias horas, y la única señal de vida que pude percibir fueron las sombras de los sueños que pasaban por su frente como las nubes en el agua. Tenía en el cuello una cadena tan fina que era casi invisible sobre su piel de oro, las orejas perfectas sin puntadas para los aretes, las uñas rosadas de la buena salud, y un anillo liso en la mano izquierda. Como no parecía tener más de veinte años me consolé con la idea de que no fuera un anillo de bodas sino el de un noviazgo efímero. “Saber que duermes tú, cierta, segura, cauce fiel de abandono, línea pura, tan cerca de mis brazos maniatados”, pensé, repitiendo en la cresta de espúmas,de champaña el soneto magistral de Gerardo Diego. Luego extendí la poltrona a la altura de la suya, y quedamos acostados más cerca que en una cama matrimonial. El clima de su respiración era el mismo de la voz, y su piel exhalaba un hálito tenue que sólo podía ser el olor propio de su belleza. Me parecía increíble: en la primavera anterior había leído una hermosa novela de Yasunarl Kawabata sobre los ancianos burgueses de Kyoto que pagaban sumas enormes para pasar la noche contemplando a las muchachas más bellas de la ciudad, desnudas y narcotizadas, mientras ellos agonizaban de amor en la misma cama. No podían despertarlas, ni tocarlas, y ni siquiera lo intentaban, porque la esencia de¡ placer era verlas dormir. Aquella noche, velando el sueño de la bella, no sólo entendí aquel refinamiento senil, sino que lo viví a plenitud.
         —Quién iba a creerlo —me dije, con el amor propio exacerbado por la champaña—: Yo, anciano japonés a estas alturas.
         Creo que dormí varias horas, vencido por la champaña y los fogonazos mudos de la película, Y desperté con la cabeza agrietada. Fui al baño. Dos lugares detrás del mío yacía la anciana de las once maletas despatarrada de mala manera en la poltrona. Parecía un muerto olvidado en el campo de batalla. En el suelo, a mitad del pasillo, estaban sus lentes de leer con el collar de cuentas de colores, y por un instante disfruté de la dicha mezquina de no recogerlos.
         Después de desahogarme de los excesos de champaña me sorprendí a mí mismo en el espejo, indigno y feo, y me asombré de que fueran tan terribles los estragos del amor. De pronto el avión se fue a pique, se enderezó como pudo, y prosiguió volando al galope. La orden de volver al asiento se encendió. Salí en estampida, con la ilusión de que sólo las turbulencias de Dios despertaran a la bella, y que tuviera que refugiarse en mis brazos huyendo del terror. En la prisa estuve a punto de pisar los lentes de la holandesa, y me hubiera alegrado. Pero volví sobre mis pasos, los recogí, y se los puse en el regazo, agradecido de pronto de que no hubiera escogido antes que yo el asiento número cuatro.
         El sueño de la bella era invencible. Cuando el avión se estabilizó, tuve que resistir la tentación de sacudirla con cualquier pretexto, porque lo único que deseaba en aquella última hora de vuelo era verla despierta, aunque fuera enfurecida, para que yo pudiera recobrar mi libertad, y tal vez mi juventud. Pero no fui capaz. “Carajo”, me dije, con un gran desprecio. “¡Por qué no nací Tauro!”.
         Despertó sin ayuda en el instante en que se encendieron los anuncios del aterrizaje, y estaba tan bella y lozana como si hubiera dormido en un rosal. Sólo entonces caí en la cuenta de que los vecinos de asiento en los aviones, igual que los matrimonios viejos, no se dan los buenos días al despertar. Tampoco ella. Se quitó el antifaz, abrió los ojos radiantes, enderezó la poltrona, tiró a un lado la manta, se sacudió las crines que se peinaban solas con su propio peso, volvió a ponerse el cofre en las rodillas, y se hizo un maquillaje rápido y superfluo, que le alcanzó justo para no mirarme hasta que la puerta se abrió. Entonces se puso la chaqueta de lince, pasó casi por encima de mí con una disculpa convencional en castellano puro de las Américas, y se fue sin despedirse siquiera, sin agradecerme al menos lo mucho que hice por nuestra noche feliz, y desapareció hasta el sol de hoy en la amazonia de Nueva York.
INTEGRACIÓN DE PROCESOS DE LECTURA
Traer un artículo de opinión.

  1. Comprender el texto

  • Identificar la tesis, los argumentos y la conclusión

  • Identificar la idea principal de un párrafo: IDEAS PRINCIPALES Y SECUNDARIAS- Copias del libro Comprensión lectora y redacción 1(comprendo y actuó), Jurado Rojas Yolanda. Editorial ESFINGE. 2012. p.91-95.

  • Relacionar e integrar diferentes partes del texto para identificar el tema y la tesis del artículo de opinión.

  • Buscar los enunciados que sintetizan el texto.

  • Identificar (escribir) datos explícitos ejemplos, citas, hechos, opiniones

  • Identificar(escribir) de hechos, opiniones y explicaciones que apoyan argumentos



  1. Interpretar e integrar ideas e información

  • Realizar de inferencias sobre la intención y postura del autor

  • Interpretar frases o enunciados connotativos y discriminar argumentos y contraargumentos

  • Establecer hipótesis e identificar premisas, conclusiones o soluciones




  1. Evaluar el contenido,, los elementos lingüísticos y textuales

  • Existe relación entre la intención y postura del autor y los datos, ejemplos, citas, argumentos, hechos y opiniones utilizados para apoyar su punto de vista.

  • Existe contrastación de argumentos y contraargumentos.




  1. Evaluar la forma del texto

  • Valorar correspondencia entre la estructura del texto, el léxico y su adecuación a la intención comunicativa, destinatario y al contexto en el cual se usa.








COMPRENCIÓN DE TEXTO:

A) La tesis del artículo de opinión


B) La idea principal de párrafo 4
C) La síntesis del artículo de opinión, de acuerdo con las siguientes oraciones:

Los inmigrantes tienen derechos que no son respetados por Estados Unidos

La migración hacia Estados Unidos es un problema que no ha sido solucionado de raíz

Los inmigrantes buscan en Estados Unidos lo que no encuentran en México

La migración hacia Estados Unidos demuestra la ineficacia del gobierno mexicano y es necesario realizar acciones para evitar que la población emigre

INTERPRETACIÓN DE TEXTO

D) La intención del autor del artículo:


EVALUACIÓN DEL CONTENIDO Y LA FORMA DEL TEXTO

E) Los recursos que utiliza para validar sus argumentos:


F) El argumento que contradice la postura del autor, de acuerdo con las siguientes oraciones:

Los inmigrantes necesitan que sus necesidades sean atendidas en sus países de origen

El gobierno de México tiene todo el derecho de reclamar por el levantamiento del muro

Los inmigrantes buscan los que no encuentran en sus países de origen

El gobierno de México es culpable de la migración

G) OPINIÓN PERSONAL.



BIBLIOGRAFÍA:

  • Jurado Rojas Yolanda, COMPRENSIÓN LECTORA Y REDACCIÓN 1(comprendo y actuó). Editorial ESFINGE. 2012.

  • Jurado Rojas Yolanda, COMPRENSIÓN LECTORA Y REDACCIÓN 2(comprendo y actuó). Editorial ESFINGE. 2012.

  • Lozano Lucero, TALLER DE LECTURA Y REDACCIÓN (bachillerato general).Editorial Lucero.

  • Página: http://sied.conalep.edu.mx/bv3/biblioteca/area/carrera/modulo/recurso/128/textos_qu_intenciones_comunicativas_tienen.html


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