Renacimiento



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2.- ESCULTURA: DONATELLO.

El inicio del Renacimiento en ESCULTURA se marca en el año 1401 con las puertas del “Paraíso” del Baptisterio de Florencia realizadas en bronce por Ghiberti. En ellas se representó la Biblia con un gran virtuosismo y lo que es más importante con efecto tridimensional a pesar de ser un relieve. Aunque el verdadero revolucionario de la ESCULTURA florentina fue Donatello.



DONATELLO (1386-1466) fue un escultor con una actividad creativa muy fecunda y siempre renovadora, y con grandes conocimientos teóricos y un completo dominio de los materiales. En sus obras buscó siempre la belleza corporal sin renunciar al expresionismo, pudiendo, incluso, adoptar la plasmación de la fealdad si con ello capta y refleja la esencia humana. A él se le debe también la recuperación del desnudo y la ESCULTURA ecuestre. La idea de clasicismo de Donatello se aparta de la rígida concepción de sus contemporáneos florentinos. Para él el modelo clásico no es sólo un modelo único e ideal, sino una sugerencia estimulante y versátil.

En el relieve buscó la profundidad y emplea por primera vez en piedra la técnica del “aplastado” (sciacciato) para representar los efectos atmosféricos; utiliza también una rigurosa perspectiva simple equilibrada con una amplia gama de expresiones. Relieve de la Anunciación de la Santa Croce de Florencia. Entre 1430-1435 el escultor labró en “pietra serena” un altar de La Anunciación pagado por el cardenal Calvanti. El relieve central puede considerarse una de las obras capitales de la ESCULTURA del primer renacimiento, pues el artista supo fundir el sentimiento religioso con unos modelos y un rigor formal que proceden directamente de la ESCULTURA griega. Las cabezas, de perfiles y peinados clásicos, el modelado de los pliegues, etc... demuestran el amplio conocimiento de Donatello de la ESCULTURA grecorromana. Además de la perfección formal Donatello supo lograr una extraordinaria armonía de sentimientos religiosos, tanto en el gesto del Ángel que se arrodilla con pudor, iniciando apenas un saludo, como en la sorpresa de la Virgen, que con cierto temor acepta el mensaje. Pocas veces se había logrado representar con tanta sencillez un conjunto de movimientos sucesivos capaces además de traducir toda una vivencia psicológica.

Cantoría del Duomo de Florencia. Se trata de una obra de mármol y mosaico realizada entre 1433 y 1439 para alojar un órgano o a un coro de cantores. La escena que discurre a modo de friso está cobijada en una especie de pórtico sostenido por columnas. Es una composición en la que el autor combina el equilibrio de las arquitecturas con la tensión de la acción de los amorcillos (putti) danzantes en pleno movimiento. Esta forma de entender el clasicismo contrasta con la de Lucca della Robbia autor de la otra cantoría de la Catedral de Florencia.




Entre sus obras más significativas destacan las esculturas para la catedral de Florencia y la iglesia de Or San Michele como:


San Jorge (entre 1417-1420) obra realizada en mármol con un gran equilibrio compositivo. Esta obra posee la monumentalidad de la ESCULTURA clásica y con sentido del volumen. Al mismo tiempo no exento de sentimiento, ya que la imagen transmite al espectador la grandeza moral y el orgullo del caballero que lucha por una causa mística.

El profeta Habacuc (entre 1427-1436). Donatello realizó para el campanario de la catedral de Florencia una serie de 4 profetas (Jeremías, San Juan Bautista, Abdías y Habacuc) entre los que destaca esta imagen por gran expresividad con excepcionales rasgos de realismo, patentes en la fealdad del modelo y en la desproporción de su canon.

Ejemplo de su variedad en las técnicas y registros emocionales es su David. Esta obra realizada en bronce hacia 1430 supone la culminación de su clasicismo: el desnudo, la forma de ordenar la figura (contraposto), el modelado y las proporciones; y al mismo tiempo es un de sus obras más expresivas. Por encima de las normas clásicas, la imagen representa a un joven pensativo, lleno de sensualidad y orgullo aplastando con su pie la cabeza de su rival.



Algunos años más tarde, Donatello trabajó en Padua entre 1446 y 1450 donde realizó el Monumento a Gattamelata , obra que constituye un claro ejemplo de recuperación dell´antico desarrollando una tipología de retrato ecuestre, recuperada de un modelo antiguo, que tendrá una gran influencia en la ESCULTURA posterior. En esta obra Donatello demostró su gran conocimiento del bronce y su virtuosismo técnico y al mismo tiempo su capacidad para plasmar en el rostro una gran humanidad. El rostro del Gattamelata está considerado como el ejemplo de “virtud” según la entendían los romanos, o lo que es igual toda la grandeza del ser humano del primer Renacimiento.


3.- PINTURA: BOTTICELLI.
En pintura, al igual que en ESCULTURA, es difícil generalizar, puesto que cada artista tiene una personalidad singular. Sin embargo, es característica de la pintura del Quattrocento la observación de la realidad, la evocación de la Antigüedad clásica, y el dominio, que llega al alarde de la perspectiva.

Se cultiva la pintura al fresco y la de caballete. Es ésta una novedad, como lo es la introducción del óleo, de influencia flamenca.

Junto a la temática religiosa adquirirán un gran prestigio las obras pictóricas como el retrato los cuadros alegóricos y los temas mitológicos.

Mientras que durante la primera mitad del Quattrocento la pintura presenta una gran sobriedad, propia del periodo de formación; a partir de la segunda mitad las obras presentan una mayor sofisticación y complejidad. Uno de los autores más representativos fue sin duda SANDRO BOTTICELLI (1445-1510). Este pintor florentino cuya formación se realizó en el taller del famoso artista Filippo Lippi se ha relacionado con artistas de la talla de Verroccio incluso Leonardo da Vinci.

Hacia 1470 Botticelli ya tenía su propio taller. Dedicó casi toda su vida a trabajar para las grandes familias florentinas, especialmente los Medici, para los que pintó retratos, entre los que destaca su Retrato de Giuliano de Medici. La adoración de los Magos no fue encargo de los Medici pero en él pintó a los personajes con rasgos muy parecidos a los de dicha familia. Como integrante del brillante círculo intelectual y artístico de la corte de Lorenzo de Medici, Botticelli recibió la influencia del neoplatonismo cristiano de ese círculo, que pretendía conciliar las ideas cristianas con las clásicas. Sus obras no se pueden desligar del ambiente filosófico- literario, desarrollado en Florencia bajo el gobierno de Lorenzo “el magnífico”, y que giraba alrededor del neoplatonismo. El éxito de esta filosofía radicó en la conjunción entre el mundo cristiano y la antigüedad clásica. El neoplatonismo consideraba que las ideas eran más importantes que las cosas, y que el alma está dotada de virtudes que le permiten un ascenso interno hacia Dios. El poder que relaciona al hombre con la divinidad es el “amor”, encarnado en Venus. Y son precisamente estas obras, La Primavera y el Nacimiento de Venus, las que mejor encarnan ese espíritu neoplatónico. El artista que siempre estuvo bajo el mecenazgo de Los Médici, primero Pedro y luego Lorenzo, realizó las obras para un primo de este último, Lorenzo di Pierfrancesco de Médici.




La Primavera, realizada entre 1480 y 1481, es un resumen del pensamiento neoplatónico donde se antepone la belleza ideal a la real, y el intelecto a los sentidos. Para ello Baticola utilizó una iconografía mitológica al utilizar el tema de la metamorfosis (desarrollada ampliamente por Ovidio) de la ninfa Cloris en Flora, la Hora de la primavera, asediada por Céfiro, junto a Venus acompañada por Cupido como tema central y la danza de las tres Gracias (Voluptas, Pulchritudo y Castitas) y la imagen de Mercurio disipando las nubes. Este episodio mitológico fue utilizado para representar el triunfo del humanismo, simbolizado por Venus Humanitas capaz de transformar la pasión (Céfiro) en contemplación (Mercurio, dios del entendimiento) de lo divino. Dicho con otras palabras el hombre vuelve su mente hacia el cielo; es decir a través del amor (Venus) la humanidad puede alcanzar a Dios.
El Nacimiento de Venus. Ver páginas 52 y 53 de “La Guía visual del Arte”. Esta obra de 1484 es uno de los símbolos del pensamiento neoplatónico, ya que conjuga la idea cristiana del bautismo (agua, concha) con el tema mitológico del nacimiento de Venus que nació en el mar de los testículos de Urano que había sido arrojados al mar por su hijo Cronos. Según algunas leyendas Afrodita llegó a Chipre y según otras a Citera, por lo que ambas islas estaban consagradas a la diosa. A la izquierda de la escena se representa al rapto de Cloris del jardín de la Hespérides. Cloris accedió a desposarse con su raptor, Céfiro(dios del viento), y se convirtió en diosa: Flora, señora de las flores (Primavera). Céfiro ( viento del oeste e hijo de la Aurora), es la suave brisa que empuja a la diosa Afrodita hacia la costa y al mismo tiempo esparce las rosas (símbolo del amor y sus espinas del dolor que éste puede acarrear). A la derecha se encuentra La Hora (una de las ninfas que representan las estaciones: Primavera) ataviada según la moda de la época y con un ceñidor de rosas en la cintura y sobre los hombros una guirnalda de mirto(el árbol de Venus). El jardín arbolado de la derecha con naranjos en flor representa el jardín de las Hespérides. Todos los bordes de las hojas, etc. están retocados con dorado que simboliza el carácter divino de la diosa.

El cuadro se pintó sobre lienzo, material menos caro que las tablas de madera, y que con frecuencia se utilizaba para los cuadros de temática pagana y no religiosa.

En ambos cuadros, las escenas están plasmadas con gran lirismo. Boticelli tornea sus figuras con decisión, con perfiles precisos y un modelado suave, pero con elegancia basándose en las líneas ondulantes y sinuosas y alargando con esbeltez las formas Ahora bien, los rostros de sus figuras, aunque responden al ideal de belleza clásica, se muestran inexpresivos y distantes.


Botticelli también pintó temas religiosos, principalmente tablas de Vírgenes, como La Virgen escribiendo el Magnificat (década de 1480), La Virgen de la granada (década de 1480) y La coronación de la Virgen , y Virgen con el niño y dos santos. Entre sus otras obras de tema religioso destacan San Sebastián y un fresco sobre San Agustín. En 1481 Botticelli fue uno de los artistas llamados a Roma para trabajar en la decoración de la Capilla Sixtina del Vaticano, donde pintó los frescos Las pruebas de Moisés, El castigo de los rebeldes y La tentación de Cristo.



En la década de 1490, cuando los Medici fueron expulsados de Florencia y el monje dominico Girolamo Savonarola predicaba la austeridad y la reforma, Botticelli sufrió una crisis religiosa, aunque no abandonó la ciudad, donde moriría el 17 de mayo de 1510.

MASACCIO (1401-c. 1427), el primer gran pintor del renacimiento italiano cuyas innovaciones en el empleo de la perspectiva científica abrieron el periodo de la pintura moderna.

Masaccio, cuyo verdadero nombre era Tommaso Cassai, nació en San Giovanni Valdarno, cerca de Florencia en 1401. En 1422 pasó a formar parte del gremio de pintores florentinos. Su personal estilo pictórico debe poco a otros maestros, si exceptuamos la gran figura del siglo XIV, Giotto, aunque hay una gran diferencia entre ambos: los personajes de Giotto recuerdan piedras labradas, mientras que los de Masaccio parecen de carne y hueso. Masaccio estará más influido por el arquitecto Brunelleschi y por el escultor Donatello, contemporáneos con los que comparte una visión artística renovadora, estableciendo juntos las bases del nuevo lenguaje renacentista. De Brunelleschi adquiere el conocimiento de la proporción matemática, crucial para la recuperación de los principios de la perspectiva científica. De Donatello adopta su conocimiento del arte clásico que le aparta para siempre del estilo gótico. Masaccio inaugura una nueva aproximación naturalista en el arte de la pintura, que atiende más a la simplicidad y unidad de la composición, a la representación del espacio tridimensional que a los detalles y decoración.

Sólo sobreviven cuatro obras atribuidas con certeza a Masaccio, si bien se le han atribuido otras pinturas total o parcialmente. Todas sus obras, retablos o frescos de iglesias, se centran en el tema religioso. La más temprana, La Virgen con santa Ana (c. 1423, Uffizi, Florencia), muestra la influencia de Donatello en las texturas realistas de las carnaciones y en la rotundidad de las formas. En el fresco de La Santísima Trinidad con San Juan y la Virgen (c. 1425, Santa Maria Novella, Florencia), la escena queda emplazada dentro de un marco arquitectónico clasicista en el que el espacio por vez primera tiene perspectiva.


Otra de las grandes innovaciones de Masaccio es el empleo de la luz en el modelado del cuerpo y los ropajes como se observa en la serie de frescos (c. 1427) de la capilla Brancacci en la iglesia de Santa Maria del Carmine de Florencia. En ellos, Masaccio más que bañar las escenas con una luz uniforme, refleja en el espacio pictórico el equivalente a un foco lumínico único y direccional (la ventana real de la capilla), creando así un juego de luces y sombras (claroscuro) que proporciona a los temas un aspecto natural y realista desconocido en el arte anterior. Se trata de una serie de seis frescos, entre los que El tributo de la moneda y La expulsión del Paraíso se consideran obras maestras.

La obra de Masaccio ejerció una profunda influencia en la evolución del arte florentino posterior, en especial en la obra de Miguel Ángel.


C).- CINQUECENTO.
La primera mitad del S.XVI está considerada como el Renacimiento clásico o pleno. Se trata de un periodo donde destaca el equilibrio entre el geometrismo de los espacios y la expresión del contenido. En el afán de armonizar la antigüedad clásica y el dogma oficial lleva a los artistas a interpretar los temas de un modo grandioso, “heroico”, sin romper con la claridad del espacio. En ese sentido el S.XVI supone una creciente afirmación de la personalidad íntima del artista (la curiosidad poética de Leonardo, los excesos atormentados del Miguel Angel, etc...).

El centro cultural de este periodo será Roma, que se convirtió durante los pontificados de Julio II y León X en un Estado moderno incluso en el urbanismo. El saqueo de Roma por los imperiales en el 1527 abrió una profunda crisis que se manifestó en una tendencia artística distinta: manierismo.



1.- ARQUITECTURA: BRAMANTE, MIGUEL ÁNGEL Y PALLADIO
ANDREA PALLADIO (1508-1580), arquitecto italiano del renacimiento tardío, uno de los más importantes de la historia de la arquitectura occidental.

Nació en Padua el 30 de noviembre de 1508 y comenzó su formación como simple cantero. Su nombre auténtico era Andrea di Pietro dalla Gondola, pero cambió su apellido por el de Palladio (en honor de Palas Atenea, diosa griega de la sabiduría. En Roma Palladio analizó las ruinas clásicas y estudió a fondo los tratados de Vitrubio, el único legado teórico de la arquitectura romana. El fruto de sus investigaciones fue la publicación del libro Le Antichità di Roma (1554), considerado durante más de dos siglos como la mejor guía sobre las ruinas de la ciudad eterna.

Una de sus primeras obras de gran envergadura fue la transformación (comenzada en 1549) del recinto exterior del palacio della Ragione o Basílica, el ayuntamiento de Vicenza. En esta ciudad y sus alrededores construyó numerosos edificios residenciales y públicos. Entre ellos destacan los palacios Chiericati, Thiene y Valmarana, y las villas Badoer, Barbaro (en Maser), Emo, la Rotonda y Foscari, en Malcontenta di Mira. Entre 1560 y 1580 también construyó varias iglesias en Venecia, entre las que sobresalen San Francesco della Vigna, San Giorgio Maggiore e Il Redentore. Su última gran obra fue el teatro Olímpico de Vicenza, que finalizó Vincenzo Scamozzi después de su muerte.

Aunque su estilo arquitectónico tiene sus antecedentes inmediatos en la obra de los maestros del alto renacimiento, como Donato Bramante (que a su vez se inspiró en la tradición constructiva de la antigua Roma), Palladio siempre cultivó una interpretación propia de los motivos romanos, derivada del estudio directo de la arquitectura antigua. Combinó libremente muchos de los elementos del lenguaje clásico, de acuerdo con las exigencias del emplazamiento o de las necesidades funcionales de cada edificio, y en este sentido se le puede considerar como un arquitecto manierista. Sin embargo, al mismo tiempo compartió la búsqueda renacentista de las proporciones armónicas, y sus fachadas se caracterizan por una excepcional elegancia basada en la sencillez (casi austera) y la serenidad compositiva.

Palladio fue el primer arquitecto que desarrolló un sistema organizado para la disposición de las habitaciones privadas. También fue el primero que ubicó en edificios residenciales pórticos con frontones, propios de los templos clásicos, como los que se pueden contemplar en las cuatro fachadas idénticas de la villa Rotonda, compuestas por seis columnas jónicas sobre un elevado podio precedido por una escalinata.



Los edificios de Palladio a menudo incorporaban soluciones ingeniosas, en ocasiones para facilitar la entrada de luz o para hacer más cómodos los tránsitos entre distintas estancias. En la Basílica de Vicenza, por ejemplo, proyectó una elegante fachada formada por dos pisos de arquerías donde empleó la ventana o motivo serliano, conocido también como palladiano (un vano tripartito compuesto por una parte central arqueada y más ancha que las dos laterales, separadas por delgadas columnas).

Otra de sus aportaciones a la historia de la arquitectura fueron los tratados, entre los cuales destaca I quattro libri dell'Architettura (1570, segunda edición en 1580), que se convirtió en un canon para la arquitectura occidental de los siglos venideros. Esta influencia se extendió sobre todo por Inglaterra, donde apareció una corriente llamada palladianismo, que seguía fielmente sus preceptos y reglas compositivas. Entre los seguidores de esta tendencia se hallaban arquitectos de la importancia de Inigo Jones o sir Christopher Wren, que a su vez fueron antecesores de algunos estilos neoclasicistas, como el neopalladiano o el georgiano ingleses y el federal de Estados Unidos.


Fue el Papa Julio II el gran patrocinador de la reurbanización de Roma y especialmente del Capitolio y los alrededores del Tiber. Como inspector de obras se nombró a DONATO DI ANGELO BRAMANTE (1444-1514). Bramante nació en Urbino, donde se formó como pintor. Trabajó en Milán entre 1477 y 1499, fecha en la que se trasladó a Roma ciudad en la que realizó innumerables proyectos que se han considerado como los más representativos de este periodo.

Dos de sus obras más representativas, San Pietro in Montorio y la Basílica de San Pedro, son construcciones de planta central (Martyria). Los arquitectos del Renacimiento sentían una especial fascinación por este tipo de planta, al considerarla como una pervivencia del templo clásico y por su asociación simbólica con la idea de Dios y la perfección y la unidad. Esta planta, no obstante ofrece serias dificultades para la liturgia cristiana. Los martyria es un tipo de construcción que la arquitectura cristiana ha utilizado en honor de sus mártires.


La llegada a Roma de Bramante supuso su encuentro con las obras arquitectónicas clásicas. Esa toma de contacto con las ruinas de la antigüedad despertaron en él un afán por imitar a los antiguos, no sólo en los detalles sino también en los procedimientos constructivos y en la ordenación en general.

Su gran proyecto como arquitecto fue la Basílica de San Pedro de Roma pero anteriormente había levantado otras dos obras entre las que destaca San Pietro in Montorio, obra realizada en 1503 por encargo de los Reyes Católicos, y que fue levantada en el lugar donde recibió martirio San Pedro. Es el templo platónico ideal tal y como lo habían soñado los neoplatónicos florentinos y sirvió de modelo a obras célebres de la época. Es una edificación inspirada en los tholoi griegos y situada sobre una cripta que cubre la roca del martirio del santo. (Ver pág. 90-91 de la Guía visual del Arte).

En su gran proyecto de San Pedro (1506), Bramante proyectó un edificio que iba a ser el más grande de la cristiandad, y se inspiró para ello en la arquitectura bizantina. Se trata de una cruz griega inscrita en un cuadrado y cuyos espacios se cubrían con cúpulas. Cuando murió Bramante en 1514 el proyecto sólo se había realizado en parte (inicio de los pilares) y sus sucesores (Rafael, Sangallo, Miguel Angel, Maderno) lo modificaron sustancialmente.



No obstante, no cabe la menor duda que el arquitecto que mejor supo interpretar los deseos de Bramante fue Miguel Angel Buonarroti (1475-1564). Este artista empezó a despuntar como arquitecto tardíamente, cuando ya era un afamado pintor y escultor. Por encargo del Papa Pablo III, Miguel Angel se convirtió en arquitecto jefe de San Pedro en 1546 a los 71 años y en su proyecto recuperó el concepto de planta central de Bramante que Rafael y Sangallo habían sustituido por la planta longitudinal. Para cubrir el espacio central Miguel Angel proyectó una cúpula inspirada en la de Brunelleschi de Florencia. (Ver Guía visual del Arte pág. 92-93, y manual de VIVENS-VIVES pág. 248-249).

Pero la originalidad de su estilo se manifiesta particularmente en Florencia, en la basílica de San Lorenzo, donde realizó entre 1524 y 1534 la biblioteca Laurentiana por encargo del Papa Clemente VII. El proyecto se caracteriza por la contraposición de sus dos volúmenes: la longitud de la sala de lectura y la altura del vestíbulo (ricetto). Allí inspirándose en la obra de Brunelleschi (molduras destacadas, utilización de la piedra serena,etc...) realizó una arquitectura llena de tensión con todo el formalismo de lo que se llamó “manierismo”: los soportes no sostienen, las columnas en vez de sobresalir se disimulan. , los frontones, ventanas con tabernáculo y consolas no son más que decorados. En definitiva se trata de una arquitectura que utiliza elementos clásicos pero con un uso anticlásico. El diseño de la escalera de acceso, realizada en piedra gris, responde a un planteamiento escultórico más que arquitectónico. Es una escalera de tres rampas que se convierten en una en el punto de acceso al salón.





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