Redes sociales



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Redes sociales
Las redes sociales son formas de relación basadas en la ayuda mutua, en acuerdos sobre intereses compartidos de carácter puntual a corto plazo, o en proyectos a largo tiempo; en ocasiones no son visibles, pero están inscritas en valores y sentimientos que comparten tácitamente los integrantes de una comunidad o grupo; representan interacciones sociales donde instituciones como la familia, el parentesco y la amistad permiten que sus miembros enfrenten diversas situaciones con un apoyo real. Ahora bien, los miembros que la componen se identifican por tener necesidades y problemáticas semejantes. La pertenencia a una red social se logra por la participación de los actores, lo cual refuerza la identidad a través del reconocimiento y la integración social. En este sentido, las redes sociales se caracterizan por asumir una actitud de confianza, credibilidad y optimismo. El saber que se forma parte de ellas, genera entre sus miembros efectos que se reproducen en los demás, en otras personas y en el universo entero.

El concepto de red social1 es demasiado complejo, es por eso que se encuentran múltiples definiciones de este fenómeno histórico. Elkaïm (1987, p. 12) afirma que una red social es “un grupo de personas, miembros de una familia, vecinos, amigos y otras personas, capaces de aportar una ayuda y un apoyo tan reales como duraderos a un individuo o una familia. Es, en síntesis, una cápsula alrededor de una unidad familiar que sirve de almohadilla entre esa unidad y la sociedad”. En otras palabras es un sistema abierto y dinámico de intercambio2 continuo de ideas, servicios, objetos y modos de hacer, entre los integrantes de un grupo, con integrantes de otros grupos, que posibilita la potenciación de los recursos que se poseen y que se enriquece con las múltiples relaciones entre los diferentes miembros que la componen3.

En términos generales existen dos enfoques de lo que es una red: el primero se refiere a toda infraestructura que permite el transporte de materia, energía o información y que se inscribe sobre un territorio caracterizado por la topología de sus puntos de acceso o puntos terminales. Sus arcos de transmisión y sus nudos de bifurcación o de comunicación4. El segundo adquiere un carácter social y político puesto que la dinámica y el entramado humano así lo demuestran5. En todo caso, el concepto de red social incluye descripciones de la forma de funcionamiento social. Otros se refieren a ellas como modalidad de pensar las prácticas sociales, otros como una estrategia que guía acciones de intervención. En cualquiera de los casos, el fenómeno de las redes sociales ha llevado a que se fortalezca el plano metodológico de los investigadores, aportándole instrumentos y técnicas6 que apoyan la actividad de quienes se han dedicado a trabajar en este campo.

Existen cuatro propiedades para analizar las redes sociales, de acuerdo a Sluzki7. Características estructurales, que se refieren a los elementos que permiten identificarla: el tamaño, es decir el número de personas que conforman la red. La densidad, que está medida por el grado de conexión entre los miembros. La composición, que está relacionada con la forma en que se encuentran inscritos los miembros. La dispersión, referida a la distancia geográfica en que se encuentran los miembros. La homogeneidad o heterogeneidad demográfica y sociocultural, es decir, el grado de semejanza o de diferencias entre los integrantes de la red de acuerdo con variables como la edad, sexo, cultura y nivel socioeconómico entre otros. Y atributos de vínculos específicos, tales como el compromiso y carga de la relación, durabilidad e historia en común.

Las funciones de los vínculos, que están relacionadas con el tipo de intercambio interpersonal que tiene lugar en una red y se vinculan a: la compañía social, que inscribe el conjunto de actividades o hechos de estar juntas las personas. El apoyo emocional, que se refiere a los intercambios que connotan una actitud emocional positiva. La guía cognitiva y consejos, conformada por aquellas interacciones destinadas a compartir información personal o social, aclarar expectativas y proveer modelos de rol. La regulación social, relacionada con las interacciones que recuerdan y reafirman responsabilidades y roles. La ayuda material y de servicios, que se especifica sobre la base de conocimiento experto o ayuda física, y el acceso a nuevos contactos entre otros. Como su nombre lo indica, se refiere a la apertura a otras redes.

En los atributos de cada vínculo, se reconocen seis funciones: las funciones prevalentes, que caracterizan el vínculo. La multidimensionalidad o versatilidad, que observa cuantas de esas funciones se cumplen. La reciprocidad8, que se refiere a cómo los miembros cumplen entre sí el mismo tipo de función o funciones equivalentes. La intensidad o el compromiso de la relación, variable que puede ser definida como el nivel de atracción entre los miembros o el grado de intimidad entre ellos. La frecuencia de los contactos, relacionada con la intensidad, es decir a mayor distancia, mayor el requerimiento de mantener activo el contacto. Y la historia de la relación, es decir desde hace cuánto se conocen los integrantes de la red y cuál es la experiencia previa de activación del vínculo.

Existen dos variables fundamentales que caracterizan las relaciones interpersonales: la reciprocidad y la confianza. La reciprocidad estructura la relación de intercambio de bienes y servicios o de una organización comunitaria. Adler de Lomnitz9 distingue dos categorías: La red egocéntrica (red personal inmediata), que distingue a un conjunto de individuos con quienes se intercambian recíprocamente bienes y servicios, no incluye relaciones de tipo comercial o económico. Por lo tanto es un conjunto de relaciones diádicas de intercambio recíproco, que se rige por tres factores: distancia social, que se refiere a las categorías de distancia social formal que conllevan ciertas prescripciones de intercambio, tales como las obligaciones que tienen los padres con los hijos, y que también se da entre hermanos, amigos, parientes, etc. Distancia física, pues para que exista reciprocidad no sólo se necesitan relaciones de parentesco sino también de veracidad física, que permitan el flujo continuo y recíproco de intercambio. Adler Lomnitz (1998) plantea que la cercanía física influye en las oportunidades que se presentan para interactuar con otros, lo cual influye en la aparición de la confianza, elemento base para posibilitar el intercambio. Y distancia psicológica, que está relacionada con la variable psico-social llamada confianza que es la que permite el deseo, la disposición para entablar y sostener una relación de intercambio recíproco entre las personas.

La confianza mide la capacidad y la voluntad de dos contrayentes para intercambiar favores e información, permite predecir la predisposición de los actores al intercambio y responde una evaluación subjetiva, personal y momentánea que hace cada participante con respecto al status real de su relación (Adler de Lomnitz, 1998)10. La confianza depende de un gran número de factores tanto objetivos como subjetivos: en el primer lugar está la cercanía social ideal11. En segundo lugar la cercanía física, de la cual depende que las acciones se hagan efectivas. Y en tercer lugar la igualdad socioeconómica, es decir que aquellos que comparten una misma situación tienen un nivel mayor de confianza entre sí. La confianza es la base de la reciprocidad, es el elemento que cohesiona las redes sociales y hace posible el intercambio.

También existe la red exocéntrica (red extendida) que se caracteriza por el no intercambio con un individuo determinado, sino por el intercambio con todos (grupo social). La red exocéntrica es al mismo tiempo un grupo social formalmente constituido por una familia extensa, un grupo de parientes o vecinos unidos por una relación de cooperación. También pueden verse relaciones diádicas con individuos fuera de la red.

Para esta investigación se tuvieron en cuenta los dos modelos de redes debido a que el intercambio que se da con el objeto en reuso se hace entre dos personas claramente identificadas por el usuario, ya sea que el nuevo usuario esté dentro o fuera de la red12.

Ya para finalizar cabe decir que las redes de intercambio vienen a suplir necesidades de diferente índole entre las personas. En términos generales, se establecen dos mecanismos en las redes sociales: el apoyo emocional y la ayuda instrumental. El primero hace referencia al apoyo que se ofrece en situaciones emocionales generalmente críticas. Y la ayuda instrumental se refiere a aspectos como proporcionar dinero, servicios varios o información útil con el fin de contribuir a la mejora de la calidad de vida de los miembros de una red. Entonces hay que reconocer que la red es un espacio en donde se potencia el desarrollo social y humano y se contribuye a la creación de prosperidad.


      1. El Objeto y Formas de Significación

Es un hecho que algunos tipos de objetos usualmente son valorados por motivos diferentes a sus cualidades intrínsecas mientras otros se valoran precisamente por esas cualidades, lo que ilustra que hay diferentes modos en que nos involucramos y le damos sentido a las cosas. Conocer el significado que las personas le imponen a los objetos es otro aspecto importante para el estudio de las dinámicas de reuso, por lo tanto identificar las actuaciones o transacciones que Csikszentmihalyi & Rochberg-Haltn (1981, p. 173) han denominado “actividad psíquica”13, se vuelve una necesidad inminente para comprender lo que las personas elaboran en la práctica con los objetos. Ya sea a través de la acción o la contemplación, los objetos en el medio doméstico son sólo significativos como parte de un proceso activo y comunicativo de signos14.

El termino más apropiado para describir las relaciones entre personas y objetos desde sus significados puede ser “cultivación”. La cultivación involucra los dos sentidos que se dan al verbo tender a, es decir que involucra el cuidar de algo o alguien y el proceder a o estar dirigido o tener inclinación hacia alguna cosa. Se trata entonces de ver la naturaleza y la cultura como un continuo, de tal forma que la cultura o cultivación, resultan como un complemento de la naturaleza. Dicha actividad también indica la intención, la dirección, el propósito o el hábito, rasgos esenciales del significado de la actividad15.

A continuación se diferencian tres formas de transacciones que parecen esenciales para comprender cómo los objetos pueden adquirir significado. La primera, la cualidad estética16 única en términos de la transacción. La segunda, la canalización de la energía psíquica en la transacción. Y la tercera, el resultado o propósito de la transacción17.

Las cualidades estéticas se dan en el presente inmediato, así mismo actúan como signos mediadores en el consciente. No son exclusivamente mentales, ni físicas, subjetivas u objetivas. Pertenecen a situaciones específicas del contexto y forman consumaciones de transacciones entre el organismo y el medio ambiente. Las experiencias estéticas, generalmente consideradas subjetivas y por lo tanto no esenciales, son de hecho una de las formas fundamentales en que se aprende a ser objetivo, en el sentido en que se llega a reconocer las cualidades penetrantes del medio ambiente en sus propios términos.

De acuerdo con las investigaciones hechas por Csikszentmihalyi & Rochberg-Haltn (1981), es un hecho que los hábitos de transacción formados en el hogar se generalizan en otros contextos también, y la forma en que cada cual aprende y se relaciona con cosas de la casa que tienen un efecto decisivo en el desarrollo y crecimiento psicológico de la persona -las cualidades objetivas sólo sirven al propósito de reconocimiento, encarnando creencias religiosas y culturales presentes en la decoración de interiores-. Por otra parte, la percepción involucra una receptividad activa y crítica del objeto, de tal modo que sus cualidades pueden modificar los hábitos formados previamente o las asociaciones interpretativas (en la percepción las cualidades objetivas de los objetos son intrínsecas a la experiencia, en el reconocimiento son extrínsecas).

La siguiente forma de transacción es la canalización de la energía física de la transacción que hacen las personas con los objetos. Para que cualquier transacción ocurra es necesario que una determinada cantidad de energía se enfoque en el objeto, se necesita de atención para realizar una transacción psíquica. Cuando una persona interactúa con un objeto, lo selecciona del ambiente en el que está. Al concentrarse dirige su atención hacia dicho objeto y allí utiliza energía. Hay muchas instancias en las que es el objeto el que “selecciona” a la persona, llamando la atención del sujeto.

Los artefactos dentro de una casa no sólo tienen significado como objetos individuales, sino que también revelan el modo en que la gente vive. Dicha forma comunica el sentido que se les da en el hogar e indica el tipo de actividades que allí se realizan, igualmente crea patrones que canalizan la energía psíquica de los habitantes. Si se hace un examen minucioso, se puede llegar a revelar que estos patrones ayudan a estructurar el conciente de la vida diaria. De hecho la organización de los objetos dentro de la casa, muestra cómo se gasta el tiempo, a qué le prestan atención y qué quieren que sus visitantes vean o no vean.

El flujo de energía psíquica es una clase de atención integrada que sirve para la realización de metas, además contribuye al proceso de cultivación al estimular el crecimiento a través de la naturaleza remunerante e intrínseca de la transacción con el objeto. El concepto de flujo ilustra cómo la energía psíquica se dirige a través de actividades capaces de ser valoradas como agradables. Actividades en las que la energía dada al objeto se retribuye a la persona en forma de un significado agradable, creando una corriente libre y abierta de energía psíquica.

Los objetos dentro de la casa aparentan facilitar las experiencias de flujo de dos formas diferentes. La primera, al proporcionar un contexto simbólico18 familiar (objeto símbolo con capacidad simbólica), reafirmando la identidad del propietario. En la segunda, los objetos en una casa proporcionan oportunidades para un flujo directo, al comprometer la atención de la gente en actos de percepción que llevan a actividades de flujo.

La última forma de transacción, se refiere a los resultados de la misma. Para ello debe considerarse el rol de la intención en el significado de las posesiones queridas. Así mismo hay que examinar el propósito de la cultivación del yo, y los significados de las finalidades o metas, es decir, lo que estos reflejan.

La importancia del medio cultural desde esta perspectiva es lo que facilita la adaptación y/o socialización -las metas actúan como un regulador de conducta-. El proceso de cultivación está motivado por la creencia en metas que parecen últimas para los individuos. Esto no quiere decir que dichas creencias sean necesariamente últimas, sólo significa que proporcionan un sentido de propósito provisional alrededor del cual se forma el curso de vida del individuo. Las metas últimas, proporcionan un estándar hacia el cual se dirigen las acciones. Así, cuando se valora una foto querida, o un recuerdo de viaje, o una planta, las transacciones son actividades intencionales que reflejan lo que se considera significante e involucran verdaderos resultados.

Los objetos a los que se les otorga un significado especial, entre todos los que están en el medio del hogar, son tanto modelos del yo como bases de construcción de temperamentos futuros. Además sirven como una expresión tangible y así mismo como una continua existencia a través de los signos de las relaciones, experiencias y valores propios. Estas posesiones involucran resultados en el sentido en que las transacciones revelan intenciones dirigidas hacia una meta o finalidad, o sea que pueden llegar a decir hacia dónde se dirigen y cómo se están realizando estas metas19.




Los Objetos y el Tiempo

Las personas usan las cosas para ajustar sus relaciones al tiempo, para mantener vivo un recuerdo, para seguir adelante o simplemente mantenerse en la actualidad20. Existen para Attfield (2000: 216) diferentes tipos de tiempo que son útiles en el análisis de la situación de reuso. Por una parte habla de Heidegger quien presenta el tiempo existencial, el cual presupone una “existencia” con un ciclo de vida finito, y por lo tanto una relación particular de subjetividad con la temporalidad que poco tiene que ver con el tiempo de reloj. El tiempo existencial provee una forma de ver cómo los individuos forman sus relaciones con el tiempo, al observar cómo su subjetividad se objetiva en forma material.

El presente etnográfico, invocado por Mary Douglas y Baron Isherwood, es de cierta forma paralelo al tiempo existencial, pero en un nivel teórico. Es un tiempo que apunta a concentrar el pasado, el presente y el futuro en un continuo presente, en el que se sintetiza los eventos de muchas personas en un punto temporal. Así el valor de la síntesis yace en la fuerza del análisis del presente percibido. Lo que es importante sobre el pasado se hace sentir en el aquí y el ahora, las ideas sobre el futuro llevan determinadas ideas del presente sobre unos caminos específicos21.

Otra forma de tiempo que sirve para ver la dinámica del reuso es el tiempo histórico (contexto que no tiene nada que ver con lo que conocemos del pasado). Hace referencia a la evocación de un pasado que se conforma en la propia familiaridad, en el sentido de pertenencia, así como en la capacidad de estimular el deseo y en la añoranza por un pasado que de ninguna manera puede ser elegido desde el presente. A diferencia de los modelos mencionados, el tiempo histórico asume un conocimiento retrospectivo del pasado y una línea cronológica que enlaza el presente con el pasado, pero no lo trae a la vida. La forma en que los sujetos hacen conexiones con su pasado no es necesariamente articulada, pero puede observarse en la forma de manifestaciones materiales, en la construcción personal del mundo material de cada cual. Entonces el tiempo histórico en el contexto de la vida diaria tiene su fuente con un poco de identidad adquirida por la adherencia a la tradición, o partiendo de la misma. Lo anterior depende completamente de sujetos conscientes de que manejan su propia vida y se sienta cada vez más próxima al mundo moderno. Esto es lo que Judith Williamson ha llamado “tiempo personal”22.



A partir de estos contenidos fue posible estructurar las rutas de análisis que llevaron a la definición de la matriz de relaciones conceptuales necesarias para identificar las categorías mayores, intermedias y menores que se mencionaron en la metodología (ver figura No 2. Matriz de relaciones conceptuales).


1 “A pesar de los intentos de otorgarle el carácter científico y único al estudio de las redes sociales, la palabra red es aun semánticamente amplia, laxa y ambigua. También en su aplicación se observa el entrecruzamiento de distintas visiones de la realidad social, como por ejemplo la topología, la sistémica, la psicología, la infraestructural, la institucional, la social y la productiva, entre otras” (Montero, 2003, p. 174 citado por Madiaraga, Abello & Sierra, 2003, p. 8).

2 El término intercambio no fue tomado en su totalidad, como lo utiliza Appadurai cuando afirma: “el deseo de uno por un objeto se alcanza mediante el sacrificio de algún otro objeto, que es el centro del deseo de otro individuo. Tal intercambio de sacrificio, (...) consiste no solo en valores intercambiables, sino también en el intercambio de valores. (...) sacrificio y ganancia. Así el objeto económico no tiene un valor absoluto como resultado de su demanda, sino que ésta en tanto base de un intercambio real o imaginario, dota al objeto de valor” (Appadurai, c1991, p. 18). Para el caso del reuso sí existe un intercambio que no está mediado entre objetos, sino entre el objeto y otros sentidos no tangibles como son la reciprocidad, la conservación, la permanencia, la contención, entre otros, que de todas manera implican sacrificio y ganancia.

3 Así como la definición de Elkaïm se encuentran otras, las cuales incluyen otros elementos rescatables para esta investigación, como son las de Speck & Rueveni (1975, p. 66) en la que dicen: “... es un fenómeno conglomerado de individuos en un lugar y momento determinados con el fin de organizar más estrechamente las relaciones y lograr todo el apoyo que se necesita para la adaptación social”. Además plantean que una red social también puede ser un acto intencional, pues incluyen la conciencia de quienes la conforman. Lobo & Narváez (1987, p. 2) expresan que una red social es: “... un acto respectivo de una inclinación intencional de una toma de contacto continuo de una persona o de un grupo con otro, entre los cuales se crean vínculos sociales que pueden estar medidos por fenómenos emocionales, tales como simpatía, antipatía, amistad, enemistad y disposición y disposición o no de prestar ayuda”. Speck y Atteneave (1975, p. 77) la definen como: “un campo relacional total de una persona que tiene una representación espacio-temporal, posee un grado de visibilidad bajo, pero posee numerosas propiedades vinculadas con el intercambio de información. Además tiene pocas reglas formales, no obstante está compuesta por muchas personas”. Henderson (1987, p. 23-24) además de compartir varios aspectos de los anteriores autores, afirma que “la red social facilita el equilibrio psico-emocional y potencializa las relaciones existentes”. Light y Keller (2000) es: “...el tejido de relaciones entre un conjunto de personas que están unidas directa o indirectamente mediante varias comunicaciones y compromisos que pueden ser vistos como una apreciación voluntaria o espontánea, siendo heterogénea y a través de la cual cada una de ellas está buscando dar y obtener recursos de otros”. (citados por Madiaraga, Abello & Sierra, 2003).

4 (Currien, 1988, citado por Motta, 2000).

5 (Dolfus citado por Motta, 2000).

6 Barnes (1984) afirma que las redes tienen características cuantitativas y cualitativas. Las primeras se refieren a aspectos de cantidad de los miembros, tamaño, frecuencia del contacto, homogeneidad en cuanto a sexo, edad, raza, etc. La segunda se refiere por su parte a la amistad, la tolerancia, la intimidad, el confort, etc. Reales, Bohórquez y Ruda (1993) plantean las siguientes características de tipo cualitativo: contenido, que se refiere al significado que las personas atribuyen a sus relaciones de red. Vínculos, que se refieren a las relaciones mismas. Dirección, sentido de las relaciones. Durabilidad, constancia de la red en diferentes situaciones. Intensidad, valor o importancia que se le establecen a las relaciones. Multiplicidad, grado en que las relaciones involucran a más de un tipo de contenido (citado por Madiaraga, Abello y Sierra, 2003).

7(citado por Madiaraga, Abello & Sierra, 2003).

8 (Meyer & Adler 1987, citado por Madiaraga, Abello & Sierra, 2003: 33) la definen como: “la expectativa que nos hace pensar que alguien ayudará a aquel de quien recibió ayuda antes, en lugar de agredirlo”. (Levinger & Snock 1983, citado por Madiaraga, Abello & Sierra, 2003: 33) por su parte la considera como “un proceso por el cual dos personas o grupos comienzan a superponerse”.

9 (Adler de Lomnitz ,1998, citado por Madiaraga, Abello & Sierra, 2003).

10 (citado por Madiaraga, Abello & Sierra, 2003).

11 Los parientes consanguíneos de la familia nuclear generalmente gozan del máximo de la confianza, siguiéndoles los de segundo grado y los parientes afines.

12 Podría uno inclinarse más por la red egocéntrica al referirse a que no tiene carácter comercial o económico pero no se encontró que la segunda sí lo tuviera, lo cual también la hace factible de ser trabajada en este estudio.

13 En otras palabras quiere decir: signos o formas objetivadas de energía física.

14 “Objeto signo es aquel que se comporta como código, estructura de comunicación, portador (soporte) mensajero (teleológico), vehículo (complemento) y mediador (situación social), de cierto mensaje (información, valores e intención), siendo en esencia una significación significativa, es decir la proyección semiótica que es la capacidad que tiene la forma de dar a entender a un usuario con propiedad los significados del objeto” (Sánchez, 2001, p. 69).

15 (Csikszentmihalyi & Rochberg-Haltn, 1981).

16 La primera dimensión en la que se da y se entiende una transacción entre una persona y una cosa, está dada en su cualidad estética. La aproximación a la experiencia estética que se toma aquí, fue desarrollada por Rochberg-Halton y se basa en la distinción primaria de Dewey, entre lo que él llama percepción y reconocimiento. Para Dewey el reconocimiento describe el recaer en un esquema o estereotipo interpretativo previamente formado, que se confronta con un objeto, mientras la percepción involucra una perceptividad activa del objeto, de tal forma que sus cualidades pueden modificar hábitos o esquemas formados previamente. Por otro lado la percepción es esencial a la experiencia estética y lleva al aprendizaje y crecimiento psicológico. El reconocimiento o la interpretación de un objeto, o experiencia dada con base en los hábitos previos o ya existentes solo sirve para condicionar al individuo un poco más allá de una convención de vida (Csikszentmihalyi & Rochberg-Haltn, 1981).

17 Transacción es usado acá, en el sentido técnico de Dewey, donde un elemento de cualquier acto de inteligencia sólo gana su significado en el contexto de la transacción misma. Al ver estos tres modos como tipos de transacción, puede verse así mismo una clara influencia de los tres modos del ser planteados por Pierce, que en su teoría del signo son el modo icónico, el indicativo y el simbólico, respectivamente. Por otra parte debe tenerse presente que la división tripartita de la mente tiene una larga trayectoria en tradición psicológica (Csikszentmihalyi & Rochberg-Haltn, 1981).

18 “Objeto símbolo con capacidad simbólica son aquellos significados altamente sensibles o hipervalorados, donde se sobredimensiona el valor significativo. Depende del contexto; no necesariamente son representados en la forma misma, pues el hombre es un ser que constituye de modo natural, complejo y oscuro, símbolos de sus procesos comunicativos” (Sánchez, 2001, p. 72).

19 Las categorías de sujeto (usuario) y de objeto/producto definen la construcción del conocimiento y los afectos. Así es que se da forma y sentido a una visión del mundo, a una explicación del yo, el nosotros y las cosas. Morris Berman llama al vínculo que se da entre el sujeto y el objeto conciencia participativa y lo describe como “un estado de conciencia en que se rompe la dicotomía sujeto/objeto y la persona se siente identificada con lo que está percibiendo” (Berman, 1995, p. 335, citado por Martín Juez, 2002, p. 77).

20 El tiempo se conceptualiza como la duración de un periodo en el cual los eventos suceden (Attfield, 2000, p. 215).

21 Attfield (2000) continúa diciendo, para los propósitos de consideración del tiempo como uno de los contextos en los que el estudio de la cultura material de la vida diaria, vale la pena retomar el concepto teórico del presente etnográfico de la antropología, respecto a sus aplicaciones en la investigación de lo que le da a los diferentes grupos culturales –individualidad-, teniendo en cuenta también la perspectiva del investigador.

22 (citado por Attfield 2000, p. 223).


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