Que para obtener el grado de



Descargar 0.55 Mb.
Página4/12
Fecha de conversión04.02.2019
Tamaño0.55 Mb.
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   12

1.5 Preliminares

En este capítulo se pretendía identificar ¿cómo funcionan las metáforas primarias corporeizadas representadas en imágenes visuales? La revisión de la Teoría Conceptual de la Metáfora ha permitido establecer los siguientes preceptos básicos:




  • Creamos metáforas para entender una cosa en términos de otra.




  • Según las experiencias subjetivas es como se in-corpora o corporeiza el pensamiento. La cognición depende del cuerpo, está encarnada. Esto es que, dependiendo de las peculiaridades de lo corpóreo, de la naturaleza, la forma, los movimientos y el funcionamiento del cuerpo de cada quien, es como se configurará la conceptualización. Entonces, los conceptos que generamos están conformados por nuestros cuerpos y cerebros, y, especialmente por nuestro sistema sensomotor.




  • Siguiendo la propuesta de la lingüística cognitiva, podemos decir que conceptualizamos lo no físico en términos físicos, y de esta manera nos relacionamos con los conceptos y los comprendemos.




  • La estructura interna de las metáforas consiste de un dominio origen, desde donde se proyectan los conceptos y un dominio destino, el más abstracto, hacia donde se proyectan dichos elementos.




  • Las metáforas no son solamente un fenómeno lingüístico como se consideraba en las teorías clásicas, sino una forma en que se estructura nuestro pensamiento, la forma en que los seres humanos concebimos el mundo.




  • Nuestros conceptos abstractos más importantes se conceptualizan mediante proyecciones metafóricas complejas.




  • La clasificación de Grady (1999): metáforas de correlación (que vinculan aspectos diferentes puesto que los objetos del dominio de origen y de destino son distintos) y familiaridad (que se crean por una percepción física o conceptual común en los dominios de origen y destino), es la más incluyente. Considera que las metáforas primarias, que se forman a partir de experiencias corporales, se ubican dentro de las metáforas de correlación.




  • Las metáforas ontológicas son las que nos permiten pensar algo no físico como si fuera físico y pertenecen a la categoría de familiaridad. Dentro de las ontológicas debemos distinguir las metáforas de contenedor o de recipiente y la personificación.




  • Es posible explicar la metáfora visual a la luz de la teoría de la teoría cognitiva de la metáfora. La proyección metafórica opera también en corpus no verbales, puesto que tienen un origen cognitivo.

Por lo tanto, es posible concluir que se ha verificado la hipótesis de trabajo de este capítulo que establecía que las metáforas primarias se crean a partir de la experiencia del propio cuerpo en el mundo y se pueden expresar visualmente. Además, es evidente que el estudio de las metáforas no verbales contribuye al avance de las ciencias cognitivas, en el interés por conocer otros aspectos de la mente humana.



CAPÍTULO 2: LA ABYECCIÓN Y EL ARTE ABYECTO

Hasta aquí, hemos revisado la Teoría Contemporánea de la Metáfora y hemos señalado la importancia de la experiencia vivencial del cuerpo en la formación de metáforas conceptuales.


El objetivo del segundo capítulo es explorar la categoría estética de la abyección para completar la explicación de las metáforas conceptuales, en su corporeización. El punto de partida es la pregunta ¿cómo se relaciona lo abyecto con la creación de metáforas conceptuales? La hipótesis es que la propia experiencia del cuerpo en el mundo atraviesa por un proceso de abyección, a este proceso alude la creación de metáforas conceptuales que se expresan visualmente.
En primer lugar, se presenta la noción psicoanalítica de la abyección según lo establecido por Julia Kristeva en su ensayo Poderes de la perversión (1980). La autora recurre a un juego de palabras empleando la partícula francesa jet, para abordar la ambigüedad del término que, por un lado, refiere a algo que no es ni sujeto ni objeto; y por otro, conlleva el sentido de expulsión (jeter). Sobre esta base teórica, se dedica un apartado a la corporalidad; a saber, el “cuerpo sin límites” rabelesiano, el “cuerpo dionisíaco” y el “cuerpo sin órganos” de Gilles Deleuze, y se ponen en relación tanto con lo grotesco-carnavalesco como con lo abyecto representado por los fluidos corporales, los orificios del cuerpo y la vacilación de los límites entre el adentro y el afuera. De ahí, se establece la relación entre el cuerpo abyecto y las metáforas primarias. Finalmente, se define lo abyecto según su aplicación en la teoría y crítica del arte. Aquí se hace una clasificación entre diferentes manifestaciones artísticas llamadas “abyectas” según el enfoque que le otorgan a la corporalidad.

2.1 La noción psicoanalítica de la abyección, según Julia Kristeva

En 1980 -mismo año en que se publicara Metaphors We Live By-, vio la luz el texto de Julia Kristeva Pouvoirs de l'horreur: essai sur l'abjection.23 Kristeva, búlgara-francesa, investigadora del Centro Nacional de Investigación Científica de París, dedica el primer capítulo de su estudio a sobrevolar el tema de lo que denomina “abyección” y traza las líneas principales de su disertación.


El término mismo, se presenta en la prosa de Kristeva como una noción escurridiza, ambigua. Para explicarlo, la autora recurre a sensaciones contradictorias: “torsión”, “convulsión”, “sobresalto fascinado”, “espasmo”; y a comparaciones y metáforas: “búmerang incontrolable”, “peso de no-sentido”, “lo ambiguo, lo mixto”, “un terror que disimula, un odio que sonríe”. Aclara que lo abyecto no es ni sujeto ni objeto: “…no es un ob-jeto en frente de mí…” (Kristeva 8), a este respecto, los traductores señalan que Kristeva hace un juego de palabras con la partícula jet. En el texto original, en francés, los sustantivos que usa son abjection, abject, que provienen del verbo francés jeter: lanzar, tirar, arrojar24 A partir de ahí se construye su complejidad que consiste en que el sujeto emerge al arrojar y, como veremos, ser arrojado: “… aquel en virtud del cual existe lo abyecto es un arrojado (jeté), que (se) ubica, (se) separa, (se) sitúa, y por lo tanto erra en vez de reconocerse, de desear, de pertenecer o rechazar.” (Kristeva 16) Lo abyecto será un pre-objeto, que es y no es el sujeto, que se arroja para devenir. Ante lo abyecto o en contra de lo abyecto es como se reconoce, se conforma, el sujeto.
Así, la abyección es un estado limítrofe y ambivalente que subyace en el proceso psíquico de la construcción de la identidad. Es ambivalente porque suscita rechazo y atracción al mismo tiempo.25 “Eso solicita, inquieta, fascina el deseo que sin embargo no se deja seducir. Asustado, se aparta. Repugnado, rechaza…” (Kristeva 7) Se manifiesta mediante sensaciones corporales de rechazo, repugnancia, arcada “… lo abyecto no cesa, desde el exilio, de desafiar al amo. Sin avisar(le), solicita una descarga, una convulsión, un grito.” (Kristeva 8) Y se relaciona estrechamente con los orificios corporales y las secreciones que de ellos emanan, las cuales son y no, parte de nuestro cuerpo. Este rechazo físico del yo arrojado es lo que se debe llevar a cabo para surgir como sujeto. “En este trayecto donde "yo" devengo, doy a luz un yo (moi) en la violencia del sollozo, del vómito.” (Kristeva 10) Entonces, es un proceso de auto-renuncia (abyección de sí) necesario para convertirse en “yo”.
La autora señala que es la madre quien nos enseña a rechazar eso que somos y ya no somos, que se manifiesta en los fluidos corporales: vómito, heces, orina, sangre. Es la madre quien enseña al bebé a no jugar con las heces, y más adelante, a rechazar el vómito y a limpiarse las excreciones, porque son “sucias”. De modo que, los orificios del cuerpo: oral, anal, genital, son fronteras entre el exterior y lo interior, son entradas o salidas que están en la linde del adentro, lo que forma parte de mí, y el afuera, que está en el mundo y por lo tanto es un objeto. A esta cualidad fronteriza se le llama “liminalidad”, y se relaciona con lo físico y lo simbólico.26
Es preciso, pues, rechazar ese desecho corporal ya que está emparentado con la muerte, con el cadáver. “El cadáver (cadere, caer), aquello que irremediablemente ha caído, cloaca y muerte.” (Kristeva 10) El placer que tiene el niño de jugar con su cuerpo y las sustancias de su cuerpo, queda prohibido y debe transformarse en asco, rechazo y repulsión. El niño podrá adquirir su identidad psíquica cuando aprenda a arrojar de sí lo sucio o decadente; los signos del cadáver: “… tanto el desecho como el cadáver me indican aquello que yo descarto permanentemente para vivir.” (Kristeva 10) Entonces, el proceso de abyección implica rechazar la muerte: “Cadáver, cadere, la muerte infestando la vida…” (Kristeva 11), pero también rechazar el placer.
El asco, la repugnancia de esos fluidos que estuvieron dentro del cuerpo, que eran “yo” y que ahora están ahí, afuera, arrojados, es una sensación aprendida como parte de un proceso de inserción social. De acuerdo con Kristeva, es la represión primaria lo que se manifiesta en el signo físico de la arcada.
Ya no estamos en la órbita del inconsciente sino en el límite de la represión primaria que sin embargo encontró una marca intrínsecamente corporal y ya significante, síntoma y signo: la repugnancia, el asco, la abyección. (Kristeva 19-20)
Las funciones corporales, los orificios del cuerpo y las excreciones y secreciones, serán considerados sucios, inmorales, antisociales, a partir de tal represión.
El excremento y sus equivalentes (putrefacción, infección, enfermedad, cadáver, etc.) representan el peligro proveniente del exterior de la identidad: el yo (moi) amenazado por el no-yo (moi), la sociedad amenazada por su afuera, la vida por la muerte. (Kristeva 96)
Empero, no a todos los fluidos corporales se les asigna la connotación de suciedad. La autora señala que ni el semen ni las lágrimas son contaminantes.
Kristeva prosigue con su reflexión, indaga más profundo aún y señala que el niño no sólo ha de ab-yectarSE para devenir en “yo”, sino que la madre es otro objeto que el niño debe arrojar (jeter), para construirse y entrar al mundo, a la sociedad civilizada. “Lo abyecto nos confronta, por un lado, y esta vez en nuestra propia arqueología personal, con nuestros intentos más antiguos de diferenciarnos de la entidad materna…” (Kristeva 21-22) Pero, apunta Kristeva, la relación madre-hijo es abyecta en ambos sentidos. Sobre el papel de la madre en esta relación y sobre el tema del potencial abyecto y demoníaco que hay en lo femenino hablaremos más adelante.
Por su parte, las interdicciones paternas constituyen el ingreso del niño al orden simbólico. Así, siguiendo a Kristeva, se entiende que la lógica de la exclusión es lo que permite la existencia de lo abyecto y que el rechazo es una conducta enseñada por aquellos que detentan el poder (padres) con fines de inserción social, pero que tiene su correlato en los mecanismos de control social que determinan lo permitido y lo no permitido. Lo natural se vuelve indecente y se rechaza por “asqueroso” o se relega a lo inmoral. “No es por lo tanto la ausencia de limpieza o de salud lo que vuelve abyecto, sino aquello que perturba una identidad, un sistema, un orden. Aquello que no respeta los límites, los lugares, las reglas.” (Kristeva 11) La abyección es necesaria para la construcción y preservación del sujeto y de la sociedad. Sin la abyección, reinaría el caos.
Empero, el niño rechazará a los padres y lo que estos le ofrecen. “Lo abyecto es perverso ya que no abandona ni asume una interdicción, una regla o una ley, sino que la desvía, la descamina, la corrompe.” (Kristeva 25) Más aún, la autora también elabora la paradoja de la abyección de sí “… el sujeto encuentra lo imposible en sí mismo: cuando encuentra que lo imposible es su ser mismo, al descubrir que él no es otro que siendo abyecto.” (Kristeva 12) Este mecanismo bifronte, ambiguo -donde se es cuando se es abyecto y se ejerce la abyección- expone, según la autora, una carencia originaria. “Nada mejor que la abyección de sí para demostrar que toda abyección es de hecho reconocimiento de la falta fundante de todo ser, sentido, lenguaje, deseo.” (Kristeva 12) y es esa falta lo que, según Kristeva nos inquietará siempre y siempre trataremos de arrojar. La falta, la vacuidad nos la ofrecen nuestros padres y ya que la hemos deglutido, nos llena de asco.
Hemos presentado algunas ideas de Julia Kristeva en torno a la abyección de manera general, ya que ahondar en las nociones psicoanalíticas presentadas por la autora sería motivo de otra investigación. Lo que sí es pertinente ahora es detenernos para considerar más a fondo aquel otro eje de este trabajo: la corporalidad.


Compartir con tus amigos:
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   12


La base de datos está protegida por derechos de autor ©composi.info 2017
enviar mensaje

    Página principal