Qué es el Islam



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Qué es el Islam

Jamaal al-Din M. Zarabozo

Publicación y distribución

Ministerio de asuntos Islámicos, fideicomisos,

divulgación y orientación religiosa

Reino de Arábia Saudita

Qué es el Islam

Jamaal al-Din M. Zarabozo

Traducción del Inglés

Lic. M. Isa García



Revisión

Lic. Liliana Anaya Giraldo

Publicaciones del Ministerio de Asuntos Islámicos,

fideicomisos, divulgación y orientación religiosa



Índice

Prefacio 6

Introducción 8

El objetivo y la motivación al escribir este libro 8

El público al que está dirigido este libro 11

El lugar de este libro entre otros libros de introducción 12

Fuentes y metodología de este libro 14

La creencia en Dios (Allah) 18

¿Cómo podemos saber acerca de Dios? 19

Creer que Dios es el Único Creador y Sustentador de toda la Creación 24

La creencia de que sólo Allah debe ser adorado 33

Creer en los Nombres y Atributos de Allah 46

Resumen 55

El Cosmos 57

La creación del Cosmos y cómo éste indica la existencia de Allah 57

La sabiduría detrás de la creación del cosmos 66

Los seres humanos y la Creación 70

El Ser Humano 87

La Nobleza del Ser Humano 87

La sabiduría detrás de la creación de los seres humanos 93

La igualdad esencial de todos los seres humanos en el Islam 96

Los Derechos Humanos y la Ley Islámica 101

La religión 107

La necesidad humana de tener una religión 107

Los parámetros de la Verdadera Religión 113

El estado de las religiones anteriores 117

El carácter profético 130

La realidad del carácter profético 130

La señal del carácter profético 134

La necesidad que los seres humanos tienen de Dios 140

Los principios del mensaje de los Profetas 149

La predicción del Profeta Muhámmad en las Antiguas Escrituras 155

El Mensaje Final 162

El Sello de los Profetas 165

El Islam 170

La definición de “Islam” 170

El Islam: La religión de todos los Profetas 173

El Islam: La religión del Profeta Muhámmad 180

El Islam y la “Religión” 184

Los fundamentos y las fuentes del Islam 189

Los niveles de la Fe 193

Primer nivel: “El Islam” 194

Segundo nivel: La Fe (“Imaan”) 205

Tercer nivel: La excelencia (Ihsaan) 215

Qué obtienen las personas del Islam 218

Los ritos de adoración en el Islam 224

Objetivo, meta y alcance de la adoración 224

Las súplicas y las palabras de recuerdo 228

Las oraciones 230

El Zakat 233

El ayuno 236

La peregrinación a La Meca (el Hayy) 240

Los milagros científicos en el Corán y la Sunnah 244

Milagros respecto al ser humano 244

Milagros respecto a los animales 248

Milagros respecto al origen del universo 251

Milagros respecto a las montañas 253

Afirmaciones de observadores imparciales en Oriente y Occidente 255

Cómo adoptar el Islam 262

Conclusión 265

Referencias 266

Prefacio

En el nombre de Allah (Dios), el Clemente, el Misericordioso. Todas las alabanzas pertenecen a Allah; a Él alabamos; en Él buscamos ayuda; a Él le pedimos perdón y en Él buscamos orientación. Le pedimos a Allah que nos proteja del mal de nuestros egos y las consecuencias de nuestras malas acciones. Todo aquel a quien Allah guía, nada ni nadie lo podrá extraviar. Y todo aquel a quien Allah lo extravíe, nada ni nadie lo podrá guiar. Atestiguo que no existe nada ni nadie digno de alabanza excepto Allah, quien no tiene compañeros; y atestiguo que Muhámmad es Su siervo y Mensajero.

Quiero expresar todo mi agradecimiento a Allah por darme esta oportunidad de escribir una obra de esta naturaleza. Que Allah perdone mis faltas a la hora de presentar Su religión.

Me gustaría también expresar mis sinceros agradecimientos al señor Muhámmad al-Turki del Ministerio de Asuntos Islámicos por su apoyo. También me gustaría agradecer a Ahmad Ba-Rashid por sus continuos esfuerzos.

Hay muchas personas a quienes me gustaría agradecer por su ayuda en esta obra en particular. Primero, quiero agradecer a mi amada esposa quien es siempre una fuente de ayuda y colaboración. También agradezco al Dr. Abdulkarim al-Said, Br. Nahar al-Rashid, Dr. Mohammad al-Osimi, Dr. Ahmad al-Teraiqi y Br. Jalaal Abdullah. Sólo puedo rezar para que Allah los recompense y los bendiga tanto en esta vida como en el Más Allá.

Le ruego a Allah que acepte esta obra que escribo solamente en Su honor. Como sucede con toda obra similar, la responsabilidad de los errores es del autor. Le pido perdón a Allah por mis falencias y que me guíe por el Camino Correcto.



Jamaal Zarabozo

Boulder, CO

Oct. 14, 2005

Introducción

El objetivo y la motivación al escribir este libro

Es un momento muy importante para publicar material claro y conciso sobre el Islam. Hoy día, el Islam es mostrado de una manera poco agradable en muchas partes del mundo, no muy diferente de lo que era en un pasado no muy lejano. Un autor occidental que escribe sobre la vida de Muhámmad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) escribió lo siguiente:

“Cuando se declaró la guerra entre el Islam y el Cristianismo, que duró muchos años, la animosidad entre ambos bandos se agravó; cada lado malentendía al otro. Sin embargo, hay que admitir que el malentendido básico era más del lado de los occidentales que de los orientales. De hecho, inmediatamente después de esas violentas disputas intelectuales, en las que los participantes le achacaban al Islam fallas, degradación y difamación sin tomarse el trabajo de estudiarlo, los escritores y poetas mercenarios se encargaban de atacar a los árabes, pero su ataque era una mera acusación falsa y contradictoria”.1

Lamentablemente, dado que muchas de estas masas no están familiarizadas con el Islam más allá de lo que ven en los medios masivos de comunicación, los cuales desde luego han sido plagados recientemente de comentarios de tinte terrorista, no ha de sorprender que tales errores de representación del Islam resuenen en el público en su totalidad.1 La cura más fácil y posiblemente la más productiva para esta situación es llegar a esas personas y contarles de qué se trata en realidad el Islam. Uno debe ir más allá de lo que dicen las noticias de moda y describir las verdaderas enseñanzas de la religión. Lamentablemente, también es triste el hecho de que hay que ir más allá de la imagen que los musulmanes mismos les dan sobre el Islam a los no musulmanes. Aunque, en general, si bien el Cristianismo y el Judaísmo no son culpados por las malas acciones de los cristianos o los judíos, el Islam es culpado a menudo por las malas acciones de los musulmanes, incluso cuando las prácticas de esos musulmanes violan claramente los principios del Islam.1

Desafortunadamente, las opiniones negativas y las malas representaciones del Islam no son simplemente un tema de creencias religiosas personales. Las ramificaciones van mucho más allá y tocan la seguridad y la política mundial como un todo. Aún más peligroso es el hecho de que el Islam es malentendido y representado continuamente como el “otro” y como una fuente de mal, y muchas personas son alejadas de su belleza y sus invaluables verdades que tiene para ofrecer a la humanidad. En realidad, en estos tiempos problemáticos, hay una gran necesidad de acudir a la orientación de Dios, que es justamente de lo que se trata el Islam.

El objetivo de este libro no es tratar con la desinformación que se disemina acerca del Islam. El objetivo aquí es simplemente presentar lo que el Islam realmente es, basado en las fuentes reconocidas original y universalmente del Islam: El Corán, en otras palabras, el libro revelado de Allah al Profeta Muhámmad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y también las palabras y la guía del Profeta mismo.1

El público al que está dirigido este libro

La persona a la que se dirige este libro es cualquiera que esté interesado en una introducción básica a las creencias y prácticas fundamentales de la fe islámica. Se ha intentado hacerlo lo más conciso posible, pero con la esperanza de que el lector se vea alentado a estudiar el Islam con más profundidad. Para ello, se recomiendan muchos otros importantes libros en las notas al pie.

Cabe también destacar que esté libro está escrito por un converso “occidental” al Islam y se da por sentado que, al estar traducido al castellano, un buen número de sus lectores serán occidentales o tendrán cercanía con Occidente. Por lo tanto, muchas de las referencias estarán relacionadas con temas familiares para las personas de Occidente y también para el autor.1

El lugar de este libro entre otros libros de introducción

Existe un sinfín de libros que introducen el Islam a los no musulmanes. Especialmente desde el atentado a las Torres Gemelas, uno puede entrar prácticamente en cualquier librería y encontrar numerosos textos de introducción al Islam. Desde luego, algunos de ellos son bastante decentes2. Muchos de ellos están escritos por no musulmanes, algunos sin duda son muy sinceros en su deseo de presentar fielmente la religión de los musulmanes. Como musulmán, puedo afirmar que, en su mayoría, estos autores tienen una tendencia a dejar de lado el verdadero espíritu del Islam y de qué se trata el Islam en realidad. Esos libros tienen una tendencia a concentrarse en aspectos secundarios, desarrollos históricos de los musulmanes en sí o desviaciones del Islam original, dejando al lector ignorante del verdadero espíritu y las enseñanzas del Islam.1

Por otro lado, muchos escritores musulmanes que escriben para el público occidental adoptan un enfoque modernista o justificaciones del por qué de determinadas actitudes del Islam y los musulmanes. No se puede escribir un libro presentando el Islam a la vez que se distorsiona o altera el significado real del Islam tal como lo creen millones de personas, en contraposición a la versión individual del autor de dicho libro. De igual manera, no se puede escribir un libro de introducción al Islam intentando a la vez presentar una “versión” nueva del Islam. La responsabilidad de quien intenta presentar el Islam es hacerlo con honestidad y sinceridad, sin intentar ocultar ni cambiar nada. Los musulmanes creen ciertamente que esta es la religión de Allah. Por lo tanto, se debe presentar la religión de Allah como una religión revelada y difundida por el Profeta Muhámmad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). La presentación debe ser honesta y franca, dejando que el lector decida por sí mismo, basado en conocimiento veraz, si desea continuar con esta religión o no.

Fuentes y metodología de este libro

Todo libro confiable sobre el Islam debe estar basado en el Corán1 y en las afirmaciones y orientaciones del Profeta Muhámmad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Si bien están disponibles los textos originales en árabe del Corán y los dichos del Profeta, hay que recurrir a las modestas traducciones que transmiten sus significados a los que no hablan árabe. Con respeto al Corán, se recomienda la traducción al idioma español realizada por International Islamic Publishing House (IIPH). Se recomienda esta traducción debido a que se basa en una comprensión del Corán según se puede remontar al Profeta mismo y a sus Compañeros más cercanos.

En cuanto a las colecciones de dichos y acciones del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), hay dos importantes colecciones disponibles en español. Son conocidas como Sahih al-Bujari1 y Sahih Muslim.2

Existe también un gran número de obras secundarias extremadamente útiles para entender la religión del Islam.3 Algunas de ellas, que también son fuentes para el presente libro, son:



Commentary on the Creed of at-Tahawi by ibn Abi al-Izz.1 Se trata de una importante obra clásica que describe los detalles de la fe islámica.

La serie “La creencia islámica” de Umar al-Ashqar, que incluye La creencia en Allah a la luz del Corán y la Sunnah y Los profetas y sus mensajes.2



The Fundamentals of Tawheed (Islamic Monotheism)3, de Bilal Philips.

The Spirit of Islam: Doctrine & Teachings.4, de Afif A. Tabbarah.

En cuanto a la “metodología” que el autor ha seguido aquí, lo que se presenta está basado, dentro de las aptitudes del autor, en las enseñanzas de ahl al-Sunnah wa al-Yamaah, es decir, la comunidad de musulmanes que puede remontar sus creencias y enseñanzas directamente al Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) mismo. No se ha intentado “reinterpretar” aquí lo que ha sido aceptado como verdad por los musulmanes durante siglos y que continúa siendo la opinión dominante del Islam hoy en día.

Antes de continuar, se debe notar el uso de las palabras Allah y Dios. Allah es el “nombre propio” de Dios, tal como Yahvé (interpretado luego como Jehová). Por lo tanto, Allah y Dios pueden ser usados indistintamente.

La creencia en Dios (Allah)

En realidad, creer en Allah es la piedra fundamental de toda la fe del Islam. Todas las otras creencias y prácticas islámicas giran en torno a la creencia en Dios propiamente dicha. Por esta razón, quizás más que en cualquier otra comunidad religiosa del mundo, la creencia en Dios en el Islam ha sido estudiada con gran detalle. De hecho, un famoso erudito musulmán, ibn Abi al-Izz al-Hanafi, dijo una vez que se puede concluir que todos los versos del Corán, de una u otra forma, tocan la creencia en Dios.1

Por lo tanto, toda discusión sincera de la religión del Islam debe comenzar con el concepto de la creencia en Dios. De hecho, debe ser una discusión detallada de este tema, pues, todo lo que hay en el Islam se halla fuertemente arraigado en esta creencia fundamental. En realidad, según las enseñanzas islámicas, es la creencia solamente en Dios, sin compañeros, lo que enseñaron todos los profetas y que fue el tema central de todos sus mensajes.1 Este es el primer paso, el más importante en el proceso de entender nuestra propia realidad.

¿Cómo podemos saber acerca de Dios?

Antes de presentar la posición islámica a esta pregunta, se ofrecerá una historia de algunos paradigmas actuales.

Al comienzo de la primera mitad del siglo XVII del Cristianismo, a medida que crecía la brecha entre el “hecho científico” y las “verdades bíblicas”, los filósofos Edward Herbert, Voltaire y otros escritores americanos como Thomas Paine, se sumaron a la filosofía conocida como deísmo. Estos filósofos creían en Dios, el Creador y en la moralidad. Ellos creían en lo que llamaban “religión natural” que podía descubrirse mediante el uso de la razón. Por lo tanto, menoscababan la función de la revelación y las enseñanzas de la iglesia.

Un número de factores llevó al desarrollo de esta filosofía. Uno de los factores clave de este hecho fue que, como se discutirá más adelante, estos estudiosos no podían negar las pruebas racionales detrás de la existencia del Creador. Por ende, tenían que comenzar con esa premisa. Sin embargo, debido a su decepción con lo que se enseñaba en la Iglesia, fueron llevados a la conclusión de que las verdades de este mundo son conocidas mediante el razonamiento humano y no necesitan ningún tipo de revelación de Dios. Ciertamente, no había necesidad de que Dios enviase ninguna otra información más allá de lo que pudiera ser interpretado por los seres humanos. Más allá de eso, también sostenían que Dios no tenía ningún otro rol en esta creación. Por lo tanto, veían a Dios como un relojero que, después de haber creado el reloj y haberlo puesto a funcionar, se relajaba y dejaba que el reloj funcionara por sí solo sin ninguna interferencia del creador.

En resumen, según esta visión, la humanidad fue dejada a su suerte por el Creador; a su suerte para encontrar su propia manera de comportarse y vivir en esta gran creación. Quizás sin referencia a sus raíces filosóficas, esta se ha convertido en la manera de vida de muchos de los habitantes de este mundo de hoy. No ven ninguna necesidad de acudir a Dios para saber cómo deben vivir sus vidas en este mundo. De hecho, como filosofía política – conocida como secularismo – es la filosofía dominante hoy en el mundo.1 Como veremos más adelante, esta opinión en realidad contradice uno de los atributos de Dios: que Dios es piadoso y compasivo con Sus siervos, que la humanidad no debe pensar que han sido dejados a su suerte sin orientación y que no existe un fin directamente relacionado con Dios en su creación.

La religión islámica no niega que los seres humanos han sido dotados de un gran poder de raciocinio e instintos naturales. Muchos científicos, incluyendo aquellos filósofos mencionados antes, no pudieron negar los muchos signos que señalan la existencia del Creador. Por lo tanto, aceptaron con todo sentimiento la noción de la existencia de Dios. En la historia de la humanidad, esta noción ha sido un tema problemático. De hecho, el Corán trata el tema de esta manera, citando las palabras de mensajeros anteriores: “¿Acaso tenéis duda acerca de Allah, creador de los cielos y la Tierra?” (14:10). Su problema se halla en su falta de conocimiento apropiado de Dios y en no tener acceso a una verdadera revelación conservada de Dios. Esto destaca la importancia de reconocer la manera correcta de conocer más sobre Dios.

El Islam reconoce que Dios ha creado al ser humano con una habilidad innata para reconocer y entender la verdad de que él tiene un Creador y un Dios. De hecho, el Profeta Muhámmad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: “Todo niño nace en la fitrah (la inclinación natural a creer en un solo Dios)”. 1 En otras palabras, todo niño nace con la inclinación y la tendencia a la verdad y la capacidad de reconocer la realidad de la existencia de Dios.

El concepto básico de Dios, por lo tanto, es conocido por todos: filósofos, pensadores, y hombres de a pie por igual. Al mismo tiempo, ningún ser humano intelectualmente maduro debería ignorar por completo y darle la espalda a la verdadera base de su creación. Entonces, debería existir un deseo dentro del alma de toda persona de conocer a su Señor y Creador, el único que lo ha bendecido con su existencia. Debe ser un sentimiento innato y automático dentro del alma de todo ser humano.

Sin embargo, existe otro punto importante sobre Dios, el Creador, que hay que tratar. Dios, obviamente, es un ser distinto y separado de Su creación. Por lo tanto, Dios no es lago dentro del ámbito de la experiencia humana, el pensamiento humano o las pruebas humanas. De hecho, la manera de conocer sobre Dios no es filosofando silenciosamente en una sala o rincón alejado del mundo, eso puede llevarnos al irrefutable hecho de Su existencia y grandeza. Para conocer los detalles de Dios y, en particular, para conocer cómo debería ser nuestra relación con Dios, uno debe acudir a Dios Mismo y a Su revelación. No existe otra manera.

La revelación de Dios mismo tal como se encuentra en el Corán y en las palabras inspiradas del Profeta Muhámmad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) han ofrecido una presentación clara e inequívoca sobre Dios. La misma elimina todas las dudas sobre Su existencia, Su omnipotencia y Su omnisciencia. También responde las preguntas que rodean a la manera en que debemos comportarnos frente al Todopoderoso. Además de ello, por medio de la piedad de Dios, Él nos ha brindado mucha información sobre Sí Mismo, a través de Sus nombres y atributos, de tal manera que se convierta en el objeto de la adoración y en la principal inspiración de nuestra vida.

En las siguientes páginas, usted encontrará un resumen de las magníficas enseñanzas de Dios tal como se encuentran en el Islam. Se puede decir que este libro no es más que la punta del témpano comparado con la gran cantidad de información transmitida por Dios en el Corán y la Sunnah.

Creer que Dios es el Único Creador y Sustentador de toda la Creación

Existe una cosa que definitivamente se destaca cuando uno lee el Corán: Allah le ordena a la humanidad reflexionar sobre la creación con todas sus sutilezas y magnificencia. En ningún momento las enseñanzas del Corán se alejan de la reflexión y el pensamiento racional. De hecho, estas bases de conocimiento han sido invocadas una y otra vez en el Corán como un camino que llevará a una sola conclusión: que no hay manera de que esta creación tal como la vemos y apreciamos hoy pueda existir sin la intención y propósito de un creador grandioso, divino y todopoderoso.1

De hecho, en un verso, Allah ha brindado un poderoso argumento que convenció a la humanidad durante cientos de años: “¿Acaso surgieron de la nada [sin Creador] o son ellos sus propios creadores? ¿O crearon los cielos y la Tierra? Ciertamente no tienen fe [para darse cuenta de la verdad].” (52:35-36). Esto ha sido claro para muchas, muchas personas: Obviamente las personas no llegaron aquí por medio de la nada ni se crearon solas o a si mismas. Por lo tanto, son resultado del acto de un Creador, un Creador que es autosuficiente y no es un ser creado.

Si bien esta creencia es innata y clara, los seres humanos constantemente reciben dudas y errores de concepto de distintas fuentes.1 En distintas eras, la gente tenía distintas formas de confusión. Hoy en día muchas personas se confunden con la cuestión del creacionismo frente a la evolución. De hecho, algunos incluso sostienen que el “creacionismo” no es científico mientras que la “evolución” sí.

Actualmente, una explicación común de la existencia del cosmos es la teoría del Big Bang. De hecho, la enciclopedia Microsoft Encarta se refiere al mismo como “la explicación actualmente aceptada del comienzo del universo”2. Es muy bueno de su parte referirse a ella de esa manera porque la “ciencia” continúa cambiando sus “hechos” y explicaciones. Es exactamente lo que Allah ha descrito en el verso citado anteriormente, “Ciertamente no tienen fe [para darse cuenta de la verdad].” (52:36). Aquellos que se han alejado de Dios tienen que admitir que no saben con certeza lo que creen y mañana su creencia será totalmente distinta de la que hoy tienen porque, en realidad, no se construye sobre algo firme.

Pareciera como si la disputa entre la teoría del Big Bang y el creacionismo estuviera más en boga que su sustancia. La teoría del Big Bang, como explica la enciclopedia Encarta: “propone que el universo fue en algún momento extremadamente compacto, denso y caliente. Algún suceso original, una explosión cósmica llamada Big Bang, ocurrió de 10 mil a 20 mil millones de años atrás, y el universo se ha expandido y enfriado desde entonces”1. Pero esta afirmación nos lleva a la pregunta de quién creó la materia que participó de ese Big Bang.2 Si la materia aún requiere de un creador, ¿existe alguna prueba de que el mismo creador no creó nuevos tipos de criaturas más tarde en el cosmos?

Desde luego, existe un problema mucho mayor en relación a la teoría del Big Bang. ¿Cómo puede una explosión aleatoria tener la consistencia, la excelencia y la belleza que uno ve en el universo? ¿Cuáles fueron, por ejemplo, la belleza y el cosmos organizado que generaron las explosiones de Nagasaki e Hiroshima?

Sorprendentemente, los ateos y materialistas siguen negando lo que es obvio para sus almas y hacen declaraciones bastante absurdas, por decirlo de algún modo. Por ejemplo, el famoso ateo Huxley dijo una vez: “Si seis monos se sentaran frente a máquinas de escribir y golpearan las teclas durante miles de millones de años, no es improbable que en las últimas páginas que hayan escrito podamos encontrar uno de los sonetos de Shakespeare. Ese es el caso del universo que existe hoy. El mismo vino como resultado de fuerzas aleatorias que jugaron con la materia durante miles de millones de años”1 Wahid Uddin Khan, utilizando el tipo de razonamiento “materialista” respondió bastante bien a tal afirmación: “La matemática, que nos ha dado el concepto de probabilidad, sostiene que es matemáticamente imposible que el universo haya comenzado a existir por accidente”.2

Además de la realización de que esta existencia debió haber tenido un creador, también se advierte el equilibrio que existe en todo el universo. El orden es tan preciso que a veces se refiere a él como “el delicado equilibrio de la naturaleza”. Es realmente asombroso ver cómo todo funciona en conjunción, incluso dentro de nuestro cuerpo. Sin dicha cooperación entre los distintos órganos del cuerpo, por ejemplo, no habría posibilidad de una vida continua. La observación de este fenómeno lleva a un número de otras importantes conclusiones.

Primero, el orden y la cooperación entre los distintos elementos inanimados del universo, que no han recibido enseñanza ni formación, son un indicador de que siguen bajo el control y la regulación del creador. Los distintos objetos de esta creación no tienen poder, capacidad ni meta propia, de lo contrario irían contra las leyes y el orden universales. Solo tienen lo que el Creador les ha dado de entre todos los componentes del universo. Su nivel de funcionamiento y cooperación es tal que apunta a estar bajo la autoridad de un único Ser, que tiene tanto el conocimiento como el poder completos para sustentarlos y guiarlos. Si no fuera así, solo se podría esperar racionalmente el caos, especialmente dado el gran número de átomos y otras partículas que componen todo lo que existe en el universo.

Segundo, existe una clara señal de que el Creador y Amo del Universo es uno solo; no puede haber más de un Creador de este cosmos equilibrado y unificado. Si hubiera más de un creador, cada uno con su propia voluntad y su propio poder, entonces no se podría esperar que el cosmos tuviese unidad, equilibrio y balance, lo que sí tiene actualmente. Esto se conoce como “el argumento de la exclusión” y es un tema que ya ha sido discutido en detalle por los filósofos en el pasado. Por ejemplo, en The Commentary on the Creed of at-Tahawi, uno puede encontrar que el argumento [de la exclusión] dice algo más o menos así: Si hubiera dos creadores que no estuviesen de acuerdo en algo, por ejemplo, que uno quisiera mover el elemento X y el otro no quisiera que lo muevan, o uno quisiera que el elemento Y fuera un ser vivo y el otro prefiere que sea inanimado, entonces, hablando lógicamente, hay sólo tres posibilidades. Primera, se llevan a cabo las voluntades de ambos; segunda, sólo se lleva a cabo la voluntad de uno de ellos; tercera, no se lleva a cabo ninguna de las voluntades. El primer caso no es posible porque exige la existencia de contrarios. La tercera posibilidad también queda anulada porque implicaría que un objeto se mueve y no se mueve a la vez y eso es imposible. Esto implicaría también que ambos son incapaces de llevar a cabo sus voluntades, lo que los descalificaría como Dioses. Finalmente, si se lleva a cabo la voluntad de uno y no la del otro, solo el primero merece ser llamado Dios y es él el único cuya voluntad se lleva a cabo y el otro no puede considerarse Dios.1

Por lo tanto, la premisa de que existe un sólo Creador original y único, Proveedor y todopoderoso sobre este universo es algo innato en los seres humanos y que se intuye de forma fácil y lógica. De hecho, se puede decir que los eruditos musulmanes están tan convencidos de la verdad obvia de este punto que, según el conocido sabio musulmán Muhámmad ibn Salih Al-Uzaimin, toda la humanidad excepto los arrogantes y altaneros acepta y reconoce este aspecto del monoteísmo, es decir, que no existe Señor y Creador excepto el Único Señor y Creador.1 Esto es así porque esta creencia está arraigada en la naturaleza humana. La humanidad reconoce y acepta que la creación debe haber tenido un Creador. La humanidad también reconoce que este Creador debe haber sido solo Uno.2

Si bien en pasajes anteriores hubo cierta digresión en otros temas que son de interés hoy día, se puede resumir la postura islámica acerca de que Allah es el único Creador y Sustentador de la creación dejando que el Islam hable por sí mismo y exprese sus verdades esenciales:

“Ciertamente Allah tiene poder sobre todas las cosas.” (2:20).

“Originador de los cielos y de la Tierra. ¿Cómo podría tener un hijo si no tiene compañera y Él es Quien ha creado todo? Él tiene conocimiento de todas las cosas. ¡Ése es Allah, vuestro Señor! No hay más divinidad que Él, Creador de todas las cosas. Adoradle, pues. Él es el protector de todas las cosas. No puede ser visto [en esta vida], pero Él sí puede ver [a Sus siervos]; y Él es Sutil y está informado de cuánto hacéis.” (6:101-103).

“¿Acaso desean una religión diferente a la de Allah, siendo que quienes están en los cielos y en la Tierra se someten a Él voluntariamente o por la fuerza? Y ante Él comparecerán.” (3:83).

“Y ante Allah se prosternan quienes están en los cielos y la Tierra voluntariamente o por la fuerza, y también lo hacen las sombras, por la mañana y por la tarde.” (13:15).

Una vez que se concluye que Allah es el único Creador y Sustentador del universo, se generan muchos corolarios. Además, quizás la pregunta más importante que se puede hacer una persona es: ¿Cuál debe ser la relación de una persona con ese único creador? Esto lleva directamente al próximo tema, que dice que Allah es el único digno de alabanza y adoración.



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