Proyecciones y bonos: Alternativas e indicadores para comparar, con base en el caso argentino



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Proyecciones y bonos: Alternativas e indicadores para comparar, con base en el caso argentino*

Carlos Grushka


Resumen

El planeamiento a largo plazo de diversas políticas públicas debe(ría) tener como punto de partida las proyecciones de población, su estructura por edad y sexo y sus variables determinantes (fecundidad, mortalidad y migraciones).

El trabajo cuenta con tres secciones: (1) tendencias (1950-2010) y perspectivas (2010-2100) de la población de Argentina, enfatizando su composición por grandes grupos de edad; (2) evolución de las variables demográficas determinantes; (3) sensibilidad e implicancias sobre el bono demográfico, indicadores alternativos y su comparación internacional en el largo plazo.

El proceso de cambio de la estructura por edades de la población tiene una incidencia importante del punto de vista social y económico, en cuanto trae consigo una modificación en el peso que tienen las edades integradas por población potencialmente pasiva, en relación con aquella que pertenece a edades de población consideradas potencialmente activas o productivas.

Para determinar la etapa del bono demográfico (BD) se recurre al índice de dependencia total (IDT), que mide la relación de niños/adolescentes y adultos mayores (menores de 15 años y mayores de 65) con respecto a la población en edades activas (entre 15 y 65 años de edad). El IDT en Argentina aumentó de 53% en 1950 a 66% en 1990, cambió su tendencia declinando a 55% en 2010 y se mantendría relativamente estable hasta 2040. A partir de entonces se retoma la tendencia creciente llegando a 61% en 2050 y potencialmente a 72% en el año 2100.

Si se establece arbitrariamente un valor máximo para el IDT de 60%, la “ventana de oportunidad demográfica” (VOD) abarcaría las cuatro décadas que van de 2005 a 2045. La VOD es muy sensible a la definición adoptada (tanto en edades como en límites de referencia) y su comparación internacional requiere de indicadores (aquí propuestos) que capten su inicio, duración y profundidad.



Proyecciones y bonos: Alternativas e indicadores para comparar, con base en el caso argentino1

Introducción

El planeamiento a largo plazo de diversas políticas públicas debería tener como punto de partida las proyecciones de población, su estructura por edad y sexo y sus variables determinantes (fecundidad, mortalidad y migraciones). En general, esta información se encuentra disponible en los organismos oficiales de estadísticas2, aunque en este documento se elige presentar estimaciones propias, por sexo y edades simples, extendiendo el período de análisis para cada año calendario de 2010 a 2100. Comparadas con las proyecciones más recientes de Naciones Unidas (NU, 2013), la población total estimada es similar hasta mediados de siglo y difiere en hasta 20% en la segunda mitad. Como se detalla más adelante, la diferencia se debe principalmente a la decisión metodológica de adoptar distintos supuestos respecto a la evolución de la fecundidad.3

En la siguiente sección se analizan las tendencias (1950-2010) y perspectivas (2010-2100) de la población de Argentina, enfatizando su composición por grandes grupos de edad. En la segunda sección se estudia la evolución de las variables demográficas determinantes (fecundidad, mortalidad y, en menor medida por su bajo impacto, migraciones). Finalmente, en la tercera sección se discuten las implicancias sobre tasas de dependencia, bono demográfico, y su comparación internacional en el mediano y largo plazo.


  1. Tendencias y perspectivas de la población argentina

La población total pasó de 17 millones en el año 1950 a 41 millones en 2010, con un crecimiento anual promedio de 1,4% que se va desacelerando (la tasa de crecimiento disminuyó de 1,6% en las tres primeras décadas a 1,2% en las últimas tres). La población ascendería a 54 millones en el año 2050 y a 59 millones en 21004, creciendo al 0,4% anual (tasas decrecientes de 0,8%, 0,3% y 0,1% para cada período de tres décadas considerado).

Con el correr del tiempo, la población va gradualmente modificando su estructura por edad ya que distintos grupos crecen a diferente ritmo: en el período 2010/2100 la tasa de crecimiento sería nula (0,0%) para los menores de 20 años, 0,3% para las edades de 20 a 65 y 1,4% para los mayores de 65 años.


Gráfico 1. Perspectivas de población según grandes grupos de edad

Argentina. Años 1950-2100


Fuente: Elaboración propia a partir de INDEC (2004) y Naciones Unidas (2011)

El mayor peso que va adquiriendo el grupo de adultos mayores (más de 65 años) es conocido como proceso de envejecimiento poblacional y ha sido descripto por abundante bibliografía (INDEC, 2003; UNFPA/CEPAL, 2009; UNFPA, 2010; CEPAL, 2011b), en ocasiones con enfoques críticos (d’Albis y Collard, 2013; Sanderson y Sherbov, 2007). Esta proporción en Argentina era del 4% en 1950, llegó al 11% en 2010, alcanzaría el 19% en 2050 y el 25% en 2100.

El envejecimiento fue producto principalmente del significativo descenso de la fecundidad y en menor medida del de la mortalidad. A futuro se asume un impacto más gradual de la fecundidad y uno más significativo de la mortalidad, como se detalla en la sección 2.3. Cabe adelantar que en estas proyecciones (al igual que las oficiales preparadas por INDEC, 2004 y CEPAL, 2011a) se supone un saldo migratorio nulo a partir del año 2010, a diferencia de NU (2013) que va disminuyendo muy gradualmente los saldos netos negativos registrados a principios de siglo.

Frecuentemente, el proceso de cambios en la estructura por edad y sexo se resume con la “pirámides de población” que gradualmente modifica su forma aproximada de “triángulos” cada vez más estrechos, a “urna funeraria” (con abultamiento en las edades centrales), a “rectángulo” (exceptuando sólo las edades más avanzadas que manifiestan valores decrecientes y claro predomino femenino por el efecto de la mortalidad). Una síntesis de este proceso para el caso argentino se presenta en el Gráfico 2.

Gráfico 2. La estructura de la población por edad y sexo, Argentina. Años 1950-2100


Fuente: Elaboración propia.

En la sección 3 se discutirán indicadores alternativos, no obstante el Gráfico 3 permite apreciar en detalle cómo (tras el crecimiento en casi todas las edades durante 1950 a 2010) se va modificando la composición por edades, como consecuencia de la distribución alcanzada y de las hipótesis adoptadas sobre la evolución futura de las variables determinantes. En términos absolutos, entre 2010 y 2100, el número estimado de nacimientos y de población menor a 35 años resulta relativamente estable, entre 2010 y 2040 se destacan los aumentos para las edades entre 35 y 70 y, finalmente, desde el año 2040 se destacan los aumentos para los mayores de 70 años.

Por otra parte, las “irregularidades” de la distribución inicial (año 2010) son debidas, principalmente, a oscilaciones en las tendencias previas de la fecundidad, 30 años más tarde se trasladan a edades 30 años superiores, en 2070 aparecen mucho más suavizadas y en el año 2100 la población es prácticamente “nueva”, con una distribución que es función de los supuestos adoptados de leves cambios graduales en fecundidad y mortalidad.


Gráfico 3. Población por edad a través del tiempo. Años 1950-2100


Fuente: Elaboración propia.



  1. Evolución en la Argentina de las variables demográficas determinantes

Evolución histórica y tendencias de la mortalidad5

Es habitual iniciar el análisis de la evolución de la mortalidad con la utilización de la tasa bruta de mortalidad (TBM), disponible en Argentina a partir del quinquenio 1870-74. Los altos valores y la variabilidad de las TBM a fines del siglo XIX corresponden a epidemias como las de fiebre amarilla (1871), viruela (1874), cólera (1886-87 y 1894-95) y peste bubónica (1899-1900), así como el impacto de disentería y fiebre tifoidea.

Un indicador más apropiado para describir los cambios del nivel de la mortalidad general a lo largo del tiempo es la esperanza de vida al nacer (e0), una medida de la mortalidad que no está afectada por los cambios de la estructura etaria de la población.

La e0, desde fines del siglo XIX, muestra una tendencia ascendente prácticamente lineal. Desde 1883 (año central del primer período intercensal, 1869-95) hasta el trienio 2008-10, la e0 aumentó de 33 a 75 años, un incremento absoluto de 44 años equivalente a 0,33 años de ganancia por año calendario. Tras un ascenso moderado hasta comienzos del siglo XX, se destaca la aceleración producida entre la primera y segunda década del siglo, con una ganancia de casi un año de vida por año calendario. En las décadas posteriores los avances continuaron pero a un ritmo menor, hasta alcanzar una e0 cercana a los 75 años en 2009. Este comportamiento es coherente con una esperada reducción de las ganancias de e0 a medida que disminuye el nivel de la mortalidad, que ha llevado a que varios autores postulen una evolución logística.

En cuanto al contexto internacional, es evidente que la reducción de la mortalidad en Argentina se inició más tempranamente que en la mayoría de los países latinoamericanos y países menos desarrollados (P-D)6 y que, a diferencia de estos, respondió en sus comienzos a mejoras en las condiciones generales de vida asociadas al desarrollo socioeconómico más que al avance del conocimiento y las tecnologías médicas o a esfuerzos dirigidos a combatir directamente las enfermedades infecciosas (Lattes, 1975). En este sentido, aunque partiendo de niveles más altos, la caída de la mortalidad en Argentina se asemeja en parte al proceso experimentado por los países más desarrollados (P+D)7 y se distancia de la mayoría de los países del resto de América Latina.

Gráfico 4. Esperanza de vida al nacer (en años)

Mundo y regiones con distinto desarrollo. Años 1950-2100

Fuente: Elaboración propia en base a Naciones Unidas (2013).

Entre los principales factores que habrían contribuido al precoz inicio del descenso sostenido de la mortalidad, se destaca la temprana modernización de la sociedad argentina en relación con casi todos los demás países de la región, su elevado nivel de urbanización y la expansión de la educación formal. En tanto que en la década de 1950 muchos países de la región se encontraban dando los primeros pasos en la transición epidemiológica, Argentina ya había cubierto gran parte de su recorrido.

Gráfico 5. Esperanza de vida al nacer (en años)

Países seleccionados de América Latina. Años 1950-2100

Fuente: Elaboración propia en base a Naciones Unidas (2013).

La mortalidad, como muchos fenómenos demográficos, muestra un comportamiento diferencial según la edad. El riesgo de morir es alto durante los primeros años de vida, especialmente en el primero, y se reduce notoriamente entre los 5 y 15 años. Luego, la mortalidad aumenta levemente hasta alrededor de los 40 años, para incrementar posteriormente su intensidad y alcanzar otra vez valores elevados en las edades más avanzadas.

A su vez, la reducción de la mortalidad no se produce con el mismo ritmo en todas las edades: durante el proceso de descenso de la mortalidad la caída más rápida ocurre en las primeras edades. A medida que la edad aumenta disminuye la dispersión de los valores para los distintos períodos analizados. Este proceso ha dado lugar a la típica transformación de la estructura por edad de la mortalidad, que cambia de una forma de U (con intensidades de la mortalidad similares entre los grupos más jóvenes y los de edades mayores) a una forma más similar a una J.

Si bien a lo largo del Siglo XX la mortalidad disminuyó en todos los grupos de edad, las reducciones han variado mucho según la edad. Las mayores bajas relativas desde 1869/95 hasta 2000/01 corresponden a los menores de 35 años (más del 90%), seguidos por los grupos de edad comprendidos entre 35 y 60 años (disminuciones que oscilan entre 70% y 90%). Finalmente, a partir de los 60 años y a medida que avanza la edad, las mejoras relativas comienzan a ser cada vez menores (y varían entre 50% y 70%). En todos los períodos considerados, el orden de disminución relativa descrito se mantiene similar.

La mortalidad tampoco afecta a los sexos por igual. Por causas biológicas, socioeconómicas y culturales, los varones presentan una mortalidad mayor que la de las mujeres. En todos los años considerados, la e0 de las mujeres es mayor que la de los varones. La diferencia entre las e0 de varones y mujeres era apenas menor a un año en 1869/95 y su aumento fue acelerado y significativo hasta 1970; pero, a partir de dicho año, las ganancias experimentadas por los varones se vuelven similares o mayores a las de las mujeres y, por consiguiente, la sobremortalidad masculina comienza a decrecer y se estabiliza en las dos últimas décadas en una brecha algo superior a 7 años. Esta diferencia se ubica entre las más significativas dentro de los estándares internacionales, como se detalla en la Tabla A.1 del Anexo.

La denominada transición epidemiológica describe el proceso empírico de descenso de la mortalidad y de transformación de la estructura de causas de muerte que la acompaña. En términos generales, la disminución de la mortalidad responde, en principio, a una reducción de la incidencia de las enfermedades transmisibles (infecciosas y parasitarias), dando lugar a un aumento de la importancia relativa de las enfermedades del aparato circulatorio, las neoplasias y los traumatismos. Una vez que las enfermedades transmisibles han sido controladas, la disminución de la mortalidad se hace más lenta, dadas las mayores dificultades para controlar las otras causas.

Siguiendo a Pantelides (1983), los cambios importantes en el perfil epidemiológico de la Argentina comienzan a observarse a fines de la década de 1930. A partir de esos años, la mortalidad por enfermedades transmisibles desciende a un ritmo mayor que la mortalidad general, reduciéndose su importancia relativa debido a los avances de la medicina (especialmente con la introducción de la penicilina y la sulfamida), el progreso de la provisión de agua potable y las políticas sociales y sanitarias que incluyeron la concientización social acerca de normas higiénicas en el cuidado de niños (Carbonetti y Celton, 2007).

Por otro lado, la distribución de muertes por causas también está afectada por el cambio de la estructura etaria de la población. Al tratarse de indicadores brutos (no estandarizados por edad), los cambios observados a partir de 1945 expresan una reducción del riesgo de morir debido a enfermedades infecciosas, pero también contienen la disminución relativa de la población en edades jóvenes, en las que dicho riesgo es más alto. Por esta razón, la manera apropiada para dar cuenta de los cambios en los riesgos de muerte asociados a distintas causas no es a partir de la distribución de defunciones, sino a través de la comparación de tasas de mortalidad (específicas por causa) estandarizadas por edad (TMEE). Grushka (2010) presenta las TMEE por causas agrupadas en cinco grandes categorías para los años 1960 y 2007. En casi medio siglo, el nivel general de la mortalidad disminuyó 43%; la menor reducción relativa correspondió a las muertes por violencia o causas externas (35%) y la mayor, a las enfermedades infecciosas (cuyas tasas disminuyeron 74%) que continuaron perdiendo peso entre las causas de muerte.

Para proyectar la mortalidad el INDEC mantuvo la hipótesis de cambio basada en el criterio usual de NU, que permite determinar los valores esperados de e0 para cada quinquenio de la proyección hasta 2045-50, de acuerdo con una ganancia media (en años de vida) decreciente (Pujol, 1995; INDEC, 2004). Asimismo, dado que el diferencial por sexo del nivel de la mortalidad (e0) es el más alto de toda América Latina, se mantiene constante un diferencial de siete años a favor de las mujeres.

De acuerdo con estas estimaciones, en las cuatro próximas décadas, la e0 aumentaría de 75,2 años en el quinquenio 2005-10 a 80,7 en el quinquenio 2045-50, es decir, a razón de 0,14 años por año calendario (0,16 en las dos primeras décadas y 0,12 en las dos siguientes).

A los fines de la proyección realizada en este capítulo (y extendida hasta 2100) se siguen criterios muy similares a los citados y a los adoptados por NU (2011), con mejoras promedio de 0,15 años por año calendario en las tres décadas iniciales (de 2010 a 2040) y de 0,08 años en las seis siguientes (de 2040 a 2100), llegando a una e0 de 85 años (82 años para varones y 89 para mujeres). Sin embargo, los supuestos adoptados por NU (2013) conducen a un crecimiento más acelerado, por lo que la e0 del quinquenio 2095-2100 llegaría a 87,8 años.



Gráfico 6. Esperanza de vida al nacer [e(0)], Argentina. Años 1950-2100

Fuente: Elaboración propia y Naciones Unidas (2013).

Con el objetivo de proyectar la estructura por edad de la mortalidad, se utiliza una interpolación entre las tablas de mortalidad por sexo iniciales (2000-01) y las denominadas “tablas límites”, considerando que los valores resultantes de las probabilidades de morir según edad deben cumplir la condición de reproducir los niveles de mortalidad (e0) previamente proyectados.

Por otra parte, NU (2004) divulgó por vez primera proyecciones de muy largo plazo que alcanzan hasta el año 2300, con detalles a nivel mundial, regional y por país. La e0 estimada para la Argentina en 2300 se aproximaría a los 100 años, también con un aumento promedio entre 2050 y 2300 de 0,08 años por año calendario.

Una de las implicaciones más relevantes de disponer de proyecciones a largo plazo se relaciona con el campo de la seguridad social. Las proyecciones previsionales en Argentina se realizaron según la mortalidad de la población total (Rofman, Stirparo y Lattes, 1996; Grushka, 2002 y 2011), aunque hay claros indicios de que los beneficiarios constituirían un grupo selecto de menor mortalidad (Lacasta, 2008; Rofman, 1994). Con el fin de precisar proyecciones a nivel local y evaluar y verificar hipótesis alternativas, es necesario superar las severas limitaciones de los datos y desarrollar más investigación, considerando diversos enfoques interdisciplinarios sobre longevidad (Grushka, 2010).

Evolución histórica y tendencias de la fecundidad

Como antecedente histórico, el panorama que emerge durante el período 1869-1947 no está muy claro pero pueden destacarse tres hallazgos resumidos por Pantelides (2006):

a) Las series disponibles de las tasas brutas de natalidad muestran un descenso en los niveles de fecundidad desde fines de la década de 1880;

b) Las tasas de fecundidad específicas por edad y las mediciones que de ellas se derivan (Tasa Global de Fecundidad, TGF), que sólo se encuentran para los años censales y son escasas, no resultan muy útiles para trazar el curso de la declinación. La TGF era alrededor de 3,2 (hijos por mujer al final del período reproductivo) hacia 1947, y probablemente alrededor de 7,0 en 1895. Para los años intermedios sólo existe una estimación de calidad incierta de 5,3 para 1914. Con anterioridad a 1895 la estimación de una TGF de 5,1 en 1869 probablemente sea muy baja; la de 6,8 parece ser más adecuada.

c) El análisis de la estructura por paridez y del número medio de hijos nacidos de los censos de 1895, 1914 y 1947 brinda algunas pautas que revelan que el descenso de la fecundidad ya podría haber comenzado con anterioridad a 1914 aunque, probablemente, no antes de 1895.

A partir del año 1950 los datos son más confiables y la tendencia declinante presenta un claro cambio entre los años 1970 y 1980, para retomar el secular descenso posterior, llegando al año 2010 con una TGF de 2,25.

El ascenso de la TGF entre 1970 y 1980 fue producto del aumento de las tasas de fecundidad de casi todos los grupos de edad, pero más notablemente de las adolescentes y las jóvenes de 20-24 años (Pantelides y Moreno, 2009). Asimismo, los aumentos más importantes ocurrieron en las jurisdicciones que tenían previamente niveles por debajo del promedio (Pantelides, 1989). La elevada cantidad de nacimientos ocurridos durante la década de 1970 es responsable de la peculiar distribución por edades de la población en el año 2010 (con un salto en las edades 30 a 40 años, como se detallara en la sección 1).

Argentina presenta una situación particular dentro de América Latina debido a que su fecundidad descendió tempranamente. La mayor parte del descenso tuvo lugar en las cuatro primeras décadas del siglo XX para luego tomar un ritmo mucho más lento con mesetas temporarias (Pantelides y Moreno, 2009). Hasta fines de los años 1990 Argentina todavía mostraba niveles de fecundidad inferiores al promedio de la región, pero a partir de entonces sus TGF son iguales o sólo levemente inferiores a la media regional de 2,4 para el quinquenio 2005-10 (CEPAL, 2008).



Gráfico 7. Tasa Global de Fecundidad (hijos por mujer)

Mundo y regiones con distinto desarrollo. Años 1950-2100

Fuente: Naciones Unidas (2013).

Al momento de proyectar la fecundidad el INDEC mantuvo la hipótesis de cambio basada en el criterio usual de NU, que permite determinar los valores esperados de TGF para cada quinquenio de la proyección hasta 2045-50, con un descenso que se acerca asintóticamente a un límite inferior preestablecido (Pujol, 1995; INDEC, 2004).

De acuerdo con estas estimaciones, en las cuatro próximas décadas, la TGF disminuiría de 2,25 años en el quinquenio 2005-10 a 1,85 en el quinquenio 2045-50 (CEPAL, 2008). Cabe señalar que en versiones previas la asíntota elegida era una TGF de 2,1 igual al nivel de reemplazo. Por su parte, NU (2013) tiende a adoptar los mismos parámetros experimentados en países europeos con una caída mayor y una posterior recuperación, combinando dos curvas logísticas y dos límites asintóticos (de 1,85 para 2050 y de 2,1 para el más largo plazo), lo que genera algunos cruces inesperados.



Gráfico 8. Tasa Global de Fecundidad (hijos por mujer)

Países selectos de América Latina. Años 1950-2100

Fuente: Naciones Unidas (2013).

A los fines de la proyección utilizada en este documento (extendida hasta 2100) se siguen criterios similares a los citados aunque priorizando un descenso más gradual y continuo. En consecuencia, para proyectar la TGF, se adopta un valor de 2,0 como único límite inferior asintótico.

Gráfico 9. Tasa Global de Fecundidad, Argentina. Años 1950-2100

Fuente: Elaboración propia y Naciones Unidas (2013).



Evolución histórica y tendencias de la migración internacional8

Si bien la migración internacional es un factor de suma relevancia para muchos países, en el caso argentino esta variable desempeñó un rol fundamental a fines del siglo XIX y primera mitad del XX, pero su impacto demográfico ha sido prácticamente nulo desde entonces.

Como se ilustra en el Gráfico 10, el crecimiento de la población total de Argentina experimentó subas y descensos muy pronunciados, principalmente dentro de las tres primeras décadas del siglo pasado, como consecuencia de las grandes olas inmigratorias recibidas. A partir de 1930, la inmigración disminuye notablemente, con lo cual descienden la tasa de crecimiento de la población y la diferencia entre crecimiento total y vegetativo.9

Pasada la inmigración europea de la segunda posguerra, la migración neta tiende a disminuir y hacia final del siglo prácticamente hacerse nula, debido a que la menor tasa de inmigración externa, principalmente originada en países vecinos, se fue compensando con la creciente emigración de argentinos.



Gráfico 10. Crecimiento total, migratorio y vegetativo, por quinquenio

Argentina, 1870-2010

Fuente: elaboración propia en base a Lattes (1975) y Naciones Unidas (2013).

A partir de finales de la década de 1960 comienzan a delinearse dos fenómenos novedosos: el cambio en la composición de la migración externa (que pasa a ser casi exclusivamente de países limítrofes) y la emigración de argentinos (que se dirigen sobre todo a Estados Unidos y, con la crisis de inicios del Siglo XXI, a Europa, en particular a España).

De este modo, Argentina, se va conformando como el corazón de un subsistema regional de migración en el Cono Sur y se constituye en un país que expulsa población. Esta doble condición constituye un aspecto peculiar de una sociedad que todavía se percibe a sí misma como fruto de la inmigración europea. Los movimientos de población originaria de los países vecinos tienen una larga tradición histórica: desde muchos años atrás, estos se producen en los espacios transfronterizos integrados. Pero luego, y especialmente a partir de la década de 1960, los flujos migratorios limítrofes se dirigen cada vez más hacia el Área Metropolitana de Buenos Aires, que es actualmente el principal lugar de destino y que se constituye en el centro del subsistema migratorio del Cono Sur de América Latina.

Tras la etapa de inmigración masiva, los flujos inmigratorios fueron más modestos y provenientes fundamentalmente de países vecinos10. Actualmente, con el mayor stock de inmigrantes de la región, Argentina continúa siendo el epicentro de la migración en Sudamérica. Los cambios en los orígenes de los inmigrantes y en las dinámicas migratorias han tenido un impacto en los perfiles de los extranjeros que residen en el país.

Como producto del envejecimiento y de la mortalidad de las antiguas cohortes inmigratorias transatlánticas, el stock total de extranjeros fue disminuyendo a lo largo de las últimas décadas (de 29,9% en 1914 a 4,2% en 2001, con una leve recuperación en 2010 alcanzando 4,5%)11.


Gráfico 11. Participación de los extranjeros en la población total.

Argentina, 1869-2010


Fuente: Elaboración propia a partir de INDEC (2013).

Contrariamente, y como efecto del incremento y de la entrada continua de inmigrantes de países vecinos, su stock ha crecido, pasando de 0,8 millones en 1980 a 1 millón en 2001 y a 1,8 millones en 2010, con un cambio significativo en el origen de los flujos. Factores económicos y sociales en los países de origen, así como cambios en la atracción ejercida por Argentina, modificaron tanto la propensión emigratoria de ciudadanos sudamericanos como el destino preferido a donde se dirigieron. Así, por ejemplo, los chilenos disminuyeron su propensión a emigrar, probablemente como producto del mejoramiento de las condiciones sociales y económicas de su país: el stock de inmigrantes chilenos en Argentina aumentó muy levemente entre 1980 y 1991, pero luego disminuyó en forma significativa una década más tarde12. Otro caso singular es el de los ciudadanos uruguayos, quienes, si bien continuaron emigrando de su país, ya no lo hicieron en la misma magnitud hacia Argentina, sino que se dirigieron preferentemente hacia países desarrollados, como Estados Unidos y España (Pellegrino y Vigorito, 2005; Cabella y Pellegrino, 2005).

Contrariamente, a partir de 1980, pero con mayor intensidad en los años noventa, se incrementa en forma significativa la inmigración proveniente de Paraguay y Bolivia, y también de Perú. La inmigración proveniente de Bolivia se incrementa en forma sistemática desde los años ochenta: sus desventajosas condiciones económicas, sumadas a las posibilidades de inserción laboral en Argentina, trajeron como consecuencia la intensificación de un flujo relativamente continuo, promovido por extensas redes sociales migratorias (Benencia, 1997, 2005).

El caso reciente más notorio en la inmigración regional a Argentina es el peruano. El flujo de migrantes de ese origen durante las últimas dos décadas ha sido muy significativo. Si bien el número de personas nacidas en Perú que residían en Argentina es inferior al de tres países limítrofes13, su crecimiento en términos relativos fue notable: entre 1991 y 2010 casi se multiplicó por 10, pasando de 16 mil a 158 mil14.

A partir de información proveniente de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), la inmigración se estancó en los primeros años del Siglo XXI como consecuencia de la crisis de 2001, recuperando su ritmo a partir de 2004, particularmente desde Paraguay y Bolivia. En el mismo sentido, se destaca la regularización de los inmigrantes indocumentados en el marco del programa iniciado en 2006, conocido como “Patria Grande”, que marca un hito en la historia de la política migratoria argentina.15

En cuanto a los patrones emergentes de emigración internacional, los cambios más notorios comenzaron a partir de los años 90 y parecen profundizarse a inicios del milenio. Una primera característica es que no solamente se acelera su ritmo de crecimiento, sino que se consolidan otros destinos alternativos al tradicional de Estados Unidos, como España y otros países europeos. La segunda característica es la creciente diversificación del universo de migrantes.

Hasta mediados de la década de 1970 las corrientes extrarregionales estaban conformadas mayoritariamente por profesionales y técnicos con un alto nivel educativo; luego se agregaron los exiliados por motivos políticos. A partir de mediados de la década de 1990, el persistente deterioro económico y sus repercusiones en los mercados de trabajo no solamente contribuyeron a aumentar el volumen de los flujos, sino también a hacerlos más heterogéneos en su composición social.16

Como se adelantara en la sección 1, a los efectos de las proyecciones preparadas en este trabajo, al igual que en las oficiales elaboradas por INDEC (2004) y CEPAL (2011a), se supone un saldo migratorio nulo a partir del año 2010. No obstante, NU (2013) va disminuyendo muy gradualmente los saldos netos negativos estimados a principios de siglo (180 mil emigrantes netos en 2000/05 y 200 mil en 2005/10), a 100 mil en 2010/15 y 2015/20, a 50 mil en cada quinquenio de 2020 a 2050 y linealmente (con reducciones de 5 mil por quinquenio) hasta llegar a 0 en 2095/2100. El criterio adoptado por NU parece omitir la fuerte recuperación económica y las políticas específicas adoptadas en la última década, por lo que resultaría más adecuado adoptar el supuesto conservador (pero no tan pesimista) de saldos netos nulos en el largo plazo.


RECUADRO 1. Resumen metodológico de las proyecciones realizadas y comparación con Naciones Unidas (NU, 2013)

Población base al 30/06/10: estimaciones elaboradas a partir de la corrección del Censo Nacional de 2001 (INDEC, 2004), similar a NU.

Mortalidad: gradual crecimiento de e0, de 75 años en 2005/2010 a 85 en 2095/2100, más moderado que NU, que alcanzaría 88 años.

Fecundidad: gradual descenso de TGF hasta estabilizarse en 2,0. NU supone una caída mayor y una posterior recuperación, combinando dos curvas logísticas y dos límites asintóticos (de 1,85 para 2050 y de 2,1 para el más largo plazo).

Migraciones: saldo nulo durante toda la proyección, a diferencia de NU, que disminuyen muy gradualmente los saldos netos negativos estimados a principios de siglo.

Población total: surge de los supuestos adoptados, pasa de 41 millones en 2010 a 54 en 2050 y a 59 en 2100. NU llega a 51 millones en 2050 y se mantiene estable.

Envejecimiento (proporción de población mayor de 65 años): aumenta de 11% en 2010 a 19% en 2050 y 25% en 2100. En la segunda mitad de siglo NU crece a mayor velocidad (dada la menor fecundidad previa), alcanzando 29% en 2100.


Implicancias de la evolución demográfica sobre “dependencia” y “bonos”

El proceso de cambio de la estructura por edades de la población tiene una incidencia importante del punto de vista social y económico, en cuanto trae consigo una modificación en el peso que tienen las edades integradas por población potencialmente pasiva, en relación con aquella que pertenece a edades de población consideradas potencialmente activas o productivas.

El proceso de envejecimiento es sólo una parte del cambio en la estructura por edades de la población17. Durante ciertos períodos el crecimiento del grupo de edades más avanzadas se compensa con una disminución (relativa) de las edades menores (también inactivas). Como señala Chackiel (2004), en general, se considera positivo para una sociedad que la llamada relación de dependencia demográfica sea baja, pues ello significa que hay proporcionalmente menos personas que constituyen una “carga” que debe ser solventada por la población en edad activa.

En los inicios de la transición demográfica la relación de dependencia es alta por el elevado porcentaje de niños. El posterior descenso de la fecundidad lleva a una etapa (que puede durar varias décadas) en que la población registra una mayor proporción de las edades intermedias y se la denomina “bono” demográfico o “ventana de oportunidad”. Esto es así, dado que implica que la sociedad puede disponer de ahorros que pueden volcarse a inversiones productivas o reasignarse a beneficios sociales que hasta ahora no son de fácil atención. Como los ahorros provendrían de la menor presión de la demanda de niños, ya que su población está prácticamente estancada, se postula una reconversión del gasto social, principalmente para dar énfasis en la calidad de la educación y reformas en el sector salud para atender el cambio en el perfil epidemiológico. Se considera una oportunidad de realizar reformas e inversiones que prepararían a los países para cuando la relación de dependencia vuelva a niveles altos, en este caso por el mayor peso de la población adulta mayor.

Si bien la presencia de bajas relaciones de dependencia marca un hecho positivo, se han formulado ciertas reservas acerca de pecar de un optimismo desmedrado: para que exista una relación de dependencia efectivamente favorable, debe enfrentarse con éxito la demanda de empleos de una población activa creciente. Un país con una población desocupada importante conduciría a una relación de dependencia real elevada y la estructura demográfica favorable estaría dependiendo de la capacidad del mercado laboral para absorber una creciente demanda de empleos.

Otro elemento a considerar es lo que ocurre al interior de los países en que el bono demográfico beneficia especialmente a los hogares de clase media y alta, que son los que han presentado una mayor baja de la fecundidad. Mientras tanto, para que los sectores pobres sean beneficiados (y se incorporen a las nuevas conductas demográficas), deberán implantarse políticas de redistribución del ingreso, que aseguren que toda la sociedad usufructúe de la liberación de recursos que implique la baja relación de dependencia (Chackiel, 2004).

Para determinar la etapa del bono demográfico (BD) se recurre al índice de dependencia total (IDT), que mide la relación de niños/adolescentes y adultos mayores (menores de 15 años y mayores de 65) con respecto a la población en edades activas (entre 15 y 65 años de edad). El IDT en Argentina aumentó de 53% en 1950 a 66% en 1990, cambió su tendencia declinando a 55% en 2010 y se mantendría relativamente estable hasta 2040. A partir de entonces se retoma la tendencia creciente llegando a 61% en 2050 y potencialmente a 72% en el año 2100 (Gráfico 12).

Gráfico 12. El bono demográfico. Índice de Dependencia Total

(Población <15 y >65 / 15-64). Años 1950-2100


Fuente: Elaboración propia.

Si se establece arbitrariamente un valor máximo para el IDT de 60% (es decir con seis personas en edades inactivas por cada diez en edades activas), la “ventana de oportunidad demográfica” (VOD) abarcaría las cuatro décadas que van de 2005 a 2045.

Alternativamente, si se adoptase un valor máximo para el IDT de 66% (es decir con dos personas en edades inactivas por cada tres en edades activas), el período de VOD (en que el IDT se mantiene por debajo) abarcaría las siete décadas que van de 1990 a 2060.

También se estima la evolución del IDT considerando grupos de edades activas alternativos:


  1. desde los 20 años hasta los 65 años [(<20 + >65)/20-64], los valores son superiores pero con la misma tendencia: se mantiene cerca de 75 entre los años 2010 y 2040, para crecer gradualmente hasta alcanzar 92 en 2100.

  2. desde los 15 hasta los 60 años [(<15 + >60)/15-59], los valores son intermedios (más cercano al caso base) pero con la misma tendencia: se mantiene alrededor de 65 entre los años 2010 y 2030, para crecer gradualmente hasta alcanzar 91 en 2100.18

En la literatura suele mencionarse como sinónimo el “bono demográfico” (BD) y la VOD. Sin embargo, reconociendo que no hay una mediad exacta del inicio y del fin del BD, Gragnolati et al. (2011), siguiendo trabajos de CEPAL (2008) y Banco Mundial (2011), consideran que el BD comienza con la declinación del IDT hasta alcanzar el nivel arbitrario elegido, para luego continuar con la VOD antes definida. En esa visión el BD puede separarse en tres etapas: la declinación del IDT hasta alcanzar el nivel arbitrario elegido, la declinación del IDT por debajo del nivel elegido y, por último, el aumento del IDT mientras se mantenga por debajo del nivel elegido.

La comparación del proceso demográfico argentino con otras experiencias internacionales que se desarrolla a continuación con tres grupos de países seleccionados, de la región (Brasil, Chile y Uruguay y México), de mayor desarrollo (Alemania, España, Italia y Japón) y emergentes de menor desarrollo (China, Corea del Sur y Tailandia), permitirá apreciar diferencias y similitudes, pero también las limitaciones del indicador establecido. El análisis se centra sobre la evolución del IDT [(<15 + >65)/15-64] y la consecuente aparición del BD, aunque en todos los casos, dicha evolución depende de combinaciones de tendencias pasadas y proyectadas sobre mortalidad, fecundidad y migración internacional que aquí se omiten tratar en detalle19. A efectos de la comparación se considerarán tres variables: el año de inicio, la duración de cada etapa y la “profundidad” (máxima distancia alcanzada desde el valor de IDT al momento de comenzar a declinar o el límite establecido en 60% hasta el mínimo valor alcanzado).20

En el contexto latinoamericano, el caso argentino es muy similar al uruguayo (ambos con tempranos descensos de fecundidad), con BD más tardío, de menor duración y menos profundo que Chile y Brasil, en tanto que México queda en una situación intermedia (debido a su descenso de fecundidad más rápido y tardío, con grandes “déficit” previo y posterior).

Gráfico 13. Índice de Dependencia Total (en %)

Países seleccionados de América Latina. Años 1950 - 2100


Fuente: Elaboración propia en base a Naciones Unidas (2013).

En el contexto de países de mayor desarrollo (P+D), el caso argentino es diferente, con un BD más tardío y de menor duración y profundidad. Los valores del IDT se acercan gradualmente al conjunto de P+D, pero se mantienen a distancia significativa de los tres países europeos seleccionados (Alemania, España e Italia), que presentan un comportamiento muy similar ya que alcanzaron niveles mucho más bajos de fecundidad y proyectan una gradual recuperación y aún más lejos de Japón, cuyo IDT a mediados de siglo alcanzaría valores próximos a 100%.

Gráfico 14. Índice de Dependencia Total (en %)

Países seleccionados de mayor desarrollo. Años 1950-2100


Fuente: Elaboración propia en base a Naciones Unidas (2013).

En el contexto de países de menor desarrollo (P-D), la evolución del IDT argentino es desde 1990 similar al conjunto de P-D (acompañando el gradual descenso de la fecundidad), aunque el BD es de menor duración. Comparado con los países emergentes asiáticos seleccionados (China, Corea del Sur y Tailandia) el BD es mucho menos significativo (profundo) y dos décadas más tardío.

Gráfico 15. Índice de Dependencia Total (en %)

Países seleccionados de menor desarrollo. Años 1950-2100


Fuente: Elaboración propia en base a Naciones Unidas (2011).

Resumiendo la comparación internacional, Argentina mantiene una evolución muy gradual del IDT, con una ventana de oportunidad y un bono demográfico caracterizados (en general) por un inicio más tardío, una duración menor o similar y una menor profundidad, sobre todo si se compara con los países más desarrollados o con los emergentes seleccionados de Asia y América Latina.

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ANEXO

Tabla A.1

Diferencias según sexo en la esperanza de vida al nacer. Mundo y regiones con distinto desarrollo. Años 1950-2010

Fuente: Elaboración propia en base a Naciones Unidas (2013).



Tabla A.2

Población total nacida en el extranjero por lugar de nacimiento, según sexo y grupos de edad. Argentina. Año 2010

Fuente: INDEC (2013).

Gráfico A.1

Población total. Argentina. Años 1950-2100

Fuente: Elaboración propia y Naciones Unidas (2013).



Gráfico A.2. Proporción de la población mayor de 65 años. Mundo y regiones con distinto desarrollo. Años 1950-2100

Fuente: Elaboración propia en base a Naciones Unidas (2013).



Gráfico A.3. Índice de dependencia total. Años 1950-2100

Población <15 y >65/15-64

Fuente: Elaboración propia en base a Naciones Unidas (2013).



Tabla A. 3. Resumen

Evolución del índice de dependencia total (IDT), ventana de oportunidad (VOD) y bono demográfico (BD). Años 1950-2100

Fuente: Elaboración propia en base a Naciones Unidas (2013).



** Trabajo presentado en el VI Congreso de la Asociación Latinoamericana de Población, realizado en Lima-Perú, del 12 al 15 de agosto de 2014.

Universidad de Buenos Aires (UBA) cgrushka@gmail.com

1 Una versión previa de este trabajo fue presentada al Banco Mundial como proyecto de investigación “Panorama demográfico en Argentina”, Buenos Aires, 2014.

2 Las proyecciones oficiales más recientes fueron preparadas de manera conjunta por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) y el Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía, División de Población (CELADE), aunque los criterios de publicación difieren, ya que mientras CELADE (2004) mantuvo la práctica de informar hasta el año 2050, INDEC (2004) lo hizo solo hasta el 2015 (para más detalles, ver Rofman, 2007).

3 Ver más detalles en Recuadro 1 (sección 2), el descenso de la mortalidad es menos acelerado y las estimaciones de migración implican saldos nulos en vez de levemente negativos.

4 Según Naciones Unidas (2013), en cambio, la población argentina llegaría a 51 millones en el año 2050 y se mantendría relativamente estable a continuación. Ver Gráfico A-1 en el Anexo.

5 Esta sección se basa principalmente en Grushka (2010)

6 Siguiendo el criterio de Naciones Unidas (2013), las regiones menos desarrolladas comprenden África, Asia (excluyendo Japón), América Latina y el Caribe y Melanesia, Micronesia y Polinesia (resto de Oceanía).

7 Las regiones más desarrolladas comprenden Europa, América del Norte, Australia/Nueva Zelanda y Japón.

8 Esta sección está basada principalmente en Pantelides y Moreno (2009) e INDEC (2013).

9 El predominio de las edades activas entre los inmigrantes dio origen a un “bono demográfico” que no será considerado en este trabajo.

10 Cabe señalar que la inmigración de países limítrofes a Argentina es de larga data. En 1869 esos inmigrantes representaban 20% de los extranjeros, proporción que alcanzó su nivel más bajo en 1914 (8,6%). A partir de 1947, la importancia relativa de los inmigrantes limítrofes en el conjunto de extranjeros residentes se incrementa de manera ininterrumpida (Ceva, 2006).

11 Por ejemplo, entre 1980 y 2010, los inmigrantes de origen italiano, quienes históricamente constituyeron la colectividad más numerosa en Argentina, se redujeron de 488 mil a 147 mil, y los españoles pasaron de 374 mil a 94 mil. La composición de los extranjeros en 2010 se presenta en la Tabla A.2 del Anexo.

12 De hecho, durante los noventa, Chile comienza a recibir inmigrantes regionales particularmente del Perú (Martínez, 2005).

13 En 2010, los peruanos residentes en la Argentina representan 29% de los inmigrantes provenientes de Paraguay, 46% de Bolivia y 82% de Chile, así como 11% del total de población extranjera oriunda de países del continente americano.

14 Argentina constituyó uno de los varios destinos migratorios del llamado éxodo peruano que tuvo lugar en la década de los noventa. La situación económica social del Perú y, particularmente, la violencia política experimentada en los años ochenta fueron aspectos clave de la masiva emigración (Cerrutti, 2005).

15 A partir de su implementación, todo nacional de un país bloque del MERCOSUR y Estados Asociados (Brasil, Paraguay, Uruguay, Bolivia, Chile, Perú, Venezuela, Colombia y Ecuador) puede obtener una residencia legal con la sola acreditación de su nacionalidad y la carencia de antecedentes. Al 31/12/07 habían regularizados 566 mil individuos, con 442 mil ya presentes al 17/04/06 (fecha de inicio). El 60% de los que iniciaron el trámite son de origen paraguayo, que junto con bolivianos y peruanos concentran 95% del total.

16 Para más detalles véase Maguid y Martínez (2008).

17 Para más detalles ver Gráfico A-2 del Anexo.

18 Véase Gráfico A-3 en el Anexo.

19 A efectos de lograr una mejor comparabilidad, los valores del IDT para Argentina surgen de Naciones Unidas (2013) y no coinciden estrictamente con los presentados previamente.

20 Para los detalles numéricos ver Tabla A.3 del Anexo.



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