Proverbios introducción sapienciales



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PROVERBIOS
Introducción

sapienciales

Los libros sapienciales forman uno de los grupos de libros bíblicos con perfil propio, netamente distinto de la literatura profética, de los cuerpos legales y de las obras narrativas. Cinco libros forman esta pentápolis de claras fronteras, esta especie de «pentateuco» sapiencial: Proverbios, Job, Eclesiastés (Qohelet), Eclesiástico (Ben Sirá) y Sabiduría. Como el Pentateuco invoca como autor o patrono a Moisés, así tres de estos libros invocan a Salomón como autor.

Un cierto parentesco liga a Job con el Eclesiastés como testigos y actores de una patética controversia sobre el sentido de la vida; por otro lado caminan Proverbios y Eclesiástico, mientras que Sabiduría es un enclave tardío en territorio griego.

El cuerpo sapiencial tiene indudable afinidad con nuestros refranes populares, aforismos cultos y textos didácticos. El propósito de la tarea sapiencial no es la enseñanza intelectual, ni el proponer una especie de catecismo ético, ni indagar el puesto de la vida humana en el orden cósmico. Más bien sería como una «oferta de sensatez», que no una imposición, como guía para todo ser humano.



PROVERBIOS

Forma del libro. Es la obra más típica del cuerpo sapiencial. Bajo el nombre genérico de «meshalim» –proverbios– acoge un conjunto de colecciones de enigmas, sentencias, aforismos, refranes, adagios e instrucciones de carácter ético y moralizante a través de los cuales se transmite una sabiduría popular acumulada durante siglos. Su presentación estimula el esfuerzo de comprensión del oyente o del lector: brevedad, carácter incisivo o enigmático y forma rítmica, al mismo tiempo que facilidad de retención en la memoria.

Las doctrinas o enseñanzas de esta antología tienen dos ejes principales, cada uno con dos polos opuestos: «sensato-necio» y «honrado-malvado». Los términos no son precisos: en el primero pueden entrar dotes naturales de inteligencia y perspicacia, conocimientos adquiridos o destreza en el obrar. Lo mismo podemos decir del segundo eje, que puede referirse a la integridad, la justicia o la inocencia. Estos dos ejes se cruzan, porque la sensatez tiene algo de ético, mientras que la maldad se considera insensata.


Época de composición y autoría del libro. Por su carácter anónimo y el tamaño minúsculo de sus unidades es imposible datar los proverbios. Su composición puede abarcar varios siglos. El prólogo y el epílogo serían obra del recopilador final y, por tanto, posteriores a las otras colecciones. Que Salomón diera impulso a esta corriente de proverbios puede ser realidad o pura leyenda. En realidad, el libro salta las fronteras y las épocas.
Mensaje de los Proverbios. La sensatez es una actividad artesana, atribuida al Dios creador y ofrecida al ser humano para que sea el artífice de su existencia, para que aprenda el sentido de la vida y dé sentido a su propia vida. Para ello, el joven inexperto necesita el apoyo de la experiencia ajena, plural y compartida, que cuaja en refranes, máximas y aforismos; algunos son propios de escuelas de maestros, otros, entregados a la libre circulación ciudadana. Dios está presente en este mundo sapiencial y ético de los Proverbios: posee la sabiduría y concede la sensatez al ser humano; con su aprobación y reprobación consolida el mundo ético.

De una «sabiduría a ras de tierra», el libro va ganando en altura hasta colocar en 8,22-31 a la Sabiduría personificada en la esfera celeste de sus orígenes. Aunque no es Dios ni una divinidad, procede de Dios y precede al mundo; posterior a Dios y anterior al universo, inferior a Dios y superior al mundo. El poeta la presenta como personaje que nace, aprende, actúa.

No se sigue que el poeta se refiera a un ser personal existente fuera del poema, pero con el correr del tiempo esa «sabiduría» tendrá un nombre, Jesucristo, «Sabiduría de Dios», como lo llama San Pablo (1 Cor 1,24).

PRIMERA COLECCIÓN1
Finalidad de los Proverbios2

11Proverbios de Salomón, hijo de David, rey de Israel,

2para adquirir sabiduría y educación,

para entender máximas inteligentes,



3para obtener una educación acertada:

justicia, derecho y rectitud,



4para enseñar sagacidad al incauto,

saber y reflexión al muchacho



5–lo escucha el sensato y aumenta el saber,

el inteligente adquiere destreza–,



6para entender proverbios y refranes,

máximas y enigmas.



7Respetar al Señor es el principio de la sabiduría;

los necios desprecian la sabiduría y la educación.



Consejos a los jóvenes3

8Hijo mío, escucha los avisos de tu padre,

no rechaces las enseñanzas de tu madre,



9pues serán hermosa diadema en tu cabeza

y collar en tu garganta.



10Hijo mío, si intentan engañarte

los pecadores, no lo permitas.



11Si te dicen: Ven con nosotros,

preparemos una trampa mortal

y acechemos al inocente sin motivo;

12nos lo tragaremos vivo, como el Abismo;

enterito, como a los que bajan a la tumba;



13obtendremos magníficas riquezas

y llenaremos nuestra casa de botín.



14Comparte tu suerte con nosotros,

tendremos una bolsa común,



15hijo mío, no los acompañes en su camino;

aparta tus pasos de su senda,



16porque sus pies corren a la maldad

y se apresuran a derramar sangre.



17Pero aunque no vale la pena poner una trampa

si la ven los pájaros,



18ellos se la tienden a sí mismos

y ponen su vida en peligro.



19Tal es la suerte de la codicia sin límite,

que quita la vida a su dueño.



Invitación a la Sabiduría

20La Sabiduría proclama por las calles,4

en las plazas levanta la voz;



21grita en lo más ruidoso de la ciudad,

y en las plazas públicas pregona:



22¿Hasta cuándo, inmaduros, amarán la inmadurez,

y ustedes, insolentes, vivirán en la insolencia,

y ustedes, necios, odiarán el saber?

23Presten atención a mis correcciones,

y les abriré el corazón comunicándoles mis palabras.

24Los llamé y no quisieron oírme;

extendí la mano, y no me hicieron caso;

25rechazaron mis consejos,

no aceptaron mi corrección;

26pues yo me reiré de su desgracia,

me burlaré cuando estén muertos de miedo.

27Cuando los alcance como tormenta el terror,

cuando les llegue como huracán la desgracia,

cuando los sorprenda la angustia y el sufrimiento,

28entonces llamarán, y no los escucharé;

me buscarán, y no me encontrarán.

29Porque aborrecieron el saber

y no escogieron el respeto del Señor;

30no aceptaron mis consejos,

despreciaron mis advertencias;

31comerán el fruto de su conducta,

y se saciarán de sus planes.

32La rebeldía da muerte a los irreflexivos,

la despreocupación acaba con los imprudentes;

33pero el que me obedece vivirá tranquilo,

seguro y sin temer mal alguno.

Discurso del maestro5

21Hijo mío, si aceptas mis palabras

y conservas mis mandatos,



2escuchando a la sabiduría

y prestando atención a la prudencia;

3si invocas a la inteligencia

y llamas a la prudencia;

4si la procuras como el dinero

y la buscas como un tesoro,

5entonces comprenderás el respeto del Señor

y alcanzarás el conocimiento de Dios.

6Porque es el Señor quien da la sabiduría,

de su boca proceden saber e inteligencia;

7Él reserva su ayuda para los hombres rectos,

es escudo para el de conducta intachable,

8cuida el camino del derecho

y custodia la senda de sus fieles.

9Entonces comprenderás la justicia y el derecho,

la rectitud y toda conducta buena,

10porque entrará en tu mente la sabiduría

y sentirás gusto en el saber,

11la sagacidad te guardará,

la prudencia te protegerá

12para librarte del mal camino,

del hombre que habla perversamente,

13de los que abandonan el sendero recto

para seguir caminos tenebrosos,

14de los que gozan haciendo el mal

y se alegran de la perversión,

15siguen senderos torcidos

y sendas extraviadas;

16para librarte de la ramera,

de la prostituta que halaga con sus palabras,

17que abandonó al compañero de su juventud,

olvidó la alianza de su Dios;

18su casa se inclina hacia la muerte,

sus sendas hacia el país de las sombras;

19los que entran allí no retornan,

no alcanzan las sendas de la vida.

20Para que sigas el buen camino

y te mantengas en sendas honradas,

21porque los rectos habitarán la tierra

y los íntegros permanecerán en ella;

22mientras que los malvados serán expulsados de la tierra

y los traidores serán arrancados de ella.


31Hijo mío, no olvides mi enseñanza,

conserva en tu memoria mis preceptos,

2porque te darán muchos días,

y años de vida, y prosperidad;

3no permitas que te abandonen bondad y lealtad,

cuélgatelas al cuello,

escríbelas en la tablilla del corazón:

4alcanzarás favor y aceptación

de Dios y de los hombres.

5Confía en el Señor de todo corazón

y no te fíes de tu propia inteligencia;

6en todos tus caminos tenlo presente,

y él enderezará tus sendas.

7No te tengas por sabio,

respeta al Señor y evita el mal;

8ésa es la mejor medicina para tu cuerpo

y para tus huesos.

9Honra al Señor con tus riquezas,

con las primicias de todas tus cosechas,

10y tus graneros se colmarán de grano,

tus bodegas rebosarán de vino nuevo.

11No rechaces, hijo mío, el castigo del Señor,

no te enojes con su corrección,

12porque al que ama lo reprende el Señor,

como un padre al hijo querido.

Sabiduría y prudencia6

13Dichoso el hombre que alcanza sabiduría,

el hombre que adquiere inteligencia:

14es mejor mercancía que la plata,

produce más rentas que el oro,

15es más valiosa que los corales,

no se le compara joya alguna;

16en su mano derecha trae largos años,

en la izquierda honor y riqueza;

17sus caminos son deliciosos

y sus sendas son tranquilas,

18es árbol de vida para los que la agarran,

son dichosos los que la retienen.

19El Señor cimentó la tierra con sabiduría

y estableció el cielo con inteligencia;

20con su saber brotan los océanos

y las nubes destilan rocío.

21Hijo mío, no las pierdas de vista,

conserva la prudencia y la reflexión:

22serán vida para tu alma

y adorno para tu cuello;

23seguirás tranquilo tu camino

sin que tropiecen tus pies,

24te acostarás sin alarmas,

te acostarás y el sueño te será dulce,

25no te asustará el terror imprevisto

ni la desgracia que cae sobre el malvado.

26Porque el Señor se pondrá a tu lado

y librará tu pie de la trampa.

Deberes con el prójimo7

27No niegues un favor a quien lo necesita

si está en tu mano hacérselo.

28Si tienes, no digas al prójimo:

Regresa otro día, mañana te lo daré.

29No trames daños contra tu prójimo

mientras vive confiado contigo.

30No lleves a juicio a nadie sin motivo

cuando él no te ha hecho daño.

31No envidies al violento

ni elijas ninguno de sus caminos.

32Porque el Señor aborrece al perverso,

pero se confía a los hombres rectos;

33el Señor maldice la casa del malvado

y bendice la morada del honrado;

34se burla de los insolentes,

pero trata con bondad a los humildes;

35otorga honor a los sabios

y reserva deshonra para los necios.

La tradición8

41Escuchen, hijos, la corrección paterna;

pongan atención, para aprender prudencia;

2les enseño una buena doctrina,

no abandonen mi enseñanza.

3Yo también fui hijo de mi padre,

tierno y preferido de mi madre.

4Él me instruía así: Conserva mis palabras en la memoria,

guarda mis preceptos y vivirás;

5adquiere sabiduría, adquiere inteligencia,

no la olvides, no te apartes de mis consejos;

6no la abandones, y te guardará;

ámala, y te protegerá.

7El principio de la sabiduría es: Adquiere sabiduría,

gasta tu fortuna en adquirir prudencia;

8estímala, y te hará noble;

abrázala, y te hará rico;

9pondrá en tu cabeza una diadema hermosa,

te ceñirá una espléndida corona.



Los dos caminos9

10Escucha, hijo mío, recibe mis palabras,

y se alargarán los años de tu vida:

11Te instruyo sobre el camino de la sabiduría,

te encamino por la senda recta.

12Al caminar no serán torpes tus pasos;

al correr no tropezarás.

13Agárrate a la instrucción, no la sueltes;

consérvala, porque ella es tu vida.

14No entres por el sendero de los malvados,

no pises el camino de los perversos;

15evítalo, no lo atravieses;

apártate de él y sigue.

16No duermen si no cometen crímenes,

pierden el sueño si no hacen caer a alguien,

17comen la maldad como pan

y beben violencias como vino.

18La senda de los honrados brilla como la aurora,

se va esclareciendo hasta pleno día;

19el camino de los malvados es tenebroso,

no saben dónde tropezarán.

El buen camino10

20Hijo mío, atiende a mis palabras,

escucha mis consejos:

21que no se aparten de tus ojos,

guárdalos dentro del corazón;

22porque son vida para el que los sigue,

son salud para su cuerpo.

23Por encima de todo guarda tu corazón,

porque de él brota la vida.

24Aparta de ti la lengua tramposa

y aleja de ti los labios falsos;

25que tus ojos miren de frente

y tus pupilas se dirijan hacia adelante.

26Fíjate bien dónde pones tus pies,

que todos tus caminos sean seguros,

27no te desvíes a derecha ni a izquierda,

aparta tus pasos del mal.
51Hijo mío, haz caso de mi experiencia,

pon atención a mi inteligencia:

2así sabrás ser discreto

y tus labios guardarán el saber.



La ramera11

3Los labios de la ramera destilan miel

y su paladar es más suave que el aceite;

4pero al final es más amarga que el ajenjo

y más cortante que puñal de doble filo;

5sus pies bajan a la Muerte

y sus pasos se dirigen al Abismo;

6no sigue el camino de la vida,

sus sendas se extravían sin que se dé cuenta.

7Por tanto, hijos, escúchenme

y no se aparten de mis consejos:

8aleja de ella tu camino

y no te acerques a la puerta de su casa,

9no vayas a dar a extraños tu honor

ni tu dignidad a gente despiadada;

10no se sacien con tu vigor gente extraña

y tus fatigas vayan a parar en casa de un desconocido.

11Gemirás cuando te llegue el desenlace

y se consuma la carne del cuerpo.

12Entonces dirás: ¿Por qué aborrecí la corrección

y mi corazón despreció la reprimenda?

13¿Por qué no hice caso a mis maestros

ni presté oído a mis educadores?

14Por poco llego al colmo de la desgracia,

en medio de la asamblea reunida.

Gozo del matrimonio12

15Bebe agua de tu propia fuente,

bebe a chorros de tu pozo.

16No derrames por la calle tu manantial

ni tus arroyos por las plazas;

17sean para ti solo,

sin compartirlos con extraños.

18Sea tu fuente bendita,

goza con la esposa de tu juventud:

19cierva querida, gacela hermosa,

que siempre te embriaguen sus caricias,

que constantemente te deleite su amor.

20¿Por qué, hijo mío, te ha de deleitar la ramera

o has de estrechar el seno de la extraña?

21Los caminos humanos están bajo la mirada de Dios,

él vigila todas sus sendas.

22Sus propias culpas enredan al malvado

y queda preso en las redes de su pecado;

23muere por falta de corrección,

su enorme insensatez lo perderá.



Fianza13

61Hijo mío, si has salido fiador de tu vecino

dando la mano a un extranjero,

2si te has enredado con tus palabras

o has quedado atrapado por la boca,

3haz lo siguiente, hijo mío, para librarte,

pues saliste responsable por tu vecino,

caíste en poder de tu vecino:

ve, insiste, acosa a tu vecino,

4no concedas sueño a tus ojos

ni reposo a tus pupilas;

5líbrate como gacela del cazador

o como pájaro de la trampa.



Pereza14

6Mira a la hormiga, perezoso,

observa sus costumbres y aprende;

7aunque no tiene jefe,

ni capataz, ni gobernante,

8acumula grano en verano

y reúne provisiones durante la cosecha.

9¿Hasta cuándo dormirás, perezoso?,

¿cuándo sacudirás el sueño?

10Un rato duermes, un rato das cabezadas,

un rato cruzas los brazos y descansas

11y te llega la pobreza del vagabundo

y la miseria del mendigo.

El perverso15

12Un hombre malvado, un individuo perverso,

camina contando mentiras,

13guiñando un ojo, sacudiendo los pies,

señalando con el dedo;

14en su corazón depravado planea maldades

siempre sembrando discordias,

15por eso de repente le llegará la perdición,

se quebrará de improviso y sin remedio.

Siete cosas16

16Seis cosas detesta el Señor

y la séptima la aborrece de corazón:

17ojos soberbios, lengua mentirosa,

manos que derraman sangre inocente,

18corazón que maquina planes malvados,

pies que corren para la maldad,

19testigo falso y mentiroso

y el que provoca peleas entre hermanos.

20Guarda, hijo mío, los consejos de tu padre

y no rechaces la enseñanza de tu madre,

21llévalos siempre atados al corazón

y cuélgatelos al cuello:

22cuando camines, te guiarán;

cuando descanses, te guardarán;

cuando despiertes, hablarán contigo.

23Porque el consejo es lámpara y la enseñanza es luz

y es camino de vida la instrucción que corrige.

24Te guardarán de la mala mujer,

de la lengua seductora de la ramera.

25Que tu corazón no codicie su belleza

ni te dejes prender por sus miradas.

26Si la ramera busca un pedazo de pan,

la casada anda a la pesca de una vida lujosa.

27¿Podrá uno llevar fuego en el pecho

sin que se le queme la ropa?

28¿Podrá uno caminar sobre brasas

sin quemarse los pies?

29Pues lo mismo el que se junta con la mujer del prójimo,

no quedará sin castigo el que la toque.

30¿No se desprecia al ladrón que roba

para calmar su hambre?

31Si lo sorprenden, pagará siete veces más,

y aún tendrá que dar toda su fortuna.



32Pues el adúltero es hombre sin juicio,

obrando así se arruina a sí mismo:

33recibirá golpes e insultos

y su deshonra no se borrará.

34Porque los celos enfurecen al marido

y no perdonará el día de la venganza,

35no aceptará ninguna compensación

ni la querrá aunque aumentes la oferta.



La seducción17

71Hijo mío, conserva mis palabras

y guárdate mis mandatos,

2conserva mis mandatos y vivirás,

que mi enseñanza sea como la niña de los ojos;

3átalos a los dedos,

escríbelos en la tablilla del corazón.

4Di a la Sabiduría: Eres mi hermana,

y llama amiga a la prudencia,

5para que te cuide de la ramera,

de la prostituta de palabra seductora:

6Estaba yo a la ventana de mi casa,

asomado a la reja,

7mirando a unos jóvenes sin experiencia

cuando distinguí entre ellos a uno sin juicio,

8pasaba por la calle, junto a la esquina

y se dirigía a la casa de ella;

9era la hora del crepúsculo,

era plena noche y oscura.

10Una mujer le sale al encuentro,

vestida como ramera, astuta, envuelta en un velo,

11atrevida y seductora,

sus pies no saben estarse en casa:

12ahora en la calle, luego en la plaza,

acechando en todas las esquinas.

13Lo agarra y lo besa

y con todo descaro le dice:

14He preparado un banquete

porque hoy he cumplido mi promesa;

15por eso he salido a tu encuentro

ansiosa de verte, y te he encontrado.

16He cubierto la cama con colchas,

he extendido sábanas de Egipto,

17he perfumado la alcoba

con mirra, áloe y canela.

18Ven, vamos a embriagarnos de caricias,

a saciarnos de amores;

19porque mi marido no está en casa,

ha emprendido un largo viaje,

20tomó la bolsa del dinero

y hasta la luna llena no vuelve.

21Con tantos discursos lo seduce,

lo atrae con sus dulces labios,

22y el infeliz se va detrás de ella

como buey llevado al matadero,

como ciervo que se enreda en el lazo,

23hasta que una flecha le desgarra el corazón,

como pájaro que vuela a la trampa

sin saber que le costará la vida.

24Y ahora, hijos míos, escúchenme,

pongan atención a mis consejos,

25no se extravíe tras ella tu corazón,

no te pierdas por sus sendas,

26porque ella ha asesinado a muchos,

sus víctimas son innumerables,

27su casa es un camino hacia el Abismo,

una bajada a la morada de la muerte.




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