Prioridades versus reformas



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LO MEJOR DEL DOMINGO


LA MEJOR COLUMNA

EL ESPECTADOR

PRIORIDADES VERSUS REFORMAS


Armando Montenegro

Los gobiernos, por lo general, priorizan sus acciones de acuerdo con sus diagnósticos sobre los problemas más sentidos de la sociedad.

Las áreas de acción se escogen, en ocasiones, por medio de la discusión pública (como el proceso de paz en la última campaña presidencial), las encuestas de opinión que revelan las principales preocupaciones de la gente (la seguridad en las ciudades en la actualidad) y ciertos diagnósticos internacionales que muestran las desventajas relativas de los países frente a sus competidores.

Uno de estos instrumentos es el llamado Índice de Competitividad Global (ICG), que compara 140 países en numerosos aspectos clave relacionados con el crecimiento y el desarrollo económico. Según este índice, Colombia ocupa el puesto 61, con algún progreso en el último año.

Según el ICG, lo peor de Colombia son sus instituciones: logran apenas el puesto 114. Colombia tiene el lugar 135 en el costo del terrorismo para los negocios; 135 en nivel del crimen organizado; 132 en el costo del crimen y violencia; 131 en confianza pública en sus políticos; 131 en desviación de fondos públicos; 115 en favoritismo en las decisiones del Gobierno y 114 en independencia de la justicia.

Otra área en la cual Colombia está en la cola es la denominada “Eficiencia del mercado de bienes”. Allí se encuentra que sólo tres países tienen estructuras tributarias más dañinas que la colombiana (puesto 137). Sobresale también su marginación del comercio internacional. Colombia tiene una de las economías más cerradas del planeta. El país ocupa el puesto 132 en la variable que mide la relación entre sus exportaciones y el PIB (y 135 en la relación de importaciones al tamaño de su economía).

Como era de esperar, a Colombia no le va bien en infraestructura: tiene el puesto 84, con graves atrasos en materia de carreteras y trenes, con los puestos 126 y 106. También es vergonzoso el lugar de la calidad y cobertura de educación primaria (105 y 109, respectivamente).

Cuando se comparan estas calificaciones con la agenda de reformas del país, se encuentran varios aciertos. El proceso de paz con las Farc podría disminuir notablemente el terrorismo, la violencia y el crimen (quedaría pendiente la solución a los problemas relacionados con las Bacrim, las disidencias guerrilleras y otras formas de crimen organizado). Por su parte, el plan 4G intenta corregir el gran cuello de botella en el área de transporte. Asimismo, los ambiciosos programas educativos apuntan a eliminar el injustificable atraso de la educación básica.

También es positivo el hecho de que, con la entrega del esperado informe de los expertos, ya haya comenzado la discusión de la necesaria reforma tributaria estructural.

¿Qué queda faltando? En primer lugar, reformas profundas para reducir la corrupción, la debilidad de la justicia, la escasa calidad de la burocracia estatal y la representación política. Y, en segundo lugar, en materia económica, a pesar de que Colombia sufre hoy de una seria incapacidad para exportar bienes distintos a los commodities, poco se ha avanzado para reformar el funcionamiento de los mercados, modernizar el comercio internacional y las instituciones encargadas de la innovación y la competitividad. La ausencia de estas iniciativas seguirá siendo un lastre para la competitividad y el crecimiento del país en los próximos años.



ECONOMIA

EL ESPECTADOR

2016: EL DILEMA DE SANTOS


Luis Carvajal Basto

Cerrar las negociaciones con las FARC será un logro que puede cambiar las agendas. Pero el entorno internacional no invita al optimismo sobre la economía. El gobierno deberá maniobrar al extremo.

Pese al éxito previsible de las negociaciones con las FARC, este 2016 se perfila como el año más complejo durante los gobiernos Santos. La coyuntura mundial es la peor desde la crisis de 2008 y la caída en los precios del petróleo, que ha disparado dólar e inflación, afectado el crecimiento y puesto en jaque las finanzas públicas, es una consecuencia de ella sobre la que tenemos escasa injerencia.

El asunto a nivel mundial es tan complicado que se discute si no hemos salido de la de 2008 o estamos ante una nueva recesión. En Estados Unidos, ante las últimas cifras, será difícil que la Reserva Federal siga subiendo sus tasas de interés. Los bajos precios del petróleo, sorpresivamente, no han promovido el esperado aumento de la demanda, y la inflación se ha estacionado en un 0.7%.En las dos primeras semanas del año la bolsa cayó casi un 9%.El fortalecimiento del dólar no deja despegar sus exportaciones.

Mientras tanto el Banco Central Europeo, al reconocer que “las condiciones han empeorado” ha decidido mantener sus programas de compras de bonos y activos a los gobiernos y tasas de interés cercanas a cero. También en Europa siguen cayendo las bolsas y se empieza a hablar de deflación.

La desaceleración China, asociada a la caída en los precios de materias primas y petróleo, podría ser más grave de lo que se conoce: el multimillonario y filántropo George Soros se atrevió a decir la semana anterior que el crecimiento Chino es del 3.5% y no del 6.8% “como afirman las cifras oficiales”. Muchos empiezan a cuestionar allí la “intromisión” del FMI en el manejo de cifras, al afirmar que antes no existían tantos problemas. Todos coinciden en que esa entidad se debe reestructurar reconociendo a Europa y los países emergentes mayor peso en sus decisiones y administración.

En Colombia no hemos escapado a las turbulencias. El crecimiento en 2015 descendió desde un 4.6%, a un 3.0- 3.2%, no tan negativo comparado con América Latina, que decrecerá hasta un -0.3%.Nuestros problemas están en el control de una inflación, muy influenciada por el dólar, sin precedentes en el pasado reciente, y el déficit de las finanzas públicas, ambos ocasionados por la caída de los ingresos petroleros y por tanto emparentados con el difícil escenario mundial.

Aunque el Presidente aclaró el viernes que reforma tributaria y aumento del IVA no tendrán lugar en 2016, queda la duda de la manera en que vamos a sobreaguar mientras suben los precios del petróleo o somos capaces de dinamizar industria y agricultura que, ante el encarecimiento de las importaciones, ya mostraron cifras interesantes en el tercer trimestre de 2015.

La semana anterior Moody’s, una de las más importantes calificadoras de riesgo, recordaba el impacto por la caída en los ingresos petroleros y los problemas que tendrá el gobierno para cumplir con la regla fiscal, anticipando un año de dificultades.

La experiencia internacional ante la crisis debe ser de utilidad para el gobierno y las autoridades monetarias a los que, de repente, les cambió el panorama. Estados Unidos pudo salir, en principio, aumentando gasto público e inversión y manteniendo bajas las tasas de interés. Europa, un poco más tarde, ha terminado haciendo lo mismo. ¿Funcionará que en Colombia hagamos lo contrario?

Puesto, por las circunstancias, ante el dilema de cumplir estrictamente con la regla fiscal o mantener y aumentar el gasto y estimular la demanda, el gobierno no se puede detener. Los programas de infraestructura deben continuar y, de ser necesario, extenderse si la cosa se pone más difícil. Al finalizar esta semana estarán Picketty y Stiglitz en Cartagena: si alguien pregunta van a aconsejar lo mismo.

Posdata: Es por lo menos curioso que en el Foro Económico Mundial de Davos el tema central sea la cuarta revolución industrial, cuando no hemos agotado la tercera, y teniendo en las narices la tremenda crisis que empezó en 2008 y todavía no termina. 



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