Primer seminario regional



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      1. La reproducción de la burguesía

Tal como señaláramos en el capítulo I. 2, hablar de la reproducción de la burguesía es hablar de la reproducción del capital. En tal sentido, por momentos se confunde esta problemática con la problemática global del desarrollo del capital y de otras relaciones de explotación a él articuladas. Sin embargo, destacaremos algunos puntos que tienden a identificar a los sujetos reales del capital: las fracciones de la burguesía.

Para especificar este enfoque es necesario presentar algunas hipótesis de trabajo que implican privilegiar unas vías de investigación sobre otras. Partimos de que el conjunto de la región (particularmente Centroamérica), vivió desde la posguerra hasta mediados de los años ’70, un proceso de crecimiento económico y de modernización del proceso productivo significativos. Esto estuvo asociado con la incorporación de nuevos productos de exportación (algodón, carne, azúcar) y la dinamización del café, así como por los efectos del Mercado Común Centroamericano, y acompañado por el desarrollo de la infraestructura de caminos, transportes y energía, tanto como por un proceso de urbanización y consiguiente expansión del comercio y los servicios. En una primera aproximación diríamos que este proceso no sólo incorporó al conjunto de la burguesía por entonces existente, sino que “aburguesó” a sectores terratenientes y de las capas medias. La burguesía en su conjunto creció en extensión y en profundidad, si bien se produjeron en su interior ritmos diferenciados de crecimiento y tendencias a la centralización del capital. Por el contrario, los sectores golpeados por este desarrollo de las fuerzas productivas fueron los principales grupos populares (el campesinado pobre, el artesanado urbano, el semi-proletariado), sobre los cuales se ejercieron presiones que los llevaron al desplazamiento (artesanado) o a la reinserción (semi-proletariados rural y urbano). Desde mediados de los años ’70 se observan tendencias a la crisis, observable en fuertes incrementos de la deuda externa, la crisis del MCCA, el deterioro creciente del sector externo ligado al reordenamiento del sistema mundial (precios del petróleo, precios de los productos primarios producidos en la región en relación a los precios de los productos industriales importados, etc.). Esto abre, en el conjunto de la región, una situación de búsqueda de nuevas alternativas en el seno de las burguesías de cada país, en el contexto de luchas sociales donde los sectores populares ganan terreno aunque no siempre puedan definir la situación de poder a su favor. En cualquier caso, la acumulación del capital privado bajo el paraguas de los estados capitalistas se dificulta, y la fuga creciente de capitales dramatiza la imposibilidad de la burguesía de encontrar nuevas salidas para su desarrollo.

Sobre esta base donde privilegiamos los elementos económicos, por la naturaleza parcial de la investigación pero no por adoptar una concepción economicista, entendemos que un estudio regional acerca de la problemática de la reproducción/transformación del capital privado, debería considerar, entre otros, los siguientes aspectos:


  1. Características de la crisis actual en las diversas sociedades de la región. Aspectos económicos y aspectos políticos. Efectos diferenciales sobre las diversas fracciones de la burguesía.

  2. Las estrategias diferenciales adoptadas por dichas fracciones respecto a la articulación con el mercado externo/interno, a la competencia con otros capitales y con relación a los mecanismos de explotación de los propios trabajadores. Esto incluye aspectos tales como: nuevas combinaciones del capital (interpenetración, diversificación, integración vertical, asociación con el capital extranjero, etc.), adopción de nuevas tecnologías; nuevos mecanismos o modalidades de explotación del trabajo ajeno; mecanismos de liquidación y fuga de capitales; nuevas articulaciones con otras formas de producción, etc.

  3. Los comportamientos corporativos y políticos de las diversas fracciones de la burguesía. Los diversos proyectos sociales para mantener la hegemonía o la dictadura de clase.

  4. Las propuestas de política económica del Estado, particularizando para los diversos instrumentos disponibles. Esto incluye las posiciones respecto a procesos como el de Reforma Agraria; apertura/proteccionismo del mercado interno; inserción en el mercado mundial, políticas de alianzas, etc.

Con estos elementos se intentaría reconstruir los elementos subjetivos de la estrategia burguesa para sostener su reproducción como clase. Sin embargo, sería insuficiente esto si no se completara con un análisis de las posibilidades objetivas que la base económica –en el contexto de la crisis del sistema mundial- y la coyuntura de las luchas sociales, le brindan a una u otra variante estratégica. Desde la perspectiva de un proyecto popular, el conocimiento detallado de las contradicciones secundarias que se han acumulado en esta coyuntura, así como de su jerarquización desde una perspectiva política es crucial, y a ello deberá estar orientado el análisis que se realice.

En el caso particular de las sociedades que están en un proceso de transición, con un Estado Revolucionario, tal problemática aparece en la discusión acerca del significado concreto que tiene la nueva “economía mixta”, lo que requiere evaluar objetivamente las contradicciones que implica mantener a la burguesía como agente controlador de importantes medios de producción pero subordinado a los objetivos de proyecto popular. Particular importancia en este contexto tendrá el análisis de las políticas económicas y de propiedad alternativas, y de sus efectos sobre la reproducción de las diversas formas del capital, y por lo tanto, de las bases materiales de la burguesía en el interior de estos procesos revolucionarios. Un aspecto que no debería ser descuidado en estos casos es el determinar hasta qué punto puede caracterizarse a las burguesías de esta región como meras acumuladoras de capital, tratando sus posibilidades de consumo suntuario como un aspecto subordinado. En otros términos, hasta qué punto puede proponerse la reproducción de una burguesía productora pero no consumidora (a través de las políticas de austeridad que generalmente deben imponerse en estas coyunturas), cuya única vía legitimada de utilización del excedente que se apropia fuera la reinversión productiva.



    1. Modelo de Acumulación y Reproducción Social

En lo que sigue intentaremos plantear los elementos básicos de una visión global que podría enmarcar el conjunto de investigaciones que se proponen en esta presentación. Para ello, desarrollaremos esquemáticamente dos instancias cruciales: la de la acumulación y la de la reproducción de la estructura social. Nuestra propuesta es que ambas cuestiones deben ser encaradas, pero con la primera incorporada como aspecto (de fundamental importancia) de la segunda, lo que implica, en definitiva, considerar lo económico como condición material para la transformación social, pero no como objetivo en sí mismo.

      1. La problemática de la acumulación

Cuando hablamos de acumulación nos estamos refiriendo al proceso de reproducción ampliada del capital, sea éste privado o estatal. Hablamos entonces de “valor que se valoriza” y se revierte como masa creciente y superior de fuerzas productivas bajo el control del capital. Y necesariamente lo planteamos a nivel global, puesto que a nivel de capitales particulares esta figura no siempre se aplica, dado que el capital social se descompone en capitales particulares que muchas veces representan sólo un momento parcial de este proceso global de acumulación.

En una sociedad capitalista, las posibilidades de ampliar la masa de bienes disponibles para la población en su conjunto, depende principalmente de la dinámica de acumulación del capital y de la extensión y profundización de su control sobre las fuerzas productivas. Ese es pues, el caso de nuestras sociedades en la región.

Para que haya acumulación es condición necesaria que exista un fondo de acumulación, que supone un proceso previo de valorización del capital (o bien un proceso de acumulación originaria), que a su vez supone la producción y circulación capitalista de mercancías. Sin embargo, no es condición suficiente puesto que debe asimismo darse el requisito adicional de que quienes detentan el control de dicho fondo de acumulación, encuentren ventajosa su reinversión productiva. Existen usos alternativos: el consumo suntuario, la inversión improductiva (que puede sin embargo posibilitar la apropiación de excedentes generados por otros capitales), o la detención del movimiento de circulación del capital-dinero (lo que sólo puede ser un estado temporal por la misma naturaleza del capital).

Si nos referimos específicamente al capital privado, deberá darse entonces una cantidad de condiciones para su acumulación:



  1. la continuada producción y circulación de mercancías, que depende de las condiciones materiales de producción mediatas e inmediatas (disponibilidad de fuerza de trabajo, de medios de producción, de medios de circulación material y social);

  2. la efectiva valorización del capital, que depende de las condiciones de explotación (generación de plus valor) y de la realización en el mercado del valor acrecentado;

  3. La existencia de oportunidades de inversión a una tasa esperada de ganancias, atractiva para el capital, así como de la capacidad real de obtener los recursos materiales adicionales que dicha inversión y expansión de la escala de producción requieren.

¿Cómo obtiene el capital las condiciones materiales para su reproducción ampliada? Una parte importante de los medios de producción la encuentra en el mercado interno, como resultado a su vez de procesos de producción comandados por otros capitales privados, por capitales estatales y por otras formas de producción (campesinos, artesanos, sector “informal”). Otra parte la encuentra en los mercados externos, adonde debe concurrir con divisas obtenidas en el mercado de cambios. Todas estas tienen el denominador común de ser provistas mercantilmente. Otra forma de obtención es la provisión colectiva de medios de producción por parte del Estado nacional (en forma totalmente gratuita, como es el caso de los canales de transporte, o subsidiada, como podría ser la provisión de ciertos insumos básicos producidos a pérdida por empresas estatales). En cuanto a la fuerza de trabajo, el capital la encuentra en el mercado, donde es llevada por sus portadores, los trabajadores asalariados, carentes de medios de consumo y producción propios en cantidades suficientes para ser independientes. Esta condición es reproducida tanto por unidades privadas (la familia) o comunales (la comunidad indígena) de subsistencia, como por aparatos colectivos del Estado (educación, salud, etc.), a través de lo que se suele denominar el consumo colectivo. Una parte está localizada en el ámbito territorial inmediato de la producción, y la otra migra estacionalmente de otras regiones o países.

Un capítulo especial merece la tierra como referencia genérica a las condiciones naturales no reproducibles a nivel global, condición necesaria para los procesos de producción agropecuaria y extractivos en particular. El acceso a la tierra por medio de su compra como cuasi-mercancía, o por medio del campesinado o, en algunos casos, con grupos étnicos completos.

En lo que hace a las condiciones de valorización, pasadas y esperadas, éstas dependen en gran medida de las condiciones inmediatas del proceso de trabajo, donde se define la explotación directa del trabajo por el capital, pero también en una trama más compleja de relaciones, donde la explotación responde a los mecanismos sintetizados bajo el título de la “plusvalía relativa”. La productividad del trabajo, por un lado, y el salario, por el otro, aparecen en esta problemática como factores fundamentales, si bien los otros costos de producción juegan un papel también importante. Si el salario está vinculado o no a la productividad, si depende o no de las condiciones de oferta y demanda del mercado de trabajo, del grado de organización de oferentes (sindicatos) y demandantes, etc., es una problemática bien conocida por los economistas. Por otro lado, la valorización se realiza solamente en la medida que la mercancía se coloque a precios adecuados en el mercado, y esto a su vez tiene determinantes macro-económicos varios: condiciones de la competencia; nivel y distribución del ingreso; masa de población nacional; grado de mercantilización de la satisfacción de necesidades –extensión del mercado interno-; condiciones de los mercados externos cuando a ellos va dirigida la producción, etc. Si se trata de medios de producción no exportados, estará ligado al desarrollo general de la producción nacional, como demandante de insumos y medios de trabajo.

Aún cuando configuremos una visión del proceso de acumulación como proceso global, no llegaremos a un grado suficiente de comprensión si no consideramos que el capital concreto es la multiplicidad de capitales particulares, entramados por las relaciones de competencia, de compraventa, de procesos de integración/centralización y de separación funcional (productivo, bancario, comercial), y recomposición posterior (financiero). Por ello, la acumulación global es un proceso contradictorio, donde unos capitales se desarrollan aceleradamente y otros son absorbidos o destruidos en el proceso. Entre capitales particulares se dan o posiciones de intereses: productores y usuarios de insumos; productores de medios de consumo popular y grandes demandantes de fuerza de trabajo no calificado; productores de exportables y productores de mercancías para el mercado interno; capital comercial de importación y capital productor de productos sustitutivos, etc. Asimismo, existe competencia dentro de cada rama por los mercados, y en general por condiciones de producción no reproducibles o relativamente escasas. Estas oposiciones generan tensiones que movilizan al conjunto de capitales, muchas veces resolviendo estas contradicciones mediante cambios de forma y adaptaciones que siempre responden en última instancia, al objetivo de la valorización sin límite. Las estrategias de los capitalistas particulares o de las fracciones de la burguesía pasan, en muchos casos, por una acumulación acelerada para desplazar otros capitales, aunque no siempre es ese el caso. También, en general, los capitales y sus personeros entablan una lucha continua contra las clases trabajadoras, explotadas en los procesos de producción mandados por el capital y/o a través de la circulación capitalista. Proletarios y campesinos, fragmentados por los mercados de trabajo y de productos en su mero funcionamiento económico, sólo comienzan a oponer una fuerza social a la fuerza del capital, cuando se constituyen como clase, a través de la organización y la toma de conciencia. Las estrategias de supervivencia de los trabajadores –a un nivel aún mayor de fragmentación: la familia y excepcionalmente la comunidad etno-campesina, cuya investigación proponemos más arriba, no pasan de ser un engranaje –importante por cierto- del mecanismo de reproducción ampliada del capital.



      1. Algunas Características del Modelo de Acumulación en la Región

Pero veamos algunas de las contradicciones del proceso de acumulación a nivel macro-social. Estamos en economías donde el capital se ha desarrollado históricamente en las actividades de circulación y de producción más ligadas al mercado externo. Las fracciones de la burguesía comercial (importación y exportación) fueron en muchos casos las primeras en desarrollarse. Las relaciones capitalistas de producción irrumpen fundamentalmente en la producción agro-exportadora y en la minería en algunos casos, y con ellas se desarrollan las fracciones correspondientes de la burguesía. El capital bancario, estrechamente ligado al internacional, se asocia con diversas actividades de producción, incluso a través de los mismos agentes sociales. El interés por el mercado interno que esta actividad genera, induce procesos de industrialización incipientes, apenas vitalizados por los intentos de integración económica, sin posibilitar el equivalente de una burguesía “nacional” relativamente fuerte en la mayoría de los países. La valorización del capital queda fundamentalmente ligada a los mercados externos y a sus fluctuaciones, en algunos casos con tendencias de los términos del intercambio, a decrecer en desmedro del país. Los límites externos a dicha valorización, hacen más necesario para el capital mantener las condiciones de explotación de la fuerza de trabajo y el mantenimiento de los productos campesinos a bajos precios, para facilitar su competitividad. También lo fuerzan a introducir nuevas tecnologías, pero sin transformaciones fundamentales en las ramas de producción, obteniendo los medios más modernos de producción por la vía de crecientes importaciones.

El mercado interno está fragmentado. Un mercado de medios de consumo popular, en buena medida satisfecho por la producción no capitalista de alimentos, y un mercado de consumo suntuario, satisfecho en base a importaciones directas o bien mediante el ensamble de bienes de consumo durables con un alto componente importado. Como dijimos, por su orientación al mercado externo, la valorización del capital en su conjunto no requiere de un desarrollo importante del mercado interno, pero, de proponérselo, debería ser por la vía de una mejora sensible en las condiciones de vida, por tanto, en los salarios de los trabajadores directos asalariados y en los precios de los alimentos producidos por el campesinado pobre y semi-proletarizado, y esto desbocaría la producción para la exportación, base principal de estas economías.

El estado mismo crece o se endeuda según varíen los gravámenes al comercio exterior, sin posibilidad de obtener ingresos comparables en un escuálido mercado interno. El capital financiero extrae e inyecta recursos siguiendo y acentuando el movimiento de las exportaciones. Cuando se da una crisis en la producción (por razones naturales, muchas veces), o en la realización de las exportaciones, esto paraliza, sin mediaciones, a las fracciones directamente involucradas, e indirectamente, a las actividades que las sustentan. La capacidad del Estado de regular la economía es adicionalmente reducida en estas condiciones, y sus funciones económicas no crecen al ritmo en que lo hacen las economías más dinámicas de América Latina.

En este modelo, si se dan períodos largos de bonanza del mercado exterior, las diversas fracciones de la burguesía pueden crecer en conjunto, sin contradicciones insuperables entre sí, siempre que puedan mantener a los sectores populares en condiciones casi invariables de explotación. Al mismo tiempo, esos períodos generan grandes masas de excedente que no pueden ser absorbidos por las mismas actividades en que se obtuvo, pues éstas no requieren ni posibilitan violentas revoluciones en sus fuerzas productivas a lo sumo representadas por obras de infraestructura (transporte, electrificación), y por otra parte comienzan a encontrar límites a su extensión, sea por la existencia de clases terratenientes o de campesinos no tan fácilmente desplazables, sea por el agotamiento efectivo de los recursos productivos no renovables. En estos momentos se incrementa el consumo suntuario, o incluso pueden gestarse intentos de industrialización y reforma agraria, pero no tienen éxito. La contradicción fundamental se expresa aquí muy claramente: mientras que el capital podría expandir las masas de bienes materiales y servicios para satisfacer las necesidades insatisfechas de la población, su misma lógica lo lleva a excluirlas del acceso a dichos bienes. Aún cuando fracciones en el estado, coyunturalmente intentaran utilizar la política económica para generar y proteger un mercado interno, esto no llega a generar una nueva dinámica auto-sostenida. A lo sumo, las fracciones regionales más beneficiadas por los mecanismos de la integración económica, pueden subsistir con algún peso, pero sin posibilidad de aspirar a la hegemonía en su país, pues su proyecto social no puede legitimarse sobre la base de la exclusión de las masas y la contradicción con las fracciones primordialmente agro-exportadoras.

El bloqueo al desarrollo capitalista acentúa los conflictos sociales, y en la escena política, se expresa crecientemente la crisis, que ahora se hace orgánica, de legitimidad.

Esta visión de la realidad capitalista en estos países, obviamente esquematizada para meramente ilustrar qué entendemos por un enfoque centrado en la problemática de la acumulación, tiene límites importantes como base para orientar el diseño de proyectos populares alternativos. Por ejemplo, puede llevar a la siguiente línea de razonamiento esta trama de contradicciones: la fundamental, entre el capital y el trabajo, y las secundarias, entre fracciones del capital, encuentran en el estado moderno una posibilidad de desplazamiento aparente. Se pugna por imponer determinadas variantes de política estatal (económica, de organización jurídica, etc.). Las diversas fracciones de la burguesía aspiran a controlar los aparatos de estado, apelando al consenso en una propuesta por la hegemonía, o bien directamente, por la forma más directa de la dictadura de clase. En nuestras sociedades, internamente desarticuladas, con una sociedad civil generalmente débil, estas contradicciones no pueden ser resueltas desde el estado como representante abstracto del “capital en general”. Si la trama de contradicciones bloquea el proceso de acumulación global del capital, la economía en su conjunto entra en crisis. Un capital que no acumula pierde su determinación esencial. El capital en general entra en contradicción con los capitales particulares. Para muchos, esta contradicción se resuelve si el Estado puede autonomizarse de las fracciones particulares, modernizarse y asumir la función de personificación del capital en general. La planificación centralizada de la economía podría suplir la anarquía de los capitales privados. El socialismo aparecería así como un verdadero proyecto de capitalismo de estado. Pero esta transformación en la calidad del capital no transformaría su esencia. La separación entre trabajadores directos y quienes disponen de los medios de producción subsistiría. Aún así, quedaría por resolverse la cuestión de las dificultades que enfrenta la acumulación en economías pequeñas, periféricas, en el seno de un sistema mundial capitalista, cuya dinámica, aún en medio de una crisis, seguiría imponiendo condiciones difíciles a la racionalidad de una acumulación nacional orientada a satisfacer las necesidades de las mayorías. Algunas cuestiones relativas a este tema, serán tratadas en el capítulo siguiente, pero algo podemos adelantar aquí.



      1. Los límites del modelo de acumulación para un proyecto popular

Estas economías no pueden ser sometidas a un proceso acelerado de industrialización, como vía para resolver las necesidades de las grandes mayorías. La base agro-exportadora no puede sustituirse fácilmente. Podrán completarse procesos, integrarse más orgánicamente subsistemas de producción y circulación, pero la base productiva seguirá siendo la misma, al menos durante una etapa bastante prolongada. En cualquier caso, toda transformación que quiera hacerse, requerirá un fondo de acumulación incrementado, o al menos mantenido y reorientado.

La vía de incrementar las exportaciones no es fácil al comienzo. Si le logra expropiar al gran capital privado y sustituirlo eficazmente por empresas estatales, el excedente allí generado sería ahora socializable con otra racionalidad social. Eso depende del cumplimiento de dos supuestos: que no empeoren los términos del intercambio en esa etapa, y que no haya pérdidas importantes en la eficiencia productiva de las explotaciones expropiadas. Lo primero puede ser imponderable, y lo segundo es difícil cuando se hereda un estado atrasado, sin cuadros técnicos suficientes al servicio del proyecto popular. Si se quiere mantener a la burguesía como mera administradora de sus propios recursos, expropiándole ganancias por medio de la política económica, puede esperarse un proceso de descapitalización (deterioro del capital fijo) para liquidar una parte del capital y en general, una fuga de capitales a la vez que una paralización de la inversión, pues iría contra la propia lógica del capital. Si se permite el mantenimiento de las ganancias del gran capital privado, sólo se logra acelerar la fuga de capitales mientras esperan por un cambio en la situación política, por el cual están presionando paralelamente.



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