Primer seminario regional



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La delimitación del sector presenta dificultades y es necesario elegir entre las tendencias excesivamente amplias y las restrictivas. El acceso a su definición puede plantearse desde varias perspectivas complementarias:


  1. En cuanto relaciones de producción que se establecen: existe autonomía en la organización del propio trabajo, no hay ni una dependencia ni una instancia externa que tenga posibilidad de decisión en este punto, aunque indirectamente determine niveles de intensidad y duración de la jornada, pero siempre mediatamente y por aceptación del sector.

Los mismos implementos de que puede constar la instalación productiva (en muchos casos móviles), son de propiedad familiar o del titular de la familia, en pocas ocasiones puede hablarse de un alquiler por la utilización de esos medios, dejando al margen la cuestión de la vivienda. Hay una identificación entre empresa y persona (como máximo entre empresa y familia). No existe una división entre propietario y trabajador. Sólo participan familiares no remunerados de forma asalariada. Carencia absoluta de contratación de fuerza de trabajo ajena.

  1. En cuanto a características materiales y técnicas de la actividad: Son actividades de muy escasa inversión material, predominando claramente el trabajo sobre otros insumos y medios de producción. Nivel muy bajo de tecnología y, consecuentemente, se necesitan conocimientos escasos, con baja formación general, que además se adquieren fuera de los canales formales de la educación oficial. Volúmenes de operaciones muy pequeños por explotación, este sector hace referencia a actividades cuyos productos, bienes o servicios, significan ingresos de poca relevancia, incapaces de generar excedentes.

  2. En cuanto a la actividad que desarrollan: Es aquí donde se hace más difícil establecer criterios que permitan una caracterización por la gran diversidad de actividades que cubre, y por ser precisamente una de sus características, la flexibilidad para cubrir necesidades que surgen, y la originalidad en la iniciativa para atender situaciones no previstas.

En cualquier caso, se hace necesaria una mayor concreción de los límites que separan al sector informal de otros sectores o clases afines, especialmente de otros sectores asalariados (por ejemplo, empleadas domésticas), del sector artesanal, del pequeño comerciante (integrado como pequeña burguesía o sector medio urbano), y del desocupado propiamente tal.

1.3.2.7. La Pequeña Burguesía.



Tres grupos principales se ubican dentro de esta fracción: a) el artesanado; b) el pequeño comercio; c) los técnicos y profesionales de ingresos bajos y medios (asalariados o independientes).

  1. Artesanado: Se trata de una actividad productiva con una inversión mínima o pequeña de capital; se emplea la capacidad de trabajo propia y la familiar; puede existir empleo de fuerza de trabajo asalariada extra-familiar, pero de manera esporádica o, si es permanente, no más de dos o tres personas. La tecnología disponible es reducida; los incrementos en la producción se llevan a cabo mediante la intensificación del empleo de la fuerza de trabajo, o ampliándola temporalmente. El acceso a crédito es reducido o nulo. La oferta tiende a subordinarse a la demanda. Actúan generalmente en ramas de consumo extendido y de naturaleza competitiva. Pero en sociedades donde la producción manufacturera está relativamente más desarrollada, ciertas ramas complementarias están en manos de un artesanado integrado de manera subordinada a la producción fabril: terminación de prendas de vestir, botonería y similares. En estos casos, la producción artesanal aparece diferenciada en dos grandes segmentos: una producción “atada” a la demanda formulada por la producción fabril, y una producción “libre”, dirigida hacia un mercado abierto.

  2. Pequeño Comercio: Opera en escala reducida y exclusivamente en las ventas al detalle. Presenta una dotación de activos reducida y ocupa exclusivamente al dueño y su familia. Constituye, pese a su reducido volumen unitario de operaciones, una de las vías principales –o tal vez la principal- de abastecimiento del consumo de la población urbana de muchas de las sociedades de la región.

Una identificación de esta capa de la pequeña burguesía exige tomar en cuenta elementos de índole variada. Sin pretender enumerarlos a todos –tarea imposible-, cabe aquí mencionar, entre los principales, las características técnicas y económicas de las unidades productivas; las modalidades concretas de articulación con la burguesía, el proletariado, el sub-proletariado y el sector informal dentro de los principales subsistemas de la economía, el tipo de mercados en que operan, las modalidades de relacionamiento con el área estatal de la economía, etc.

  1. Técnicos y Profesionales de Ingresos Bajos y Medios: La identificación básica proviene aquí de un cruce entre un criterio material (nivel de ingresos) y un criterio subjetivo (profesión u oficio). Resulta imposible de terminar de manera apriorística qué criterios tendrán mayor relevancia en unos casos o en otros. Evidencia fragmentaria y no sistemática permite plantear por vía de hipótesis que, dado el “alejamiento” de estas capas respecto del núcleo dinámico de la estructura productiva y, en todo caso, su inserción como fuerza de trabajo no productiva, las consideraciones de tipo ideológico en sentido lato (ideología profesional), diferenciaciones educativas y otras), podrían jugar aquí un papel mayor que en las otras capas de la pequeña burguesía.

1.3.3. Consideraciones Finales.

No es ocioso reiterar que la enunciación precedente no es “cerrada” ni en la identificación de las principales clases y fracciones, ni en sus características internas. Por otra parte, es conveniente insistir asimismo en que, como producto del modo en que el capitalismo se ha desarrollado en la región, no existe un carácter netamente excluyente entre muchas de las delimitaciones de clase formuladas en las páginas precedentes. Las fronteras entre el proletariado, el semi-proletariado, el sub-proletariado, el campesinado, el sector informal, no siempre son nítidas, y una proporción elevada de la fuerza de trabajo de la región, “circula” por varias de ellas, acumulándolas o articulándolas de maneras diversas y siempre complejas.

Parece evidente, por todo ello, que las consideraciones contenidas en esta parte del documento tienen un carácter marcadamente preliminar y se orientan, fundamentalmente, a encaminar la discusión y el trabajo hacia un conjunto mínimo de criterios comúnmente asumidos por los equipos de investigación.

Es conveniente enfatizar, finalmente, que el producto de la investigación, en lo que toca a esta sección, no será una mera descripción o inventario de todas y cada una de las clases, capas, fracciones de las sociedades de la región. Nuestro objetivo es la reconstitución de la estructura social, que es algo distinto a una sumatoria o yuxtaposición de sus elementos componentes, pero que no puede prescindir de la identificación de éstos.

Por lo tanto, esta parte de la investigación debería culminar en un análisis global, tanto del peso relativo de cada uno de esos “elementos” (burguesía, proletariado, campesinado, semi-proletariado, etc.), como de las organizaciones gremiales, reivindicativas, políticas y de otra índole en que se expresan, y de la dinámica que se genera en el seno de la estructura como un todo, y no ya de cada uno de los subsistemas, ramas o ámbitos espaciales de actividad.

Sin perjuicio de su integración al proyecto de investigación total, el análisis de la estructura de clases presenta una cierta autonomía y, como se ha visto, problemas metodológicos específicos. En consecuencia, quizás fuera de utilidad definir una estrategia de trabajo particular encaminada a dilucidar los problemas teórico-metodológicos suscitados, sin perjuicio del avance de la investigación. En tal sentido, podrían organizarse algunos seminarios específicos sobre este tema, donde los equipos de investigación debatirían con mayor detalle y extensión, todas las cuestiones pertinentes, sobre la base de resultados concretos obtenidos por investigaciones ya realizadas.

1.4 El Estado y la Economía Privada.

1.4.1. Antecedentes.

La articulación público/privado, estado/sociedad civil, es propia del capitalismo, y las modalidades en que se expresa están fuertemente determinadas por el grado de desarrollo de sus fuerzas productivas y por el nivel de la lucha de clases. Es decir, no se trata de un dato o una constante, sino del resultado de un complejo proceso de desarrollo que asume en América Central y El Caribe, algunos rasgos específicos.

Partimos de la hipótesis de que, desde la incorporación de la región al mercado capitalista internacional y a la dominación del imperialismo norteamericano (fines del siglo XIX), el estado actuó no sólo como el agente organizador de la sociedad, sino como el agente constitutivo de las clases dominantes. Junto con su papel de intermediarios privilegiados de la dominación extranjera, el control de aparato coactivo del estado permitió a ciertos grupos y fracciones, o simplemente familias –muchas veces sin inserción significativa en la esfera de la producción o la circulación-, erigirse en fuerza dominante nacional e iniciar, a partir de allí, un proceso exitoso de enriquecimiento y acumulación. Somoza, Trujillo, Carías, son sólo los nombres más rutilantes de un fenómeno más amplio. El prolongado control del poder estatal por las Fuerzas Armadas de Guatemala, y el desarrollo de políticas y acciones específicas en el campo financiero y económico, han permitido afirmar que existe un proceso similar en ese país, más bien de naturaleza corporativa, por oposición al carácter más familístico de los ejemplos anteriores.

1.4.2. Características del Estado Capitalista en la Región.

Ahora bien, esta forma de articular lo público y lo privado (aunque habría que preguntase hasta qué punto puede hablarse con propiedad de una separación clara entre uno y otro), es un producto del bajo grado de desarrollo del capitalismo en esas sociedades. Más exactamente, del hecho de que el carácter dominante del modo de producción capitalista, se conjuga con otras formas de producción que, desde el punto de vista cuantitativo, están más extendidas que aquél, aunque estén subordinadas. A medida que el capitalismo se va desarrollando, este carácter particularista y patrimonial del estado, genera contradicciones crecientes con las líneas de dinamismo de la economía. Desde esta perspectiva, se advierte una contradicción, a veces profunda, entre los grupos y fracciones que acumulan gracias a, o a partir de, su control del aparato estatal, y los que acumulan a partir de su posición en el mercado. En buena medida, las contradicciones que llevaron a término el régimen de 12 años del presidente Balaguer en la República Dominicana, se apoyaron sensiblemente en este tipo de cuestiones. De alguna manera, el tema parece haber estado presente asimismo en el proceso de alejamiento político de parte de la burguesía nicaragüense respecto del estado somocista, con posterioridad al terremoto de 1972.

Por otro lado, pero estrechamente ligado a lo anterior, la temprana “estatización” de las relaciones sociales en la región, es asimismo un efecto de la existencia de vastos sectores de la población subordinada (campesinado, artesanado, semi-proletariado, etc.) en vinculación directa con sus condiciones de producción y reproducción. La extracción del plus-producto de esta fuerza de trabajo supone entonces el ejercicio de diversas formas de coacción directa, restricción o privación de la libertad personal, manejos fraudulentos y similares, en los que el estado desempeña un papel fundamental. Desde la perspectiva de las clases populares, “lo privado” se configura plenamente con la desposesión del productor directo y su separación de un fondo de consumo familiar o personal –el trabajador “libre”-. El estado impulsa objetivamente este proceso, pero al mismo tiempo y en la medida en que el proceso de proletarización de la fuerza de trabajo evoluciona más lentamente que las necesidades de enriquecimiento y acumulación de los grupos dominantes, es necesaria la implementación de modalidades de compulsión político-institucional, ideológicas, etc. –en resumen, extraeconómicas- para la extracción del plus-producto.

Todos los elementos –y sin duda otros más- otorgan a la articulación entre el estado y la economía privada su carácter específico. Combina formas “tradicionales” y “modernas” de prácticas políticas y aparatos estatales, porque su base material ofrece una realidad similar: instituciones bancarias monopolistas privadas y estatales, junto a prácticas usureras de los comerciantes; expresiones capitalistas modernas de legislación financiera, junto a un aparato judicial ineficiente y atrasado, etc.

El imperialismo ha jugado un papel de relevancia manifiesta en la configuración de los estados de la región. No sólo en los momentos o etapas de inserción de las sociedades locales en la dominación capitalista internacional –el papel desempeñado por las invasiones norteamericanas a Cuba, Haití, República Dominicana, Nicaragua durante las tres primeras décadas del siglo-, sino también en etapas mucho más recientes. Por ejemplo, el re-despliegue industrial norteamericano hacia América Latina desde fines de la década de 1950 y principios de los ’60, fue acompañado por un proceso de “modernización” del aparato estatal periférico, tanto en lo represivo como en sus aparatos económicos: creación de oficinas o ministerios de planificación, mayor racionalidad en las prácticas burocráticas, modernización del aparato educativo, etc. Agencias especiales del gobierno norteamericano tuvieron y tienen, como una tarea importante, introducir mayor eficiencia y modernización en los estados de la región, AID entre otros.

1.4.3. Los Estados con Hegemonía Popular.

Lo anterior se refiere a la situación predominante en la actualidad. ¿Qué tipo de articulación se procesa o habrá de procesarse entre el estado y la economía privada en un proyecto alternativo con hegemonía popular? La interrogante condiciona desde el inicio las respuestas posibles, en cuanto supone que habrá de existir un sector económico privado, aunque no explicita qué tipo de sector privado: campesino, artesanal, mediana o gran empresa.

Sea como fuere, parece obvio que una estrategia de tipo alternativo, con hegemonía popular, implicará una ampliación y un cambio de calidad en el estado. No sólo porque será un estado de carácter popular, sino porque –derivadamente de ello- habrá de asumir tareas diferentes. En concreto, las transformaciones sociales habrán de llevarse a cabo a partir de la destrucción o sustancial transformación del estado capitalista dependiente y la edificación del nuevo estado, o la sustancial transformación del anterior, por un poder político que exprese fundamentalmente la hegemonía de las clases populares. En este sentido, el poder popular habrá de encontrar, sobre todo en las primeras etapas de la revolución, una expresión más nítida en el plano super-estructural, que en el de la estructura.

El nuevo contenido y las nuevas tareas del estado popular plantean una doble problemática en torno a su articulación con la sociedad. De un lado, la relación con el sector privado de la economía, su capacidad para conducir el movimiento de ese sector y de ampliar el ámbito de acción en el área social de la economía; su capacidad para definir tratamientos diferenciados según los diferentes grupos y fracciones en el sector privado, etc. Por otro lado, el complejo tema de la relación estado/organizaciones de masas, del cual depende en gran medida el carácter efectivamente popular y democrático del estado nuevo.

Esta segunda cuestión debería enfocarse tanto en su carácter político más general, cuanto en sus principales manifestaciones concretas: la relación entre la administración del sector social de la economía y las organizaciones sindicales; la articulación entre las organizaciones de pobladores, vecinos, etc., y las prácticas de abastecimiento, sanidad y similares; el tipo y niveles en que tiene lugar la participación de las organizaciones de masas, información, ejecución definición de las políticas, etc.

1.4.4. Algunas Cuestiones a Dilucidar.

En cualquiera de las situaciones fundamentales, un proyecto popular que pugna por desplazar a las clases dominantes, o un proyecto popular que se encuentra en la etapa de consolidación de su poder desde el estado, es evidente que el análisis de la estructura económica no puede reducirse a la economía privada para luego agregarle un apéndice sobre el área estatal. La imbricación de ambas esferas es muy fuerte y su lógica sólo se capta cuando centramos la atención en la problemática de la reproducción social en su conjunto.

El análisis de las “funciones económicas” del estado y su evolución reciente, en todo lo referido a la provisión de las condiciones generales para el desarrollo capitalista nacional e internacional, es un capítulo obligado. Ya hemos hecho referencia a estas cuestiones al tratar los subsistemas de producción y circulación, pero aquí debe recuperarse una visión de conjunto.

¿En qué medida el estado ha sido instrumento o agente activo en la incorporación de nuevas tierras al ámbito de valorización capitalista directamente, o bien a través de la subsunción formal de otras formas de producción?, ¿en qué medida la política de construcción de una infraestructura más moderna ha respondido a intereses particulares o a los intereses genéricos del capital?, ¿a través de qué procesos sociales del estado se ha hecho cargo de algunas condiciones de reproducción de la fuerza de trabajo?, ¿cuál es el peso de esta actividad en el proceso global de dicha reproducción?, ¿en qué medida estos estados han logrado cumplir la función de reguladores del ciclo económico y de amortiguadores de la dependencia del mercado mundial?, ¿qué fracciones de la burguesía han cifrado sus posibilidades de desarrollo en la cobertura del estado (y permanecen dependientes de él) y cuáles han optado por un estado limitado en sus funciones económicas y de regulación?

¿Cómo han evolucionado los aparatos de política económica y cuáles han sido las características y evolución de tales políticas? En particular, ¿en qué períodos se han desarrollado políticas reformistas, cuáles han sido sus condicionantes político-sociales y cuáles sus resultados?, ¿en qué medida se ha producido una simbiosis entre aparatos estatales y capitales privados, adoptando la forma jurídica de empresas mixtas o bien por la misma organicidad de las acciones?, ¿qué contradicciones sociales han llevado a situaciones de conflicto en que el estado ha debido adoptar una política consensual, aparentemente asumiendo banderas reivindicativas de los sectores populares?, ¿existe algún grado relevante de autonomía relativa del estado respecto a los intereses económicos de los grupos burgueses dominantes?

En general: ¿Cuál es el peso relativo del estado en la producción directa, en la provisión de condiciones materiales generales y en la regulación de la economía?

Siendo muchas, estas preguntas no darían respuesta al interrogante operativo fundamental desde la perspectiva de un proyecto popular, ¿cómo acumular fuerzas, desde el campo popular, contra las políticas adoptadas por el estado capitalista?, ¿cómo utilizar sus fisuras para hacer avanzar en el momento apropiado las reivindicaciones populares? Y en algún momento, ¿cómo asumir desde la situación de control de ciertos aparatos del estado, el diseño de políticas destinadas a lograr el fortalecimiento político del campo popular en el enfrentamiento con ciertas fracciones del capital nacional e internacional?

Dilucidar estas cuestiones requiere adoptar una actitud investigativa que supere la mera denuncia relativamente abstracta del sistema capitalista, y comenzar a manejar idóneamente los mecanismos de un estado que perdurará, en buena parte, de sus estructuras aún en procesos pos-revolucionarios. Las contradicciones que deben enfrentarse son muchas, pero el desconocimiento de estos mecanismos no ayuda precisamente a resolverlas, y en tal sentido, esta propuesta privilegia la investigación de las políticas estatales, tanto en situaciones dominadas por la burguesía, como en etapas de abierta transición hacia una nueva sociedad.

2. EL ANÁLISIS DE LA REPRODUCCIÓN DE LA ESTRUCTURA ECONÓMICA Y SOCIAL


    1. Características del enfoque propuesto.

La cuestión de la reproducción de la estructura económico-social puede enfocarse, con fines de análisis, desde dos perspectivas complementarias:

2.1.1. Las instancias de reproducción.

Desde esta óptica, es posible diferenciar entre: a.- la reproducción material de las clases y grupos sociales; b.- su reproducción ideológico-política.

Lo primero se refiere a la dimensión objetiva: la reproducción de la clase o grupo social como conjunto de población diferenciado por sus modalidades de inserción en las relaciones de producción, circulación, etc. Lo segundo dice relación con la preservación de las relaciones de dominación/subordinación en una sociedad y, por lo tanto, con la difusión de la ideología de la clase dominante al conjunto de las clases, fracciones, etc., según específicas modalidades y facetas.

Se trata de dos aspectos o momentos de un único proceso, pero su diferenciación es conveniente a fin de recuperar de manera correcta la dinámica concreta de la sociedad. Más aún: en situaciones específicas, puede generarse una contradicción entre una y otra dimensión3.

Sin embargo, la separación entre ambas no debería plantearse de manera absoluta, porque una y otra dimensión se encuentran siempre en una estrecha vinculación recíproca.

La investigación no tiene previsto dedicar una atención especial a este tema de por sí complejo. Sin embargo, en esta sección se integrarían todos los elementos relevantes para una caracterización del proceso de reproducción ideológica de las clases, recogidos o esbozados en otros momentos de la investigación. Se podría así disponer de un enfoque relativamente completo, sin necesidad de dedicarle un esfuerzo especial.

2.1.2. Los agentes de reproducción.

Desde esta perspectiva la reproducción podría focalizarse:


  1. Como un proceso directamente comandado por la clase, o por diferentes fracciones o grupos de ella, organizados en unidades de reproducción de diverso orden, y enfrentados al contexto social del cual obtienen los medios y condiciones para la reproducción.

  2. Como un proceso directamente social, mediado de manera importante por diferentes modalidades e instrumentos de acción estatal.

Esto no puede ser visto como materia de opción universal. Se trata más bien de recurrir a un enfoque que permita recuperar el mayor o menor énfasis existente en situaciones concretas, en una u otra modalidad de la reproducción.

En tal sentido, una situación típica del caso (a) podría encontrarse en las llamadas “estrategias” o “modelos” de sobrevivencia de ciertos grupos populares (por ejemplo, el sector informal de menores recursos) que prácticamente se reproduce “al margen” de la política del Estado. Es claro que esta modalidad o estrategia no ocurre “porque sí”, vale decir, al margen de una específica estructura de explotación social y dominación política. Pero parece posible afirmar –al menos como hipótesis-, que por encima de ese encuadramiento general, el modo específico de sobrevivencia corre por cuenta, fundamentalmente, de los grupos o fracciones directamente involucrados.

Esta situación contrasta nítidamente, por ejemplo, con la de los sectores proletarios, para quienes la especificación de la política de empleo o de salarios, o la de gastos públicos, en particular los programas de seguridad social, etc., son componentes para-métricos de su reproducción. Aquí el Estado, como “representante” del conjunto de la sociedad, toma a su cargo ciertos aspectos de la reproducción de determinadas clases, fracciones o capas, asumiendo esta acción en algunos casos un estatuto formal o real de obligatoriedad (vacunación, educación elemental, etc.).



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