Primer seminario regional



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Esta articulación entre la contradicción principal y las contradicciones secundarias, es imposible si la investigación no parte de una identificación precisa de la diferenciación de prácticas materiales dentro de cada clase, a partir de la cual esta diferenciación de intereses –y por lo tanto la posibilidad de desarrollo de contradicciones- toma cuerpo.

Del mismo modo, la eficacia de las políticas impulsadas desde un Estado con un proyecto popular, dependerá en buena medida de la capacidad que se tenga para apreciar esas diferenciaciones. Por ejemplo, la política salarial será de poco impacto como instrumento para mejorar los ingresos en una sociedad donde el asalariado constituye una proporción reducida de los grupos de ingresos bajos, o donde la mayor parte de los asalariados trabajan en forma estacional. O bien, una política de facilidades crediticias para la pequeña y mediana producción agrícola, puede ser de más efectividad y tener mayor alcance con algunas capas que con otras, según sea la específica dotación de recursos preexistente, la experiencia acumulada en el manejo de crédito, el déficit de necesidades básicas por satisfacer, la vinculación del productor agrícola con manifestaciones diversas del capital comercial local, etc.

En toda esta consideración última está implícito otro principio operativo de esta estrategia de investigación que podemos definir así: la realidad social permite diversos recortes de su estructura, y todos ellos son válidos siempre que se utilicen para el análisis de los fenómenos sociales en los que esos agentes o personajes colectivos tengan una actuación e importancia relevantes.

El planteamiento de objetivos específicos diferentes, como pudieran ser la confección de una política de satisfacción de las necesidades básicas de la población desde la óptica de un gobierno revolucionario, o la implementación de un frente de alianza de clases para una alternativa insurreccional, es evidente que exige extraer datos distintos de la realidad y analizar la formación social desde agrupamientos diferentes para poder llegar a comprender los mecanismos que inciden directamente en los objetivos trazados.

Estos recortes o fragmentaciones pueden presentarse ya con una realidad operante, sin que haya que esperar a realizar un estudio específico para abordar su estudio. Son sectores detectados y “recortados” por la misma práctica socio-política, cuya existencia es “evidente”, pero pueden sin embargo, ser objeto directo de análisis y de elaboración de un cuadro teórico acerca de sus características y sus comportamientos.

Por el contrario, otros posibles sectores sólo se detectarán o se descubrirán al enfrentarse con una determinada problemática que exija para su comprensión, la búsqueda de elementos no previstos hasta el momento por la teoría.

En ambos casos, la propuesta es básicamente la misma: superar el dogmatismo y el diletantismo teórico, ubicando la práctica de producción de conocimientos en un lugar relevante, pero subordinado a la práctica fundamental de la transformación social.

1.3.2. Bases para una Categorización Social.

Las consideraciones siguientes intentan señalar, a título meramente ilustrativo, las dimensiones y facetas que deberían ser recuperadas por la investigación de la estructura social, sin pretender sin embargo, formular aquí una lista cerrada o autosuficiente.

1.3.2.1. Burguesía



  1. Relación con los medios e instrumentos de producción.

La burguesía se constituye como clase a partir de la apropiación de los medios e instrumentos de producción. Esta relación de apropiación es de tipo económico, no jurídico (es decir, se refiere al control económico real de los medios e instrumentos de producción, a la capacidad de destinarlos a aplicaciones determinadas y por lo tanto, disponer así de los productos), aunque asume, obviamente, manifestaciones jurídicas. Así, la burguesía puede ser propietaria de la totalidad de los medios e instrumentos de producción involucrados en el proceso productivo, o bien acceder a algunos de ellos por la vía del arrendamiento. En este último caso, más importante que la propiedad de los medios e instrumentos de producción, es la disponibilidad de (o el acceso a) capital dinero.

Ejemplos de esta situación pueden hallarse en ciertas fracciones de la burguesía algodonera nicaragüense y en los “empresarios de servicios” existentes en algunos sectores del agro y la industria de la región, propietarios de maquinaria que alquilan a los productores, quienes las emplean en sus propias unidades de producción. Estos ejemplos permiten atisbar asimismo el tipo de relaciones que se generan en tales situaciones y las modalidades de acumulación que se desarrollan. Existe, por un lado, un capital “productivo” que acumula con base en la explotación de fuerza de trabajo, y existe por otro lado, un capital “no productivo” que capta, bajo la forma de renta o intereses, una proporción de la plusvalía extraída a la fuerza de trabajo del capital productivo (o bien de la renta diferencial a escala mundial que capta el subsistema nacional).



  1. Magnitud del Capital.

Se trata de una dimensión conocida que no es necesario ilustrar. Sin embargo, es importante destacar que los criterios que se empleen en este sentido (burguesía “grande”, “mediana”, etc.), deberán ser explicitados en función de criterios pertinentes emanados de la práctica en cada sociedad concreta.

  1. Ramas en que Actúa el Capital.

Es usual diferenciar fracciones según la rama en que invierten su capital: industrial, agrícola, pecuaria, minera, comercial, financiera, transportes, otros servicios, etc., pero como se discutiera más arriba, esta clasificación puede ser insuficiente, en tanto se constituyen subsistemas de valorización y acumulación que atraviesan la clasificación en ramas.

Esto a su vez diferencia una fracción del capital, que adopta la forma de capital financiero, cuyo movimiento se sustenta en actividades bancarias y productivas, etc.



  1. Grado de Concentración del Capital.

Nos referimos aquí al carácter monopólico –en sentido amplio- o competitivo del capital, y por lo tanto, a los niveles de concentración y centralización del capital existentes en los subsistemas, ramas y sectores de la economía.

  1. Modalidades de Valorización.

En el caso del capital agrario, puede tratarse de un proceso valorización, fundado principalmente en la apropiación de una renta diferencial (a escala internacional o local), en la extracción de plusvalía (de manera relativa o por incrementos absolutos), o incluso mediante modalidades de sobre-explotación de la fuerza de trabajo, o por diferentes combinaciones de varias modalidades. En el caso del capital industrial, las diferentes modalidades de extracción de plusvalía pueden combinarse, en el caso del gran capital, con la captación de una renta monopólica derivada del monopolio tecnológico, etc.

Tanto estos capitales como el mismo capital comercial, pueden asimismo fundar su valoración en las transferencias de excedentes producidos por otros agentes y captados en la circulación.

Los diversos mecanismos estatales que contribuyen a la valorización de capitales particulares (subsidios a la producción, manipulación de la política crediticia y de cambio, etc.), serán asimismo analizados.


  1. Mercado al que se Orienta la Producción.

La problemática estratégica de las alianzas de clases, hace de este aspecto una cuestión crucial. Si la producción controlada por determinado capital se dirige a mercados extranjeros (regionales o extra-regionales), o bien al mercado interno. En este caso será también necesario determinar qué tipo de mercado, por ejemplo, en función de niveles de ingreso, clases sociales, etc., o bien de acuerdo a su carácter competitivo, oligopólico, monopólico.

  1. Nacionalidad del Capital.

Además de la diferenciación básica entre capital local (residentes) y extranjero (no residentes), convendría diferenciar entre capital extranjero regional y extra-regional. Asimismo, debería prestarse atención a las modalidades de asociación y complementación entre el capital local y extranjero, al tipo de contradicciones que se generan entre uno y otro, etc.

  1. Organizaciones de Clase.

Existen en las sociedades de la región distintas organizaciones de la burguesía: cámaras patronales, institutos de desarrollo, asociaciones por rama de actividad, consejos, foros, etc. Aunque formalmente gremiales, muchas de ellas se articulan con intereses globales de la clase, y en algunos casos llegan a actuar como verdaderos partidos de la burguesía. A su turno, se desarrollan en el interior de estas organizaciones, pugnas y tensiones entre fracciones, ramas, sectores del capital, en torno a la orientación general de ella, o respecto de cuestiones específicas que deberían ser enfrentadas por la investigación.

No es ocioso señalar que las dimensiones precedentes, y otras que resultan de relevancia a medida que la investigación progresa, no deberían ser tratadas como categorías estáticas o extrañas unas a otras. Son más bien ángulos de aproximación a un único personaje, a través de sus diferenciaciones internas. Por lo tanto, las fracciones y capas de la burguesía que en definitiva se identifiquen, resultarán de una conjugación y condensación de las dimensiones a partir de las cuales se orienta la investigación.

1.3.2.2. El Campesinado.

El tema de “lo campesino”, de la delimitación conceptual de lo que debe entenderse por campesino, su configuración como forma de producción articulada al capitalismo o su autonomía, sigue siendo motivo de discusiones y de nuevos aportes teóricos.

En esta metodología se parte de la necesidad de configurar un tipo de campesino específico que responda a una sociedad concreta y a un estado de desarrollo determinado; es decir, se obvia la necesidad de configurar previamente un tipo abstracto de campesino, y en función del mismo, categorizar la realidad. Planteamos detectar la realidad campesina operante y en virtud de ella, crear un tipo campesino, siempre como referencia para la categorización, pero resultante de la investigación efectuada. Por supuesto que en esta búsqueda de los elementos genéricos del campesino habrán intervenido como substrato y como ayuda directa en el proceso de abstracción, muchos de los contenidos surgidos en el debate teórico.

Para poder detectar ese tipo, que permita servir de eje para la delimitación de lo campesino, se parte de un supuesto previo: que la economía campesina tiene una racionalidad propia que se manifiesta en la lógica del manejo de los recursos productivos disponibles, de manera que el qué, cómo y cuánto producir y el destino de esa producción, responden a una lógica diferente a la utilizada para responder a esas preguntas según una lógica de maximización del beneficio (tasas de ganancias) y la acumulación.

Es obvio que esta primera condición es fundamental para poder hablar de lo campesino, ya que es la única justificación para poder afirmar la existencia de una dinámica y de un proceso de producción que se deslinde del modo de producción capitalista, aunque se articule con él de diversas maneras.

Partiendo de la aceptación de ese supuesto, las características de lo campesino que desarrollan la formulación anterior, pueden exponerse así:



  1. La unidad campesina es una unidad de producción y de consumo. Las decisiones que se refieren al consumo son inseparables de las que afectan a la producción.

  2. La intensidad en el uso de factores de producción está determinada por el grado de satisfacción de las necesidades de reproducción de las familias y la unidad productiva.

  3. Se producen valores de uso y valores de cambio; el qué producir no lo determina el mercado sino el sostenimiento de la familia y de la unidad de producción.

  4. El producto de la actividad económica de la unidad es resultado del empleo familiar total, sin adoptar las formas de renta, salario o ganancias.

  5. El recurso más abundante es la fuerza de trabajo, de la que se aprovecha hasta lo que no se puede valorizar en otros contextos, como el trabajo de los ancianos, de los menores y el tiempo sobrante.

  6. Sus condiciones de gran vulnerabilidad le obligan a eliminar riesgos (diversifica su producción, no acepta fácilmente la tecnología, desconfía del crédito…)

  7. No existe un proceso de crecimiento sostenido.

Teniendo en cuenta estas características que será necesario matizar, tal vez suprimiendo algunas e introduciendo otras, el siguiente paso será delimitar el tipo campesino con el que se va a operar. Puede que para esta delimitación haya que introducir magnitudes cuantificables como criterio que determine la existencia de alguno de los elementos o los límites en que haya que considerarlo.

Es evidente que la realidad nos mostrará situaciones de difícil encaje en el tipo que se haya aceptado, e incluso, la dinámica misma del tipo campesino, bien por sí mismo, bien por los condicionamientos que le impone su articulación con el modo capitalista, generará variaciones que no cumplen con alguno de los criterios con que hemos tipificado al campesino.

Por ello, para poder relacionar estar variantes y catalogarlas, analizaremos las tendencias o manifestaciones concretas que suponen un alejamiento del núcleo tipo de campesino y se asemejan a otras clases o formas de producción, así como la “resistencia” a tales tendencias. Para ello hay que delimitar claramente ese núcleo campesino típico desde el que se pueden producir, sistematizando de alguna manera los siguientes procesos:


  1. Diferenciación: Nos referimos al proceso por el que, manteniéndose los rasgos básicos del tipo, se producen diferencias internas que constituyen capas o sectores que es necesario destacar.

  2. Descomposición: Cuando se inicia la fase de tránsito hacia arriba (por ejemplo, capitalista campesino), o hacia abajo (por ejemplo, semi-proletario campesino), que implica la pérdida de algunos de los rasgos básicos del tipo.

  3. Descampesinización: Cuando las modificaciones suponen una variación total de las características campesinas, bien hacia arriba (por ejemplo, capitalista), o hacia abajo (proletario agrícola), que supone abandonar la categoría de campesino.

Para poder considerar todos estos fenómenos, tanto los de diferenciación como los de descomposición y descampesinización en las dos manifestaciones de tendencias hacia, y “resistencia a las tendencias hacia”, es necesario establecer alguna tipología que ayude a reconocer y a analizar estos procesos. Para ello se proponen alguna lista de variables que sean las que conformen, según una escala a establecer para cada una de ellas, el cuadro en el cual ubicar las distintas situaciones.

Una primera relación de las variables a considerar inclinaría las siguientes:



  1. Características de las relaciones tierra-trabajo familiar, relaciones sociales de producción que se puedan establecer (contratación de fuerza de trabajo);

  2. Inserción de las unidades campesinas en los distintos tipos de mercados: productos, trabajo, servicios, insumos, etc.;

  3. Articulación con la economía global: integración o no.

De forma más detallada pueden desarrollarse las anteriores en los siguientes puntos:

  • Tierra: cantidad, calidad, ubicación…

  • Actividad: agricultura y/o ganadería y destino de la producción

  • Fuerza de Trabajo: familiar, contratación temporal o permanente; venta o no de la propia fuerza de trabajo.

  • Tecnología: uso o predominio del uso de tecnología mecánica, química, biológica y de manejo.

Una vez conformado el marco conceptual operativo para proceder a detectar estas relaciones, la cuantificación de las mismas, así como su distribución geográfica y sus relaciones con los subsistemas y con los sectores de actividad, será un elemento necesario para conocer la importancia, la estructura y las contradicciones a que está sujeto el campesinado.

Para complementar el análisis dinámico del sector campesino, hay que agregar la incidencia que puedan tener los movimientos cooperativos en los fenómenos de descampesinización o descomposición, o simplemente de diferenciación. Ello dependerá del papel que se asigne a las cooperativas en el proyecto popular y en los proyectos sociales que se le contraponen en la coyuntura. Es importante a este respecto, identificar los principales agentes promotores de la cooperativización y los contenidos ideológicos, así como los recursos materiales con que impulsan esos movimientos. Asimismo, las organizaciones de trabajadores campesinos, su grado de cohesión, su cobertura, su historia de luchas reivindicativas, deberán ser registradas y analizadas. En aquellos países o regiones donde la etnicidad sea un componente constitutivo del campesinado (donde prácticamente se trata de la “cuestión etno-campesina”), deberá desarrollarse un análisis más complejo que considere tal tipo de determinaciones, pues su relevancia supera el mero problema de delimitación de una clase, para alcanzar el estatuto de cuestión nacional.

1.3.2.3. El Proletariado.

Las complejidades y peculiaridades del desarrollo capitalista de la región, se expresan también en un proceso de proletarización que aún no está concluido, y que presenta niveles de desarrollo muy desiguales entre las sociedades nacionales y dentro de cada una de ellas, entre subsistemas, regiones y ramas.

El punto de partida de la investigación es la caracterización clásica del proletariado: la fuerza de trabajo “liberada” de un fondo propio de reproducción y de toda vinculación a medios e instrumentos de producción. La reproducción de la clase se efectúa a través del salario, que expresa el “precio” en que la fuerza de trabajo se vende al capital.

Resulta claro que esta caracterización de sentido estricto comprende a una proporción en general reducida de los trabajadores de la región. Ello no es óbice sin embargo para su validez teórica. Pero las “fronteras” de clase no son en absoluto nítidas, precisamente a causa de que el proceso de proletarización se encuentra aún en desarrollo. Por lo tanto, la conceptualización de la clase plantea, como un desafío de cierta complejidad, la delimitación tentativa de los límites de su rango de variación interno.

Está, en primer lugar, la cuestión del carácter permanente o estacional de la fuerza de trabajo asalariada. El problema es particularmente complejo en el campo, sin que ello signifique que carezca de complicaciones en la ciudad. ¿Cuándo y en virtud de qué criterios caracterizar a una determinada porción de la fuerza de trabajo estacional como proletariado, “semi-proletariado”, campesinado pobre, etc.? O lo que es lo mismo, ¿qué espacio dejar, en la conceptualización para las “figuras” que de manera subordinada y complementaria se combinan con el perfil principal? Tal como se propuso para el campesinado, será necesario intentar aproximaciones utilizando diversos índices cuantitativos (monto de ingresos salariales al año como proporción de su ingreso total, tiempo dedicado anualmente a trabajos como asalariado, etc.), y también cualitativos (sus “preferencias” por más tierra o una ocupación asalariada permanente, etc.).

Otra cuestión que puede presentar algunas dificultades es la del salario. ¿Deberá entenderse por tal exclusivamente el salario monetario o también a formas no monetarizadas de remuneración? El tema no es trivial. Se sugiere que, al menos por vía de hipótesis, las formas no monetarizadas de salario sean también consideradas en la conceptualización de la clase.

Si estas orientaciones –cuya generalidad tal vez excesiva no se desconoce- son aceptadas por lo menos tentativamente, podría graficarse la conceptualización resultante como un círculo central constituido por el proletariado en sentido estricto de la caracterización clásica, rodeado por una periferia compuesta por sectores de trabajadores cuyo proceso de proletarización no excluye alguna forma de vinculación directa con un fondo propio de consumo ni con otras formas no-asalariadas de reproducción, y que se encuentran sujetos a tendencias y contra-tendencias (como se mostró en el caso del campesinado).

Pensamos que este modo de aproximarse al proletariado permitirá detectar los diferentes niveles de desarrollo del proceso de proletarización de la fuerza de trabajo en los principales subsistemas de la economía, como también las variaciones regionales. Del mismo modo, esta perspectiva pondrá de relieve la existencia de una pluralidad de modalidades de explotación de la fuerza de trabajo asalariada.

El desarrollo de organizaciones de clase del proletariado –reivindicativas o políticas, la evolución de uno a otro tipo, etc.- de mayor o menor desarrollo según fracciones de la clase, subsistemas, y otros aspectos similares, debería requerir cierta atención para articular esta problemática con otros proyectos de investigación.

1.3.2.4. El Semi-proletariado.

La caracterización precedente del proletariado permite ver que existe una amplia franja de fuerza de trabajo cuyo proceso de proletarización se encuentra aún en un nivel de desarrollo relativamente bajo; una fuerza de trabajo cuya reproducción ya no puede ser llevada a cabo por su propio fondo de producción/consumo, pero cuya inserción en relaciones salariales es esporádica o estacional. Es lo que convencionalmente se denomina “semi-proletariado” –denominación cuya aceptación generalizada no reduce empero su vaguedad-.

Aunque de gran peso demográfico en el campo, con desplazamientos campo-campo a causa del carácter estacional de muchas de sus actividades, la figura se encuentra presente también en las ciudades, donde las fluctuaciones de la construcción y las actividades manufactureras genera, bien que con menor magnitud, un movimiento similar, sólo que campo-ciudad.

La caracterización de esta capa de la fuerza de trabajo demanda el recurso a un conjunto relativamente amplio de elementos. Con finalidad meramente enunciativa, es posible mencionar los siguientes: tamaño y otras características de su unidad productiva, meses que vende su fuerza de trabajo en el año, actividades que efectúa en tal condición, monto de ingresos percibido en una y otra forma. Es difícil optar a priori por el o los criterios que resultarán determinantes. Parece que será más bien una cierta conjugación de ellos –en función de situaciones externas cambiantes-, la que en definitiva permitirá caracterizar a esta capa social.

1.3.2.5. El Sub-proletariado.

Existe asimismo un sector de la población que vende su fuerza de trabajo de manera estacional o por período limitados del año, pero que no posee –a diferencia del caso anterior- un fondo de autoconsumo. La mayor parte del año es un desempleado o, más propiamente, se dedica a tareas que corresponden al llamado sector “informal”.

Caben aquí las mismas consideraciones que en el caso anterior. Habrá que recurrir a una pluralidad de elementos para alcanzar una identificación medianamente precisa y significativa de este “personaje” social: el tiempo de inserción en actividades salariales o “informales”, la proporción de ingreso que deriva de unas y otras. Qué uso se hace del tiempo desocupado, el tipo de actividad informal, entre otras. El resultado será, posiblemente, un conjunto de “sub-proletariados” en función de modalidades concretas de articulación de los factores tomados en consideración.

1.3.2.6. El Sector Informal.

La introducción de este sector en el estudio, se justifica no sólo por la aceptación ya general en las investigaciones, e incluso en organismos como la OIT, como un sector básico para comprender a las estructuras de países subdesarrollados, sino por responder a una realidad importante de la actividad económica, caracterizada por una serie de elementos que permiten diferenciar al sector del modo típico de producción capitalista.



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