Primer seminario regional



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e) Los complejos de articulación.

El concepto de subsistema propuesto se aplica a conjuntos articulados de actividades o etapas de producción y circulación social y material, las que, sin embargo, no tienen internamente una unidad de regulación y control, sino que generalmente están a su vez compuestas por numerosas unidades. (Así, la etapa de desmote del algodón se concreta en un determinado número de plantas de desmote, algunas de las cuales pertenecen a una misma empresa o al Estado, y otras son independientes). De la misma forma, las articulaciones entre etapas de un subsistema adoptan formas concretas en que los intercambios se particularizan entre determinadas unidades de una y otra etapa (los productores algodoneros de cierta zona desmotan su algodón en determinadas plantas desmotadoras, etc.). Aún cuando en alguna etapa se da un monopolio absoluto, el desglose particularizado de las relaciones de circulación puede tener relevancia. Tal es el caso de un monopolio comprador que diferencia su política de precios, crédito, etc., según la producción provenga de una u otra forma social de producción (por ejemplo, maíz producido por campesinos parcelarios o por grandes empresas capitalistas). Asimismo, al nivel de la base físico-técnica, puede interesar establecer los acoplamientos concretos de los flujos entre etapas. (Así, aunque el comercio exterior del café esté monopolizado por una empresa estatal, los diversos productores realizan sus transacciones con distintas unidades de acopio, dispersas en las regiones cafetaleras.

GRÁFICO

De todo lo dicho se desprende que será necesario proceder a un nivel más concreto de análisis de los subsistemas, en que identifiquemos complejos concretos de unidades, social y técnicamente diferenciadas que entran efectivamente en relación entre sí. El conjunto de estos complejos constituye cada subsistema nacional. Esto se hace fundamentalmente comenzando por las etapas más concentradas y abriendo luego en ramificaciones hacia adelante o hacia atrás, según corresponda. A este nivel corresponde identificar los agentes concretos de realización del complejo específico (empresas, productores, bancos, zonas de producción específicos) cuando su número o diferenciación lo hagan posible y necesario. En muchos casos nos interesará además establecer si esta realización del subsistema, como conjunto de complejos, tienen a su vez la característica de regionalizarse, esto es, de establecer ámbitos diferenciados de acoplamiento entre elementos de cada complejo (como puede ser el caso de las zonas de acopio de algodón-rama para cada planta desmotadora).



    1. Las vinculaciones y diferencias entre las ramas y los subsistemas

Los que denominamos “subsistemas de valorización” corresponderían a un capital particular, a una unidad concreta de valorización del capital, y por tanto, es una instancia de análisis de la estructura económica sumamente importante. En nuestra propuesta, no estamos poniendo a los subsistemas la restricción de constituir a su vez subsistemas de valorización, ni menos aún de acumulación. Sin embargo es evidente que, en su interior, se definen condiciones de conjunto y a la vez particulares para cada fracción de capital o sujeto social participante, en lo que hace a la valorización del capital, tanto en lo referente a las relaciones de explotación como a las relaciones de circulación. Desde este punto de vista, no sería correcto afirmar que mientras en la rama se determina la valorización, el subsistema de producción y circulación es sólo una unidad de realización del valor de uso. En efecto, la determinación de la tasa media ramal de ganancia, no depende exclusivamente de las condiciones de producción (explotación) internas a cada rama, sino que intervienen activamente las relaciones de circulación concretas de sus unidades con el resto de la economía. Múltiples vías de transferencias de valor operan a través de las vinculaciones específicas de las unidades de una rama con unidades de otras ramas. Así, el subsistema permite captar estos determinantes de la tasa media de ganancia de una rama o de fracciones de una rama, pues las asimetrías de las relaciones mercantiles, o las diferencias en el grado y forma de explotación de la fuerza de trabajo que juegan detrás de la determinación de los términos de intercambio inter-ramal, pueden identificarse concretamente. Otro tanto ocurre con las intervenciones estatales vía precios regulados, impuestos, etc.

Las ramas a las cuales se puede llegar por un análisis empírico serán siempre internamente heterogéneas, y en general no podrán incluirse completas en un solo subsistema de producción, estando por tanto las diversas empresas sometidas a condiciones diferenciales más allá de sus niveles tecnológicos y organizativos distintos.

La rama, pensada como instancia significativa del proceso de valorización, no garantiza, por su misma definición, que exista organicidad social, pues esto no es un requisito de su configuración. Sin embargo, en casos de ramas altamente monopolizadas u oligopolizadas, o sujetas a programas de producción por el Estado, puede lograrse un nivel de organicidad importante que debe ser a su vez, cruzado con el de los subsistemas. A diferencia de los subsistemas de producción y circulación, las ramas son totalmente abiertas, en tanto las condiciones de su propia reproducción les son ajenas casi en todos los casos. Otra diferencia importante es que el conjunto de actividades definido como rama excluye las actividades de circulación social y material, que a su vez, son tratadas como “ramas” independientes.

Por diversas razones por lo tanto, el nivel de rama sigue siendo significativo para el análisis y tiene que ser tenido en cuenta como complementario al de subsistemas, siendo en algunos casos de necesaria relevancia, como por ejemplo, en el análisis de la economía mundial en que se insertan nuestras economías. Las cuestiones relativas a la segmentación del mercado de fuerza de trabajo, de la difusión de tecnologías, de las políticas de crédito y otras políticas del Estado, etc., requieren apoyarse también en este enfoque complementario.

La superioridad del enfoque por subsistemas de producción y circulación (y complementariamente, de acumulación) es clara, sin embargo, para los objetivos del presente estudio. Incluso si se quiere establecer una categorización de conjuntos de actividades por su posición en el sistema global de reproducción económica y social, el ordenamiento por ramas (eventualmente por “departamentos”) no es suficiente para captar la trama de relaciones y contradicciones que efectivamente constituyen dicha reproducción. Así, si se quiere diferenciar actividades según que produzcan para la exportación o para el mercado interno, y dentro de esto se quiere destacar la producción de medios de consumo básico, esto puede plantearse más correctamente identificando qué subsistemas cumplen unas u otras funciones (así, la circulación material de granos básicos es vista como un trabajo necesario, indisolublemente ligado a la producción misma de granos, etc.).

2. LAS ESTRATEGIAS DE REPRODUCCIÓN DE LOS GRUPOS SOCIALES

Como veremos en el capítulo siguiente, intentaremos determinar la “anatomía” de la sociedad. Lo haremos desde una visión que privilegia el análisis de la totalidad en términos de operaciones o subsistemas diferenciados por su naturaleza (transformación, circulación material, circulación social, etc.), por su posición en el conjunto (producción de medios de producción, de medios de consumo para la reproducción de la fuerza de trabajo, de exportaciones, etc.), y también desde una visión que privilegia la constitución de agregados sociales relativamente homogéneos en cuanto a su posición en la trama de relaciones de producción y circulación (las clases, fracciones, capas, y en general grupos sociales). Antes de proceder a reconstruir el todo social, consideramos necesario dar un paso adicional, de fundamental importancia en las sociedades centroamericanas. Se trata de la determinación de las modalidades concretas de organización de la reproducción de los grupos sociales previamente identificados. Aunque la reproducción de las estructuras económicas y sociales se considerará como un todo sujeto a leyes globales de funcionamiento, producto de procesos que no tienen un sujeto-agente sino que resultan de la acción conjunta de unidades de decisión de diverso nivel, también será necesario investigar más en profundidad los comportamientos que los miembros concretos de la sociedad tienen a este respecto.

Para ello y desde la perspectiva de un proyecto popular, es indispensable diferenciar los enfoques que corresponden a los dos sectores fundamentales de cada sociedad: las vastas mayorías populares dominadas –o en proceso hacia una transición liberadora-, y los sectores minoritarios: la burguesía dominante o en proceso de pérdida de su hegemonía política y su monopolio de los medios de producción. Aún en el caso de las primeras etapas de un proceso de transición, hay una diferencia real en las situaciones de ambos sectores que justifica un énfasis diverso en el método de abordaje.

A los sectores populares los consideraremos como “sobreviviendo”, es decir, en una situación donde lograr ciertos modos de consumo es vital, en una lucha contra un sistema de explotación y subordinación que tiende a mantenerlos en el límite de lo estrictamente necesario para su reiterada reaparición subordinada en el mercado capitalista –sea como vendedores de fuerza de trabajo, sea como oferentes de materias primas o alimentos a bajo costo, sea como masas flotantes o ejército industrial de reserva del capital-, en ocasiones excediendo los márgenes de reserva que el capital requiere, como resultado de un capitalismo atrasado, sin un dinamismo importante, y de un modelo demográfico que responde a otro tiempo histórico.

A los explotadores del trabajo ajeno los presentaremos como identificados en la lucha por el mantenimiento y desarrollo del sistema de explotación –básicamente por el capital, aunque otras formas no capitalistas de explotación puedan estar coexistiendo articuladas al mismo-, pero a la vez pugnando por mantenerse y desarrollarse en la competencia, donde el consumo de la clase o la reproducción biológica es un aspecto secundario de su reproducción como tal. En resumen: i) lucha de los sectores populares por la supervivencia en el seno de un sistema de explotación que se concretiza en comportamientos estructurados históricamente de manera peculiar en estas sociedades, donde las unidades de reproducción (las familias, las comunidades campesinas e indígenas, etc.) no pueden ser encasilladas en una relación bi-unívoca con las categorías sociales de inserción individual en las relaciones de producción (proletariado, campesinado, etc.); ii) por otro lado, lucha de la burguesía por mantener la subordinación de los trabajadores y también lucha de unos capitales contra otros, en la competencia por mercados y recursos, o por la orientación de una política estatal, que aunque tienda históricamente a representar los intereses del capital en general, en las coyunturas concretas contemporáneas de estas sociedades, sigue siendo predominantemente el instrumento de uno u otro grupo por la vía de la hegemonía o por la vía de la dictadura. Aquí se investigarán los procesos de diferenciación/interpenetración y los procesos de concentración-centralización/destrucción de capitales, como resultado de la competencia. Las diversas estrategias respecto a integraciones verticales o a la diversificación de ámbitos de acumulación; igualmente a la relación con capitales extranjeros; a la relación con otros propietarios de medios de producción (terratenientes, campesinado, artesanado) en la pugna por asegurar las condiciones materiales de la reproducción de los capitales individuales y del régimen capitalista en general. Este complejo proceso implica una reproducción del capital y de la clase a sus agentes, pero a la vez conlleva transformaciones y recomposiciones de la estructura interna de la burguesía y de sus relaciones con el resto del sistema social.

Mientras para la burguesía, la inserción de la economía en el mercado mundial, las relaciones con el capital extranjero, y hasta cierto punto, las estrategias de desarrollo global de la economía entran como componente natural de sus estrategias de reproducción como clase, para los sectores populares dominados, la relación con tales procesos es generalmente mediata. Su reproducción/transformación como clase, evidentemente ligada a los ritmos y formas concretas de desarrollo del capital y otras relaciones de explotación, está más atada a la supervivencia (siempre, claro está, dentro de niveles históricamente determinados) que al manejo directo de la globalidad.

En esto no estamos olvidando que el proceso de desarrollo del capital no es un proceso donde las clases trabajadoras son un mero objeto pasivo (mercancía fuerza de trabajo) y los agentes del capital son sujetos conscientes “libres” que pergeñan planes y estrategias para la sociedad en su conjunto. Justamente partimos de la base que existen leyes propias del sistema capitalista que, especificadas para las sociedades dependientes de la región, ponen al desarrollo del capital límites derivados de sus propias contradicciones internas. Dentro de esta problemática, la lucha de clases es un elemento central. En particular, cuando los sectores populares organizados logran convertirse en sujeto consciente de la historia y contraponer al capital y sus agentes una fuerza social –potenciada o no por alianzas con los sectores intermedios y aún con fracciones de la burguesía-, esta caracterización que estamos haciendo pierde vigencia en el aspecto político.

Sin embargo, aún dentro de una situación revolucionaria, en la etapa de construcción de un nuevo estado y de reconstrucción de la economía para sentar las primeras bases para avanzar hacia una nueva sociedad, los comportamientos de los sectores populares siguen en buena medida signados por la necesidad cotidiana de la supervivencia, con cambios importantes en gestación, pero que tienen un ritmo necesariamente lento en relación al de los cambios políticos. Por lo tanto, sea para las sociedades con un estado capitalista como para aquellas con un estado revolucionario en construcción, la propuesta de tratamiento de este aspecto de la reproducción de los sectores populares tendrá vigencia, aún cuando una coyuntura revolucionaria abre otras posibilidades materiales que finalmente irán transformando comportamientos y “estrategias”.

El concepto de Modelo de Supervivencia

Con éste término nos referimos al complejo real de relaciones que establece una unidad micro-social de reproducción, internamente (división interna del trabajo, autoconsumo) con el mercado y con los diversos aparatos del estado, así como a las instancias de organización social en las que manifiesta sus reivindicaciones, con el objeto de permitir la reproducción de sus miembros en las mejores condiciones posibles. Las unidades a que nos referimos tienen existencia real, y no son meramente conceptos analíticos. La familia, la comunidad campesina comarcal, la comunidad indígena, son ejemplos destacados de esto.

En general, en estas sociedades será difícil adscribir unidades de reproducción a categorías sociales como las propuestas en el capítulo referido a la estructura social. Aunque se darán tales casos (una familia urbana cuya vía de reproducción es exclusivamente la obtención de ingresos por medio de la venta de fuerza de trabajo; una familia campesina que se reproduce exclusivamente en base a la venta de los productos del trabajo de sus miembros; una familia cuya supervivencia depende exclusivamente de diversas inserciones en lo que denominamos el sector informal, etc.), nuestra hipótesis es que la combinación es la norma y no la excepción en estas sociedades. Incluso, que el asentamiento del núcleo de reproducción no es una caracterización suficiente de su ámbito territorial de reproducción, como es el caso de familias campesinas, cuyas hijas mujeres de determinada edad trabajan como domésticas en las ciudades y envían sus ingresos al campo, donde incluso permanecen sus hijos al cuidado de los abuelos; o el caso de familias predominantemente urbanas que combinan trabajos temporales en la ciudad con trabajos estacionales como asalariados en el campo.

Por otro lado, la estrategia de supervivencia incluye aspectos que no pueden percibirse analizando solamente las relaciones –internas o externas- recurrentes cotidianas, sino que tiene un horizonte temporal mucho más amplio. Tal es el caso de la problemática de la vivienda para las familias urbanas, o de la tierra para las familias campesinas (y las comunidades indígenas en particular). La ocupación precaria en lotes urbanos relativamente céntricos y la consecuente construcción de viviendas con desechos, es parte integral del modelo de supervivencia de un amplio grupo de familias insertas en el sector informal. Las tendencias a la ocupación de tierras libres por parte de campesinos sujetos a una creciente presión hombre-tierra –por el crecimiento familiar, la degradación de sus tierras propias o el despojo por el capital-, sea en la frontera agrícola con el conocido modelo de agricultura itinerante o no, es otro caso.

Lo micro se hace “macro”, no sólo por mera agregación de unidades similares, sino porque se introducen otras relaciones que no pueden encasillarse en el interior de una unidad de reproducción así concebida. Esto incluye fundamentalmente, y siempre a nivel de comportamientos conscientes, tanto instituciones como la “mano vuelta” campesina, como las modalidades de organización dirigidas a acumular fuerzas en las reivindicaciones específicas (vivienda y servicios urbanos, tierras, lucha contra regulaciones estatales restrictivas para ciertas prácticas de reproducción, etc.). Asimismo, para no permanecer a un nivel micro-social atomizante, será necesario introducir niveles intermedios de análisis, donde ciertas relaciones comunes entre estas unidades de reproducción y otros agentes sociales o bien instituciones estatales, sean analizadas (tal es el caso de las relaciones entre ciertos industriales y el conjunto de unidades de trabajo a domicilio, o las relaciones entre el sistema comercial o el bancario y las unidades de producción/reproducción campesina, o la relación entre sistemas estatales o cooperativos de financiamiento de vivienda popular y los sin techo, etc.).

Al analizar conjuntamente las condiciones de inserción en el sistema económico y las condiciones reales de reproducción para estas unidades concretas, ciertos enigmas aparentes cobrarán nueva luz. Se comprenderá, por ejemplo, por qué, mientras las estadísticas obtenidas mediante encuestas individuales arrojan elevadas cifras de desocupación abierta, un sistema que contradictoriamente genera posibilidades infinitas de desarrollo material y al mismo tiempo excluye de su acceso a amplias mayorías, no sufre un colapso social a través de revueltas abiertas de quienes en principio, no tendrían cómo sobrevivir. Se advertirá que esta conjunción de inserción en la producción/reproducción asume niveles de organicidad y cristalización tan altos que se constituyen en verdaderas instituciones económicas ocultas –tanto por quienes analizan el consumo como una relación hombre-cosa, como por quienes soslayan su análisis por considerarlo una mera expresión inmediata de las relaciones de producción-, cuyo análisis es fundamental en el proceso de organización y acumulación de fuerzas populares, pero también en la etapa de reconstrucción/transformación de la economía, con un gobierno de base popular.




  1. EL M ARCO CONCEPTUAL METODOLÓGICO PROPUESTO



  1. EL ANÁLISIS DE LA ESTRUCTURA ECONÓMICA Y SOCIAL



    1. El Aparato de Producción y Circulación Material.



      1. Las Cadenas de Producción y Circulación de Valores de Uso Principales.

En este capítulo de investigación, se pone énfasis en analizar las bases materiales (objetivas y subjetivas) de la sociedad, en su aspecto de aparato físico-técnico. El proceso social de producción y de circulación material (transporte y almacenamiento) es visualizado como un proceso social de trabajo. No tanto la mercancía como el valor de uso es aquí nuestro punto de referencia. Identificados los principales productos de la sociedad (en cuya selección sin duda participarán criterios económicos tales como su valor, pero también su posición en el proceso global de reproducción económica), se procederá a establecer las cadenas de producción y circulación material a las cuales pertenecen, recorriendo hacia atrás los procesos de trabajo que generan directa o indirectamente sus condiciones de producción, y culminando hacia adelante con la cadena de operaciones que permiten su realización final como valor de uso.

Cuando estas cadenas se corten por la articulación con mercados externos, se interrumpirá el análisis detallado, aunque se tendrá en cuenta el tipo de etapas que completan la cadena fuera del territorio. Se establecerá la intensidad y calidad de los flujos de productos o servicios entre operaciones de una cadena, discriminando entre articulaciones cuya naturaleza o intensidad sugiere que los elementos acoplados deben ser considerados parte de una misma cadena, y aquellas cuyo acoplamiento es considerado marginal, y será tratado eventualmente como flujo entre cadenas. No hay criterios apriorísticos universalmente válidos para establecer cuándo dos elementos pertenecen a la misma cadena y cuándo no. Esto deberá ser decidido explícitamente cuando se tenga una visión de conjunto del aparato productivo y de circulación, y por otra parte, podrá adaptarse según los objetivos concretos de cada momento de la investigación.

Las cadenas con terminales en la misma economía nacional incluirán también lo que podemos denominar la operación de consumo (productivo o improductivo). Por ejemplo, la cadena de producción de maíz incluye el consumo final por la población bajo la forma de grano, o su utilización como semilla en la producción del mismo grano, o su utilización como insumo en fábricas de alimentos más complejos. Cuando una misma operación produzca diversos productos heterogéneos, se priorizará –en la delimitación de las cadenas- los productos principales.


      1. Componentes especiales.

En principio, el análisis se hace sobre bases exclusivamente ingenieriles, siguiendo la cadena de transformación y desplazamiento que tiene un dado producto, independientemente de las formas sociales de organización de su producción o circulación. Sin embargo, sólo a nivel teórico puede sostenerse esta separación extrema de lo social. De hecho, cuando las unidades concretas de producción o circulación cumplen funciones complejas, por ejemplo, produciendo conjuntamente dos productos de manera generalizada (maíz y frijol, por ejemplo), las cadenas deberán también definirse de manera conjunta, pues interesa mantener las unidades técnicas de organización (plantas, explotaciones agrícolas) tal como se dan en la realidad.

Adicionalmente a las cadenas propiamente productivas o de transformación material, se analizarán –también desde una perspectiva físico-técnica-, las principales redes de circulación material en su conjunto (por ejemplo, los canales y medios de transporte, así como otras redes que requieren un tratamiento especial, como la red de generación y distribución de energía eléctrica, o las redes de comunicaciones).

Otro estudio a este nivel es el que considera los recursos naturales (en sentido amplio) que son actualmente transformados o que condicionan los procesos de transformación y circulación material, así como los que potencialmente pueden ser incorporados al metabolismo económico nacional. Cuando su naturaleza lo permita, serán analizados como redes o subsistemas naturales (cuencas hidrológicas, ecosistemas).



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