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Comisiones programáticas Centro de Estudios Horizontal1, 18 de enero de 2017

Presentación


Este documento presenta las propuestas programáticas de gobierno del Centro de Estudios Horizontal para el candidato presidencial de Evópoli, Felipe Kast, con miras a las primarias presidenciales de este año. Ellas surgen del esfuerzo y compromiso de un amplio y diverso grupo de más de 100 personas, a lo largo de todo el país, divididos en torno a 22 causas que creemos fundamentales atender con urgencia y responsabilidad, con el objeto de concretar nuestro proyecto político de una sociedad más justa, libre e inclusiva. Por varios meses, ellos trabajaron apasionadamente aportando ideas, desde sus diferentes áreas de desarrollo profesional y experiencias laborales, sin más interés que el sueño de construir un Chile mejor.

Se trata de un esfuerzo que reivindica la importancia de la política y de la sociedad civil como motor de lo público. Hoy la política en Chile vive un momento complejo. Desprestigiada por sus propias fallas, los chilenos desconfían de ella y lo expresan a través de una participación electoral que ha caído a niveles preocupantemente bajos. Pero seamos claros: sin política, sin buena política, no hay posibilidad de tener una democracia que permita construir un país mejor y hacerse cargo de los tremendos desafíos que existen en materias sociales, económicas y, por supuesto, también políticas.

No cabe duda que, desde el retorno a la democracia, Chile ha sido extremadamente exitoso en distintos planos. Como nunca en su historia, el país fue capaz de incorporar masivamente a los chilenos a oportunidades materiales y educacionales que en el pasado estaban reservadas únicamente a una elite. Chile ha avanzado, por vez primera, en la construcción de una clase media verdaderamente masiva, que reclama oportunidades, valoración y reconocimiento por lo que ha sido capaz de lograr. Y aunque desde la izquierda se niegue este hecho, al punto de avergonzarse de los éxitos de la Concertación de la que muchos fueron parte y, a partir de ahí, dejarse tentar por lógicas refundacionales, la evidencia es irrebatible.

Nosotros reconocemos y reivindicamos con fuerza este progreso, al tiempo que creemos que los indudables desafíos que el país enfrenta deben abordarse buscando grandes acuerdos y construyendo sobre lo obrado, en lugar de al alero del espejismo de las lógicas refundacionales.

Conscientes de lo mucho que se ha avanzado, también somos críticos de los autocomplacientes. El gran déficit de los últimos treinta años se encuentra justamente en la Política, no en el modelo económico, como ha querido hacer ver la izquierda. Chile se modernizó gracias al esfuerzo de miles de emprendedores, trabajadores y empresarios. El gran mérito de la política durante este período fue justamente dejarlos emprender, trabajar e invertir, y paralelamente realizar un notable manejo de las políticas macroeconómicas. El gran pecado de la política fue acostumbrarse a la mediocridad del Estado. Esto tuvo consecuencias brutales en el plano de la seguridad pública, de las políticas sociales como salud, educación, protección de menores o superación de la pobreza. Escenario que se erosionó aún más, en el último tiempo, con las reformas de la Nueva Mayoría mediante las que, el crecimiento económico y el empleo se vieron fuertemente afectados.

El Estado ha dejado de cumplir adecuadamente con su deber en muchos planos. No ha sido capaz de emparejar la cancha de las oportunidades entre los niños de distintos niveles socioeconómicos, y actualmente se ha transformado en un gran freno para quienes son el motor de desarrollo de la sociedad; los emprendedores. En suma, tenemos el desafío de levantar el país y ponerle patines a todos nuestros niños para que ninguno se nos quede atrás. Para lograrlo, debemos devolverle el Estado a los ciudadanos, el cual se encuentra capturado por operadores de los partidos políticos. Nuestro desafío es dejar atrás la autocomplacencia y aplicarle una cirugía mayor a la Política y al Estado.

Es cierto que la izquierda carga con mayor responsabilidad en este fracaso del Estado, pero la pasividad de la derecha tiene, por contraposición, su también cuota de responsabilidad. Por muchos años descansó en una visión extremadamente economicista, y no le importó la mediocridad del Estado mientras contara con que la economía siguiera creciendo. Confiaba en un sistema económico que parecía operar con piloto automático. Minimizó la importancia de las ideas y de la necesidad de construir un proyecto político de largo plazo con noción de justicia clara, con un sueño más allá de los 20 mil dólares per cápita. Una derecha que, por lo mismo, reivindicó muchas veces una versión empobrecida de la subsidiariedad, centrándola en el tamaño del Estado más que en su efectividad y robustez para cumplir con su innegable rol regulatorio y social: Una derecha que también ha sido tímida respecto del de la sociedad civil y sus cuerpos intermedios como motor de público.

Estas propuestas de gobierno, más allá de su especificidad, se inscriben en ejes orientadores que buscan contribuir a pensar en un proyecto político de largo plazo, que supera los ejes divisorios de hace treinta años y mira hacia el futuro, construyendo sobre los pasos que como sociedad hemos dado, para una derecha moderna. Una que, fundada en los principios de la libertad, el mérito y la diversidad, se compromete con fuerza con un sentido de justicia que se ocupa. de los más desfavorecidos y busca emparejar la cancha de las oportunidades, y así poder conversar con los tiempos de un Chile más exigente y complejo inserto en la modernidad.




Principios que inspiran las propuestas


Las propuestas que presentamos se articulan en torno a la defensa de una concepción general de justicia, que es consustancial al ideal de libertad que las inspiran.

Un sentido de justicia que se refleja en profundas convicciones: creemos en una sociedad en que el mérito y el esfuerzo sean los motores para el despliegue de los diversos talentos y proyectos de vida de las personas en el ejercicio de su libertad.

Creemos en la diversidad porque estamos convencidos que en ella hay valor. Ello en oposición al discurso igualitarista de la izquierda donde la diversidad puede, en el extremo, ser asfixiada. Por ello defendemos con fuerza el respeto y ejercicio de los derechos fundamentales de toda persona. Creemos en la urgencia de que cada persona disponga de las capacidades y reconocimiento necesarios. Ni la cuna puede ser determinante en el resultado final, ni la falta de meritocracia o la existencia de discriminaciones arbitrarias son aceptables, por cuanto impiden que el esfuerzo y talento sean recompensados adecuadamente. No es la desigualdad a secas que plantea la izquierda el problema. El problema es la desigualdad injusta así entendida. Este marco nos lleva a ser más explícitos en una serie de implicancias de política que de allí se desprenden. Por de pronto, a invertir con fuerza, desde la sociedad civil y el Estado, en capacidades habilitantes –aquellos mínimos necesarios para generar una genuina igualdad de oportunidades -, que permitan un verdadero ejercicio de la libertad, y el reconocimiento del esfuerzo y del mérito.

Creemos en un principio fundamental que reafirmamos con fuerza: la focalización. No desde una mirada de mínimos exiguos, pero sí desde un sentido de justicia que considere las distintas carencias de las personas para dotarlas de capacidades habilitantes y fundantes del mérito.

Un sentido de justicia que no olvide que, a mayores carencias, mayores necesidades y esfuerzos. Allí donde la izquierda plantea nivelar hacia abajo, nosotros planteamos sobre invertir y nivelar hacia arriba a quienes corren con desventaja. La opción por invertir en quienes más lo necesitan no solo es un criterio de justicia redistributiva fundamental, sino que también está acorde con la diversidad y la no discriminación. Lo es, porque la discriminación arbitraria consiste precisamente en beneficiar a todos por igual en circunstancias que se encuentran en planos de desigualdad. Es por ello que nuestro ideario tiene una especial preocupación por quienes viven en condiciones indignas. Hoy en el discurso político hablamos más de desigualdad que de pobreza, olvidando que, pese a los éxitos del país en esta materia, continúan habiendo millones de chilenos bajo la línea de pobreza.

Creemos también en la importancia que tiene el crecimiento económico para el desarrollo de nuestro país y de cada uno de los chilenos. La agenda de la izquierda ha subordinado este factor, sembrando expectativas populistas que luego quedan decepcionadas al no poder cumplirse. Seamos claros: sin crecimiento económico derrotar a la pobreza y emparejar la cancha de las oportunidades es un mero espejismo.



Los niños: La importancia de la infancia como eje central

Los valores fundamentales que guían nuestras propuestas, se plasman en todos los ámbitos en los cuales la política pública tiene un rol. Sin embargo, creemos que una de las áreas prioritarias donde concentrar los esfuerzos de proveer capacidades exigentes para el despliegue de la libertad y las oportunidades, está asociado a nuestros niños.

Porque los talentos se distribuyen naturalmente iguales pero las oportunidades no, un eje central de nuestro programa social está en buscar nivelar la cancha ahí donde el origen de la desigualdad injusta se produce: en los primeros años de formación. Nuestro programa pone el acento en una causa largamente postergada: los niños. Si queremos que disminuya la desigualdad, es urgente ocuparnos de que esa brecha no se siga generando hoy, y para ello es esencial tener un foco particular en la educación preescolar y escolar, en la atención de salud de los menores, en las condiciones de vivienda y seguridad, y en la rehabilitación efectiva en aquellos niños que por diversas razones han visto vulnerados sus derechos. Ello en oposición, por ejemplo, a las costosas promesas de gratuidad en la educación superior, que dan en el gusto a los que marchan y que postergan lo que es un imperativo moral para Chile.



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