Premi Catalunya Europa Segle XXI



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Transcripció IV “Premi Catalunya Europa Segle XXI” Fundació Catalunya Europa (FCE)

Intervenció inicial Antoni Castells, president del Consell Assessor de la FCE

Ens toca fer molt més present a Europa i el debat europeu a la nostra vida. Hem tingut unes eleccions catalanes i espanyoles, i el tema europeu ha brillat per la seva absència. Mai ha estat tant important el que passa a Europa, i en canvi segueix sent un debat polític aliè, estrany. És important ser-hi presents.

El Premi ha estat concedit per un jurat concedit pel senyor Solana, que en va ser president, la senyora Maria Badia, el senyor Joan Manel del Pozo, i el senyor Batllori més jo mateix. Va ser atorgat al senyor Francesco Camonita per un treball que porta per títol “Of Spitzenkandidaten and European Leaders: The 2014 EP Presidential Campaign in the context of the EU legitimization process”.

És un treball que ens va resultar enormement interessant. Volia destacar fins a quin punt les eleccions al Parlament Europeu poden contribuir a donar una legitimitat democràtica a la construcció política de la que ens queixem, pel fet que el candidat del partit més votat a nivell europeu esdevingui el president de la Comissió. I això no va ser fàcil. Va haver un pols polític entre el Parlament, els partits polítics i membres del Consell que volien seguir mantenint la prerrogativa de nomenar-lo.

Jo crec que el procés dona, i el treball ho estudia molt bé, una especial legitimitat al president de la Comissió. Que pot parlar en nom d’Europa, a diferència dels líders nacionals. A vegades es critica a la senyora Merkel, que si fa el que l’hi diuen els alemanys. Home, és que l’han escollit els ciutadans alemanys! Després volem que sigui capaç de convertir aquesta confiança nacional al servei del projecte europeu, com varen fer en el seu moment el Kohl, el Miterrand i aquesta gent. Però la seva primera legitimitat és nacional. De manera que aconseguir un nou equilibri és especialment important, i per això vàrem premiar al senyor Camonita. El senyor Camonita és llicenciat en Relacions Internacionals per la Swansea University de Regne Unit, Máster en Estudis d’Integració europea de la Universitat Autònoma de Barcelona, doctorant en geografia i cooperació europea transfronterera, també a la UAB.

Francesco Camonita, autor de l’estudi “Of Spitzenkandidaten and European Leaders: The 2014 EP Presidential Campaign in the context of the EU legitimization process”

Os presentaré mi estudio, intentando centrarme un poquito en los orígenes del trabajo, un breve resumen de la estructura, las Fuentes citadas, y más importante, las Fuentes mismas del Trabajo. Este trabajo nace durante mi época como estudiante del máster de Integración Europea de la Universidad Autónoma de Barcelona. Por aquel entonces también trabajaba como técnico de apoyo a la investigación y mi despacho estaba al lado del Centro de Documentación Europea de la UAB. Fue por eso que pude entrar en contacto por primera vez con la campaña a las elecciones al Parlamento europeo. Y de hecho, fue aquí donde me chocó el fuerte componente retórico. La elección del presidente de la Comisión a través del Parlamento. Un poquito el eslogan “This time is different”. Me resultaba muy atractivo el tema, pero al mismo tiempo empezaba a leer textos periodísticos escépticos con la iniciativa, y empecé a pensar cómo construir este trabajo.

Mi primer planteamiento fue verificar la realidad de este debate, a nivel académico, jurídico y politológico, investigar las implicaciones de dicha iniciativa, sobre todo en un contexto de legitimidad y democratización de la iniciativa europea; evaluar las implicaciones del nuevo equilibrio institucional entre Comisión y Parlamento europeo. Y analizar la dinámica y la respuesta a la campaña electoral por parte de la Comisión, pero sobre todo por parte del Consejo Europeo.

El idioma escogido fue el inglés, y la pregunta final de investigación, tras haber empezado a profundizar en la temática, se basó en el contexto de la legitimación de la Unión Europea, dando lugar a la siguiente pregunta: si la campaña electoral efectivamente representaba un avance en el proceso de legitimación de la Unión Europea. El estudio se basaba en una extensa búsqueda bibliográfica de documentos institucionales, pero también de fuentes periodísticas para construir las diferentes etapas del proceso. Finalmente, llega una argumentación a través de una reconstrucción de datos con una metodología puzzle gathering.

Hubo dos versiones del trabajo. La primera la tuve que entregar en junio de 2014, durante el máster. Todavía no teníamos ni el presidente de la Comisión elegido. Por lo tanto este premio se presentó como una ocasión [para analizar su elección], aunque ya tuviera el marco teórico, un capítulo de análisis sobre los tratados. Sin embargo, me dio la ocasión de escribir todo el capítulo 4, un análisis a posteriori de las elecciones, con un capítulo sobre la politización de la Comisión Juncker.

Finalmente lo que podéis ver aquí es el trabajo en su versión final, tal como estaba publicado en la web de la Fundación Catalunya Europa, que presenta cuatro apartados, aparte de la conclusión y la introducción. En el capítulo 2 traté de reconstruir un marco teórico y una reseña bibliográfica, alrededor de la temática principal. Por lo tanto me ocupé en la sección 2.1 de la cuestión de la democratización europea, centrándome en el enfoque principal del debate. En la 2.2 me ocupé más bien de los partidos europeos y las elecciones europeas, intentándome centrar, por un lado, en la acusación de que las elecciones europeas son elecciones nacionales de segundo orden, y por otro lado, en la acusación que se hace al Parlamento europeo de ser débil y no atraer suficientes electores. En la tercera parte del capítulo dos me ocupé de la presidencia europea y de la presidencia de la Comisión, con la voluntad de examinar las limitaciones de poder en el ámbito de mediación institucional y la capacidad de liderazgo del presidente de la Comisión Europea.

El capítulo tres constituye el corazón del trabajo, porque analiza el estado de la cuestión. En la primera parte analicé la versión renovada del Tratado de Lisboa, donde se había añadido la frase mágica: “teniendo en cuenta el resultado de las elecciones europeas, el Consejo Europeo propondrá al Parlamento Europeo el candidato”. Sin embargo, añadido a esto encontré la declaración anexada número 11, donde sin decirlo claramente se añadía un sistema de responsabilidad conjunta y consultas entre el Parlamento y el Consejo Europeo.

Personalmente algo de lo que más me interesó fue investigar el lanzamiento, por parte del Parlamento, de una campaña electoral autónoma. Y es lo que vemos en la resolución del Parlamento de 2012, donde vemos por primera vez que se lanza la campaña Spitzenkandidaten, y también ver que se señalaba una cierta declaración de simpatía a la iniciativa por parte de la Comisión Europea. Sin embargo, el punto más importante se revela al darse cuenta de que en ningún momento los tratados especifican que el candidato procederá del partido más votado, y que proceda de la campaña de Spitzenkadidaten. Esto podría haber supuesto un obstáculo particular para la campaña. Claramente el proceso ha supuesto un debate académico muy activo. Fue muy interesante descubrir en la sección 3.2 argumentos a favor y en contra, pero también un análisis de los riesgos asociados con la iniciativa.

En el capítulo cuatro he salido bastante de la literatura teórica para analizar los hechos reales de las elecciones europeas. En la sección 4.1 analiza el proceso de selección interna de los Spitzenkandidaten, un resumen de la campaña electoral y del programa, ya que estamos analizando una iniciativa muy innovadora por parte del Parlamento europeo y no existía un protocolo para esto. En la sección 4.2 analicé la campaña electoral y encontré una lista bastante gorda de obstáculos y críticas. Sin embargo, yo creo que una de las más importantes es de Peñalbert García cuando nos dice que el éxito más importante es que se haya hecho una campaña Spitzenkandidaten para empezar, mientras que en la sección 4.3 fue muy interesante ver los resultados de las elecciones europeas de 2014, pero también analizar lo que ha sido la amenaza intergubernamental al proceso de Spitzenkandidaten. Sobre todo cuando Reino Unido se unió a un grupo de países euroescépticos para intentar sabotear directamente todo el proceso, y como vimos que Alemania con Merkel intentó empujar para el éxito del proceso. Estamos hablando de acontecimientos muy recientes, por tanto he necesitado muchísima documentación periodística, pero también hay una primera parte de documentos académicos.

En el capítulo cinco me alejé de la temática principal, para adquirir elementos de análisis complementario, pero útiles para mis conclusiones. En particular quise fijarme en los elementos consecuenciales del proceso Spitzenkandidaten en la politización de la construcción del Colegio. Me ocupé de la sección 5.1, de la creación y composición de la Comisión Juncker, de la presentación de la lista de candidatos hasta la aprobación del Parlamento Europeo, y me basé en documentación institucional de la Comisión y el Parlamento, además de las noticias de prensa. En la sección 5.2 también pude basarme un poco en la declaración política de Jean Claude Juncker, la reestructuración de la composición del colegio… Una evaluación del primer año de actividad de la Comisión, aunque aquí no podíamos hacer una evaluación del nivel final de politización de la Comisión Juncker, porque esa queda para 2019. Para eso se intentará hacer un primer intento sobre el primer año de actividad de la Comisión Juncker.

Finalmente mis conclusiones me llevaron a verificar que ha habido un efecto de politización en la construcción, tanto a priori en la selección de candidatos expertos y de diferentes partidos europeos como a posteriori, en las alianzas políticas en el Parlamento europeo para aprobar los candidatos en los Comités. Para llegar a las conclusiones finales, la respuesta final a la pregunta de investigación es que el proceso de Spitzenkandidaten ayudó a un avance parcial en la legitimación de la Unión. Por una parte el éxito del proceso de avance sí es a nivel institucional ya que ha abierto una vía para un proceso más democrático en las Instituciones europeas, y todo esto sin tener que pasar por la revisión de los Tratados. Entonces sí que ha habido una politización del sistema político europeo. Sin embargo, es una ayuda parcial porque el proceso no ha ayudado a incrementar la participación ciudadana.

Si miramos los números veríamos un 42,54% en 2014, un poquito más bajo que en 2009, y muy lejos del histórico 62%. Todo esto no quiere decir que tendríamos que rechazar el proceso, pero ulteriores avances dependerán de la consolidación del proceso Spitzenkandidaten, y de la responsabilidad de los nuevos actores europeos, legitimados [por las elecciones]. Tendrán la responsabilidad de formular políticas bien definidas con las cuales los ciudadanos podrán reconocerse.

Finalmente una hipótesis de apoyo es siempre creer en la lenta pero inexorable evolución de la UE, viéndola como un experimento bastante único donde los procesos se consolidan a través de un largo proceso de adaptación. Sí que habrá que tener cuidado en el proceso de Spitzenkandidaten con los nuevos obstáculos a seguir, hasta que no se consolide el proceso a nivel de tratados y acuerdos podrá haber amenazas intergubernamentales, o podrá haber un riesgo de falta de unidad a nivel del Parlamento europeo. Esto abrirá nuevas vías de investigación futura. Este trabajo podrá tener un seguimiento durante las elecciones europeas de 2019, también a nivel de trabajo de la politización de la Comisión Juncker.

Segona intervenció d’Antoni Castells: presentació de la taula rodona

Pasamos a la segunda parte del acto, que es la mesa redonda. El título es “El malestar democràtic: resposta europea o replegament nacional”. Se trata de aprovechar esta ocasión para reflexionar un poco, sabiendo la opinión de estas personas [los ponentes], hacia un tema crucial. Nos encontramos en un momento en el que hay una confluencia de desafíos de primer orden. Europa sigue siendo una de las zonas del mundo [desarrollado] con dificultades para superar la crisis. Y suma a ello la crisis de los refugiados, la inseguridad y la forma de hacer frente conjuntamente al fenómeno del terrorismo; el Brexit, cuestión de gran importancia desde muchos puntos de vista, seguramente sobre la moral europeísta (risas).

Toda esta confluencia de desafíos y problemas da lugar a respuestas muy distintas. Y a una doble crítica que no habría que confundir. La crítica de los que creen que Europa debería ir más allá, más rápido, y critican cómo se están haciendo las cosas; y la crítica de los que piensan realmente lo contrario, los euroescépticos, que querrían que se fuera marcha atrás hacia el repliegue.

Realmente en Europa se han hecho avances extraordinarios. Si miramos desde 2010 hasta 2015 el proceso de vertebración institucional en torno a la zona euro es enorme. Sin embargo, la percepción es que estamos en una marcha atrás, en un desapego. Estamos ante una contradicción de fondo. Somos conscientes de que hacen falta pasos decisivos hacia una mayor integración política, pero a la vez sabemos que no se dan las condiciones políticas para dar estos pasos hacia la integración. Y este es el proceso de fondo. Entendiendo por construcción [comunitaria] unas Instituciones europeas de contenido inequívocamente democrático. No solo un poder intergubernamental.

La reflexión que os invito a hacer es como alterar esta dinámica. Una lógica, si queréis, que genera una dinámica centrífuga. De creciente escepticismo, de distanciamiento hacia la idea de Europa, una dinámica centrípeta. Europa no es la causa de los problemas, si no la solución. ¿Cómo conseguimos invertir esta lógica? Y ahí dejo la pregunta para que nuestros ilustres invitados en una mesa redonda empiecen a reflexionar sobre esta cuestión.

Carlos Carnero, director gerent de la Fundación Alternativas

El trabajo no ha puesto el dedo en una llaga, si no en un nuevo avance de la Unión Europea. Me agarro a las palabras de Antoni Castells, porque es muy difícil escuchar intervenciones optimistas como la suya, y que pongan el foco en el haber de la Unión Europea. Cada vez que ponemos el foco en el debe nos equivocamos, porque no somos capaces veces de ver a la Unión como un proceso de construcción. Si nuestros países ya llevan bastante en la hora de su vida, la Unión está escasamente en los primeros cinco minutos. Y además se construye ex novo, porque es la primera democracia supranacional que ha existido en la historia de las organizaciones políticas y de la humanidad. No es una organización internacional. No es un Estado nacional. No es un Estado federal. Es otra cosa. Es el ornitorrinco, no cabía en ninguna de las clasificaciones de los seres vivos. Pero existía, se movía. Y había que nombrarlo. Eso es la Unión Europea, la primera democracia supranacional, pero que obviamente tiene una base nacional, el propio nombre lo dice.

Dentro de un par de meses presentaremos el quinto informe sobre el Estado de la Unión Europea. Y en esta ocasión nos dimos cuenta de algo evidente que faltaba en las otras ediciones. Que tratábamos de analizar la situación de la Unión Europea olvidándonos de analizar la de cada uno de los Estados que la componen. Faltaba un capítulo en el que dijéramos ‘bueno, estas son las grandes tendencias políticas en los Estados, y que luego terminan repercutiendo políticamente en el Consejo Europeo, en la Comisión, y en todas las Instituciones Comunitarias. Echando un vistazo a lo que está ocurriendo en estos momentos en los Estados europeos, podemos identificar muchas tendencias negativas que no son propias de la Unión, si no de los Estados que la componen. Por ejemplo, el crecimiento de los populismos, particularmente de los partidos de extrema derecha, racistas, xenófobos, no se ha producido tanto en el Parlamento Europeo -La cantidad de eurodiputados de esas formaciones es mucho menor a lo que se podía esperar en las elecciones de 2014- como en los Estados. En efecto, no es tan preocupante que el Frente Nacional de Francia tenga cuatro o cinco escaños más en el Parlamento Europeo, una cámara de 751 escaños, como que gane la primera vuelta de unas elecciones regionales, y hoy tenga unas expectativas para las elecciones nacionales que asustarían a cualquiera con dos dedos de frente. Pero claro, no nos podemos quedar en decir que estamos hablando de la Unión Europea, olvidándonos que si el Frente Nacional llega al poder en Francia las repercusiones para la Unión y su desarrollo serían desoladoras, por poner un ejemplo.

Pero claro, estamos en una democracia supranacional que tiene que gobernar cosas complejas, y a veces nos olvidamos de esto. Pensamos que la Unión tiene que hacer sumas de dos más dos, multiplicaciones de tres por tres. La Unión Europea está afrontando el Gobierno de cosas muy complejas, a través de mecanismos muy complejos, propios de una democracia supranacional. Y a pesar de eso, y seguramente por eso, ha tratado siempre de perfeccionarse democráticamente. Eso no tenemos que olvidarlo. Mientras que nuestros Estados a trancas y barrancas se perfeccionan democráticamente y reforman sus Constituciones si es menester, la Unión Europea ha hecho reformas de calado hasta hace bien poco.

Se ha citado antes la convención Constitucional, yo tuve el placer de formar parte de esa convención, fue un ejemplo de perfeccionamiento democrático, y los avances que tenemos en el tratado de Lisboa vienen del proceso de la Constitución europea. Por eso yo me sobresalto cada vez que se dice ‘fracaso de la Constitución europea’, porque no ha fracasado. Vive en otro cuerpo. Ha fracasado la forma que se le dio, pero no su contenido. Más tarde o más temprano tendrá incluso esa forma. Ahí podemos ver como el proceso de toma de decisiones ha dado un salto adelante espectacular, con más codecisión, mucha más codecisión. Yo me acuerdo del Parlamento europeo del año 94, y compararlo con esto no tiene color. Una ampliación de la mayoría cualificada, de las competencias de la Unión, de los mecanismos de democracia representativa, que eso somos, pero también de los de democracia participativa. Aunque los Gobiernos se cargaran el término en el Tratado de Lisboa, y que sí estaba presente en la Constitución Europea. Los propios partidos europeos han avanzado mucho.

Yo fui vicepresidente del Partido Socialista Europeo. Y recuerdo que en el año 2004, cuando se coordinaron las elecciones europeas y el manifiesto que yo coordinaba del PSOE se finalizó, alguien dijo, ‘¿y dónde metemos el manifiesto del Partido Socialista Europeo?’. ‘Sin problema, cabe en la última página’. Eso era el programa del Partido Político Europeo en el 2004. Si uno toma el programa del Partido Socialista Europeo de 2014 o, me da igual el manifiesto de cualquier otro partido, ya no es un canto gregoriano. Es un programa que compromete y que tiene medidas. Y eso ha servido, por ejemplo, para que fueran capaces de presentar candidatos a presidir la Comisión Europea, porque el hombre o la mujer pueden cambiar cosas, pero lo tienen que hacer con un programa, y representando a un colectivo. Con esos programas los partidos han presentado candidatos. Es más, han sido capaces de iniciar un nuevo ciclo político europeo, al menos en términos institucionales.

Es más, la elección del señor Juncker ha tenido consecuencias inmediatas, teniendo en cuenta la provisión institucional de que el Consejo tenga en cuenta los resultados del Parlamento para la elección de un candidato para presidir la Eurocámara. Él ha sido elegido con un programa y, no lo olvidemos, el Plan Juncker es solo parte de ese programa. Con ese programa ha construido una gran coalición, que es la que gobierna la Comisión Europea, y que responde a la que hay en el Consejo Europeo. Y desde luego está basada en los números del Parlamento Europeo. Si tienes candidatos y programas que se puedan contrastar, no confrontar, puedes construir coaliciones. Antes eran de facto, ahora son de iure. Y están explicitadas y votadas en la Eurocámara, y la gente puede votar ahí, en el Parlamento europeo.

Aquellas elecciones nacionales en las que no esté presente el asunto europeo encierran el peligro de que quien las gane escamotee su actuación del voto y el control de los ciudadanos. Porque al fin y al cabo les está negando la realidad, que un Gobierno que sale elegido por un Parlamento, que sale elegido por unas elecciones nacionales, actuará como miembro de una o dos cámaras de la Unión, sea el Consejo Europeo, en todas las decisiones, sean por codecisión, proceso de mayoría cualificada, unanimidad…

Claro, en ese proceso europeo, con candidatos, programas, es evidente que hay que impulsar mejoras. Por ejemplo, la elección al Parlamento europeo actual debería tener cambios esenciales. Hace falta una lista transnacional, hacer más similares los mecanismos de elección. No puede ser que unos países tengan circunscripciones uninominales y otros ley electoral proporcional pura y sin límite por abajo, como es en nuestro caso. En cuanto a la elección del presidente de la Comisión, está muy bien que el señor Juncker fuera el candidato del PPE, pero debería haber sido el candidato del Parlamento. Para que del Parlamento europeo pueda salir un presidente de la Comisión, no alguien que llega aterrizando, sin presentarse al voto. Porque, ¿qué se vota entonces? Se vota también directamente a las personas. En cuanto a la composición de la Comisión, creo que hay que acabar con que los Gobiernos sigan haciendo excepción y la Comisión crezca a medida que crecen los Estados miembros. Debe tener dos tercios como máximo, y esto está en el Tratado. Se tiene que ampliar la mayoría cualificada, acceder más fácilmente al Tribunal de Justicia de la Unión, y controlar los procesos de los otros cuerpos.

¿Qué nos permitirían estos procesos? No nos permitiría dejar de ser el corredor de la paradoja de Zenón. La Unión seguirá siendo ese corredor, me temo. Ya saben, la Unión Europea va hacia la meta y alguien con muy mala intención dividiría sucesivamente la distancia entre él y la meta por la mitad. En consecuencia no llegaría nunca. Puede que no lleguemos nunca a tocarla estrictamente, pero estaremos muy cerca. ¿Cuándo estaremos muy cerca? Cuando seamos una Unión Europea de carácter federal. Y esto no significa solamente hablar de un término. Significa crear un tronco común de competencias, de decisiones, de control democrático, participativo, representativo, en el que ser ciudadano europeo esté por encima de ser ciudadano nacional. Esto es lo que queremos conseguir.

Y como yo soy optimista por naturaleza, creo que en esta legislatura habrá una convención. Es más, lo deseo. Es imprescindible, porque somos una Unión de Derecho. Por ejemplo, se habla de la crisis de los refugiados. Se dice si los Gobiernos hacen tal o cual. Lo primero que tendrían que hacer es cambiar en reglamento de Dublín [III], que es el gran obstáculo para la gestión de la crisis de los refugiados. No olvidemos que las leyes no están para admirarlas, sino para aplicarlas. Y se hacen para aplicar la razón al Bien Común. Si somos una Europa federal, y tenemos una Constitución, seguro que seremos hasta más felices.

Carme Colomina, periodista del diari ARA i investigadora del CIDOB

Mucho me temo que mi foto fija del momento será bastante más pesimista [que la de Carlos Carnero], y al menos ya tendremos donde debatir. Porque cuando yo miro la Unión Europea y sobre todo si la miro en perspectiva, casi la veo frente a un abismo. Que igual se puede resolver con una convención, pero hacen falta muchas dosis de política y convencimiento que no veo en este momento. Yo veo a una Unión Europea incapaz de cerrar fracturas internas. Y, como no cierra fracturas internas pasadas, ante las siguientes emergencias se ve superada. Hablábamos de una cuádruple crisis, lo decía Antoni Castells al empezar, la crisis de la eurozona, la del Brexit, la migratoria… Y se van superponiendo las crisis y no consigue cerrar ninguna de ellas. Al final estamos en un escenario de cuestionamiento de lo que considerábamos pilares troncales de la Unión Europea. Desde el concepto de solidaridad hasta la libre circulación de personas. Esta es la Unión Europea que tenemos ahora.

Pero es que además, cuando miras en perspectiva en este momento de crisis migratoria, es el primer momento en que Europa está sin liderazgo, sin ningún liderazgo. Porque incluso en las peores crisis, los peores momentos de la crisis financiera, había una líder en Europa. Europa se partía en dos, pero Ángela Merkel tenía un programa, una estrategia compartida y a su alrededor había un grupo de países fieles que defendían esta estrategia. Y ahora por primera vez no hay ningún país que asuma el liderazgo. Cuando ha sido Ángela Merkel la única que ha tenido una política de apertura frente a los refugiados que llamaban a las puertas de Europa, la han dejado sola, incluso sus fieles seguidores, nadie la ha seguido. Percibo una ausencia total de liderazgo porque Ángela Merkel no ha ocupado el papel que desempeñaba hasta ahora de poder hegemónico pero tampoco nadie ha asumido este papel, y tampoco las Instituciones europeas.

Creo que hay procesos de politización importantes, el Spitzenkandidaten fue un buen ejercicio que podría haber sido un poco mejor si se lo habrían creído un poco más todos, pero era un buen ejercicio. Hay más voluntad de politización de las Instituciones europeas. Juncker es un animal mucho más político que Barrosso. Donald Tusk el mismo día que toma posesión de su cargo deja claro que tiene una agenda política propia, acaba su discurso dentro del Consejo diciendo “Politics are back in Brussels”, y se refería a él. Es verdad que los jefes de Estado y de Gobierno comparecen con mucha más regularidad al Parlamento para dar explicaciones de sus políticas de lo que han hecho nunca. Hay un proceso de politización, pero este aún no implica un liderazgo claro de las Instituciones europeas.

Creo que estamos en un proceso de transición del poder institucional en Bruselas, y en cambio estamos en un proceso de repliegue por parte de los Estados miembros, que han copado, por decirlo así, el proceso de toma de decisiones. Nunca hasta ahora ha habido tanta profusión de Cumbres para no decidir nada. En nuestra época en Bruselas había dos Cumbres al año, y luego dos por semestre. El Consejo de Asuntos Generales que presidía Javier Solana tomaba las grandes decisiones, y como mucho quedaba algún asunto espinoso para que lo discutieran los jefes de Estado y de Gobierno. Todo esto ha saltado por los aires con esta nueva intergubernamentalidad. Solo se decide lo que deciden los Estados miembros.

Hablaba hace muy pocos días con un funcionario del Consejo y me decía resignado “bueno, mirémoslo en positivo, al menos aún vienen aquí para reunirse”. (risas) Y yo pensé “cómo ha cambiado la situación”. Hay una cierta desmoralización, y creo que hay un choque de intereses, de agendas políticas particulares, institucionales, entre Estados miembros que tiene que clarificarse, y tiene un problema importante porque va a más. Y va a más porque ahora este choque se suma a estas dos grandes visiones de Europa, que van a tener que confrontarse en el debate del Brexit, como decía Carlos Carnero: la tradicional visión de Europa de libre mercado con la Europa política, la Europa federal. Y es verdad, ¿pero quien habla hoy en día de Europa federal dentro de los Estados miembros?

Creo que era el general de Gaülle quien dijo “¿Cómo podemos hacer una tortilla federal con los huevos duros de las viejas naciones europeas?”. Y el pobre no podía imaginarse el proceso que haría su país. Francia, la gran defensora de una Europa federal, cuando ves lo que vota cuando va a las urnas, da que pensar. Ha habido un cambio sociológico. El director de Friends of Europe, un think tank de Bruselas, me decía “el problema muchas veces es que desde las Instituciones se sigue mirando a la Unión Europea y viendo a la Unión que ellos creen que es. No a la Unión Europea en la que se ha convertido”. Creo que eso está en discusión, y en discusión interna dentro de la Unión Europea.

Para discrepar un poquito más y animar el debate, no sé si fracasó la Constitución Europea, o no. La realidad es que hubo dos países [Francia y Holanda] que votaron ‘no’. Que probablemente no votaron ‘no’, si no que lo hicieron al presidente o primer ministro que hizo el referéndum, y que eso no era un ‘no’ a Europa, si no que era un ‘no’ a favor de una Europa más social, o que se buscara otro tipo de arreglo. Pero la conclusión es que salió un no y paralizamos un proceso de Constitución Europea.

Y cuando hablábamos al inicio de este malestar democrático, yo pensaba… ya sé que remontarse a ello suena casi como viejo, [pero] yo creo que el malestar democrático que vivimos tiene en eso su origen, en mayo de 2005. Ya hemos superado una década, y tiene su origen no tanto en ese ‘no’, si en no saber leer el ‘no’. Creo que hemos acabado magnificando ese error por un error de lectura. Yo creo que cuando la gente vota que no, la lectura que hacen las Instituciones europeas a nivel periodístico es de comunicación. Han votado que no porque no nos hemos explicado bien, no entendían lo que proponíamos. Otro error de lectura es no pensar a qué obedecía todo ese no… Cuando tu miras los estudios y se intenta explicar por qué vota que no, hablan de una Francia rural, asustada por la globalización, que se siente vulnerable y no supimos leer esa vulnerabilidad. Y en cambio ha habido otras fuerzas, Marine Le Pen, en frente de ellas, que han sabido hurgar y hacerse suya esa vulnerabilidad.

También creo que otro error ha sido que durante demasiado tiempo interpretamos cualquier crítica a la Unión Europea como euroescepticismo, en lugar de eurocriticismo. Y durante demasiado tiempo hemos pensado que criticar a la Unión Europea nos ponía en el bando de los populismos, y esto nos ha hecho perder autocrítica. Para mí el ejemplo más claro de que nos ha faltado darle la vuelta es esta idea de la gran coalición merkeliana, que se impone en Europa. Esta idea de que debemos bunkerizar el centro, dejando fuera los extremos. Y entonces cualquier voto que no esté en el centro se irá a los extremos. Nos ha faltado mucha cintura política.

Bueno, no quiero ser pesimista y alarmista, o sea que me iré yo misma reduciendo y luego debatiremos, pero el problema es cómo cambias esa inercia, esa lógica. Claro, la única manera de invertirla es creyendo de verdad que Europa es el centro. Pero no la veo en los Estados. La veo en las Instituciones. Los que hemos estado en Bruselas y hemos visto la voluntad de los que trabajan en las Instituciones, como se creen de verdad el proyecto europeo, aunque a veces lo ven desde una distancia un poco lejana a la calle. Pero se lo creen de verdad y lo viven. Las Instituciones europeas tienen que defenderlo, porque si ellos no lo defienden, ¿cómo lo defenderán unos Estados cuya legitimidad es nacional? Y nos falta eso. Creo que nos falta que la política vuelva a Bruselas, pero que sobre todo hagan de contrapeso real a los Estados. Y hay muchos ejemplos que se podrían hacer y no se están defendiendo. Creo que durante demasiado tiempo las Instituciones europeas se han inhibido ante el aumento de los populismos, porque muchas formaciones populistas han estado apoyando gobiernos de partidos tradicionales, porque ahora mismo pasa lo que pasa en Hungría, las Instituciones europeas llevan demasiado tiempo sin responder a las violaciones de los valores europeos que se están cometiendo allí. Los Estados Europeos están en repliegue, han perdido su fe en Europa, están solo, solo, cortoplacistas y movidos por sus intereses nacionales, pero es el momento que las Instituciones europeas recuerden lo que són, las garantes del bien común. Si ellos no se lo creen no se lo va a creer nadie, y empezaría por reclamar mucha más política por parte de las Instituciones europeas.

Javier Solana, president d’ESADE Center for Global Economy and Geopolitics

Entre Carlos y Carme han puesto la situación. Uno ha hablado de lo que puede y debe ser, y otra de la experiencia vivida. Yo voy a estar un poco en el medio. Trataré de explicar lo que esté pasando, y qué medidas habría que tomar para intentar cambiar lo que a mi juicio es lo más importante, la desafección del proyecto europeo. Para una generación, que es la mía, es nuestra vida, y lo sigue siendo. Pero también somos eurocríticos. Yo creo que tienes mucha razón, Carmen, cuando dices que una cosa es ser eurocrítico y otra es euroescéptico. Hay que ser crítico para reformar las Instituciones y no quedarse dormido, etç.

Pero yo quería ligar el proceso de desafección a la Unión Europea a los temas económicos. Yo creo que estaríamos en una situación mucho mejor si no fuera por la gravedad de la crisis. Creo que uno de los principales problemas que vivimos hoy está en la no preparación para tratar de una manera más rápida la crisis. Sin explicar qué es la globalización, qué problemas conlleva, todos los problemas que en el 80% son causa de la globalización, como no sabes lo que es o a quien echarle la culpa, la echas a la Unión Europea. La gente joven, que ha perdido su empleo, echa la culpa a su gobierno primero, y luego a Europa. Sin darse cuenta que muchas de esas cosas están porque estamos en un mundo globalizado, y que la Unión Europea seguramente es uno de los mejores modelos para hacer más fácil la gobernanza del mundo.

Siempre pongo el ejemplo de la naturaleza. La tabla periódica tiene 140 y pico elementos. Naciones Unidas tiene casi el mismo número de países, y lo que tiene de muy simpática la naturaleza es que los átomos de los elementos se juntan y hacen moléculas. Y a los países nos cuesta mucho más moleculizarnos. Todos los átomos de la molécula son reconocibles. Hidrógeno y oxígeno en agua. No pierden su soberanía. En la Unión Europea generamos lo mismo. Y eso tenía que ser beneficioso para la gobernabilidad total.

¿Porque es tan importante la crisis económica? No hemos sabido explicar la globalización, y encontrar sistemas para explicarla. La única cosa que se hace es reunir al G20, que estaba allí guardado en un cajón. Las tres reuniones primeras funcionan bien porque frenan la crisis. El problema es que luego no consiguen ponerse de acuerdo para recuperar el crecimiento. En la cuarta cumbre dijeron tres o cuatro cosas, pero no se implementaron ni se habilitaron los mecanismos. Todas esas cosas han traído desgracias a mucha gente.

Para mí la historia de la Unión Europea es un proceso de ganadores y ganadores. En el proceso de construcción de la Unión Europea no había perdedores. España ha sido un buen ejemplo. La entrada a la Unión Europea produce a un país ganador, es mejor de lo que era. Y aunque dio algún pequeño disgusto a los agricultores [y ganaderos] diciendo que hay que tener menos vacas, se les iba compensando. Las compensaciones de la Unión Europea eran muy buenas. Todas esas cosas han cambiado. La crisis económica ha hecho que haya ganadores y perdedores. A nivel global, a nivel nacional, y a nivel local. Y eso es lo que a mi juicio es lo más complicado de asumir, de comprender, y de intentar paliar. Y claro, a un chico joven en paro que ya de por sí está más desafecto de la Unión Europea por la historia, si le dices que la Unión te va a resolver el problema, echa la culpa directamente a la Unión Europea.

No podremos cambiar la desafección por afección hasta que veamos resultados positivos para la vida de nuestros ciudadanos. Es muy importante hacer la pedagogía clara, seria, honesta. Creo que nunca habría que mentir, pero hoy en día aún menos porque la comunicación es tan rápida que las mentiras se cogen enseguida. Habría que hacer un gran esfuerzo porque el Eurogrupo funcione mucho mejor, y la economía vuelva a surgir más rápido. Ahí sí me pongo en el sitio de Carme, porque no se ha hecho bien, no suficientemente bien. Estados Unidos podría haber sido más valiente con la crisis. Al final Draghi ha sido un poco más valiente, y se ha atrevido a tomar algunas medidas por encima de quienes no las querían, porque el representante del banco alemán hizo todo lo posible para que no salieran. Si fuéramos capaces de dar esa vuelta podríamos recobrar la afección. Es muy difícil que los países salgan, porque tendría que ser por la derecha y la extrema derecha. Esto no va por ningún lado porque sus programas dicen una cosa y la contraria. El de Le Pen dice que hay que cooperar para resolver el problema de los refugiados, y a la vez dice que hay que romper [con la UE].

Habría que explicar bien el proceso de globalización. Imaginad que no existiera la Unión Europea. Hubiera sido un escenario de devaluación, de pan para hoy y hambre para mañana. Hay que reconocer que algunas cosas no se han hecho bien, la austeridad como único mecanismo para salir de la crisis es incomprable. O hacemos algo rápido y que se note, aunque no de resultado rápidamente… por ejemplo el Plan Juncker. Si nadie habla del Plan Juncker! Está aprobado. Hoy se podría hacer una carretera pública de Dinamarca a Cádiz. Podría haber un empujón de inversión pública extraordinario.

¿Qué nos está pasando a 25 años del año 89? ¿Por qué hoy estas personas [de los Estados del Este] no creen en Europa? Algunos de estos países salían de una situación en la que no tenían Estado-Nación. Salen del Pacto de Varsovia, y al principio ceden una parte de soberanía en la Unión Europea con gusto. Algunos países han empezado a pensar con la crisis que por qué deben ceder soberanía. Polonia, por ejemplo, es un país fundamental, 40 millones de habitantes, uno de los principales estados del Este, y ahora ya no cree [en Europa].

Ahora estoy analizando las elecciones alemanas. Los lands donde ha crecido más Alternativa por Alemania, un 20% que es terrible, son los de Europa del Este. Hay más europeísmo en Europa del Oeste que en la del Este. ¿Por qué? Por que soñaban que les darían una cosa que al final no les ha salido tan bien como esperaban. Y fijaos que Alemania tiene un presidente nacido en Alemania del Este, y su canciller también.

La tercera cosa que quería decir es todo el tema de las fronteras. Schengen hay que defenderlo a sangre y fuego. Y no es difícil. En mi época hice ocho operaciones de ayudas en el mundo de grandes conflicto. En Yugoslavia. En África, hicimos grandes cosas allí. Incluso en África, fuimos a un país de ASEAN, en Indonesia estuvimos. Schengen hay que defenderlo como sea, y hay que ser muy duros con Inglaterra, no se puede ceder nada.

Y después hay que pensar mejor los temas de defensa colectiva. Si tú preguntas en el Eurobarómetro si la gente estaría por la integración de los ejércitos, la respuesta es sí, también en los jóvenes. Eso no va a llegar. No vamos a ver un ejército con la bandera y los tambores detrás. No vamos a hacer la guerra, vamos a hacer la paz. ¡Pero es absurdo que cada país tenga por separado todos los temas de seguridad de hoy! ¡Si es que es carísimo! Y además la seguridad interior y exterior no son cosas distintas, es un continuo. Como tenemos problemas de seguridad exterior, Siria, tenemos problemas de seguridad interior. Si no estuviera Siria, no tendríamos este problema. Los refugiados vienen porque existe el conflicto, y allí tendríamos que haber intervenido de una forma distinta, pero sobre todo juntos.

Este es un tema que voy a machar mucho después del referéndum [británico], porque los temas de seguridad unen muchísimo. Les va a costar mucho a los Estados soltar este elemento de soberanía, pero si somos capaces de avanzar por ahí, también va a unir a la gente con un deseo de que la Unión Europea puede trabajar de otra manera y proveer al mundo de bienes públicos globales. País a país no podemos proveerlos. Tú no puedes resolver el cambio climático de país a país, porque no contaminas tu cielo, contaminas el cielo. Es tan evidente que es mucho mejor tener una Europa que funcione bien, que me hace perder fe en nuestra capacidad de analizar. Mientras estés en paro esto es muy difícil de hacer. Así que en la parte de la economía hay una esperanza que se puede sumar a otras esperanzas.

Me preocupa muchísimo la juventud, y hay que hacer un esfuerzo porque falta el sentimiento, y hay que dar algo porque no hay nada que ofrecer a un gran porcentaje de nuestro país. No se les puede ofrecer nada. ¿Qué te van a escuchar, si no te escuchan?

El problema no son las Instituciones europeas, son los países. Hemos hecho una campaña electoral en diciembre, y solo se mencionó una vez la palabra Europa, cuando ha habido más debates que nunca.

Resposta de Carlos Carnero

Probablemente soy uno de los más críticos de esta sala, pero crítico con alternativas. Los que estuvimos en la convención y somos federalistas somos los más críticos. Porque no somos antieuropeos pero tampoco aeuropeos. Si uno critica pero no pone alternativas sobre la mesa al final lo que hace es profundizar en la desafección. Están diciendo que no hay salida. ¡Y sí la hay! ¡Claro que la hay! Por ejemplo, están hablando de los mimbres democráticos. Y con estos mimbres y su perfeccionamiento los ciudadanos tienen que votar opciones distintas. Tenemos que transmitir la idea de que la Unión Europea no es asexuada. Que se pueden aplicar políticas de izquierda y de derecha, eso sí, dentro de límites que fuerzan a favor de las medidas progresistas. Porque el tratado de la Unión Europea es un tratado constitucional que supera en kilómetros de progresismo a constituciones como la española. Javier [Solana], cuando uno lee los objetivos de la política exterior y de seguridad común tal y como están escritos se da cuenta de que responden a la Guerra de Irak, porque se escribieron en ese mismo momento. Se dicen cosas que no están en ninguna constitución nacional. Por tanto, yo estoy entre los críticos, pero también quiero dar alternativas.

Yo recuerdo que en 2004 subimos arriba las banderas de todos los Estados que se incorporaron. Pero es que mucho diputados que habían sido elegidos en esos países ya llegaban con un 10% de participación ya en 2004. Por lo tanto el problema no es de la Unión Europea. Como se ha señalado, es de la historia. La historia tiene cosas muy buenas, y cosas muy negativas. Y la historia en esa parte de Europa es muy difícil de cambiar. He leído el Pentateuco de Isaac, un libro de un búlgaro que nos propone un protagonista que es ciudadano de muchos países para acabar de mala manera en todos. Pasó por el nazismo, el estalinismo… Eso no le pasaría en la Unión Europea.

Tenemos un problema en esta crisis, muy grande. Claro que hay populistas que influyen en las decisiones de los países, en Holanda, en Dinamarca, pero al final nos influyen a todos. Apelo a nuestros coraje para no decir sí a todo lo negativo. Hay que tener coraje para decirle a una persona en desempleo que la Unión Europea puede ser un elemento de solución a su situación personal, en un país donde por cierto tenemos a cinco millones de parados, como si fueran ya un compartimiento estanco. Entonces, yo creo que hay que tener coraje y levantarse frente a esto, hacer propuestas. Porque creo que efectivamente hay posibilidad de seguir avanzando. Y para hacerlo en democracia es imprescindible hacerlo con las leyes en la mano. La Unión Europea no sería lo que es si en cada tratado no hubiera mejorado su estructura, tuviera más competencias y pudiera actuar con mayor eficacia. Esta es la realidad. ¿Por qué no podemos actuar contra lo que está pasando con los refugiados con absoluta eficacia? Entre otras cosas porque la competencia del asilo no es comunitaria. Empecemos por decir lo que se pueda hacer y lo que no.

No se puede mentir, jamás. Pero por eso hicimos la convención. Sí se votó no en Francia y Holanda. Yo hice campaña con Hollande en varios sitios, y competíamos en primer lugar con una facción del Partido Socialista que estaba haciendo campaña por el no, con Sarkozy, etç. Pero bueno, la gente votó en un referéndum. Ahora, ya tampoco me olvido de una cosa. Si sumo los votos del no en Holanda y Francia, suman menos que los ‘síes’ de España y Luxemburgo. Pero claro, ¿quiénes somos España y Luxemburgo? Eso me lleva a la figura del referéndum europeo para evitar las ruletas rusas. Y cada vez me gusta menos el referéndum, pero el referéndum europeo evitaría las ruletas rusas. Eso lo veremos con el TTIP, y si no al tiempo.

¡Pero la Constitución [Europea] vive en el tratado! ¿Por qué Draghi ha podido hacer lo que ha hecho? Porque no le han podido llevar al tribunal de Justicia como quería un ministro alemán, que va en silla de ruedas, por no decir su nombre, desde el primer momento. Porque el tratado da unas competencias y permite una interpretación que nos ha permitido por primera vez crear la Unión Bancaria, el Mecanismo de Estabilidad Financiera, ¡salvar a Grecia, el semestre europeo, el Semestre Fiscal! Y todo esto lo hemos hecho con este tratado.

Por eso yo me acuerdo muchas veces de Antoni Gutiérrez Díaz, que en paz descanse, al que yo conocí nada más llegar allí, que me dijo una frase muy bonita: “Lo peor de estar en una Institución es identificarse tanto con ella que la defienda en cualquier circunstancia”. No es mi caso, aunque Felipe me dijo que estaba casado con la Unión Europea. ¡No! Estoy casado con una Europa Federal, y yo creo que es posible. Hay un artículo hoy excelente en The Guardian analizando 800 elecciones. Cada vez que hay una crisis financiera, la subida de los partidos de extrema derecha ha tenido una media del 30%. Pero aunque a mí me preocupa mucho Alternativa por Alemania, si sumo los demás votos de los partidos democráticos son un 80%. Decidme de nuevo ingenuo, pero eso es lo que considero importante.

Resposta de Carme Colomina

Jo no tinc recepta, però penso que el primer que s’ha de fer és recuperar la política. El bon nom de la política. I ho diu una periodista, que també tenim bastant mal nom últimament. Però el malestar democràtic no és amb Europa. Comença a casa. És ciutadà, en general, a cada una de les eleccions. Per tant hi ha un problema democràtic general.

Primer afecta a Europa, i perquè afecta a Europa? Perquè la crisi ens ha portat a una paradoxa, i la paradoxa és que ha posat Europa al centre. La crisi ha donat una consciència a la ciutadania de la importància d’Europa que no tenia abans. Resulta que ara amb la crisi som més conscients del dia a dia a Europa, sabem molt més de la realitat dels nostres veïns europeus. Mai com ara hem sabut què preocupa a Portugal, que pensen els finlandesos dels de Xipre, i què passa a les eleccions alemanyes. Mai hem conegut tant com ara, però com em deia [Daniel] Innerarity en una entrevista, no tenim la sensació d’un destí comú. Ens coneixem però no hem empatitzat. No creiem que siguem tots part del mateix. Aquest és el problema de base. Hem de recuperar una mica aquest esperit comunitari, s’ha de tornar a fer política en general, tornar a explicar les coses però creient-nos-les una mica.

Sí que penso que estem en un moment clau. Depenent de com sortim dels atemptats a París i a Brussel·les, de la crisi migratòria, del que passi amb el Brexit... Estem en uns mesos que acabaran redibuixant la Unió Europea del futur. De si serem una Unió de 28 Estats, de si serem una Europa, diverses europes. Tot això s’està decidint aquests mesos amb les decisions que es prenguin.



Resposta de Javier Solana

Estoy de acuerdo con lo que habéis dicho Carlos y Carmen. Las preguntas casi todas han sido afirmaciones que se comparten. El tema del Este no debíamos cogerlo ahora y convertirlo en el gran tema, porque entonces dejaríamos de resolver los otros, que también son importantes. Pero hay que ser conscientes de ello, sin duda alguna. Mi esperanza es que salga el referéndum de Gran Bretaña bien, aunque es verdad que es una lotería, no sabemos qué va a pasar.

Salga bien o mal, yo creo que después tiene que haber un shake-up durante el verano, y hay que prepararlo y coger a los grandes jefes de Gobierno que todavía puedan hacer, zarandearlos y salir con no solo una declaración, si no con unas medidas a tomar, unas medidas urgentes.

Desde luego ya es un mundo decir que no todos vamos igual ni al mismo sitio. Por lo tanto habrá que tomar también decisiones sobre esto. ¿Cómo tomamos decisiones los que queremos ir más lejos? Hay ahí un cambio también interesante, difícil pero atractivo. Pueden salir cosas en las que un grupo pueda ir mucho más lejos. Esto es lo que puedo decir para dramatizar este momento que vivimos, que es muy grave. Pero a lo mejor ese momento es tan grave que nos obliga a hacer una cosa fuerte.



Antoni Castells tanca l’acte

Crec que la majoria de problemes que tenim avui a Europa només s’arreglen amb més integració política. I en part la gravetat de la crisi té a veure amb la falta d’integració política. Els errors de disseny de l’euro... La Unió Monetària no només necessita Institucions monetàries, també necessita Institucions polítiques. No hi ha cap país al món on funciona la Unió Monetària sense institucions fiscals comunes i darrere un govern comú. I aquí vàrem fer-ho amb aquestes insuficiències. La crisi ha estat més greu a Europa perquè no teníem aquesta integració política, i teníem l’euro. I després hi ha hagut la mala gestió de la crisi, amb unes polítiques d’austeritats contraproduents.



Es que Draghi dice en el gran Jackson Holle “señores, necesitamos políticas monetarias muy laxas, tipos de interés cero, quantitative easing”. “Necesitamos reformas estructurales para mejorar la competitividad, y necesitamos políticas fiscales”. Y esto lo dice Draghi en agosto de 2014, cuando ya da el giro definitivo. Pues en el último G20 no se pudo adoptar esta resolución porque Alemania dijo que no. Sigue siendo imposible adoptar en Europa políticas de este tipo. Los problemas derivan de una insuficiente integración política. Cuando hubo la integración [de Alemania del Este] Delors, que vivió el momento de la caída del muro, en el 89 dijo “Ampliación [hacia el este] sí, pero con profundización”. Yo creo que estamos en este punto.

¿Cómo avanzamos en la integración política, siendo así que la lógica de las elecciones lleva a que el poder se decida en elecciones nacionales, en las que Europa está siempre ausente, o presente para mal? Este es el problema. ¿Cómo vamos a crear un demos pro-europeo, un destino común? Si la lógica de la gobernanza es anti-demos, es una fábrica de crear anti-demos. La lógica de la gobernanza, este es el problema. Tenemos que darle la vuelta a la cuestión. Y esto no es solo una lógica de explicarlo bien. Es cuestión de diseñar nuevas Instituciones y asumir con valentía la integración europea. Hagámoslo como queramos, pero este es el objetivo. Y aquí criticamos para mejorar. Yo creo que la eurocrítica es necesaria si realmente queremos avanzar en un proyecto de integración política europea, porque es evidente que instalándonos en la autosatisfacción, en el cofoisme que decimos en Cataluña, no avanzaremos nunca. Por suerte aquí hemos tenido tres personas que han participado en esta mesa que tienen el denominador común del eurocriticismo, no euroescepticismo. Criticar para mejorar. Estamos de acuerdo, ¿no?

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