“…Porque… para mí el arte, la literatura debe ser tal y tal y tal cosa y por ningún



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VII) “Ayer” y el <>


Uno de los grandes <> surgidos al momento de identificar el texto como una obra impresionista, es que no se trata éste de un movimiento artístico fácilmente delimitable.

Arnold Hauser afirma: “…El impresionismo como estilo literario es un fenómeno en lo intrínseco no muy agudamente perfilado; sus comienzos apenas son identificados en el complejo total del naturalismo, y sus formas posteriores se confunden completamente con los fenómenos del simbolismo…86

No obstante lo anterior, es el propio Hauser quien es capaz de reconocer diversas características que le son propias, y que se amoldan perfectamente a las ideas y formas utilizadas por Emar. Por otro lado, no hay que olvidar que Hauser escribe desde Europa, y que, por más que así lo desee, no puede estar al tanto de todas las peculiaridades de América Latina que, hasta el día de hoy, se manifiesta como una inmensa amalgama de influencias que nunca acaban de cerrarse.

David Wallace postula en este ámbito, “…No es extraño que encontremos, sobre todo en América Latina, vanguardias híbridas, es decir, movimientos que son una suerte de compendio o síntesis de las tendencias artísticas europeas de las tres primeras décadas del siglo veinte; tendencias que más de una vez fueron antagónicas87.

Sin embargo, antes de entrar a detallar cuáles fueron esas influencias ajenas al impresionismo que operan en la obra de Juan Emar, parece oportuno señalar en qué consiste esta tendencia, y cuáles son sus características distintivas.

Uno de los rasgos más importantes del impresionismo, es su carácter urbano. Se dice de algunos impresionistas que detestan el campo, en cuanto consideran que es la ciudad el espacio donde se develan las verdades acordes a sus intereses. En este sentido, remarca Hauser, “…El impresionismo es un arte ciudadano por excelencia, y no sólo, desde luego, porque descubre la ciudad como paisaje (…), sino también porque ve el mundo con ojos de ciudadano y reacciona ante las impresiones exteriores con los nervios sobrexcitados del hombre técnico moderno; es un estilo ciudadano porque describe la versatilidad, el ritmo nervioso, las emociones súbitas, agudas, pero siempre efímeras, de la vida ciudadana88”.

En este ámbito, resulta casi redundante destacar el carácter urbano que detenta “Ayer”, donde todo el acontecer transcurre en la ciudad de <>, espacio por el que, incesantemente, pululan Emar (personaje) y su esposa, imbuidos en todo momento de una sensibilidad del todo perceptiva, acorde a la señalado por Wallace.

Otro aspecto decidor de su obra y que puede atribuirse a su vínculo con el impresionismo, es la velocidad distinta con la que se expresa la realidad. Señala Emar, en “Ayer”, “…la velocidad habitual y lenta de los ciudadanos de San Agustín de Tango en el día de ayer, que era la misma habitual y lenta velocidad de anteayer, de hoy y de mañana (…) En cambio, el espectáculo presenciado y evocador de mis recuerdos, regíase por velocidades insólitas, no velocidad de humanos (…), velocidad multiplicada y seguramente multiplicadora de cuanto existe89”. En esta lexia queda de manifiesto, además de la conciencia trasgresora de Emar, su afán de multiplicar significados, a través del uso inusual de los significantes90.

Todo lo anterior, se encuentra en total comunión con lo que Hauser atribuye como valor a la <> en el impresionismo, cuando remarca: “…La técnica moderna introduce de este modo un dinamismo sin precedentes en la totalidad de la actitud ante la vida, y es, sobre todo, este nuevo sentimiento de velocidad y cambio, el que encuentra expresión en el impresionismo91”.

Como se desprende de los siguientes dichos de Emar, no nos está intentando decir que <> es Chile (aunque se insinúa que existe entre ellos más de algún vínculo), que las avestruces comen leonas, o que él y su mujer devoran cuatro <


> por comida. Lo que se pretende obtener, es poner al lector en estado de alerta. Hacerlo dudar, tanto de la obra como de su entorno cotidiano.

Como dice Emar, respecto a la obra de Edgar Allan Poe y sus rasgos fantásticos, “…En Edgar Allan Poe se ama, muy a menudo, las cosas extrañas que a sus personajes les suceden. Creo que, más que esas cosas, debiera amarse la fatalidad inexorable que las hace suceder, fatalidad siempre hija de un sentimiento interno, nunca de una fantasía en busca de algo fuera de lo corriente…92”. Emar defiende la aseveración anterior, amparándose en lo que él cree que debe llegar a significar una obra literaria, lo que debe producir y que Poe parece lograr: “…crea así una atmósfera que no necesita explicar para que uno se convenza que existe o ha existido sino que hace respirar el puro juego de valores esencialmente literarios, por la relación misma entre frases y entre hechos…93

Otro aspecto digno de mencionarse, es el que refiere a la plena <> de Emar de presentar su obra de una manera y no de otra. Con ocasión de una <> del curso <> que estaba siguiendo la ordenación de su texto “Un año”, expresa sin tapujos en una nota al pie: “…Tal extrañeza se disipará cuando diga que así he fechado porque así lo requiere la organización y la construcción de este mi dietario94”. Emar está convencido de lo que hace, y está lejos de sentirse afectado por ese cáncer que constituye <>.

Una marca sumamente decidora de la adscripción de “Ayer” a la estética impresionista, es la que se deja entrever cuando, en el taller de <>, éste les da a conocer a Emar (personaje) y su mujer, la teoría de los <>, pues en ella, está involucrada la que es, tal vez, la cuestión más importante y distintiva del impresionismo: el dinamismo de la mirada. Hauser afirma en este ámbito: “…Delacroix, que descubre la ley de los colores complementarios y la coloración de las sombras, y Constable, que establece la composición de los efectos del color en la naturaleza, anticipan ya mucho del método impresionista. La dinamización de la visión, que constituye la esencia del impresionismo, comienza con ellos95

Las implicancias de esta teoría, en palabras de <>, no son en absoluto dignas de soslayo. Sostiene el pintor: “…Sépanlo ustedes: el rojo es complementario del verde y esta ley de los complementarios es cuanto hay de importante en este mundo (…). Quien complementa equilibra; quien equilibra, hace estable (…) quien hace estable, hace viable ¿Viable qué? Hace viable la circulación de la vida a través. No digo más: a través, a-tra-vés…96

Ante estas consideraciones, parece propicio tener en cuenta los dichos de Henry James, en cuanto a los vínculos existentes entre el quehacer pictórico y el literario: “…La analogía entre el arte del pintor y el arte del novelista es completa. Su inspiración es la misma, su proceso (admitiendo la diferente calidad del vehículo) y su éxito son los mismos (…). Su causa es la misma, y el honor del uno es el honor del otro97

Por lo mismo, y sin olvidarnos todavía de la teoría de los colores complementarios, vale preguntarse ¿de qué color(es) está <
> la obra de Juan Emar? Martin Heidegger afirma: “…El color ilumina y sólo quiere iluminar. Si lo medimos para aprehenderlo, descomponiéndolo en número de vibraciones, desaparece. Sólo se muestra si queda no-desentrañado e inexplicado. Así la tierra hace que toda penetración a ella se estrelle con ella misma98”, así, pues, podemos decir que el <> en Emar se muestra en la <> que el autor hace de objetos cotidianos, sin la intención de delimitarlos completamente, sino de utilizarlos como vehículo de una reflexión que es siempre incompleta.

Es sumamente importante, en este aspecto, tener en cuenta los <> dichos de Emar, quien ya en 1914, manifestaba: “… ¿Existen los colores? Muchas dudas e hipótesis se han formulado sobre la existencia de los colores, es decir sobre si los objetos tienen adherido a ellos, diría, un color propio o bien si sólo se colorean de tal o cual forma según la luz que los alumbra. Yo creo que cada objeto tiene algo, una sustancia o no sé qué, capaz de producir siempre el mismo color sea cual sea la luz que caiga sobre él99”.

En esta línea, Patricio Varetto apunta: “…No es casual, por eso, que los textos de Emar estén hiperpoblados de objetos y seres aparentemente nimios y triviales (…) que esperan esa transformación a través de la cual, no es tanto el narrador quien los percibe sino que a la inversa, los objetos y seres vienen a percibirse en el narrador, a organizarse secretamente como símbolos de una dimensión que más allá de las apariencias de lo sensible, abre el camino hacia el misterio de la “vida paralela”…100”. Así, puede decirse que, el color que según Emar siempre se repite en los objetos, es el color de la <>.

Sin que las consideraciones del <> hechas hasta acá den cuenta cabal de lo que constituye esta tendencia, se tratarán algunas otras de sus aristas al momento de referirnos a la <


> de Emar.




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