“…Porque… para mí el arte, la literatura debe ser tal y tal y tal cosa y por ningún



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Universidad de Chile

Facultad de Filosofía y Humanidades

Departamento de Literatura

Sin el miedo negro de equivocarse

“…Esto es impresionismo, es vaguedad…*”

“Ayer” como poética autorial impresionista

Tesis para optar al grado de Licenciado en Lengua y Literatura Hispánica, con mención en Literatura

Alumno:
Marcelo Ibacache Muñoz

Profesor Guía:


David Wallace Cordero

Santiago, 2007

I) Introducción


“…Porque… para mí el arte, la literatura debe ser TAL y TAL y TAL cosa y por ningún
motivo TAL ni TAL ni TAL otra, pues, al ser las que he dicho, cumple con su misión que es:
____________________________________________________________________...1

En cuanto a la obra del, a esta altura, casi-famoso Juan Emar, se ha escrito bastante y otro tanto se ha dejado de decir. La crítica del período de publicación de sus trabajos no recibió de buena manera el quehacer del autor, revirtiéndose esta tendencia sólo durante las últimas dos décadas, en las que ha surgido un renovado interés tanto por el autor como por sus textos.

Hugo Verani, habiéndose referido a las características vanguardistas en la obra de Huidobro y en parte de la de Neruda, señala, al pasar, respecto al autor: “…No se ha determinado aún debidamente el aporte de otros escritores chilenos que comparten la inquietud renovadora, nombres de indudable jerarquía, como Juan Emar, Pablo de Rokha, Rosamel del Valle2”. Así, siguiendo los dichos de Verani, podemos afirmar que, aun considerando el auge que por estos días encuentra en el ámbito de la crítica literaria la obra de Emar, existen todavía una serie de alcances de su producción que no han sido tratados debidamente, o que, derechamente, permanecen inexplorados. De cualquier manera, parece importante dejar en claro que este trabajo no pretende en ningún caso dar cuenta cabal de todos ellos, y sólo pretende reparar en algunos de esos aspectos.

Así, lo que se pretende demostrar en las páginas que siguen, es cómo “Ayer” exhibe una poética autorial de carácter impresionista que, a través de la subversión y el margen, alude, mas sin totalizar, a la verdad. Nos fundamos para realizar esta afirmación, en una serie de lexias que así permiten sostenerlo.

Antes que nada, es necesario señalar que Emar (ya desde antes de publicar sus novelas) era completamente capaz de identificar aquello que, convencionalmente, suele ser denominado <>, así como también era conocedor de la existencia (y tendencias) de la crítica literaria del período, y de la mala recepción que, eventualmente, ella podía hacer de su producción literaria. Lo digno de mencionarse en este sentido es cómo, aun a partir de esa consciencia, Emar delimita su propia concepción del arte, proponiendo de paso una renovación de las <>> imperantes en la época, exponiendo un quehacer escritural fundado sobre la preceptiva impresionista y su manera de aprehender la realidad.

Esta tendencia de origen pictórico perseguía subvertir el <


> tradicional, y con ello plasmar en sus obras una mirada nueva que, sin pretender ostentar un carácter totalizante, fuera muestra de ciertos aspectos de la realidad y del hombre vinculados a la verdad.

Consignando que algunas de las lexias de mayor relevancia para la confección de este trabajo serán tratadas con mayor detención a lo largo de él, parece importante dejar enunciado cuáles serán las claves de lectura consideradas en esta revisión de “Ayer”, y el sentido de plantear esta hipótesis.

Eso, no sin antes reiterar que la crítica del período de publicación del texto, tal como se ahondará más adelante, operó mediante un silencio sistemático frente a la obra. De “Ayer” simplemente no se dice nada, o casi nada, y gran parte de las lecturas advenidas con el paso de los años, se esmeraron en resaltar aspectos biográficos insólitos de Álvaro Yáñez Bianchi (Juan Emar), dedicándose también a motejarlo con nombres de otros autores del concierto literario universal, lo que se tradujo en que los textos del autor en cuestión permanezcan aún en una suerte de silencio analítico, en cuanto todavía no se realizan estudios que den cuenta suficiente de las innumerables implicancias de su producción en general, y muy en particular de “Ayer”.

Es por este motivo, que en este trabajo se intentará <> el texto en ningún momento, y de abrir lecturas que realcen aspectos no tratados, como por ejemplo, el componente impresionista que subyace a la obra.

Así, en el primer capítulo, en el del decapitamiento de <>, se alegoriza continuamente el estancamiento de la recepción artística (social y crítica), y se plantea la necesidad de instalar una nueva estética, donde no venga dicho todo explícitamente, viéndose conminado el lector a completar los vacíos insinuados (o <>, si se prefiere) en la obra, metodología con la que Emar propone que el goce artístico sólo puede verse incrementado.

Así, una vez que el desafortunado <> y su esposa, <>, ponen en práctica los consejos que reciben, el narrador señala “...Ambos cerebros colaboraron con desenfreno y Rudecindo y Matilde alcanzaron el punto máximo de las delicias. Desde aquel momento vivieron arrobados de placer, sus vidas mismas se convirtieron en recuerdo y evocación...3”. No obstante, este nuevo goce no será tenido en buena estima por gran parte de la sociedad, que se entregará a la tarea de erradicarlo, y atentará contra <>.

Emar no se deja intimidar por las fuerzas <> de la mala recepción, y se esmera por llenar el vacío que él percibe en el arte novelístico chileno. En el segundo capítulo, el de la visita al <>, el autor se propone encontrar nuevas tonalidades para su canto, una tonalidad que difiera de la imperante. Para realizar aquello, el autor vence <>4, lo que constituirá también una de las claves de lectura del texto: el atrevimiento de Emar para realizar un quehacer escritural disonante del de sus pares, sin importar el rechazo que él pudiera conllevar.

En el tercer capítulo, el de la visita a <>, se empieza a asentar la preceptiva impresionista que será fundamental en este informe. Se instala la discusión en torno a la importancia de lo colores complementarios, y se expresa con claridad la necesidad de subvertir el <


> tradicional, con la finalidad de obtener una nueva contemplación de los objetos, que permita entenderlos de una manera distinta a la convencional. Para Emar, inclusive yendo más allá de la tarea del pintor, los objetos pueden entregar múltiples lecturas. “...Eso es, el caos. Puesto que existen, aunque nos los veamos, existen. Y si existen, aunque nos los veamos, tienen que poder reflejarse en una tela, pues el arte de la pintura no conoce trabas...5”, consigna “Ayer”.

Así, además de establecer vínculos con el impresionismo, en este capítulo se reitera la necesidad de conferirle al arte plena libertad de desarrollo.

En el capítulo siguiente, el de <>, Emar acota detenidamente la manera de contemplar que se plasmará en su obra, en la que adquieren relevancia los detalles por encima de la totalidad, cuestión de marcado carácter impresionista (como se delimitará posteriormente en este trabajo), y que revela la única manera a través de la cual se puede acceder a atisbar la realidad (mas nunca aprehenderla completamente).

Este punto es de suma importancia, pues ante los fallidos intentos por esbozar miradas totalizantes, Emar remarca la necesidad de esta nueva manera de contemplar. Ante la <> generada por la contemplación global, Emar definirá su postura: “...No me desanimo, pues, puede ser que el error sólo esté radicado en un mal método...6”. Por contrapartida, entonces, su método se centrará en el margen, en la periferia y no en el todo.

En el quinto capítulo, el del almuerzo en el <>, se plantea otra cuestión de suma importancia: la imposibilidad de emitir juicios concluyentes, que intenten ser definitivos a la hora de contemplar la realidad. “...Perdóname si no tengo ninguna observación, si nada he sacado en limpio...7”, se excusa <> frente a su mujer.

Con ello, se puede decir que el arte sólo plantea inquietudes, y es labor del receptor extraer las conclusiones que de ellas surjan pertinentes. Las respuestas no vienen dadas explícitamente, es el lector (en este caso), quien debe entregarse a la tarea de hallarlas.

En el siguiente episodio, el de la visita a los padres de <>, se reiteran diversos tópicos de interés. Uno de ellos es el de volver a instalar la plena libertad conferida por Emar a la novela, cuestión planteada alegóricamente con lo que se oculta detrás del <>. Este <> (si es que pude llamársele así), ostenta inusitadas características, sin embargo, esto no constituye un óbice para su eventual existencia, o no por lo menos en los textos <>.

...No encontré argumento alguno terminante que viniera a probarme que allí no podría haber algo de gelatina, de color concho de vino y provisto de patas...8”, así que mientras viva la posibilidad de que exista tal cosa, ésta podrá encontrar cabida en los textos del autor.

Otro asunto que destaca en este capítulo, es lo que se vincula a los temores. Emar parecía no tener interés en la buena, mala o nula recepción de sus obras (tanto por parte de la crítica como del público general). Lo que sí le preocupaba era dejarse influenciar por ella9. “...Lo que había era otra cosa. No sé bien cómo definirla, pero creo que es algo así como quien dijera miedo a tener miedo...10”, dirá <> en relación a lo que se esconde tras el sillón.

Sucede que, aunque lo niegue, Emar sufre una especie de temor a verse influenciado por los comentarios acerca de sus textos, o mejor aun, quiere evitar <>.

En otra carta, y nuevamente en relación a “Umbral”, señala “...No pienso publicar mientras yo viva. Después lo verán mis <>. No quiero ni me interesa la opinión de críticos ni de público. Quiero tranquilidad y mucha paz...11”, de lo que fácilmente se puede entrever que cualquier comentario, positivo, negativo o inexistente (habiendo publicado), podía afectar la paz que tanto reclamaba.

En el capítulo posterior, el del <>, Emar pregona la independencia temporal de la obra, en cuanto ésta no debe (ni puede) supeditarse al marco temporal de la realidad extra-textual, dado que la obra siempre remitirá al cronotopo exclusivo de ella. “...Al diferenciarse así este tiempo, al bifurcarse, su unidad se quebraba en dos, siendo una parte la que seguía “siendo”; la otra, una separada de ella. Vale decir la otra fuera del tiempo...12”.

Así, “Ayer” y el arte en general no deben (ni pueden) dar cuenta del tiempo lineal de la realidad, en cuanto la intromisión en el acto de lectura será siempre un introducirse en un tiempo ajeno al de la cotidianeidad, un espacio temporal propio de la obra de arte. Este punto encontrará una fuerte raigambre impresionista (como se detallará más adelante en relación a los postulados de Hauser), dado que uno de sus <
> principales pasaba precisamente por contravenir los modos constructivos de carácter realista.

En el último capítulo de la obra, cuando <> y su esposa vuelven a su departamento, además de esbozar un recuento del texto, bien puede decirse que Emar plantea la conciencia de que con “Ayer” deja instalada a perpetuidad las ideas constructivas impresionistas hasta aquí señaladas, dado que, como sostiene: “...Las formas que tú has hecho, lo conservarán en el papel y fuera de mí...13”, es decir, existe pleno conocimiento por parte del autor respecto a la promulgación de sus ideas artísticas, y de su inserción en la tradición escritural, como una propuesta nueva, que se alejaba de los modos imperantes en el período.

Vale reiterar que, como ya se ha señalado, las lecturas y las lexias seleccionadas hasta aquí no pretenden dar cuenta cabal de “Ayer”, y sólo persiguen erguirse como argumentos funcionales a la hora de corroborar la tesis aquí planteada, en cuanto consideramos que los elementos impresionistas subyacentes en el texto constituyen, precisamente, uno de los puntos menos estudiados hasta ahora respecto a la obra.




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