Polítika nuclear simbología alternativa



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BAJO LOS ADOQUINES

Los procesos sociales importantes producen expectativas en la gente, expectativas de cambios substanciales en su vida cotidiana. Cuando estos cambios no llegan a gestarse o se abortan posteriormente sin llegar a materializarse, se produce un sentimiento de fracaso, de frustración, que degenera inevitablemente en una pérdida de credibilidad en las personas y en los grupos sociales supuestamente responsables. Esto deriva a su vez en un repliegue estratégico hacia nuevas posiciones ideológicas que casi siempre se traducen en el fomento de un individualismo radicalizado. Si apenas quedan fuerzas para creer en uno mismo, ¿como creer en quienes te han defraudado, en quienes han aniquilado tus sueños?

La Historia nunca se repite, pero forma en el tiempo espirales concéntricas que a veces llegan a tocarse. Los “yuppies” franceses del 68 fueron rozados unos años más tarde por los “yuppies” españoles de la transición democrática. Una lluvia persistente y silenciosa arrastró nuevamente los sueños de montones de personas sobre los adoquines y los envió directamente a las


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cloacas, que fue lo que al final se encontró bajo el suelo, en vez de la arena de playa que pregonaban apasionadamente los revolucionarios parisinos.

La mayor parte de aquellos soñadores dirigen desde hace tiempo la política y la economía de esos países o se han transformado, al amparo de ambas, en eficaces consumidores compulsivos. Desterrados de la ciudad de la luz, desencantados incluso consigo mismos, se refugiaron en la vorágine colectiva.

Conocedores privilegiados de las reglas del juego que primero intentaron abolir, no les resultó difícil ocupar posiciones relevantes dentro de un contexto sociopolítico en el que nunca creyeron pero que no dudaron en utilizar sin escrúpulos para medrar y enriquecerse.

Sin embargo, a pesar del fraude posterior, no cabe duda que nos legaron su inspiración inicial y el valioso testimonio histórico de su lucha. De esto sí pueden continuar aprendiendo las generaciones venideras.

Una nueva vuelta de espiral está a punto de cerrarse. La generación “X”, la generación incógnita se despejará a sí misma en busca de un futuro donde sobrevivir. Se puede creer en llegar a viejo viviendo como un niño, pero los “papás”


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no duran eternamente sino suelen anticipar su muerte a la de sus hijos. Ley de vida. La generación “X” saldrá de su letargo y se devorará a sí misma.

¿En qué se convertirán los supervivientes? ¿serán los nuevos “yuppies” de un milenio estrenado o habrán intuido finalmente que la espiral no tiene porqué tocarse de nuevo, que no es necesario pagar tan elevado precio -su ética y su dignidad a cambio de un efímero poder y unas cuantas tarjetas de crédito-, que no es ese el camino ideal para sus hijos, para que encuentren arena bajo los adoquines los que vengan detrás?...

París bien vale una playa.



EL ORÁCULO VIRTUAL


Un pueblo incrédulo es un pueblo imprevisible, que genera incertidumbre social e inestabilidad en las estructuras políticas y económicas. Es preciso proporcionar al individuo elevadas dosis de fe para que sublime esa

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desconfianza innata hacia quienes dirigen su destino y la transforme en respeto a la superioridad de sus líderes y a la sabiduría de los mismos para organizar la vida colectiva. Si se logra con eficacia, es decir, si se es capaz de instaurar una fuente de fe donde sacien su sed placenteramente la gran mayoría de individuos de una comunidad, tanto la clase política como la financiera pueden dormir tranquilas, pues por mal que ejerzan su labor, la gente continuará bebiendo de la misma fuente durante mucho tiempo, justo hasta que se agote, y para entonces ya les habrán abierto otra nueva si han sabido ser previsores.



La historia de la política es la historia de la picaresca ignominiosa y del monumental engaño instituido; es la historia de la depredación de las ideas y la manipulación del pensamiento colectivo en beneficio de una minoría atareda en perpetuar sus privilegios.

Es cierto que la mayoría de los ciudadanos occidentales vivimos hoy mejor que los reyes medievales, pero, ¿cómo viven los reyes de hoy? Ni siquiera han de abandonar su castillo para lanzarse a la conquista de nuevos territorios y tesoros por caminos polvorientos, porque manejan las riquezas del mundo y los destinos de


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los hombres a golpe de teclado, con un mando a distancia, desde un confortable sillón en las alturas pues han erigido sucursales de su reino en todos los rincones del planeta. Tan sólo recogemos unas monedas sueltas que se les caen del cofre en los trasvases. Nada nuevo.

Dicen que hay una crisis de valores, pero no es cierto. Lo que hay es un sentimiento de impotencia generalizado, una incapacidad de respuesta por parte de las minorías históricas contestatarias ante el ilimitado poder del Sistema actual para influir en la mentalidad de las masas a través de los poderosos medios de comunicación que esos nuevos reyes controlan. Los jóvenes continúan pretendiendo cambiar el mundo, como siempre, y los disidentes ideológicos, las vanguardias del pensamiento continúan revisando y creando maneras diferentes de interpretar y explicar el mundo, también como siempre. La cuestión es que sólo se oye una voz, la voz del “Gran Hermano” transgénico ofreciéndonos la salvación a cambio de renunciar a nosotros mismos, cribando y manipulando la sobreinformación que nos proporcionan a diario, encauzando los múltiples paraísos naturales hacia un único Cielo protector artificial, tan ilusorio
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como el que nos ofrecieron primero, con la diferencia de que éste es virtual y cada uno lo puede retocar a su antojo, en la soledad de su habitación, mediante potentes programas informáticos de tratamiento de imágenes tridimensionales.

El racionalismo científico introdujo una severa crisis en las religiones tradicionales de Occidente. Se pensó ingenuamente que iban a soplar mejores vientos para el pensamiento libre, pero el Sistema, siempre vigilante y necesitado de nuevas fuentes, transformó la investigación científica y tecnológica en un dogma de fe. Los científicos y tecnócratas son hoy los Grandes Sacerdotes de la Nueva Era, tan místicos e inaccesibles (aunque algunos se esfuercen en traducir su sabiduría al lenguaje popular) como los supuestos representantes de Dios en la Tierra. Ellos son los herederos de la Omnipotencia y la Omnipresencia divinas y los nuevos garantes de la Gran Promesa: la Inmortalidad.

El oráculo está servido, en virtuales parcelas digitales de silicio con vistas al Cosmos. Mientras el hombre se aleja cada vez más de su condición natural y ya no necesita de la imaginación para volar, sino le basta con ponerse


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un ligero casco en la cabeza y enchufarse a una máquina para visitar el Universo, los sueños de los hombres se sumen en las cloacas, tristemente olvidados, a la espera de que los deshechos que vertemos diariamente en ellas hagan saltar las tapas del alcantarillado y así poder salir de nuevo a la luz.

Esperemos que para entonces hayamos aprendido lo necesario para recibirlos con renovado entusiasmo y a la vez hayamos conservado la suficiente dignidad como para ser merecedores de su aprecio.

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VIRUS


Llegaron como un virus: de invisible presencia disfrazados. Lucharon por una causa justa: un nuevo mundo, sobrevivir. Llegaron, colonizaron, se instalaron de manera eficaz sobre sus propias excrecencias. Todo lo que fueron capaces de corromper, devorar, aniquilar les sirvió de cimientos para formar su hogar.

Venían de un lugar donde la noche acampa sobre la necesaria labor de hacerse un hombre, a la luz del estío tras una primavera de fe y de piedad. No tuvieron color los juegos de su infancia. Su adolescencia un juego de aprender a matar.

Y como niños, ferozmente inocentes, corrompieron, devoraron, aniquilaron, copularon y se multiplicaron. Crearon un Gran País. Apuntalaron, sobre fronterizos cadáveres tras duelo fratricida, un ramillete de estrellas sobre un pedazo de trapo ensangrentado, sangre línea recta de abominable urgencia. Buscaron la eficacia, como un virus. Y se instalaron, rápidos y seguros, fortificados en el vórtice de la pirámide y desde allí dejaron rodar sus excrecencias, reguero fácil, hasta los moradores de los Barrios Bajos.
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Iluminados alquimistas, convirtieron en oro todo lo que cayó en sus manos: petróleo, silicio, uranio... Habitantes de un mundo que adoraba el dinero, su poder fue creciendo a la par que su avaricia fue un himno a propagar. Mutaciones alménicas, inexpugnables muros, sofisticadas armas... Se hicieron invencibles, como un virus mortal.

Como un virus mortal infectaron la tierra, el agua, el aire y se hicieron los dueños y señores del fuego, su único enemigo potencial. Infectaron la Vida. Contaminaron hígados, pulmones, corazones... Sobre todo cerebros, erigieron la idea del Pensamiento Único en la Aldea Global. El pensamiento, el suyo, más vale quien más tiene, depredador asfáltico, jugar para ganar. La aldea un territorio por ellos conquistado, vasallaje absoluto, sumisión planetaria, un único destino universal... Llegaron como un virus: de invisible presencia su disfraz...

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ESPEJISMO


Hombre homologado, hombre exacto,

con sus saetas siempre en hora,

mortales agujas interiores

señalan las corazón en punto.
El Tiempo te observa, burlón,

desde el otro lado del espejo

mientras tú rehuyes su encuentro,

su mirada decadente, decrépita...


Te asomaste, curioso, al borde del abismo

y te subyugó el eco de tus propios latidos.

La atracción irresistible del vacío

te hizo temer por ti, por ellos.


Decidiste contarlos uno a uno: encadenarlos.
Hombre homologado, hombre exacto,

no existe el tiempo: tú eres el verdugo.


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