Polítika nuclear simbología alternativa



Descargar 146.43 Kb.
Página3/5
Fecha de conversión28.10.2018
Tamaño146.43 Kb.
1   2   3   4   5

SOBRE EL ARTE

¿Qué es el artista? ¿Qué es el Arte? ¿Dónde establecer los límites entre artesanía y Arte, entre labor creativa y habilidad manual o técnica? ¿No es cierto que en los últimos tiempos esta barrera se ha difuminado debido a la gran variedad de proyectos estéticos que por diferentes motivos -tecnológicos, culturales, masificadores- se han incorporado al panorama artístico de Occidente?

Estas y otras preguntas salen al paso cada vez que pretendemos teorizar sobre Arte, y más aún, definirlo, tamizarlo, extraer de un contexto saturado de propuestas estilísticas aquellas obras realmente merecedoras de esa etiqueta con categoría superior destinada a avalar la unicidad y perdurabilidad de una verdadera obra de arte. Intentar rescatarla, descifrarla, puede resultar un trabajo baldío sin la ayuda de unos referentes históricos universal y tácitamente aceptados que nos permitan recobrar la perspectiva que hemos perdido.

El Arte, como actividad humana, como concepto vital ineludiblemente asumido por el artista, ha permanecido inmutable al discurrir de los siglos. Sus pilares continúan siendo los


21

mismos que soportaron las intuitivas creaciones cavernícolas: la Vida y la Muerte, la incesante búsqueda del hombre para explicarlas, armonizarlas, aceptarlas...La mortalidad del autor y la supervivencia, si no inmortalidad, de su obra, continuidad metafórica de sí mismo. Y también, cómo no, la aportación personal, individual de cada autor -las escuelas y tendencias son pura casualidad o vano intento simplificador y aglutinante- : su manera de explicar o criticar el mundo que le rodea; su forma de recrearlo, de hacerlo menos agresivo e inhóspito, más manejable y bello; su estilo de reinventar la realidad o de plagiarla bajo la luz de su interioridad...

La obra de arte ha de ser testimonial y contener tensión emocional. Una tensión que surge del interior, pero que hunde sus raíces en la experiencia cotidiana y en la propia concepción del mundo. Un mundo cada vez más disperso, repleto de ingredientes extraños, exóticos, ajenos a nuestro patrimonio cultural, que nos llega hoy, a través de los grandes medios de comunicación de masas, desde todos los rincones del Planeta. Es la "aldea Global". El bosque nos impide ver los árboles.
22

Despojados de identidad; desprovistos de una mínima capacidad de sorpresa; banalizada nuestra experiencia cotidiana por una estructura de relación social basada en el olvido, el olvido de cualquier referente ético o estético para alcanzar el equilibrio, la felicidad; abocados a despreciar la inteligencia -al menos tras esas ocho o diez horas de irrenunciable ocupación asalariada- ; seducidos por la felicidad del ignorante, por la imbecilidad... ¿qué podemos crear?

Si a todo ello le sumamos la infamia y perversión del "artista" actual que entre todo este amasijo pretende vivir del arte, en un momento en que el único discurso posible para lograrlo es la mercadería de la "cultura basura" y las modas, tan superficiales como efímeras, ¿qué queda del Arte?

Quien es capaz de ver al otro lado del espejo y además posee la clave para poder contarlo, debe hacerlo sin más, sin otras pretensiones. El Arte ha de ser siempre imposición, no exposición a cualquier precio. Ha de ser honradez, no mercadería; eso ya llegará después, si es que llega.

23

O recuperamos la trayectoria histórica -esa intuición atávica- y aceptamos la creación artística como una necesidad humana -no como mero pasatiempo o actividad lucrativa- o dejaremos en herencia un testimonio muy pobre y fugaz de este tiempo que nos ha tocado vivir.



ECOSISTEMA VECINAL

La Historia de la Humanidad, así como las vidas de los hombres, es como un río que fluye sin retorno posible hacia una mar desconocida, inconcebible en el espacio e imprevisible en el tiempo.

No creo que exista un sentimiento apocalíptico generalizado con cada fin de siglo, ni siquiera con cada fin de milenio. Lo que ocurre en realidad es que llegado ese momento hacemos balance, un balance en el que nunca nos cuadran las cuentas. Y nunca el desequilibrio entre el “debe” y el “haber” nos ha parecido tan desmesurado e injusto como al final de este milenio que se nos ha escapado irremisiblemente de las manos.

24

Nunca hasta ahora las guerras, el hambre y la miseria que campean por los arrabales de nuestra “aldea global” habían sido monstruos tan gratuitos, inadmisibles y detestablemente consentidos -e incluso amamantados en ocasiones- por los poderes políticos de los barrios altos, cuyos moradores, por otra parte, nunca habían estado tan abrumadoramente informados sobre lo que ocurre al otro lado del muro, lejos -a veces no tanto- de los paraísos artificiales donde se asientan sus venerables posaderas.



Puede parecer muy loable estimular y subvencionar el esfuerzo individual y la iniciativa privada con el fin de paliar esas lacras sociales de las que todos nos sentimos culpables -ya se han encargado de convencernos de ello a través de los poderosos medios de comunicación- ; pero también puede parecer un parche a todas luces insuficiente y engomado con el cinismo de las Administraciones Estatales, que son las que en realidad poseen la capacidad y el deber de hacer más equitativo el reparto de la riqueza entre los habitantes del Planeta, a sabiendas de que todos somos deudores de los “terceros”, de los “cuartos”, de los numerosos mundos marginados, a la hora de ostentar nuestros privilegios
25

económicos como ciudadanos del “primer” o “segundo” mundo -¿quién habla de éste?

Allá donde pueda hacerse algo, algo habrá que hacer. Mejor que permanecer sentados. Pero no nos engañemos utilizando la limosna como medio para lavar nuestras enfangadas conciencias. El problema de la insolidaridad comienza aquí mismo, en casa del vecino padre de tres hijos que se ha quedado sin trabajo a sus cuarenta y tantos o en el “chaval” treintañero del quinto que vive prisionero en casa de sus padres, juega a la lotería de las oposiciones con su carrera de económicas desde hace ocho años y trabaja mientras tanto de “soplagaitas” para pagarse los vinos. Un “chaval” cada vez más humillado, cada vez más desesperado, que no dudará en meterte una anaconda en el buzón de tu casa, por ejemplo, el día en que su prejubilado papá pase a mejor vida gracias a su bendita cirrosis. Estamos inmunizados contra este tipo de problemas. Nos importan un güevo las carencias y necesidades de nuestros vecinos. Esto es una selva y ambos lo saben. Cualquier día te pueden dar un buen susto.

Siempre resulta más sencillo y aséptico apadrinar por teléfono a un niño lejano y desconocido, con quien jamás tendrás la mala


26

fortuna de tropezarte en la calle y mucho menos al abrir la puerta de tu casa cuando suene el timbre, que enterarte -al menos enterarte- de que unas calles más abajo, al pie de la colina, intentan sobrevivir montones de niños explotados, prostituidos, en la más absoluta marginación, esperando -son niños, aún esperan- que alguien les tienda una mano limpia y sincera para poder estrenar una sonrisa.

La Historia de la Humanidad nunca había viajado por un río tan sucio como a finales de este siglo veinte, contaminación incluida. El tiempo es una buena depuradora. Veamos lo que pasa con este nuevo siglo. Las soluciones, las que sean, también el tiempo nos las ofrecerá, pasarán necesariamente por la búsqueda del equilibrio en nuestras cuentas, para que el “debe” de los pobladores de los barrios altos no termine arruinando nuestro delicado ecosistema vecinal.

27



Compartir con tus amigos:
1   2   3   4   5


La base de datos está protegida por derechos de autor ©composi.info 2017
enviar mensaje

    Página principal