Polítika nuclear simbología alternativa



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Nada es casual. La información recibida conlleva una deformación estratégicamente diseñada, enfocada al más absoluto desconocimiento de la realidad.

POLÍTIKA NUCLEAR

(Simbología alternativa


a la sociedad global)

DAMEGO



PRÓLOGO

Carece de sentido intentar en la actualidad, con lo que sabemos sobre la capacidad del Sistema para diluir y absorber en su propio provecho cualquier discurso contestatario, levantar una praxis programática teórica y sus consecuentes actuaciones sobre el entorno sociopolítico con una cimentación que no sea tan movediza e inestable como el propio discurso del Poder.

A cambio, y pienso que con mayor efectividad en estos tiempos de vertiginoso cambio en las relaciones entre las diferentes clases sociales y entre ellas y las Instituciones llamadas Democráticas con tanta ironía como poca vergüenza, propongo como método de trabajo la representación de símbolos lingüísticos que de alguna manera puedan sugerir alternativas al discurso global dirigido por la élite dominante, pero sin pretender crear un manifiesto estancado teóricamente en el tiempo y en las actuaciones extraparlamentarias que de su aplicación pudieran derivarse.
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Una especie de discurso de arena, levantado hasta la próxima marea, incapaz de ser contenido o trasvasado a cualquier recipiente que no sea la propia playa en la que fue creado. Algo que el Sistema no pueda recrear ni manipular para sus propios fines. Un discurso cuya única finalidad sea llegar a quienes lo lean, sin más pretensión que seducirles por medio de la belleza, de la vitalidad, de la esperanza. La belleza de su expresividad, la vitalidad de su propuesta, la esperanza de aflorar durante unos minutos una nueva conciencia.

La política nuclear está desarrollada por individuos autónomos o pequeños grupos autogestionarios que crean o no vínculos específicos entre sí, permanentes o puntuales, con la finalidad de compartir información, estrategias y herramientas de lucha contra la globalización; pero cuyas actuaciones en la calle no son vinculantes para ninguna persona o grupo sino libremente aceptadas por cada cual. Esto permite una mejor sintonía entre las diferentes corrientes ideológicas y su manera de incidir en el medio.

Utilizan la red de infraestructuras disponible por la izquierda tradicional (sindicatos y partidos) y las creadas por las ONGs y las


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asociaciones vecinales, sin establecer relaciones de sumisión ideológica ni dependencia económica de ningún tipo. Además, por supuesto, utiliza, para informar y coordinar, la tela de araña internacional (Internet), de la que se valió en un principio para establecer las primeras conexiones y conducir a las movilizaciones que consolidaron la formación de la corriente antiglobalización a escala planetaria.

Alejados de cualquier tipo de dogmatismo anquilosante, los grupos e individuos activistas de la política nuclear navegan en las aguas de la heterodoxia, la iconoclastia y el libertarismo solidario con la fluidez necesaria para escurrirse como arena de entre las manos de aquellos que pretendan etiquetarla y venderla en el supermercado.

Política nuclear: política de arena sobre playas de luz y de esperanza.

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EL PENSAMIENTO ÚNICO

El Pensamiento Único surge tras la caída del muro de Berlín (simbólicamente) y la desintegración de las dictaduras burocráticas (nunca fueron proletarias) en la Europa del Este. Lleva implícita la idea de la inexistencia de otro modelo posible de organización social que no sea el capitalismo, para lo cual se apoya en el reconocimiento de la Historia (reciente o pasada, eso no lo cuestiona) y secuestra con su carácter netamente economicista la capacidad de las democracias occidentales para generar corrientes ideológicas alternativas al Poder. Se erige como baluarte y aval del Estado del Bienestar (del consumismo instituido), al que vacía de contenido sociopolítico y transforma en gestor de los recursos pasivos y legitimador de las relaciones laborales, mediante la aplicación de leyes mercantiles supranacionales que fiscalizan la economía política de las naciones.

El Pensamiento Único es en realidad el paquete de medidas socioeconómicas y pseudoculturales destinado a lograr el Imperio
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Mercantil de las Multinacionales, un neocolonialismo impulsado por los yanquis y apoyado placenteramente por la Banca y los grandes consorcios transnacionales europeos debido a su alta rentabilidad monetaria y su bajo coste desestabilizador social: el gran desequilibrio se traslada a otras latitudes, perpetuando la explotación de los recursos naturales y la mano de obra barata tercermundistas.


EL MILITANTE PERIFÉRICO


El fin último de todo proceso creativo es llegar al otro, recrearse en la mirada del otro, en el oído del otro, en la mente del otro, en su valoración, en la posibilidad de transgredir la propia piel y adentrarse en la del otro.

El discurso dominante, conocedor de este proceso, crea por su parte un concepto desintegrador y manipulador de la figura del otro: el otro como perdedor, como individuo inadaptado. Si existe un perdedor, por fuerza ha
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de existir un ganador. Una actitud atávica nos coloca siempre de parte del ganador. Todos queremos ganar. Desde una situación marginal, desde la posición del perdedor social, su discurso, el discurso del otro, queda invalidado para alcanzar la aprobación de las masas, ya que éstas legitiman únicamente la figura del uno, del ganador, del triunfador bien adaptado.

La única manera de hacer llegar a una mayoría potencial un discurso ajeno a la naturaleza del Poder, de la clase socialmente dominante, es desde este mismo lado. La figura del militante periférico (creo que el término fue acuñado por García Viñó) es en este punto de una practicidad absoluta, porque permite la validación del discurso excéntrico y además brinda al propio militante la oportunidad de observar el proceso centralizado y las interrelaciones que se dan en el mismo desde una perspectiva visual adecuada: sin los muros opacos o los filtros distorsionadores de la realidad que levanta la marginalidad y a la vez desde una distancia suficiente que le permita visualizar todo el contexto, cada vez más amplio debido al imparable proceso globalizador de dichas interrelaciones.

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Desde la periferia, desde la integración crítica, mediante una perspectiva global del Mercado, de los mercaderes, de los trabajadores-consumidores y de las relaciones que se van estableciendo entre ellos, se logra una interpretación y un discurso contestatario más cálido y humanizado que desde la radicalidad marginal, barrera ésta que dificulta la perspectiva al desconectarla gradualmente del discurso mediático de las masas.



ACCIÓN DIRECTA

“El sueño de la razón produce monstruos”. La razón de los sueños provoca tempestades. Animado por el deseo de cambiar la realidad concreta por otra diferente, cosechada por la intuición, destilada a fuego lento en el alambique del pensamiento, el hombre ha escrito la historia con la sangre de todas las revueltas, levantamientos y revoluciones destinadas a


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adaptar esa realidad soñada, esa razón que emana de sus sueños, a su concreto universo existencial.

El motor de esa voluntad de cambio siempre ha sido la juventud. Cada nueva generación se encuentra con un mundo decadente, conservador, anacrónico... Los sueños son los mismos: respeto, dignidad, justicia social, una sociedad menos corrompida, un mundo más habitable. Varían algunas prioridades en función del discurso socioeconómico del momento, pero sobre todo la evolución se efectúa en el método, en los medios que cada nueva generación asume para lograr los fines.

Tras el fracaso de las revoluciones armadas que durante este siglo han sembrado de cadáveres el mundo occidental, ya no procede morir por causa alguna, al menos colectiva. No existe justificación para tomar las armas cuando una experiencia histórica tan próxima y depurada ideológicamente con tantas esperanzas, nos ha demostrado hasta la saciedad que de los campos abonados con cadáveres tan sólo brotan nuevos cementerios.

La progresiva desmilitarización sociológica de las masas en el mundo desarrollado (debida, por un lado, a dicha experiencia histórica y al
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acceso masivo a la cultura; pero, por otro lado, no nos engañemos, producto de un proceso de cambio sustancial en las necesidades estratégicas de los ejércitos, que cada vez dependen menos de la cantidad de recursos humanos disponibles y más de una pequeña élite cualificada capaz de manejar la sofisticada tecnología armamentista), así como el abandono de la política activa extraparlamentaria en las democracias occidentales han inducido alternativas de lucha en los grupos juveniles característicamente comprometidos con el movimiento social, a saber, la izquierda política y el sindicalismo militante. Hablamos de juventud porque es el único sector que incluso en los partidos de izquierda más conservadores, mantienen abierto el debate político y la conexión viva con la realidad concreta, la del día a día, tanto en la calle como en las universidades. Y hablamos, además, de una juventud muy dilatada en el tiempo a consecuencia de la coyuntura económica actual y del cambio en las relaciones interpersonales, pues ambos los alejan cada vez más de la edad adulta, es decir, del momento de emanciparse y crear un proyecto vital o familiar independiente.

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Las citadas alternativas de lucha, aunque variadas en su oferta, ofrecen dos frentes esenciales: el apoyo a las reivindicaciones ciudadanas al incorporarse a las asociaciones vecinales y el trabajo de ayuda humanitaria coordinada por las ONGs. Tenemos, en un frente, actuaciones sobre la mejora de los servicios y las infraestructuras en el marco de las ciudades y los barrios, impulsadas por el lento, a veces desesperante proceso del reformismo político presupuestario; y en el otro frente programas de desarrollo social destinados básicamente al tercer mundo, cuyos principales recursos se pierden en el mantenimiento y nueva creación de estructuras e infraestructuras organizativas y en la compleja gestión de los propios recursos obtenidos.



Ambos grupos, los vecinales y los “no gubernamentales”, trabajan integrados en buena parte dentro del Sistema y subvencionados por éste casi en la totalidad de sus presupuestos. Paralelamente, tanto los partidos políticos con amplia representación parlamentaria como los sindicatos mayoritarios, se han convertido en poderosas superestructuras totalmente centralizadas, dirigidas desde una cúpula inaccesible, casi invisible pero en constante
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conexión con el poder económico, a la manera de las multinacionales empresariales. Con el europeísmo, este fenómeno traspasará todas las fronteras mediante todo tipo de pactos sindicales y anexiones partidistas a nivel internacional.

Las bases, sin capacidad crítica de actuación, desvinculadas ideológicamente y a la vez necesitadas de un salario que en numerosas ocasiones, cada vez más, encuentran trabajando para partidos, sindicatos, asociaciones, organizaciones... se acomodan paulatinamente a medida que la impotencia para intervenir y la dependencia económica crecen, y abandonan el debate político en manos del sector más joven, el universitario, incapaz de organizarse por carecer de los medios adecuados. Esto lo estamos viendo desde hace tiempo en los dos únicos movimientos de acción directa que “funcionan” en este país, el de insumisión al servicio militar y el de ocupación de viviendas. Los dos carecen de un apoyo directo de los grupos avalados por el Sistema. Si acaso, algunos “simpatizan”, simplemente, con ellos.

Se echa en falta un movimiento de acción directa ciudadana, verdaderamente independiente, que al amparo de la Constitución incida sobre la


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realidad concreta de la comunidad a través de la canalización de ese potencial deseo de cambio inherente a la juventud, a veces dispersado infructuosamente en aras de proyectos tan realistas como inabarcables unas veces y como insignificantes otras.

Una realidad soñada, pero a la vez cercana, destilada en el pensamiento de una ciudadanía que busca lo de siempre: más respeto, una vida más digna, mayor justicia social, menos corrupción, un mundo más habitable para todos...



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