Pascua juvenil 2011 primer díA: Sociodrama inicial



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PASCUA JUVENIL 2011

PRIMER DÍA:

Sociodrama inicial. Durante la inscripción a la Pascua deben aparecer mezclados entre la gente de repente estos personajes: un intelectual, una prostituta, un migrante o pordiocero , una anciana ciega, una mujer rica, un payaso, una persona muy religiosa. Pueden interactuar con la gente o simplemente llamar la atención. Sin decir nada. Poco a poco se van yendo. Por ejemplo, el intelectual se va, al pordiocero lo sacan de la Iglesia, la persona religiosa se sale rezando reclamando por el escándalo que hace los muchachos en la “casa de Dios”, etc…

Objetivo de la Pascua: Impulsar en los jóvenes la fe en Cristo Vivo presente en la Eucaristía para que tengan una participación activa y fructuosa en la misa dominical que los lleve a transformar su vida, a evangelizar y construir una Iglesia renovada.

Lema: ¡Cristo vive, reafirma tu fe en la Eucaristía!

Oración inicial:

Exposición del Smo. Sentido del Jueves Santo

Se coloca un pequeño altar adornado con flores y signos eucarísticos en el que se expondrá el Santísimo sacramento, el cual quedará expuesto así durante toda la Pascua en un lugar especial.


Canto: Cantemos al amor de los amores o alguno otro parecido.
Lectura de Evangelio de Lucas 7, 36-39; 44-47
Canto: Hoy quiero contar Jesús amigo.
Explicación y Sentido del día

Un chavo coloca una toalla y explica:


El símbolo del jueves Santo va a ser la TOALLA del Gran Reparador que es Jesucristo. La toalla se encuentra rota porque es una toalla que acoge todas nuestras roturas y está rota porque quiere simbolizar que esa toalla se ha roto de tanto desgastarse por los demás. Hoy Jesucristo el Gran Reparador va a tomar la toalla y se a poner a lavarnos nuestros vidas heridas porque él sabe que desde el amor incondicional vivido en el servicio de los demás puede reparar toda nuestra vida.
Otro chavo coloca un corazón:

Por eso hoy es el día del amor fraterno porque Jesucristo el Gran Reparador te demostrará su amor incondicional y se ceñirá la toalla para lavarte los pies para demostrarte que ese el camino de la reparación de tu vida y de la de tus hermanos. Te demostrará todo su afecto para que tú hagas lo mismo con tus hermanos.


Un chavo pone pan y vino:

Y también celebramos la Institución de la eucaristía. Hoy nos vamos a encontrar con Jesucristo que quiere cenar con sus más allegados. Y va a realizar el mayor gesto de entrega que se puede hacer por los demás, que es partirse y repartirse por los demás en el pan y en el vino.


Otro chavo pone una estola de sacerdote:

Además celebramos la institución del sacerdocio, el sacerdote es para todos nosotros la imagen de Gran Reparador y su vida tiene que mostrarnos como lleva la toalla ceñida diariamente para entregarse a los demás.


Canto: Mi pan, mi luz, mi fuerza (Marcos Witt)
Chavos: Quisiera amar, Señor necesito amar, todo mi ser no es ya más que un deseo.

Mi corazón, mi cuerpo, se alargan en la noche hacia un desconocido a quién. Y amo y braceo en el aire sin encontrar el alma que abrazar.

Estoy solo y quisiera “ser dos”, hablo y no hay nadie que escuche.

Vivo y vivo, y nadie saca jugo a mi vida. ¿Para qué ser tan rico sin no enriquezco a nadie? ¿Y de dónde viene este amor? ¿A dónde va? Quisiera amar, Señor, necesito amar.

He aquí Señor, en este día, todo mi amor.
Voz en off: Párate un momento y haz silenciosamente un largo viaje hasta lo más profundo de tu corazón. Avanza a lo largo de tu amor recién hecho, como a contracorriente del río hasta encontrar su fuente. Y al principio y al final me encontrarás a mí.
Pues me llamo AMOR REPARADOR y soy AMOR REPARADOR, desde siempre. Y como tú tienes hambre de amor, he ido poniendo en tu camino a todos tus hermanos para que vayas amando.

Créeme, el amor necesita un largo entrenamiento, y no hay diversas clases de amor, sino uno sola: Amar es olvidarse de sí mismo para ir hacia los demás.


Chavos: Señor, ayúdame a olvidarme de mí por mis hermanos los hombres para que, siempre dándome, aprenda a amar.
Canto eucarístico.
Tema 1: La cena de los marginados
Ambientación y materiales:
Se prepara el cañón con el powerpoint (o se coloca una lona impresa con la imagen) del cuadro de Sieger Köder, “La cena con los insignificantes” (1973). Se tienen fotocopiadas imágenes del cuadro para cada uno. Es conveniente que la explicación del cuadro la vayan haciendo entre dos o más personas para que no resulte pesada.


Ver:

Vamos a contemplar este cuadro en silencio de forma relajada. En primer lugar, cierra los ojos un par de segundos y luego ábrelos y fija tu atención en el cuadro: ¿cuál es la primera sensación que te transmite? No interpretes nada, déjate llevar por el arte, por la belleza, la luz y el color. Contempla en silencio (1minuto).



Métete progresivamente dentro de la imagen. Abre tu sensibilidad. (3 minutos)
Mira la imagen como si no se tratara de un tema religioso. No intentes dar ninguna interpretación ni buscar ningún significado. Limítate a reconocer y a describir el cuadro en sus grandes líneas y en sus detalles; cada elemento, cada detalle tiene su importancia y juega su papel pensado por el artista. Primero, descubre la estructura de la composición de la obra: ¿cuál es su centro?; ¿cómo se disponen los personajes?; ¿qué colores predominan? ¿colores fuertes o apagados, oscuros o claros? ¿cómo es la luz, de dónde sale y qué ilumina? ¿Qué te parece la composición: ¿qué hay delante?; ¿qué hay en el fondo?; ¿a la izquierda?; ¿a la derecha..., arriba..., abajo? (Deja unos 3 minutos para que la gente responda a estas preguntas en voz alta).
Finalmente diferenciamos los personajes: ¿cuántos hay, quiénes son, qué hacen, qué aspecto tienen? (Asegúrate de destacar el personaje de las manos en el plano del observador, cuyo rostro es "invisible", para que su presencia sea notada por todos). (Deja 3 minutos para la participación de la gente).
"Cada cuadro provoca una determinada gama de sensaciones: ¿Qué sentimientos te produce el cuadro? Por ejemplo: de paz, angustia, calma, calor humano...". "¿Qué recuerdos evoca el cuadro en tu memoria; situaciones, experiencias, anécdotas?". (Compartir 5 minutos con la persona de al lado o por equipos).
JUZGAR
EL ANIMADOR PREGUNTA AL GRUPO:
¿Cuál piensas que es el mensaje que el cuadro tiene para nuestra vida?". "¿Qué escena crees que representa el artista?: ¿Qué significado tiene el cuadro?; ¿qué nos quiere decir?" (deja algo más de 5 minutos para que respondan a estas preguntas).
"Para decirnos todo esto el artista ha utilizado determinados símbolos o recursos artísticos?; ¿qué símbolos son éstos?". (No se deje sin comentar al personaje de las manos, cuyo rostro no se ve, con estas preguntas: "¿Quién es el personaje central?").
(El animador explica el cuadro y cada personaje para que cada uno se implique).
“Este cuadro se trata de un mural pintado para una iglesia de un barrio de Roma, con personajes del barrio. Vienen representados: un judío con el manto de oración; una prostituta procedente del sudeste de Asia; una vieja del asilo; un payaso; un intelectual; una mujer rica; y un refugiado político o hambriento de Africa. La escena se desarrolla en un interior, en torno a una mesa. Parece que comparten pan y vino y todos reciben estos alimentos de un personaje de espaldas a nosotros; o mejor, que está con el espectador, del cual sólo se ven sus manos abiertas y se sabe de su presencia por sus palabras y gestos, pues todos los comensales se vuelven hacia él para escucharle y recibir el vino y el pan. La habitación parece pobre, oscura y suela, en un mugriento color marrón. Una puerta a la derecha deja ver al fondo la ciudad. En la penumbra de la habitación destaca el color blanco del mantel de la mesa; de ese color emana la luz que destaca los variopintos vestidos de los personajes, en colores intensos: azul, rojo; del color de su piel y de los cabellos femeninos. La disposición en torno a la mesa construye una estructura compositiva circular: un óvalo que fuga hacia el espectador, por la disposición del personaje "sin rostro" hacia el que se dirigen las miradas. Esta estructura circular, abierta, y los colores del mantel y de los vestidos da calor humano, encuentro; aumentado por el tema de una comida en común. Es curioso que en la mesa estén sentados hombres y mujeres de distintas razas, edad, religión, posición social, etc… ¿Qué nos querrá decir?
El estilo de Sieger Köder es expresionista, caracteriza a los personajes exagerando sus rasgos de manera que parecen caricaturas. Con ello expresa de una manera muy evidente el carácter, la psicología de los personajes.
Los símbolos son muy ricos: una mesa, una comida, un grupo, la disparidad de comensales, el alimento que comparten (pan y vino)... Pero sobre todo, la disposición del personaje "invisible": el hecho de que sólo se le vea las manos, su lugar en la mesa y en la composición, del lado del observador.
Leer: Lucas 22, 14-20
Los personajes
El personaje invisible

Jesús sabía que iba a morir. Sus horas estaban contadas. Hacía falta ser un estúpido para pensar lo contrario: sus enemigos, a esa hora, tenían perfectamente planeada su muerte.


Aterrado, muerto de miedo, ¿qué creen que hizo?, ¿huir? No. Se reunió con sus amigos más íntimos a celebrar la Pascua. Pero al llegar el momento de la bendición del pan y del vino, Jesús hizo algo insólito y descaradamente provocador. Partió el pan, lo bendijo y se lo repartió diciendo que era su cuerpo. Y lo mismo hizo con el vino. En vez de huir, les estaba diciendo a sus amigos cómo tenían que entender lo que iba a pasar al día siguiente. En el fondo les estaba diciendo: “voy a morir, y lo acepto libremente. Pero fíjense, yo soy como este pan y este vino. Mi muerte tendrá sentido, porque es la única manera de convertirse en pan para saciar su sed, y en vino para darles alegría. Ojala todo el que me siga sea así: como el pan y como el vino que se reparten para que otros se sacien. Con aquel sencillo gesto les estaba entregando toda su vida.
Aquella noche fue inolvidable para todos ellos. De repente, comiendo el pan y bebiendo el vino que Jesús les ofrecía, todos se sintieron felices de estar juntos. Bendijeron a Dios por haberles dado amigos así. Las diferencias de carácter o de mentalidad ya no contaban: se amaban entre ellos, y eso era suficiente. De repente se dieron cuenta que, en torno a Jesús, habían logrado construir un pequeño mundo nuevo, el Reino de Dios aquí en la tierra. Eso es la Misa.
Con aquel gesto, Jesús les indicaba cómo se puede construir un mundo nuevo: cada vez que uno se convierte en pan y se entrega a otro, crea comunidad. El cielo será como una gran mesa en la que se sentarán todas las víctimas y todos los pobres y comerán hasta saciarse.

El hecho de que no se vea nada más que las manos de Jesús, da más fuerza al símbolo del pan y del vino. Nosotros no vemos ni tocamos a Jesús físicamente, en persona en la Eucaristía. Pero eso no quiere decir que no esté ahí, en el pan y el vino. Él está ahí. Ha querido quedarse con nosotros en torno a una mesa y nos invita a comer su cuerpo y beber su sangre, para que nosotros también podamos invitar a los que lo necesiten. Pan y vino, son Cristo mismo para nosotros. Cada vez que lo comemos y lo bebemos nos entran ganas de construir un mundo mejor.


El judío

Observemos el resto de personajes invitados por Jesús. A la izquierda encontramos un judío, que simboliza a aquellos que son fieles cumplidores de la religión: creen en Dios, ofrecen sacrificios y ofrendas, rezan oraciones, pero, quizá, Dios no ha pasado por sus vidas, no les ha cambiado el corazón. Piensan que a Dios hay que mantenerlo contento con oraciones, fiestas y ritos pero no caen en la cuenta de que la fe implica darse a los demás y tener un corazón dispuesto al cambio. ¿Eres tú quizá de esos que creen en Dios pero no lo dejan entrar en su vida? Observa la cara de piedad sincera que tiene. Él escucha atentamente a Jesús. ¿Qué crees que le dice Jesús al ofrecerle el pan? Él toma el pan y el vino que Jesús le ofrece, es un hombre religioso pero,…¿estaría dispuesto a compartir su pan y su vino con la prostituta que tiene al lado? ¿Y tú, estarías dispuesto?


La prostituta

El cabello suelto y despeinado, como si viniera ahora mismo de haber visto un cliente, con el vestido rojo pasión, dejando provocativamente los hombros al aire. Los labios pintados de un rojo intenso y la mirada hundida en una indescriptible tristeza.


Prostituta no es solo la que ofrece sexo a cambio de dinero. Hay muchas maneras de venderse, de perder la dignidad. A veces vendemos nuestra alma por un poco de aprecio, de popularidad; vendemos nuestro tiempo y esfuerzo para que los demás nos admiren. Empleamos tantas fuerzas en seducir, en atraer la aprobación del otro a cualquier precio, que, a veces perdemos el sentido de quienes somos.
Jesús siempre tuvo una delicadeza especial para con las prostitutas. Las trataba como nadie las trataba. Les devolvía la dignidad solo con mirarlas. Hasta un día dijo que Dios las prefiere a muchos sacerdotes y “gente buena” de la parroquia.
Observa como toma el pan, como si se lo acabara de entregar Jesús. Y cómo aprieta el vaso de vino (el vino de la alegría) contra su pecho, con los dedos señalándose, como si no se terminase de creer que sí, que es ella una de las invitadas.
¿En qué te pareces tú a ella? ¿Tienes algo que te avergüenza? Identifícalo. Si es así, siente como la mirada de Jesús te acepta, te perdona, te da el pan y el vino y te dice, suavemente: “come de mi cuerpo, bebe de mi sangre, porque tú eres una de las preferidas (os) de Dios”.



La anciana ciega

Acurrucada al fondo de la mesa, casi desapercibida, una anciana cubierta casi completamente por un manto azul. Parece como si todo el peso de una vida de sufrimiento cayera sobre su cuerpo e intentara aplastarla. Es ciega, pues es el único personaje que no mira a Jesús, sin embargo, parece que tiene puesta toda su atención en escucharle decir: “tomen y coman este es mi cuerpo”. De hecho sus manos están una sobre otra, sin tomar ni el pan ni el vino, como si estuviera saboreando las palabras que acaba de escuchar, como si el comer y el beber pudiesen esperar.


En realidad ella está concentrada en recibir en silencio el don de Dios. Y lo recibe como solo los pobres saben recibirlo, de una manera total, en silencio, sin destacar.
¿Y tú? ¿Cómo acoges lo que Dios te da? ¿Cuál es tu pobreza? ¿Hay algo que te cuesta sobrellevar? Siente como Jesús te dice: toma y come de mí, y no tendrás más hambre. Bebe de mí, y no tendrás más sed.
El payaso

En el fondo de la mesa haciendo de vértice de toda la composición, un payaso, de un blanco espectral, mira con tristeza a Jesús. Su gesto es inquietante y un tanto ambiguo, pues sugiere varias interpretaciones. Es un varón adulto, su expresión triste y su cara demacrada borra toda connotación de simpatía e inocencia que un payaso tiene. Más bien simboliza al hombre que necesita disfrazarse, maquillarse, para vivir. Es el hombre o la mujer que vive aparentando lo que no es, constantemente preocupados por hacer reír, caer bien, mendigar afecto de los demás. El payaso, en el fondo, es alguien que inventa una personalidad distinta a la suya para provocar la risa en los demás.


¿Y tú, estás constantemente preocupado de tu imagen, de agradar a los demás hasta el punto de renunciar a tu propia personalidad?
La expresión de su cara es extraña: mira sorprendido a Jesús, como si no comprendiese el gesto, como si dijese: yo he estado toda la vida intentando ganar el favor de los demás a base de máscaras, y resulta que lo que de verdad cuenta es entregarse por amor…, ¡y yo sin enterarme!
El intelectual

Con unas ostensibles gafas un hombre de mediana edad, observa con fría incredulidad el gesto de Jesús, mientras se acaricia la barba. Es uno de los personajes que no ha tomado el pan ni el vino. Parece que estuviera analizando concienzudamente, casi científicamente las palabras y movimientos de Jesús.


¿Cómo va a creerse él todo este rollo religioso? ¿No hay ni una sola prueba científica de que Dios existe, mucho menos que nos ama? Él si no ve no cree. La ciencia ha superado a la religión hace ya mucho tiempo. En el fondo no se explica cómo hay todavía gente que siente la presencia de Dios. Dios no existe.

Sin embargo, hay algo que le hace dudar: ¿por qué estoy sentado aquí?, y otra pregunta más interesante si cabe, ¿por qué Jesús me ha invitado a comer con Él?


Probablemente en cada uno de nosotros hay un intelectual incrédulo que no termina de confiar en todo esto. Hay una vocecilla dentro de nosotros que plantea dudas constantes sobre lo que sentimos. Sin embargo, Jesús sigue invitándonos a la mesa. No nos pide creer. Solo nos pide que comprendamos el gesto, que aceptemos su cuerpo y su sangre. Porque Jesús no pretende demostrar ninguna regla matemática: quiere demostrarte hasta donde es capaz de amarte. Y es que la inteligencia no llega a comprender las razones del corazón.
¿Y tú? ¿Vas a seguir toda la Pascua desde la fría racionalidad? ¿O vas a dejarte tocar el corazón por el amor? Tiene su riesgo: pero si no lo asumes no sabrás nunca la verdad.
La mujer rica

Al lado del intelectual hay una mujer vestida de rosa cuyo rostro está medio cubierto por un velo. Dentro de la sencillez del cuadro, el detalle del velo denota que es una mujer de alta posición social. La postura de las manos y el gesto del rostro sugieren que la mujer se acaba de escandalizar ante el gesto de Jesús. Lo mira como de reojo, con la mano en la mejilla, como si se avergonzase de estar allí. ¡Cómo va a mezclarse ella con esa chusma: payasos fracasados, mujeres ciegas, prostitutas, inmigrantes! ¿Cómo es posible que Jesús la trate a ella igual que al resto? ¡Con la cantidad de buenas obras que ella ha hecho! Sin faltar ni un día a misa, ni una limosna a los pobres; siempre colaborando con la parroquia y financiando a la Iglesia…, y ahora es tratada igual que una vulgar mujerzuela…


Obsesionada en sus propias razones no se ha dado cuenta de que Jesús le ha dado ya el pan y el vino, su cuerpo y su sangre. Ella sigue dándose razones, mientras el milagro del amor está delante de ella: Jesús se está entregando en cuerpo y sangre a ella de una manera total. ¡Claro! Esto produce escándalo. No es fácil de entender para algunas personas: Dios se pone en nuestras manos por puro amor.
¿No serás tú también de aquellos que tienen muy claras las cosas sobre Dios y sobre lo que los demás tienen que hacer? ¿Te das cuenta, de verdad, de todo lo que Dios te da? ¿Eres capaz de agradecerlo sin criticar a nadie?
El inmigrante

Es curioso que el último personaje, el más cercano a Jesús sea una persona de color. Vestido pobremente y con la mano herida, representa a todos los personajes apartados de la vida social, los que no cuentan, los que cometieron el pecado de nacer en el sitio equivocado, en pobreza extrema, con un color de piel distinto, en uno de los sistemas económicos más injustos de la historia,


Hay varios detalles que llaman la atención. De todos los personajes parece que es el único que está hablando con Jesús, tiene los labios abiertos como si empezase a hablar. Ha tomado el vaso en la mano y parece que se dispone a levantarlo y brindar con Jesús.
Se me ocurre pensar en aquella escena de Mt 25, en la que Jesús les cuenta la parábola del Juicio Final a sus discípulos. En ella Jesús dice quién se salvará: “Venid, benditos de mi padre. Porque tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber”. Los buenos, cuando oyen esto replican: “¿Cuando te dimos de comer y beber?” Y Jesús responde: “Cada vez que lo hicieron con uno de estos pobres, conmigo lo hicieron.” Entre Jesús y el inmigrante parece que se está reproduciendo este diálogo.
Pero hay un detalle que se nos escapa: todo el mundo tiene su trozo de pan, salvo el inmigrante. ¿Dónde está su pan? Precisamente está todavía en las manos de Cristo. Pero ¿por qué? Sencillamente porque el inmigrante no puede cogerlo, tiene la mano vendada. En este preciso momento Jesús, no solo va a darle el pan, sino que se lo va a dar de comer él mismo.
Ese es el misterio de la última cena. Dios está siempre al lado de los pobres, ellos son sus mimados, sus preferidos. Ellos son las víctimas. Jesús también fue una víctima: ¿cómo no va a tener un trato de favor con ellos? Y tú ¿serías capaz de compartir tu pan con el inmigrante, con el pobre, el enfermo, el abatido, el que no cuenta historias fantásticas, ni provoca risa sino pena? ¿Dónde están los pobres en tu vida?

Trabajo personal: Siéntate a la mesa

Hasta ahora hemos hablado de los personajes del cuadro. Pero no nos hemos dado cuenta de un detalle grande. El autor ha renunciado a pintar a Jesús precisamente para meternos a nosotros, espectadores, en el cuadro. En realidad, lo que quiere provocar es que nosotros veamos las cosas como las ve Cristo. Es más, quiere hacernos sentir lo mismo que siente Cristo.


Ponte en su lugar, coge el pan y el vino. Mira a los ojos a estos personajes que están esperando tus palabras. ¿Qué les dirías? Pronuncia las palabras de Jesús: Tomen mi cuerpo, ¿estarías dispuesto/a a entregar tu cuerpo por alguien que lo necesite?, ¿por quién? Levanta el cáliz y di: “Tomen y beban de mi sangre que será derramada por ustedes”. ¿Estarías dispuesto a derramar tu sangre, a comprometerte hasta tener problemas?
Contempla despacio el cuadro y medita. Deja que te hable al corazón. Apunta todos tus sentimientos e ideas. (Se les da 15 minutos para que cada uno solo contemple el cuadro, par esto se les dan las fotocopias).
Hora Santa

Nota: Antes de la Hora Santa se dan los avisos del día siguiente ya que al final cada quien se va cuando guste.

Primera parte: Getsemaní

Ambientación: Se empieza fuera, en el patio. CD de música ambiental, equipo de sonido, foco. Hay preparados un personaje que hace de Jesús y dos o más tentadores/as.
MOTIVACIÓN

Hoy hemos celebrado un día hermoso. Pero a partir de este momento el amor se hace realidad en su faceta más cruda: la entrega. El amor no puede quedarse en un puro sentimiento. Tiene que llegar un momento en que es capaz de darlo todo.


Jesús está a punto de darlo todo por amor a nosotros. Ahora es cuando empieza de verdad su pasión. En esta noche oscura, Jesús tiene que decidir entre seguir adelante o abandonar su proyecto presa del miedo. No es fácil, es una angustia mortal la que siente, y está solo.
En la primera parte de este momento intentaremos acompañarle en este trance tan duro. Queremos sentir lo que él sintió y aliviarle, en la medida de lo posible su pena. En la segunda parte, en la capilla, vamos a hacer un acto simbólico que resume todo el día de hoy. La entrega y el sacrificio no tienen sentido por sí mismos. Solo tienen sentido desde el amor. Eso es lo que quiere resumir la Eucaristía, que el amor cuando se entrega y se sacrifica se multiplica por mil.
Estemos atentos, en silencio, preparémonos para sentir con todas nuestras fuerzas. El amor está solo y en agonía.
Lectura de la Palabra: Lucas 22, 39-46

Salió y fue, según su costumbre, al monte de los Olivos. Sus discípulos lo acompañaban. Cuando llegó al lugar, les dijo: «Oren para no caer en la tentación». Él se apartó de ellos como un tiro de piedra, se arrodilló y se puso a orar, diciendo: «Padre, si quieres, aleja de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya». Y se le apareció un ángel del cielo reconfortándolo. Entró en agonía, y oraba más intensamente; sudaba como gotas de sangre, que corrían por el suelo. Se levantó de la oración, fue a sus discípulos y los encontró dormidos por la tristeza. Y les dijo: «¿Por qué duermen? Levántense y oren para que no caigan en la tentación».


Los tentadores

El que hace de Jesús se pone en medio, arrodillado o de pie.


Jesús: ¡Me muero de angustia! ¿Por qué, Señor, por qué? ¿Por qué tiene que acabar todo así? Si yo he hecho el bien, ¿Por qué he de terminar así? ¿Por qué he de morir? ¿No he hecho lo suficiente? ¿Qué más quieres de mí?
(Se les tapan los ojos con un pañuelo. Mientras se pone una música suave, puedes ser de la película “La Pasión de Cristo”. Cuando están todos con los ojos tapados, siguen el diálogo Jesús y los tentadores)
Jesús: Padre, todo lo he hecho según Tú me has ido diciendo. Dejé mi casa, mi trabajo, aguanté insultos, fracasos, traté a todo el mundo con la ternura que tú me enseñaste. ¿Por qué he de morir? ¿Por qué debo terminar así?
Tentador 1: ¡Claro Jesús! ¿Por qué has de terminar así? Tú ya has hecho suficiente. Tu Padre no puede pedirte más. Has cumplido. Pasarás a la historia como uno de los mejores hombres de todos los tiempos. Será muy difícil igualarte. Tu fama llegará a todas partes. No crees que es suficiente.
Tentador 2: Jesús, déjalo ya. ¿O es que crees que con tu muerte las cosas van a ir mejor? ¿Crees que los poderosos de la tierra se van a arrepentir por verte morir? No. El mundo seguirá siendo igual. Pero tú tienes la oportunidad de rehacer tu vida.
Tentador 3: ¿Cuántos de los que están aquí presentes estarían dispuestos a entregar su vida aunque fuese por una buena causa, Jesús? Mírales, ¿es por ellos que vas a morir? ¿Vas a morir por personas que ni siquiera creen de verdad en ti?
Tentador 4: Ni uno de ellos daría ni un solo minuto de su tiempo por ti. No están dispuestos a sacrificar casi nada por aquellos a los que quieren, ¿cómo lo van a hacer por ti? Estás solo, Jesús.
Tentador 1: Tu proyecto ya ha acabado. No vas a salvar el mundo. Con tu muerte, simplemente desaparecerás. La gente seguirá siendo tan insensible como hasta ahora. No seas iluso y recupera tu vida.
Tentador 2: Hay tantos sueños que todavía puedes realizar. Tanta vida. Puedes hacer feliz a una mujer. Con tu inteligencia puedes triunfar en aquello que te propongas. Es más. Podrías seguir siendo un rabino, un predicador. Pero claro, tendrías que moderar tu mensaje. Ya sabes, no ser tan crítico con los poderosos, ser más respetuoso con el Templo y los sacerdotes… Pero, básicamente podrías seguir hablando del amor tan maravillosamente como lo haces.
Tentador 3: En el fondo es lo que le gusta a la gente. Fíjate cómo han disfrutado todos estos que están aquí durante todo el día, hablando del amor. Si es lo tuyo. Habla del amor pero no mueras…
Audición: 2000 años después
Coro:

No hay pena de muerte. Hay que dar la vida, quien para él la guarda la tiene perdida. Cuando el lobo acecha, no se va el pastor. Hay que dar la vida. No hay mayor amor…


Coro de tentaciones

Eres aún muy joven. Vive y sé feliz. No hay más que una vida, ¿para qué morir? Retírate ahora. Tu miedo es mayor. Es una locura morir por amor.


Jesús: Los ojos no se cierran y velan los olivos. Tal vez brilla una estrella. Quizá se apaga ya. Mi vida es como un río. ¡Y agua, cuánta lleva! Decidle al océano que aguarde un poco más.

La vida me la dieron, la tomo entre mis manos. La tomo entre mis manos. La palpo aún caliente. La quiero conservar. Me dicen que la entregue. Y si mis palmas abro, veré un mar de palomas al cielo azul volar.



¿Por qué he de morir si amo la vida? ¿Por qué no vivir un poco más ¿Por qué he de apurar tanta amargura? ¿Por qué no he de hacer mi voluntad?
Escucho unas palabras, resuenan de aquel libro… “Feliz, si perseguido tú eres por mi amor”. “Tú vales más que un pájaro, más que una bella rosa”. “Y así sabrán que eres también hijo de Dios”. Escucho estas palabras, Yo sé que soy su hijo. Un hijo tan amado y ungido de dolor. Su voz es el aliento, el aire que respiro: “Mi Hijo, eres mi hijo si mueres por amor”.
¿Por qué he de morir si amo la vida? ¿Por qué no vivir un poco más?

¿Por qué he de apurar tanta amargura? ¿Por qué no he de hacer mi voluntad?

Pero que los tormentos es el abandono. Yo sé que mis amigos jamás lo entenderán. Que no vale la pena que entregue así mi vida. Que el fuego pone a prueba la auténtica amistad. Quizá sabrán amarse como he amado yo. Y que al amarse así morir no es un fracaso. Es descansar en brazos cálidos de Dios.


Aunque he de morir amo la vida. Y sé que de amar hasta el final. ¿Por qué he de apurar tanta amargura? Quiero cumplir tu voluntad.

Aunque he de morir amo la vida. Y sé que he de amar hasta el final. ¿Por qué he de apurar tanta amargura? Quiero cumplir tu voluntad.
Terminan las tentaciones.
Jesús: No, una cosa es hablar del amor y otra muy distinta es morir por amor. Solo así mi vida merece la pena. ¡Sí, Señor. Yo soy tu Hijo. Confío en ti aunque ahora no entienda. Haré tu voluntad aunque implique mi muerte. ¿Quieren acompañarme un poco más?

(Se les quita la venda de los ojos y siguen a Jesús hasta la capilla donde está preparado el monumento).
Segunda parte: el pan partido

En la capilla, está preparado el monumento en el altar. Delante, en torno se hace un círculo abierto de sillas de modo que todo puedan ver el monumento. En el centro se pone una cesta con panecillos en número superior a los participantes. Música ambiental hasta que se instalen todos.


Canto: No adoréis a nadie más que a Él o te adoraré
Introducción: Hemos compartido la angustia de Jesús y en ella nuestras propias inquietudes y angustias. Ahora se trata de dar un significado a todo esto. No podemos quedarnos con el puro sentimiento. El jueves santo tiene coherencia en sí mismo. Lo que Jesús simbolizó en la Última Cena, lo realizó horas después. El pan que se parte y se reparte fue el anticipo de su agonía y de su muerte. El cáliz que es tan amargo en Getsemaní y que quiere evitar, es el mismo de la última cena. Algo más nos está queriendo decir el Jueves Santo a nosotros jóvenes de hoy. Vamos a repasar todo este significado en torno al mismo signo que Jesús eligió: el pan.
Lectura de la Palabra: 1Cor 11,23-26
1. Jesús tomó un pan
(Uno o varios lectores van leyendo despacio el texto. Los chavos deben ir haciendo, despacio, lo que les digan).

En el cesto se encuentra un montón de panecillos... Son aparentemente iguales, –como los zapatos de un montón–, pero cada uno es distinto, único, irrepetible... Cada uno tiene una historia, aparentemente trivial, pero probablemente distinta.


Levántate, ve al cesto y escoge un panecillo... (Se espera a que todo el mundo tenga su pan consigo).
Colócalo sobre tus rodillas o retenlo en tus manos... Dile que te cuente cómo se siente al haber sido elegido por ti entre todos... Dile que te cuente su historia personal hasta el momento en que tú lo has escogido entre todos... Su germinar en la tierra... Sus horas duras pudriéndose en la oscuridad... Su dejarse mojar y empapar por la lluvia... El doloroso romperse por dentro para engendrar vida... Su brotar en el campo y el soportar fríos y heladas... Su gozoso germinar en espiga fecunda y apretada... la experiencia de la siega... de la muela en el molino... de dejarse perder en la harina de otras espigas... El amasado... el calor del horno... el convertirse en pan... EL SABERSE ESCOGIDO POR TI.
Identifícate con tu panecillo... Ve poniendo en paralelo tu vida con el pan.
Jesús puesto a la mesa tomó un pan.

Siéntete escogido, elegido entre un montón de panecillos... Visualízate, hecho pan, en las manos de Cristo y deja aflorar, poniendo nombre, tus sentimientos. (música de fondo).


2. Jesús tomó un pan y lo partió
Pero Jesús no te ha elegido para tenerte en sus manos: JESÚS PUESTO A LA MESA TOMÓ UN PAN Y LO PARTIÓ.
Rompe despacio el panecillo en dos mitades y obsérvalo partido... Ya nadie lo podrá reconstruir ni restaurar del todo... Así eres tú, no un pan redondo, sino un pan partido... Ah, sí. Partirse duele. Ve poniendo nombre a tus sentimientos, a tus resistencias, a tus razonamientos, a tus construcciones mentales... para no dejarte romper...
(Ve recordando situaciones que te han roto por dentro... Ve analizando esas cosas y circunstancias que te duelen y te hacen sufrir... Descubre esas heridas y comprueba si han cicatrizado o aún sangran).
Visualízate hecho pan en las manos de Jesús y déjate romper por Él. (Música de fondo).

3. Jesús tomó un pan, lo partió y lo bendijo


Jesús te ha elegido para, una vez roto, bendecirte... Cuando Jesús dice-bien de ti lo hace...

Ve recordando a esas personas que a lo largo de este año han dicho bien de ti, te han ben-decido... Han pronunciado palabras buenas, constructivas, cariñosas, a veces duras y exigentes, pero que te han hecho crecer... Recuerda sus rostros de agradecimiento...

Visualízate como un pan roto en las manos de Jesús y escúchale decir sobre ti: ESTO ES MI CUERPO QUE SE ENTREGA POR USTEDES, es decir: ESTE SOY YO: UN PAN ROTO PARA DEJARSE COMER... y ve dejando, y ve sintiendo, cómo todo tu ser se va transfigurando en el mismo Jesús. (Música de fondo).

4. Jesús tomó un pan, lo partió, lo bendijo y lo repartió


Si Jesús te ha elegido, si te tiene en sus manos, si te rompe, si te bendice, es para que seas alimento de los demás...

Siendo consciente de que eres tú mismo el que se entrega, ve repartiendo trozos de tu pan entre los demás..., en silencio, no rompas la magia del momento. No es necesario que haya un trocito de tu pan para todos.

Y ve comiendo los trozos que te den, sabiendo que te alimentas con la vida de los otros.

Esto es lo que simbolizamos en cada Eucaristía. Esta es la única respuesta coherente a un Dios que se entrega por nosotros: entregarnos nosotros por los demás en cada una de las situaciones. (Música de fondo).


Canto: Mi pan, mi luz
Puesta en común

Se invita a todos a que exterioricen lo que han sentido durante toda la hora santa. (No debe ser un rato largo de muchos silencios. Mientras la gente hable, bien; pero en cuanto haya un silencio considerable es mejor terminar.


Lo que no se da se pierde. Sólo quedan los panes que no se han querido romper. Ahí se quedan. Se volverán duros y mañana no habrá quien los coma. La vida, ya lo saben, es así: lo que no se da, se pierde.
Nuestra vida de creyentes comienza con una agonía: asumir nuestra miseria; pero se resuelve en una entrega que la hace maravillosa...
No vamos a terminar la Hora Santa. Cada uno la puede continuar en silencio del modo que quiera. (Se deja expuesto al Santísimo hasta que se vaya el último de los participantes, se deja música de fondo…)
SEGUNDO DÍA

Oración Inicial.

Canto: Cristo mismo cargó sobre sí nuestros pecados o Nadie te ama.



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