Paper ¿Es la economía “disruptiva” una fábrica de “camareros”? (El lado oscuro de la economía “colaborativa”) Introducción: la sociopatía de la economía disruptiva



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Consecuencias negativas


En el trabajo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) “La Participación del Trabajo en las Economías del G20”, se destaca que “la tendencia a la baja de las rentas del trabajo puede tener consecuencias negativas importantes. Por ejemplo, las mejoras a nivel macroeconómico podrían no trasladarse en incrementos de los ingresos reales de los hogares”.

Por otro lado, los datos muestran que esta tendencia termina afectando al bienestar de las sociedades. Un peso cada vez mayor de las rentas del capital sobre el PIB suele estar directamente relacionado con una mayor desigualdad en la distribución de la rentacomo ha mostrado el economista francés Thomas Piketty en su obra “El Capital en el Siglo XXI”.


La menor fuerza de los salarios también ha evidenciado tener consecuencias políticas relevantes. Como destaca el informe de la OCDE, esta situación puede obstaculizar la implementación de políticas pro-mercado y en favor de la globalización económica. 

Por último, pero no menos importante, el menor peso de los salarios puede afectar al crecimiento a través de un menor consumo de los hogares y una menor inversión por parte del sector privado.


Por qué caen las rentas salariales


Desde el Banco de España, en un trabajo publicado en 2012 pero que analiza la caída de la participación de las rentas del trabajo en el PIB desde 1980, destacan que el mayor crecimiento de los servicios financieros y servicios profesionales a empresas dentro del sector terciario puede tener parte de la culpa, puesto que en ese tipo de tareas la intensidad del uso del trabajo es inferior a la media de la economía, incluso menor que en la industria.

No obstante, para el caso particular de España, estos expertos aducen que “el trabajo no cualificado ha sido sustituido tanto por capital como por trabajo cualificado, lo que ha intensificado la caída de la participación de las rentas del trabajo”. Aunque es cierto que el trabajo cualificado obtiene una remuneración mayor, esta no ha sido suficiente para compensar la caída de los salarios de los trabajadores menos cualificados, por lo que de forma agregada se ha producido un descenso de las rentas del trabajo como parte del PIB.

Además, el BdE destaca que “a escala agregada, todos los factores de índole tecnológica han ocasionado un impacto negativo en la participación de las rentas del trabajo en los países desarrollados, pero especialmente en el caso de Francia y España”.

Por otro lado, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sostienen en un su documento “¿Por qué los salarios están cayendo? Análisis de los determinantes desde la óptica de la renta”, que la “financiarización” de la economía está provocando la caída relativa de los salarios. Por un lado, ahora las empresas tienen la opción de invertir tanto en la economía real (que puede tener ciertos beneficios sobre los trabajadores) como en activos financieros, ya sea a nivel doméstico o internacional, con unos efectos nulos o neutros sobre las rentas del trabajo.

Por otro lado, los accionistas han ido ganando poder respecto a los trabajadores. Las empresas se ven obligadas de cierto modo a priorizar la generación de valor para el accionista, lo que ha contribuido a que los pagos por dividendo hayan crecido drásticamente en las últimas décadas. El beneficio distribuido o pago por dividendos se encuadra dentro de las rentas del capital, y obviamente todo beneficio distribuido es dinero que no se dedica a la inversión “real” para abrir nuevas plantas, mejorar los bienes producidos o contratar nuevos trabajadores.

Por último, tanto el trabajo de la OCDE como el de la OIT coinciden en señalar a la gloablización como otro de los fenómenos que está restando presencia a los salarios respecto al PIB en los países avanzados. La globalización ha intensificado la competencia dentro del factor trabajo (trabajadores) con la entrada de países con mano de obra abundante, como China o India.

Por tanto, la mayor conexión entre las economías del mundo ha podido moderar sustancialmente los salarios a nivel agregado en los países desarrollados, mientras que a la vez podría haber jugado a favor del capital y de los trabajadores más cualificados.

Todos estos factores están contribuyendo al descenso de la participación de las rentas salariales en el PIB. El trabajo tiene cada vez menor transcendencia dentro del proceso productivo y esto desemboca en una caída relativa de la remuneración de ese factor de producción frente a otros. El dominio de los salarios en el PIB está cerca de llegar a su fin, ahora la cuestión es dónde encontrará suelo esta tendencia.

- La revolución digital nos obliga a vivir como nuestros tatarabuelos: en un mundo sin trabajo (Vozpópuli - 13/3/17)

El economista Ryan Avent presenta “La riqueza de los humanos” (Ariel), un ensayo de historia económica, pero también una reflexión social que explica de qué forma la tecnología ha modificado un siglo que se parece más al XIX de lo que pensamos.

(Por Karina Sainz Borgo)



La tecnología digital está transformando todos los aspectos de la economía y el modo de hacer las cosas: quién las hace, de qué forma y cuánto obtiene por ello. La revolución tecnológica nos obliga a meternos en la piel de nuestros tatarabuelos: a enfrentamos a un mundo en el que nuestro trabajo lo hace ya no una máquina, sino una aplicación o un programa informático. Esa es la tesis del especialista en historia económica Ryan Avent en su ensayo La riqueza de los humanos (Ariel). En las páginas de este libro, el periodista de The Economist aborda la principal cuestión que afrontan las sociedades ante los cambios tecnológicos: ¿está el mundo moderno preparado para un sacudón como el del siglo XIX?

A través de un viaje desde Shenzhen hasta Gotemburgo, pasando por Bombay y Silicon Valley, Avent indaga en el significado del trabajo en el siglo XXI, un mundo completamente distinto al de hace sólo una generación, en donde las relaciones entre el capital y la mano de obra, entre ricos y pobres han cambiado por completo. El trabajo ahora es menos regular y menos seguro, los trabajadores se ven obligados a buscar nuevos proyectos, adquirir nuevas habilidades, explorar nuevos horizontes. Considerando que el trabajo no sólo confiere sustento, sino identidad ¿qué va a pasar en un mundo con escaso trabajo? El futuro no tiene por qué ser desalentador, asegura Avent. Eso sí: siempre y cuando las personas comiencen a comprender que la riqueza no está en el capital y los patronos, sino que es social y humana. Alude a la capacidad de los individuos y las sociedades para adaptarse y reinventarse.



El ritmo de cambio es tan acelerado en el nuevo mercado laboral que incluso la franja más joven de la población activa recuerda un mundo distinto, asegura Ryan Avent. “Servicios como Uber y Airbnb, prácticamente desconocidos a principios de esta década, están transformando la esencia de sectores que emplean a millones de personas. Productos como Slack, una aplicación de chat diseñada para facilitar la colaboración entre colegas, están alterando la comunicación dentro del entorno laboral y programas informáticos inteligentes capaces de enviar correos electrónicos a los contactos de la agenda y de encargar comida preparada participan en la conversación como si de colegas humanos se tratara”. Así, Avent traza un retrato de grupo en el que el lector percibe no ya clases ni categorías sociales, sino grupos: el de trabajadores activos e inactivos.

Lo que parece un ensayo económico va mucho más allá. Las páginas de este libro plantean el enorme desierto social que deja a su paso la tecnología al modificar el mundo de las relaciones tradicionales. Plantea las bases de un mundo extinto en el que muchos de sus habitantes deambulan, perdidos en un tiempo que los ha expulsado y del que ya no forman parte. Con la desaparición de los oficios, desaparece el impacto económico y social del trabajo en determinadas franjas, como es el caso de aquella a la que pertenecen los trabajadores de entre cuarenta y sesenta años, aquéllos cuyas décadas de experiencia como taxista o auxiliar administrativo, según Avent, podrían volverse “menos remunerativas” o incluso “carentes de valor en los años que les quedan antes de su jubilación prevista”. La situación es global. Y él se encarga de demostrarlo.



“En Estados Unidos, la proporción de hombres adultos en plena edad laboral que en la actualidad trabajan o buscan empleo activamente se ha reducido de manera constante y, en algunos casos, espectacular durante la última generación (…) En Europa, uno de cada cinco adultos de menos de veinticinco años de edad está en paro (…) Para muchísimas personas, el trabajo se ha convertido en un factor menos fiable y con frecuencia menos remunerativo de su seguridad material, situación que ha derivado en que personajes populistas como Donald Trump o Le Pen lleguen a la política”. El análisis de conjunto que hace Avent permite observar una panorámica muy similar a la del siglo XIX. Y así como ocurrió hace ya más de un siglo: mientras una estructura colapsa, la revolución tecnológica continúa su paso, tensando la cuerda.


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