Paper ¿Es la economía “disruptiva” una fábrica de “camareros”? (El lado oscuro de la economía “colaborativa”) Introducción: la sociopatía de la economía disruptiva



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¿Qué es la clase media, hacia dónde va y de dónde viene? Ese es el objeto del último ensayo de la francesa Nathalie Quintane, que responde a nuestras preguntas acerca de él

(Por Héctor Barnés)



Nunca antes se había hablado, pensado y escrito tanto sobre la clase media, a pesar de haber sido el grupo social que mejor ilustró el desarrollo de la sociedad occidental tras la Segunda Guerra Mundial, y que ha estado ligado al desarrollo del Estado de bienestar, la economía de consumo y los servicios públicos. Ha tenido que empezar a desaparecer -o, al menos, a ponerse en duda- para que se haya convertido en frecuente objeto de análisis, cual especie en peligro de extinción.

En su último trabajo, “Que faire des classes moyennes?” (Editions P.O.L.), la escritora francesa Nathalie Quintane se ha preguntado acerca de lo que define a la clase media, desde su perspectiva como miembro de ella. El estilo de Quintane, a la sazón actriz y poetisa, se define por su agilidad, concisión e ironía casual, a la manera de las “Mitologías” de Roland Barthes. De su mano nos internamos en los rincones oscuros de la clase social por excelencia que define la normalidad de nuestro tiempo.

PREGUNTA. Si el “proletariado” y las “clases propietarias” definieron el siglo XIX, ¿hicieron lo propio las “clases medias” con el siglo XX?

RESPUESTA. Yo diría más bien que lo que las clases medias evocan, más que describen, es el período que entre 1955 y 1975 ha permitido a la mayor parte de la población comprar objetos y acicalarse en un cuarto de baño. Pero Perec ha relativizado rápidamente la clase de felicidad que se puede obtener del orden de las cosas que se deriva de ello.

P. Habla de una singularidad que te dice que perteneces a la clase media: “una separación entre cómo vives y lo que cuentas”. ¿Es la clase media la única que tiene que demostrar que existe?

R. La clase media no tiene necesidad de demostrar que existe, ya que es obvio que lo hace… se ha convertido en algo “natural”. Como ya he dicho a propósito del libro, son los únicos que se creen normales, ya que los pobres son anormales y los ricos son excepcionales.

P. ¿Es la clase media el gran sueño del Estado de Bienestar (1955-1975), una ensoñación de la que despertamos en 2008?

R. Aún no hemos sido despertados… Dormimos durante la mayor parte del tiempo y mantenemos los ojos cuidadosamente cerrados, porque sentimos que si los abrimos descubriremos la pesadilla en la que gran parte de la población mundial ya se ha hundido. Una de las pruebas de que estamos dormidos es nuestra nula reacción a la destrucción de Alepo, por ejemplo.

P. Habla de una sociedad en forma de U en la que la clase media se encuentra en la parte inferior: no quieren ni las prestaciones de las clases bajas, ni las reducciones de impuestos de las altas, por lo que no tienen ninguna ventaja. ¿Cayeron las clases medias en su propia trampa?

R. Puede ser que hayan caído en una trampa muy particular, que consiste en creer en un presente permanente, aislados del presente y del futuro, y que aseguraba que nada iba a cambiar incluso si todo cambiaba aparentemente. Si lo real es una ilusión, entonces la Historia también lo es: ese es el verdadero confort.

P. ¿Fueron las clases medias creadas por aquellos que no querían ser considerados “pobres” pero no tenían dinero suficiente para ser llamados ricos?

R. Las clases medias han sido necesarias para absorber la gran cantidad de objetos que se destinaban a sí mismos a través de la publicidad, por así decirlo. Son un momento del capitalismo. ¡El capitalismo con las clases medias como invitado especial! Sí, puede ser que sea la mejor publicidad que el capitalismo jamás se ha hecho a sí mismo durante todos estos años, ya que por una vez no parecía una forma de saqueo y sometimiento, sino algo voluntario.

P. Por otra parte, ¿no es ser de clase media perfecto para los ricos que se sienten avergonzados de tener un montón de dinero?

R. ¡Sí, pero me pregunto si eso no es aún más grave! No es solo que los ricos no quieran pagar impuestos (y por lo tanto se hagan pasar por clases medias y defrauden a hacienda), ¡es que ni siquiera comprenden la necesidad de pagar! ¡Los ricos cada vez se sorprenden más cuando se les reclama el dinero que deben!

P. Según la clase media, hay otra idea que ha sido traicionada: que si lo hacías bien en el colegio, vivirías bien (o, al menos, tendrías un empleo). Dice que es una mala manera de pensar, pero muy de clase media. ¿Por qué?

R. Las clases medias creían en el trabajo y en el mérito. Su éxito, entre los años 50 y los años 70, les hizo pensar que habían obtenido ese éxito por sí mismas, por su trabajo y por su mérito. Desgraciadamente, aunque trabajemos bien y tengamos mérito, cuando no haya trabajo… La lógica que conduce su vida ya no es válida.

P. Habla de que la venganza es una clase de pegamento social. ¿Una venganza hacia quién y por qué?

R. Como cuento de manera humorística en el libro, las clases medias quieren “castigar a lo real” ya que lo real no les conviene. Una parte de las clases medias ha elegido a Trump, que es exactamente eso: castigar lo real. Es una forma de locura.

P. Las clases medias alumbraron la industria del ocio (museos, libros, vino) y una nueva cultura basada en el sector terciario. ¿Era la consecuencia lógica del crecimiento económico que se produjo después de la Segunda Guerra Mundial, tras el fordismo y el taylorismo?

R. La transformación del arte y la cultura en “industrias culturales” ha actuado en Francia, por ejemplo, al más alto nivel del Estado (el término “industrias culturales” ha sido utilizado recientemente por una ministra). En Francia en particular, ya que cada vez hay menos empleos industriales de verdad y que la agricultura está en proceso de desaparecer (al igual que una buena parte de la función pública y del pequeño comercio), no hay otra salida que el “desarrollo turístico” del país entero.

P. Critica algunos valores de clase media, aunque reconozca que pertenece a ella. Pero ¿hay realmente alguna alternativa? ¿No han dado forma los valores de la clase media a todos nuestros valores durante la segunda mitad del siglo XX?

R. ¡Sí! ¡No se puede escapar de los valores de clase media! El debate, por ejemplo, se encuentra polarizado por las discusiones acerca del colegio, a los lugares de residencia (los barrios de la periferia y el centro de las ciudades) y más que nunca alrededor de las fantasías masivas que son, en Francia, la ortografía y la Historia nacional. Las discusiones sobre estos temas impiden toda reflexión sobre la educación y la enseñanza, y qué podría ser una docencia verdaderamente diferente. De igual manera, dar valor al trabajo en periodo de desempleo masivo puede ser una locura, ya que se trata de una orden contradictoria.

P. Al final del libro, explica que decimos sobre la clase media lo mismo que decíamos sobre la clase trabajadora en el siglo XIX: nos dan miedo. ¿Por qué tememos a la clase media?

R. Nosotros somos las clases medias, y nosotros disfrutamos dándonos miedo a nosotros mismos. ¿Por qué? Sin duda, ¡haría falta preguntarle a un buen psiquiatra! ¿Es preferible el miedo al aburrimiento y la seguridad a la libertad? Buen tema de debate.

P. Volviendo a la primera pregunta: si la clase media describió el siglo XX, ¿cuál será la clase que describa el siglo XXI?

R. La clase que mejor evoca el siglo XXI por el momento es el “precariado”, la gente que cobra poco o no cobra por trabajar. Sin duda es un asunto importante para el capitalismo de hoy en día: convencernos que tener un trabajo es algo precioso y tan raro que no vamos a querer que nos paguen. ¡Bastante suerte tenemos ya! Hay también becarios que pagan para poder tener sus horas de formación. ¡Pagan por su derecho a trabajar!

- Los robots hacen obsoleto (también) tu trabajo cualificado (Cinco Días - 10/2/17)

La automatización de tareas producirá ahorros de coste de entre el 20% y el 50%, según la consultora Avasant.

(Por Marimar Jiménez)

mercado mundial de automatización robótica

El banco móvil de CaixaBank, ImaginBank, anunciaba esta semana el lanzamiento del primer chatbot (robot capaz de simular una conversación con una persona) del sector financiero en España. Casi en paralelo, la consultora Wunderman auguraba que estos chatbot basados en inteligencia artificial se convertirán para 2020 en la principal fuente de obtención de información sobre los consumidores y operarán más del 85% de los centros de atención al cliente. Por su parte, Bank of America, segundo banco por activos de EEUU, ha desvelado que ha abierto tres centros financieros completamente automatizados, donde no hay humanos. Y, por si fuera poco, hace días un informe de Reform, un think tank británico, calculaba en unos 250.000 los puestos de trabajo en la función pública que podrían ser sustituidos por la automatización y la robotización a lo largo de los próximos 15 años en Reino Unido. ¿Casualidad? No.

“La automatización, la robótica, la inteligencia artificial son una de las grandes tendencias tecnológicas; una de las que más repercusión va a tener en el corto y medio plazo en todas las industrias”, dice a CincoDías Ricardo Cruz-Estadao, socio director de Avasant para España y Portugal. La consultora estadounidense acaba de publicar un informe que revela que el mercado mundial de automatización robótica, valorado en 480,4 millones de dólares en 2015, crecerá una media del 62% anual hasta 2020, cuando alcanzará los 5.324,4 millones.

La razón de este empuje, según muestra el informe, son los beneficios que aporta la automatización inteligente de procesos (RPA). Entre otros, un ahorro de costes de entre el 20% y el 50%, llegando hasta el 100% en los casos donde su aplicación pueda automatizar completamente un proceso. “También contribuirá a reducir drásticamente errores y tiempos de procesamiento, incrementando el nivel de precisión, y facilitará operaciones de alta disponibilidad, con alta capacidad y escalabilidad y con procesos de mejora continua, todo gracias al uso intensivo de técnicas analíticas y de autoaprendizaje”, dice el directivo.

85 robots por 230 personas



La propia Avasant está haciendo pruebas con robots para reducir el tiempo que dedican sus consultores a recopilar información para que no dediquen tantas horas a esa tarea, “que cuesta muchísimo”, y se dediquen mucho más a asesorar. “También hay un banco americano que ha logrado hacer con 85 robots tareas en 13 procesos de negocio (y manejando alrededor de 1,5 millones de transacciones) para las que ahora precisaba a unas 230 personas. Y una teleco global ha conseguido ahorros de 3,5 millones de dólares en dos años utilizado 100 robots en sus operaciones de backoffice”, cuenta Cruz-Estadao.

El informe de Avasant muestra que no hay industria que escape al impacto de los algoritmos de machine learning y la inteligencia artificial, aunque revela que las tasas de adopción serán más altas en los sectores que trabajan con los consumidores en primera línea y tienen niveles de transaccionalidad muy elevados. Así, el estudio señala al sector financiero y de seguros, al de telecos, retail y salud como los que antes aplicarán estos avances, “pues muchas de sus actividades transaccionales pueden realizarse por software robótico”. Aun así, dejan claro que hasta los Gobiernos y las universidades están explorando estas tecnologías.

Tareas repetitivas y cualificadas

“La automatización de procesos siempre se ha vinculado a tareas muy repetitivas y donde la labor humana no aporta un alto valor añadido, pero esto está cambiando. Ahora, con los avances en inteligencia artificial, se están empezando a automatizar hasta los trabajos de cuello blanco. Muchas de las profesiones consideradas hoy como cualificadas se transformarán en obsoletas”, señala Cruz-Estadao, que pone el ejemplo de los robo advisors, los robots que están empezando a sustituir a los asesores financieros de carne y hueso.

El estudio también muestra un fuerte vínculo entre el coste de la mano de obra y la adopción de estas tecnologías. Así, los países en desarrollo con salarios más bajos no están siendo los primeros en adoptar el RPA mientras que EEUU, Reino Unido, Alemania y otros países europeos han tomado la iniciativa. “Según la OCDE, la automatización permitirá sustituir un 12% de los empleados españoles en los próximos años”, recuerda el directivo, que defiende que no hay que tener una visión catastrofista: “Es cierto que estas nuevas tecnologías provocarán la pérdida de muchos empleos, pero también darán lugar a nuevas profesiones y nuevas oportunidades”.

Por lo pronto, ya están surgiendo proveedores de soluciones RPA que generan empleo. Entre ellos, destacan Nice (Israel), Blueprism y Ulpath (Reino Unido), Automation Anywher y Automic (EEUU) y Exilant (India).


¿Están las empresas preparadas?

Algunos expertos creen que las empresas que no entiendan que el machine learning y la inteligencia artificial es algo estratégico para su futuro y no inviertan en ello se quedarán atrás. Pero para abordar este fenómeno, las compañías deben saber que la clave está en sus datos, y que antes de pasar a pensar en inteligencia artificial deben acometer proyectos de big data y tener data scientists en sus plantillas.

El directivo de Avasant asegura que las empresas han avanzado mucho en automatizar procesos financieros, de recursos humanos, tareas muy repetitivas. “Ahora empiezan a automatizar procesos clave de negocio, y lo último será aplicar la inteligencia artificial a la generación de ingresos”.

- El salario mínimo de España es 173 euros inferior a la media de la zona euro a pesar de la subida del 8% (El Economista - 10/2/17)

(Por Francisco S. Jiménez)

El Salario Mínimo Interprofesional (SMI) de España todavía queda lejos de la media de los socios del euro, a pesar de que desde 2008 se ha incrementado un 18%, y actualmente ha subido un 8% hasta los 707,6 euros al mes en catorce pagas, lo que supone 825,7 euros en doce mensualidades. El SMI en la zona euro en doce pagas se sitúa al inicio del año en 998 euros al mes en doce pagas.


El salario mínimo de la cuarta economía de la Unión Europea es el octavo más elevado de la región. El SMI, que es el mínimo legal estipulado para un trabajador en España, está por debajo de la media de la zona euro y de la media del club de los 28. Según las cifras oficiales del Eurostat, que calcula el sueldo de referencia en doce pagas, es 173 euros al mes más bajo que la media en la zona euro y 60 euros al mes que en la Unión Europea, considerando que en España se sitúa en 825 euros al mes.

Queda por debajo a pesar de la reciente subida del 8% que adopto el Gobierno. La diferencia es aún mayor si se compara con las principales economías europeas: de 654 euros respecto a Francia y de 672 euros de Alemania. Con los vecinos portugueses es 176 euros superior. Italia no tiene SMI. A la cabeza del ranking comunitario se encuentra Luxemburgo 1.999 euros al mes, Irlanda con 1.563,3 euros al mes y Holanda con 1.552 euros al mes.

Los datos de Eurostat reflejan grandes diferencias entre los países más ricos y más pobres. El SMI en Bulgaria y Rumanía se sitúa en 235 euros y respectivamente. Es decir es nueve veces inferior al de Luxemburgo. El organismo aplica una estandarización de los salarios tomando de referencia el poder adquisitivo de cada país. En este sentido, la brecha entre países se reduce, con lo que en Luxemburgo el SMI es solo tres veces superior a los de Bulgaria y Rumanía. 

Con esta variable, España pierde dos posiciones y su SMI queda en la posición décima de los más altos, quedando por detrás de Eslovenia y Malta.



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El crecimiento del SMI en España es del 18% desde 2008, muy por debajo del incremento medio que ha registrado el conjunto de país de la zona euro, que ha sido del 31%. Respecto a la comparación con el salario medio de cada país, el SMI solo supone el 45%, el nivel más bajo de la Unión Europea sólo por la República Checa que es del 39%.



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- Los salarios en el mundo: anotaciones en mi cuaderno de campo (Fedea - 15/2/17)

(Por Javier Ferri)

A los estudiantes del máster, que contactan por primera vez de forma autónoma con la investigación, les aconsejo que tomen notas de los trabajos que van leyendo. Apuntes que les ayudarán a ir centrando un tema, planteándose las preguntas relevantes y conociendo los distintos métodos para responderlas. Me gusta que lo hagan así, porque en el océano de la macroeconomía, cuando se trata de pescar una idea para investigar, uno corre el riesgo de naufragar en sus aguas antes incluso de lanzar el sedal. La microeconomía es en este aspecto menos arriesgada. El microeconomista tiene su río, lo conoce, se pone su traje de vadeador y se va a por truchas.



Quizás porque a mí siempre me ha gustado más pescar en la mar que en el río, he valorado mucho el último Global Wage Report 2016/17 de la Organización Internacional del Trabajo. El informe ha sido dirigido por Rosalía Vázquez-Álvarez, economista de profunda formación, dilatada experiencia, contrastada modestia, y entrañable amiga. A los interesados en pescar ideas sobre salarios, el informe les va a proporcionar una nutritiva lectura y las coordenadas GPS de un buen caladero. Lo que sigue son sólo unas rápidas anotaciones a vuelapluma en un cuaderno de campo tomadas desde mi pesquera.
1. Desde el momento inicial de la crisis, los salarios reales cayeron en Alemania y no recuperaron su nivel pre-crisis hasta tres años después (Gráfico 1). Nota: “Cuando el grajo vuela bajo, se avecina un frío del carajo”. En España los grajos no nos avisaron y los salarios estuvieron por encima de su nivel pre-crisis hasta el año 2012 (Gráfico 2). Nota: “Tampoco hubo ajuste en horas, y una ola de desempleo polar nos heló las vergüenzas”.

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Gráfico 1. Índice de salario real para algunos países desarrollados. Fuente: ILO. Global Wage Report 2016/2017
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Gráfico 2. Índice de salario real para algunos países europeos. Fuente: ILO. Global Wage Report 2016/2017
2. El crecimiento de los salarios en China recuerda mucho las líneas trazadas con escuadra y cartabón en las escuelas de Mao (Gráfico 3). Pregunta: “¿La cabra tira al monte?”. En cambio, los salarios en México han estado cayendo sostenidamente desde el año 2006.

Nota: “No hay muro que resista la brecha que los salarios le infligen”. 


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Gráfico 3. Índice de salario real para algunos países emergentes. Fuente: ILO. Global Wage Report 2016/2017
3. En media, la productividad aparente del trabajo ha crecido más rápidamente que los salarios en los países desarrollados (Gráfico 4). Sin embargo, en los dos años posteriores al inicio de la crisis, las rentas del capital sufrieron más en términos relativos que los salarios, para recuperarse luego rápidamente. Esta tendencia apuntaría a un aumento en la desigualdad por un cambio en la distribución de la renta del trabajo hacia el capital. El Gráfico 5 indica que esto no es así en todas las grandes áreas. Pregunta: “¿Qué impulsa realmente la reducción en la participación de las rentas del trabajo?
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Gráfico 4. Tendencia en el salario y la productividad del trabajo. Media ponderada para 36 economías. Fuente: ILO. Global Wage Report 2016/2017

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Gráfico 5. Cambio en la participación del trabajo y desigualdad del ingreso, 1995-2012. Fuente: ILO. Global Wage Report 2016/2017
4. Más sobre la misma idea: en términos globales la desigualdad de la renta intra-país ha aumentado en los últimos veinte años (Gráfico 6). Sin embargo, este aumento en la desigualdad de la renta ha sido compatible con una reducción de la desigualdad de los salarios en muchos países, incluida España (Gráfico 7).
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Gráfico 6. Evolución de la desigualdad en renta entre 1995 y 2012. Función construida a partir de 71 países. Fuente: ILO. Global Wage Report 2016/2017

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Gráfico 7. Evolución de la desigualdad en salarios. Fuente: ILO. Global Wage Report 2016/2017
5. Los trabajadores mejor pagados en Europa, aquéllos en el percentil superior de la distribución, son los que más han ajustado su salario a la baja desde el año 2002 (Gráfico 8). Pese a ello, en el año 2010 el salario-hora en España del uno por cien de los asalariados mejor pagados era, aproximadamente, 13 veces superior al percibido por los trabajadores del percentil más bajo. Esta cifra se puede comparar con las 10 veces de Noruega, las 22 veces de Francia, o las 32 veces del Reino Unido. En los países emergentes, la ratio entre el último y el primer percentil es incluso mayor. Bajo la amenaza que suponen los populismos para la estabilidad democrática y económica, mejorar la información sobre las causas que subyacen a estas grandes diferencias y, en su caso, la corrección de las deficiencias en los mecanismos de fijación de los salarios de determinados colectivos resulta imperativo. Preguntas: “¿Por qué ha caído tanto el salario de los ricos al tiempo que el de la distribución del resto de trabajadores se ha mantenido constante o ha aumentado? ¿Se trata de trabajadores súper-productivos que han perdido poder en la negociación salarial? ¿Es el reflejo de una caída en la productividad de los mismos? ¿O nos encontramos en un proceso de ajuste de los salarios hacia una medida más consistente con la productividad de estos trabajadores?”

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Gráfico 8. Salario por hora en Europa por deciles. Fuente: ILO. Global Wage Report 2016/2017
6. Cuando buceamos dentro de las características del uno por cien de los asalariados más ricos en Europa encontramos, por ejemplo, que casi el 70 por cien tiene estudios universitarios o de postgrado, un 40 por cien son consejeros o directivos de grandes corporaciones (Gráfico 9), y sólo un 20 por cien son mujeres. Utilizando un modelo log lineal para explicar el salario en función de la experiencia, la antigüedad y el nivel de educación, se obtiene un residuo medio en el percentil de los asalariados muy ricos de 1,5, muy superior al resto de percentiles. Esta cifra significa que el salario-hora observado en este colectivo es 4,5 veces superior al predicho por las características observadas. Pregunta: “¿Cómo diferenciar desde fuera de la empresa, antes de que la evidencia nos explote en la cara, a los individuos cuyas características personales los convierten en dignos merecedores de su salario, de aquéllos otros que se aprovechan de mecanismos de fijación de salarios intra-empresa poco transparentes y nada competitivos?”.
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Gráfico 9. Descomposición de los deciles de salarios por categorías ocupacionales. Fuente: ILO. Global Wage Report 2016/2017
7. La brecha salarial por género entre el colectivo de consejeros y directivos de grandes empresas alcanza la cuota más elevada, con una diferencia del 50%. Nota: “La sorprendente disparidad entre hombres y mujeres en los puestos más elevados de las empresas no se limita sólo al salario.

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Gráfico 10. Brecha salarial por género entre categorías ocupacionales. Fuente: ILO. Global Wage Report 2016/2017

- Robots que cotizan y pagan multas de tráfico: Europa esboza ya leyes para las máquinas (El Confidencial - 18/2/17)

La Unión Europea ha abierto el gran debate político de las próximas décadas: ¿cómo legislar la relación entre humanos y robots?, ¿pagarán las máquinas nuestras pensiones?

(Por Ángel Villarino)

Rachel contempla sus limpios y delicados dedos, sus uñas cuidadosamente pintadas. “Son las manos de una auténtica granjera”, reflexiona, “perfectas para el trabajo”. Está sola, en su sala de control, rodeada de pantallas holográficas en tres dimensiones con gráficos y estadísticas, manejando una explotación situada a decenas de kilómetros de su oficina. Al otro lado de sus pantallas viven cientos de vacas a las que un enjambre acompasado de robots ordeñan, alimentan e incluso inseminan con una selección de esperma escogido entre tubos de ensayo.

Rachel, que estudió “agricultura de precisión”, posee además cientos de cerdos y varias hectáreas de cultivo. Los animales se han acostumbrado a relacionarse con las máquinas, que son capaces de aprender de sus propios errores y adaptar su actividad a las emociones de los seres vivos. Los clientes, cada vez más preocupados por el bienestar del ganado del que se alimentan, pueden consultar por internet incluso las constantes vitales. Las asociaciones de consumidores exigen más y ahora proponen nuevas leyes para tener acceso, 24 horas al día, a las cámaras que graban cada esquina de la finca.

Las aves de campiña sobrevuelan el cultivo y esto es motivo de alegría para Rachel. Estuvieron a punto de extinguirse cuando se introdujeron los drones que se ocupan de sembrar y recolectar, pero están de vuelta gracias a una nueva generación de sensores. El mayor peligro ahora para el ganado y los animales son los virus y enfermedades humanas, además de los accidentes causados por turistas y domingueros que ocasionalmente aparecen por la finca. Para evitarlo, todo está debidamente vallado y aislado.

La imagen no proviene de una novela futurista, sino de uno de los tres escenarios ficticios que el Parlamento Europeo plantea en un informe que sirvió para documentar a sus eurodiputados esta semana. El objetivo era hacerles reflexionar sobre un tema con el que no están familiarizados y sobre el que estaban llamados a pronunciarse.

Finalmente, el hemiciclo aprobó el jueves una resolución en la que se urge a la Comisión Europea a ir adaptando la legislación a un mundo donde las máquinas ganarán protagonismo hasta convertirse en el centro de gravedad del proceso productivo. “Es un llamado para la creación inmediata de un instrumento legislativo para gobernar la robótica y la inteligencia artificial y anticipar los desarrollos científicos a medio plazo para atender a las grandes cuestiones éticas que enfrenta la humanidad”, resume la jerga técnica del prólogo.

“Tardamos dos años en hacer el informe y se concibió, en parte, como reacción al gran temor de la población sobre la posibilidad de que los robots se puedan convertir en un peligro para nuestra seguridad y/o nos acaben quitando el trabajo”, explica la ponente principal, la socialista luxemburguesa Mady Delvaux. “Lo primero ha sido lanzar el debate, que nos acostumbremos a pensar en un futuro que cada vez está más cerca”, reflexiona.

“Tras pasar 24 meses escuchando y leyendo a los científicos, ya no le queda la menor duda de que fue un acierto poner esto en marcha. Los robots y la inteligencia artificial van a estar presentes en todos los ámbitos de la vida. Y los legisladores no podemos dejar los asuntos morales y éticos en manos de científicos y empresas. Estamos obligados a pensar en los seres humanos, en su bienestar”.

No es frecuente que la Unión Europea incluya relatos de ficción en sus materiales de trabajo, ni tampoco que sus resoluciones empiecen citando a Frankenstein, al gólem de Praga o las tres leyes de la robótica de Isaac Asimov. Muchos de los pasajes del informe son familiares para cualquier amante de la ciencia ficción. Los autores se preguntan cosas como si sigue siendo humano en su totalidad alguien que ha incorporado implantes cibernéticos para alterar sus capacidades motrices y psíquicas; si sería necesario regular las relaciones emocionales entre seres humanos y máquinas; o si los robots tienen que ser considerados personas jurídicas.



Se parte en todo el texto de una premisa que la comunidad científica ya no discute: que la inteligencia artificial protagonizará la próxima gran revolución tecnológica, destruyendo a su paso millones de puestos de trabajo y creando otros nuevos, aunque quizá no suficientes. Y se plantean dos mundos posibles y contrapuestos: uno distópico en el que el capital consigue controlar el factor productivo definitivo (el trabajo), el desempleo se dispara en un entorno envejecido y las desigualdades se acentúan. Y otro, utópico, en el que robots que producen la misma energía que consumen hacen los trabajos más pesados, sucios y repetitivos, cuidan de nuestros ancianos y nuestros hijos, pagan nuestras pensiones, producen nuestros alimentos, mientras las personas disfrutamos de una renta básica, con jornadas laborales mucho más creativas, cortas y placenteras.

En el relato de Rachel tiende más hacia la segunda versión, la utópica, aunque solo toca por encima la parte más polémica del debate. Porque si una sola granjera de precisión es capaz de manejar por sí misma una explotación de estas características, ¿cuántos puestos de trabajo generará el sector agrícola?, ¿dónde trabajarán los demás?, ¿qué ingresos tendrán las personas que consuman sus productos?, ¿con qué dinero pagarán la leche de sus vacas y el jamón de sus cerdos?



Delvaux cree que los políticos tendrán que ir acostumbrándose a discutir sobre el impacto de la robótica en la fiscalidad y el Estado de bienestar. Un debate que será acalorado y que ya cobró protagonismo el jueves durante la votación de las enmiendas al texto.

El eurodiputado del PSOE Sergio Gutiérrez, uno de los pocos políticos españoles que ha estudiado el informe, comparte aspiraciones con el grupo de socialistas centroeuropeos que han trasladado el debate desde el mundo de la ciencia ficción al de la política. “Es evidente que habrá que reinventar la fiscalidad. Lo que nosotros proponemos no es que los robots paguen impuestos en sentido estricto, sino que a las empresas cuyos beneficios tengan relación directa y probada con la actividad robótica se les grave con un porcentaje un poco más alto sobre sus beneficios. A la hora de desarrollar sus estados contables, las empresas tendrán que explicar el peso de la robótica y la maquinaria”, resume.

La batalla política del futuro

En una primera fase, ese nuevo impuesto serviría para una “reconversión digital” similar a la reconversión industrial que se vivió hace casi medio siglo. “Lo primero es gestionar esa transición para compensar a los trabajadores que se quedan fuera. Introduciendo por ejemplo rentas mínimas, ayudas sociales para los que pierden sus puestos de trabajo de manera definitiva. Algunos sectores, como el transporte, van a verse golpeados muy pronto. Muchos podrán reinventarse y acceder a nuevos trabajos. Otros, por su edad, por su formación o por su localización geográfica, lo tendrán más complicado”, dice.

En una segunda fase, los socialistas plantean crear una renta mínima universal ante la posibilidad de que esta nueva revolución tecnológica destruya muchos más trabajos de los que va a generar, una tesis compartida en muchos pronósticos. “Los beneficios de la era digital son tales que compensará cualquier tipo de impuesto. Los costes de producción en muchos casos van a tender hacia cero. Las empresas tienen que ser conscientes de que hay que mantener un Estado de bienestar. Aunque solo sea porque es algo que la mayoría de los ciudadanos y los partidos políticos europeos desean mantener”, dice.

Las enmiendas presentadas por el Partido Popular Europeo y el bloque liberal dejaron estas recomendaciones fuera del informe aprobado esta semana, postergando un debate que antes o después se convertirá en el centro de la pugna política. En palabras de Delvaux, “la coalición derechista formada por ALDE, PPE y ECR rehusó incluir en el texto las posibles consecuencias negativas de la robótica en el mercado laboral”.

La diputada checa Dita Charanzova, del Grupo de Liberales por Europa, detalla el otro punto de vista. “No estamos de acuerdo con que debamos tratar con un régimen fiscal distinto a los robots. Son un producto más y no tiene sentido que las empresas paguen más impuestos por ellos. Como otras tecnologías, son simplemente un producto. Y, como hemos visto en el pasado, las ventajas de una revolución tecnológica superan a los riesgos".

En su opinión, desaparecerán viejos trabajos y aparecerán otros nuevos, como ha pasado siempre. "De lo que tenemos que preocuparnos es de formar a la gente para que pueda competir mejor en el mercado laboral del futuro. Y de las normas concretas y realistas para regular los vacíos legales sobre seguridad y responsabilidad civil en casos como los accidentes con drones o coches autónomos. El resto es ciencia ficción”. El propio informe calcula que antes de 2020 Europa demandará 850.000 nuevos trabajos cualificados relacionados con la nueva revolución tecnológica.

“China es la competencia, no los robots”

Charanzova dice que poner trabas y regulaciones a la robótica frenará su desarrollo en Europa y dará ventaja competitiva a las potencias asiáticas y a Estados Unidos. “Veo más riesgo en que haya mano de obra barata en China a que haya robots. Nosotros lo vemos con optimismo. Los robots nos dan valor añadido e incluso servirán para recuperar industrias que se marcharon a otros continentes por la mano de obra barata”. Con la robótica, incide, podríamos incluso reindustrializar nuestros países. “No comparto la visión catastrofista que se plantea el informe”, dice.

Aunque el debate a medio plazo es apasionante, ya hay urgencias legislativas que atender. Gutiérrez recuerda que “con la promoción del 5G, que se pretende implantar ya en 2020-2022, el futuro que pinta el informe está a la vuelta de la esquina. Y hay una necesidad de regular estas nuevas circunstancias. Empezando por la responsabilidad civil de los robots, por ejemplo, con vehículos autónomos. Si se produce un accidente que cuesta vidas humanas, ¿quién es el responsable?, ¿el robot?, ¿el fabricante?, ¿el propietario? ¿Y quién paga el seguro? ¿Tendremos que crear fondos de compensación para accidentes con máquinas? ¿Hay que crear un instituto europeo de robótica?”, se pregunta.

En asuntos como la responsabilidad civil, la seguridad o la necesidad de un código ético aplicado a la robótica, no hay discrepancias significativas entre grupos políticos. “Asegurar la privacidad de los usuarios y la seguridad ante ataques cibernéticos es algo vital. No solo con los robots, sino con el internet de las cosas. Cuando nuestra casa entera esté conectada a internet, las nubes almacenarán una cantidad de datos sobre nuestra vida que hay que regular y proteger. En caso de accidente con un coche autónomo es necesario que tener claras las responsabilidades”, dice Charanzova.

Ramón López de Mantaras, director del Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial del CSIC, cree que es “muy positivo” que los políticos empiecen a introducir la robótica en sus agendas. “Entre la clase política española hay generalmente un analfabetismo científico y tecnológico. Tienen grandes carencias y la robótica suena como algo de largo plazo de lo que no hay que preocuparse. En algunos países de Europa y en EEUU hay mucho más interés por estos temas. Me alegra que la Unión Europea introduzca un debate que es muy necesario, aunque algunas de las cosas que plantea (este informe de la UE) son escenarios a muy largo plazo todavía”.

También caerán los más cualificados

Mantaras es de los que creen que la revolución de la robótica desencadenará una destrucción de puestos de trabajo como no se había visto antes. “Es verdad que las nuevas tecnologías disruptivas, como la informática, han acabado con unos puestos de trabajo pero han creado otros. Pero en el caso de la robótica y la inteligencia artificial, no está nada claro que vayan a crear más puestos de los que destruyen”. El científico destaca que los robots cada vez son “más especializados y más intelectuales” y se irán encargando de trabajos cada vez más evolucionados.

Hasta ahora se han perdido trabajos de un tipo repetitivo, pero ahora van a desaparecer también los puestos cualificados. En consecuencia, veo muy lógico redistribuir toda la riqueza que se va a generar en las próximas décadas mediante impuestos a las máquinas y los robots. No me cabe ninguna duda de que tendrán que cotizar a la seguridad social para pagar una renta mínima, básica y universal, para todos los ciudadanos. No es una utopía de cuatro iluminados, sino algo muy real”, sostiene.

El científico valora de manera muy positiva la creación de un código ético para regular lo que se puede desarrollar en robótica. “Lo más claro a mi juicio sería prohibir las armas autónomas, igual que se ha prohibido el uso de armas químicas. Esto habría que regularlo ya porque tiene mucho peligro. La cuestión central es la autonomía. Hay situaciones críticas en las que no es posible sacar al ser humano del proceso de decisión. Otro ejemplo son los robots que compran y venden en bolsa, algo que ya está ocurriendo. Las finanzas están en manos de una competición entre modelos de “software”, que toman decisiones cien por cien autónomas que afectan a millones de personas. Debería regularse, e incluso prohibirse”, considera.

El futuro que imagina Mantaras se parece mucho al de la granja de Rachel. “Viviremos en un mundo de personas trabajando con máquinas, en equipo”. En hospitales, en asilos, en restaurantes, bancos, administraciones públicas, en redes de transporte, supermercados..., unas pocas personas trabajarán con muchas máquinas. “Si lo sabemos gestionar”, concluye, “saldremos ganando”.

- Los 23 mandamientos para evitar que la inteligencia artificial nos domine (El Confidencial - 2/2/17)

(Por Sergio Ferrer)

Más de 2.000 expertos han firmado una serie de pautas a seguir para lograr que el desarrollo de estas tecnologías sea beneficioso para el mundo



Mientras algunos todavía muestran escepticismo sobre la posibilidad de que exista vida inteligente en nuestro planeta, los más osados se atreven a hablar de inteligencia artificial (IA), una versión ortopédica de la humana. Los ordenadores ya nos han dado una paliza en matemáticas, ajedrez y traducción, y preparan un nuevo asalto para convertirnos en copilotos eternos de nuestros coches. En un futuro más lejano y difuso, quizá sustituyan a soldados y, por desgracia para el que escribe, periodistas. Para intentar que el desarrollo de estas tecnologías beneficie al mundo en lugar de destruirlo, más de 2.000 expertos han firmado 23 pautas a tener en cuenta durante los próximos años.

Los 23 principios de Asilomar reciben este nombre por el lugar de California (EEUU) en el que tuvo lugar a finales de enero una conferencia organizada por el “Future of Life Institute” con el objetivo de dar a luz a la lista de recomendaciones. Han sido apoyados por más de 1.200 figuras relacionadas con la innovación tecnológica y científica como Stephen Hawking y Elon Musk, junto a más de 800 investigadores especializados en inteligencia artificial. Uno de los firmantes es el director del Instituto de Investigación de Inteligencia Artificial del CSIC, Ramón López de Mantaras, pionero de este campo en nuestro país. Teknautas ha hablado con él para entender mejor esta guía ética y práctica, cuya traducción se encuentra al final del texto.

“No soy de los que cree que a corto o medio plazo vaya a haber superinteligencias, pero no hay que esperar a ese momento para reaccionar. Además, el estado actual de la IA ya nos plantea una serie de problemas en cuanto a ética”, explica López por teléfono. El investigador se refiere a las cuestiones de seguridad, privacidad e incluso pérdida de puestos de trabajo que despiertan tecnologías como los drones y los coches autónomos.



López destaca el punto 18 entre el resto: el ser humano debe desistir en la creación de armas autónomas. “El día en que las guerras se luchen entre máquinas será mucho más fácil que se produzcan, ya que hoy son las pérdidas humanas las que frenan a los países. Esto es terrible porque cada conflicto produce bajas civiles y efectos colaterales. Y aunque sean robots no creo que peleen en medio del desierto”. Por esa razón, el investigador dice que él votó por cambiar el “should” (debería) de esta pauta por un más rotundo “must” (debe).

Otro problema importante es la cautela a la hora de dar autonomía absoluta a las máquinas (punto 16): “Hay que pensárselo no una vez sino varias”. López asegura que no le convence que una máquina decida sin intervención humana alguna. Pone el ejemplo de un consejo financiero o médico sugerido por una IA: “A un experto humano se le preguntaría por qué, lo mismo debería pasar con los ordenadores. Si no son capaces de dar explicaciones son cajas negras”. Esta transparencia (punto 8), inexistente en los sistemas actuales, debe ser implementada.

Paguita robótica



La lista incluye temas actuales, como la responsabilidad de los creadores de sistemas de IA sobre su uso (punto 9). Si el coche autónomo falla, ¿de quién es la culpa del accidente? “El día que sean cien por cien autónomos no podremos hablar de fallo humano a menos que sea de los desarrolladores del “software”, a lo mejor deberán llevar cajas negras como los aviones para investigar las causas”. También otros más a largo plazo, como la inclusión de valores humanos (punto 11): “Dependen de las personas y las culturas, ¿cuáles pones? Habría que hacer una lista aprobada a nivel internacional por algún organismo”.

Más utópica parece la redistribución de la riqueza y beneficios generados por los sistemas de IA (puntos 14 y 15). “No debe suponer una ganancia sólo para algunas personas y empresas, sino para toda la sociedad”, defiende López. El investigador defiende que, si la automatización quita puestos de trabajo humanos pero aumenta la productividad y riqueza del país, habría que redistribuir estas ganancias: “Si los robots cotizaran en la Seguridad Social se podría establecer una renta básica universal para todo el mundo”.

López es consciente de que la lista puede parecer un brindis al sol, y que empresas y gobiernos dificultarán muchos de los 23 mandamientos. “Son principios de buenas intenciones. Es bueno que el tema esté encima de la mesa”.

Los principios de Asilomar

1) Meta de la investigación: el objetivo de la investigación de la IA no debería ser crear inteligencia sin dirigir, sino inteligencia beneficiosa.

2) Financiación de la investigación: la inversión en IA debería ir acompañada de fondos para investigar en asegurar su uso beneficioso, incluyendo cuestiones espinosas sobre ciencias de la computación, economía, legislación, ética y estudios sociales.

3) Enlace entre ciencia y política: debería haber un intercambio constructivo y sano entre los investigadores de IA y los legisladores.

4) Cultura de la investigación: una cultura de cooperación, confianza y transparencia debería ser fomentada entre los investigadores y desarrolladores de IA.

5) Evitar las carreras: los equipos que estén desarrollando sistemas de IA deberían cooperar activamente para evitar chapuzas en los estándares de seguridad.

6) Seguridad: los sistemas de IA deberían ser seguros a lo largo de su vida operativa, y verificables donde sea aplicable y posible.

7) Transparencia en los fallos: si un sistema de IA causa daño debería ser posible determinar por qué.

8) Transparencia judicial: cualquier intervención de un sistema autónomo en una decisión debería ir acompañada de una explicación satisfactoria y auditable por parte de una autoridad humana competente.

9) Responsabilidad: los diseñadores y desarrolladores de sistemas avanzados de IA son depositarios de las implicaciones morales de su uso, mal uso y acciones, con la responsabilidad y oportunidad de dar forma a dichas implicaciones.

10) Alineación de valores: los sistemas de IA altamente autónomos deberían ser diseñados para que sus metas y comportamientos puedan alinearse con los valores humanos a lo largo de sus operaciones.

11) Valores humanos: los sistemas de IA deberían ser diseñados y operados para que sean compatibles con los ideales de dignidad humana, derechos, libertades y diversidad cultural.

12) Privacidad personal: la gente debería tener el derecho de acceder, gestionar y controlar los datos que generan, dando a los sistemas de IA el poder de analizar y utilizar esa información.

13) Libertad y privacidad: la aplicación de la IA a los datos personales no puede restringir de forma poco razonable la libertad, real o sentida, de las personas.

14) Beneficio compartido: las tecnologías de IA deberían beneficiar y fortalecer a tanta gente como sea posible.

15) Prosperidad compartida: la prosperidad económica creada por la IA debería ser compartida ampliamente, para el beneficio de toda la Humanidad.

16) Control humano: los seres humanos deberían escoger cómo y si delegan decisiones a los sistemas de IA para completar objetivos escogidos previamente.

17) Sin subversión: el poder conferido por el control de sistemas de IA altamente avanzados debería respetar y mejorar, más que subvertir, los procesos sociales y cívicos de los que depende la salud de la sociedad.

18) Carrera armamentística: debería ser evitada cualquier carrera armamentística de armas autónomas letales.

19) Capacidad de precaución: al no haber consenso, deberíamos evitar las asunciones sobre los límites superiores de las futuras capacidades de la IA.

20) Importancia: la IA avanzada podría representar un profundo cambio en la historia de la vida en la Tierra, y debería ser planificada y gestionada con el cuidado y los recursos adecuados.

21) Riesgos: los riesgos asociados a los sistemas de IA, especialmente los catastróficos o existenciales, deben estar sujetos a planificación y esfuerzos de mitigación equiparables a su impacto esperado.

22) Automejora recursiva: los sistemas de IA diseñados para automejorarse recursivamente o autorreplicarse de una forma que pudiera llevar al rápido incremento en su calidad o cantidad deben estar sujetos a unas estrictas medidas de control y seguridad.

23) Bien común: la superinteligencia debería ser desarrollada sólo en servicio de unos ideales éticos ampliamente compartidos y para beneficio de toda la Humanidad, más que para un Estado u organización.

- Bill Gates: los robots deberían pagar impuestos (Expansión -18/2/17)

(Por E. Arrieta)

El fundador de Microsoft defiende que los robots deberían compensar fiscalmente los puestos de trabajo que reemplazan. Gates propone que esa recaudación se destine a los colectivos más vulnerables y a la creación de puestos de trabajo de carácter social.

¿Deben los robots pagar impuestos? ¿En concepto de qué, si no reciben a cambio servicios de salud, educación, pensiones...? Gravar fiscalmente el desarrollo tecnológico para frenar la destrucción de empleo, ¿será beneficioso o perjudicial para la sociedad a largo plazo? Este debate está ahora sobre la mesa, ante la rapidez con la que evoluciona el mundo digital.

El propio Parlamento Europeo estudia una propuesta, conocida como Informe sobre Personas Electrónicas, que pretende que las máquinas inteligentes paguen impuestos y coticen a la Seguridad Social. Esta idea, que cuenta tanto con apoyos incondicionales como con detractores, propone “la creación de un estatuto jurídico específico para los robots, para que al menos los que sean autónomos y más sofisticados tengan la condición de personas electrónicas, con derechos y obligaciones específicas”.

Y hace aproximadamente un año, un grupo de 400 científicos, académicos y otros expertos, entre ellos Stephen Hawking y Elon Musk (fundador de PayPal y Tesla), firmaron una carta en la que reclamaban un desarrollo tecnológico “responsable”, y proponían estudiar si la implantación de una renta universal (de algún tipo) podría contribuir a una transición menos dolorosa hacia la aclamada “era del conocimiento”.

Ambas propuestas barajan, en definitiva, elevar la recaudación de impuestos de los países para garantizar un nivel de prosperidad mínimo para toda la sociedad.

Ahora, es Bill Gates, cofundador y expresidente de Microsoft, y el hombre más rico del mundo, el que aboga por gravar a los robots. En su opinión, los gobiernos deberían cobrar un tributo a las empresas que los compran. Desde su punto de vista, estos ingresos podrían destinarse a la creación de empleo en otras áreas donde la empatía y la sensibilidad humana es más difícil de sustituir por una máquina, como por ejemplo el cuidado de niños y ancianos.

En una entrevista con Quarz, Gates insiste en que los gobiernos deben ser quienes supervisen y recauden estos impuestos, pues son éstos quienes tienen en su mano redirigir fondos a los colectivos más vulnerables de la sociedad.

El hombre más rico del mundo

Desde que Bill Gates abandonara sus funciones ejecutivas en Microsoft, en 2008, el creador del imperio de Windows ha dirigido la fundación sin ánimo de lucro Bill & Melinda Gates, que destina recursos (en forma de inversiones o subvenciones a fondo perdido) a proyectos de carácter social, especialmente enfocados en la educación, la higiene y la salud infantil. Co-financia, entre otras muchas cosas, el desarrollo de la que podría ser la primera vacuna efectiva contra la malaria.

Gates insiste en que, en los próximos años, muchos puestos de trabajo desaparecerán a causa de la automatización. La OCDE calcula que el 9% de las profesiones desaparecerán en los próximos años (en España, el 12%). Otras investigaciones en EEUU elevan la cifra hasta el 47%. El problema, según este empresario, es la rapidez con la que está teniendo lugar este cambio.

“Si usted adopta una máquina que es capaz de realizar las tareas que antes hacía un trabajador, y a través de la financiación y formación correctas poner a esa persona a hacer otras cosas, entonces usted irá un paso por delante. Pero ese empleado pagaba impuestos a los que no puede renunciar, porque ésa es precisamente una de las maneras de financiar esa formación”, señala el fundador de Microsoft.

“Existen muchas maneras de gravar ese extra en productividad. Es hora de empezar a hablar de cómo hacerlo y medirlo. Parte del tributo puede proceder de los beneficios generados por el incremento de eficiencia alcanzado. Otra parte puede venir directamente de algún tipo de impuesto sobre los robots”, propone.

Gates urge a las autoridades a diseñar “programas de transición” cuando antes, especialmente para los colectivos más vulnerables. “Es realmente malo que la gente en general sienta más miedo que entusiasmo con respecto a la innovación”. En este sentido, concluye Gates, “los impuestos son sin duda una mejor manera de manejar el desarrollo tecnológico que la prohibición de algunos elementos del mismo”.

- Bill Gates se alinea con la propuesta europea ante la era de los robots y pide que paguen impuestos (El Economista - 19/2/17)

(Por Patricia C. Serrano)

El temor ante el veloz desarrollo de la inteligencia artificial y la mejora en las funcionalidades de los robots ha ocupado el estudio y la observación de economistas, políticos y expertos en tecnología. ¿Cómo será la vida cuando los robots sustituyan a una buena parte de los trabajadores?

No hablamos de ciencia ficción: un estudio del Foro Económico Mundial augura que se destruirán siete millones de empleos en los 15 países más desarrollados en los próximos cinco años. En España, la OCDE estima que el 12% de los puestos de trabajo son susceptibles de automatizarse. El futuro ya ha llegado y desde algunas instituciones ya se trabaja en los próximos escenarios que crearán los androides dentro de las sociedades desarrolladas.

En este punto ha surgido la propuesta de la eurodiputada de Luxemburgo Mady Delvaux, quien ha presentado un informe teniendo en cuenta desde soluciones económicas hasta las implicaciones éticas y en materia de responsabilidad civil que conllevará la integración masiva de los robots en los puestos de trabajo. Una de las sugerencias más sobresalientes consiste en la imposición de una tasa a estas máquinas, que equivalga a una cotización que nutra la Seguridad Social y garantice el mantenimiento del Estado del bienestar.

Es decir, que las empresas aporten una cotización por robot destinada a pagar nuestras pensiones.

Pese a que algunos economistas no tardaron en tachar esta propuesta de disparate, auténticos visionarios como Bill Gates se han mostrado alineados con el razonamiento de la luxemburguesa. Hace dos días, Gates trató este asunto en una entrevista y apostó sin dubitación alguna por el pago de impuestos por parte de los robots. “Si el robot realiza la misma labor que el trabajador, tiene que pagar los mismos impuestos o más por lo que produce”, explicó. El uso de robots sustituyendo a hombres y mujeres en el entramado laboral reducirá costes y aumentará la productividad, lo que favorecerá el crecimiento en beneficios de las empresas. Por tanto, argumenta Gates, un impuesto que grave este nuevo escenario será necesario.

El fundador de Microsoft concibe que las máquinas puedan sustituir a gran parte de los trabajadores en 2030, por lo que este es el momento de aportar ideas y soluciones para enfrentarse al nuevo desafío laboral.

Lejos de todo pesimismo, Gates no cree que el pago de un impuesto por los robots desincentive la innovación tecnológica. En cambio, considera que la automatización de muchos trabajos arduos y de gran coste para la salud dejará a más empleados disponibles para tareas de mayor exigencia de empatía y humanidad, como los cuidados a personas mayores o la educación.

Otro de los grandes cerebros de la innovación tecnológica actual, Elon Musk, director de Tesla y Space X no se ha pronunciado al respecto de la idoneidad de un gravamen para los robots, aunque sí ha apostado por la fusión de los humanos con las máquinas como única solución. Musk argumenta que esta integración entre el pensamiento humano y el digital resultará imprescindible para que los primeros sigan siendo relevantes ante el incuestionable triunfo de la inteligencia artificial en el futuro próximo.

En cualquier caso, estos líderes de la innovación mundial coinciden en que la cuestión no puede esperar mucho más tiempo. Las autoridades políticas y científicas de los países desarrollados tienen que estar preparadas antes de que los robots les saluden, interrogantes, desde el otro lado de la mesa.

- Una foto de la inmigración en Europa y en España (Fedea - 22/2/17)

(Por Ainhoa Aparicio)

El pasado 3 de febrero presentamos el primer informe del Migration Observatory (Observatorio de las Migraciones), una iniciativa del Collegio Carlo Alberto y el Centro Luca d'Agliano, con el objetivo de recoger y divulgar las características y tendencias del fenómeno migratorio. En el informe hemos colaborado Tommaso Frattini, Karl Siragusa y yo. Hemos usado datos de la última edición de la Encuesta Europea de Población activa (2015) para proporcionar evidencia actualizada de la integración económica de los inmigrantes en los distintos países de Europa.

Os acerco aquí los hechos más significativos que hemos documentado para Europa y España:

Cómo son los inmigrantes

En 2015 el número de inmigrantes residentes en la Unión Europea alcanzó los 49 millones, es decir, el 9.5% de la población. En la UE de los 15 esta proporción se eleva al 11,5% de la población. En España los más de 5,4 millones de inmigrantes representan el 11,8%. Sin embargo, no todos los países están tan cerca de la media. Hay mucha heterogeneidad: En un extremo de la distribución se encuentran Rumania y Bulgaria (0,1 - 0,2%) y en el otro Suecia (19%) y Luxemburgo (49%).

La mayor parte de los inmigrantes han vivido en el país de destino bastante tiempo. Solamente el 18% ha llegado hace menos de cinco años (en España el 11%).

La mayor parte de los inmigrantes provienen de otros países europeos (37%), mientras que el resto viene de África (19%), países europeos fuera de la UE (17%), Asia (15%) y América (10%). El ranking para España cambia sustancialmente. Los correspondientes porcentajes son: 38,1% americanos, 31,4% europeos, 19,5% africanos, 6,8% asiáticos y 4,2% países europeos fuera de la UE.

Hay prácticamente el mismo número de hombres y mujeres en media (52% de los inmigrantes son mujeres tanto en la UE como en España).



El número de inmigrantes con solo educación primaria varia muchísimo entre países: desde Latvia con el 7,3% a Francia con el 48,5% (en España es 44,2%). Por el otro lado, uno de cada cuatro inmigrantes que viven en la EU tiene educación universitaria (en España uno de cada cinco).

Inmigrantes y mercado de trabajo



Los inmigrantes tienen una tasa de empleo que es 5,7 puntos porcentuales más baja que la de los nativos. En España esta diferencia se reduce a 3,1 puntos porcentuales.

Las mayores diferencias en la empleabilidad de nativos e inmigrantes aparece para los países del Norte de Europa: Holanda (15 p.p.), Suecia (14 p.p.) y Alemania (11 p.p.)



En los países del sur los inmigrantes llegan a tener incluso mayores tasas de empleo que los nativos: en Grecia, Italia y Portugal la tasa de empleo de los inmigrantes supera a la de los nativos por 2, 3 y 5 puntos porcentuales. Es importante resaltar que estas diferencias no deben interpretarse como una mayor tasa de empleo de los inmigrantes respecto a los países del norte, sino simplemente con respecto a los nativos (que como sabemos presentan tasas particularmente bajas en nuestro país).

Casi la mitad de la diferencia en la tasa de empleo desaparece cuando tenemos en cuenta las diferencias entre inmigrantes y nativos en términos de edad, sexo y nivel educativo. Eso quiere decir que en general los inmigrantes tienen características ligadas a peores probabilidades de tener un empleo. En España este fenómeno está particularmente presente ya que las características demográficas de inmigrantes y nativos explican completamente la diferencia a favor de los nativos. Cuando las tenemos en cuenta, la diferencia se vuelve a favor de los inmigrantes que presentan una tasa de empleo 0,9 puntos porcentuales mayor.

Un mayor tiempo de residencia en el país está asociado a una mayor probabilidad de empleo. El diferencial de tasa de empleo de los nativos respecto a los inmigrantes con menos de 5 años de residencia es de 14 puntos mientras que si nos limitamos a los que llegaron hace más de 5 años la diferencia se reduce a 4 puntos. En España las mismas diferencias son de 10,6 y 2,2 puntos.

Ocupación e ingresos



Los inmigrantes tienden a tener ocupaciones menos prestigiosas que los nativos en media. En España este fenómeno es más agudo que en el resto de la UE. Sin embargo, la media en este caso esconde una gran heterogeneidad: los inmigrantes tienden a concentrarse en las “peores” y las “mejores” ocupaciones.

En media, los inmigrantes tienen una probabilidad mayor de encontrarse entre el 10% de población con ingresos más bajos. La diferencia con los nativos es de 3.5 puntos porcentuales. Además, su probabilidad de aparecer entre el 10% de población con ingresos más altos es 2,5 puntos más baja. En España como sabemos no hay datos de ingresos.

Dos tercios de las diferencias entre inmigrantes y nativos en la probabilidad de estar en el 10% más pobre, se explica porque los inmigrantes se concentran en ocupaciones peor remuneradas.

Cuanto mayor es la diferencia entre inmigrantes y nativos en términos de tasa de empleo en un país de la UE menor es la diferencia en el prestigio de las ocupaciones y el ingreso en dicho país. Esto implica que los inmigrantes en España y otros países del sur de Europa están mejor integrados que en la media de la UE en términos de empleo pero esto viene en detrimento de la calidad de los trabajos que ocupan.

Lo que más me ha llamado la atención es la gran diferencia que existe en términos de la proveniencia de los inmigrantes entre nuestro país y el resto. Por otro lado, los datos han corroborado mi idea que el nivel educativo de los inmigrantes es lo que más dificulta su integración en el mercado laboral. Esto ocurre en un contexto en el que en los países más ricos de Europa se están discutiendo la implantación de un sistema de admisión por puntos para seleccionar a los inmigrantes más educados lo que tendría un efecto indirecto en la composición de la inmigración en nuestro país. Como dirían los anglosajones, espero haberos dado comida para la mente (food for thought).

(Basado en el informe del Migration Observatory’s Report: Immigrants integration in Europe)




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