Paper ¿Es la economía “disruptiva” una fábrica de “camareros”? (El lado oscuro de la economía “colaborativa”) Introducción: la sociopatía de la economía disruptiva



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- The Global Human Capital Report 2017 - Preparing people for the future of work - World Economic Forum - 2017








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- Economía y Finanzas Españolas - Los salarios en la recuperación española - Daniel Fernández Kranz - 2017























- Informe sobre perspectivas sociales y del empleo en el mundo 2016 - Jóvenes - OIT - 2016
Al mismo tiempo que se reavivan las preocupaciones sobre el crecimiento económico mundial, el desempleo entre los jóvenes aumenta después de varios años de mejoras…
Se estima que en 2016 el crecimiento económico mundial será de un 3,2 por ciento, a saber, 0,4 puntos porcentuales menos de lo que se había previsto a finales de 2015. Esta revisión a la baja tiene origen en las recesiones registradas, cuyo impacto fue más profundo de lo que se esperaba en algunos de los principales países exportadores de productos básicos como la Argentina, Brasil y Federación de Rusia. Además, en los países en desarrollo el crecimiento ha registrado el nivel más bajo desde 2003 (4,2 por ciento en 2016). Pese a que se espera que el crecimiento mundial mejore ligeramente en 2017, en todo el mundo las decisiones en materia de inversión y contratación siguen restringidas debido a la incertidumbre provocada por un entorno en rápida evolución.
Por consiguiente, después de reducirse durante varios años, la tasa de desempleo de los jóvenes está aumentando, y se espera que entre 2015 y 2016 pase del 12,9 al 13,1 por ciento, respectivamente. La cifra es bastante cercana al máximo histórico registrado en 2013 (13,2 por ciento) y se espera que se mantenga así durante 2017. Esto quiere decir que tras registrar una reducción de 3 millones entre 2012 y 2015, en 2016 habrá medio millón más de jóvenes en situación de desempleo en todo el mundo, es decir, un total de 71 millones. Esta cifra se mantendrá en 2017.
Se observa un deterioro particularmente agudo en los países emergentes, donde se espera que la tasa de desempleo pase del 13,3 al 13,7 por ciento entre 2015 y 2017, es decir, de 52,9 millones de jóvenes en situación de desempleo a 53,5 millones. Si bien se estima que la tasa de desempleo de los jóvenes en los países en desarrollo se mantendrá estable (en torno al 9,5 por ciento en 2016), en términos absolutos se espera que la cantidad de jóvenes en situación de desempleo aumente en 0,2 millones en 2016 y que alcance los 7,9 millones en 2017, sobre todo debido al crecimiento de la mano de obra. Por último, se prevé que en 2016 los países desarrollados registren la mayor tasa de desempleo de los jóvenes en todo el mundo (14,5 por ciento o 9,8 millones). Pese a que se esperan incrementos continuos a lo largo de 2017, el ritmo de la mejora será lento (se estima que la tasa caerá apenas al 14,3 por ciento en 2017).
además, la calidad del empleo sigue siendo una de las principales preocupaciones de los jóvenes, sobre todo en los países emergentes y en desarrollo…
Las cifras del desempleo no ponen plenamente de manifiesto los desafíos del mercado de trabajo de los jóvenes. En efecto, pese a que una buena cantidad de jóvenes trabaja, no tiene ingresos suficientes para salir de la pobreza. De hecho, en los países emergentes y en desarrollo unos 156 millones de jóvenes con empleo viven en situación de pobreza extrema (es decir, con menos de 1,90 dólares de los Estados Unidos diarios) o moderada (a saber, con entre 1,90 y 3,10 dólares de los Estados Unidos diarios). Además, la proporción de trabajadores pobres es mayor entre los jóvenes que entre los adultos. En 2016, el 37,7 por ciento de los jóvenes con empleo viven en situación de pobreza extrema o moderada, mientras que entre los adultos con empleo la proporción es del 26 por ciento.
En los países desarrollados con información disponible, el riesgo de estar en pobreza relativa (a saber, de vivir con menos del 60 por ciento del ingreso medio) es mayor entre los jóvenes, aunque tengan un empleo. Por ejemplo, en 2014 se consideraba que el 12,7 por ciento de los jóvenes de la UE-28 corría el riesgo de entrar en situación de pobreza, mientras que entre los adultos la proporción era del 9,6 por ciento. Además de recibir salarios bajos, muchas veces los jóvenes trabajan de manera involuntaria en empleos informales, temporales, o a tiempo parcial. En 2014, aproximadamente el 29 por ciento de los jóvenes que trabajaban a tiempo parcial y el 37 por ciento de aquellos que tenían empleos temporales en la UE-28 trabajaban de manera involuntaria.
lo cual ha incrementado la inclinación a migrar
Ante las perspectivas de desempleo, de ser trabajadores pobres y/o de obtener empleos vulnerables, los jóvenes tienden a buscar mejores oportunidades de educación y de empleo en el extranjero. En 2015, casi 51 millones de migrantes internacionales tenían entre 15 y 29 años de edad. De este grupo, poco más de la mitad residía en economías desarrolladas. Además, en 2015, el 20 por ciento de la población del mundo en esta franja etaria se mostraba dispuesta a mudarse permanentemente a otro país. En el ámbito regional, se observa una mayor inclinación a migrar entre los jóvenes del África Subsahariana y de América Latina y el Caribe (38 por ciento en 2015), seguidos de cerca por los jóvenes de Europa Oriental (37 por ciento). En África del Norte, la proporción de jóvenes dispuestos a migrar es elevada (35 por ciento), al igual que en los países árabes, donde la cifra pasó del 21 al 28 por ciento entre 2009 y 2015. Las proporciones más reducidas de jóvenes dispuestos a migrar se observan en Asia del Sur y en América del Norte, donde solo el 17 y el 15 por ciento de los jóvenes, respectivamente, se muestra dispuesto a dejar su país (los datos de América del Norte corresponden a 2014). En cada región, y particularmente en el África Subsahariana y en Europa Septentrional, Meridional y Occidental, se observan considerables diferencias entre los países, pues los jóvenes de los países más pobres suelen mostrar una mayor inclinación a migrar.
Aunque se han logrado avances respecto de los niveles educativos, muchos jóvenes no tienen empleo ni cursan estudios o capacitaciones…
La tasa mundial de actividad de la mano de obra de los jóvenes experimenta una tendencia a la baja desde hace ya cierto tiempo: entre 2000 y 2016 pasó del 53,6 al 45,8 por ciento, respectivamente. Cabe resaltar que entre los jóvenes de entre 15 y 19 años de edad, la principal causa de esta caída es el aumento de las oportunidades de cursar estudios de educación secundaria superior (la tasa mundial bruta de inscripciones asciende a casi un 75 por ciento). Esta tendencia debe ser considerada como un avance positivo, pues la educación permite a los jóvenes ampliar sus competencias y conocimientos con miras a obtener mejores empleos en el futuro. No obstante, un porcentaje considerable de los jóvenes no tiene la oportunidad de cursar estudios, sobre todo en los países en desarrollo (por ejemplo, porque se ven obligados a trabajar por necesidad económica para complementar los ingresos de sus hogares). Esta situación los pone en riesgo de permanecer atrapados en la pobreza, pues complica su acceso a mejores empleos.
Entre los jóvenes de entre 20 y 29 años de edad, la principal causa de disuasión de participar en el mercado de trabajo es la falta de oportunidades de empleo viables. Habida cuenta de que las tasas de desempleo se mantienen elevadas y de que la complejidad de la transición de los estudios al empleo sigue en aumento, cada vez más jóvenes se encuentran en una situación en la que ni trabajan ni cursan estudios o capacitaciones (Ni-Ni). Esta condición puede acarrear un deterioro de las competencias, subempleo y disuasión. Los datos de una encuesta aplicada en 28 países de todo el mundo muestran que casi el 25 por ciento de los jóvenes de entre 15 y 29 años de edad entra en la categoría de los Ni-Ni. Además, los resultados indican que la proporción de Ni-Ni crece radicalmente a medida que la edad de los jóvenes aumenta. Se trata de un problema particularmente agudo en los países desarrollados, donde, pese al acceso generalizado a oportunidades de educación superior, se observan proporciones de Ni-Ni sistemáticamente más elevadas entre los jóvenes de más de 20 años de edad, que superan por un amplio margen a las de los jóvenes de entre 15 y 19 años de edad.
y las persistentes brechas de género socavan los avances sociales
En la mayoría de los indicadores del mercado de trabajo de los jóvenes se observan disparidades considerables entre hombres y mujeres, que apuntalan e incrementan las desigualdades durante la transición a la edad adulta. Estas disparidades pueden poner de manifiesto desigualdades en materia de oportunidades y reflejar problemas socioeconómicos y culturales profundamente arraigados que suelen poner en desventaja de manera desproporcionada a las mujeres.
Si bien se han alcanzado algunos logros modestos en varias áreas y regiones, los avances son lentos. Por ejemplo, en 2016 la tasa de actividad de la mano de obra entre los hombres jóvenes es del 53,9 por ciento, mientras que entre las mujeres jóvenes la tasa asciende al 37,3 por ciento, lo cual implica una brecha de 16,6 puntos porcentuales. En 2000, la misma brecha era de 17,8 puntos porcentuales (el 62 por ciento de los hombres jóvenes en comparación con el 44,2 por ciento de las mujeres jóvenes). La diferencia es particularmente marcada en Asia del Sur, los países árabes y África del Norte, donde en 2016 las tasas de actividad de las mujeres jóvenes son 32,9, 32,3 y 30,2 puntos porcentuales inferiores a las de los hombres jóvenes, respectivamente.
Asimismo, las mujeres jóvenes padecen de una tasa mundial de desempleo superior a la de sus homólogos masculinos. En 2016, el 13,7 por ciento de las mujeres jóvenes de la fuerza de trabajo se encuentra en situación de desempleo. Esta cifra supera por un punto porcentual a la de los hombres jóvenes. Los países árabes y de África del Norte registran las brechas más amplias en materia de tasas de desempleo entre hombres y mujeres de entre 15 y 24 años, a saber, 27,6 y 20,3 puntos porcentuales, respectivamente, a pesar del aumento del nivel educativo de las mujeres en estas regiones.
Sin embargo, cabe resaltar que las tasas de desempleo de las mujeres jóvenes no son más altas que las de los hombres jóvenes en todos los países. Por ejemplo, en 2016, se observa que en varias regiones (Europa Septentrional, Meridional y Occidental, Asia Oriental y América del Norte) las tasas de desempleo de las mujeres jóvenes son inferiores a las de sus homólogos varones.
Con vistas al futuro y para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), será necesario resolver los déficits de trabajo decente y las desigualdades del mercado de trabajo, sobre todo entre los jóvenes, pues son los agentes y las consecuencias de mayores desigualdades.
Para construir sociedades inclusivas y sostenibles, es esencial mejorar los resultados de los jóvenes
La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible supone una oportunidad única de incorporar políticas destinadas a los jóvenes en estrategias globales de desarrollo sostenible. No hay que olvidar que es esencial mejorar los resultados de los jóvenes mediante políticas sociales y de empleo apropiadas para garantizar sociedades inclusivas y sostenibles, y para alcanzar los ODS. En este sentido, los cuatro objetivos estratégicos de la Declaración de la OIT sobre la justicia social para una globalización equitativa (adoptada en 2008 y evaluada en 2016) pueden ayudar a elaborar y moldear estrategias nacionales para el empleo de los jóvenes, resolver los déficits de trabajo decente para los jóvenes, remediar la pobreza y las desigualdades y equipar a los jóvenes con medios para alcanzar un futuro más equitativo y próspero.
- Informe: Employment and Social Developments in Europe Annual Review 2017 - European Commission - June 2017
Executive Summary
1. Main employment and social developments
In 2016 and early 2017, the EU economy continued to perform well despite internal and external challenges. It recorded continued, albeit slightly slower, real GDP growth (1.9 % in the EU and 1.8 % in the euro area in 2016), which was accompanied by further job creation and a continued decrease in unemployment. During the four years of recovery following the recent crisis, economic growth has been moderate but steady. It has mostly been driven by consumption, while investment has so far failed to recover significantly.
This economic growth has brought about solid net job creation since mid-2013. Employment growth has been strong relative to the pace of GDP growth over the last two years. In the first quarter of 2017, 234.2 million people were in employment in the EU. This relatively strong employment growth is accompanied by a lower expansion of hours worked per person employed.
The relatively strong employment expansion in conjunction with the modest GDP growth has resulted in only subdued productivity growth, with productivity per person having risen by 0.6 % in 2016. Together with the slightly higher but still slow growth in nominal compensation per employee, this led to a modest increase in nominal labour cost.
Labour market participation in the EU continued to increase in 2016, in line with the observed longer-term trend. In 2015 the EU reached a higher rate of participation in the labour market than the US. This was the result principally of older workers delaying their retirement and women's increased labour force participation. Employment demand in the EU also became more dynamic in 2016.
Consequently, the employment rate in the EU reached its highest value on record in 2016, although the dynamics differed strongly across Member States. As a result of the latest increases, the 75 % employment rate set as the “Europe 2020” target is still achievable, assuming that the recent trend continues. At the same time the crisis and the recovery have changed the structure of employment in the EU, particularly through a shift of employment towards service activities and an increase in part-time jobs, including a rise in involuntary part-time work.
Despite recent improvements in the labour market, unemployment and very long-term unemployment remain among the most important challenges in the EU. In 2016 the unemployment rate fell by 0,9 percentage point (pp), the biggest reduction since the beginning of the recovery, and decreased further to 7,8 % of the labour force or around 19,1 million people in May 2017.
However, despite the steady decline since 2014, long-term unemployment still stood at 4 % of the labour force in 2016, almost half of total unemployment. Disparities across Member States remain significant, with unemployment rates and supplementary indicators pointing to substantial remaining slack in some labour markets while tightening is evident in others.
The employment rate of women reached another record high in 2016. Despite this, and although half of the Member States have succeeded in further closing the gap with employment rates for men, the gender employment gap at the EU level remained unchanged, at close to 12 pps. Alongside that, strong gender differences in pay persist across EU Member States.
The labour market situation of young people aged 15 - 24 has continued to improve in 2016; the unemployment rate and the numbers of those who are not in education, employment or training (NEETs) are decreasing and the proportion of young people in employment continues to increase.
Developments in education have been encouraging, as higher rates of enrolment stabilise and the 2020 educational attainment goals for reducing early school leaving and more widespread third level education appear within reach. Similarly, older workers' (aged 55 - 64) participation in the labour market continued to increase in 2016.
Clearer signs of a general improvement in the social situation have emerged. Economic growth overall has benefited EU households over the last three years. Disposable household income reached the level of 2008 by 2015 in the EU and in 2016 in the euro area and its growth continued to strengthen in 2016. Higher income from work (wages and profits of the self-employed), supported by the improved labour market conditions, continued to play a key role in strengthening household incomes. Social protection also continued to support income growth, mainly due to increases in old-age pensions and in health-related expenditure.

The job-rich recovery has helped to reduce significantly the number of people at risk of poverty and social exclusion in the EU, by 4,8 million between 2012 and 2015. Improvements have mainly been reflected in the decline in severe material deprivation and fewer jobless households. Still the number of people at risk of poverty, at almost 119 million in 2015, remained well above the Europe2020 target. Income inequality stopped rising only in 2015 and around ten Member States registered a notable increase in inequality between 2012 and 2015.
2. Intergenerational fairness and solidarity today and challenges ahead
Considerations of intergenerational fairness underlie a long-standing implicit societal contract under which every generation during its prime age has a responsibility to provide for both the elderly and the young. In addition, there is a certain expectation that every generation will provide its successors with an improved starting position.
Decades of economic growth have indeed brought steady improvements in living standards in the EU. However, there are increasing concerns that today's young people and their children may end up worse off than their parents. These concerns are linked to long-term demographic as well as economic trends and technological change, which have been compounded by more acute crisis-related challenges. This underlines the importance of policy efforts to improve the collective prospects of society.
Over the past decade, the income position of older people has improved when compared with the total population in the EU. Data from several Member States suggest that this is in line with a longer-term trend. However, the more recent improvement in the income position of older people was to a large extent relative: working age adults (and indirectly their children) experienced a stagnation of incomes during the crisis years. In contrast, old age pensions were relatively well protected during the recession. The economic recovery may thus bring renewed opportunities for greater income growth among the younger age groups while potentially also benefiting older people in Member States where old age poverty remains a challenge.
There has been a gradual shift in the patterns of age-related social protection spending since the 2000s, which is not fully explained by the effect of changes in the size of age groups. Old age pensions and healthcare constitute a growing proportion of social expenditure, while the proportion devoted to family and unemployment benefits, which benefit younger age groups more, has tended to decrease. Even if young adults and children in multigenerational households have been (indirect) co-beneficiaries of old age pensions, particularly in certain Southern European countries, this raises questions about intergenerational fairness. Improving the fairness and efficiency of tax systems can also play a role in supporting intergenerational fairness.
Looking forward, population ageing has the potential to change the relative situation of generations significantly and poses major challenges to intergenerational fairness, unless policy measures are taken to counterbalance some of these effects. Updated demographic projections for the EU until 2060 show that the working-age population (aged 20 - 64) is expected to decline by an average annual rate of 0,3 %, while the number of people aged 65 and older is projected to increase by 1 % annually. These EU level figures hide considerable differences among Member States. Some will be under more pressure than others. With a broadly unchanged total population but more older people and fewer younger people in all Member States, it will be more difficult to distribute societal income fairly, given that society's income (GDP) depends on the size of the population producing it and its productivity.
Given projected demographic trends, productivity growth will become the EU's main source of economic expansion in the long run. If productivity growth failed to compensate for the lower employment growth which results from the shrinking working age population over the long run, GDP growth would be lower in the future. Lower GDP growth would make redistribution from one group in society to another more controversial and would inevitably complicate the task of achieving intergenerational fairness. Achieving higher productivity growth requires more investment in both physical and human capital, which may be more difficult to generate in an ageing society because older age groups may be less willing to invest in innovation.
An ageing Europe may thus face new challenges to all generations’ welfare, unless (1) the impact of a shrinking working-age population is cushioned by helping a higher percentage of potential workers into employment and the length of working lives is extended, (2) increased net immigration and higher fertility help sustain population growth and (3) sustained investment is made, notably in people to increase productivity.
Simulations show that efforts to increase labour market participation further, especially that of older workers and women, together with continued educational progress which has a positive impact on activity rates, can postpone the dampening effect of shrinking employment on economic growth. If the EU makes effective use of all its human resources also by better incorporating underrepresented groups, positive employment growth could continue for another decade. Measures such as proper incentives for second earners through tax and benefit systems, minimum wage policies as well as comprehensive integration strategies could improve the employment rate.
Raising effective retirement ages by 2030 would not reverse the trend towards a declining workforce in the long run. However, in addition to being crucial for ensuring the sustainability of pension systems it would help safeguard higher potential employment growth through the next decade. Policies ensuring that people can effectively work longer are an important complement to raising retirement ages. This includes ensuring adequate working conditions in terms of health and safety at work.
Moreover, increased fertility and efficient immigration management can make a difference to the size of the working-age population in the medium to long run. This highlights the importance of corresponding policy action (including the reconciliation of family and work responsibilities, childcare, etc.).
At the same time, fostering productivity growth is vital for improving the collective prospects of society and productivity-enhancing reforms are thus imperative. This means supporting innovation and major efficient spending on investment in young and old people's skills, in line with the EU's social investment strategy and Principle 1 of the proposed European Pillar of Social Rights. In addition to fostering social mobility and supporting living conditions, these policies improve people's employment prospects across generations, thus contributing to better utilising the existing workforce, and to generating higher productivity growth. This complementarity would thus underpin productivity as a main driver of economic growth also in the long run and help sustain income growth as well as welfare systems embodying inter-generational solidarity.
3. Working lives: the foundation of prosperity for all generations
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All generations benefit from working age people being active in the labour market
Still, younger people are more likely to be unemployed…
…or in non-standard work
Younger workers are more frequently affected by temporary contracts…
… and precarious employment, and they may also face less social protection coverage
The income share from work of younger people has decreased over time
Younger people's labour market situation is affecting their household decisions, including as regards parenthood and house ownership
Educational attainment has improved over time and parental background has become slightly less important for it
The European Pillar of Social Rights provides a framework for adapting labour markets to new challenges while promoting intergenerational fairness
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4. Securing good living standards in retirement also in the future
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Overall, older people fare relatively well in the EU today…
…but demographic change results in a double burden on younger cohorts that challenges the social contract between generations
There has been progress in reforming pension systems in the EU…
… but more efforts may be needed to balance burdens between generations in a fair way
Linking retirement age and pension indexation to higher life expectancy reduces pressure on the pension system
Fostering older workers' employment would benefit them while contributing to burden sharing
Reform options improving labour market prospects and sustaining growth facilitate intergenerational solidarity
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5. Fostering intergenerational fairness through social dialogue
Social partners have an important role in promoting intergenerational fairness…
…although age-related differences including in social partners' membership and collective bargaining coverage are a challenge
Despite the existence of controversial issues …
…social partners have used key approaches to tackling intergenerational concerns
Social partners have an important role in promoting intergenerational fairness…
…although age-related differences including in social partners' membership and collective bargaining coverage are a challenge
Despite the existence of controversial issues …
…social partners have used key approaches to tackling intergenerational concerns
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