Paper ¿Es la economía “disruptiva” una fábrica de “camareros”? (El lado oscuro de la economía “colaborativa”) Introducción: la sociopatía de la economía disruptiva



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- Depresión juvenil, números que te ponen los pelos de punta (Fedea - 26/9/17)



(Por Marcos Vera Hernández

El pasado miércoles, 20 de septiembre, se publicaron unas estadísticas en el Reino Unido de esas que te dejan los pelos de punta: el 24% de niñas y el 9% de niños de 14 años tienen síntomas elevados de depresión. Ya se sospechaba que los problemas de salud mental eran muy importantes en la población juvenil, pero estas cifras realmente asustan, y resonaron con fuerza en  prensa y radio.


Las estadísticas se obtuvieron a partir del Millenium Cohort Study, un estudio longitudinal que ha entrevistado a los padres de una muestra representativa de niños que nacieron en el 2000 y 2001. Los padres fueron entrevistados cuando los niños tenían 9 meses, 3, 5, 7 y 11, y 14 años. Es también a los 14 que se entrevista, por primera vez, a los niños. Los autores de este estudio particular fueron las investigadoras Praveetha Patalay y Emla Fitzsimons de la universidad de Liverpool y UCL respectivamente.
Una de las ventajas de usar datos como los del Millenium Cohort Study es que permiten describir cómo ha evolucionado un indicador desde la infancia hasta ahora que los niños son adolescentes, y previsiblemente, cuando se vuelvan adultos. Cómo se pueden imaginar, son datos muy útiles para los investigadores.
Uno de los cuestionarios que el estudio ha mantenido constante a los largo del tiempo es el “Strength and Difficulties Questionnarie” que tiene cuatro subescalas relevantes: hiperactividad, problemas de comportamiento, problemas emocionales, y problemas con los pares (amigos, compañeros, etc.) Los dos primeros (hiperactividad y problemas de comportamiento) se han mantenido constante desde que los niños tienen 7 años, pero los problemas emocionales y con los pares han ido aumentando cada año. Sin duda cuadra con la idea que tenemos sobre los desafíos que presenta la adolescencia.

Uno de los datos que hace que se te pongan los pelos de punta es el altísimo porcentaje (24%) de niñas que presentan síntomas elevados de depresión. El porcentaje es mucho menor, aunque todavía alto, para los niños (12%). Esta escalofriante diferencia entre niños y niñas está presente tanto en el cuestionario que responde el adolescente (“Moods and Feelings Questionnaire”), como en el cuestionario que responde los padres (“Strength and Difficulties Questionnaire”).

Una de las cosas que resulta muy interesante es que, a los 11 años, la tasa de niños con problemas emocionales era prácticamente la misma en niños y niñas, y está en torno al 12%. La incógnita está en por qué permanece prácticamente igual para los niños de 14 años, pero se dispara para las niñas.

tasa de niños con problemas emocionales según género. patalay y fitzsimons (2017)

Tasa de niños con problemas emocionales según género. Patalay y Fitzsimons (2017).



Los investigadoras Patalay y Fitzsimons también nos informan sobre la relación con la renta. Para las niñas, el cuarto y quinto quintil de renta son los que tienen una menor tasa de síntomas depresivos. Para los niños, no hay una relación clara entre el primer y el cuarto quintil, pero al igual que con las niñas, el quinto quintil es también el que presenta menor tasa de síntomas depresivos. Esto es, quizás, menos sorprendente porque suele haber una correlación positiva entre salud general e ingreso familiar. Lo que no está claro si se debe a un puro efecto renta, o a que el mayor ingreso está asociado a otras variables que son las que realmente causan la correlación.

tasa de niños de 14 años con problemas emocionales según quintil de renta. patalay y fitzsimons (2017).

Tasa de niños de 14 años con problemas emocionales según quintil de renta. Patalay y Fitzsimons (2017).



Otro aspecto que resulta muy interesante es que los datos permiten comparar la respuesta de los padres y de los adolescentes de 14 años. La correlación entre las dos es más bien baja: 0.27. Además, los padres tienden a sobreestimar los síntomas de depresión de los niños (en 3 puntos porcentuales), pero subestiman la de las niñas (en 6 puntos porcentuales). Con lo cual, queda patente lo poco que saben los padres sobre los adolescentes.

comparacion de prevalencia síntomas depresivos a las 14 años. patalay y fitzsimons (2017).

Comparación de problemas emocionales a los 14 años. Patalay y Fitzsimons (2017).

¿Cómo está la situación en España? Las cifras más recientes que he podido encontrar son del 2012, e indican que el 10% de los jóvenes tiene síntomas de depresión. Según la nota de prensa, al igual que ocurre en el Reino Unido, la tasa de niñas con síntomas elevados de depresión se dispara a partir de los 11 años. Lo que no pude hacer fue encontrar la publicación original con los datos, y así poder afinar más. Si alguien sabe dónde están, qué por favor, me lo indique.
Como ya dije, llama mucho la atención que el porcentaje de niños y niñas con altos síntomas de depresión es el mismo a los 11 años, pero se dispara a los 14 en las niñas. Sin duda, explicar esta diferencia será algo que atraerá la curiosidad de los investigadores que se interesan por salud, bienestar y la educación. Los problemas de salud mental pueden afectar el rendimiento escolar, sin contar con que la mitad de los casos de salud mental en adultos se empieza a manifestar a los 14 años. Por lo tanto, también podrá tener implicaciones sobre la oferta laboral y la productividad cuando sean adultos.

Referencia: Patalay P & Fitzsimons E. Mental ill-health among children of the new century: trends across childhood with a focus on age 14. September 2017. Centre for Longitudinal Studies: London.


- Los sueldos se devalúan un 12% desde 2008 (Expansión - 28/9/17)

(Por M. Castillo)



La devaluación salarial puede afectar a la recuperación. Los que más vieron mermar sus ingresos por sueldo fueron quienes cambiaron de trabajo entre 2008 y 2015 y los más perjudicados son los jóvenes.

Los nuevos contratos conllevan un 12% menos de ingresos que los firmados en 2008, señala Funcas en un informe en el que analiza los cambios en la distribución salarial y las características de los nuevos contratos de trabajo desde que comenzó la crisis y su relación con otras variables como las exportaciones o el consumo.

“Los salarios se han convertido en un factor determinante en la fase de recuperación de la economía y la transformación del mercado laboral español. Por un lado, la devaluación de los sueldos ha contribuido a mejorar la competitividad y facilitar los ajustes empresariales, y por otro, afecta a amplios colectivos de trabajadores y supone un freno para una recuperación sostenida a medio plazo”, señala el artículo publicado en el último número de Cuadernos de Información Económica de Funcas.

El sueldo del primer empleo cae un 14%

El mayor peso del ajuste ha recaído sobre los trabajadores que cambiaron de empleo entre 2008 y 2015, señala el informe. “Los nuevos contratos firmados en 2015 conllevan una reducción de los ingresos en términos reales del 12% en comparación con los firmados en 2008”, señala uno de los expertos firmantes en el artículo, Daniel Fernández Kranz.

Esta menor remuneración no tiene que ver ni con la temporalidad, que también existía antes de la crisis, ni con un supuesto sesgo hacia sectores de baja productividad. “Las menores ganancias reflejan las nuevas condiciones del mercado de trabajo, que retribuye peor que antes el mismo tipo de empleo”, concluye.



Y los jóvenes que se incorporan por primera vez al mundo laboral son los más perjudicados: Así, los salarios de los contratos de entrada firmados en 2015 acarrean una penalización de más del 14% respecto a los que se firmaban en 2008, señala este experto.

Las empresas que mejor pagan son las más eficientes

Rafael Myro y Javier Serrrano, que evalúan el efecto de las buenas prácticas de gestión de las empresas sobre la productividad y los salarios, concluyen que las empresas mejor gestionadas son las mejor pagan a sus trabajadores y son, además, las más productivas. De ello se deduce que la mejora de la gestión empresarial permitiría aumentar la productividad y subir los salarios sin dañar la competitividad.

Pero el informe pone de relieve las deficiencias de la gestión empresarial en España -el 72% de las empresas industriales sigue pocas o ninguna de las buenas prácticas de gestión- y sostienen que hay “un importante margen de mejora en este aspecto, lo que abre una oportunidad de subir los salarios sin dañar la competitividad de las empresas”.

Vender y dar valor añadido a los productos y servicios

Otro de los autores firmantes en la publicación de Funcas, Ramón Xifré, destaca la relación que existe entre la competitividad de la economía, las exportaciones y la evolución salarial.

Subraya que las políticas de devaluación interna, basadas en la reducción de los salarios, principalmente, enfocadas a recuperar competitividad en países como España, tienen un límite.

El autor recomienda que “el foco de las políticas se desplace hacia el refuerzo de la capitalización de la economía y los incentivos y mecanismos de apoyo para que las empresas revisen su estrategia de exportación y pongan más énfasis en vender productos y servicio de alto valor añadido a mercados de alto crecimiento”.

En el caso de los jóvenes, su situación es peor. Según el estudio, “los salarios de los contratos de entrada firmados en 2015 acarrean una penalización de más del 14% respecto a los que se firmaban en 2008”. (Expansión - 28/9/17)



- Radiografía de la devaluación salarial: despidos y contratos un 23% más bajos (El Confidencial - 28/9/17)

Por primera vez, un estudio con la muestra de vidas laborales pone cifras al ajuste de los sueldos. Los trabajadores que han mantenido su empleo durante la crisis ganan un 73% más

A nadie se le escapa que España ha vivido un fuerte proceso de ajuste de los salarios que ha servido para purgar los excesos de la burbuja e incluso algo más. Sin embargo, faltaban cifras concretas como las que ha publicado Daniel Fernández Kranz, investigador del IE Business School, en el último “Cuaderno de información económica” de Funcas. El autor recoge datos de la muestra continua de vidas laborales (MCVL), lo que permite trazar el paso de cada trabajador a lo largo de la crisis, para así evitar el margen de error de las encuestas, o los problemas de agregar cifras y comparar las medias.



Dos son las conclusiones básicas del estudio. La primera, que la devaluación salarial se ha centrado en las personas que perdieron su empleo y encontraron otro con peores condiciones y remuneración. La segunda es que la temporalidad, los contratos a jornada parcial y el ajuste de los salarios han producido que los nuevos contratos sean un 23% más bajos que los que se firmaban antes de la crisis. Si se unen los dos factores, la conclusión es sencilla: la brecha entre trabajadores no ha dejado de aumentar durante la crisis (en especial, desde la reforma laboral de 2012). Ha llegado a tal punto, que los trabajadores que han mantenido su empleo (“stayers”) ganan un 73% más que los que han cambiado de empleo (“movers”).

Los datos de la MCVL reflejan que los trabajadores que conservan su empleo han conseguido elevar sus ingresos anuales reales (descontada la inflación) un 4,5% entre 2008 y 2015. Por el contrario, los ingresos de aquellos que perdieron su trabajo han caído un 4,1%. En el primer grupo, el de los que mantienen su empleo, son mayoría los trabajadores que empezaron la crisis con un contrato indefinido (82%), lo que fue una garantía para todos ellos. Por el contrario, de los que perdieron su empleo, casi la mitad (el 46%) tenía un empleo temporal, por lo que fueron despedidos con facilidad. Una vez más, la dualidad del mercado laboral muestra su peor cara.



Todos estos trabajadores que se fueron a la calle son quienes han soportado la devaluación salarial. El deterioro de sus ingresos se debe a tres factores que han operado en el mismo sentido: el empleo a tiempo parcial, la temporalidad y la propia caída de salario a iguales características del contrato. La suma de los tres provoca que los ingresos anuales por los nuevos contratos en 2015 fuesen un 23% inferiores a los de 2008.



¿A qué se debe esta caída? La mayor parte (casi 18 puntos) responde al cambio en las características del contrato, que se precariza porque las condiciones son peores. En primer lugar, la proliferación de contratos temporales cada vez más cortos provoca que muchos de estos trabajadores no tengan empleo durante todo el año, sino que alternen temporadas ocupados y desempleados. La consecuencia es que al final del año sus ingresos por el empleo principal se ven reducidos en un 15%.

En segundo lugar, se ha producido una explosión de contratos por horas que reducen la jornada laboral y también los ingresos. Estos contratos a tiempo parcial explican tres puntos de la caída del salario anual. Por último, la devaluación propia del empleo (menos retribución a idénticas características del contrato) explica otros cinco puntos de caída de los ingresos.



La devaluación es más pronunciada en el caso de los jóvenes, uno de los colectivos más penalizados por la crisis económica. Los ingresos que consiguen los menores de 26 años con sus nuevos contratos son un 33% más bajos. Un tercio menos. Eso sí que es devaluación salarial. La mayor parte de la caída de los ingresos (22 puntos) se produce por el deterioro de las características de los nuevos contratos.

En concreto, 13 puntos de este descenso se deben a la caída en el número de días trabajados, consecuencia del empleo temporal. Por su parte, los contratos a jornada parcial explican cinco puntos de la caída. El resto, un descenso del 11%, se ha producido por la propia devaluación salarial a iguales características del contrato.

Salir y entrar del mercado laboral

El estudio de Fernández Kranz también distingue la evolución del salario de un mismo trabajador durante la crisis que perdió su empleo y posteriormente consiguió reengancharse, gracias a los microdatos de la MCVL. Este grupo de personas, los “movers”, debería haber conseguido en este periodo una mejora salarial real (descontada la inflación) por día trabajado (lo que elimina el factor de la temporalidad) del 2% como fruto de su mayor experiencia, que les hace más productivos.

Sin embargo, la realidad es que su salario por día ha caído un 3,3%. El principal motivo de esta caída de la retribución es la propia devaluación salarial, que ha generado un descenso del 5,4%. También supone un lastre el ajuste en el número de horas, que explica 3,2 puntos de caída de la retribución. El descenso sería mayor sin la compensación de la mayor experiencia (aporta dos puntos) y del cambio a sectores que pagan tradicionalmente mejores salarios (la construcción ha destruido la mayor parte del empleo y su retribución está entre las más bajas), que generó un avance del 1,7%.



En resumen, si no fuese por estas dos mejoras en el mercado laboral, la realidad sería que el salario por día de trabajo de cada empleado habría caído un 9% entre 2008 y 2015. “El principal factor explicativo del descenso en el salario diario es el componente precio, lo que indica que el mercado laboral español está retribuyendo peor que antes el mismo tipo de empleo”, advierte el investigador.

Esta penalización surge a nivel de empresa y no se debe a que los nuevos contratos se firmen en empresas que pagan menos

La devaluación salarial no se produce únicamente porque los trabajadores despedidos en una empresa se hayan ido a otra que les paga menos. Dentro de cada empresa también se ha producido la devaluación salarial. Esto es, han prescindido de un trabajador para contratar a otro a un precio más bajo. Así lo explica el autor: “Esta penalización surge a nivel de empresa y no se debe, por tanto, a que los nuevos contratos se firmen en empresas que pagan menos”.

El autor analiza la dispersión de salarios en cada empresa aislando el efecto de los diferentes tipos de contrato que existan. La conclusión es “un aumento muy importante de la dispersión salarial que no viene explicada por las características de la empresa o del trabajador”. Este fenómeno “se empieza a dar en 2012, quizá como resultado de la reforma laboral de ese año, y se acelera los dos últimos años de la muestra, que es cuando ha habido una mayor creación de empleo”. A falta de conocer los datos de 2016 y 2017, estas cifras muestran que la devaluación salarial sigue presente en el mercado laboral español en plena recuperación de la economía.

- Los 3 futuros que nos esperan: “Podemos ser Somalia hi-tech si no hacemos nada” (El Confidencial - 28/9/17)

Desde mediados de los años 90, el Proyecto Millenium intenta prever escenarios de futuro para ser capaces de actuar a tiempo. Su director, Jerome Glenn, trae la fórmula a España

(Por Héctor Barnés)

“Gran parte de la humanidad a principios del siglo XXI se imaginaba un futuro de desempleo masivo debido a los avances de la Inteligencia Artificial (IA), la robótica y otras tecnologías. Hoy vemos que muchos de estos miedos fueron infundados”. Este párrafo, que uno puede leer con la música que acompañaba el “crawl” inicial de “Star Wars” por encima, es el comienzo de uno de los tres escenarios alternativos que presenta el informe “Trabajo/Tecnología 2050”, realizado por el Proyecto Millennium, uno de los “think tank” de prospectiva más importantes del mundo.

Se trata del medianamente optimista, recuerda a El Confidencial Jerome Glenn, director ejecutivo del programa, durante su visita a Madrid. Caben otras posibilidades, o más halagüeñas, como la de la economía de la autoactualización o menos, como la de la agitación político-económica. No son lecturas en la bola de cristal, matiza, sino material para reflexionar acerca del futuro que se avecina, y que constituye la base para los talleres que el proyecto organiza a lo largo y ancho de todo el planeta con el objetivo de que cada país identifique los retos a los que tendrá que enfrentarse en las próximas décadas.

El último de ellos tendrá lugar en España, en colaboración con la Fundación Telefónica y el Nodo Millennium español, PROPSKTIKER, y contará con la participación de 100 figuras del ámbito de la empresa, la cultura, la economía y la política. Según Glenn, “las mejores mentes del país, que vengan de distintas áreas y que quieran lo mejor para la gente”. Estos parirán en febrero de 2018 una edición española de dicho estudio, pero el proyecto no se quedará ahí, sino que se renovará periódicamente a medida que los retos a los que nos debamos enfrentar evolucionen.

Glenn, que dio este miércoles una charla en el Espacio Fundación Telefónica, anima al lector a ir al detalle en cada uno de los escenarios. Estos pueden leerse casi como una novela de ciencia-ficción, pero también como un mapa del futuro a corto, medio y largo plazo explicando, por ejemplo, en qué condiciones puede funcionar una renta básica garantizada, por qué la educación STEM puede dejar de ser tan útil después de 2030 o qué papel pueden llegar a jugar los sindicatos. De mano de Glenn profundizamos en estas posibilidades.

PREGUNTA. En su último informe prevé tres escenarios de futuro diferentes. ¿Puede detallarnos cuáles son?

RESPUESTA. El objetivo de describir escenarios como estos es descubrir qué es lo que no sabemos. Así que dejas de escribir e investigas. Por ejemplo, uno de los temas de los que se suele hablar es la renta básica garantizada, por su relación con el desempleo. Pero para saber si es viable tenía que preguntarme por las proyecciones de flujo de caja, pero me di cuenta de que nadie lo había hecho. Hablé con el Primer Ministro de Finlandia, que había llevado a cabo un experimento, para ver si tenían una previsión de flujo de caja. No. Volví seis meses más tarde. Tampoco. Nadie fue capaz de dármelo, así que soy todo oídos para el que pueda proporcionarme ese dato.



En el primer escenario asumimos que habrá una continuación del contexto presente, lo que significa que se tomarán buenas y malas decisiones, como hoy en día. Si lo proyectas al futuro, puedes saber más o menos qué puede ocurrir. Por ejemplo, poner impuestos a los robots para que paguen tal y como tú lo haces. Por lo tanto, tienes una curva que va hacia arriba, con nuevas fuentes de ingresos como esta, y otra que baja, que es la del coste de vida, porque se abaratarán los transportes, por ejemplo. Parece que ambas se cruzarán en algún punto alrededor de 2030.

2030 es una buena apuesta para fijar el paso de la inteligencia artificial limitada a la inteligencia artificial general. La distinción entre los distintos tipos de inteligencia es muy importante: limitada es lo que tenemos hoy, como la máquina que venció al campeón mundial de Go. Si se cambiasen las dimensiones del tablero 19x19 a 10x10, el programa ya no podía hacerlo, porque su propósito es complejo, pero es otro. La general no es así: es parecida a ti, pero no eres tú. Como los aviones y los pájaros: hacen lo mismo, pero no son lo mismo.

Es importante porque, cuando nos referimos a la inteligencia limitada, nos damos cuenta de que unos trabajos concretos pueden ser realizados por máquinas. La inteligencia general es capaz de reescribir su código base, y para 2030, ya tendremos computación cuántica. Imagina que esto sea accesible en la nube para todo el mundo: ¿para qué necesitarías ya a nadie? Además, podrías tener una propia interfaz en tu cerebro, o lentes de contacto con ella. Todo ese conocimiento podría estar disponible al instante para todo el mundo, lo cual elimina de golpe los trabajos “offline”.

El problema es que muchos trabajos son eliminados por la inteligencia limitada, lo que dispara el desempleo. Pero esa no es la gran crisis. Sí lo es la inteligencia global, cuando ves que los niveles de paro del 20% se elevan hasta el 80% en apenas tres años. Es demasiado rápido, así que tienes que hacer todo lo posible por evitarlo.

P. ¿Cómo?

R. En el escenario uno, unos gobiernos que están preparados y otros que no. Para eso estamos montando talleres en España, para que no tengáis ese problema (risas). En el escenario dos, los gobiernos no han tomado las decisiones necesarias para anticiparse al problema. A medida que se extienden la inteligencia artificial o la ingeniería genética, el crimen organizado comenzará a tener más poder, porque cuando los gobiernos no toman las decisiones acertadas, otros actores entran en juego. Las empresas también tendrán más poder. El escenario dos es una especie de Somalia “hi-tech”, que deje atrás toda clase de víctimas y la gente no sabe de quién fiarse. Cuando montamos el taller en Israel, salió que el escenario 2 era el más probable.

P. ¿Qué pasa con el tercero, el más optimista de todos ellos?

R. Es un poco diferente. La gente se ha tomado su tiempo para pensarlo, no ha llegado a soluciones apresuradas, aprenden unos de otros y se dan cuenta de que tienen que cambiar el sistema educativo y la manera en que entendemos el trabajo como una manera de conectarte con el mundo. Pongamos que te interesan 20, 30 o 40 cosas diferentes. Tu inteligencia artificial, tu avatar, puede ir por el mundo buscando contratos mientras duermes y te los entrega cuando te levantas. No puedes hacer todos ellos, pero digamos que hay unos 15 que te interesan y que puedes firmar al momento.

Cada día, por lo tanto, la persona estará implicada en su autoactualización. Una vez que hayas satisfecho todas las necesidades de las que hablaba Maslow -físicas, de autoestima-, ¿qué es lo siguiente? Esto. Cada persona es diferente, por lo que su actualización también lo será. El sistema educativo está planteado de la manera opuesta: primero de primaria, segundo, tercero… Produces a gente como en una fábrica, para una sociedad previsible. Pero la sociedad del futuro es mucho más compleja, como la de ahora lo es mucho más que la de hace un siglo. El propósito del trabajo será la autoactualización: hacer cosas para desarrollarte, no solo para ganar un sueldo.

Así que tu lugar en el mundo será muy diferente que el de al lado. Y si estás tan ocupado en ser tú mismo, ¿quién te va a parar? ¿Cuánta gente en el mundo gasta tiempo hoy en intentar detenerte? Si estoy ocupado siendo yo mismo, ¿por qué habría de hacer eso? Aun así, aún habrá gente trabajando; según nuestras previsiones, habrá seis mil millones de personas en el futuro. Mil millones aún tendrán trabajos como los conocemos, pero tres mil millones de personas podrán formar parte de la economía de la autoactualización. Otros mil millones vivirán la transición, y habrá otros mil millones en la economía sumergida en la que no se paguen impuestos. Proporcionamos estos escenarios desde hace 20 años en los talleres, divididos en grupos (trabajo, educación, negocios, cultura) y recogemos las recomendaciones.

P. España tiene que enfrentarse a varios retos. Uno de ellos, que es común a otros países occidentales, es el envejecimiento del población.

R. La mayoría de la gente se siente nerviosa por este motivo ante la incapacidad de cumplir con sus obligaciones financieras. Es decir, por sus pensiones. Esto asume que la gente no cambiará. Es decir, si la población envejece al mismo ritmo que en los últimos años, tienes un problema financiero. Pero estamos aprendiendo cada vez mejor cómo funciona el cerebro y cómo conseguir que tenga una mejor salud a medida que se envejece. Tu cerebro funciona porque tiene azúcar, pero con el paso del tiempo, genera una especie de mugre que impide que los nervios funcionen correctamente. Por eso las personas mayores pueden recordar algo que ocurrió hace mucho pero no ayer.

Si aprendimos a utilizar la biología sintética, lo podremos evitar. La gente habla mucho de la inteligencia artificial, pero no de esto. Por ejemplo, nos puede permitir crear una pequeña placa que se introduzca en tu cerebro y que cuando te despiertes, te sientas como nuevo. Ya no es solo que recuerdes más cosas, sino que, como todo está relacionado, el resto de tus funciones vitales mejoran. Si invertimos en biología sintética desde ya, la población que envejece podrá hacer otras cosas en el futuro. De nuevo, esto no quiere decir que sea un trabajo, sino averiguar qué les interesa.

Estoy seguro que ahora, mientras hablamos, hay gente de 65 años ganándose la vida en internet, vendiendo sus productos en Ebay, por ejemplo. El gobierno puede ser inteligente y animar a esta gente para enseñar a los demás antes de que se jubilen. Así que en lugar de montar un taller conmigo, por ejemplo, pueden explicar a otras personas que están a punto de entrar en esta nueva economía cómo lo hicieron, lo que resulta más convincente. Envejecer no es agradable a no ser que el cerebro funcione. Eso es lo que permite la biología sintética. El envejecimiento de la población puede ser una carga, pero también un activo si sabe aprovecharse.

P. Como ha dicho al principio, lo malo de anticipar el futuro es que no sabemos qué no sabemos. Ocurrió durante décadas, por ejemplo, con el cambio climático. ¿Cuáles son esos puntos ciegos en los que deberíamos centrarnos más?

R. Este es uno de ellos. Otro problema es que nos estamos centrando en la inteligencia limitada en un único sector. Por ejemplo: ¿cuál es su impacto en los conductores de camiones? Es importante, pero no nos estamos fijando en la inteligencia global que cambiará la economía, la cultura del trabajo y las relaciones entre personas.

Otro son las nuevas formas de comida. La industria de la alimentación de origen animal, según contaba la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) en un estudio de 2006, emite más gases invernadero como industria que el sector del transporte. ¿Qué pasaría si pudiésemos fabricar esta comida, y conservar su sabor, directamente de material genético? La vaca no viene de la nada, viene de ese material genético. Pero no necesitamos su pelo, o sus cuernos, solo queremos sus músculos y la carne, y eso se puede conseguir de esta manera. Esto permite, por ejemplo, la descentralización de la industria. Además, toda la contaminación generada por la ganadería, que requiere una gran cantidad de transporte y logística, descenderá.



Hay otra cosa. Tengo dudas de hablar sobre ello. La inteligencia artificial, robots y demás, le da cada vez más poder a la gente, para bien o para mal. Una de las situaciones posibles, no seguras, pero posibles, es que en algún momento un individuo pueda crear y utilizar un arma de destrucción masiva con sus propios medios. La seguridad global se centra en países u organizaciones, pero no tanto en individuos. Esto cambia la manera en la que se entiende la seguridad y qué debe hacerse. Por ejemplo, a la hora de identificar rápidamente los cambios moleculares en el aire de un lugar público. Si la gente porta materiales que puedan resultar destructivos, debes tener una manera de identificarlo. Pero esto no soluciona el problema.

La segunda parte es que cada vez sabemos más acerca de nuestro cerebro pero no lo aplicamos a la salud pública. Si nos concentramos en averiguar cómo conseguir que la gente tenga salud mental desde que son pequeños, es menos probable que nadie quiera volar a todo el mundo por los aires. Es decir, la lucha por mejorar la salud global se convierte en una cuestión de seguridad. Tampoco soluciona el problema, pero lo reduce. En tercer lugar, saber cuál es el rol de la familia y de la comunidad a la hora de prevenir que los individuos atenten. Aún no sabemos muy bien qué hacer cuando la seguridad desciende al nivel del individuo. La idea de que cada individuo pueda convertirse potencialmente en una persona así en 20 años es un grave problema.

- Cómo planificar varias carreras distintas en una vida laboral (Expansión - FT - 28/9/17)



El hecho de que el trabajo para siempre se acabó (y de que estaremos activos más años), lleva a pronosticar que tendremos varios empleos en una sola vida profesional, y habrá que adaptar la carrera a esto.

Cambiar de profesión es duro, solitario, abrumador y costoso. Según una encuesta de Investec, en mercados como el británico más de la mitad de profesionales se plantean cambiar de profesión en los próximos cinco años. Un estudio de LinkedIn en Estados Unidos revela que los trabajadores jóvenes cambian de trabajo -aunque no necesariamente de profesión- unas cuatro veces en los diez primeros años posteriores a su graduación. Gracias a la automatización y al poder de la globalización, la vida laboral es temporal e impredecible, y esta situación no tiene visos de cambiar.

En la actualidad, podríamos vivir el periodo más estimulante en décadas para que los graduados en estudios de negocios inicien su carrera, sobre todo en el caso de los que han cursado programas multidisciplinares como másteres en gestión. Estos graduados podrían optar por un trabajo bien remunerado en el sector financiero y, si tienen suerte, progresar deprisa ya entrados los 20 años antes de tocar techo profesional a los 40. Si no tienen tanta suerte, serán eliminados por la automatización.

Otra posibilidad es que elijan tomar una decisión a largo plazo, fruto de un criterio racional frente a la amenaza de la inteligencia artificial, y opten por un camino más lento, como crear una empresa, y ver si funciona.

Sin embargo, también pueden escoger una opción intermedia, lo que parece ser la opción más segura. Hace poco, conocí a una mujer de unos 50 años que había tomado esta decisión. Dentro de poco se licenciará como abogada, completando así la que será su cuarta carrera, y estaba buscando un trabajo a largo plazo. Pero es un caso aislado excepcional entre su generación, ya que la gente de su edad, que en su mayoría fue fruto del baby boom, está pensando en jubilarse.

Al principio de su carrera, cuando tenía unos 30 años, empezó trabajando en el sector de los museos y llegó a ser conservadora de exposiciones en importantes galerías de Londres y Berlín. Pero la conservación, según explicó, es una profesión precaria. Por ello, a los 40 años, empezó a enseñar a los estudiantes de arte la realidad que había detrás de la figura del emprendedor, y esto derivó en una fascinación por las leyes de la propiedad intelectual.

A los 46 años, empezó su formación jurídica y, años más tarde, es becaria en una boutique de la City de Londres especializada en la propiedad intelectual. Dentro de un año aproximadamente, estará cualificada. Le pregunté por qué había reiniciado su carrera profesional tantas veces y me respondió que la incertidumbre había sido un incentivo para ella, pero que el principal aliciente había sido el de satisfacer su curiosidad. Una disciplina y una carrera no eran suficientes en un momento dado, y mucho menos en toda una vida profesional.

La seguridad económica no era algo que le quitase el sueño. No había tiempo para eso, ya que estaba demasiado ocupada pensando en su siguiente paso. Sólo pensaba en la mejora constante: “Para mí, es una forma ejemplar de enfocar la vida profesional”.

- Los alemanes viven igual de mal que tú, español: “Hay una gran fractura” (El Confidencial - 1/10/17)

Mientras los profesionales de alto rango mantienen sus sueldos, muchos sectores se han precarizado y como en el sur de Europa hay muchas personas que son pobres aunque trabajan

(Por Daniel Borasteros)

Heidi tiene 29 años y ha vuelto a estudiar. Es su manera de salir del círculo vicioso de los trabajos mal pagados, de las frustraciones. Una canción muy recurrente entre los jóvenes españoles que tampoco les es tan ajena a los alemanes. Cobraba menos de ocho euros a la hora en una editorial. Se cansó. No tenía ninguna expectativa de mejorar. Un relato que no se suele asociar con Alemania y que, sin embargo, a golpe de testimonio y de estadística, no deja de crecer desde 2003. Son los célebres “trabajadores pobres”. Ahora Heidi cobra más o menos lo mismo poniendo copas en un bar mientras prosigue su formación académica con un máster (¿les suena de algo?).

“En Alemania vive mal mucha gente, eso es cierto, pero son los que tienen poca formación o estudios mal orientados al mundo laboral”, matiza un periodista alemán afincado en Berlín, que reconoce que los profesionales “siguen teniendo muy buenos sueldos y viven bastante bien, aunque se pagan muchos más impuestos que en otros sitios”. Lo que ocurre es que los que engrosan la lista de “poca formación o estudios mal orientados” son unos 17 millones de personas, cerca del 25% de la población. El país es uno de los líderes europeos en trabajadores mal pagados. Eso sí, casi todos en sectores muy determinados: sobre todo, servicios y hostelería (¿les vuelve a sonar de algo?).

Meike Rademaker se ríe al otro lado del hilo telefónico por el que charla con El Confidencial. Le ha hecho gracia la idea de que en España hay quien piensa que todos los alemanes tienen un alto nivel de renta. Se ríe antes de replicar con las cifras que muestran un panorama bastante desolador: “Hay más de siete millones de personas que cobran cerca de ocho euros a la hora y no pueden encontrar una habitación por menos de 400 al mes: eso es una situación insostenible”.

Esta veterana activista por los derechos laborales, portavoz de la Confederación de Sindicatos Alemanes (DGB, por sus siglas en alemán), replica a quien piense en el “paraíso germánico” que esta situación afecta a todas las edades (de hecho, se ha abierto un debate sobre el tipo de pensión con la que tendrán que vivir dentro de no mucho estas personas) y tiene más que ver con una “fractura entre unos tipos de trabajo y otros, que con una cuestión de experiencia en el mundo laboral”.

280 euros



La diferencia salarial entre España y Alemania, de media y una vez ponderados los impuestos y el coste de la vida, está en torno a los 280 euros, según un trabajo de la Confederación Europea de Sindicatos. Y, curiosamente, el hueco que se ha ampliado en los últimos años ha sido entre los trabajadores más cualificados (arquitectos o ingenieros, por ejemplo). En los estratos con menos formación se va reduciendo la diferencia hasta llegar al de las empleadas de hogar, en el que los países del sur de Europa remuneran mejor a los trabajadores que los del norte (unos 64 euros más).

Este mismo organismo, reforzado por los datos de Eurostat, cifra en cerca del 25% el número de alemanes “con salarios bajos”. En España ronda el 15%. No son datos subjetivos. La definición de “salario bajo” es la de aquellos que perciben dos tercios o menos de la mediana nacional. También es cierto que las cifras de desempleo en uno y otro lugar son muy diferentes (algo más del 5% en el país gobernado por Angela Merkel y un 23% en España). Otro factor a tener en cuenta es que las oficinas de empleo germanas son mucho más efectivas (y restrictivas) que las españolas. No se puede salir de la ciudad mientras se está en paro. Y hay que aceptar lo que te ofrezcan, aunque sea un puesto de vendedor de ropa interior con formación de profesor de idiomas. Así son las cosas.

“En Alemania si no te organizas bien, no prosperas. La gente que está en supermercados o peluquerías o cosas así cambia mucho de puesto laboral y por eso no se puede organizar bien: si no lo haces, aquí no puedes subir”. Por organizarse, Rademaker se refiere a integrarse en una negociación colectiva. “Los empresarios que no se ven obligados a pactar tienden a abusar de la gente y eso es lo que pasa en esos sectores”, puntualiza la sindicalista, que concede que estos datos de precariedad han contribuido, entre otros muchos factores, al éxito en las elecciones del domingo de la ultraderechista Alternativa por Alemania (92 escaños).

“Claro que hay gente sin recursos que protesta contra los partidos normales así, ha pasado en todo el mundo”, razona Rademaker, que apunta a “la inseguridad en el empleo por la digitalización, la globalización y la crisis de los refugiados”, como razones por las que una parte del electorado ha optado por la formación populista, aunque señala que muchos de sus electores “son gente con buenos sueldos”.

Deplorables abusos

Una situación que llevó hace pocas fechas al veterano periodista Günter Wallraff a regresar a una de sus temáticas favoritas: las realidades ocultas del mundo del trabajo. Su equipo, un grupo de investigadores, se infiltró en distintas empresas y se topó “con condiciones deplorables de abuso”. Por ejemplo, jornadas de más de 15 horas por salarios inferiores a mil euros: y eso seguro que también les suena.

- Los bancos centrales también temen al “efecto Amazon” (El Economista - 1/10/17)

(Por Ana Palomares)

La desinflación en precios y salarios que generan las tecnológicas, con Amazon a la cabeza, es una de las causas que explican que los bancos centrales se lo estén pensando tanto a la hora de primero, retirar estímulos y después, subir tipos.



Quizá quien hoy esté leyendo este artículo ha acudido alguna vez a una tienda a ver in situ una prenda de ropa, un pequeño electrodoméstico, un teléfono móvil, unos zapatos…y ha abandonado el establecimiento con las manos vacías. Pero no porque no le gustara el objeto en cuestión sino porque cree que a través de internet, el mayor escaparate del mundo, lo podrá comprar más barato. Si se siente identificado con esta situación ha de saber que sí, que usted también ha contribuido a lo que los economistas, bancos de inversión e incluso banqueros centrales han coincidido en denominar “Efecto Amazon”.

La compañía que empezó siendo un mero centro logístico que vendía libros online se ha convertido en una de las grandes caras de Wall Street con 451.000 millones de dólares de capitalización bursátil y una subida en bolsa del 5.000 por ciento desde que debutó en el parqué allá por el año 1997. Pero además, Amazon se ha convertido hoy en la gran amenaza de muchos negocios tradicionales y una prueba de ello es que, según recoge la web Zerohedge con datos de Bloomberg, el nombre de la compañía se repitió en una de cada cinco conference call que las empresas del S&P500 dieron con motivo de la publicación de resultados.

Su impacto en la distribución...



De todos esos sectores susceptibles de sufrir el efecto Amazon el más obvio es el de la distribución. El auge del comercio online, en el que Amazon acapara el 40 por ciento del total según la revista Forbes, ya ha provocado que más de una docena de cadenas minoristas se hayan declarado en concurso de acreedores lo que ha llevado al bróker americano Cushman & Wakefield a afirmar, en declaraciones a Bloomberg, que el número de comercios que cerrarán sus puertas en 2018 se elevará hasta los 13.000, el triple que en 2016. Y Citi ya habla del cierre este año de 6.000 tiendas, la cifra más alta desde que comenzó la crisis de las subprime. Además, tampoco ayuda al sector del retail el hecho de que una de las primeras grandes compras que ha hecho Amazon haya sido en el sector de la distribución, con la adquisición de Whole Foods y, de hecho, desde entonces compañías como Walmart, Coscto, Ahold o Carrefour han visto cómo sus acciones caían más de un 8 por ciento desde el anuncio. Descontaban con la compra del gigante de comida orgánica el inicio de una guerra de precios que Bezos se encargó de confirmar después al anunciar que bajará los precios de Whole Foods un 40 por ciento. “El nivel de inversión que hace Amazon en sí mismo es algo brutal que no hace nadie más. Piensa más allá. Su concepto de retorno es diferente y lo que está haciendo es limpiarse de sus competidores”, apunta Ignacio Perea, director de inversiones de Tressis Gestión. Y ante Amazon hay dos opciones. La primera es enfrentarse a él con nuevas alianzas como la que ha llevado a cabo Walmart al incluir sus productos en la plataforma de compra de Google, Google Express, no disponible en España. Y la segunda es subirse al carro de Bezos como ha hecho empresas como Kohl's, Nike o Dia.

Pero el llamado efecto Amazon va mucho más allá del sector de distribución ya que las implicaciones de este nuevo modelo de negocio pueden suponer un giro radical en las políticas monetarias de los bancos centrales, centradas hasta ahora en conseguir un objetivo de inflación del 2 por ciento que hoy parece casi inalcanzable pese a toda la liquidez que se ha inyectado en mercado en los últimos años para conseguirlo. “Lo que se ha conseguido es una inflación de activos financieros pero las empresas como Amazon, Netflix y demás presentan tecnologías desinflacionistas y hay una divergencia entre las expectativas inflacionistas y el propio negocio de estas firmas, que es todo lo contrario”, apunta Daniel La Calle, economista jefe de Tressis. De hecho, los bancos centrales poco a poco empiezan a incluir a la tecnología en sus discursos para explicar por qué la inflación no sube como lo hacía en el pasado y cómo está dejando a los nuevos trabajadores en condiciones de precariedad. Charles Evans, presidente del Fed de Chicago, ha sido uno de los primeros en subrayarlo: “Sabemos que la tecnología es disruptiva y eso podría ser un problema para mantener controlada a la inflación”. Y no solo se refiere al impacto que pueda tener Amazon en los precios de los alimentos sino también al que puede tener Netflix en el consumo de televisión, Tesla en el precio de los carburantes o Google en los servicios financieros.

Más tecnología, ¿menos salarios?

Unos efectos desinflacionistas que no solo se quedan en las cestas de la compra sino que también llegan a los salarios que, según los expertos son en realidad en lo que se están fijando ahora los bancos centrales a la hora de elaborar sus hojas de rutas sobre la normalización monetaria. “Lo que se está mirando sobre todo son los salarios y lo normal sería pensar que en este entorno de tipos y con un crecimiento positivo y tasa de desempleo a la baja se trasladara a los salarios y después s los precios”, afirma Sergio Míguez, de EFPA.

No en vano, la relación entre crecimiento y salarios ha sido históricamente proporcional -a mayor crecimiento, mayores salarios y, por ende, mayor inflación- pero ahora esta triada económica no parece moverse en la misma dirección, o al menos no de una manera igualmente proporcionada, lo que pone en duda que la curva de Philips, que relaciona el crecimiento con la inflación, siga funcionando en un futuro cada vez más tecnológico. Por ejemplo, en el caso de EEUU, el IPC ha aumentado en tasa interanual un 1,9 por ciento, el PIB cerró el segundo trimestre del año -último datos disponibles- con un aumento del 3 por ciento y los salarios, aunque en tasas interanuales crecen un 2,5 por ciento, llevan cinco meses casi estancados. Mientras, en Europa, la inflación sigue manteniéndose en niveles del 1,5 por ciento y en su última reunión el BCE redujo sus previsiones de cara a 2018 en una décima hasta niveles del 1,2 por ciento. Y aunque la eurozona se ha convertido en la gran locomotora de los mercados occidentales gracias al crecimiento interanual del 2,3 por ciento que acumula, los salarios en la eurozona solo han subido en términos interanuales un 1,8 por ciento. Pero, ¿qué impacto tienen Amazon y otras tecnológicas en este tímido repunte de los salarios? Según Donald Trump, mucho, y de hecho, el presidente de EEUU ha acusado vía tuit a Amazon y a otras tecnológicas de estar destruyendo empleo en EEUU. Y es que aunque las grandes tecnológicas americanas aparecen en todos los ranking de salarios -de media pagan más de 100.000 dólares al año- esos sueldos están limitados a muy pocas manos. Por ejemplo, según los datos de Stadista, Amazon cuenta con 340.000 empleados -se incluyen los empleados a tiempo parcial-, Alphabet con 71.000 empleos y Facebook, según sus cifras, con poco más de 20.000. Números que contrastan con los dos millones de personas a los que emplea Walmart y que son posibles, entre otras cosas, gracias a la fuerte robotización de los negocios de las grandes tecnológicas americanas -solo Amazon trabaja ya con 100.000 robots en todo el mundo-.

“Los modelos laborales que tienen las empresas tecnológicas son excelentes y en la mayor parte de los casos se basan en trabajadores de autónomos. Es un modelo que es vital para tratar de competir con los emergentes. Además, está el uso de robots que aunque no dejarán a la gente sin empleo sí disminuye la capacidad de negociación de los empleos más manuales. Se trata de la cuarta revolución industrial. Los bancos centrales tienen que salir de su torre de marfil y empezar a ver la economía real”, apunta Víctor Alvargonzález, estratega de mercados. De hecho, esa pérdida de poder en el mercado la es una de las razones que esgrime Lukas Daalder, director de Robeco Investment Solutions, para explicar por qué la inflación ha dejado de ser un problema tal y como lo era hasta ahora. “La primera razón es la digitalización. Otra sería la pérdida de poder en el mercado laboral por parte de los trabajadores, con el declive de los sindicatos, la globalización y la continuada automatización de industrias que anteriormente requerían mucha mano de obra”, apunta. Y da aún dos más: “El envejecimiento demográfico es también deflacionario, ya que las personas mayores tienden a ahorrar más y gastar menos. Por otra parte, el petróleo ha perdido su capacidad de incidir sobre los mercados, puesto que otras formas de energía, tales como el gas de esquisto o la energía solar, han hecho que el precio del crudo se debilite”, afirma este experto…

“Los banqueros centrales tienen un gran problema porque la robotización es muy grande y eso limita mucho las presiones de los empleados con respecto a los salarios”, afirma Víctor Alvargonzález. A este respecto, Bank of America pronostica que “la adopción de robots e inteligencia artificial puede aumentar la productividad un 30 por ciento en 2020 además de recortar los costes laborales entre un 18 y un 33 por ciento”.

- La joven que falleció en Japón tras trabajar 159 horas extra en un mes y cuya muerte reabrió el debate sobre el “karoshi” (BBCMundo - 6/10/17)

Una periodista de 31 años falleció en Japón como resultado de una insuficiencia cardíaca tras trabajar 159 horas extra al mes y librar solo dos días en el mes previo a su muerte.

La autoridad laboral de Tokio estableció en 2014 que Miwa Sado, periodista de la cadena pública NHK, murió un año antes por consecuencia directa de sus largas jornadas laborales y falta de descanso.

Sin embargo, no fue hasta este jueves que el medio de comunicación reconoció públicamente que el “karoshi” (muerte por exceso de trabajo) fue la causa del fallecimiento…

Más de 2.000 japoneses se suicidaron debido al estrés relacionado con el trabajo entre marzo de 2015 y marzo de 2016, según el ejecutivo. Muchos otros sufrieron ataques cardíacos, infartos y otras condiciones vinculadas a la presión vivida en el trabajo…

Según el gobierno, casi la cuarta parte de las compañías japonesas tiene a sus empleados trabajando más de 80 horas extra al mes, en ocasiones no remuneradas…




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