Paper ¿Es la economía “disruptiva” una fábrica de “camareros”? (El lado oscuro de la economía “colaborativa”) Introducción: la sociopatía de la economía disruptiva



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Según el BID la economía colaborativa a nivel mundial crecerá desde US$ 14 mil millones en el 2014 a US$ 335 mil millones en 2025.

Digamos que estás sin empleo. Y que ves una oportunidad en trabajar con Uber llevando pasajeros en tu automóvil. También puedes arrendar tu departamento a través de la plataforma digital Airbnb. Y vender algunas de tus cosas en Facebook sin intermediarios; y quizás ofrecer tus servicios profesionales por algunas horas.

Al final del mes te haces un sueldo y entonces la combinación de estas opciones te permite vivir sin tener un empleador. Te conectas directamente con otros usuarios en Internet. Eres libre, eres tu propio jefe.

Suena muy bien, quizás, pero no tienes protección social ni estás ahorrando para tu jubilación. Te enfermas y el asunto se complica. Vacaciones pagadas, ni lo sueñes. Lo que sonaba perfecto, parece que no lo es tanto.

Esa es una cara de la moneda. La otra, es la de los profesionales altamente calificados que trabajan de manera independiente para varias compañías, organizan su tiempo y desarrollan habilidades que les permiten insertarse en distintos equipos de trabajo.

Muchos son emprendedores, pueden trabajar desde la casa o el avión y generan ingresos superiores a los que podrían conseguir en un trabajo fijo con un solo empleador. Se mueven en el mundo digital como peces en el agua y nunca dejan de estudiar.

Los dos perfiles forman parte de la economía gig, también conocida como economía colaborativa, o economía de los freelance, que ha generado una gran cantidad de empleos en la última década.

Crece en la medida que se crean nuevos desarrollos tecnológicos que generan plataformas para que los usuarios intercambien bienes y servicios al margen de las empresas tradicionales.

¿Independencia o precariedad del empleo?

El nombre gig proviene, según una de las versiones más difundidas, de la época en que los músicos de jazz se ganaban la vida con el dinero recibido en cada presentación. Algo que persiste hasta el día de hoy en el mundo artístico y que se ha hecho extensivo al resto de los sectores laborales.

Este modelo de trabajo le ha dado buenos resultados a los innovadores tecnológicos que, con sus start-ups, crean las plataformas necesarias para el intercambio colaborativo, operando con mínimos costos y convirtiéndose en mediadores dominantes de un sector, lo cual les permite quedarse con un porcentaje de cada transacción.

Un estudio de la consultora McKinsey arrojó que un 27% de los trabajadores en Estados Unidos y Europa forma parte de esta tendencia.

En el caso de Estados Unidos, una encuesta realizada por el Sindicato de Freelancers y la organización Upwork detectó 55 millones de personas que trabajan por cuenta propia. Pero no sólo eso. Dos tercios de los encuestados dijeron que eran independientes porque no tenían otra opción.

Una visión distinta del fenómeno tiene Diane Mulcahy, investigadora que recientemente publicó un libro sobre la economía gig en Estados Unidos.

“Muchos trabajadores independientes eligen esta forma de empleo porque valoran su autonomía, el control que tienen sobre su trabajo y la flexibilidad que les entrega”, dijo Mulcahy.

Sus investigaciones sobre el tema muestran que el fenómeno no se reduce a los conductores de Uber. Su análisis plantea que se trata de un cambio sustancial en el mundo del trabajo.

“Hay plataformas disponibles para el trabajo de codificadores, doctores, abogados, diseñadores gráficos y muchos otros profesionales. La economía gig cruza todas las industrias, salarios y niveles de educación”, dijo Mulcahy.

El concepto gig pareciera ser tan amplio que en él cabe un desempleado que busca una opción para sobrevivir, un empleado que busca ocasionalmente una segunda fuente de ingresos o un joven profesional de Silicon Valley que desarrolla proyectos creativos.

América Latina se suma a la tendencia

Según César Buenadicha, especialista líder del Fondo de Inversiones del Banco Interamericano de Desarrollo (FOMIN), la economía colaborativa a nivel mundial crecerá desde US$ 14 mil millones en el 2014 a US$ 335 mil millones en 2025.

“En América Latina todavía no hay datos consolidados del crecimiento a la fecha, pero algunos datos de AirBnB y Uber en sectores clave como Brasil y México (y en menor medida Argentina), permiten estimar un aumento sustantivo del sector en la región”.

Según Buenadicha, la economía gig o colaborativa, entendida como una nueva forma de interrelación entre consumidores y productores a través de plataformas digitales, crece velozmente en la región y plantea enormes oportunidades y retos.

“Hay que analizar y entender en detalle las implicancias laborales, fiscales, sociales, y en el ámbito de la competencia, de la economía colaborativa”, comentó.

Algunos de los riesgos que puede traer el crecimiento del sector se relacionan con el posible aumento de la informalidad laboral.

En este sentido, Buenadicha cree que debe existir una regulación oportuna para fomentar la inclusión social y, al mismo tiempo, la innovación en los países de la región.

Otros, en cambio, piensan que uno de los aspectos positivos de la economía gig es que no ha sido regulada, creando un espacio más democrático para que los propios usuarios tomen decisiones.

- ¿Ha tocado Apple techo con el teléfono? (El Economista - 8/9/17)

(Por Matthew Lynn)



Se sustituirá el botón de inicio, vendrá con pantalla completa, carga sin cables, identificación facial y nombre nuevo también. Los modelos más caros incluso se harán submarinos cuando estemos en una persecución de coches a gran velocidad, como el fantástico Lotus que conducía Roger Moore en La espía que me amó. Está bien, lo último me lo he inventado, pero el resto son las prestaciones que se rumorean del iPhone 8, el nuevo bombazo que Apple tiene previsto lanzar el martes que viene.

Cuando se conozcan por fin los detalles, los accionistas de Apple esperarán alguna innovación radical que propine un empujón al mercado y haga que las ventas suban de nuevo. A los inversores les importa, lógicamente, pero a los demás también. De lo contrario, podríamos haber tocado techo con el teléfono, con enormes repercusiones para la economía en general. Disminuirá el mercado bursátil, ralentizará el ritmo de la innovación y reducirá la competencia, y todos saldremos peor parados en consecuencia.

Internet, o por lo menos sus rincones más frikis, se han inundado de especulaciones sobre lo que podría incluir el nuevo iPhone. Ha pasado una década desde el primer iPhone y, junto a la decepción del 7, las expectativas de una remodelación radical son altas. Sustituir el botón inicial supondría un cambio importante. La carga sin cables, si se consigue que la tecnología funcione, sería francamente útil. Las discusiones familiares sobre quién tiene el cargador serían historia. El reconocimiento facial sería estupendo si implicara que no hace falta acordarse de cincuenta contraseñas distintas.

Descubriremos lo que nos ha preparado Apple la próxima semana. Si se les han ocurrido suficientes prestaciones nuevas, podrían dar un empujón al sector entero. Si no (y nada aparte quizá de la carga sin cables parece muy necesario), podría ser la confirmación definitiva de que hemos tocado techo con el teléfono.

Ya hay muchos indicios de que el boom de toda una década originado con el lanzamiento del primer iPhone podría haber empezado a perder gas. Los iPhone ya no se venden tanto como antes. Apple entregó 211 millones el año pasado, frente a 231 millones en 2015, y aunque supuso un aumento frente a los 169 millones que vendió en 2014, no deja de ser un revés. La mayoría de los teléfonos funcionan con Android de Alphabet en la actualidad, aunque tampoco se han vendido muy bien. IDC calcula que las ventas globales subieron un módico 4,3 en el primer trimestre del año, gracias sobre todo a China y los mercados emergentes. En el Reino Unido, Dixons Carphone, uno de los mayores minoristas de electrónica, advirtió de la caída de los beneficios hace un mes y la achaca a que se venden menos teléfonos. Lo cierto es que, como casi todos los productos después de una década, la gente que quiere un móvil inteligente ya lo tiene y no hay prestaciones nuevas lo bastante atractivas que nos animen a cambiar de teléfono. Tampoco sustituimos el televisor cada pocos años, porque uno nuevo no hace casi nada que el viejo no pueda. Del mismo modo, hemos dejado de comprar mejores móviles. Cuando dejan de funcionar puede que compremos uno mejor pero no antes.

A corto plazo, esto solo preocupa a los grandes fabricantes como Apple y Samsung, y a los minoristas que dependen de ellos, pero a medio plazo podría ser un problema para la economía en general también. Veamos por qué.

Primero, afectará al mercado bursátil y el golpe podría ser duro. Este mercado alcista desde 2009 ha estado impulsado masivamente por las llamadas acciones FANG (Facebook, Apple, Netflix y Google), en ocasiones acompañadas por Amazon también. Apple aparte, no son empresas exclusivas de móviles pero una parte importante de sus negocios depende mucho de los dispositivos que transportamos todo el rato. Google, o Alphabet, sería mucho más pequeño sin Android, Maps o cualquiera de sus productos móviles. Facebook no sería tan dominante si no pudiéramos subir selfies desde nuestros teléfonos todo el santo día. Las cinco mayores empresas del S&P 500 ya son gigantes tecnológicos (hace una década el índice lo lideraban ExxonMobil, General Electric y demás). Cualquier caída importante en los precios de las acciones de estas cinco empresas bajará inevitablemente el índice en sí, y si el SP 500 se hunde, le seguirán todas las Bolsas del mundo.

Después, podemos esperar menos innovación. La importancia del móvil no ha sido sólo que ha permitido a Apple, Samsung y otros rivales menores como Huawei incluirse entre las mayores empresas del mundo. La emergencia de la economía de las aplicaciones ha creado una plataforma en la que decenas de productos nuevos y modelos de negocio han podido prosperar. Sin los dispositivos móviles, es improbable que hubiera un Uber (con un valor de mercado de 60.000 millones de dólares), Airbnb (valorado en 30.000 millones de dólares) o Spotify (9.000 millones) o cualquiera de las decenas de las aplicaciones de juegos, música, comida a domicilio, tecnología financiera y otras menores que han surgido en la última década. El teléfono ha liberado a los emprendedores para que piensen nuevas maneras de perturbar viejos sectores. Si dejase de crecer, parece inevitable que la economía de las aplicaciones se ralentizaría también y como resultado veremos menos negocios e ideas nuevas.



Por último, el móvil es un gran motor para la competencia. La UE ha perdido la cabeza al pensar que Google, Amazon y compañía restan competitividad al mercado. Prácticamente cualquiera puede ver que todos los mercados se han vuelto ferozmente más competitivos en la última década. ¿Tiene previsto renovar su seguro de coche? Puede comparar cincuenta precios desde el teléfono en cuestión de minutos. ¿Le apetece comer tailandés? Su teléfono le dirá cinco restaurantes a los que puede llegar a pie, junto con opiniones detalladas de cada uno. Las empresas ya no pueden esconderse y dirigirlas se ha vuelto más difícil pero es genial para el consumidor y estupendo para la economía en general. Desde Adam Smith en adelante, lo que sabemos seguro de la economía es que una mayor rivalidad entre las empresas aumenta la eficiencia de todos, promueve nuevas ideas y reduce los precios. Los móviles han generado grandes ganancias globales, aunque no todas se muestren en las estadísticas oficiales. Si su crecimiento se para, eso se ralentizará también.

En efecto, podría aparecer otra cosa (la robótica o la inteligencia artificial quizá) que sustituya al teléfono como motor del crecimiento, pero a corto plazo la saturación del mercado afectará a la economía en general. El golpe podría ser muy duro salvo que a Apple se le ocurra algo sensacional la semana que viene, que nos haga salir corriendo a la tienda para comprar un teléfono nuevo.
- Los “riders” de Deliveroo, ¿ruptura del trabajo autónomo en las plataformas digitales? (Cinco Días - 23/8/17)

Estas plataformas digitales aprovechan las nuevas tecnologías y las redes sociales virtuales para cubrir la demanda La problemática surge cuando se pasa de la relación on line a la realidad off line

(Por Raúl Rojas)

El conflicto planteado recientemente por los profesionales de Deliveroo convocando una huelga en reclamación de derechos laborales y la apertura por parte de la Inspección de Trabajo de una investigación para determinar si los “riders” son falsos autónomos y si existe fraude por el impago de las cotizaciones a la seguridad social a cargo de la compañía británica, son una muestra más de las barreras, en este caso de índole laboral, a las que se están enfrentando las plataformas digitales de la denominada economía de consumo colaborativo, tales como Uber, EsLife, Instacar o HomeJoy, entre otras muchas.

Hemos pasado de la uberización de las relaciones laborales, focalizado en el sector de la movilidad, a lo que, algunos autores ya han denominado la plataformización del trabajo, basado en la prestación del servicio por profesionales autónomos a los usuarios de las plataformas digitales operando en cualquier tipo de sector (mensajería, reparto, transporte, limpieza, reparaciones, etc.).

Estas plataformas digitales aprovechan las nuevas tecnologías y las redes sociales virtuales para interconectar en tiempo real a sus usuarios y permitir, en este caso, la prestación de servicios en función de las necesidades o demanda de cada usuario (en otros el simple intercambio de bienes), que es lo que se ha venido a denominar economía bajo demanda, on-demand o “gig economy”, donde una multitud de usuarios en una zona geográfica concreta estarán dispuestos a prestar el servicio en el momento y lugar que el usuario-cliente lo solicite, bien a través de la página web o bien mediante la aplicación informática de la plataforma digital descargada en el dispositivo móvil de los usuarios.

En estos modelos de negocio de tipo disruptivo la problemática surge cuando se pasa de la relación on line a la realidad off line, donde de la interacción entre los distintos agentes intervinientes (prestador del servicio, usuario-cliente y plataforma-intermediaria), especialmente de la relación prestador-intermediario, pueden derivarse derechos y obligaciones jurídico-laborales por concurrir las notas de laboralidad de ajenidad y dependencia, pero la cuestión es saber cuándo estamos ante un arrendamiento civil de servicios o ante una verdadera relación laboral.

En estos supuestos, y más concretamente en el caso de Deliveroo y otras plataformas digitales análogas en el sector del transporte o reparto, es importante realizar un análisis previo para determinar si la relación del transportista o mensajero con la plataforma digital también se puede calificar de laboral, y especialmente qué indicios se deberán tener en cuenta para poder calificar esta relación de laboral o mercantil.

Con carácter general, y existiendo una presunción general de laboralidad en la prestación retribuida de servicios (artículo 8 del Estatuto de los Trabajadores) las notas características de una relación laboral son la voluntariedad, la retribución, el carácter personalísimo del trabajo y, especialmente, la ajenidad y la dependencia en la prestación de servicios, como dice el artículo 1 de dicha norma.



Sin embargo, los conceptos de ajenidad y dependencia son conceptos jurídicos indeterminados y son de un elevado nivel de abstracción, por lo que la dificultad que se plantea en la práctica ante el nuevo fenómeno de la economía colaborativa, y en particular la gig economy, donde el control del empresario se encontrará enormemente atenuado por el uso de las nuevas tecnologías, es determinar cuándo concurren dichas notas de laboralidad siendo necesario para ello realizar exhaustivos exámenes de las circunstancias concurrentes en cada caso concreto, basándonos en una serie de indicios objetivables aplicando el denominado “test de laboralidad”.

Este análisis previo de laboralidad deberá realizarse de una forma global, siendo, en mi opinión, la nota diferencial, no tanto la prestación de un servicio por cuenta de otro ni en la percepción de una remuneración a cambio, rasgos comunes también al arrendamiento civil de servicios, sino el ejercicio de la actividad en situación de dependencia, que supone básicamente que el trabajador “autónomo” no tiene capacidad para organizar su trabajo, prestándolo bajo las órdenes del empleador.



En aquellos supuestos en los que el autónomo, una vez evaluada con cierta confiabilidad la ausencia de laboralidad, prestase sus servicios de forma predominante para una plataforma digital podría ser la aplicación de la figura del TRADE, o trabajador autónomo económicamente dependiente, siempre que, al menos, el 75% de sus ingresos totales provengan de una sola plataforma, que no tengan trabajadores a su cargo, que no subcontraten con terceros la actividad contratada con la plataforma y que dispongan de la infraestructura productiva y los materiales necesarios para el ejercicio de su actividad, sin perjuicio de que en los casos en los que concurran igualmente las notas de ajenidad y dependencia se podrá calificar de laboral la relación entre la plataforma y el TRADE.

De acuerdo con la jurisprudencia dictada hasta el momento, tanto nacional como internacional, y los criterios de la inspección de trabajo (caso Uber y Eslife), entre los indicios relacionados con la nota de dependencia (sujeto al ámbito de organización y dirección del empleador) que se deberán tener en cuenta a los efectos de una posible laboralidad en los trabajos desarrollados a través de plataformas digitales, figurarían los siguientes:

- Existencia de un proceso de selección previo al alta del usuario en la plataforma digital como prestador del servicio y de acuerdo con los criterios de la propietaria de dicha plataforma.

- Libertad del autónomo para aceptar o rechazar el encargo dentro de la plataforma digital donde figura como “disponible” para la prestación del servicio.

- Ausencia de cualquier tipo de organización empresarial de los usuarios (inexistencia de medios humanos y/o materiales de aportación propia para la prestación de los servicios), “quedando inscritos ab initio a la estructura y organización” de la compañía propietaria de la plataforma, siendo irrelevante en ocasiones la aportación del propio vehículo para la prestación del servicio cuando éste no tiene la relevancia suficiente. Sin embargo, se ha admitido esta organización propia cuando el autónomo disponía de tres vehículos asegurados a su nombre y de “ayudantes a su cargo”.

- Asistencia “de un modo regular y continuado” a un lugar determinado por la plataforma para prestar el servicio por parte del usuario, así como la habitualidad o continuidad en la prestación de los servicios.

- Establecimiento de rutas y horarios, si bien se ha llegado a admitir como indicio de ausencia de laboralidad el hecho de a pesar de existir un reparto de zona geográfica, el autónomo-repartidor realizaba el reparto diario a su conveniencia.

- Existencia de códigos de comportamiento, que se puedan exigir a los usuarios para la prestación y calidad del servicio, incorporando criterios para la atención al cliente, vestimenta adecuada, procedimientos a seguir ante incidencias, etc.

- Instrucciones para la ejecución y organización de los servicios de acuerdo con procedimientos preestablecidos por la plataforma.

El desarrollo del trabajo intuito personae, es decir de forma personal y sin posibilidad de sustitución por otros colaboradores o “ayudantes”.

- Sistema de valoraciones del usuario prestador del servicio y posible cese o “desconexión” de la plataforma en caso de evaluación negativa o defectuosa prestación del servicio, pudiéndose equiparar al “despido”.

- Existencia de “algoritmos” para la organización y reparto del trabajo. En el caso de Deliveroo, “Frank” es el algoritmo de inteligencia artificial, de momento utilizado en Londres, para programar los repartos en función del lugar donde se encuentra el restaurante, el rider y el cliente.



En cuanto a la nota de ajenidad (asunción de riesgos y atribución de los frutos de la actividad a la empresa), alguno de los indicios, reveladores de una posible relación laboral, serían la existencia de un sistema de remuneración por los servicios prestados satisfecha directamente a los autónomos a través de la propia plataforma; la fijación por la plataforma de los precios y condiciones de los servicios prestados; o la aportación por las plataformas de los medios materiales necesarios para la prestación de los servicios o incluso de la imagen o marca corporativa.

En los supuestos en los que concurran estos indicios y se califique la relación laboral, el efecto inmediato sería el alta en la seguridad social de los usuarios prestadores de los servicios con todos sus derechos y obligaciones como trabajadores por cuenta ajena, la emisión por parte de la Inspección de Trabajo de actas de sanción y liquidación por las cuotas de cotización a la seguridad social dejadas de ingresar con los correspondientes recargos, y todo ello sin perjuicio del impacto en la reputación de la plataforma derivado de la percepción negativa de los clientes y de la sociedad en general ante un incumplimiento generalizado de la normativa socio-laboral por parte de la plataforma (riesgo reputacional).

Por ello, con carácter previo a la puesta en marcha del modelo de negocio de economía colaborativa se deberá realizar un análisis de riesgos a través de la denominada Previous Labour Due Diligence, incorporando unos check list bien definidos de control y chequeo del modelo de negocio, así como la identificación y evaluación de los concretos riesgos y contingencias laborales y de seguridad social que pudiera plantear la actividad que se pretende poner en marcha desde el punto de vista de la probabilidad de ocurrencia y del impacto en la plataforma.

A modo de conclusión y a la vista de las posibles implicaciones y riesgos laborales que pueden plantear estas nuevas fórmulas de economía colaborativa, se hace imprescindible el establecimiento pautas específicas que contemplen este nuevo fenómeno, con una adecuación de la normativa del trabajo autónomo a esta nueva realidad y de la aprobación, en su caso, de acuerdos de interés profesional para los colectivos de autónomos cuando mantengan la condición de TRADE´s, así como una regulación concreta de las propias condiciones y términos de uso de estas plataformas tanto por los clientes-usuarios como por los propios prestadores de servicios.

(Raúl Rojas, socio de ECIJA)

- Deliveroo cambia su relación con los riders. Y un 70% lo apoya (Cinco Días - 8/9/17)

Los riders siguen trabajando de manera flexible como autónomos

(Por Teresa Álvarez Martín-Nieto)

Desde el pasado mes de junio la compañía Deliveroo ha cambiado su relación con los riders en España. En concreto, a estos se les planteó la posibilidad de elegir entre dos acuerdos de colaboración adaptados a sus necesidades. En ambos casos se mantienen las características de un marco de colaboración en el que los riders trabajan de manera flexible como autónomos.

En concreto, este nuevo marco se distingue por ofrecer a los riders ingresos de entre 3,38 y 4,5 euros por cada pedido. Estos trabajadores no tienen exclusividad y pueden trabajar simultáneamente con varias empresas. A su vez, los riders cuentan con libertad de solicitar a otras personas realizar pedidos en su nombre, así como rechazar aquellos pedidos que no deseen llevar a cabo.

Por su parte, los nuevos modelos presentan diferencias clave. En lo que respecta al acuerdo de proveedor TRADE, este está diseñado para aquellos riders que obtienen al menos el 75% de sus ingresos totales de colaboración y trabajan un máximo de 40 horas semanales.

Este grupo de trabajadores cuenta con la opción de trabajar un 30% más si así lo desean, tal y como establece la ley. De igual modo, y para mantener su estatus como proveedor TRADE, se les da prioridad en las horas que deciden trabajar.

El otro acuerdo, que representa una actualización del hasta hace meses vigente, es más adecuado para los riders que ingresos con Deliveroo representan menos del 75% de ingresos totales.

Alta aceptación

Desde su puesta en marcha, el 72% % de los riders, o lo que es lo mismo, casi 700 colaboradores, se ha adherido a uno de los formatos de este nuevo acuerdo. Adicionalmente, la compañía ha recibido durante el verano más de 180 solicitudes de nuevos colaboradores cada semana.

Del total de riders adheridos al nuevo contrato de colaboración, el 84% trabaja ahora con Deliveroo bajo un acuerdo TRADE, que se propuso para aquellos riders que obtienen más del 75% de sus ingresos con la compañía. El resto colaboran bajo otro acuerdo, más simple y concreto que el anterior, adecuado para aquellos autónomos que trabajan con múltiples plataformas u otras empresas.

- Las parrillas del Tito Paco y otros “nuevos emprendedores” a domicilio (El Confidencial -



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