Paper ¿Es la economía “disruptiva” una fábrica de “camareros”? (El lado oscuro de la economía “colaborativa”) Introducción: la sociopatía de la economía disruptiva



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Alemania: dinero no lo es todo


Si hay una economía de la zona euro que muestra lo difícil que es poner en marcha el crecimiento de los salarios en la era posterior a la crisis, es la más grande de todas: Alemania.

Los trabajadores alemanes tienen más poder de negociación que otros, gracias a un desempleo en mínimos récord y al auge de las exportaciones, pero el crecimiento anual de los salarios desde 2013 sólo ha sido del 2,1%. Los datos del jueves mostraron una inflación de 1,6%.

El sindicato de la industria metalúrgica y electrónica del país, con 3,8 millones de afiliados, pondrá a prueba el estado de ánimo este otoño cuando comience a elaborar demandas salariales.

“El fruto de nuestras exportaciones no se está trasladando adecuadamente a los trabajadores”, comenta Gustav Horn, director de una fundación de investigación vinculada a la Confederación Sindical Alemana. “Aumentar los salarios sería útil para aumentar el poder adquisitivo que luego se traduce en un mayor consumo”.

Si bien el banco central del país dice que el crecimiento salarial debería mejorar el próximo año, Horn ve un problema en la presión a la baja que genera la infrautilización de empleados a los que les gustaría trabajar más más horas, una tendencia creciente.

Alemania también demuestra que el dinero no lo es todo. Más de la mitad de los afiliados al sindicato ferroviario y de transporte decidieron renunciar a un 2,6% de aumento de sueldo a partir del próximo año con el fin de tener seis días más de vacaciones.


Ser pacientes


El bajo nivel de remuneración es, en cierta medida, un fenómeno mundial, incluso en los países con mercados laborales en pleno empleo. Los datos estadounidenses que se conocerán el viernes probablemente refuercen el panorama de aumentos moderados que domina la economía en los países desarrollados, a pesar de una tasa de desempleo de sólo el 4,4% y el noveno año consecutivo de expansión económica.

En el Reino Unido, las cifras del miércoles mostraron que el ingreso real cayó al ritmo más rápido desde agosto de 2014, incluso con el desempleo más bajo en 42 años.

El economista jefe del BCE, Peter Praet, dice que la relación entre el desempleo y los salarios no se ha roto sino que se ha convertido en un proceso más lento que requiere paciencia. Eso es algo que a los sindicatos les resultará difícil escuchar.

“Esta recuperación es diferente”, comenta Martín. “Los trabajadores no quieren arriesgar su empleo, esa es una de las cicatrices que dejó la crisis. La gente ya no hace huelga. Es difícil presionar a las empresas cuando se tiene miedo”.

- España presenta la tercera tasa de empleo más baja de la UE para recién graduados (El Economista - 13/6/17)

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España tiene la tercera tasa de empleo más baja de la Unión Europea (UE) para recién graduados, con un 68%, sólo por delante de la que presentan Italia (52,9%) y Grecia (49,2%), según un informe del Instituto de Estudios Económicos (IEE) a partir de datos de Eurostat.

La tasa española se encuentra diez puntos por debajo del promedio europeo, que se situó a cierre de 2016 en el 78,2%, lejos del 82% que se registraba a comienzo de la crisis y del 75,4% alcanzado en 2013.

Los países europeos que ofrecen la mayor tasa de empleo a los recién graduados, con un nivel educativo mínimo de enseñanza secundaria superior, son Malta (96,6%), Alemania (90,2%) y Países Bajos (90,1%).

Con tasas de entre el 80% y el 88% se encuentran Austria, Suecia, República Checa, Luxemburgo, Hungría, Reino Unido, Dinamarca, Lituania, Letonia, Bélgica y Polonia. Eslovaquia e Irlanda, por su parte, se sitúan en la banda del 79%.

Por debajo del promedio europeo del 78,2% aparecen Finlandia, Estonia, Eslovenia, Portugal, Chipre, Croacia, Bulgaria y Francia, con tasas superiores al 70%, mientras que Rumanía se queda en el 69,3%. Los últimos tres países de la tabla, con las menores tasas de empleo para recién graduados, son España, Italia y Grecia.

- Los antisistema llegarán a ser mayoría (Vozpópuli - 17/7/17)

Probablemente hayamos entrado en la fase más desigual que recordemos, siempre en términos relativos, pero lo más dramático es que la sociedad ya no tiene herramientas para luchar contra ello.

(Por Alejandro Inurrieta)

Los principales ejes económicos del sistema capitalista actual están cada vez más preocupados por el devenir social, a pesar de que las cifras macroeconómicas en las principales economías les sonrían. Sin embargo, el eslabón que se comunica con el activo más miedoso, el dinero, es decir, la banca, ya ha empezado a dibujar un panorama oscuro fruto del fracaso de la inserción de gran parte de la población expulsada tras la última debacle del sistema a partir de 2008. El Credit Suisse ha bautizado el estado de ánimo actual como el de las Sociedades Enfadadas, lo que indica que las señales de alarma ya se han encendido, sin que los gestores públicos y privados que manejan el cuadro de mandos mundial sepan las consecuencias que puede tener si este aparente enfado culminase con algo peor.

Las condiciones objetivas para una revuelta social están dadas, aunque algunos mecanismos internos de solidaridad intergeneracional están retrasando el estallido. El intento por convencer a gran parte de la población que ya hemos salido de la crisis y que el crecimiento ha llegado para quedarse no ha cuajado, máxime si gran parte de esta población apenas ha visto mejorada su situación. El ejemplo español es palmario.

La propaganda de la salida de la crisis no ha calado, a pesar del descenso en la tasa de ahorro precaución.

España se vende en los foros internacionales como el gran milagro, tras encadenar 15 trimestres consecutivos de supuesto crecimiento del PIB, muchos sabemos el déficit estadístico que nadie quiere revertir, pero nunca enseñan la diapositiva en la que se muestran las miserias de los afectados por la gran recesión que nos asola. Pensionistas que ya no verán mejorar su poder adquisitivo de forma estructural, jóvenes que se mantendrán en el mercado laboral a base de contratos basura y con sueldos miserables, incapacidad de poder emanciparse, salvo compartiendo una habitación, mayores de 45 años que nunca más volverán a trabajar, en suma, toda una generación que, por primera vez en la reciente historia, vivirán mucho peor que sus padres. Cada vez hay más hogares que saben y sufren que el crecimiento ya no es sinónimo de prosperidad.

Los más audaces siguen apostando que esta situación es la lógica tras el enorme socavón que supuso la crisis de 2008 y que el mecanismo autorregulador del sistema equilibrará la situación, transfiriendo parte del excedente empresarial a los asalariados, casi por arte de magia.

Los incautos también celebran como algo muy positivo que la tasa de ahorro sobre renta disponible haya marcado un mínimo desde 2009, el 7%, lo que demostraría que las clases medias y bajas se habrían quitado el corsé del ahorro precaución, porque ahora ya les sonríe otra vez la tarjeta de crédito y el crédito al consumo. Eso sí, en un país donde el 60% de la población no puede ahorrar y cuyas familias se han desapalancado casi 20 pp de PIB desde 2009.

Los portales inmobiliarios han fechado el fin de la crisis inmobiliaria y la vuelta a la compra de viviendas, aunque la estrella ahora sea el alquiler, y dentro de éste, el compartido por obligación, que es lo que ahora ha bautizado el grupo Prisa como el boom de la economía colaborativa dentro del auge del emprendimiento. Las nuevas generaciones saben que trabajarán a tiempo parcial por imposición y consumirán todo compartido, también por imperativo de la nueva economía, mal llamada colaborativa.

El primer efecto de esta nueva realidad social es que, tras abominar de la compra de una vivienda, y para parecernos al resto de Europa, los españoles se lanzaron a alquilar viviendas, pero la pericia de los propietarios ha logrado que los precios crezcan de forma exponencial, y que zulos sin ascensor de 35 metros cuadrados se alquilen por más de 1.000 €/mes en grandes ciudades como Madrid y Barcelona.

Por supuesto, los puristas del sistema argumentan que esto es solo un problema de oferta y demanda y que si se alquilan a ese precio es que hay renta suficiente, y que es una señal de la salida de la crisis. Este es el precio de no tener una política social de vivienda que incluya control de rentas, como en Alemania o Francia.

Pero en todo este proceso de autobombo hay eslabones que no encajan. ¿Por qué si la renta ya es la misma que antes de 2008, no se ha recuperado todo el empleo y las horas trabajadas? Si en 2011 el sistema de la Seguridad Social estaba en equilibrio, ¿por qué ahora presenta un déficit estructural del 1,5% del PIB? Si el empleo crece a tasas del 3,5%, ¿por qué los salarios netos de horas trabajadas e inflación caen casi un 6%? La pregunta tal vez más difícil de contestar es si tras la euforia desatada por el turismo, ¿cómo es posible que en la hostelería y la agricultura se sigan dando los casos de esclavitud, como el de las camareras de piso o los temporeros? Y si todo esto es poco, ¿por qué las cifras de pobreza relativa de organismos como Cáritas siguen empeorando?

Todas estas dudas metafísicas son las que gobiernos y economistas lúcidos, que los hay, deberían ser capaces de contestar a la ciudadanía y así poder revertir el estado de ánimo que muestran las encuestas. Los más militantes aducen que la eclosión del turismo nacional, aunque más de un 60% de la población no puede coger una semana de vacaciones al año, es la mejor señal que la crisis ya ha pasado, y que los ciudadanos ya no tienen miedo a gastar, como lo prueba el barómetro de las cuentas financieras recientemente publicadas.



El gran problema sigue siendo el uso torticero y parcial de las estadísticas. Siempre hay datos o fuentes alternativas que demuestran lo contrario a la situación social actual, fruto de la maraña de series estadísticas, de dudosa calidad y fiabilidad, siendo los salarios y los precios de la vivienda los exponentes más claros. Por ello es tan urgente acometer una profunda remodelación del INE y ponerlo al mismo nivel que los institutos internacionales, como puede ser la BLS americana, cuyas cifras nadie discute. A falta de datos reales, objetivos, y sobre todo recientes y actualizados, la realidad social nos la tiene que contar sus protagonistas, casi de viva voz.

Probablemente hayamos entrado en la fase más desigual que recordemos, siempre en términos relativos, pero lo más dramático es que la sociedad ya no tiene herramientas para luchar contra ello. Las últimas reformas laborales, las de Zapatero y Rajoy, han logrado que la negociación colectiva prácticamente desaparezca de facto, que no de iure, lo que se ha logrado vender como revulsivo para poder crear empleo con bajas tasas de crecimiento. La vieja idea que España no crecía ni exportaba por la rigidez laboral y los elevados costes laborales ya es historia. Ahora nos queremos parecer a Alemania que exporta y apenas consume dentro, casi lo mismo que nosotros.

Por todo ello, no parece sorprender que surjan movimientos extraparlamentarios que compensen la inacción del ejecutivo y el legislativo. La democracia parlamentaria es útil siempre que esté pegada al terreno y tenga los mecanismos suficientes para revertir externalidades negativas de la avaricia del capital, como es el caso que nos ocupa. Las mayorías silenciosas, porque muy combativas ya no son, pueden irse abriendo camino hasta reventar el maltrecho pacto social que la vieja socialdemocracia firmó a finales de la II Guerra Mundial. No se trata de revanchismo, sino de restablecer la regla de oro que nos ha perseguido desde que tenemos uso de razón: que nuestros hijos vivan mejor que nosotros. Si no es así, veremos a pensionistas trayendo nuestras pizzas de Deliveroo, nuestra habitación en casa paterna y materna alquilada para pagar la dentadura, los temporeros cogiendo lechugas a 2cts/euro y las camareras de piso limpiando nuestras habitaciones de Benidorm a 2euros. Todo eso será parte del milagro de crecer quince trimestres consecutivos, ahora al 3,5%. Financiamos el crecimiento con desigualdad.

- De los “paquetes de horas” a no poder irte de tu empresa: las 2 nuevas tendencias laborales (El Confidencial - 25/7/17)

Idaho ha aprobado una ley que hace mucho más difícil que un empleado pueda marcharse a otra firma. Es otro más de los cambios que tendremos que ver en el mundo del trabajo

(Por Esteban Hernández)



El mundo laboral está tomando una extraña deriva, impulsada en gran medida por la aparición de compañías ligadas a la tecnología, como Uber, Amazon, Deliveroo o Airbnb. Pero estas no son las únicas formas en las que el mercado laboral está cambiando. La palabra más usada en los últimos tiempos en el management es VUCA, acrónimo de volatilidad, incertidumbre (“uncertainty” en inglés), complejidad y ambigüedad. Con ese término se quiere reflejar una realidad, la del mundo en el que nos movemos, que genera obvias consecuencias en el entorno del empleo. Nos obliga, más que nunca, a prepararnos, a ser más flexibles, a estar esperando siempre la disrupción. Es otra manera de decir que las cosas se están poniendo difíciles, pero que si nos responsabilizamos de nuestro destino, si somos capaces de anticipar lo que viene, todo estará en nuestras manos. Es un mundo complejo, lleno de riesgos pero también de oportunidades, y quien sepa intuir la dirección correcta saldrá muy beneficiado.

Este contexto, nos aseguran, conducirá a formas más flexibles de relación laboral. A partir de ahora, la mayoría de los empleados nos convertiremos en “slashers”, es decir, en “trabajadores independientes que no se atan a una sola compañía y cuya trayectoria está compuesta por multitud de proyectos”. Los profesionales deben convertirse en un producto o servicio que las empresas deseen contratar. Así, “el mercado laboral avanza hacia un modelo más independiente y flexible. El contrato indefinido de las ocho horas irá desapareciendo y se pasará a contratar a los profesionales por paquetes de horas. A partir de ahora, los profesionales deben ser capaces de crear su propio puesto de trabajo”.

Estas leyes ya no sirven



Esta distribución del tiempo laboral encaja bastante bien con las necesidades de las nuevas compañías, con un trabajador que se mueve por proyectos, que dedica horas a diferentes empleos, y que está siempre activo y dispuesto. La uberización del trabajo es, en síntesis, esto, y es el modelo hacia el que se trata de empujar a los sistemas legales occidentales.

Como nos adentramos en un nuevo contexto, el de la cuarta revolución industrial, las normas que habíamos utilizado hasta la fecha ya no son útiles, nos dicen, porque entorpecen el desarrollo individual, ponen trabas al crecimiento y no sirven para aumentar la productividad. Son reglas que se oponen al talento. Y será mucho mejor que quienes saben moverse en el nuevo mundo tengan la oportunidad de elegir dónde quieren ir, cuánto tiempo de su vida dedican al trabajo y qué remuneración quieren conseguir. En este orden, el mercado laboral sin trabajo fijo, donde todos seamos autónomos y veamos en qué empleamos nuestro paquete de horas es el idóneo. ¿Correcto? Pues no.

El caso Idaho

Y no porque se entienda que este tipo de reorganización del mercado laboral es poco ética, fragiliza a la sociedad, aumenta la desigualdad o consideraciones similares. El problema es otro, como nos recuerdan los legisladores de Idaho, que han puesto en marcha un sistema legal que hace muy difícil a los empleados marcharse a otra empresa simplemente porque les paguen más o les ofrezcan mejores condiciones laborales. Las “cláusulas de no competencia”, que impiden a los trabajadores marcharse a otra compañía del sector, se han instaurado como norma en el Estado norteamericano, y no afectan sólo a empleados clave, a aquellos que cuentan con mayor responsabilidad y salarios estrella, sino a la totalidad de los trabajadores, según explica “The New York Times”.

El motivo que lleva a adoptar esta legislación es descrito por Alex LaBeau, presidente de la Asociación de Comercio e Industria de Idaho, el colectivo que representa a las empresas de ese Estado: “Las compañías tratan de proteger sus activos en un mercado competitivo”.

La jerga legal

Pero no se trata únicamente de una normativa que opera a nivel local, sino de una tendencia que se está extendiendo mucho más allá de Idaho. Aunque hay Estados cuyas leyes favorecen el cambio de empresas prohibiendo estas cláusulas, lo cierto es que uno de cada cinco trabajadores estadounidenses, sean ejecutivos o peluqueros, ha firmado un contrato que la contiene. Y a menudo sin que los empleados sean conscientes, porque suelen estar sepultadas bajo un montón de jerga legal que pocas personas pueden entender.

Es, por tanto, un contexto contradictorio porque por una parte se nos señala que debemos convertirnos en autónomos, buscar distintas opciones laborales y hacernos atractivos a los ojos de diferentes empleadores que puedan contratar nuestros “paquete de horas”, y por otra se insiste en que, para proteger sus activos, las compañías están obligadas a prevenir el cambio de empresa de los trabajadores que sí tienen un contrato. O quizá no lo sea tanto, y bajo esta retórica de los nuevos modelos de negocio y de la incertidumbre no exista más que la intención que describía Eric Peters, jefe de inversiones del hedge fund One River, la de “reducir los salarios a niveles de subsistencia”.



Un autónomo sale bastante más barato porque asume muchos costes derivados de la actividad y porque no cobra indemnización alguna si se prescinde de él, y un empleado sujeto a un pacto de no competencia se queda sin el instrumento más utilizado hoy para aumentar su salario: marcharse a otra empresa (o conseguir que, fruto de esa oferta, la compañía en la que trabaja acceda a subirle el sueldo). Lo mismo soy un malpensado y existe una clara intención de que nos adaptemos a contextos cambiantes, de que nos preparemos para la cuarta revolución industrial y que nos pongamos a la altura de los tiempos, pero francamente, todo suena a “vamos a reducir costes”.

- ¿Por qué “vivimos colonizados” por algoritmos y cómo la élite tecnológica se aprovecha de ello? (BBCMundo - 27/7/17)



2017. Era digital. Los algoritmos han colonizado nuestras vidas.

Puede que esta visión suene algo derrotista, pero Adam Greenfield, un reconocido escritor estadounidense y crítico futurista, asegura que es la mejor manera de describir los tiempos que vivimos.

Para Greenfield, nuestra vida diaria ha sido colonizada por algoritmos que procesan nuestra información. Y muchas veces ni siquiera somos conscientes de ello.

En su último libro, “Radical Technologies”, publicado en junio, analiza una sociedad adicta a los celulares, absorta en pantallas brillantes, y enganchada a juegos de realidad aumentada y a todo de tipo de aplicaciones que se alimentan de datos personales.

Una sociedad en la que cada vez hay más accidentes peatonales, más fotos y mensajes en redes sociales, y más anuncios personalizados.

Y las principales favorecidas, según Greenfield, son las grandes corporaciones y sus millonarios propietarios, que se ven favorecidos por nuestro propio comportamiento y nuestra complicidad con un sistema dominado por algoritmos.

Un ejemplo, asegura, son los juegos que usan miles de personas a través del celular.

“Los diseñadores de juegos y de otras experiencias virtuales lo han hecho muy bien a la hora de engañar nuestros sistemas neuronales, haciéndonos sentir que nuestra realización personal está en el próximo clic, en la próxima pantalla, en el próximo like”, le cuenta el escritor a la BBC.

“Pero esto no se hace de forma neutral; siempre hay algún tipo de incentivo financiero para capturar nuestra atención hasta ese punto. Y creo que esto es algo de lo que la gente debería ser consciente”.



Greenfield asegura que se impacta al observarlo día tras día.

“Cuando voy en el autobús y miro a mi alrededor, en torno a un 75% de la gente que me rodea está usando el smartphone y muchos de ellos están jugando a juegos, moviéndose nerviosamente”, cuenta.

“Si prestas atención, empiezas a percibir el mundo a través de diferentes lentes. Y a veces es inquietante y muy desconcertante”.

Utopismo tecnológico



Greenfield advierte que es importante no caer en un “utopismo tecnológico”; esa idea de que los celulares y otros dispositivos y tecnologías digitales incrementarán nuestra libertad personal y nos liberarán de las élites burocráticas.

Según el autor, la situación es preocupante.

“Algunas personas, como mi pareja, usan el acceso a esa información para aprender o investigar sobre cosas que le interesan -la historia de Afganistán y las invasiones mongolas- pero ella es una excepción. La mayoría de la gente juega a Candy Crush”.

Pero ¿es eso tan malo, si es lo que quieren hacer?

“Bueno, no soy yo quien debe juzgar eso. Pero no es como lo elijo gastar mi tiempo”, responde. “Hay demasiadas grandes instituciones interesadas en la idea de simplificar la manera en que vivimos. Y es muy difícil para nosotros, como individuos, contrarrestar eso”.

“Es muy difícil para cualquier decir: “NO quiero tener un smartphone. NO quiero tener estos aparatos en mi casa”. Puedes hacer esas elecciones como individuo, pero no evitarán el efecto de los algoritmos o las políticas públicas en torno a ellos, o que los bancos decidan extender tu crédito o no de acuerdo con ellos...”, lamenta.

“No podemos excluirnos de estos procesos ni cambiar cómo afectan a la sociedad. Si no nos gusta cómo pinta este futuro, tiene que haber una acción colectiva. Es lo único que podría cambiarlo”.

El valor de los datos



Greenfiled también habla en su libro sobre los datos que las grandes empresas acumulan de los ciudadanos en su propio beneficio.

“Hay valor en esos datos y casi nunca se devuelve a quien los genera”, dice Greenfield.

“Hay terceras partes involucradas que le ofrecen algo a la gente, por supuesto; ciertas formas de placer, de facilitarles la vida, conveniencia... pero lo que obtenemos a cambio no es tanto como debería ser”.

La tecnología, explica Greenfield, nos promete una trascendencia en nuestra vida. Pero él no cree que debamos hacerle caso.

“Personalmente, no estoy interesado en ese concepto de trascendencia. Cuando invertimos en trascendencia, nos olvidamos de invertir en lo normal, en lo cotidiano”.

El escritor asegura que “cuanto más perfecta es la realidad virtual, menos atención prestamos al significado del día a día”.

“Yo no creo que la tecnología tenga que superar al hombre. Tengo una visión bastante diferente, una tradición que sostiene que ya tenemos todo lo que necesitamos y que todo ello ya está ante nuestros ojos”, asegura.

“Tan sólo necesitamos tiempo para poder apreciarlo”.

- Saben quién eres, qué haces y cómo sacarte dinero (El Confidencial - 28/7/17)



Saben quiénes somos, nuestra edad, sexo y gustos, saben quiénes son nuestros familiares y conocidos, donde estamos, donde hemos estado y donde iremos

(Por Javier Molina)



Nuestros datos son la nueva forma de pagar por el contenido que utilizamos en internet. Sin darnos muchas veces cuenta, el acceso a esa web de información, aplicación de fotos o red social que nos parece gratuito, tiene una contraprestación que esa entidad proveedora se encarga de explotar. El big data y su versión “en bruto” del Data Lake, habitan en cada acción que llevamos a cabo en la red. Saben quiénes somos, nuestra edad, sexo y gustos, saben quiénes son nuestros familiares y conocidos, donde estamos, donde hemos estado y donde iremos, saben si has iniciado o roto una relación sentimental, si estás embarazada o que mascota tienes y como se llama. Conocen perfectamente que marcas te gustan, las tiendas que visitas y si estás buscando trabajo. En mi caso, hasta saben que soy del Mallorca pese a que hemos bajado a los infiernos.
Por ejemplo, el fabricante de los robots aspiradores del modelo Roomba, quieren vender y según parece ya venden sus datos. Y no solo a empresas como Amazon o Google, sino a todo tipo de compañías como fabricantes de aparatos de música (que podrán ofrecerle la solución correcta del equipo y potencia necesaria, así como la colocación optima de los altavoces en su casa) hasta empresas de iluminación que podrán saber los puntos de luz necesarios para lograr la mejor ambientación de cada uno de los espacios de su hogar.
Para que tenga una clara idea de las fuentes de datos que las organizaciones piensan serán de mayor utilidad, Statista realizó una encuesta entre ejecutivos con estos resultados esclarecedores.
gráfico 1 statistaGráfico 1 Statista

Lo quiera o no, ya saben todo de usted y por diferentes medios. Da igual que borre las cookies, que utilice el portal de borrado digital www.deseat.me o que limpie su rastro de navegación. Sacarán el máximo partido posible a sus datos pues el big data es un recurso habitual en todo tipo de sectores desde hace ya varios años.

gráfico 2 statistaGráfico 2 Statista

Pero, de otro lado y volviendo a los mercados, esta información personal digital creada por y sobre la gente a los que ya muchos consideramos como un nuevo activo (asset class), está creando una oportunidad de negocio que varias empresas están aprovechando.


Estas compañías colectoras de datos, que utilizan sus tuits, mails, fotos, llamadas, visitas en la web, sus acciones en Facebook como dar un “me gusta”, son capaces de sacar su perfil, gustos y deseos actuales y futuros para poder monetizarlos. Del mismo modo, los gobiernos pueden utilizar esa información recolectada para mejorar ciertos servicios públicos y usted, gran aportador de datos gratuitos, no hace nada pues sigue revisando su correo gratis, leyendo las noticias sin coste o visionando el último vídeo en Youtube cuyo link subieron a Facebook. Se trata de utilizar su información personal en un momento en que todos y todo está conectado a la red en tiempo real.
Aquí las oportunidades van desde la empresa que quiere atacar a su público objetivo claramente segmentado e identificado utilizando datos, hasta compañías que proveen del software necesario para la gestión de esa información. Salesforce (CRM) por ejemplo es líder en la gestión de información de clientes y en computación en la nube, Tableau (DATA) provee de software para que se puedan entender y utilizar datos correctamente. Splunk (SPLK) es una plataforma de software avanzada de análisis. IBM, SAP, SAS o Teredata son también ejemplos de empresas en esta parte del negocio. Tras estos casos de proveedores de plataformas, se puede también invertir en los fabricantes como IBM, Oracle o HP. De otro lado, Amazon es el claro ejemplo de cómo potenciar el negocio para vender más, colocando el uso de datos en el centro de todo lo que hace y el impacto en su cotización ya lo conoce. Facebook es otro claro ejemplo.
En estos gráficos de Statista vemos los ingresos por big data en todo el mundo y las previsiones sobre el tamaño del mercado.

gráfico 3 statistaGráfico 3 Statista

gráfico 4 statistaGráfico 4 Statista

Así las cosas, mientras algunos indican que hay que añadir el big data al capital, tierra y trabajo como factores de producción, el protocolo bitcoin puede cambiar la forma en la que se utiliza nuestra información. Esa es mi apuesta. Se llegará al momento en que, como proveedores de datos que somos, cobraremos en formato micropagos por cada aporte a la red que hagamos. Desde recibir dinero por subir fotos a Instagram, hasta por utilizar youtube para que se visionen nuestros vídeos o compartir un artículo en Linkedin. Y será el consumidor de esos datos el que pague por ello. Imagine el caso de una foto que hacemos y subimos sobre decoración.


Cuando alguien pinche para verla, éste enviará un micropago (bitcoin permite hasta 8 decimales) al fotógrafo, al decorador y al dueño de la casa (por ejemplo). De esta forma, consumidor y proveedor de datos se incentivan y retribuyen mutuamente. Es la monetización que vendrá y donde el bitcoin tiene mucho que aportar fuera de la especulación a la que le han acostumbrado. Al final, se trata de recuperar la privacidad y dominio de nuestros datos mientras, de paso, invertimos la ecuación y recibimos dinero por ello.
- La precariedad laboral no es solo patrimonio español (Vozpópuli - 4/8/17)

(…)


No hace mucho, el Parlamento Europeo publicó un informe donde se reflexionaba, en base a una gran cantidad de información, sobre el problema de la precarización del empleo en Europa. Lo que en dicho informe se observa es que el problema de la precarización del empleo no solo se circunscribe al ámbito español. Así, en el gráfico que les muestro a continuación pueden observar los niveles de precariedad para un grupo de países en los años 2008 y 2016 (publicado por la OIT y definido como time-related underemployment). Pueden comprobar que existe una línea diagonal que corta en dos partes similares el cuadrado donde se representan los datos. Si el punto se sitúa en la parte superior significa que la precariedad laboral era mayor en 2016 que en 2008 en el país correspondiente. Lo que se observa es que esta precariedad ha aumentado en gran parte de los países representados. España es solo un caso más de una tendencia global.

fig5

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¿Qué está provocando este aumento de la precariedad? Aún es pronto para saberlo con seguridad por lo que hace falta investigación. Pero es evidente que existen candidatos que habrán pasado ya por su cabeza. En primer lugar, la propia crisis, qué duda cabe, que ha golpeado con especial virulencia a aquellos más expuestos a ella. Su salida del mercado de trabajo ha sido de tal intensidad que su vuelta está siendo posible sólo con enormes sacrificios. Bajos salarios de reentrada, larga duración en el desempleo, escasa cualificación para optar a empleos “dignos” de condiciones laborales deseables.

Sin embargo, y a pesar de la importancia de esta explicación, se señalan además otras posibles más “estructurales”. Así, y como muestran para algunos países algunos estudios, la polarización del empleo con una cada vez mayor participación de empleos en servicios de bajos salarios o, en tercer lugar, el propio cambio tecnológico. Un informe reciente de McKinsey muestra que un porcentaje elevado de nuevos trabajadores, en concreto en España este porcentaje es superior al de otros países, están migrando hacia actividades o empleos por cuenta propia (muchos de ellos falsos autónomos) por necesidad y por la eventualidad de obtener sus ingresos principales. Este mismo informe revela que dichos ingresos son menores en media que los del resto de los ocupados. En particular, esta tendencia, en parte motivada por la cada vez mayor “uberización” de la economía, puede dar a resultas un grupo cada vez mayor de empleados precarizados. Por último, y retornando al informe del Parlamento Europeo, la desregulación laboral puede estar intensificando este hecho, y que como he adelantado, no es posible desdeñar.

En resumen, la precariedad laboral ha aumentado con la recuperación. Esta precariedad está siendo especialmente intensa entre aquellos trabajadores con dificultades de relanzar su vida laboral. Y aunque esta pueda resultar de determinados cambios normativos o por la incidencia de la propia crisis, existe evidencia de que las razones puedan ser también menos coyunturales y más estructurales, más globales. Esto debe llevarnos a tratar de comprender bien lo que sucede, pues solo así será posible proponer soluciones adecuadas y eficientes.

- España lidera el crecimiento de “ninis” en Europa (Cinco Días - 11/8/17)

(Por Raquel Pascual Cortés)

Solo Chipre experimenta un mayor aumento del colectivo en entre 2006 y 2016

Uno de cada cinco jóvenes españoles de entre 20 y 24 años ni estudia ni trabaja

españa lidera el crecimiento de \'ninis\' en europa

España ostenta el nada honroso título de ser el segundo país de la Unión Europea donde más ha crecido el colectivo de jóvenes que ni estudia ni trabaja -conocidos como ninis- entre 2006 y 2016. En este periodo este grupo ha crecido ocho puntos porcentuales pasando del 13,2 al 21,2%, De esta forma, uno de cada cinco jóvenes tiene esta categoría, según datos facilitados hoy por la oficina de estadísticas europea (Eurostat).

Solo en Chipre los ninis han crecido más que en España durante los años citados (del 9% al 22,7%). Si bien, en términos absolutos, Italia es, con diferencia, el país europeo con más proporción de ninis, casi uno de cada tres jóvenes de entre 20 y 24 años lo es (un 29,1%).

No obstante, esta no es la tónica en toda la UE, también hay un buen número de Estados miembros dónde los ninis han disminuido entre 2006 y 2016. Bulgaria, a pesar de estar entre los países con más ninis (el 22,7%) es el país que más ha recortado el colectivo en el tiempo analizado (6,6 puntos porcentuales menos). En el descenso del número de ninis le siguen Alemania, Polonia y Suecia.

En total, Eurostat ha certificado hoy que en volumen de ninis se incrementa notablemente con la edad: mientras que en el grupo de jóvenes de entre 15 y 19 años solo un 6,1% ni estudia ni trabaja, los ninis llegan a ser casi el 19% entre aquellos que tienen entre 25 y 29 años.

Expansión

España fue el segundo país de la Unión Europea en el que más creció durante la última década el número de jóvenes de entre 20 y 24 años que ni estudian ni trabajan, con un incremento de 8 puntos porcentuales, que ha elevado la tasa de “ninis” en esa edad hasta el 21,2% en 2016, según los datos publicados este viernes por Eurostat

Se trata del segundo mayor aumento del bloque comunitario entre 2006 y 2016, sólo superado por el registrado en Chipre (de 9 puntos) y por delante de Italia (7,5), Irlanda (5,1%), Rumanía (4,7), Portugal (4,6%) y Reino Unido (4,2).

Por contra, el porcentaje de jóvenes que no estudian ni trabajan ha descendido durante la última década en doce Estados miembros. Bulgaria es el país con una mayor caída (6,6 puntos menos), seguido de Alemania (-5,5), Polonia (-3,6) y Eslovaquia y Suecia (-3,4).

En el conjunto de la UE hay casi cinco millones de jóvenes de entre 20 y 24 años que ni estudian ni trabajan, que representan el 16,7% del total. La tasa se reduce hasta el 6,1% entre los jóvenes con entre 15 y 19 años y se incrementa hasta el 18,8% para aquellos con una edad comprendida entre los 25 y los 29 años.

El país europeo con una mayor proporción de jóvenes 'ninis' entre 20 y 24 años es Italia, con un 29,1%, seguido de Rumanía (23,6%) y Grecia (23%). Tras ellos se sitúan Bulgaria y Chipre (un 22,7% cada uno) y España, que ocupa la sexta posición con un porcentaje del 21,2%.

- Cómo la visión utópica de Silicon Valley puede estar llevando al mundo al capitalismo brutal (BBCMundo - 13/8/17)

(Por Jamie Bartlett, escritor de tecnología)

Los dioses de la tecnología nos están vendiendo a todos un futuro más brillante.

“Somos una comunidad global”, dicen.

“Con la tecnología en nuestros bolsillos, podemos recuperar nuestras ciudades”, prometen.

“No queremos ser parte del problema. Somos y seguiremos siendo parte de la solución”, aseguran.

Pero la promesa de Silicon Valley de construir un mundo mejor se basa en desgarrar al que tenemos de hoy.

Ese desgarramiento es lo que llaman disrupción y a quienes la hacen se llaman disruptores, aunque la palabra no esté en la Real Academia de la Lengua.

La esperanza



De cerca, Silicon Valley se ve muy normal. Incluso un toque aburrido. ¿Qué es lo que hace de ese lugar una fuerza de cambio en todas nuestras vidas?

Probablemente un buen lugar para buscar la respuesta es Rainbow Mansion, o Mansión Arcoíris, “una comunidad intencional de personas que trabajan para optimizar la galaxia”.

La mansión es el hogar de un montón de nómadas globales que han llegado a Silicon Valley para realizar sus sueños.

Por toda la casa hay gente trabajando para resolver alguno de los problemas más apremiantes del mundo.

“Estoy tratando de hacer la conversión de CO2 mediante la energía ultravioleta del Sol. Así se puede revertir el cambio climático... Químicamente, es totalmente posible”, dice uno de los chicos.

“Nuestra hamburguesa hecha de plantas, utiliza una pequeña fracción de la tierra, el agua y las emisiones de gases de efecto invernadero que una hamburguesa tradicional”, cuenta entusiasmada una chica”.



“Somos exploradores, estamos descubriendo nuevos mundos”, asegura otro.

Bill Hunt, en contraste, es un veterano: ya creó cinco empresas que vendió por US$ 500 millones. ¿Qué piensa él de la actitud de quienes acuden a Rainbow Mansion?



“Hay una mentalidad aquí que está muy centrada en la disrupción”.

Ahí está. La idea más potente en la ideología del Silicon Valley. Ruptura.

“Se trata de pensar: ¿cómo nos deshacemos de esta industria o arquitectura o sistema anterior y encontramos una nueva y mejor forma de hacerlo?”.

Rainbow Mansion recoge el sueño de Silicon Valley: la idea de que armado con un poco de tecnología y un pensamiento realmente puedes cambiar el mundo, mejorar radicalmente la vida de millones de personas.



Y los dioses tecnológicos la profesan con el mismo fervor: perturbar significa cambiar, y todo suena a esperanza.

Pero detrás de los ideales que apuntalan la disrupción alentada por Silicon Valley hay una realidad empresarial más tradicional.

Dinero duro y frío



Los start-ups llegan a Silicon Valley atraídos por otra gran industria: la del capital de riesgo.

Los financieros apuestan miles de millones de dólares en empresas jóvenes con la esperanza de encontrar otro Facebook o Google.

Pero la inversión tiene una consecuencia.



Los fundadores de las dos start-up más valiosos, Airbnb y Uber, han atraído miles de millones de dólares de capital de riesgo, a pesar de que Airbnb acaba de comenzar a obtener ganancias y Uber ha estado perdiendo miles de millones de dólares.

Quizás más que beneficios, los capitalistas de riesgo quieren ver el potencial de ganancias y eso crea una gran presión sobre estas empresas.

Tienen que demostrar que siempre están creciendo. La mantra de los start-up es aumentar el número de clientes.

Pero, ¿qué implica eso para la misión de Silicon Valley construir un mundo mejor?

El caso de Uber

Uber es la compañía de tecnología que ha recaudado más dinero de todas: más de US$ 16.000 millones.

No es una compañía de taxis. Es un nuevo tipo de red de transporte.

Tiene apenas ocho años y ya opera en más de 450 ciudades en 76 países.

¿Cuál es la verdad sobre el tipo de mundo que Uber está construyendo?

Una visión

“La visión es dejar de lado la idea de que todo el mundo necesita conducir su propio auto donde quiera que vaya”, señala Andrew Salzberg es el director de transporte de Uber.

“En sitios como Estados Unidos la abrumadora mayoría de los viajes son hechos por personas que conducen su propio coche, y eso tiene muchas consecuencias. No sólo en términos del número de vehículos que necesitan poseer, sino en la manera en que se diseñan las ciudades, la cantidad de fatalidades, el impacto ambiental”.

Una expresión pura de la utopía de Silicon Valley.

¿Se trata de una empresa lucrativa o de una misión social?

“Obviamente estamos aquí para ganar dinero como un negocio privado. Pero a medida que empiezas a entrar en diferentes lugares y cambias la manera en que la gente usa los vehículos, entonces haces posible lo otro”.

Una realidad

En todo el mundo, los taxistas tradicionales han protestado contra Uber por subcotizar sus precios.

Es una disrupción clásica de Silicon Valley: destruir industrias tradicionales proporcionando una alternativa popular y barata.

Pero el costo social de esta disrupción va mucho más allá.

India es el hogar de más de mil millones de personas y el principal objetivo de Uber para su expansión global.

En Hyderabad se pueden ver las consecuencias humanas de la disrupción hecha en San Francisco.

Uber llegó prometiendo un nuevo tipo de trabajo flexible, que empodera a los conductores.

Sin ganancias y bajo una enorme presión de crecer para hacerle frente a un fuerte rival local, Uber publicó anuncios en vallas publicitarias y en la prensa, prometiéndoles a los conductores hasta US$1.400 al mes, unas cuatro veces lo que normalmente ganaban.

Como en India no muchos tienen auto, especialmente los posibles conductores de Uber, la compañía ofreció ayuda para obtener préstamos para comprar coches nuevos.

Así, el número de conductores fue aumentando pero el número de clientes no, por lo que las ganancias cayeron.

Y como ya no necesitaba tanto a los conductores, la compañía recortó los incentivos.

Para algunas familias, la vida cambió completamente después de que la promesa de Uber se convirtió en una pesadilla.

Mohammed Zaheer trabajó como taxista. Cuando Uber llegó a India se entusiasmó. Tomó un préstamo de unos US$ 11.000 para comprar un auto, pero poco después sus ganancias bajaron, como les ocurrió a muchos otros.

En 2015, Mohammed participó en una huelga de conductores de Uber por la caída de las ganancias.

Poco después se suicidó. Su cuerpo fue llevado a las oficinas de Uber. La compañía no respondió.

Otros dos conductores de Uber se han suicidado en Hyderabad.

Un ex ejecutivo de Uber que habló con la BBC en condición de anonimato, aceptó que “los conductores fueron engañados”, pues no les advirtieron que sus salarios e incentivos podrían cambiar.

“Eso es realmente lo que le causó tanto dolor a mucha gente”, agregó.

El mantra de Silicon Valley es que la disrupción siempre es buena. Que con los teléfonos inteligentes y la tecnología digital, se pueden crear servicios más eficientes, más cómodos y rápidos. Y que todo el mundo gana con eso.

Pero detrás de esa aplicación maravillosamente diseñada o de esa impecable plataforma, se está desarrollando una forma brutal de capitalismo que está dejando fuera a algunos de los sectores más pobres de la sociedad.

En una declaración, Uber dijo que su corazón estaba con Noorjahan y su familia. Que apoyó la investigación de las autoridades sobre este caso y continuará haciéndolo si así lo solicitan.

Aseguró que los conductores son la esencia de lo que hacen y que están comprometidos con mejorar su experiencia. Y que en India, está actuando de acuerdo a las lecciones aprendidas.

De vuelta en Silicon Valley



Los titanes tecnológicos han logrado persuadirnos de que no son como otras empresas, como las petroleras, los bancos o las grandes farmacéuticas, a las que sólo les importa el beneficio económico.

A las de Silicon Valley, en cambio, las inspira el propósito social de mejorar el mundo.

Los fundadores de Airbnb, por ejemplo, están conectando el mundo, no simplemente permitiendo que la gente ponga avisos para arrendar habitaciones.

Airbnb es un gigante mundial, valorado en alrededor de US$ 31.000 millones, pero no se ve como un gran negocio.

Una visión

En la sede mundial de la firma en San Francisco, Chris Lehane, quien era conocido como “el maestro del desastre” por su manejo de escándalos como el del ex presidente de EEUU Bill Clinton con Monica Lewinsky, le explicó a la BBC su visión.

“Nos gusta pensar que somos un tipo diferente de empresa. La idea inicial de los fundadores fue que podías hacer dinero con lo que normalmente es tu mayor gasto: tu vivienda y eso sigue siendo cierto hoy en día”.



“Más de la mitad de las personas que están en la plataforma son personas de ingresos bajos a moderados que la utilizan para cubrir los gastos básicos”.

“La visión de nuestros fundadores era poder usar la plataforma para conectar a la gente con la gente”.

“En el mundo actual, hay gente hablando de construir muros, cerrar puertas, poner barreras. Este es un lugar que está realmente centrado en el uso de la tecnología para ayudar a crear una sociedad abierta”.

Una realidad

Airbnb afirma que los únicos perdedores de su disrupción es la tradicional industria hotelera. Pero eso no es lo que se siente en Barcelona.

Los locales se quejan de que los alquileres en la ciudad están subiendo para todos pues los propietarios sólo piensan en los turistas.

El gobierno local está tratando de controlar el crecimiento del alojamiento turístico en la ciudad. Todas las propiedades de alquiler a corto plazo deben tener licencia.

Pero no sólo en Barcelona ha habido protestas de ese tipo. En otras ciudades del mundo los residentes también han expresado su temor por el aumento del costo de vida que Airbnb trae, que está desplazando a los locales.



El argumento clásico de los disruptores es que los reguladores, los gobiernos, los políticos elegidos, tienen que ponerse al día, cambiar sus políticas teniendo en cuenta la nueva realidad.

De hecho, Silicon Valley parece no tener muy buena opinión de los gobiernos en general. Eso es muy evidente cuando se trata de pagar impuestos.

En su patio trasero

Para tener una idea de la actitud de Silicon Valley a los impuestos qué mejor que ver cómo se comportan las firmas en su lugar de origen.

En el lugar donde que se encuentran Google, Apple, Facebook, las empresas pagan impuestos locales sobre la propiedad a una tasa del 1% del valor de todos sus edificios y equipos.

Larry Stone es el asesor del Condado de Santa Clara y su trabajo es calcular el valor de esas propiedades.

Señala que los gigantes tecnológicos tienden a no estar de acuerdo con lo que deben contribuir.

Una de las mayores batallas por impuestos la está librando Apple.

Cuando se complete, su nueva sede será la más impresionante en Silicon Valley.

Con una circunferencia de 1,6 kilómetros de largo, Apple Park será un Coliseo moderno.

“Nosotros decimos que el valor de la sede es de US$ 6.800 millones. Apple dice que vale US$ 57 millones”, explica Stone.

“Están disputando el 99% de su valor”.

Si la apelación de Apple tiene éxito en su totalidad, los US$ 68 millones de impuestos que las autoridades piensan que deben pagar se reducirían a poco más de US$ 0,5 millones.

Y Apple no es el único titán tecnológico que presenta apelaciones de impuestos a la propiedad local.

¿Qué repercusión puede tener esa actitud en la sociedad? Después de todo, con los impuestos locales se pagan las escuelas y otros servicios.

“En los años 50, 60 y 70, Detroit era la envidia del mundo. Hoy en día, Detroit está en bancarrota. Podríamos seguir el mismo camino si no resolvemos nuestra educación pública y nuestro compromiso con la comunidad como personas, como ciudadanos y corporaciones”.



En todo el mundo, los gigantes de la tecnología han sido acusados de reducir agresivamente sus facturas de impuestos.

Pero la manera en la que tratan localmente estos temas dice algo sobre la cultura de estas firmas: el enfoque general siempre es tratar de minimizar el impuesto que pagan o intentar pasarse por encima a los gobiernos.

El riesgo de esta ola de disrupción

Por supuesto, la disrupción tecnológica no es nada nuevo

La energía de vapor, la electricidad, las líneas de producción destruyeron industrias que existían antes y obligaron a los gobiernos a cambiar.

El mundo sobrevivió, la vida mejoró.

Sin embargo, esta ola de disrupción no es como la última, porque tiene el potencial de desgarrar la forma en que funciona el capitalismo. Y nuestras vidas podrían transformarse completamente.

La política, al final, tiene que ser capaz de tomar el control de esta tecnología, asegurarse de que sea hecha a la medida de la sociedad, de que no satisfaga únicamente los intereses de unas pocas personas increíblemente ricas de la costa oeste de Estados Unidos.

- España es el país de Europa con más universitarios en trabajos sin cualificación (El Confidencial - 14/8/17)

En la industria, el comercio o el transporte, más de la mitad de los estudiantes con un título superior acaban aceptando puestos que no exigen ninguna titulación

(Por Javier G. Jorrín)



La “generación más preparada” de España es también la “generación perdida”. Nadie se ha escapado de escuchar estos dos tópicos durante los 10 años que van de crisis, pero en pocas ocasiones han estado apoyados con datos. ¿Cuál es la verdadera situación de España? ¿Está peor que otros países en “talento desperdiciado”? Eurostat ha realizado un estudio sobre la evolución de la sobrecualificación por sectores y los resultados son contundentes: España ocupa los peores puestos en casi todos los listados, habitualmente el peor.
Los trabajadores españoles tienen un nivel formativo elevado en comparación con la media europea, pero lo más preocupante es que no encuentran un empleo adecuado a su cualificación y terminan ocupando puestos para los que no hubiesen necesitado esa titulación. Es el problema de la sobrecualificación: después de una fuerte inversión en formación (tanto privada como pública), los alumnos no encuentran una salida al mercado laboral que esté a la altura de su preparación.
España sobresale en todos los sectores, y en ninguno para bien. Las tasas de sobrecualificación superan ampliamente al conjunto de la Unión Europea. Eurostat mide el porcentaje de trabajadores con estudios superiores (licenciatura) en cada sector y cuántos de ellos no necesitan tal cualificación para el puesto que desempeñan, con datos de 2016.
El caso más grave ocurre en el sector del transporte y almacenamiento. Los datos son contundentes: el 70,5% de los trabajadores con estudios de este sector ocupaba puestos que no requerían esa cualificación. Por ejemplo, un ingeniero trabajando de almacenista. Esto significa que menos de un 30% de los trabajadores del sector con estudios tiene un empleo que requiera una licenciatura o incluso una titulación superior.

La media europea por países está en el 43%, esto es, un 27% menos que España. El segundo país que está también lejos de España: es Finlandia, con un porcentaje de sobrecualificación que no alcanza el 64%. Después de tantos años de estudio para obtener un título superior, el mercado laboral ofrece a los trabajadores puestos de bajo nivel. Se unen aquí dos problemas. Por un lado, el bajo valor añadido del tejido productivo español, que tras la crisis ha pasado a competir en precio y no en calidad, un proceso que tiene nombre propio: devaluación salarial. Y, por otro, la mala adaptación de los jóvenes al mercado laboral, con titulaciones que no son las más demandadas.



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